Nota
Elecciones en México: la victoria de AMLO y los desafíos que se vienen
El fervor democrático y la victoria con gran apoyo popular de Andrés Manuel López Obrador. La carrera presidencial con al menos 132 asesinatos políticos. El posible rumbo económico y el futuro agrícola, con un polémico ministro. Dilemas y desafíos de la nueva etapa que se abre en México. Por Eliana Gilet desde Ciudad de México. Fotos de Ernesto Álvarez.

Andrés Manuel López Obrador da su discurso en el Zócalo capitalino tras ser anunciada su victoria por el Instituto Nacional Electoral.
Foto: Ernesto Álvarez
Hacía tiempo que no había un fervor democrático semejante. A pesar de que la violencia política en México, o mejor dicho, los asesinatos de políticos treparon de 9 casos en la campaña de 2012 a 132 en ésta, nada de eso se vio en la jornada electoral del 1 de julio.
Como se acostumbra por aquí, todo lo armó la gente: los responsables de las casillas fueron voluntarios que tomaron cursos en el Instituto Electoral e hicieron un simulacro previo para poder sacar las votaciones adelante. Esas personas fueron electas sorteando un mes de nacimiento (todos los nacidos en febrero, por ejemplo) y la mayoría cumplió el compromiso. Ahí estaban a las siete de la mañana para hacerse cargo de la elección más grande que ha tenido México: además del Presidente, se votaron 18 mil cargos de elección popular en todo el país. Entre ellos, 9 gobernaturas, incluida la de la Ciudad de México, también ganada por Morena, el partido de Andrés Manuel López Obrador. Claudia Sheinbaum gobernará una de las metrópolis del continente.
Los casi treinta puntos de ventaja que López Obrador cosechó por encima del segundo candidato en las primeras encuestas hizo que a las ocho de la noche sus contrincantes asumieran su triunfo y lo saludaran públicamente. Entonces vino el acontecimiento mediático del monumental festejo que empezó en el Hotel Hilton Alameda, frente al Palacio de Bellas Artes y luego llenó el Zócalo de gente. AMLO había tenido esa misma visión en el año 2006, cuando denunció que le habían cometido un fraude electoral para que perdiera esa elección y la gente se movilizó para acompañarlo. AMLO lleva décadas en la arena de la política mexicana y tiene una cercanía natural con sus paisanos que es parecida a lo que evoca el Pepe Mujica en Uruguay.
El fantasma de la posibilidad de un nuevo fraude sobrevoló durante buena parte de la campaña de López Obrador, quien pronto comenzó a referirse a una “guerra sucia” en su contra, robándose un concepto que históricamente refiere a la desaparición forzada y el asesinato de líderes sociales y campesinos en el sur del país a finales de los años setenta. La guerra sucia que AMLO denunciaba era mediática, de fake news y bots electorales.
Ese miedo a un nuevo robo hizo que la gente estuviera especialmente pendiente de lo que pasaba y que, en última instancia, se volcara a votarlo a él, que desde el inicio tuvo la arena allanada por otros candidatos que no podían hacerle sombra.
En este menjunje de información falsa y verdadera, el New York Times publicó que Cambridge Analytica (la empresa del affaire de Facebook, la campaña de Trump y el Brexit) ofreció al PRI un “atajo” similar hacia la victoria en México, que el partido rechazó. Los periodistas Azam Ahmed y Danny Hakim accedieron a la propuesta de 57 páginas que la empresa hizo al partido en que por 7,2 millones de dólares ofrecían mejorar la imagen del PRI y hacer una campaña anti AMLO. El artículo sostiene que el PRI rechazó sus servicios pero, según dos fuentes anónimas, pagó a Cambridge Analytica para que no trabajara para ningún otro partido mexicano en estas elecciones.
Pero estos tiempos no son los del 2006, y si uno saca la cabeza de las redes se ve que su victoria estaba en el ambiente. No sólo por la preferencia que le profesaba una parte de los de los doce millones de jóvenes que éste año votaron por primera vez, sino porque hay gente que lo ha seguido durante décadas. Sólo así se entiende que AMLO llegue a la presidencia con un partido que tiene cuatro años de fundado.
Así se lo explicaba un hombre en el festejo a un jovencito de rasgos asiáticos: “Esto es histórico, lo esperamos desde 1988. ¿En qué año naciste tú?”.

Partidarios de Andrés Manuel López Obrador festejan su triunfo en el Zócalo de la Ciudad de México tras las elecciones de 2018.
Foto: Ernesto Álvarez
Con quién andas
Pero no sólo los votantes le dieron su bendición. Poco a poco fueron acogiéndolo también las cámaras empresariales y mediáticas, hasta que cosechó el beneplácito de las empresas calificadoras de riesgo estadounidenses. AMLO, dijeron de repente, ya no nos significa un peligro como antes.
El cambio de actitud ante el mismo hombre se explica por la acción de su principal articulador, Alfonso Romo, futuro coordinador de la Oficina de Presidencia y encargado de la transición económica (junto a su ministro de hacienda, Carlos Urzúa) con el gobierno saliente de Enrique Peña Nieto. Romo diseñó el Plan de Nación que AMLO presentó en su campaña, que está centrado en torno a una máxima que plantea -a grandes rasgos- que la desigualdad es producto de la corrupción; eliminándola, calcularon, se recuperará un diez por ciento del PBI del país.
Aunque las fuentes de esos números no cierran del todo es la única referencia que se tiene con respecto a la política económica de AMLO que, a la par, anuncia austeridad fiscal (sin crear nuevos impuestos) mientras promete (en el festejo del Zócalo en la noche de su triunfo) que va a duplicar el monto de las jubilaciones y a hacerlas universales.
En el Zócalo, AMLO sostuvo que su idea para lograr esto es promover “proyectos de desarrollo de sur a norte, de Quintana Roo a Baja California. Proyectos productivos como cortinas de desarrollo para arraigar al mexicano en su lugar de origen”.
En el pasado empresarial de Romo, titular del Grupo Pulsar, hay otra pista del rumbo económico que México puede emprender y que está vinculado a su futuro ministro de Agricultura, Víctor Villalobos. Cuando el gabinete de AMLO fue anunciado en diciembre de 2017, Greenpeace emitió un artículo criticando su nominación, titulado: “Con Víctor Villalobos en el gabinete de Morena, el campo mexicano está en riesgo”.

Una mujer durante el conteo de los votos en una casilla en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Foto: Ernesto Álvarez
María Colín es la representante legal de esta organización internacional en México, y además litiga en el juicio que los campesinos mayas le emprendieron a Monsanto contra la siembra de soja transgénica en sus territorios. Ganaron. Y no sólo en la Península maya, sino que el fallo judicial revocó por completo el permiso de siembra para la soja, por lo que ahora es ilegal plantarla en México.
Ese revés que sufrieron los monstruos de la agro-tecnología viene a sumarse a la gran derrota que les significa la “Demanda Colectiva del Maíz” que lleva casi cinco años impidiendo la siembra de maíz transgénico en el país que es origen de esta planta.
Villalobos fue un activo promotor de los transgénicos en México desde los cargos que ocupó en las Secretarías de Ambiente y la de Agricultura. También fue el primer director de la comisión intersecretarial de bioseguridad de organismos genéticamente modificados. Y no se sabe con certeza, pero intuyen fue Romo quien lo llevó al gabinete de AMLO, quien tiempo atrás fue dueño de una empresa semillera de nombre Seminis, empresas que terminó en manos de Monsanto. La presencia de Villalobos en el futuro agrícola de México aumentará la presión de estas empresas por romper las barreras que los pueblos le han puesto.
Estas señales no han menguado la confianza de la gente, que le otorgó a AMLO un cheque en blanco, con una altísima adhesión en las urnas. Los votos recibidos por la coalición “Juntos Haremos Historia” hacen crecer exonencialmente a los dos partidos minoritarios que se unieron a MORENA, a pesar de haber cosechado un número bajo de votos. El PT obtuvo 2 millones y medio de votos, mientras que el Partido Encuentro Social, poco más de un millón. El PES es un partido evangélico y de posturas anti aborto que también promete crecer en las cámaras gracias a la alianza con el ganador.
La capacidad de los sectores de izquierda para tirar del saco del Presidente puede definir el rumbo del futuro gobierno. Hasta ahora, este martes 3, AMLO se reunió con el saliente Peña Nieto, uno de los políticos más rechazados del país, por quien expresó cierta simpatía.

Después de votar en la casilla de la sección 0359 Andres Manuel López Obrador entra en la casa de campaña de su partido político MORENA.
Foto: Ernesto Álvarez
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
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Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
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Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
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Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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