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Entrevista a Raquel Gutierrez Aguilar

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Bolivia ante Evo Morales. México, con la campaña zapatista. La Argentina de Kirchner. ¿Dónde se paran los movimientos sociales frente al progresismo que restaura el poder? ¿Esos gobiernos son un triunfo, o una derrota de los movimientos? Raquel Gutiérrez Aguilar, mexicana con vasta experiencia en Bolivia, visitó Buenos Aires para conversar de esos temas con movimientos locales, y también con lavaca . Una profunda mirada para ver al continente en su propio espejo.
Raquel Gutiérrez Aguilar es una mujer pequeña e intensa. Formada académicamente en las matemáticas y la sociología, su curriculum, sin embargo, se erige sobre las arenas movedizas de la práctica política latinoamericana. Comenzó en su México natal con los salvadoreños del FMLN en el exilio y a las 20 años continuó en Bolivia, donde fue detenida en abril del 92 bajo los cargos de alzamiento armado y otra chorrada de delitos, por integrar el Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK). En la redada, cayó junto a sus compañeros, entre los cuales estaban Felipe Quispe, líder actual del Movimiento Indígena Pachacutik-MIP, y Alvaro García Linera, flamante vicepresidente electo de Bolivia.
Raquel recién salió de la cárcel el 25 de abril de 1997, gracias a una huelga de hambre que forzó su situación judicial y a un sinfín de reclamos internacionales que presionaron por su liberación. En el 2001 regresó a México, donde vive actualmente y trabaja junto a un grupo de mujeres ex presas políticas. Es lógico entonces que su tarea actual sea la de hilvanar procesos tan diferentes entre sí como los protagonizados por los movimientos sociales mexicanos y bolivianos.
Con esta historia sobre sus espaldas prácticamente desconocida en la Argentina, Raquel llegó a Buenos Aires para compartir una ronda de charla y mate en la recuperada imprenta Chilavert, con integrantes de diferentes experiencias sociales locales. Gente del MTD de Solano, del MTD Maximiliano Kosteki de Guernica, de la Escuela Creciendo Juntos de Moreno, del Grupo de Arte Callejero, de la UTN de Avellaneda y varios sueltos de aquí y de allá la rodearon para compartir durante casi tres horas un intercambio sobre la situación de tres países distintos que comparten un mismo desafío: qué hacer de aquí en más. Los anfitriones del encuentro fueron los integrantes del Colectivo Situaciones, responsables de tejer estos lazos y sembrar estos interrogantes.
 
«Ganamos pero perdimos»
Raquel recién aterrizaba -literalmente- de unas jornadas realizadas en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz, con movimientos indígenas e intelectuales de la Argentina, Chile, Ecuador, Guatemala, México y Bolivia. Así que con una libreta de apuntes en la mano, comenzó su crónica sobre lo que allí había procesado. Comenzó citando la frase que más le impactó, pronunciada por el dirigente de la confederación de Nacionales Indígenas de Ecuador (CONAIE), Miguel Guatemal:
«Lo que nos ha venido pasando es que triunfamos, pero perdimos; o perdimos, pero ganamos».
El desconcierto que genera ese ganar y perder, todo junto y al mismo tiempo, fue uno de los hilos conductores de la mirada de Raquel sobre el candente proceso latinoamericano. «Hemos ido avanzando, los movimientos sociales han logrado objetivos, logros concretos, pero dentro de esos triunfos se esconden derrotas».
Lo dicho para explicar la emergencia social en Ecuador resuena igual en Bolivia, tras los cimbronazos que comprometieron su institucionalidad, resquebrajándola hasta abrir una grieta suficiente como para dejar colar por ella al primer presidente indígena, Evo Morales.
Luego de resumir, con variados detalles, el proceso que llevó a este desenlace, Raquel explicó en qué consiste el llamado a la Asamblea Constituyente que tiene ese gusto a derrota tan agria para los movimientos sociales que la concibieron, forjaron y lucharon por ella. Explica Raquel: la ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente recompone el sistema institucional. Al autorizar solo a los partidos políticos y agrupaciones ciudadanas a participar en él, se han quedado fuera nada menos que las organizaciones sociales que le dieron sudor y sangre a este proyecto, soñado con una instancia de reformulación del pacto social, capaz de parir a una nueva Bolivia más justa e integrada. En esas mismas jornadas de La Paz, Raquel escuchó un alarido aymará (la comunidad que dio origen a todo un torbellino de revueltas) que sintetiza el momento actual:
«Nosotros que dimos el inicio a todo esto, nos vamos a quedar afuera, ladrando como perros a los muros».
Así las cosas, el debate mismo que se está cocinando a llama intensa en esta misma semana en toda Bolivia es si entrar o no en ese juego.
Entrar significa para muchas organizaciones sociales pactar con alguna de las insignias electorales autorizadas para participar de la Constituyente.
Quedarse afuera representa realizar el esfuerzo de organizar otra Constituyente y hacer visible la división dibujada desde el poder.
No hay mucho tiempo para tomar la decisión donde se juega el futuro de la tensión boliviana de los próximos tiempos: en abril es necesario oficializar las listas. Así de tirano es el cronograma electoral, por cierto una creación de un antiguo camarada de Raquel: el ahora vicepresidente Alvaro García Linera.
La estrategia del gobierno de Evo está salpicada de recursos que aquí suenan conocidos: darle aire económico y, con ello visibilidad, a organizaciones sociales menores, para empequeñecer a las más autónomas. Raquel lo caracteriza como «un intento sistemático de Evo de apaciguar la disidencia autónoma para hacer del MAS un instrumento político consolidado», lo cual significa -entre otras cosas- que Evo no llegó al poder como el líder un partido reconocido por todos los movimientos como un espacio propio, sino como el emergente de un movimiento social que confluyó en el MAS con desconfianzas.
También, y sobre todo, los movimientos tienen la percepción de que los márgenes se dificultan porque la suerte del gobierno de Evo es la de todos. «Si a Evo le va mal, quedamos mal nosotros». La pregunta que brota entonces es desde dónde enfrentarlo.
 
Luego de un intercambio sobre la situación argentina y un breve recreo para darle respiro a la invitada, Raquel dio vuelta la página y avanzó sobre la actualidad del zapatismo. El tema, por supuesto, fue La Otra Campaña, esa caravana nacional con la que el zapatismo sale a conversar con aquellos sectores sociales que estén dispuestos a hacerlo, con las condiciones que ellos fijaron en la Sexta Declaración. Se trata, simplificando, de hablar sobre qué hacer, siempre que lo que se converse sea sobre hacer otra cosa.
Lo primero que cuenta Raquel es el punto de partida de esta campaña: la necesidad de salir de las comunidades, del territorio. Esta necesidad se origina en algo bien concreto: las comunidades zapatistas habían decidido cortar cualquier tipo de ayuda proveniente del Estado mexicano y esto significó un sinfín de consecuencias prácticas y graves. Entre ellas, sobrevivir con una economía de mera subsistencia. A partir de estas limitaciones y del nacimiento de luchas de resistencia en otros territorios mexicanos, el zapatismo sale a la búsqueda de apoyo y aliento para una batalla que sabe larga, pero cada vez menos solitaria. «La Otra Campaña tiene como principal mérito visibilizar el antagonismo», resume Raquel. En un año electoral, con un Fox derritiéndose como un helado al fuego de su propia torpeza política, el horizonte anuncia la llegada de un López Obrador que con un discurso de izquierda, se acerca al poder por su capacidad para sumar por derecha.
Raquel rescata esa joya que a la resistencia latinoamericana le ha regalado el zapatismo: su noción del tiempo. La Otra Campaña es más de eso mismo: «vamos a montarnos de un tiempo propio para armar la cartografía de los dos México».
Por último, Raquel se atreve a un trazar un posible vínculo entre las diversas experiencias que ha relatado. Recurre entonces a una frase que ha escuchado en la Bolivia revuelta:
«Resistimos porque queremos seguir siendo lo que somos, pero luchamos porque no queremos quedarnos donde nos colocan».
 
El segundo de los tres días que Raquel dedica a Buenos Aires, la charla con lavaca ya es frente a un grabador y en un viejo café porteño.
 
Inaugurando modos de vivir
-Desde aquí, las noticias que recibimos de Bolivia son difíciles de analizar si uno recurre a la memoria larga. Es decir, a ese recuerdo de la Bolivia insurreccional de los mineros, a esta indígena. ¿Cuáles serían las grandes diferencias de estos dos momentos históricos?
-Siento que hay un proceso que es comparable con las cosas que conozco de la Argentina. El minero con cartucho de dinamita en la mano, como ejército disciplinado del capital, que podía pasar perfectamente de ser un ejército de extracción de riquezas del subsuelo a ser un ejército de combate porque las pautas de comportamiento y relacionamiento eran similares, se acabó. Porque se acabó ese mundo, ese tipo de trabajo estable, prolongado, con contrato para toda la vida. Especialmente el de las minas, con sus características particulares, porque se trataban de campamentos, es decir, de poblaciones pequeñas donde solo los trabajadores vivían y, por lo tanto, eran fácilmente convertibles en cuarteles generales a partir de los cuales se planificaban las acciones colectivas. Eso se acabó como se acabó aquí. Quedan algunos resabios, no sé si aquí, pero sí en México, donde persisten bajo otras pautas y formas de control. Entonces, ¿qué hace esa gente? Esos mineros, que son relocalizados a partir del 85, se asientan y se organizan en otros lugares, entreverándose con otros. Básicamente esos mineros van, los más al Alto, otros pocos al Chapare, a sembrar coca y otros pocos van hacia occidente. ¿Y qué ponen en práctica, qué despliegan en esos lugares? Su experiencia. Una experiencia sensible, que no es solo intelectual, sino una forma de vida. Y a partir de ella vuelven a armar sus roles sociales básicos. En todos los lugares a los que llegan, son pobladores que están inaugurando modos de vivir. Se me hace, aún considerando que Bolivia y Argentina son realidades bien distintas, que no es diferente el proceso que el que se llevó a cabo en esos territorios donde afloraron los movimientos piqueteros. Se trata de gente que ha tenido que inventar su forma de vida de nuevo, tal como retrata Raúl Zibechi en su libro («Dispersar el poder- Los movimientos como poderes antiestatales», Editorial Tinta Limón, del cual Raquel escribió el prólogo). Y que a partir de eso se ha inventado también una nueva forma de luchar, que luego tiene mucho que ver con esa forma disciplinada con la que se enfrentaba al capital cuando era un obrero estable, cuando se decía que la forma de enfrentarlo era tomar el lugar de producción, para luego llegar a la huelga general que nos llevaría a la toma del poder y todo ese rosario de cosas que se hilvanaban a partir de esa identidad. Bueno: eso empezó a no ser así porque la gente tenía que vivir de otra manera, tenía que armar su vida, su cotidianeidad y crear otras formas de lazos con su comunidad. Así aparecen en Bolivia otras formas de lucha y de algo que yo también encuentro símil con la Argentina, aunque quizá más urbano: a partir de un gran despojo. Un despojo a partir del cual se genera un sentido común que dicta: eso ya no. ¡Eso ya no! Es un basta que está hecho del mismo material que el «basta» zapatista. Es decir, el romper elegido. En Bolivia es muy claro. Es claro en el No a la privatización del agua, por ejemplo. Basta y punto. Y ese tejido social que lo grita se politiza de una manera diferente, en el sentido que irrumpe en el ámbito de lo público para disputar la prerrogativa de decidir, que estaba monopolizada por el gobierno neoliberal. Por supuesto que estoy tratando de trazar líneas muy generales, que van a tener el defecto de obviar la particularidad, pero me veo tratando de trazar puentes, de traducir cosas, para que se puedan entender estas experiencias.
-¿Cómo se da este proceso en el interior de las comunidades indígenas que fueron tan protagonistas de las revueltas?
-En el Antiplano se da el mismo proceso. Se trata de comunidades muy desangradas por las políticas del neoliberalismo. Por ese rollo de la libre importación que le partió el queso al mercado interno. Lo cual significó para esas comunidades quedarse sin la posibilidad de intercambiar lo poco que tenían para obtener un poco de moneda, quedándose reducidas a una economía absolutamente doméstica, pequeña, pero -a la vez- absolutamente eficiente si se tiene en cuenta que deben producir a 4.000 metros de altura. El inicio de la lucha indígena es también, el inicio de la lucha contra la Ley de Agua, y allí se funden diferentes luchas que aparecen como grandes bloqueos que terminan por botar gobiernos. Aquí es donde veo el hilo de continuidad, en la base material para la lucha. Y por eso insisto en esa formulación que citaba ayer: la gente resiste para seguir siendo lo que es y lucha para moverse del lugar en donde la han dejado colocada. Resistencia y lucha son dos caras de esa misma moneda. Dos momentos de la misma vida. Y si lo analizamos en la medida de esos grandes tiempos que tu mencionabas, se trata de esos mismo mineros y de sus hijos que tuvieron esa experiencia de lucha los que emergen en el momento de la confrontación como herramientas disponibles para la resistencia. Y no se trata tan solo de estrategias, sino de experiencia de vida en general. Esa voluntad de convertir la lucha en algo colectivo, esa voluntad de enlazamiento. Eso, el proletariado minero ya lo tenía.
 
Las radios y las minas
-Mencionabas ayer, al pasar, el rol que han tenido las radios comunitarias en este proceso de enlazamiento ¿cómo lo describirías?
-Eso también es algo que viene de la memoria de lucha minera. Por las vías de las radios se enlaza y crece la posibilidad de articulación del movimiento social. Las radios arman coreografías grandes, las hacen audibles. Pero hay ahí algo importante, que es la voluntad nacional que tiene estas luchas. No estatal, sino nacional. Ese sentido que le da el saber algo: «Tengo que apelar a otros como yo, que sé que existen y por aquí, por el micrófono que le da mi voz al éter, me puedo enlazar. Lo sé, porque así eran en las minas». Y así era, porque si bien todos los mineros pertenecían a la misma empresa, se encontraban dispersos de norte a sur, atravesando todo Bolivia. Entonces tenías un marco geográfico que ocupaba más de 1.000 kilómetros bordado de norte a sur por la cadena de emisoras mineras. Lo cual le permitía al movimiento minero moverse de forma totalmente coordinada. Y ahora mismo, las radios -desde las más exitosas hasta las más chiquitas- están enlazadas y han sido un poco el vehículo del alzamiento, apoyándose en esa voluntad de avanzar en forma unificada.
-¿De dónde nace ese espíritu de unidad?
-Una posible explicación es que Bolivia es un estado central. No está organizado ni como México ni como Argentina. Eso hace que no existan muchas mediaciones, porque tu tienes -por ejemplo- una lucha local cuyo primer interlocutor es el gobierno central. En cambio, en una organización con escalones municipales, provinciales y federales, hay más instancias donde diluir con el juego administrativo. En Bolivia, en cambio, con su organización tan centralizada, cualquier conflicto, por pequeño que sea, es una confrontación directa con el Estado central. El prefecto -que hasta esta última elección no se elegía por voto- era un persona nombrada por el Estado central. Calco de la estructura colonial. Es esa estructura estatal la que de alguna manera obliga a que la lucha se configure nacional.
 
Mi hija no es tu sirvienta
-Desde aquí, para muchos, la figura de Evo Morales representa un líder de los movimientos sociales y, por lo que contabas ayer, no es así percibido por los propios movimientos que están atravesando un momento de profundo desconcierto ante su llamado a la Asamblea Constituyente ¿Cómo sintetizarías ese escenario actual, teniendo en cuenta el panorama general latinoamericano donde se repite este modelo de reconstrucción del poder a partir de la apropiación de la agenda de los movimientos sociales?
-El escenario de la Asamblea Constituyente significa para mi, sin ninguna duda, el diseño institucional, organizativo y político para la contención del avance de los movimientos sociales. Es una búsqueda desesperada de la cicatrización de las grietas que abrió la insurrección social. Siguiendo con la serie de metáforas que estábamos usando para trazar puentes, pensemos que entre el 98 y el 2005 hubo una serie de quiebres en todo el continente, con diferentes intensidades y formas, pero que fueron construyendo este gran desgarrón, que avanza en su profundidad, diferente en cada lugar, pero que muestra una fractura de lo que hizo el neoliberalismo: construir en cada país dos países, cuando menos. El de los despojados y el de los despojadores. En Bolivia, siento yo, la fractura es más profunda porque es la más larga en el tiempo y por las características nacionales, que como explicaba antes, ha tenido. Cuando comenzó, en el 2000 y 2001, la fractura era profunda. Estaba representada por aquel grito que representaba Felipe Quispe diciendo: «yo me levanto porque no quiero que mi hija sea tu sirvienta». Eso se va atenuando, pero se va expandiendo. Tanto territorialmente como socialmente. Quizá tenga ese momento alguna sintonía con esa consigna del «piquete y la cacerola». Ese momento donde otros segmentos sociales se suman al decir: ya no. Obviamente son los aliados que se van a ir más pronto, pero que son importantes para revelar la energía de ese corte profundo. Finalmente, para el 2005 ya estábamos frente a una convulsión generalizada de toda la nación. Y así como los países se fueron volviendo una llaga abierta a partir del 2001 o 2002, también comenzó a gestarse una voluntad de restañar eso. Y esa voluntad estabilizadora es contraria a la voluntad de los movimientos que produjeron el quiebre, pero que al mismo tiempo cayeron en un hueco del cual no supieron aún cómo salir. Gritaron «que se vayan todos» aquí, y en otros lados gritamos otras cosas bastante similares y luego dijimos: ¿ahora qué hacemos? Y salieron líneas. Líneas que quizá están mucho más reflexionadas aquí en la Argentina. En ese sentido, lo que yo veo -si nos pensáramos como una especie de cuerpo- es que a la Argentina le ha tocado ser una especie de laboratorio de reflexión de estas nuevas líneas. Aquí están las cuestiones teóricas más interesantes acerca de la horizontalidad, aquí está la crítica más clara que yo he leído acerca de las formas de representación, aquí está todo lo relacionado a la reivindicación de lo asambleario. En otras lados nos fuimos moviendo de manera más intuitiva. Pero lo cierto es que al fin, unos y otros nos quedamos. Si bien es cierto que ustedes analizaron las líneas para que quede escrito por dónde había que ir, nadie pudo contestar qué hacemos después de pararles el coche. No pudimos contestarlo. Cada quien hizo lo que pudo, pero la pregunta aún no se resolvió. Siento que es un buen momento para volver a preguntarnos qué hacemos, porque los otros sí tuvieron un plan. Y el plan que tuvieron fue restañar el desgarrón, zurcir lo rasgado. Y lo empezaron a hacer. No me atrevo a analizar el caso de Lula, pero sí decir que ese proceso de restauración lo comenzó a hacer Kirchner, de manera muy anómala Lucio Gutiérrez en Ecuador y lo están haciendo de alguna forma Evo Morales y Alvaro García en Bolivia. Distinto, pero similar. Es cierto que no acabo de entender la figura de Kirchner, de dónde salió, por qué está haciendo lo que hace ahora, ni si hay un hilo de continuidad con lo que ha hecho antes. Me gustaría leer una biografía de él. Pero en el caso de Bolivia, es claro pensar que de un desgarrón tan brutal tuvo que salir un representante más radical y más popular.
-¿Eso representa Evo?
-Hasta hace cinco meses, Evo Morales tenía muy en claro que no podía mandarse solo, aunque se notaba que eso quería, porque él solo no era nada y porque la estructura del MAS no era nada. Era simpático a los movimientos sociales, principalmente en Cochabamba, pero no tenía más fuerza que esa: la simpatía de algunos movimientos sociales. Ahorita ha variado eso. Ahora es el presidente del país y tiene toda la estructura del Estado para construir otra cosa.
 
El capítulo estelar de la telenovela
-¿Esa es la tensión actual?
-Esa es la tensión que nos hace pelear con la lecturas cerradas. Con esos artefactos teóricos que nos hacen decir: bueno, aquí hay un cierre, en la elección de Kichner hay un cierre. Y ni madre: en realidad la elección de Kichner es un momento del tango y es el momento en el que a la chava la brincan hasta acá (hace el gesto de acostar sobre la pierna a una silueta) Pero no terminó el baile. Seguimos bailando. Esa es un poco mi pelea en Bolivia. Me niego a que no admitamos que estamos atravesando un momento gozoso. Ahorita nadie nos va a matar. Ahorita nadie nos va a meter presos. Mañana tal vez sí. Pero ahorita, marzo de 2006, no van a venir porque están ahí los que están, porque quisimos y porque pudimos. Y seguramente van a hacer alguna monada, pero ahorita vamos ganando. Estamos logrando revolucionar lo existente en un proceso que no tiene una nota final.
-Esa nota final que representaba el modelo de la toma del poder…
-De hecho tendremos que ir desembarazándonos de esos relatos bíblicos, para poder ir pensando en una historia abierta, una historia sin final, sin dirección y sin necesariedad. Es decir, tenemos que desembarazarnos de los paradigmas básicos de la modernidad. ¿Qué cuáles son? Entre otros, el de la historia lineal, progresiva y ascendente. Tendremos que aprender a trabajar sin eso, a hilar fino, aprender la incertidumbre. Y no preguntarnos: esto es un avance o un retroceso. Sino a entender que no cabe esa pregunta.
-El problema es que plantearse no tomar el poder significó no volver a plantearse el tema del poder…
-Es que ese era un primer problema. Una premisa. Es decir: escribir en el primer renglón «no podemos plantearnos estrategias como en los 70 de toma de poder para cambiar este mundo». Premisa uno. Lo pendiente es la premisa dos. Y sigue pendiente. Sigue pendiente el problema teórico de cómo se aborda el problema del poder. Entonces, tenemos por descarte que por ahí no es el camino, pero eso no sustrae el problema del poder. El poder como relación social, como sistema de creencias y como sistema institucional y normativo. El poder es un problema. Y creo que hacia ahí vamos. Si tomamos esta historia actual de América Latina como una telenovela, nos queda por ver el capítulo estelar donde comenzamos a abordar ese problema.
 
La cáscara institucional
-¿La forma de organización asamblearia puede haber detenido ese debate, al transformarse en una herramienta para accionar sin necesidad de resolver el problema del poder? Es decir, se pudo seguir haciendo, aunque no se resolviera el problema del poder a otra escala.
-Es que dentro del problema del poder, en esa teoría que aún nos falta escribir, debemos incluir un acápite que se titule «el problema del Estado». Sobre el que ahorita lo único que es hemos dicho es: qué feo, qué feo. Y hemos trabajado en las cosas más prácticas, más del hacer. Pero hay otros problemas, como el del Estado, como el de la articulación de lo local, lo nacional y lo global, como el de otra forma de intercambio. Eso que sucedió aquí con un grupo de gente que en un determinado momento utilizó una moneda propia de intercambio…eso es un chingonería (se refiere a la experiencia del trueque) Ese es un emblema de una capacidad colectiva de intentar ir resolviendo un problema de un modo propio. Ahí se quedó, pero también ahí está como experiencia. Lo que yo veo es que frente al desgarrón del que hablabámos, ¿qué hicimos los activistas? Pues nos pusimos a analizar el desgarrón y a tratar de contribuir de todas las maneras posibles a que el desgarrón fuera lo más profundo que pudiéramos. Y creo que eso estuvo bien. Pero no alcanza. Porque el capital, las clases dominantes o lo que fuera que representa hoy al poder, también lo vieron y también empezaron a pensar como restañarlo. Y vieron que ya no podían restaurarlo de la misma manera. Entonces, trataron -creo yo- de jugar el juego de admitir una parte, para estabilizarse. Y esto pasó a través de elecciones democráticas donde ganaron los candidatos que sí esta vez pudieron ganar, pero que una vez que se metieron adentro de la cáscara institucional tratan de componerlas a cómo de lugar.
-Parecería que el viejo truco de las elecciones sigue siendo una gran instancia de restauración del poder, sobre el cual los movimientos sociales no saben qué respuesta dar.
-Es que el momento electoral – y cito ahora a Luis Tapia- es el momento de mayor irradiación de lo estatal sobre la sociedad. Ahora bien: si estamos frente a un momento de pelea de la sociedad trabajadora frente al Estado y el capital, digamos que estamos en guerra, como nos dicen los zapatistas. Y que nos conviene guiarnos por Tsu Zu. Cuando el enemigo avanza, retrocedemos; cuando el enemigo retrocede, avanzamos. Cuando el enemigo se pasma, lo ofendemos; cuando el enemigo ofende, nos protegemos. En fin: esto es una danza. Cuando hablaba con Oscar Olivera (referente de los movimientos sociales bolivianos) en plena época de campaña, le decía: vete de vacaciones, a la playa, corretea, baila, lee las novelas que nunca leíste. Es el momento de la fiesta de ellos. No nos invitaron y no queremos ir. Vámonos de vacaciones a reponer fuerzas.
-Es difícil imaginar a Oscar Olivera de vacaciones y eso es parte del problema…
-Pero es harto desgastante sufrir el proceso electoral. Porque estás harto de enojado y no importa lo que pase durante, hasta conocer el resultado.
 
Poker zapatista
-Otra opción es la que contabas que estaba intentado ahora el zapatismo con La Otra Campaña: crear otra instancia donde quede en evidencia quiénes no participan de esa fiesta electoral.
-Es una apuesta muy arriesgada. Y como decimos en México, los zapatistas están ahí apostando su resto, como en el póker. De hecho los zapatistas ya han ensayado las dos. En la anterior campaña no dijeron nada, se fueron de vacaciones. En esta están diciendo: hay una fiesta, nosotros hacemos otra. Y vamos a ver si podemos hacerla. Es otro modo de seguir profundizando el desagarrón. Pero hay que tener en cuenta que en México recién va a pasar lo que ya está pasando en la Argentina y lo que pareciera ser que está pasando en Bolivia. No solo porque en el horizonte asoma un López Obrador, sino porque si bien en México no se ha dado una lucha muy grande más allá del zapatismo, en estos últimos tiempos hay una lenta pero consistente rearticulación de otras resistencias.
-¿Y los partidos de izquierda qué rol están jugando en este proceso?
-¿Qué partidos de izquierda? ¡Si es que no existen! Ellos juegan sus juegos del mercado partidista, porque es todo un negocio participar de la contienda, que se cotiza en recursos concretos que les sirve para mantener los aparatos. En México, el zapatismo ha incluido a algunos partidos muy chicos, que tienen raíces en el trotzkismo, que en algún momento han participado de las elecciones, con los que han conversado durante las reuniones del Sexta y ahora les están prestando algunos recursos necesarios para poder concretar La Otra Campaña, la logística mínima para poder moverse fuera de sus comunidades. Creo, de todas formas, que hay cierta intención aún apenas esbozada del zapatismo de construir algún tipo de herramienta del tipo partidario, pero aún así la participación de estos partidos de izquierda es absolutamente marginal. En cuanto a Bolivia, ahora mismo se están escuchando bastante las voces estridentes de los partidos trotzkistas, pero se escuchan porque no están hablando los movimientos sociales. En cuanto comiencen los movimientos a decir algo, esas voces dejan de escucharse.
 
Cuando Kirchner habla de los genocidas
-Sin embargo, esas voces estridentes alcanzan para llenar el vacío que están dejando los movimientos sociales, por ejemplo, cuando se refieren a la continuidad del modelo. La pregunta es ¿alcanza la palabra continuidad para definir este proceso en el que gobiernos que no abandonan políticas neoliberales se apropian de discursos surgidos de los movimientos sociales?
-En Bolivia, el procesamiento del momento es muy rápido. Y eso descoloca muy rápido también. A mes y medio de asumir Evo fuimos a visitar a una comunidad, y ya nos decían allí: «ahora no es momento de bloquear, porque este es nuestro gobierno. Es que no puede irle mal al Evo, porque de última el Evo está representando al indio, entonces no podemos hacer que le vaya mal, pero no le podemos dejar hacer lo que quiera porque va a hacer cosas contra nosotros». Aquí si bien es diferente, siento un poco lo mismo. No es fácil decirle: «Kirchner hijo de la chingada» cuando dice que los militares fueron unos genocidas. Te tienes que sentir reivindicado por eso, pero al mismo tiempo tú sabes que es cierto que el Kirchner lo está diciendo con su mejor cara de pingüino. Sabes que te va a mamar, que te va a dar gato por liebre. Con lo cual te deja en una situación bien difícil. Porque en la coreografía general que es un país es como si no supiésemos dónde pararnos. ¿Dónde me pongo? Es bien claro en Bolivia con el tema de la Constituyente, porque si entendemos lo electoral como el momento de mayor irradiación del Estado sobre la sociedad, la Constituyente fue concebida como el momento de mayor irradiación de lo social sobre el Estado. Y para no hacerlo, le pusieron unos diques. Ante eso ¿dónde me paro? Yo acabaría con una frase que me quedó dando vueltas y dando vueltas desde que la escuché hacer una semana en una asamblea, allá en El Alto. En un momento, se para un muchacho y dice: «Es que el problema del gobierno es el problema del MAS. Pero el problema del poder sigue estando aquí.» A mí esa formulación me parece totalmente valedera. Nuestro problema hoy es ponernos a debatir sobre el poder, como segundo punto de aquel escrito que comienza diciendo: «no queremos tomar este poder».

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Todo se quema, nada se transforma

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Todas las provincias argentinas sufrieron incendios masivos en 2022, y el 95% de ellos son provocados por acciones humanas, según un reciente informe de Amnistía Internacional. El costo de recuperar ese desastre oscila entre 1.100 y 3.700 millones de dólares anuales. Adjudica los incendios al avance de negocios inmobiliarios, agrícolas y/o ganaderos, que buscan favorecerse a partir de una destrucción territorial.

Los daños y las consecuencias a largo plazo son incalculables, mientras el Congreso sigue en deuda y no trata la Ley de Humedales. Vecinos e integrantes de organizaciones de San Pedro, Rosario y Ramallo dan voz y cuerpo a lo que los números de Amnistía denuncian. El informe completo.

Por Anabella Arrascaeta y Francisco Pandolfi

Amnistía Internacional presentó un informe en el que reporta la gravedad de los incendios forestales en Argentina. El dato es alarmante: durante el 2022 todas las provincias del país estuvieron en llamas.  

El trabajo toma información del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, organismo dependiente del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación. Los datos son oficiales y arrojan un total de 561.164,89 hectáreas quemadas. Pero la propia organización da cuenta de la dificultad de obtener la radiografía completa de la situación y ofrece, en contraste con estas cifras, la información proporcionada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario (INTA), que contabilizó tan solo en Corrientes más de 1 millón de hectáreas devastadas por incendios. 

La provincia de Corrientes permite pensar todo el sistema de muerte y depredación que generan las llamas. Algunos datos: 

  • De acuerdo a la Dirección Nacional de Bosques, dentro de las miles de hectáreas afectadas en los incendios de la provincia, un 10% pertenece a una superficie de bosques quemados que son considerados de muy alto valor de conservación.
  • El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible reporta que en la provincia se documentaron desplazamientos de animales, entre ellos, mono carayá, yacarés y carpinchos.
  • En respuesta a un pedido de acceso a la información pública hecho por Amnistía Internacional Argentina, la Dirección Nacional de Planificación y Ordenamiento Ambiental del Territorio del ministerio informó que se sufrió una pérdida de cientos de miles de hectáreas de áreas protegidas en la provincia de Corrientes en el año 2022. El informe detalla que “las áreas naturales protegidas son relevantes por distintas razones: para la protección de suelos, cuencas hidrográficas, recursos y materias primas, para el control de plagas y enfermedades, para la investigación científica, proporcionar valores espirituales, emocionales y culturales, entre otras razones”. 
  • Entre las áreas más afectadas del país se encuentra la zona de humedales de Corrientes. En 2022 y solamente en dicha provincia se registró que más de 330 mil hectáreas en zonas de humedales fueron afectadas por los incendios.  

En este contexto el informe da cuenta de que la “restauración de áreas quemadas es lenta y requiere de recursos efectivos que permitan la recomposición de los ecosistemas y biodiversidad”. El costo es imposible de determinar. Dice el informe: “Se estima que la recuperación tras los incendios podría costarle a Argentina entre USD 1.100 y 3.700 millones por año”. 

A ese contexto se suma que en medio de la crisis económica, “los brigadistas y bomberos voluntarios han reclamado mayores recursos y apoyo para financiar los gastos a la par de mejores condiciones laborales, obra social y remuneración”. 

Pero hay consecuencias de largo impacto no pueden medirse en números ni plata, por ejemplo el impacto en el ecosistema, “la pérdida de ciertos árboles o vegetación puede tardar décadas en regenerarse, por lo que su recuperación no puede acelerarse ni resolverse rápidamente. Mientras que otro tipo de vegetación es incapaz de rebrotar luego de un incendio”, dice el informe. Agrega: “A su vez, la pérdida de flora a causa de los incendios afecta directamente a la fauna ya que ésta depende de ella para su alimentación o refugio. Esto no solo provoca la muerte de animales sino también su desplazamiento”.  

Otro caso: no había informes de incendios en Tierra del Fuego, pero en noviembre de 2020 se reportaron 9.000 hectáreas consumidas por el fuego (equivalentes a 9.000 manzanas de cualquier ciudad) en el área protegida de bosques nativos de Tolhuin.

Fotos: Pablo Sigismondi.

Quién prende el fuego

El informe de Amnistía Internacional da cuenta de que según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego “las acciones humanas son responsables del 95% de los incendios”. 

Explica: “La negligencia, los fogones mal apagados y la quema intencional de pastizales, son algunas de las prácticas más riesgosas que inician los grandes incendios en el país. Con frecuencia los incendios intencionales están asociados a las prácticas de quema de pastizales para el avance de proyectos inmobiliarios y/o la agro-ganadería. Las principales causas de la pérdida de bosques nativos están asociadas a los cambios de uso de suelo que se realizan para desarrollar actividades agrícolas y ganaderas, así como los incendios. Por otro lado, la proliferación de los incendios forestales también se explica por el cambio climático: altas temperaturas, intensas sequías, bajos niveles hídricos”. 

Dato que aporta el informe: El Servicio Metrológico Nacional de octubre de 2022 reportó que más de 160 millones de hectáreas fueron afectadas por la sequía en el país. Otro: las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba y San Luis atraviesan una situación de sequía extrema sin precedentes. “Estas condiciones climáticas, combinadas con altas temperaturas y falta de lluvia, aumentan el riesgo de incendios. Asimismo, a medida que la temperatura global aumenta, eventos como éste serán cada vez más extremos y frecuentes”

Enrique Sierra, vecino de San Pedro, naturalista, activista ambiental, pone cuerpo y territorio a lo que los números y el informe exponen. Cuando atiende el teléfono a lavaca el termómetro registra en su casa 34 grados, y “llegamos a picos de 40 grados la semana pasada. En un año estamos cocinados”. 

¿Por qué?

Por las altas temperaturas, por la falta de lluvia, el Río Paraná está bajo. Desde principio de año llovieron solamente 8 milímetros. Y en agosto, septiembre, noviembre y diciembre del 2022 llovió por mes un promedio de 5 milímetros.

Si le tuvieras que hablar a una persona que no está metida en el tema, que escucha lejano lo del cambio climático pero ve que está padeciendo el calor y que hay incendios permanentes en distintos lugares del país, ¿cómo le explicarías lo que pasa?

Se lo explicaría simple: ¿cuántos cortes de luz tuvo en el año? La luz que tenemos, la mayor parte, viene de centrales hidroeléctricas que no están produciendo energía porque hay sequía en ríos y lagos. ¿Hace 20 años atrás usaba tanto protector solar? ¿Lo alertaban por los golpes de calor? ¿Se le corta el agua en la casa? Porque las autoridades dicen que en las napas casi no hay agua. Esa sería la manera de explicarle a la sociedad en general qué es el cambio climático. Pienso que se entiende más fácil así. Las altas temperaturas nos llevan a más costos. 

¿Por ejemplo?

Si tenés aire acondicionado o ventilador vas a gastar más energía eléctrica, si es que tenés energía eléctrica. Otro ejemplo: si tenés algún tipo de enfermedad, con el humo de los incendios te afectan por las partículas del aire, el dióxido de azufre, el monóxido de carbono, que son gases de efecto invernadero. Acá en San Pedro se está quemando la isla y la solución es que manden 19 brigadistas. No podés mandar esa cantidad a un lugar que tiene más de 1000 hectáreas quemándose. La gente todavía no asocia. Y lo que no asocia la gente tampoco lo asocian los representantes políticos. No se entiende la relación entre los temas ambientales con la vida cotidiana; si yo tengo calor en la vereda es porque no tengo árboles, por eso tengo tres grados más de temperatura. Si llegan a venir lluvias demasiado copiosas, yo no sé qué va a pasar con las ciudades cuando se inunden porque no nos preparamos para el cambio de clima. Hoy tenemos sequía, pero tal vez después de mayo tengamos inundaciones. Ante esa incertidumbre nosotros todavía no nos preparamos como sociedad, como país, para prevenir este tipo de cosas, pese a que muchos venimos advirtiendo del tema. 

Amnistía Internacional acaba de sacar un informe sobre los incendios, la pérdida de biodiversidad y áreas protegidas, de humedales, entre otros temas. Desde tu experiencia, ¿cuáles son las causas de los incendios sistemáticos en el país?

Pienso que en Argentina no ordenamos el territorio; el ordenamientos territorial se refiere a los usos que le damos al suelo, los usos pueden ser industriales, urbanos, agropecuarios, y de conservación como pueden llegar a ser las áreas de humedales, pero como no tenemos un orden de ordenamiento social, cada uno hace lo que quiere. Entonces, que no haya ordenamiento del territorio produce un caos. Todo esto se va agravando porque se van sumando pequeños caos de distintos lugares, provincias, municipios y esto se está haciendo demasiado grande, incontrolable, como los incendios. El clima está cambiando y todavía no reaccionamos, ni prevenimos. No hay lluvias, no se recargan las napas, escasea el agua en la ciudad. La sociedad todavía no relaciona que la falta de lluvias le puede afectar el consumo de agua. El río está bajo desde hace 3 años, los humedales no tienen agua, se queman. Sin que los que queman tengan conciencia que están convirtiendo su futuro en cenizas. 

Fotos: Pablo Sigismondi

La deuda del Congreso: la Ley de Humedales

En Argentina aproximadamente un 21% del territorio está compuesto por humedales, aunque no se sabe con exactitud cuántos hay, su extensión ni su estado de conservación y destrucción. 

Los incendios presentan un riesgo enorme a estos ecosistemas generando pérdidas ambientales que podrían ser irrecuperables. Los humedales ayudan a mitigar los efectos que provocan las sequías, previniendo los focos de fuego, son barreras naturales que ayudan a prevenir el avance de las llamas. Además los beneficios de los humedales son múltiples y su contribución al bienestar humano es invaluable.

El proyecto de ley de Presupuestos Mínimos para la Protección de Humedales busca garantizar su conservación, protección y su uso sustentable. El proyecto lleva una década dormido en el Congreso de la Nación. Desde 2013 las sucesivas pérdidas de estado parlamentario son una constante, abonadas con la indiferencia de la clase política. 

En noviembre 2022 la Ley de Humedales tuvo dictamen en el plenario de las tres comisiones a las que el proyecto había sido girado, pero el dictamen de mayoría pertenece al interbloque Juntos por el Cambio con 53 firmas. El dictamen de minoría (un poco más cercano a lo que apoyan desde hace años las organizaciones científicas, sociales, ambientales y las comunidades afectadas) fue el del Frente de Todos, consiguió solamente 47 firmas dado que varios diputados y diputadas oficialistas no firmaron. 

El proyecto sigue sin ser tratado en el recinto y no fue incluido en las sesiones extraordinarias que acaban de iniciar. 

El informe de Amnistía Internacional exige: “El Congreso de la Nación debe dar urgente tratamiento al proyecto de Ley de Humedales y avanzar con acciones concretas que amplíen la protección de estos ecosistemas tan importantes para el mantenimiento y desarrollo de la vida en la Tierra”. 

Rodolfo Martínez, vecino de la ciudad de Rosario e integrante de la Multisectorial por la Ley de Humedales, explica a lavaca que el proyecto de ley fue “deliberadamente no incluido en las sesiones extraordinarias; no fue incluido ni por pedido de Alberto Fernández ni por pedido de legisladores”.

Sobre los dos dictámentes que se lograron aclara: “el de minoría del oficialismo es bastante más superador que el de mayoría, pero vemos que no hubo intenciones de que tenga debate. Vuelvo al punto: tiene que estar en el Congreso, se tiene que votar, a favor o en contra, de cara a la sociedad. Estamos de cara a un año electoral y todavía no sabemos qué piensan hacer los legisladores. Claramente la omisión de esto es una forma de ceder ante los intereses concentrados que están frenando esta ley”.

¿Quien tiene la responsabilidad de que no se esté tratando?

La responsabilidad de esto no la tienen los lobbies, como a veces intentan decirnos los legisladores. La responsabilidad la tiene cada nombre y apellido, diputado y diputada de todas las provincias que no se sitúan con lo que pasó en la calle, con tanto humo, tanta tragedia, no solo de animales, sino también la salud humana. No se quiere ponerle regulación, es más cómodo que sucedan los grises. 

¿Cómo está la situación en Rosario?

Hace dos fines de semana lamentablemente tuvimos fuego acá en la Isla de los Mástiles, al norte de Rosario, jurisdicción de la provincia de Santa Fe. Se tardó tres días en apagar el fuego y cuando estuvo todo el operativo se demostró que existen fuerzas, existen recursos, vinieron los brigadistas, fue la provincia la que se puso a mover las cosas a raíz del pedido también de las organizaciones. Pudieron apagar el fuego pero estamos hablando de que se repite una lógica, un patrón de fuego que es millonario. Es decir, vamos, apagamos el fuego con operativos que son carísimos y que llegan tarde porque el fuego ya quemó, por supuesto saludamos los esfuerzos pero me parece que hay que hay que invertir la lógica y lo que se tiene que garantizar es una tutela, un guardianazgo del territorio que al día de hoy no existe. En Entre Ríos por ejemplo es deliberadamente funcional que eso no exista. Santa Fe está accionando en estos territorios próximos que son más visibles por la ciudadanía, no así en los humedales del Norte donde están haciendo obras y que claramente van a afectar los territorios, pero por lo menos ante la prensa y ante la vergüenza algo están haciendo.

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Lo que el informe recomienda

El informe de Amnistia Internacional cierra con una serie de recomendaciones hacia el Estado. Son estas:

  • Generar condiciones políticas, legales, administrativas, económicas y financieras que permitan una gestión ambiental transversal a todas las políticas públicas, con un enfoque especial en acciones que se destinen a combatir los efectos de la crisis climática. 
  • Mejorar las estrategias de prevención de incendios forestales, reducción del riesgo y preparación de recursos, que debe estar acompañada de un sistema de monitoreo que garantice impactos efectivos en la reducción de los incendios. 
  • Garantizar el financiamiento y las condiciones necesarias para que todas las instituciones que dan respuesta a los incendios tengan los recursos materiales y humanos para responder con celeridad y de manera adecuada ante los focos de incendio forestales.
  • Asegurar una distribución de recursos eficiente y equitativa para que los distintos niveles del gobierno desarrollen los esfuerzos necesarios para informar los incendios, de manera periódica, así como informar el consecuente impacto socioambiental de los incendios forestales. 
  • Garantizar la restauración, rehabilitación y reforestación de las áreas afectadas y/o restauración de ecosistemas en beneficio de los territorios y población perjudicados; considerando la infraestructura natural, el cambio climático y el planeamiento que permita territorios más seguros y resilientes en el futuro. 
  • Garantizar investigaciones urgentes y eficaces para la identificación y sanción de los responsables de los incendios forestales y su debida condena. 
  • Avanzar con el tratamiento y aprobación urgente del proyecto de Ley de Humedales, priorizando aquel que ofrezca las mayores garantías posibles para la protección de los territorios.

Evangelina Romano, integrante de la Red Nacional de Docentes por los Humedales, y vecina de Ramallo, conversa con lavaca y aporta sus propias recomendaciones. Habla claro y dice así: “Despedimos al 2022 sin una Ley de Humedales y como era de esperar en llamas y tapados de humo. Y como pasó siempre, nadie accionó. Siempre esperamos a que el humo nos entre por la ventana. Una locura. Pedimos una Ley de Humedales que nos dé herramientas para terminar con el sufrimiento de las personas asmáticas, de los bichos, de los isleños, de los pescadores y de la vida misma. Todo sigue igual que hace 2 años, con gobernantes nacionales y provinciales inoperantes que se desbocan por zoom y no hacen cumplir las leyes; no es tiempo de debatir, de hablar, ya es tarde. Lo mismo sucede con municipios acéfalos que solo mandan cartas y se sientan a ver qué pasa desde la otra orilla. Armen un plan de contingencia, conversen con los propietarios y únanse para mitigar semejante devastación, poniendo recursos. Si no accionan, si no despiertan, esto no va a tener solución». 

Fotos: Pablo Sigismondi.
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Mónica Alegre, mamá de Luciano Arruga: memoria contra la impunidad por un desaparecido en democracia

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A 14 años de la desaparición de Luciano Arruga (que tenía 16 años en aquel momento), la causa que investiga su muerte está congelada y los ocho policías implicados figuran apenas como testigos. En diálogo con lavaca la madre de Luciano recuerda algunas otras cosas: lo que no cierra alrededor del cuerpo que estuvo desaparecido 5 años y 8 meses, tras haberse negado a ser reclutado por la propia policía para robar. Las imágenes de la vida de adolescentes en territorios dominados por la trampa y la violencia de las instituciones. Las dudas sobre la teoría de que fue atropellado. La investigación a la propia familia, que tuvo los teléfonos pinchados. Las amenazas, la quema del auto a Vanesa, la hermana de Luciano. El hostigamiento a los amigos del joven que debieron mudarse del barrio. El silencio político, la complicidad judicial, y los límites de la defensa. El recuerdo de Luciano, su fanatismo por River, su generosidad para compartir comida con sus amigos: “Él me enseñó a ser mejor persona” dice Mónica. Este domingo desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde el adolescente fue torturado; Indart y San Martín, Lomas del Mirador), familiares y amigos organizan la tradicional jornada en recuerdo del joven de 16 años desaparecido por la Bonaerense: “Seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida”. Por Francisco Pandolfi.

Mónica Alegre el próximo 21 de agosto cumplirá 60 años. Siempre cumple, Mónica Alegre, que vive en la casa de su mamá, a quien cuida todos los días en la villa 12 de Octubre de Lomas del Mirador. El martes 31 de enero se cumplirá otro aniversario sin su hijo: 14 años de aquel 2009 cuando Luciano Arruga fue desaparecido por la Policía Bonaerense. Lo parió un 29 de febrero de 1992. Su Negrito tenía 16 años y estaba por festejar los 17. No lo dejaron.

Para Mónica la vida fue complicada mucho antes de la desaparición de Luciano. Junto a su familia, vivieron en la calle, en casillas, en un hotel. El papá de Luciano los abandonó cuando él tenía 5 años. Y Moni ahí, presente, estando, sosteniendo, pese a todo.  

Lo recuerda a “su morocho” bien flacucho, cartoneando para ayudar a su familia. Como ya habían conocido la nieve –cuando el 9 de julio de 2007 cayó sorpresivamente en Buenos Aires–, le quedaba el sueño de ver el mar y las montañas. No lo dejaron.

El rechazo a “trabajar” para la policía

A Luciano le gustaba mucho el fútbol y era tan pero tan fanático de River, que aseguraba que si tenía un hijo varón lo llamaría Enzo Ramón, por Enzo Francescoli y Ramón Díaz. Nunca le alcanzó la plata para ir al Monumental. Tenía intacto el deseo de llegar a ese día. Tampoco lo dejaron.

En 2007, aquel año donde sus ojos vislumbraron la nieve porteña, la Policía Bonaerense le ofreció salir a robar para ellos. Se lo contó a su madre, que se quedó tranquila con la negativa de su hijo. Pero ante el “no”, vendría el hostigamiento policial, las amenazas. Y ya no lo dejarían en paz.

El 28 de septiembre de 2008 lo detuvieron de manera irregular y fue llevado al destacamento de Lomas del Mirador, inhabilitado para alojar personas y prohibido para menores. Fue amenazado y golpeado. Allí fue a rescatarlo Moni, que escuchaba sus gritos para que le dejaran de pegar. Por esas torturas el ex policía bonaerense Julio Torales, fue condenado en mayo de 2015 a diez años de prisión.

Cuatro meses después, el 31 de enero de 2009, Luciano fue desaparecido. Fernando Espinoza era el intendente de La Matanza; Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Cristina Kirchner, la presidenta de la Nación. El silencio de las cúpulas fue ensordecedor.

La causa da cuenta de que esa noche los móviles policiales tuvieron “un funcionamiento irregular”, con circulación por fuera del recorrido asignado, falta de registros y estadío “durante varias horas en un descampado conocido como Monte Dorrego”.

Además, los libros de guardia del destacamento fueron adulterados. El 5 de febrero, su hermana Vanesa Orieta presentó un Habeas Corpus, pero fue rechazado por el Juzgado de Garantías N°5, a cargo del Juez Gustavo Blanco y la fiscal Roxana Castelli, meses después reemplazada por Celia Cejas.

La aparición

Finalmente el 17 de octubre de 2014 –5 años  y 8 meses después– se encontró el cuerpo de Lucianor enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Se descubrió que había fallecido el 1º de febrero de 2009, supuestamente atropellado por un auto al intentar cruzar la General Paz, desesperado, escapando (según declararon testigos), en circunstancias que aún siguen siendo investigadas. Y que había sido llevado al Hospital Santojanni, justamente donde su familia había ido dos veces a preguntar si estaba allí, y se lo negaron. Supuestamente se buscaba a un joven desaparecido, mientras un NN era enterrado por las mismas autoridades sin investigar quién era ni dar noticia alguna a la sociedad.

La causa que debe investigar su desaparición y muerte continúa en etapa de instrucción y el juicio político pedido por sus familiares a las fiscales Castelli y Cejas y al juez Banco, está estancado.

A 14 años, se sabe de la amnesia de los distintos gobiernos que se sucedieron, como de la complicidad policial-judicial. A 14 años, se sigue sin saber qué le pasó a Luciano esa noche. A 14 años, Mónica Raquel Alegre, la mamá de Luciano Nahuel Arruga, su orgullo, su “Negrito que se negó a robar para la Policía”, habla, llora, lo recuerda sonriendo.

–¿Cómo te llevás con esta fecha?

–Intento no pensar tanto, pero no se trata del 31 de enero, de una fecha particular: así son todos y cada uno de los días de mi vida. Pasaron 14 años, duele, va a doler siempre, toda mi vida. Es mentira que el tiempo cura todo. Hace muchos años una vez te dije, “el ser humano es un animal de costumbre” y es así. Una se acostumbra a vivir con el dolor, y es horrible; también con la desidia, la angustia, la tristeza, a no haber tenido justicia. Hasta a eso una se acostumbra hasta que se acaba la nafta, hasta que la pacha dice basta; no creo en Dios, aunque debe ser que exista, pero para nosotros no tuvo tiempo. Ahora, al estar cuidando a mi mamá, no estoy yendo a actividades de otros familiares, lo que me significaba sentirme viva. Al no estar en esos espacios como antes, siento que me ahogo, pero son procesos. Lo único que me queda es vivir con el recuerdo, con las anécdotas.

–¿Hay algunos de esos recuerdos o anécdotas que te sirven para sobrellevar mejor el día a día?

–Sí, sobre todo sus sonrisas, el recordarlo riendo. Agradezco lo mucho que me enseñó, lo que aprendí de él a ser mejor persona, más solidaria con mis pares, a no juzgar; del dolor también se aprende.

–Una de las primeras veces que hablamos en 2009 contabas que pese a vivir re contra justos, si tenías cuatro papas, a veces él se llevaba dos para sus amigos, porque no tenían nada para comer.

–Era así, si tenía media docena de huevos, y me faltaban dos o tres, ya sabía qué había pasado. Lo mismo con las papas, porque los pibes no tenían para comer, pero la verdad es que nosotros tampoco, entonces a veces me enojaba con él. “Pero yo salgo con el carro, mamá, y si no, pido; los pibes no tienen nada”. Y después me decía: “Aprendé mamá, ¿cuándo vas a aprender?”. Y mamá aprendió, aprendió de la peor manera, tuvo un gran costo, pero aprendí: hoy soy más humana. Ese pibe era mi Negrito, que jugaba descalzo a la pelota por un sanguche de milanesa y una coca; un pibe de barrio, un pibe villero, un pibe cartonero. Y sabés que ahora que pienso en esto, por primera vez caigo en que hace 14 años que no amaso pan casero, ¡14 años! Antes los hacía siempre, porque a él le gustaba mucho, y también se llevaba para sus amigos que no tenían nada.

Moni deja por un momento unos parches que está cosiendo para la actividad de este domingo y llora de la impotencia. Se le reestablece un poco la voz y el pan casero se asocia a las mentiras que sembraron alrededor de la causa: “Pasaron 14 años sin justicia, de disfrazar la realidad, de que dijeran que había muerto en un accidente de tránsito. ¿Quién tiene las herramientas para desaparecer un cuerpo? Se necesita de todo el aparato del Estado, judicial, policial y político para desaparecer a una persona durante 5 años y 8 meses. No se puede tapar el sol con un dedo. Entonces, con el paso del tiempo cierra todo: tres hábeas corpus nos rechazaron antes que aceptaran el último, unos meses antes de encontrar el cuerpo. Se ve que no estaba aceitado el ocultamiento total y algo podía quedar al azar. Ya para cuando apareció el cuerpo, habían borraron todo. En el medio, pasaron muchas cosas en el caso, como la Policía espiándonos a los familiares porque investigaban un secuestro extorsivo; el hostigamiento a uno de los pibes de Familiares y Amigos que amenazaron que iba a terminar como el Negro y se tuvo que ir a vivir al sur; el quemar el auto de Vanesa; el querer incendiarme mi casa; las amenazas al resto de mis hijos… Hay pibes acá en el barrio que tuvieron que irse a Paraguay por miedo. Se fueron porque la Policía los re cagó a palos y los amenazó. Así, con esta impunidad, ya pasaron 14 años y la causa sigue en etapa de instrucción; es una burla, los ocho policías implicados ¡siguen como testigos! Me pregunto: ¿podrán dormir tranquilos? ¿vivirán en paz?”.

–¿Cómo explicas que luego de tantos años todavía se esté en la etapa de instrucción, o sea, de investigación penal?

–Yo me pregunto lo mismo, ¿cómo se explica? Como la causa no prescribe, porque si hay algo que luchamos con uñas siguiente es para caratularla como desaparición forzada, la van a mantener en ese estado. Juegan con el desgaste, con el cansancio, con los recuerdos y también con tu economía, porque si vos no tenés un buen abogado… Mi abogado es del CELS y el CELS vos sabés hasta dónde patea; se va a desgarrar las vestiduras por el caso hasta que tocás al Estado, ahí da un pasito atrás. Entonces se dan pequeños pasos, la causa sigue moviéndose, pero no avanza. Todo seguirá así hasta que quizá algún día tenga un buen abogado y empiece de vuelta.

–¿Qué creés que debe aprender de Luciano la sociedad, para ser un poco mejor?

–Ese corazón inmenso que tenía el Negro; a ser un poco más humano, a valorar la vida, a aprender. Ojalá, sí, ojalá que la sociedad aprenda a no ser tan egoísta. El Negro era así; no le gustaba tanto estudiar, pero tenía un corazón de oro. Vos fijate, se llevaba pan casero para dárselo a sus amigos; al día siguiente quizá no iba a tener nada para comer, pero priorizaba a los demás.

–¿Por qué es importante la actividad de esta tarde?

–Desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde fue torturado Luciano; Indart y San Martín, Lomas del Mirador) seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida. Es importante para tener la memoria del Negro viva y presente, para saber nosotros mismos que no estamos derrotados; para que sepan que no estamos derrotados y que seguimos luchando.

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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