Nota
Ganar perdiendo

La remontada oficialista en provincia de Buenos Aires. La pérdida del quórum en Senado. El crecimiento de la derecha, pero también de la izquierda. Las sorpresas mutuas y las incógnitas de dos festejos cruzados: miradas desde el político oficialista para entender lo que deja un nuevo resultado electoral, mientras se esperan otro tipo de resultados.
La estrategia del oficialismo en suelo bonaerense dio resultado y obtuvo lo que quería: paridad legislativa. No es poco, luego de la “sorpresa” de las PASO y de las últimas semanas de una campaña electoral en la que la oposición buscó desgastar su histórico bastión de votos. Ese dato, sumado al porcentaje del 25% que arañó en CABA, permitió hoy el festejo oficialista negado en la previa.
La victoria de la oposición, en cambio, se afianza en la derrota que sufrió el oficialismo en 16 provincias que les otorgaron el trofeo de poner en jaque la presidencia del Senado, a cargo de Cristina Fernández de Kirchner. Cómo impacta esta nueva coreografía del poder político representativo en la interna de la coalición de gobierno es la cuestión. Y eso es algo que la oposición hoy valoró tanto o más que los votos.
El éxito de la izquierda está representado por lograr por primera vez constituir un bloque de cuatro integrantes en la Cámara de Diputados: dos por provincia de Buenos Aires – Nicolás Del Caño y Romina del Plá- uno por Jujuy –Alejandro Vilca- y Myriam Bregman por CABA.
La gran derrota está representada por la salida del closet del fascismo, que cosechó 17 puntos en Capital. Un porcentaje suficiente para otorgarle fueros a Javier Milei y convertir en diputada a Victoria Villarroel, una abogada de 46 años, familiar de un genocida acusado de delitos de lesa humanidad, militante de la autodenominada “memoria completa” , quien ya adelantó qué intereses defenderá desde su banca: “Si votar la Ley Micaela (de capacitación obligatoria para funcionarios públicos en perspectiva de género) y la Ley Yolanda (de educación en cuidado del medio ambiente con especial énfasis en el cambio climático) es ser de izquierda, yo soy de derecha”.
Del cachetazo a la realidad
“El peronismo es un partido con vocación de poder: no hay con que darle a eso”, resume una funcionaria para graficar cómo fueron los días que siguieron a las PASO y que culminaron la semana pasada en una reunión en el CCK con todos los sectores que integran la coalición de gobierno. Todos.
Ni el más optimista creyó posible “dar vuelta” el resultado de esta elección; todos coincidieron en la lectura errónea de la realidad que las PASO les reveló, y coincidieron también en la falta de gestión y en que «para que nos vaya mejor, hay que hacer las cosas mejor”.
Se consolaron recordando que el kirchnerismo nunca ganó una elección de medio tiempo y se preocuparon por lo evidente: la falta de diálogo entre el presidente Alberto Fernández y su vice, Cristina Fernández. “Todos saben que Alberto y Cristina no se hablan desde las PASO. Pero si parás a una persona que votó al Frente y le preguntás quién gobierna, te dice Alberto. Si le preguntás a los de la oposición, te contestan que gobierna Cristina. La sensación es esa. Los costos siempre los va a pagar Cristina”, resume un dirigente gremial oficialista.
La pregunta, entonces, es si a esa falta de diálogo en la cima se puede atribuir esta derrota. La respuesta: “¿Por qué la gente votó a Alberto Fernández? Porque venía de una situación económica terrible con el macrismo. Venía cada vez peor. Y lo votan a Alberto Fernández no para hacer el socialismo ni para vivir en comunidad, ni porque se hicieron de izquierda o autonomistas… Querían volver a los doce años de consumo kirchnerista. Eso era el “vamos a volver”. Te voto para que vuelvan a gobernar y así puedo comprar celular nuevo. No sé qué van a hacer con los dólares, pero los que compré en el kirchnerismo los tuve que vender porque me quedé sin laburo. Entonces vuelvan, y organicen este desastre”. En resumen, la paradoja: «Votaron a Alberto para volver a Garbarino”.
Dos días antes de las elecciones Garbarino –que ya no tiene locales abiertos y supura una quiebra irremontable- despidió a 1.800 empleados.
La foto y la película
¿Cuál fue el efecto pandemia en el resultado electoral?
Respuesta de un dirigente oficialista: “El gobierno estuvo bien con la pandemia. No hubo ni un hospital colapsado, es uno de los países bien vacunados en el mundo. Pero doña Porota de Santos Lugares no tiene otra pandemia para comparar. Le decís que en Nueva York se moría la gente en la calle y ella no tiene cómo compararlo. Le parece que lo que se hizo era lo que había que hacer. No por eso te va a votar”.
Sigue el análisis: “Pero si el gobierno hizo eso bien, por otro lado se dedicó a abandonar a los sectores vulnerables y a someterlos a las situaciones más extremas. Fijate que las primeras rupturas del aislamiento y la cuarentena fueron las de la gente que salía a vender, a buscar una changa, a pedir plata en la calle. Y el mismo mes que sacaron el IFE, la inflación de alimentos fue monstruosa. Toda la guita que puso el Estado se la llevaron los grupos concentrados de la industria alimentaria. Entonces hiciste un esfuerzo grande, pusiste la plata, pero se la llevaron por la canaleta de los supermercados. Las empresas nunca dejaron de ganar. Repartieron más dividendos entre sus ejecutivos en pandemia que antes. No solo no perdieron, sino que ganaron. Entonces, ponés esa guita, pero no generás nada para que vaya a donde tiene que ir. Y es claro: esa plata tendría que haber sido para la gente.”
Lo que sí tuvo efecto pandémico: “Internamente pegó muy mal, pero muy mal, lo de la foto en Olivos y lo del vacunatorio VIP. Pegó mal, y sigue pegando mal. La gente que trató de apoyar y bancar todo este tiempo se quedó muy mal con esas cosas, y tiene toda la razón. Y de eso, de esas agachadas que le hiciste a los tuyos, ¿cómo te recuperás?».
Era por abajo
A las seis de la tarde se cerraron las urnas y en Chacarita, donde el oficialismo arma su bunker, se prueba sonido en el escenario. No hay nadie en la calle y las plazas están llenas: no hay clima electoral: hay clima de domingo. Tampoco hay banderas. Ni militantes. Ni parrillas encendidas. El puesto de panchos está listo, pero todavía sin bebidas frías.
Una hora después asoman las primeras banderas: Frente Patria Grande, Corriente Militante Lealtad y Movimiento Evita, únicos grupos que desde temprano hacen sonar bombos y trompetas. Los que están ni siquiera saben si va a haber oradores en el escenario; tampoco esperan mucha gente.
La escena cambia con la llegada de los primeros resultados. Hay sorpresa, pero esta vez lo que desata es alegría.
¿Qué cambió de las PASO hasta acá? Responde Victoria Freire, del Frente Patria Grande: “Poner en el centro la escucha”, dice. “Tenemos que hacer mucho más ese ejercicio”.
¿Qué escucharon? “Aparece fuertemente la demanda de trabajo. Apareció también muy fuerte el tema de la inseguridad, que es un tema para abordar de una manera que atienda a quienes viven en condiciones más difíciles y que más expuestos se ven al deterioro de las condiciones de vida. Y también hay demanda del acceso a servicios, a vivienda, a vivir mejor”.
Otra respuesta: Victoria se presenta como socióloga y feminista. Y dice: “Nuestra agenda tiene que comprometerse a fondo con la hoja de ruta de lograr mayores derechos y de lograr políticas redistributivas; tenemos pendiente de construir desde nuestro movimiento, pero también desde los recursos que existen en el Estado”. ¿Es posible con Manzur como jefe de gabinete? “Creo que es posible porque nuestro movimiento ha logrado cosas importantes en momentos y coyunturas muy difíciles, y creo que eso es lo fundamental: saber que nuestra fuerza no puede ponerse en duda por un funcionario, sino que la tenemos que construir en ese diálogo en las calles, con un movimiento activo. Y siempre ir por más. No hay que retroceder”.
Otra: Matías Gallastegui, militante de El Hormiguero. “Como había mucha gente que no había ido a votar, había que llegar a esa gente, no con actos o grandes eventos masivos sino que había que desarrollar una campaña subterránea. La militancia salió a hablar cara a cara. Y rescato que hayamos hecho esa campaña porque lo más importante es que nuestra fuerza política siempre esté de cara a la gente, que la gente nos acompañe, nos vote, y que cuando no nos vote, también estemos. Y que con lo que escuchamos podamos nutrir al gobierno de los insumos que no es más ni menos que la realidad. La pandemia dejó un momento de mucho dolor. Es una sensación de muchísimo dolor, de muchísima pérdida humana, de muchas pérdidas económicas, gente que no pudo trabajar por mucho tiempo, que se endeudó. Va a haber que hacer una tarea fina en materia económica. Hay muchos argentinos que entendieron que la política no les estaba resolviendo su problema y que por lo tanto no valía la pena acercarse a las urnas y hacerse escuchar”.
La participación creció con respecto a las elecciones primarias y para Matías eso es una celebración, aunque se le encienden alertas con Milei como tercera fuerza en el distrito. “Candidatos como Milei ofrecen un abanico de respuestas rápidas, a mi entender fáciles, y supieron dibujar un futuro posible para el sector más golpeado de la ciudad que en este momento son los jóvenes. En los sectores más pobres de la ciudad de Buenos Aires la juventud padece por dos o por tres la situación de la pobreza: ahí Milei en algún punto viene a dar respuesta a un futuro incierto”. Un ejemplo: en la comuna 8, en el sur de la ciudad, donde el Frente de Todos resultó ganador, el partido de Milei sacó casi el 20%.
“La tarea central es poder conectar a ese gran movimiento subterráneo que está en la sociedad, y donde anida el futuro. Si logramos que el Frente de Todos sea catalizador de las luchas hay un futuro mejor para nosotros y nosotras. La mejor manera de defender derechos es avanzando. Y eso es lo que la militancia y las organizaciones tenemos que empujar: tener un gobierno que todos los días se levante proponiendo un futuro distinto y no atajando penales”.
Mientras chillan los bombos y resuenan las tensiones que siembran las preguntas que dispara esta elección, un veterano operador recurre a un clásico apotegma peronista para delinear el horizonte que se divisa desde esta vereda: “Cuando el carro camina, los melones se acomodan”.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
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Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
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Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
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El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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