#NiUnaMás
Natalia Oreiro en El cuarto de Lucía: «Que esto no vuelva a pasar»

A pocos días de iniciarse el juicio político a los jueces Juan Facundo Gómez Urso y Pablo Viñas, la actriz y cantante Natalia Oreiro visitó El Cuarto de Lucía en el Museo Provincial por la Memoria, abrazó a la familia y leyó la carta que Marta, Guillermo y Matías dedican a quienes visitan la instalación, que permanecerá abierta hasta el 24 de noviembre en la ciudad de La Plata. Un día antes, el 23, comienza el juicio a los magistrados: convocan a movilizarse frente al Senado bonaerense.
El miércoles pasado abrió la muestra El cuarto de Lucía, nuevamente en la ciudad de La Plata, esta vez en el Museo de la Comisión Provincial de la Memoria. No es casual la fecha ni el lugar: este organismo recibió la instalación como parte de su trayectoria en la lucha por los derechos humanos, de denuncia al Estado y de construcción de verdad, memoria y justicia.
Dos días después de esta nueva inauguración, el viernes, la familia recibió la visita de Natalia Oreiro, actriz y cantante que sumó su abrazo y su voz al leer una carta que asegura que «todo femicidio es evitable» y reclama una serie de acciones concretas al Estado.
También, la nueva versión de la Carta invita a movilizarse el día 23 de noviembre frente al Senado bonaerense, ya que ese día en ese lugar fueron citados dos de los jueces que dejaron impune el femicidio de Lucía Pérez. Tendrán que dar explicaciones sobre ese fallo misógino, en el comienzo de un juicio político que la familia impulsa como parte de un reclamo social. Como dijo Natalia Oreiro previo a leer la carta: «Es para que esto no vuelva a pasar».
Nunca más.



Los anfitriones
Pasadas las cinco de la tarde, la periodista Claudia Acuña dio las palabras de bienvenida y la directora del Museo de Arte y Memoria, Laura Ponisio, manifestó: “Estamos muy conmovidos de recibir El Cuarto de Lucía, a los padres: seguimos de cerca la causa, es una situación muy especial”. Sandra Raggio, Directora General de Áreas de la Comisión Provincial por la Memoria, agradeció a Marta y Guillermo. “Este es un espacio para la sensibilidad. Este es un organismo público, autónomo, es un organismo que defiende los derechos humanos y trabaja por la memoria. El Presidente de la Comisión por la Memoria es Adolfo Pérez Esquivel, está integrada por Dora Barrancos, Nora Cortiñas. Tiene la función de bregar por los derechos humanos y eso implica controlar al Estado y también esos despliegues de violencias que se dan en la sociedad producto de estas estructuras jerárquicas como el patriarcado, que produce violencia de arriba hacia abajo”.
Roberto Cipriano García, Secretario ejecutivo de la Comisión Provincial por la Memoria subrayó: «Es necesario visibilizar esta causa, porque el Poder Judicial es un poder violento con ciertas víctimas. La prueba es lo que hizo este Tribunal, la fiscal, la revictimización de la familia, en lugar de traer reparación, trae más violencia. Este logro que tiene la familia, este jury hace falta para trabajar mucho con la conciencia de les pibes, de toda nuestra sociedad: esto es parte de hacer reflexionar”.
El padre de Lucía, Guillermo agradeció al espacio y a todes quienes les acompañan: “No estamos solos en esta lucha: Lucía nos une”.

Las víctimas
Marta Montero tomó el micrófono y dijo: “Quiero que hable la mamá de Nani, quiero que digas que todavía no tenés justicia”.
Susana, la madre de Nadia Ferraresi, a quien asesinaron en 2019 de una puñalada, contó: “Ayer se complireron 33 meses del femicidio: fue una bomba en la familia, pero nos tocó. Y tenemos que pedir justicia. Yo debería estar dedicándome a mi nieto, porque me dejó una semillita, y tuve que dejarlo porque me tengo que ocupar de pedir justicia. No es justo. Hay gente que tiene que defendernos, que investigar, me dieron su palabra y yo todavía creo en la palabra de la gente, y me defraudaron. Elevaron la causa a juicio y no investigaron. Yo necesito respuesta, mi nieto de seis años me pregunta y tengo que responderle. Necesito que investiguen, quiero saber qué pasó, no quiero a un perejil en la cárcel. No sé a quién recurrir, nadie está preparado para esto. A mi hija no me la devuelven más, sé que está muy trillado decir esto, pero tengo a mi nieto. Tenemos una vida que reconstruir y no nos dejan. Quiero justicia”. Por el femicidio de Nadia hay un detenido que es esquizofrénico pero la familia cree que actuó con otra persona, a quien el hijo de Nadia reconoció.
Marta volvió a tomar el micrófono y, mirando a Susana, aseguró: “Estamos acá, por eso estamos acá. No nos callamos más. Hace cinco años que mataron a Lucía, hace 33 meses que mataron a Nadia. Vamos a conseguir justicia, no pedimos dádiva, pedimos lo que nos corresponde. Exigimos justicia. Esta lucha que llevamos como mujeres.
«Así como salieron las Madres cuando les mataron a sus hijos en la época de la dictadura, hoy salimos nosotras».
Marta Montero, mamá de Lucía Pérez.
SY siguió Marta: «Susana: vos vas a tener justicia para tu hija, como la va a tener Lucía, como la tuvo Araceli. Tu hija va a estar orgullosa de vos, como lo está Lucía de mí, sigamos acompañándonos. Ellas nos van a guiar. Tené paz en el alma, porque vos no hiciste nada que te mataran a tu hija, como yo no hice nada para que mataran a Lucía, Lucía no hizo nada para que la mataran. Tené paz, la paz nos deja ver el horizonte, nos deja pensar. Yo salía de mi casa y sentía que me volvía loca, a todos nos pasa. No hay equipo interdisciplinario, ese padecimiento seguimos teniendo, los que tuvieron justicia, tuvieron justicia pero sigue otra etapa peor, te das cuenta de que tu hija no vuelve más. Algo vamos a hacer, no sé qué. Lo que sé es que estamos juntos para que esto cambie, para que no nos sigan matando a nuestras hijas”.

La carta
Natalia Oreiro tomó la palabra, saludó a les presentes y dijo: “Tengo para aportar que estoy acá porque Lucía somos todas y además soy madre de un varón: quiero que él sepa la sociedad en la que vive para que también construya una sociedad más justa, que esto no vuelva a pasar. Voy a leer una carta que es de la familia de Lucía, para todas las personas que visitan esta muestra”.
Una vez finalizada la lectura, Natalia recorrió al Cuarto de Lucía y se quedó hablando con Marta y Guillermo.
Carta de Marta, Guillermo y Matías a quienes visitan El Cuarto de Lucía:
Todo femicidio es evitable.
Lo decimos desde el dolor y desde la convicción que nos da la experiencia de haber convertido este sufrimiento en una batalla cotidiana contra la violencia.
Todo femicidio es un golpe brutal para cada familia y una herida social para toda la comunidad pero también, una oportunidad para prevenir los próximos si hacemos lo que hay que hacer hoy, ya, ahora.
El femicidio de Lucía es un ejemplo, es un símbolo, es un alerta, pero no es un “caso”. Es el brutal resultado de una cadena que hace funcionar la maquinaria femicida y es esa cadena la que tenemos que romper, eslabón por eslabón.
El principal eslabón es el que garantiza la impunidad de ese crimen. Es el que se activa desde el primer momento para que la investigación esté contaminada por las complicidades que permitieron que ese femicidio se produzca. Es el que se activa en Salta, por ejemplo, hace diez años cuando asesinan a Cassandre y Horuie, las chicas francesas; o en San Martín con Melina y Araceli; o en esta Capital con Carla; o Córdoba con Cecilia; o hace menos de dos meses, en Santiago del Estero, con Luciana. Todas vidas jóvenes, alegres, que fueron destrozadas, y con ellas, sus familias, sus amigas, sus compañeras de colegio, sus vecinas, sus barrios.
Las familias aprendimos así, con ese golpe atroz, que mientras estábamos aturdidas por el dolor ya se estaban destruyendo pruebas y construyendo relatos para justificar el crimen de nuestras hijas y por eso mismo sabemos que la posibilidad de justicia depende de que en las primeras horas intervenga un equipo que garantice una investigación imparcial, como corresponde. Eso exigimos.
Todo femicidio es evitable. Y una forma concreta de hacerlo es crear un cuerpo especializado de fiscales y peritos para que intervengan en aquellos crímenes en los que la trama de impunidad territorial implique la complicidad policial y judicial.
También aprendimos que otro eslabón que nos condena a esta violencia es el silencio. Por eso las familias estamos convencidas de la importancia que tiene para prevenirlos poder reflexionar en comunidad. En cada escuela, en cada plaza, en cada barrio donde las Lucías son asesinadas por ser Lucías debemos parar el mundo por un rato y sentarnos a pensar qué nos pasó, qué lo hizo posible y cómo evitarlo. Eso exigimos.
Todo femicidio es evitable, repetimos. Pero cuando sucede, las familias tenemos que enfrentarnos a un Poder Judicial insensible, inhumano, injusto. En el caso de Lucía, con mucha lucha, persistencia y apoyo de toda la sociedad, logramos anular un fallo vergonzoso. Un triunfo que significa nada menos que un límite al asqueroso Poder Judicial, nunc más va a poder juzgar a las víctimas. Eso exigimos. Y lo logramos .
Pero no alcanza: esos mismos jueces siguen hoy tomando las decisiones en la causa penal de Lucía. Y siguen tomando decisiones en otras causas. Contra esa injusticia también luchamos y logramos que se inicie el trámite de un jury para que se juzgue a esos jueces que tendrán audiencia este 23 de noviembre a las 11 hs acá en la ciudad de La Plata. Y en ese jury el defensor de los jueces que pretendieron dejar impune el femicidio de Lucía es el mismo abogado que defendió a los genocidas responsables de las torturas, violaciones y desapariciones producidas durante la dictadura en el centro clandestino La Cacha; es el mismo abogado que defendió al Padre Grassi en el juicio que lo condenó por abusar de menores y es el mismo abogado que defendió a los policías que desaparecieron a Miguel Bru.
Este apenas un dato sobre estos jueces, un golpe más de los tantos que recibimos en este largo camino que nos reveló con claridad algo: tenemos que exigir una reforma judicial urgente.
Por eso les pedimos que el próximo 23 de noviembre nos acompañen porque eso significa construir esta reforma judicial, estar juntos, juntas. Ese diá en la calle solo vamos a lograr justicia para las Lucías si somos capaces de construir un Poder Judicial respetuoso de los derechos humanos.
Solo vamos a terminar con esta violencia si tenemos un Estado presente, activo y decidido a intervenir en cada femicidio con todas sus herramientas y recursos para que sea el último. Hasta que así sea.
No es una utopía. Es un desafío que nos toca enfrentar y que podemos superar si nos unimos, sin grietas, porque no hay dos bandos posibles si la batalla es contra la muerte.
Hoy estamos acá con El cuarto de Lucía, que representa ese parte de nuestra vida que la violencia femicida arrancó de nuestro hogar. Compartimos ese vacío, esa
ausencia, esos sueños que ya no serán soñados, nuestra pesadilla, con la esperanza de que les transmita nuestra convicción: Ni Una Más es posible. Asi como fue posible el Nunca Más.
Hagamos todo lo que hay que hacer como las Madres y las Abuelas. Hagamos lo imposible hasta que así sea.
Con amor,
Marta, Guillermo y Matías
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
#NiUnaMás
El 3J porteño: Vamos

Por Claudia Acuña
Fotos: Juan Valeiro
Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.
“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.
Quizá no sea una suerte, pero casi.
Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
#NiUnaMás
El Cordobazo del Ni Una Menos

Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.
Así se hace.
Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.
Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.
Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Con los ojos de Agostina Vega.
Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.
Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.
Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.
Señalando a la justicia, a los femicidas.
Con los ojos de Agostina.
Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.
Con los ojos de Agostina.
Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.
- Derechos HumanosHace 6 días
«Digan clítoris»
- Movimientos socialesHace 2 semanas
La mirada de María Galindo sobre la rebelión en Bolivia: «Los movimientos no somos la pelota entre el viejo progresismo y la derecha»
- Crisis por el ajusteHace 4 semanas
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”
- #NiUnaMásHace 5 días
La escena del crimen
- #NiUnaMásHace 3 días
Mujeres mapuche: la resurgencia






































