Nota
Gualeguaychú: cuando el río suena
Buscan frenar la construcción de las papeleras para dialogar, y se rebelaron para ser reconocidos como interlocutores en un problema que puede afectar su vida, sus derechos y su futuro. La Asamblea de Gualeguaychú logró exhibir nuevos modos de organización, debate y acción, con una potencia tal que puso en vilo al gobierno provincial, al nacional, al uruguayo, al Mercosur, y se vienen finlandeses, españoles, la OEA y La Haya. lavaca estuvo en el piquete de la ruta 136, para comprender cómo funciona esta experiencia horizontal, sus dilemas, y cómo se ven desde allí los políticos, los medios, las empresas y una idea tantas veces contaminada de amnesia: qué significa ser un ciudadano.

Pintaron también dos banderas celestes y blancas con un sol: una de Argentina, la otra de Uruguay.
En la banquina, sobre el pasto, cerca del Arroyo Verde, hay reposeras alrededor de las cuales juegan los chicos. Van llegando más y más vecinos. Cada noche, después de las 20, se congrega una gran asamblea pública. Los viernes son más de 500, o 600, y siguen llegando. ¿Ágora, polis, ecologistas impermeables al progreso? ¿Foro vecinal, piquete a la entrerriana, fundamentalistas irracionales? Ellos han decidido darse otro nombre: Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú. (Una curiosidad política o psicoanalítica: los medios los llaman «ambientalistas» y jamás «asambleístas» ni «ciudadanos»).
Anochece. La hilera de autos llega por la ruta 136 y se estaciona a un costado. Ya hay más de 200. Más reposeras, más termos, más mate. Unos metros más allá, algunos empiezan a encender fogones sobre la tierra: pronóstico de asado pos asambleario. Hay dos reflectores para que todos se vean la cara. Más allá, la oscuridad del campo, y la luz de la noche de Entre Ríos, que parece haberse quedado con todas las estrellas que ya no se ven en Buenos Aires.
Instalan un micrófono y varios parlantes. Cuando empiezan las exposiciones la asamblea sigue cada palabra con un silencio atento, cortado solo por algún bebé que llora, o por alguna acotación que le hacen al orador de turno. Muchos hablan, todos escuchan, hay un coordinador para que la secuencia no se diluya. Hay aplausos, hay desacuerdos y broncas, propuestas que se votan. La asamblea funciona con fluidez, sin monopolios del micrófono y sin jergas militantes.
Una mujer dice con naturalidad, sin arengar a nadie: «Nunca nos vamos a ir mientras se construyan las papeleras» y la noche se convierte en un estallido iluminado por reflectores, entre el asfalto pintado, los fogones y las estrellas que en Buenos Aires no se pueden ver.
Piquete con oxígeno
Pese a todos las actas de defunción extendidas a este tipo de experiencias, los vecinos de Gualeguaychú reflotaron el piquete y la asamblea como formas de buscar soluciones para problemas concretos. Alfredo Casella es uno de los que maneja el tractor-puerta del piquete. Dejan pasar a gente que va a trabajar del lado uruguayo, o a una ambulancia si fuera necesario. El último caso fue un camión con insumos hospitalarios (oxígeno, más precisamente) para Fray Bentos, Uruguay.
Esta frontera que libera el paso del oxígeno y busca impedir la instalación del veneno -por nombrar sólo uno de los límites que demarca- está inundada de mate. Casella, paisano entrador y autocrítico, dice: «Somos muy parecidos a los uruguayos. Pero la yerba de ellos es mejor, la Canarias». Esa yerba en realidad se hace en Brasil, se toma en Uruguay y se envidia en la Argentina.
Alfredo cuenta que todo este debate empezó cuando organizaciones uruguayas como el Movitdes (Movimiento por la Vida, el Trabajo y un Desarrollo Sustentable) y Guayubira, junto a vecinos de Fray Bentos cruzaron el Río Uruguay para anunciar o denunciar ante sus vecinos argentinos la instalación de multinacionales con la intención de fabricar pasta para papel según una exitosa receta: la parte sucia del proceso en el hemisferio sur, mientras la industria, el valor agregado, la generación de riqueza y de fuentes de empleo se concentran en el norte.
«Ya en el 89 y 90 empezaron las grandes plantaciones de eucaliptos con créditos a largo plazo de los bancos uruguayos, con financiaciones del Banco Mundial. Y esto de los dos lados. Hay más hectáreas acá en Entre Ríos que en Uruguay» dice Alfredo bajo el sombrero del que no suele desprenderse.
«Después llegaron las empresas. Los españoles de ENCE hicieron el puerto para llevarse la madera. Hasta ahí no contaminan porque se la llevan y la blanquean allá, se tragan la dioxina» dice señalando el asfalto donde también han pintado un barril de dioxina «made in Europa» según reza.
«Pero después viene la finlandesa Botnia, que es más grande que todas las papeleras argentinas juntas. Es fácil saber que van a emplear millones y millones de litros diarios de agua del río para enfriar la pasta, y el agua va a salir con una cantidad de deshechos químicos que van a influir en la naturaleza, primero en los peces, después a los seres humanos. Con las dioxinas en el aire las lluvias van a ser ácidas. Todo esto va a afectar las carnes, los cereales, los arándanos, la apicultura, no nos van a querer comprar nada de lo que se produce en 100 kilómetros a la redonda».
La prevención de Alfredo no incluye entonces lo estrictamente «ambiental» sino el perjuicio económico que amenaza el área. Pero hay algo más:
«Muchas veces nos hemos quedado callados. En la historia, digo. Me parece que tenemos que enseñarle a nuestros hijos y nietos que hay que meterse y comprometerse para tener una mejor calidad de vida».
¿Cómo hacer para no callar? «Empezamos a reunirnos, a movilizarnos, nunca en contra del hermano uruguayo. Nos subíamos al puente. Me parece que en Uruguay mucha gente está bastante temerosa porque trabajan para el Estado, no se pueden manifestar. La vez pasada iba a haber una manifestación de unas 70 personas, de Guayubira, y mandaron 100 soldados para amedrentarlos».
Alfredo cuenta que la asamblea nació espontáneamente, los encuentros se sucedieron en la Casa de la Cultura en Gualeguaychú. «Y mientras todos nos decían que nos bajáramos, más arriba nos quedábamos. Los políticos quieren decirnos qué hacer. Ahí está Terragno (Rodolfo) hablando pestes de nosotros. Y algunos políticos de aquí están con nosotros, pero como miembros de la asamblea».
Más o menos cuestionados por otros vecinos, es el caso de algunos integrantes del gobierno comunal (peronistas opuestos al gobernador Busti como el secretario de Cultura Javier Villanueva o el propio intendente Daniel Irigoyen) o concejales como el radical Osvaldo Moussou.
«Lo importante acá no es que sean políticos, sino de la asamblea. La asamblea es totalmente horizontal, cualquiera puede tomar la palabra, proponer cosas. Lo digo de corazón, las mujeres nos ganan en fuerza y en voluntad. Tanto para las cosas cotidianas, como para decidir el corte y mantenerlo. La vez pasada una de ellas dijo que si no hay huevos, va a haber ovarios».
-Hay gente que de buena que puede pensar que mantener el corte no es la mejor estrategia.
-Mire, hay algunos políticos que nos quieren bajar líneas de arriba ¿Le parece que con esta gente de las empresas se puede hablar de estrategias? Lo que hay que hacer es cortar hasta que ellos paren de hacer la planta. Cuando paren, levantamos y nos sentamos a dialogar.
-¿Y si no paran?
-Seguimos.
-Pueden estar jugando al desgaste.
-¿Le parece, che? Acá somos cada vez más.
-Pero el gobierno argentino puede apostar a que se cansen.
-Vamos a ver. Pensamos en eso. Es lo que hicieron con los piqueteros. Pero acá no hay agresión, dejamos pasar a la gente del campo. Yo mismo voy y saco el tractor. El asunto es cortar el cruce al Uruguay hasta que acepten dialogar con nosotros. El problema es que el gobierno uruguayo bajó una cortina metálica, no quiere hablar. Tabaré Vázquez hasta insinuó que habría que reprimirnos.
-¿Y qué opina de la actitud del gobierno argentino?
-(Se ríe como si uno estuviera hablando de algo pecaminoso?)
-Si ustedes están aquí, cortando la ruta, es porque demasiada confianza no le tienen.
-Ni a los de allá, ni a los de acá. Así que vamos a seguir así. No necesitamos que vengan 6.000 personas a la asamblea todos los días. Con ser los que somos está todo bien, nos vamos turnando, y que el resto quede de reserva. El día que nos movilizamos, llenamos el puente. Si ponen la piedra fundamental en Botnia, yo creo que nos van a escuchar, porque vamos a ir hasta el último metro de frontera que podamos.
Se estima que en marzo la piedra fundamental de la fábrica será colocada por la embajadora de Finlandia en el Uruguay, con la presencia de Tabaré Vázquez.
Perros, espuma, y ansiolíticos
La situación del corte de la frontera enfrentó a la gente de Gualeguaychú con situaciones inéditas. Una persona del grupo Clarín hizo lobby ante un integrante de la asamblea para conseguir que dejen regresar dos camionetas con los perros de la señora Ernestina Herrera de Noble, que pasaron sus vacaciones en Punta del Este. «Para ustedes es es-tra-té-gi-co dejarlas pasar. Un favor, ¿se entiende? Estamos hablando de Clarín, Canal 13, TN, Radio Mitre. Además los estamos tratando bien en las notas, no estamos matándolos, no les conviene ponerse en contra al Grupo».
El caballero víctima de tal discurso, contestó con cortesía entrerriana: «Puedo ver qué hacer, pero decide la asamblea».
Esto no conformó a la persona enviada, que volvió a enumerar las empresas del grupo. El caballero entrerriano se fue mascullando su perplejidad ante lavaca: «¿Perros? ¿Cómo le decimos a la asamblea que levanten el corte para que pasen perros? Los podrían mandar en barco».
Quedó naufragando un dilema: ahora que supuestamente «los tratan bien», el periódico ya ha editorializado sobre la actitud de los vecinos usando palabras como «fundamentalismo» e «irracionalidad». No está muy claro cómo los calificarán cuando los traten mal. lavaca no pudo confirmar el actual paradero de los canes.
La recorrida por Gualeguaychú había comenzado en el bello edificio de la Casa de la Cultura, donde muchas veces se reunió la asamblea hasta que comenzaron los cortes y las reuniones pasaron a la ruta. Hay una alegre agitación en el lugar, por dos cuestiones que indican otro modo, justamente, de considerar la cultura: el piquete en la ruta, y el corso popular. El corso está potenciando viejos y nuevos esplendores. Entre otros, obligó a imprimir un cartel informativo bajo el siguiente título: «Vendedores de Espuma».
Javier Villanueva es secretario de Cultura, representante del municipio en la asamblea, peronista del grupo Nuevo Espacio que gobierna Gualeguaychú, y sumamente descriptivo con respecto al modo en el que el sector político es visto por la asamblea: «No te puedo explicar cómo me putean, pero nos conocemos todos. El otro día me agarré una bronca y vino uno de los muchachos a darme un Alplax, un calmante (Acción terapéutica según el prospecto: Ansiolítico con acción antidepresiva. Agente antipánico, indicado para trastornos por ansiedad, y ansiedad asociada con depresión. Asimismo, está indicado para el tratamiento del pánico, con o sin agorafobia). Bueno, me hizo pensar que por lo menos no quieren que me muera».
Tal vez la asamblea tenga acción antidepresiva y antipánico. Villanueva relata una historia de la situación. «La clase política está desprestigiada, así que recibimos palos todo el tiempo. Acá venimos del peronismo de los 70. Hicimos Nuevo Espacio, ya tenemos varios períodos intercalando intendentes. El actual es Daniel Irigoyen. Pero cobra 2.000 pesos, yo tengo un Falcon 73: acá el que está en política no lo hace por plata. Nos presentamos en la provincia, contra Busti. No nos ha ido mal, pero estamos segundos, lejos». Villanueva pasó en el 2000 de Cultura al Programa Río Vivo, ya que consideran al río como un monumento natural que hay que defender. Se trabajó con el curso del Gualeguaychú, para evitar el trabajo de las areneras y, en general para aliviar la contaminación.
«Aparece lo de la papelera. Nos lo cuentan los grupos ambientalistas uruguayos. Hay espacios burocráticos que no sirven para nada, salvo para encontrarte. Cervezas del lado de allá, unos vinos del lado de acá, y te vas conociendo. Uno de esos espacios es la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), la gran responsable de esta situación. Es una comisión binacional. El Tratado del Río Uruguay plantea cómo convivir sobre el río y uno de los puntos dice que cuando uno de los dos países va a realizar un emprendimiento potencialmente perjudicial para las aguas, debe consultar a la otra parte para después tomar la determinación en conjunto. Eso no se hizo. ¿Quién es responsable? Los representantes argentinos en la CARU».
Cosas de la política
En el 2003 la cuestión seguía sin estar clara. Pero como en la CARU no se había hecho ningún reclamo, las papeleras avanzaban en su proyecto. Desde el punto de vista político los vecinos de Gualeguaychú interesados en el tema comenzaron un curso acelerado de realismo mágico.
«En agosto del 2003 llegamos a la Cancillería» cuenta Villanueva. «Nos atendió el embajador Raúl Estrada Oyuela, de asuntos ambientales. El discurso fue penoso. Salimos diciendo: estamos entregados de pata y manos. Nos trató medio de loquitos. Le dijimos lo que pasaba, las miles de hectáreas de eucaliptos plantados (que proveen la madera para la pasta), ya sabíamos lo que pasaba en Pontevedra, en España, donde no se puede estar de la contaminación. Estrada Oyuela dijo: es imposible parar las plantas, no podemos meternos en la vida de otro país».
Lógica de sillón: no se puede hacer nada. El tiempo demostró que se podía. «Él no sabía del Tratado, le explicamos que había que reclamar por lo menos una buena tecnología. Volvimos, hicimos una carta explicando todo, y hubo una nueva reunión donde además de Estrada Oyuela estaba Roberto García Moritán».
Para Villanueva, García Moritán es el gran responsable de que el conflicto esté donde está. Presidió la CARU y no hizo nada en ese rol como representante argentino. El actual gobierno ascendió a García Moritán al cargo de vicecanciller, lo que hace que Villanueva se agarre la cabeza cual necesitado de ansiolíticos antipánico.
«En esa reunión García Moritán nos agredió a todos los que fuimos de Gualeguaychú. Fue tan violento que el propio Estrada Oyuela lo echó de la sala diciéndole que en esos términos no podía participar».
García Moritán es lo que se llama un funcionario de raza, cuya trayectoria merecería ser estudiada en los cursos de ciencias políticas: fue nombrado por el menemismo, surfeó exitosamente el delarruísmo y el duhaldismo, y el kirchnerismo lo elevó aún más en la farándula del poder. El gobierno de Menem lo había nombrado ante la Comisión Binacional para la construcción del puente Colonia Buenos Aires, con resultados que saltan a la vista. También fue presidente de la Comisión Administradora del Río de la Plata y -queda dicho- de la CARU, logrando gracias a todo lo que hizo, y principalmente a lo que no hizo -según la denuncia generalizada de la gente de Gualeguaychú- ser uno de los responsables de que el conflicto en el Uruguay llegue a su actual estadio.
Villanueva considera que el canciller Jorge Taiana no está tan mal visto: «Capaz que también es un traidor, pero da la sensación de tener otro origen, ser un tipo preparado. Pero a este Moritán le conocemos la historia y cuando lo nombraron vicecanciller nos queríamos morir. Se lo dijimos a Taiana, y lo tuvo que escuchar. En eso han estado bien en el gobierno: se comen todos los garrones».
«Nos pasó por arriba»
Durante el 2004 siguieron las gestiones, reuniones, creciente efervescencia comunitaria y una ilusión alimentada por la propia Cancillería argentina a través del entonces ministro Rafael Bielsa: el casi seguro triunfo del Frente Amplio con Tabaré Vázquez a la cabeza solucionaría todo inmediatamente. Villanueva: «Ahí perdimos un año, porque apenas ganó Tabaré se puso a respaldar a las papeleras, contra todos sus discursos previos donde hablaba en defensa de lo ambiental. Ahí quedamos desubicados muchos de los que por ahí creemos un poco en la política, porque ahora cuando te dicen que los políticos son inútiles, corruptos y mienten todo el tiempo, ¿qué contestás?»
En octubre del 2004 hubo una marcha con autos a Fray Bentos donde se entregó un petitorio reclamando el cumplimiento del Tratado. «A alguno de los muchachos se le descompuso un poquito el auto sobre el puente y ya ese fue un primer corte que hicimos» se ríe Villanueva. «Fijate que eso lo tendría que haber hecho Cancillería, pero lo tuvimos que hacer nosotros. Y lo que pedíamos principalmente era el diálogo».
No hubo respuesta, Tabaré Vázquez asumió en marzo, respaldó la construcción de las papeleras, el gobierno argentino mantenía su política de Estado de no hacer nada, y Gualeguaychú terminó alzándose el 30 de abril de 2005, copando el puente en una manifestación que las fuentes más pesimistas calculan en 30.000 personas y otros elevan a 40.000, en una ciudad de 70.000 habitantes. (Proporciones: es como si en la ciudad de Buenos Aires se hubieran movilizado un millón y medio de personas).
Villanueva reconoce: «Habíamos calculado que podrían ir 10.000 a lo sumo, pusimos colectivos, movimos lo nuestro, pero esto nos pasó por arriba. Mucha gente fue por convencimiento, otros porque iba el malón para ese lado, pero fue impresionante».
El grupo que se dedicaba al tema de las pasteras era hasta ese momento relativamente reducido, pero desde la movilización se multiplicó. «Ahí nació la asamblea, había un grupo de autoconvocados que la llamó, nos tuvieron que aceptar a algunos del campo político, y nació ese nuevo espacio con horizontalidad total, sin jerarquías, sólo con un coordinador que anota quién pide la palabra. Antes éramos un puñadito pero empezó a haber reuniones de 60, 80 personas, cada vez más, 200, 300, y ahora están las asambleas en la ruta que de golpe puede haber 800 personas. El tema es, ¿cómo te organizás para que 800 se pongan de acuerdo?»
El gobierno entrerriano pareció encontrar un modo de evitarlo, nombrando a algunos ambientalistas en cargos en la CARU. «Es una estrategia para romper la asamblea, con sueldos de 4.000 dólares». La relación del gobierno comunal con el provincial es, dirían los viejos periodistas, de tensa calma. «Nosotros les disparamos, pero en este tema se trata de trabajar juntos. Siempre pasa que si uno sale en televisión te llaman después diciendo: che, no me nombraste, te olvidás que la provincia puso plata. Pero bueno, son esas cosas de la política».
Ya a fines de 2005 los vecinos veían crecer las papeleras ante sus narices, escuchaban a Tabaré respaldando el proyecto, percibían que el gobierno argentino hacía méritos para ser incluido entre los Vendedores de Espuma. Comenzaron los cortes de 12 horas, hubo otro de 24, el de 36.
«Y ahora se llegó a este corte donde no se abonan tantas ideas, donde hay gente que quiere el corte y nada más». Villanueva está un poco dolido porque en las últimas votaciones en la asamblea sus propuestas perdieron. Gracias a «esas cosas de la política» logró ganarse la desconfianza de los otros asambleístas.
«Para mí hay que pensar en levantar el corte como una señal para hablar, y para demostrar que venimos y nos vamos de la ruta cuando queremos. Cuando fue la reunión con Kirchner (el 10 de febrero) vino el vicegobernador Guillermo Guastavino que es de aquí, y nos conocemos el colegio diciendo que si no levantábamos el corte, Kirchner no nos iba a recibir. Ahí lo fuimos a proponer, porque yo creo que la ruta tiene un límite. Se votó y nos mataron. A los dos días Kirchner, que no es ningún opa, llamó diciendo que fuéramos a la Casa Rosada. Yo había pedido que levantaran el corte para ir, y ahora llamaba él. Tuve que ir a la ruta y pagar ese costo. Y encima cuando nos reunimos Kirchner dijo que él no había hecho ninguna presión para levantar el corte». Villanueva se ríe: «Ahí sí que nos mató. Y bueno, hay que seguir, porque todo esto es como un juego donde siempre va a quedar mal el que está más abajo».
El valor de la asamblea
Villanueva logró ganarse que en la asamblea lo miren de reojo, o le den ansiolíticos en el mejor de los casos. «La realidad es que la gente no se quiere ir de la ruta. Yo no le encuentro salida a esto. Si tuviéramos la suerte de que Tabaré Vázquez mañana dice que para la construcción de las papeleras, habrá que aplaudir a todos los muchachos que quisieron seguir. Pero yo creo que esta no es la batalla final, que todavía conviene hacer corte, levantar, exigir, moverse».
Hace pocas semanas, las cosas habían sido distintas. El gobernador Jorge Busti le pidió a los funcionarios de Gualeguaychú que trabajaran para levantar los cortes: «En ese momento yo le dije que esa propuesta no pasaba la asamblea. Y después del pedido de Busti, un lunes, el martes empezamos un corte más grande, el viernes otro, y de ahí no nos fuimos más. Todo es una muestra de que acá no se responde a la parte política. Como parte de la política municipal estamos metidos adentro, discutimos, yo puedo decir: tarado, así no vamos a ganar, pero es distinto, porque es una discusión entre nosotros. Aunque yo pierda una votación en la asamblea no digo: loco, rompo».
Para Villanueva la asamblea tiene un valor «que sería una locura intentar desactivar. Yo hago críticas pero tampoco sé cómo salir de este problema sin desmovilizar, y conseguir resultados».
-¿La presencia de los medios cambió a la asamblea?
-Claro, mucha gente se siente importante porque sale en la tele. Hay gente que se puede enamorar del micrófono.
-Le pasa a demasiadas personas, incluyendo a casi todos los políticos. Pero al margen, si la asamblea no hubiera hecho lo que hizo ¿qué hubiera pasado?
-Sin la presión de Gualeguaychú acá no pasaba nada. Lo reconoció el propio Rafael Bielsa a quien le rescato cierta franqueza en el discurso.
Bielsa es el ex canciller caído en desgracia en el kirchnerismo. Otros integrantes de la asamblea piensan que Bielsa fue el gran responsable de que el conflicto llegara hasta aquí, tanto si sabía lo que pasaba, como si no lo sabía por haber sido desinformado por sus funcionarios (cosa que Bielsa parece haber dado a entender cuando estuvo en Gualeguaychú). Actualmente Estrada Oyuela se ha puesto a favor del discurso de la gente de Gualeguaychú: «Primero nos echó flit (antiguo insecticida), pero ahora cambió. Me parece que quería el cargo de vicecanciller pero lo eligieron a García Moritán, así que no sé cómo seguirá ahí la cosa».
Villanueva critica a la asamblea «porque a veces te abuchean, y aunque después se callen el abucheo ya entra a jugar. O por ejemplo, Adolfo Pérez Esquivel propuso hacer un gesto de los dos lados: el nuestro era salir de la ruta. Además de que la votación fue a favor de seguir el corte, y ganó por paliza, mucha gente decía. ¿y este quién se cree que es para pedir eso?»
Las asambleas, si gozan de buena salud, presentan esa característica: hasta los premios Nóbel pueden resultar cuestionados, no existe necesariamente la obediencia a ninguna instancia. Villanueva:
-Yo te confieso que estoy desconcertado. Creo que habría que presionar en otros ámbitos, armar por ejemplo una caravana a Buenos Aires de 2000 autos, armar un flor de bolonqui en la Panamericana y en pleno centro, y te garantizo que todos se van a enterar. Pero ni lo puedo proponer, porque nadie quiere salir de la ruta.
-¿Vino la izquierda? Una acusación que se hizo en las asambleas del 2002 en Buenos Aires es que la izquierda aparecía para dominarlas, y terminaba rompiéndolas.
-No hay lugar para eso porque todo el mundo se conoce. Vinieron unos chicos del Partido Obrero, creo, divinos, pero con una idea de la realidad medio difícil. Yo pensaba que acá en el gremio docente, por ejemplo, donde yo estoy, tenés gente de esa que está en contra de todo. Pero esos no van a la asamblea, porque ahí te exponés mucho. Si van, los vuelan enseguida.
-¿Qué clic hicieron ustedes, como políticos, para sumarse a la asamblea cuando lo habitual es que los partidos políticos quieren controlar esos espacios? ¿Es lo que ustedes buscan?
-No, nos metimos como Estado pero hay un espíritu de participación en Gualeguaychú, está lleno de agrupaciones. No digo que no haya individualismo, pero también hay muchas ganas de participar. Lo único incómodo es que cada tanto te dicen: los políticos son tal o cual. Y yo digo: pará, ¿me lo estás diciendo a mí?
-El político tiene una secuencia perpetua: campaña- elecciones- gestión. La asamblea implica lo que usted dice, que lo pongan en tela de juicio.
-Y uno se tiene que acostumbrar. Ya te digo, muchas cosas no me gustan, pero yo creo que la gente tiene que estar, y es un deber nuestro saberla convocar y saber cómo sumarnos. En la época del 2002 acá había asambleas gorilas, de ahorristas, y después vino el fenómeno Blumberg (Juan Carlos Blumberg convertido en adalid de la «mano dura» y las leyes represivas tras el secuestro y asesinato de su hijo Axel). Ahí había gente con la que no me sentaría ni a hablar. Pero esto es distinto porque hay mucha gente común, gente del pueblo, que no está manijeada. También es cierto que todo el mundo decide igual y a veces hay un tipo que estudió, que es experto, y su voto vale igual que el de uno que no sabe.
Tal vez el problema es que los expertos, como los que Javier mismo menciona de la Cancillería, han hecho tantos desaguisados que deben revalidar sus títulos ante quienes sólo conocen los efectos de sus decisiones. El tema que deja traslucir la asamblea es que sólo mostrar títulos no alcanza para generar confianza. Dice Javier:
-Te pongo un ejemplo. Bielsa propuso que alguien de la asamblea tuviera un puesto pago en la Cancillería, en las comisiones de estudio. Y la asamblea lo rechazó diciendo que quiere seguir siendo independiente para poder seguir cuestionando.
-¿Ese criterio de independencia en qué consiste?
-En que la asamblea no quiere estar atada a nada. Y yo mismo lo pregono desde mi lugar político. La asamblea es la asamblea, y hay que venir a pelarse acá adentro.
Cuando el gobernador Busti decidió armar un recital con Soledad Pastorutti, Víctor Heredia y Tarragó Ros como forma de sumar música al conflicto, la asamblea rechazó la idea de hacer el show en otro lado. «Que vengan al corte. Nos quieren desmovilizar, de acá no nos movemos». Una nueva demostración del grado de confianza que los políticos y funcionarios han sabido ganarse entre la ciudadanía, que parece preferir que se vayan con la música a otra parte.
Gatos locos
Uno de los expertos que revalidado títulos ante la asamblea es el ingeniero Héctor Rubio, nacido en Gualeguaychú, mudado a Buenos Aires durante 30 años y ahora otra vez en su terruño.
-En el origen había un problema de contaminación grande en el propio río Gualeguaychú. Mi hijo tiene una agencia que estudia impacto ambiental y descubrimos lo siguiente: se invitaba a los turistas a bañarse en el río, pero el código de agua para recreación dice que pasando las doscientas partes por millón de materia fecal, el agua ya no es aconsejable. ¿Sabe cuánto había?
-No quiero imaginarlo.
-Dele. Diga un número.
-Quinientos.
-Siete mil. Y había tramos del río con medio metro de materia fecal estacionada. Por hacer las denuncias querían declararme persona no grata porque atentaba contra los intereses turísticos.
-¿Y lo de las papeleras?
-Empezó a través de contacto con la gente del Movitdes, que propuso crear una red ambientalista. Hicimos una ONG llamada Ñandubay, muy mal vista por todos lados. Se descubrió plomo en la desembocadura del Gualeguaychú sobre el Uruguay, pero todo se tapaba, nadie quería hablar de esas cosas. El primer grito por las papeleras fue en el 97, con una que se llamaba Transpapel que creo que era de origen canadiense. Mientras tanto el Banco Mundial ya estaba poniendo plata y créditos para impulsar la forestación con eucaliptos. Uruguay tiene unas 700.000 hectáreas ya sembradas y en Entre Ríos hay 1.200.000. No era para escarbadientes. Era para papel. Le daban gratuitamente las plantitas a cualquiera. Un paisano que tiene su chacrita en la punta del cementerio plantó eucaliptos porque ese era el negocio. ENCE, la empresa española, empezó a hacer el puerto para mandar todo a Europa.
-Cuántos eran los que trabajaban en el tema.
-Cuatro gatos locos.
Rubio logró ir a Pontevedra, España, y olfateó que algo andaba mal. «La gente que vive frente a la ría donde está la papelera, te recibe por el lado de atrás de la casa, porque el frente lo tienen totalmente sellado por el olor a huevo podrido y la contaminación. No me lo contaron, lo vi en el lugar».
Contaminación: el hielo de Finlandia
El ingeniero no sabe qué responder con respecto a las ventajas uruguayas por instalar estas pasteras:
-No se entiende, les dio zona franca para que no paguen impuestos, firmó convenios donde si alguien perjudica la imagen de las empresas, el propio gobierno las tiene que indemnizar, modificaron leyes como la que decía que a 200 kilómetros de la cabecera del puente no podían instalarse emprendimientos industriales. Para mí lo tienen arrinconado a Tabaré entre las empresas y los partidos opositores que firmaron todo eso.
-¿Cómo ve al gobierno argentino?
-Nunca tuvo idea de lo que estaba pasando. Y los políticos de acá también jugaron a desmovilizar en un momento, por ejemplo en la reunión con Kirchner cuando decían que había que levantar el corte para poder ir a la Casa Rosada. Acá lo fundamental es entender que el gran traidor que nos hizo perder un año y pico fue Bielsa.
-Hay otros, del gobierno municipal, que lo defienden.
-Es una vergüenza que lo hagan. Dijo que iba a parar la construcción, iba a hacer de todo, le creímos, y no hizo nada de nada.
-¿Y Busti?
-Otro. Ganó las elecciones en la costa del Uruguay porque se subió a este tema. El día de las 40.000 personas estaba en Paraná. Le avisaron que la cosa era grande, lo trajeron en helicóptero. Pero como no pudo ponerse adelante en la marcha, al final se fue. Busti siempre quiso desmovilizar, pero un día nos llevó a la casa de Entre Ríos en Buenos Aires a dar una conferencia de prensa y se empezó a jactar de haber sido él el que empezó toda esta movida. Yo escucho esas cosas y me quedo sin saber cómo contestar. Y fue Busti el que empezó a decir que había que hacer un estudio de impacto ambiental, y esa es la trampa en la que caímos todos.
-¿Por qué?
-Porque me juego la cabeza de que un estudio de impacto ambiental va a decir que son contaminantes, pero se pueden controlar. Y esos controles son de tal envergadura, que en países como los nuestros son impracticables.
-¿Para usted qué sería lo ideal?
-Lo que siempre dijo la asamblea: no a las papeleras, ni siquiera con controles.
-En los diarios dicen que los finlandeses fabrican pasta en su país, y tienen un standard ambiental maravilloso.
-Lo que hace la española ENCE lo vi yo. Y los finlandeses tienen el ochenta por ciento del tiempo su territorio congelado, con lo cual los vertederos se depositan debajo del hielo de los lagos. Ricardo Carrere, el uruguayo que es una eminencia en el tema de la forestación, visitó Finlandia y no le pudieron contestar ninguna de sus dudas y planteos sobre cómo es el proceso y la contaminación. Aquí va a estar fluyendo por el río: la contaminación no la vamos a poder meter debajo de ningún hielo.
Modelo de subdesarrollo
Para Rubio hay intereses argentinos que juegan a favor de las papeleras de Fray Bentos: «Somisa les vendió la misma producción que lo que Uruguay compra en todo un año. Y los que se pusieron a plantar eucaliptos como materia prima del lado entrerriano, ahora están esperando para vendérselo a las papeleras».
Con respecto a los eucaliptos, el ingeniero explica que se trata de un árbol «que chupa alrededor de cien litros de agua por día, no permite que crezca nada alrededor. El tema es que se hace la pasta, la parte más sucia del proceso, todo lo llevan para Europa y el papel lo van a hacer allá. El valor agregado allá». Queda descripto un modelo de desarrollo típico, con tendencia al monocultivo y, para colmo, monocultivo depredador de otras producciones.
Rubio considera que desde varios puntos de vista, la pelea es desproporcionada: «No es un conflicto con Uruguay, sino contra un capitalismo internacional que decidió usar al Uruguay como fuente del papel que va a consumir el mundo». Con ese criterio geográfico, el ingeniero observa otra característica: «Uruguay tenía todo tremendamente atado, y pasó lo que pasa en esta parte del mundo: uno se entera de la verdad cuando todo está hecho. Lo que pasa es que empezamos a gritar, y se encontraron con una oposición que nadie tenía en sus planes».
La trastienda de las reuniones
Las experiencias que le ha tocado vivir en estos tiempos son una fuente de asombro para el ingeniero Rubio:
-Usted va a las reuniones en Cancillería, por ejemplo. Pero una cosa es la reunión en sí, donde se guardan los modales y se dicen unas cosas, y después termina, salís, y charlás con todos los mismos de un modo muy distinto.
-Ahí se dice la verdad.
-Exactamente. Ahí hablan en serio.
-¿Por ejemplo?
-La gente de Cancillería misma me dijo, afuera, informalmente, «a La Haya no podemos ir porque perdemos antes de empezar». No creen en serio que eso vaya a servir para algo. O por ejemplo, Greenpeace hizo la propuesta de que se puede controlar la planta, hacer la producción limpia, un circuito cerrado de agua. Estrada Oyuela tiró la propuesta en la Comisión Binacional para ver cómo la tomaban los uruguayos. No lo dijeron abiertamente, pero les pareció bien, factible. Sin embargo, a la siguiente reunión estaban totalmente en contra.
-¿Cuál era la explicación?
-Ninguna, pero cuando salimos le pregunté a uno de los muchachos uruguayos: ¿por qué se cerraron otra vez con lo de Greenpeace si la vez pasada les pareció razonable? Me contestó: «porque en esta reunión los uruguayos ponemos la cara pero el discurso lo dictan las empresas». Eso da la pauta de cómo se manejan las cosas en la política.
-¿Y del lado argentino?
-Lo mismo. Usted fíjese que en la Cancillería nos dijeron que teníamos que tomar conciencia de que nos vamos a convertir en los chicos malos de la película por hacer los cortes.
-Pero Taiana mismo les dijo que siguieran movilizándose.
-Claro, pensando en provocar un acuerdo en la comisión binacional. Pero cuando eso no ocurrió, nos agarran afuera de la reunión y nos dicen: ojo, que ahora los medios de difusión se les van a poner en contra, porque el gobierno maneja los medios.
-Pero parecería que el gobierno no los cuestiona tanto.
-Lo que querían era advertirnos que nuestra posición finalmente va a tener esa contra, y que el gobierno la va a manejar con los medios. Y uno lo nota, lo que nos costó salir en los medios fue tremendo. Nadie nos quería atender. Y ahora hay radios, una Radio 10 o algo así, que nos dicen cosas muy pesadas, nos atacan todo el tiempo. Se ve que el gobierno les va marcando línea y lo que tienen que decir. Es evidente. Bueno, me lo advirtieron ellos mismos en esas charlas informales.
-El gobierno argentino nunca se preocupó por lo de las papeleras, ni le parecía mal que se instalaran, hasta que estalló lo de la asamblea, a la que hasta ahora no pudo desmovilizar. ¿Puede ser que la diferencia entre Argentina y Uruguay no sea tanto lo que opinan los gobiernos, como que en un país hay una asamblea activa y en el otro no?
-Es así, totalmente. El gobierno argentino acaba de tomar noticia de todo esto. La semana pasada fuimos al Congreso y los diputados no sabían de qué les estábamos hablando. ¿Cuál es el problema, por qué nos peleamos con los uruguayos? Me pedían mi mail para hacerme consultas. No tienen ni los datos más elementales. Y que me los pidan ahora para mí es peor todavía: es para morirse. Porque el momento de hacer algo en serio era hace dos años, cuando ni nos atendían el teléfono. Mire: ya le podría plantear un caso similar. En la Patagonia se están plantando miles y miles de hectáreas de pinos de una variedad especial para hacer la pasta para papel. Como aquí antes se plantaron eucaliptos. Entonces, dentro de equis tiempo, va a aparecer por la Patagonia la empresa que diga: ustedes tienen la materia prima, nosotros hacemos la producción. ¿Usted se imagina que algún gobernante va a hacer algo al respecto?
-Si esa empresa les dice que va a haber una buena inversión, sea cierto o no, los gobernantes van a ir felices a poner la piedra fundamental.
-Y si la gente del lugar arma una asamblea, volvemos a tener lo mismo de Gualeguaychú.
-En estos casos siempre se busca al culpable. ¿De quién diría usted que es la culpa?
-De los gobiernos. El gobierno uruguayo tendría que haber cumplido el Tratado del Río Uruguay y avisar a la otra parte que estaba autorizando la construcción de plantas que pueden contaminarlo. Y el gobierno argentino tendría que haber actuado a tiempo, porque la información la tenía, haciendo cumplir el tratado. Lo podrían haber denunciado hace dos o tres años. En el 2002 o 2003 Uruguay le dio la autorización a ENCE y Argentina no hizo nada. Después aparece Botnia, le dan el permiso, y tampoco la Argentina dijo nada. El gobierno miró para otro lado, no le dio bola, y por eso Bielsa es el culpable al decir que él iba a solucionar todo con Tabaré. Mire cómo lo solucionaron.
-¿Por qué Argentina miró para otro lado? ¿Por estar de acuerdo con que las empresas se instalen y produzcan? ¿Por una mentalidad amoldada a dejar que las empresas hagan lo que quieran?
-Puede ser. Sobre el Paraná hay diez papeleras, y nueve habría que cerrarlas ya mismo si somos coherentes.
-¿Qué sería ser coherentes?
-Algo que le da temor a la Argentina, como por ejemplo reclamar un tremendo control a otro país, cuando vos para adentro sos un relajo.
-¿Cómo ve la cuestión hacia delante?
-No sé. La fuerza de la asamblea no está manejada. El gobierno tendría que manejarla. Con un buen proyecto y el apoyo consensuado de la asamblea, esto se arreglaría.
-Pero usted mismo decía que los gobiernos son los culpables de la cuestión porque nunca les interesó resolverla. Si el gobierno manejara a la asamblea ¿qué pasaría?
-Estaríamos hablando de cualquier otro tema.
-Se puede pensar que la asamblea, al decidir el corte, permitió que se vea claramente un modelo de crecimiento que queda encubierto por los discursos progresistas de estos gobiernos.
-Estuvimos más de un año pidiendo entrevistas con Kirchner. Cuando nos recibió nos palmeó mucho la espalda, pero nadie toma el problema en serio. Ese es el drama.
-¿Cuál es el horizonte de este conflicto?
-Para mí se van a terminar instalando las papeleras, nosotros mordiéndonos la cola de la bronca por no poder pararlas, y empezando a sentir el famoso olor a huevo podrido. Para mí, no tendrían que instalarse, pero yo como ingeniero sé que hay posibilidades de hacerlo más o menos bien.
-Me perdí. ¿La asamblea, quiere que las plantas se hagan bien, con lo que se llama tecnología limpia, o que no se hagan?
-Gualeguaychú no quiere papeleras acá enfrente.
-O sea, tampoco acepta la idea de una producción limpia, como la que usted mencionaba por parte de Greenpeace.
-No. Aquí no se quiere a estas industrias. Pero eso no quiere decir que no sepamos que las plantas se pueden controlar. Pero hay que hacerlo con una seriedad, una firmeza y un nivel tecnológico, que ni Argentina ni Uruguay pueden llevar a cabo. Pero la asamblea no quiere ese tipo de industria. Ni quiere ese tipo de forestación que es un desastre en campos que son muy buenos para la agricultura y la ganadería. O algo que está funcionando muy bien, la producción de miel con abejas, ya sabemos que Europa no va a comprar nada que esté en un radio de 100 o 200 kilómetros alrededor de la planta. Y la parte turística. Ningún balneario va a poder tener la aceptación que existe ahora, con semejantes vertederos delante de la nariz. Sinceramente, no sé qué actitud va a tomar la asamblea.
-Cómo va a hacer, incluso, para evitar el desgaste.
-Sí, porque ahora empiezan las clases. Mucha gente no va a poder estar en el corte todo el tiempo. Vamos a ver hasta cuándo podemos aguantar. El gobierno apuesta al desgaste para pasarnos por encima. Pero la verdad es que nada les dio resultado. Pensaban que esto se desarmaba. Ojo, nosotros también lo pensábamos, y nos sorprende lo que está pasando. Yo soy uno de los históricos, y estoy asombrado. Y muchos de los históricos ligados al gobierno provincial hicieron lo posible para desarmar la asamblea, desarmar el corte, de acuerdo a lo que les pedía Busti. Y no pudieron. Nos sobrepasó a todos. Los políticos están desconcertados y no se atreven a enfrentar a la asamblea. Ni nosotros nos imaginábamos que esto podía llegar a tener tanta fuerza.
De la peluquería al corte
Otra vez en el corte en la 136, siguen llegando autos, bajan las reposeras, los chicos salen corriendo, se movilizan los termos, se comprueba el sonido para el micrófono, la gente pasea por esa ruta que ha hecho suya.
Sira Muñoz convida facturas. En el corte no parecen hacer falta ansiolíticos antipánico, ni antidepresivos. Debe reconocerse que tampoco hay trastornos de ansiedad. Sira va con su pechera verde y su gorra (que dicen No a las papeleras) sus anteojos y su tono afable. Se ha ganado el cariño de todos en la ruta. Cuenta que desde hace más de un año se metió en las reuniones y debates en torno a este tema, ahora participa en los cortes, para lo cual abandonó su trabajo en una peluquería. Acaso por oficio, descubrió que el mejor modo de difundir el conflicto fue «de boca en boca». Es posible que la peluquería haya sido un semillero de activismo por esta causa.
Cree, como tanta gente repite en Gualeguaychú, que los vecinos uruguayos están condicionados en sus opiniones por la gran cantidad de empleo estatal. «Allí les lavaron la cabeza» dice, argumento que difícilmente facilite ganar amigos en la otra orilla, donde más de uno acaso piense lo mismo de los argentinos.
Sira, de todos modos, es un caso testigo de una actitud de la asamblea que consiste en no dividirse con quienes hay desacuerdos (sean representantes del gobierno local o provincial): no dejar a nadie de lado. Comparte facturas, sonríe tras sus anteojos y se va a trabajar en el baño ecológico que los vecinos están construyendo pensando que el piquete puede durar mucho más tiempo que el que nadie podía imaginar hace apenas unas semanas.
La política de desechos humanos
Unos pasos más allá María Elena Marchiolli es de las que va mirándolo todo, confirmando que todos estén bien, hablando con cada uno. Anda en ojotas caminando la ruta, y alguna vez sorprendió diciéndole a la asamblea que si no hay huevos, habrá ovarios. Dice que el corte es una trinchera, pero sin embargo no habla con estilo de barricada sino con una enorme serenidad, se permite emocionarse, y decir todo lo que hay que decir sin apelar a tonos pomposos.
Tiene tres hijas: las mayores (Soledad y Fernanda, 29 y 30 años) en Buenos Aires, y la menor (Lisa, 27) en Montevideo. «Tengo que llevarle ropa y no puedo ir, porque tengo que dar el ejemplo. Si nadie cruza, yo tampoco. Yo sé que me dejarían ir en auto, pero jamás lo haría».
María Elena trabaja del lado uruguayo de la frontera, en el peaje:
-Me vienen a buscar hasta la trinchera, yo voy, trabajo y vengo. No hay casi movimiento y todos, mis compañeros uruguayos y yo, estamos re preocupados por el tema del trabajo. Son mis compañeros y mis amigos.
-La paradoja es que usted participa en un corte que pone en riesgo su propio trabajo.
-Pero las cosas hay que hacerlas. Yo estoy segura de lo que estoy haciendo porque sé lo que va a pasar. Fray Bentos es un pueblo muy pintoresco que vive del turismo y ha venido creciendo, que ahora lo matemos con esto sería terrible, se van a convertir en pueblos fantasmas. Pueblos sombríos.
-¿Cómo empezó la asamblea?
-Muchos grupos estuvieron trabajando el tema del medio ambiente, los mismos grupo uruguayos nos avisaron de la instalación de estas pasteras y nació una asamblea ciudadana, como le pusimos. Porque somos todos ciudadanos.
-Asamblea, como las que surgieron en el 2001 y 2002.
-Tal cual. Y todo esto es horizontal, todos hablamos, opinamos, todos tenemos el derecho y se respeta la opinión de la mayoría. A mí siempre me interesó el tema del agua.
-¿Por profesión?
-No, yo siempre fui empleada, fui productora de seguros, pero me interesaba el tema porque una ve que si se contamina el agua, es algo que no se va a poder reponer. ¿Y sabe qué pasa? Como las clases sociales se van dividiendo cada vez más, la brecha entre el pobre y el rico es cada vez más grande, va a haber un momento en el cual el tema va a ser quién va a poder comprar el agua y quién no. En realidad, ya está pasando. Todos pagamos por el agua y si esto sigue así, va a empeorar.
-¿De qué modo?
-Hace muchos años que vienen con todos estos planes. Primero fue la globalización en la cual los grandes capitales se adueñaron de empresas y nos dejaron a todos estos pueblos de Sudamérica sin trabajo, como para empobrecernos y dejarnos con la materia prima y el recurso humano. Y ahora viene la otra etapa que es llevarse la materia prima, y dejar el desecho humano. Porque cuando dejan toda esta contaminación va a quedar gente enferma, y otra gente degradada.
-Desechos humanos: le parece que la cuestión llega a esos términos.
-Sí, porque te quitan todo, te enferman y te van matando. Sudamérica es riquísima, Argentina también, pero matan el valor humano. Duele mucho cuando veo que mucha gente no se da cuenta de lo que nos van a hacer, porque nuestros descendientes e van a ir degradando cada vez más. Los niños (mira a los chicos que nos van gambeteando mientras hablamos) sin la alimentación necesaria, sin los recursos necesarios, ¿qué van a ser?
-…
-Esclavos. Esclavos de estos grandes emporios que vienen a llevarse todo y a someternos a través del hambre
-¿Cómo es la relación de la asamblea con los partidos políticos?
-Nunca se ha permitido que los partidos quieran adueñarse de la asamblea. Yo no soy política y una de las cosas por las que acuso a todos los políticos que estuvieron, a los que están y seguramente a los que estarán, es que no han podido. El gobernador se ha querido hacer cabeza de la asamblea en algún momento, prometiendo cosas, y de golpe da vuelta el discurso porque lo manda el Presidente a que nos levanten de la ruta porque no saben cómo sacarnos. Vinimos a la ruta, después fuimos apoyados llámese por el gobierno, Busti, la cancillería, Kirchner a través de otros funcionarios. Pero resulta que ahora quieren que salgamos de la ruta y todavía no nos han dado soluciones. Quiero decir: si vinimos acá a matar un monstruo, yo quiero ver al monstruo muerto antes de irme. Si no al pueblo se le da un sabor de que siempre es derrotado.
-El gobierno les genera desconfianza.
-A mí sí. Eso de ir a La Haya son todos papeles, y no me da ninguna confianza lo que hagan. Si no era por la asamblea, acá no pasaba nada. Si era por ellos, que se construyan las pasteras, que sigan haciendo lo que quieran, a nadie le interesaba lo que eso iba a producir en la naturaleza y en el ser humano.
-Pero hace lo que hace la asamblea, ¿no es política?
-Si la vida pública es política, esto es política. No sé, lo que yo digo es que nuestra misión es que las papeleras no se instalen. Además creo que este es un momento importante, porque esas empresas son la apertura para que se sigan colocando muchas más en Latinoamérica. Y me parece que no es un problema de Argentina, Uruguay, Gualeguaychú o Fray Bentos. Es un tema del Mercosur. Algunos dicen que no conviene ir al Mercosur a buscar soluciones porque ahí está Lula y qué sé yo. Pero entonces yo le digo a Lula y a todos los otros: pónganse a hablar un poquito en serio, esto parece un campeonato de truco donde gana el que miente más. Aquí hay que ganar con las cartas en la mesa y mostrar a los pueblos por qué traen semejante monstruo.
-No parece que se pueda lograr semejante sinceridad. Se diría que a veces son como vendedores de espuma.
-Mire, si son tan inoperantes que no saben atraer capitales genuinos para instalar empresas genuinas, es problema de ellos. Cuando se postularon para presidentes en cada país, prometieron cosas buenas. Quiere decir que saben que hay cosas buenas en el mundo, por eso hicieron esas promesas.
-Es como un teorema: las cosas buenas existen, pero antes de las elecciones. Otra promesa es la de las papeleras: ¿qué pasaría si lograran demostrar que pueden trabajar sin contaminar, o contaminar menos?
-Sí, claro, nosotros decimos: que salga agua bendita por los vertederos. Y bueno, si realmente lograran demostrar que el agua que van a verter al río puede ser tan limpia como dicen, cosa que sabemos imposible, veremos. Pero también hablamos de evaporación de gases en el trayecto de la pasta celulósica: van limpiando ese puré y lo elevan a 180 grados para disolver productos químicos y hay evaporaciones de gas. No sé cómo se garantiza que haya poca contaminación.
-¿Cuál cree que es la estrategia del gobierno nacional frente a este problema?
-Quieren que nos desgastemos, como hicieron con los piqueteros. Y comprando cabezas. Es súper evidente cómo compran.
-¿De qué modo es evidente?
-Lo tenemos a un D’Elía (Luis D’Elía, ex piquetero y flamante funcionario del gobierno, además de declarado kirchnerista). Lo ves en la televisión. Cuando lo ves peinado de peluquería, con las uñas bien arregladitas, rostro tratado en algún spa o esas cosas, te muestra cómo es la persona. Y después se compra ropa cara, y sonaste. Empiezan con el poncho y después se ponen Armani. Ya sabemos cómo son, y esta historia la hemos vivido siempre.
-¿Existe el riesgo del desgaste de la asamblea, en la medida en que no haya respuestas? Usted dice que es a lo que apuesta el gobierno.
-Pero ellos se tienen que mirar primero en el espejo. Si no, Cristina (Fernández de Kirchner) no sería senadora después de 20 años, se habría desgastado. Y el marido salió a batallar para que su señora vuelva a ser senadora y cambie de un asiento a otro: no se ha desgastado, porque tiene otras aspiraciones. Y bueno, la aspiración nuestra es voltear todo esto, y nos llevó a estar en la ruta. Las mujeres somos constantes en esas cosas.
-Aparecería el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo.
(María Elena mira a la barricada, piensa, y hace una crítica que muestra un modo de interpretar lo ocurrido en los últimos años)
-Sí, pero si el doctor Kirchner les sacó el pañuelo blanco de las cabezas a las Madres, no vaya a querer tener mujeres con pañuelos verdes porque esta forma de capital nos va a matar a nuestros hijos y nuestra gente.
¿Qué es la libertad?
María Elena reconoce que la creación de la asamblea y toda la actividad que nació a partir de allí les cambió la vida a muchos de los vecinos de Gualeguaychú: «Totalmente, siempre hablamos con los que venimos a hacer el aguante. ¿Sabe qué? (Se emociona, se pone anteojos oscuros para disimular las lágrimas) No queremos estar en nuestras casas. Queremos estar acá. Yo no me puedo ir sin recorrer todo, ver que todos estén bien. A veces, cuando hay mucha gente, aprovecho y me voy a dormir, y después vengo a las cuatro de la mañana. Yo digo que es como en el velorio: a las cuatro de la mañana se fueron todos y se queda la viuda sola con el muerto».
Nació en Basavilbaso: «Pero elegí vivir acá. Y ahora elijo quedarme. Yo podría hacer las valijas e irme, mis hijas ya se fueron. Pero tengo todo un sentimiento con este lugar».
-¿Cómo funciona la asamblea?
-Y… hay luchas, cada uno quiere imponer su idea. Me parece que después de voltear a las pasteras, toda esta enegía tenemos que aprovecharla en seguir limpiando la casa. Por ejemplo, aquí se usan agroquímicos prohibidos en los Estados Unidos.
-La asamblea es ambiental, pero antes es ciudadana. Usted hablaba de la brecha entre ricos y pobres. ¿Una asamblea podría tomar ese tema, como toma las cuestiones ambientales?
-Seguro, e podrían generar fuentes de trabajo, buscar créditos para emprendimientos y proyectos. Hay créditos y nadie te los informa para hacértelos accesibles. Otro asunto es que llevamos mucho tiempo con gente que no ha trabajado. Gente que no sabe trabajar y no sabe crear, porque entre la desocupación y los planes sociales los levaron a ese desastre de estar esperando, y no crear nada. Una cosa pasiva. Yo digo que al pan hay que ganárselo. Cualquier ser sobre la tierra busca su alimento, un árbol, un pájaro. El ser humano tiene que aprender lo mismo. Lo contrario es degradarlo y tenerlo por inútil.
-¿Qué luchas hay en la asamblea?
-Hay gente que se quería bajar el día que el presidente Kirchner supuestamente mandó a decir que levantáramos el corte. Después lo negó… esto es encontrar quién fue el primero que mintió. Él desmintió, y quemó toda la tropa para abajo. Entonces los demás mintieron cuando dijeron que no nos recibían, o mintió él cuando dijo que no había dicho eso.
-Pero ni así lograron evitar el corte.
-Es que yo dije que conmigo no tiene que hablar, que hable con Tabaré. Y yo me quedo hasta que hablen y paren las papeleras. Esa es su misión, no hablar conmigo. Y otros decían había que hacer un gesto. ¿Y ellos? ¿Qué gesto hacen todos los demás?
-¿Qué pasa si se hace muy largo?
-Estamos viendo de qué forma hacemos turnos, hay mamás que están haciendo el aguante y tienen chicos que van a empezar a ir a la escuela, hay gente más joven que puede venir en distintos horarios, y vamos a hacer turnos. Pero yo no sé qué va a pasar, porque todo esto se ha ido haciendo, se ha ido haciendo. Eso es lo más efectivo. Lo que creo es que hasta que del otro lado no paren las papeleras, vamos a seguir acá. Lo bueno es que las voces del Uruguay ya se están levantando. Porque si algo lo va a movilizar a Tabaré es su propio pueblo.
-¿Qué voces?
-Hay gente de Fray Bentos, de Mercedes. Nadie puede decir «porque no» cuando pedimos que nos expliquen por qué no contaminan. Eso no se le puede contestar ni a un niño. Nosotros decimos que contaminan por tal y cual cosa. Botnia no da informes ciertos, no se puede hacer una evaluación de acuerdo a los informes que dan ellos, sí el sistema que van a utilizar que es el Kraft que es el más contaminante.
-¿Cuál cree que es la ventaja de organizarse como asamblea?
-En otras cosas que se arman, comisiones, partidos, o qué sé yo, siempre hay presidentes, secretarios, y de pronto esa comisión o partido resuelve algo y todos los demás socios o integrantes tienen que acatar, obedecer, y esperar a las próximas elecciones o recambio de autoridades si algo no les gustó.
-Un sistema representativo. Se delega el poder para que los otros hagan las cosas.
-Bueno, ni hablar, no queremos eso, queremos organizarnos pero no que haya uno que hagan y los otros que obedezcamos. Mire lo que pasó en la Argentina donde siguen estando todos los que queríamos que se fueran. Mis hijas fueron de las primeras que salieron con las cacerolas en Buenos Aires, pero a esta gente de la política no les entra nada, no se mueven del sillón, son terribles. Vos ves al Presidente que dice que vamos a ir a La Haya. Se cree que somos idiotas, ¿qué es eso? Van a estar años hasta decidir algo, y acá con las plantas instaladas ya va a estar todo contaminado. La gente enfermándose, los animales envenenados, las plantas muriéndose, todo con un olor insoportable, mientras esperamos lo que digan en La Haya.
-Parece haber una diferencia entre los vecinos que se sumaron en los últimos tiempos, que son más radicales con respecto al corte, y los «históricos» que empezaron toda esta movida y quieren más flexibilidad en la medida.
-Puede ser que algunos que están desde un principio tengan un poco de miedo. Yo no, ¿qué me puede pasar? Pero a alguna gente de la asamblea medio que los asustó la concientización que ellos mismos transmitieron a la gente. Se habló del tema, se explicó, se difundió, y al final la gente se sumó y ahora quiere que la cuestión se solucione en serio.
-Y los históricos sienten que ya esto no lo pueden manejar. ¿Será que ayudaron a generar conciencia, y tal vez por eso mismo la gente de la asamblea ahora se permite no hacerles caso?
-Sí, eso es lo que está pasando. Pero se puede manejar la cosa en este sentido: la gente escucha, razona, piensa bien, y elige lo que quiere. Eso es conciencia. Por ahí puede no estar de acuerdo con alguno de la asamblea que quiere ser un poquito más blando, compaginar, pensar que si aflojamos nosotros capaz que aflojan ellos. Algunos piensan así, pero la gente de la asamblea no.
-Ahí el cuestionamiento es que se han obsesionado con el corte en sí mismo. Que hay una actitud cerrada en la asamblea.
-(Mira sorprendida) No, para nada. Acá no hay nadie emperrado en nada. Y lo que se busca es generar diálogo. Algún dirigente de los que tienen miedo puede pensar esas cosas porque no lo obedecen, porque la gente viene a la asamblea y decide por sí misma. Ahora, si yo no estoy de acuerdo con alguien, tampoco me pueden contestar que estoy cerrada. Simplemente, no estoy de acuerdo. Mire, le voy a contar: muchos vienen a hacer lobby, a tratar de convencer a cada uno de hacer esto o de hacer lo otro. Y la gente después te dice: «Yo escucho, pero a la hora de levantar la mano nosotros sabemos qué es lo que queremos». Eso me da mucha paz. Lo más hermoso que hay es la libertad de elegir. Los pueblos tenemos que elegir.
«No somos como nos muestran los medios»
María Elena está un poco enojada, aunque hay que reiterar que su tono y sus modos son totalmente opuestos a cualquier idea urbana de persona crispada. El enojo a la entrerriana es con el modo en el que se trata a veces a la asamblea.
-Nos dicen talibanes, fundamentalistas, ¿a usted le parece que estos vecinos con sus hijos aquí son eso?
-No, no me parece.
-En lo diarios y en las radios nos dicen esas cosas, y te quieren hacer olvidar que lo que hay que pensar es en lo de allá (señala hacia la frontera) en hablar con los hermanos uruguayos, dialogar allá, armar juntos equipos de trabajo y de conversaciones.
-Los ataques tal vez den la medida de la fuerza del corte.
-Pero te ponés mal porque esos periodistas o dueños de medios, ¿quiénes son? ¿Qué se creen? ¿Nos quieren matar? Es feo. Si un uruguayo se enoja con nosotros, yo lo entiendo, tiene lógica y yo por eso quiero que hablemos y dialoguemos. Pero no estos que tratan de formar ideas y opiniones. No somos como nos muestran los medios. Yo no soy así como ellos dicen. Nadie aquí es así.
-Cualquiera que se ponga firme en la defensa de sus derechos corre el riesgo e ser reflejado por los medios como un violento, irracional, sordo y agresivo.
-Pero justamente estamos luchando por el diálogo, que Tabaré no nos quiere dar. Él dice, levanten lo cortes y las papeleras no se paran. Ese es su tema. Nosotros entonces decimos: nunca vamos a levantar los cortes hasta que no paren las papeleras y nos sentemos a dialogar y a que nos expliquen por qué no van a contaminar. Tabaré lo sabe, pero no sé qué es lo que lo ata. Él tuvo la oportunidad de terminar con esto sin un costo.
-¿Por qué cree usted que no lo hizo?
-No sé qué pensar. Quiere que otras empresas vengan a instalarse. Los del grupo Guayubira decían: «queremos pensar que él quiere demostrarle al mundo que se respeta a las empresas». Pero yo digo así no es el caso: podemos respetar respetando la vida, porque si no otra vez venimos con todos esos capitales que son garrapiñeros… Se supone que Tabaré siempre estuvo contra esos que vienen a sacarnos todo, que vienen a instalarse acá en Sudamérica como hicieron hasta ahora, roban y se van, nunca pagan nada.
-Se pasó de la economía de especulación a la de extracción. Y los gobiernos acompañan.
-Es lo que te decía: de la globalización se pasó a extraerte la materia prima, y el ser humano queda totalmente depreciado. Esto es como Cromañón: nos encierran en una situación donde nos van a matar, pero nadie es responsable de nada. Yo no sé si los que piensan así son los únicos que se presentan para políticos. Yo a veces pienso, ¿por qué una persona que sube, al día siguiente se da vuelta?
-Seguimos con los teoremas, María Elena: el sillón, como usted decía, tiene un efecto contaminante sobre las convicciones.
-Busti sigue estando, dice que se pone al frente de esto, va a escucharlo a Kirchner y vuelve diciendo que hay que levantar el corte. Y Kirchner dice que no hay que levantar nada. ¿Sabe qué son? El camaleón. Yo estoy contenta porque se logró meter el debate, que se vea el problema, que todos puedan hablar de esto. Ojalá haya un final feliz, y no algo doloroso en el medio. Una mamá decía: «Si esto sale mal, si ponen las plantas y la gente se va, yo no me voy a poder ir». Es una mujer muy pobre. Yo le dije: vamos a ser dos, porque yo tampoco me voy a ir. Que nos aplasten los camiones.
Unos metros más allá hay música de chamamé, y llaman a la asamblea. Junto a la ruta se arma una especie de enorme anfiteatro de asambleístas sentados en reposeras o en el pasto. Mucho mate, ningún antidepresivo. Y ahora silencio: empieza el debate y van votar si se sigue o no con el corte.
Nota
Escritos sobrevivientes: Un nuevo libro escrito por ex detenidos desaparecidos
Este 24 de marzo, a 49 años del golpe, la editorial lavaca publica Escritos sobrevivientes, un libro creado junto a un grupo de personas que estuvieron secuestradas y desaparecidas en distintos centros clandestinos de represión durante la última dictadura militar. Se presenta el próximo viernes 28, pero ya podés pasar a buscarlo por MU (Riobamba 143) desde hoy. En este texto, Claudia Acuña cuenta qué representa esta obra parida en colectivo y en medio de aires negacionistas.
Por Claudia Acuña
Este libro representa muchas cosas y todas y cada una nos parecen decisivas para estos tiempos desesperados.
Ni sé por dónde comenzar a enumerarlas, así que sin orden de importancia ni cronológico enumero algunas, aunque sin duda me faltarán otras que invito a que completen quienes lo lean.
Lo primero, para mí, es reconocer el valor social, político, histórico y ético que merecen las personas detenidas-desaparecidas por la dictadura cívico militar que azotó este país desde el 24 de marzo de 1976. No olvidamos esa fecha gracias a ellas, pero no siempre se las nombra con la relevancia que han tenido para construir verdad, justicia y memoria.
A algunas de ellas he tenido el honor de escucharlas y verlas testimoniar en los juicios de lesa humanidad, pero también en los diferentes procedimientos contra la impunidad que crearon y sostuvieron para que esos juicios sucedan.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Hasta lograrlo.
Solo a una pude agradecerle con palabras y lágrimas el esfuerzo, el coraje y el legado que recibíamos por su esfuerzo, pero fundamentalmente por sus vidas consagradas a hacer posible lo imposible. Fue en la puerta de los tribunales de Comodoro Py, mientras los altoparlantes transmitían la primera condena a los genocidas responsables del centro de detención clandestino y de tortura que funcionaba en la Esma. Ahora, con este libro queremos extender esas gracias a cada una, a cada uno.
Sé, porque comprendí la lección que nos daban, que no puedo afirmar que lo hicieron solo ellas, ellos. Esa es otra de las cosas que representa este libro: el saberse parte – y reconocerlo siempre- de algo más grande, más importante y más trascendente no solo del yo, sino incluso del núcleo colectivo en el que nos organizamos, reflexionamos y tomamos fuerza para resistir. Nuestras fuerzas individuales y nuestras construcciones políticas suman, activan, empujan, pero alcanzan sus objetivos cuando sincronizan con la necesidad social, con la época y con la Historia. Tienen alas porque tienen raíces y mueven al mundo hacia lugares mejores porque se sabe más grande y más poderosa que lo que nos rodea.
Eso que aquí las y los autores definen como “subjetividad sobreviviente” nos advierte eso: somos nuestros cuerpos y la sombra que proyectan, lo que hacemos y lo que soñamos, nuestras obras y nuestra imaginación, nuestros saberes y nuestra intuición, pero también y además aquellos cuerpos, proyecciones, hechos, batallas ganadas y perdidas, que nos anteceden y desbordan para fortalecernos y sostenernos de pie. Aquello que ilumina la oscuridad es la memoria sensible: de eso se trata este libro, además.
Otra: el valor de las utopías. En los momentos más aterradores hemos gritado “Aparición con vida y castigo a los culpables”. Bueno: la noticia es que hemos tenido éxito y aquí están las personas que cuando pronunciábamos esas palabras mágicas no podíamos abrazar. Algunas de ellas son las que el tercer sábado de cada mes vimos ingresar a nuestra trinchera durante el largo y desalentador año 2024. Para nosotros ese taller de escritura significó una cita con la esperanza, cada vez. Y una comprobación: el futuro se construye con el hacer colectivo, cada vez.
Por último: este no es un libro de testimonios sobre el horror de la dictadura, sino su contracara o quizá, lo que se puede pensar después de cruzar el abismo de la impunidad.
Quizá.
Me falta todavía superar la alegría de haberlo logrado, de sostener con las manos esta pequeña utopía realizada en tiempos de saqueo de recursos simbólicos y materiales, en las cuales sólo proponerlo sonaba casi irresponsable, para poder encontrar las palabras certeras, que expresen lo que representa que personas empobrecidas y violentadas podamos hacer lo que querramos financiadas sólo por el deseo y la convicción, que siempre es política.
Quizá la palabra exacta sea una sola: Argentina.
La presentación
Escritos sobrevivientes y compila una serie de textos producidos en un taller de escritura que tuvo lugar en MU durante 2024. Estos relatos abordan historias marcadas por lo que el grupo denomina «subjetividad sobreviviente». El resultado es un conjunto de textos poéticos, políticos y filosóficos, de una potencia y belleza conmovedoras.
Participan: Rufino Almeida, Margarita Fátima Cruz, Graciela Daleo, Lucía Fariña, Mercedes Joloidovsky, Eduardo Lardies, Susana Leiracha, María Alicia Milia, Claudio Niro, Silvia Irene Saladino, Stella Maris Vallejos e Inés Vázquez.
Así lo resumen sus autoras y autores: «Un grupo de compañeras y compañeros, ex detenidos desaparecidos por el terrorismo de Estado, nos reunimos en un taller de escritura para crear textos enfocados en la subjetividad sobreviviente, mientras la voz del poder alimenta el negacionismo y la reiteración del sufrimiento popular por variados medios».
El libro se presentará el próximo viernes 28 de marzo a las 20 horas en Mu Trinchera Boutique, Riobamba 143.
Podés conseguirlo desde hoy, 24 de marzo, también en MU.

Nota
La Justicia esquiva la causa por el disparo a Pablo Grillo: “Hasta ahora no se investigó nada”

La recuperación de Pablo “es muy rápida” pero la investigación sobre su intento de asesinato, muy lenta, o directamente inexistente. Qué dijo el padre hoy frente al Hospital Ramos Mejía donde Pablo sigue pelando por su vida, aún en terapia intensiva pero con avances prometedores, y las abogadas del caso que presentaron ante la Justicia: primero Servini de Cubría y luego el candidateado a la Corte Ariel Lijo rechazaron la causa, y ahora se sortea en la Cámara Federal de Casación a qué juez le tocará investigar a quien le disparó y a sus superiores jerárquicos. Los dichos de Adorni en conferencia de hoy, y quién cortó el diálogo con la familia; las pruebas que se pidieron y las que se aportaron; y el texto de la presentación judicial en la que la familia pide ser querellante, con las pruebas que aportamos desde decenas de medios, fotoperiodistas y organizaciones sociales.
Por Francisco Pandolfi
Pablo Grillo todavía no está fuera de peligro, pero la mejoría día a día, paulatina y constante, le permite a la familia hablar ya no sólo de su estado de salud. Hasta hoy, el único foco era la supervivencia de este fotógrafo de 35 años impactado por una granada de gas lacrimógeno, fuera de toda legalidad, por las fuerzas de inseguridad comandadas por la ministra Patricia Bullrich.
La pérdida de masa encefálica y la fractura de cráneo con la que llegó de urgencia al Hospital Ramos Mejía –el miércoles 12 de marzo, cuando se desató la represión en la marcha por las paupérrimas condiciones en las que viven las y los jubilados–; la primera operación esa misma noche en la que se bajó la presión intracraneal y se le reconstruyó algo del tejido. Las pupilas que empiezan a reaccionar bien. La merma en la sedación. Los primeros movimientos – prematuros e inesperados por los propios médicos–. Otra operación por un derrame que es revertido a tiempo. La baja de los glóbulos blancos como síntoma de la baja en la infección. Y a solo una semana del disparo, Pablo abre los ojos. Y le sacan el respirador para ver cómo reacciona y lo hace agarrándole la mano a la mamá. Y por si fuera poco le susurra las palabras más hermosas a su papá: “Hola, viejo”.
Pablo continúa en terapia intensiva, en estado crítico, pero respondiendo bien neurológica y físicamente. “Es asombroso el nivel de avance que tuvo”, dice Fabián, su viejo, con los ojos emocionados e incrédulos por la mejoría impensada en tan poco tiempo. Esa sucesión de buenas noticias las que posibilitan a la familia convocar este viernes a una conferencia de prensa «para contar novedades en la causa judicial».
Primero, habla Fabián, su papá, sobre la salud de Pablo: “Las novedades son que está estable, por lo tanto es bueno. Está con los ojos abiertos y sigue sin respirador”.
Fabián lleva puesta una remera azul, con letras blancas que dicen: “Justicia por Pablo Grillo”. Se lo nota cansado, pero más distendido. Se ríe cuando cuenta: “Tengo un video con saludos de (Ricardo) Bochini, veremos si los médicos nos permiten que se lo pasemos. Si lo escucha al Bocha, va a volver a hablar seguro Pablo”. Mantiene los pies sobre la tierra: “Todavía la situación es grave: está en terapia y con riesgo de vida. Pero en ese marco todo lo que estuvo ocurriendo es favorable. A todos nos sorprendió su evolución. Incluso los médicos manifiestan que la evolución que está teniendo es asombrosa. Es muy rápida”.
Este jueves, el vocero presidencial Manuel Adorni dijo que el diálogo con la familia quedó roto desde que el padre de Pablo acusó a Bullrich de ser cómplice. Fabián le responde: “Nosotros no cortamos nada porque nunca existió el diálogo. Lo mío fue una respuesta a una declaración mentirosa de Bullrich, por tanto si es que alguien cortó el diálogo fueron ellos. Yo estoy dispuesto a escuchar, si alguien me llama”. Y agregó: “A esta altura no lo espero (ese llamado). Espero poco. Pero demostraría que tienen todavía un grado de humanidad”.
En relación a las mentiras de Bullrich sobre el trayecto del proyectil, expresó: “Me da vergüenza la forma en que fue acomodando la mentira. La va acomodando a medida que la realidad se lo desmiente, es hasta absurdo, burdo, grotesco: no sé que palabra utilizar”. Cuando le preguntaron si le diría algo al gendarme que, según los elementos reconstruidos hasta el momento, sería quien disparó (presuntamente, el cabo Guerrero), afirmó: “Personalmente no le diría nada. Sí lo vamos a decir de forma jurídica. El mejor diálogo que podemos tener con esta gente es en lo judicial”.
La causa, sin avances
Fabián estuvo acompañado por Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, y a Paula Litvachky, del CELS, organismos que patrocinarán legalmente a la familia, que este 21 de marzo se presentó ante el Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 1 para ser tenida en cuenta como querellante en la investigación judicial.
Lo más importante de la causa hasta ahora: desde el 12 de marzo “no se investigó nada y reclamamos que se empiece a investigar urgente”. Las abogadas cuentan el por qué: “La causa iniciada por la denuncia de la Procuvin (Procuraduría de Violencia Institucional) que dio inicio a la instrucción estaba presentada en el Juzgado 12 de Ariel Lijo, quien se la devolvió a la Jueza Servini de Cubría, que otra vez la rechazó. Ninguno de los dos quiere hacerse cargo de la investigación. Ahora irá a sorteo para definir quién la sigue. La Cámara Federal de Casación Penal tiene que resolver”. Agregan: “Hasta ahora el Ministerio de Seguridad dijo que no hará sumarios internos por el accionar de su Fuerza, lo que refleja el encubrimiento”.
La causa aún no tiene carátula porque no está radicada en ningún juzgado. La denuncia presentada es por tentativa de homicidio agravado, por abuso de autoridad e incumplimiento de funcionario público.
Dice Paula Litvachky, del CELS: “Es muy importante que la causa salga de este limbo judicial y se inicie el pedido de pruebas antes de que pase más tiempo”.
Dice Claudia Cesaroni, de la Liga Argentina por los Derechos Humanos: “Esperamos que en estos primeros 9 días en los que no se hizo nada, no haya ninguna prueba que se haya destruido, modificado, alterado. Hay cámaras del Gobierno de la Ciudad que tienen un tiempo de duración determinado, o de negocios que también se van borrando y si no las pedís inmediatamente después ya no están. Es vergonzoso que un hecho así no lo esté investigando nadie”.
Las abogadas pidieron una serie de pruebas. Las más relevantes: “Quién dio las órdenes, cómo se manifestaron esas órdenes y cuáles fueron, antes y después del impacto; cuál fue el protocolo que se aplicó, quienes integraban el equipo donde estaba incluido el cabo Guerrero y qué órdenes se le impartió a ese grupo en particular; qué armas utilizaron”. También exigen que se lo llame a indagatoria a Guerrero. “Ya hay suficientes elementos para hacerlo”.
Completa Paula Litvachky: “Hicimos una presentación con los hechos, tenemos un montón de pruebas para que se reconstruya ese tramo del operativo de modo tal que se pueda tener la responsabilidad de quién disparó y de toda la cadena jerárquica”.
Concluyen ambas: “Las pruebas están. Nunca hubo tanto registro fotográfico y audiovisual. Necesitamos el acompañamiento social para empujar a que se haga justicia y que no quieran desviar el foco de la investigación”.
Nota
La causa de la caída: la denuncia de Beatriz Blanco, la jubilada gaseada y golpeada por la Policía

Traumatismo encéfalo craneano, herida cortante e irritación ocular: las heridas causadas a Beatriz Blanco (81 años) ya forman parte de una causa judicial que inició ella misma y también la Procuraduría de Violencia Institucional, y apunta contra dos efectivos que la gasearon y le pegaron, provocando su caída. También apunta a la responsable del operativo, la ministra Patricia Bullrich, que se desplegó el miércoles de manera feroz, pero que -plantea la denuncia- es parte de un “plan sistemático”. Beatriz fue golpeada a las 16:10, antes de los principales incidentes, mientras se manifestaba en una esquina: cómo fue el momento, según relata ella misma en la denuncia y cuenta su hija. Quién es esta jubilada que trabajó de todo. Cómo está: recuperándose, enojada y “con más fuerza que nunca”. La voz de una de sus hijas junto a quienes lucha por justicia, y paz.
Por Franco Ciancaglini.
La imagen de Beatriz Blanco cayendo en seco al suelo -tras ser gaseada y empujada por dos efectivos de la Policía Federal- dio la vuelta al mundo.
En el video se ve el fin de una secuencia más larga que inicia cuando la Policía Federal empuja de manera violenta a jubiladas y jubilados que se encontraban haciendo el clásico semaforazo de todos los miércoles en el Congreso.
“Ella lo que cuenta es que estaba con el grupo de jubilados, cortando Entre Ríos, para mostrar sus carteles. Y cuando el semáforo se pone verde se vuelven a la esquina. Y en ese momento vino la policía, apurando a todos los viejos a subirse a la vereda”.
La que habla es una de sus hijas, Paula.
El relato coincide con la temprana decisión de las fuerzas de abalanzarse sobre personas que hacen lo mismo todos los miércoles -un semaforazo, y luego una movilización que da la vuelta al Congreso-: Beatriz fue atacada a las 16:10.
Esta vez, por lo especial de la fecha, los Policías iban además con el gas apretado y el palo suelto. Cualquiera que estuvo en la manifestación pudo apreciar cómo apenas una persona se acercaba a los efectivos, o incluso estando a metros, sin hacer nada, podía ser gaseado. Incluso teniendo 81 años.

Los camiones hidrantes fueron parte de la cacería desatada. Foto: Lina Etchesuri.
El arma y la palabra
Beatriz Blanco no está afiliada a ninguna barrabrava ni milita en ningún partido político.
Es jubilada.
Trabajó toda su vida como empleada en cooperativa de fletes, empleada cuidando niños, costurera, y de casera hasta los últimos tiempos.
Tiene tres hijas.
Una de ellas, Paula Ippolito, cuenta que junto a su madre Beatriz y su hermana Paula suelen ir juntas a las marchas. “Esta vez fue sola porque justo yo estaba operada de la rodilla. Suele ir, no va todos los miércoles pero cuando puede va”.
Beatriz ya conocía a varios y por eso se acercó al grupo de jubilados que realiza los miércoles el semaforazo. Luego de que la empujaran a la vereda, se puso a hablarle a un cordón policial, una práctica habitual de jubilados anodados ante la violencia sin sentido que ejercen las fuerzas: “Ella siempre es de ir y hablar, de decir qué están haciendo, cómo no les da vergüenza; mi mamá siempre como que quiere hacer conciencia. Ella le debería estar gritando al policía que estaba de espaldas y lo toca con el bastón como diciendo ´mirame´. Ahí el chabón se da vuelta y le tira el spray, y el otro que le pega con el palo en la cabeza”.
Ese combo, que representa un ataque, de gaseo, empujón y golpe, hace que Beatriz pierda el equilibrio instantáneamente, y caiga al suelo.
La primera pregunta es cómo está: “Se está recuperando. Está en reposo, en observación por el golpe que recibió en la cabeza. Está con mucho dolor en todo el cuerpo, con un poco de inestabilidad, con el dolor en los ojos por el gas que le tiraron. Tiene los ojos muy hinchadas: le tiraron gas directo en la cara”.
Este dato del gas directo a sus ojos explica a la vez la pérdida del equilibrio, desechando por tierra las mentiras del Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que aseguró que se “cayó sola”. También el título de la empresa La Nación que habló de que la jubilada “atacó” a la policía previo a su “caída”: “Ella le tocó con su bastón para que se diera vuelta, para que la escucharan, no golpeó a nadie. Habría que mostrar los videos enteros donde la Policía increpa primero a los jubilados para que se suban a la vereda, con la agresividad que suelen tener”.

Beatriz Blanco, tras los gases recibidos y el golpe posterior. Foto: Lina Etchesuri.
El caso de Beatriz es uno de los dos -junto al del fotógrafo Pablo Grillo- denunciados por la Procuraduría de Violencia Institucional (Procuvin) ante la Cámara del Crimen. En esas denuncias a las que accedió lavaca, el organismo que se encarga de monitorear a las fuerzas -en estos tiempos, con menos entusiasmo- presenta como “pruebas” distintos recortes periodísticos alrededor del ataque a Beatriz. Y solicita a la justicia que requiera al Ministerio de Seguridad el personal policial afectado a los lugares de ambos ataques, así como los datos de la “sala de operaciones” a la que reportaban los agentes a cargo del operativo.
Por otro lado, la propia familia de Beatriz presentó una denuncia contra los dos agentes de la Policía Federal y contra la propia ministra Bullrich. Narra en su presentación lo mismo que refiere su hija en esta nota: “Siendo aproximadamente las 16:10 hs me encontraba en las inmediaciones de la esquina de las avenidas Entre Ríos y Rivadavia de esta ciudad (…) cuando fui rociada con una sustancia lacerante por un efectivo de la Policía Federal. Inmediatamente después, y también a manos de un efectivo de la PFA, recibí un golpe en la cabeza, con un elemento que creo se denomina ‘tonfa’, lo que provoca mi caída al piso”.
Tras el golpe, Beatriz fue derivada al Hospital Argerich, donde diagnosticaron lo producido por el ataque: traumatismo encáfalo craneano, herida cortante e irritación ocular.
Por eso, por un lado, reclama la identificación de los dos efectivos que la atacaron, plausibles de ser responsables de “delitos de lesiones leves” agravadas por tratarse de personal de la fuerza. Y por otro, califica a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich como “autora mediata” por ser responsable del operativo y algo más: la valiente presentación habla de que estos hechos son parte de un plan sistemático.

Una síntesis del plan sistemático. Foto: Juan Valeiro.
“Como en los momentos más aciagos de nuestra historia, desde el Poder Ejecutivo se ha montado un Programa de Miseria Planificada cuya consecuencia natural es la Protesta Social. Y sabido es que este tipo de políticas socioeconómicas sólo resultan aplicables cuando se pone a disposición de las mismas al aparato represor del Estado”.
Firma toda esta historia la propia Beatriz, acaso poniendo en contexto lo que representan los golpes que sufrió, su historia y el futuro por el que pelea junto a sus hijas. “Nosotras somos fieles a las marchas que son para los derechos del pueblo”, cuenta Paula, una de ellas. “No militamos en ningún partido político, siempre vamos independientes y solas”, aclara por si hiciera falta.
Paula habla siempre en plural femenino, pensando en su madre y su hermana. Desde ese lugar cuenta: “Nos están sacando todo. Nos están metiendo miedo para que no salgamos a las calles. Están imponiendo todo lo que quieren imponer. Siempre estamos atentas a todas las luchas. Esto va a por todos, no es solamente por los jubilados. A mi me han robado plata con la AFJP a pesar de que ya tengo 30 años de aportes. Estos vienen por todo, por todo lo que conquistamos”.
Junto a Natalia, las jóvenes militan tocando tambores en Batuka, uno de los conjuntos que lleva el ritmo a la calle y es la banda de sonido de la protesta social y la lucha. Hoy, del lado de la víctima, Paula asegura: “Estamos luchando para que esto no vuelva a suceder. Para que tengamos memoria y el pueblo no se duerma. No tenemos miedo. Ya la verdad que queda poco por perder”.
Esta lucha incluye, claro, a Beatriz: “Está más fuerte que nunca. Está enojada, muy enojada. Pero está fuerte para seguir la lucha”.
La lucha, ahora, es por justicia: “Solamente queremos que los responsables tengan justicia, sean los policías o la ministra de Seguridad: que la justicia trabaje a favor del pueblo. Y que no salga nadie más impune”.
¿Tenés esperanzas? “Y no. Pero hay que hacerlo igual: nos corresponde”.
La esperanza tal vez siga estando en la calle, mientras estas jóvenes sin contención psicológica ni asistencia estatal de ningún tipo enfrentan los golpes: “Estamos nosotras, las hijas, para cuidarla y para que se reponga de esto”.
¿Necesitan algo? “Sí: paz”.
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