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«Ni representar, ni juzgar: la comunicación como territorio de vida»

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Entrevista de Amador Fernández Savater a Claudia Acuña, la fundadora de lavaca, publicada en Rebelión el 16 de febrero de 2006

La revuelta del 19/20 de 2001 en Argentina desplegó o hizo visibles multitud de iniciativas colectivas que, en el vaciado radical de la representación política (“que se vayan todos, que no quede ni uno solo”), inventaban en los hechos cotidianos otras formas de vida: piqueteros, clubs de trueque, asambleas barriales, fábricas recuperadas, etc. Lo que se denominó un “nuevo protagonismo social”. Mientras las redacciones de los media oficiales estaban pobladas de autómatas y cínicos desbordados por lo que sucedía, en la calle se redescubría la comunicación social como fiesta colectiva. LaVaca (LaVaca.org) nació en ese contexto de extrema incandescencia a finales de 2001, animada por gente que sentía la necesidad imperiosa de respirar aire nuevo y darle la vuelta como a un calcetín al oficio de informar. Contra la mirada turística y/o impune del periodista estándar, el compromiso y los lazos vivos con ese “nuevo protagonismo social”; contra el espectáculo y los fuegos artificiales del “suceso”, la “noticia” y el “evento”, la insistencia en la realidad esencial de los procesos cotidianos; contra la tentación de juzgar, representar o señalar el camino a las experiencias alternativas, la función de acompañar, registrar, devolver y compartir el día a día de la construcción efectiva de otros mundos posibles. En definitiva, un útil, una caja de herramientas que prueba su valor diariamente en el roce sostenido con procesos sociales, mucho más allá de los círculos viciosos puramente militantes.
Antes de fundar lavaca hicisteis política desde otros medios más clásicos, sin relación directa con movimientos sociales. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿qué límites encontrasteis en ella y qué reflexión os lleva a fundar lavaca?
Es difícil de resumir la experiencia previa de quienes hacemos lavaca sin tener en cuenta el contexto. Un ejemplo: yo comencé a trabajar profesionalmente dos meses antes de la guerra de Malvinas y mi primer nota fue a las Madres de Plaza de Mayo, en plena censura de la dictadura, en una editorial que poco después fue clausurada por los militares. Luego, trabajé con Jacobo Timerman, luego en un diario innovador como Página 12, pasé por el hipercomercial Clarín, hice la experiencia de llevarle un proyecto a un inversionista y convencerlo… Es decir, algunos tenemos más de 20 años en el periodismo y hemos desarrollado una experiencia profesional clásica o tradicional: pasamos de cronistas, a redactores, a editores, a directores. Ganamos dos premios Rey de España, escribimos libros, tuvimos hijos y, ahora, plantamos este árbol que es lavaca. Pero antes, durante y siempre tuvimos una relación con la política que también estaba relacionada con el contexto. Es decir, que además de ser periodistas fuimos militantes, delegados gremiales, activistas de derechos humanos. Y en algún momento de la historia argentina esto pareció coincidir. Es decir, que nuestra sensibilidad social –por así decirlo- podía plasmarse en el tipo de trabajo periodístico que hacíamos. Logramos recibir un salario por escribir aquello que veíamos. Sin embargo, a fines de los 90, cuando la brecha entre lo que se veía y se podía escribir comenzó a tornarse insoportable, producto de la decadencia de los medios comerciales y sus brutales condiciones de producción, nos encontrábamos en la peor ubicación. Esto es, convertidos en jefes de un ejército de autómatas o cínicos. Nos quedaba, entonces, una de dos: quejarnos o salvarnos. Saltamos del Titanic, abrazados al madero de nuestras convicciones. Y aquí estamos, vivitos y coleando.
Contadnos la trayectoria de la experiencia de lavaca
lavaca comenzó en la mesa del comedor de nuestra casa hace ya cuatro años. Y hoy sigue allí. Todo el resto cambió –nuestra cabeza, nuestro trabajo cotidiano, nuestro humor, nuestras teorías y prácticas- pero ese espíritu inicial no varió. No quisimos y no queremos criar estructuras, sino experiencias. El lema inicial estuvo inspirado en una frase del filósofo John Zerzan: “hacé algo o callate”. Y los primero que hicimos fue callarnos. Dejamos de asistir a las mesas redondas donde se diagnostican los males de la época (hasta el día de hoy seguimos rehuyendo de estos convites), para comenzar a hacer algo, que no sabíamos bien qué era hasta que lo comenzamos a hacer. Lo primero fue tener un espíritu de colectivo. Todos fuimos uno y cualquier ingreso –generado o no por el trabajo común- iba a ser compartido en partes iguales. Esto nos permitió sacarnos la presión de que cada uno libre su batalla por el sustento cotidiano en forma solitaria y soportar acompañado tareas que de otra forma hubieran sido más penosas. Así nos encontró –todavía a tientas, pero unidos- el 19 y 20 y diciembre. Nuestra primera producción “pública” como lavaca fue un informe sobre la historia de cada una de los asesinados en esas jornadas, con la convicción de transformar el número en una biografía. Enviamos por mail la información, anteponiendo un lema que mantenemos hasta hoy: anticopyright. No teníamos noticias del copyleft, así que nos salió esa denominación. Así, cabalgamos los primeros meses de agitación callejera, recorriendo asambleas, tomas de fábricas, piquetes. A los pocos meses, pudimos “abrir” nuestra propia página en Internet (www.LaVaca.org), gracias a heredar servidor y herramientas, como canje por otro trabajo. Fue entonces cuando tuvimos que decidir qué haríamos. Y creo que allí fundamos la base más sólida de lo que somos hoy. Nos impusimos hacer solo crónicas o reportajes. Y nunca escribir las típicas columnas de opinión. Esto nos obligaba a estar siempre en contacto con los protagonistas de los hechos. Fue una decisión consciente. Es decir, sabíamos que estaba naciendo algo nuevo y que todo lo que podíamos escribir nosotros era viejo. Debíamos, simplemente, registrar lo que estaba pasando. Y para eso, por cuestiones de disponibilidad, tiempo, recursos, teníamos que elegir muy bien qué no hacer. Había tanto para contar, que era imposible registrarlo todo. Fue entonces donde tuvimos que tomar la segunda decisión vital: qué temas registrar. Nos propusimos seguir determinados temas, y así lo mantuvimos desde hace cuatro años. Nos propusimos “actualizar” la página semanalmente. Y así lo hacemos desde hace cuatro años. El resultado es un método de trabajo que, sin saberlo, fundamos en esa mesa de comedor: lavaca es una colecta de recursos humanos. Lo sabemos ahora, cuando hay una necesidad concreta y pensamos entonces qué se necesita y quién lo puede hacer. Ya no se trata de escribir notas –cosa que seguimos haciendo- sino de crear lazos de comunicación. Pero eso lo sabemos ahora, después de mirar para atrás y ver lo que hicimos. Y de mirar para adelante y ver todo lo que nos falta hacer.
Ni representar ni opinar: hablábamos en Buenos Aires de que la consigna que explica mejor la intervención política y comunicativa de lavaca es «acompañar y aportar» a los movimientos sociales, ¿qué significa eso? ¿cómo se concreta? ¿qué aporta lavaca a los movimientos sociales?
Quisiera compartir primero –aunque de la lata- nuestra pequeña percepción de la comunicación en estos días. Nuestra experiencia es muy modesta y no pretende dictar cátedra sobre nada. Es un punto de vista que interpreta lo que nos ha tocado vivir. Y no sólo referido a la comunicación, sino a la época. Si aseguramos que está en crisis el sistema de representación –como es evidente en una Argentina en donde un Presidente asume con el 14 por ciento de los votos mientras la gente en la calle grita “que se vayan todos”- el periodismo, tal como estaba planteado hasta fines de los 90, se terminó. Hagámonos cargo de la parte que nos toca: lo matamos nosotros, los periodistas profesionales. No fue ni la concentración ni las corporaciones. El medio no es el mensaje: el mensaje es el mensaje y lo escribe cada periodista, que elige ser obediente o no, según le convenga. El problema es que agachamos la cabeza en una época hostil para ser conservador. La tecnología revolucionó los canales, las audiencias se cansaron de escuchar estupideces y comenzaron a aprovechar el viento a favor para convertirse en productores de mensajes cada vez más creativos. Los periodistas pasamos a ser los que se quedan sentados criticando mientras otros se divierten. La comunicación es una fiesta callejera y un velorio en las redacciones. Hecha la autopsia, a quienes ya no sabemos hacer otra cosa útil, nos queda reflexionar. ¿Qué podemos hacer ahora? Estamos en una época fantástica, plena de novedades, de partos, de invenciones. Eso, de ninguna manera, puede ser malo para nosotros si nos colocamos en el lugar correcto. Elegimos, entonces, salir del medio.
Luego, elegimos dónde colocarnos. Y fue atrás. Corremos detrás de los que están creando un futuro que nos resulta siempre más interesante del que nosotros hubiésemos sido capaz de imaginar. Y desde la trinchera de la retaguardia, hacemos lo que podemos. En primer lugar, la intención es que cada quien pueda manejar los dos o tres trucos a los que ha quedado reducida la técnica periodística hoy. Doy ejemplos, para ser más clara. Con el MTD de Solano aprendimos a enseñar a enviar mails colgados desde un teléfono público, con una vieja computadora colocada arriba de una mesa destartalada en plena calle y la fila de hombres, niños y mujeres esperando turno en el teclado para pulsar enter. Fue casi un año, todos los sábados, luego del cual obtuvimos una página web que ellos aprendieron a autoeditar antes que nosotros (literalmente: nos habíamos propuesto no tocar nosotros el teclado durante esos talleres). Luego, ya más duchos, repetimos la experiencia con uno de los dos movimientos de fábricas recuperadas. Esta vez montar la página web nos llevó solo dos meses de entrenamiento. A esta altura, los talleres de redacción que compartimos con los movimientos son para nosotros verdaderas ceremonias. Hacemos una ronda, nos dedicamos a escuchar y cuando sentimos (realmente es un sentimiento) que captamos la música y la letra, elaboramos un borrador que leemos en voz alta. El resultado es una gacetilla o un documento que sólo si el grupo se lo apropia sabemos que ha sido el correcto.
En estos últimos tiempos, cuando comenzamos a trabajar el tema de los presos políticos, nos metimos en algo de una profundidad que aún nos cuesta analizar las consecuencias. La más importante es la que nos está dejando la experiencia de acompañar a los presos y presas. Desde hace un año, vamos a visitarlos todas las semanas. Al principio, grabamos entrevistas y fotos como una forma de sacar de la prisión su voz y sus caras. Editamos una revista junto al Colectivo Situaciones –al que invitamos especialmente para que nos acompañe en esta experiencia- y se la entregamos a las organizaciones y familiares con el fin de que recauden algo de dinero. En esa revista decidimos contar las historias de las mujeres presas. Pero unas estaban en la prisión de Ezeiza, detenidas por manifestarse en la Capital Federal. Dos son mujeres en estado de prostitución y una, vendedora ambulante. Y las otras estaban a dos mil kilómetros de distancia, en la Patagonia, detenidas por reclamar trabajo ocupando una planta petrolera. No se conocían entre ellas, por supuesto, pero a partir de la publicación comenzaron a escribirse de penal a penal. Las tres mujeres de la Patagonia lograron salir de prisión luego de ocho meses. Y las otras tres al día de hoy siguen presas. Pues bien: al día siguiente de ser liberada, una de ellas consiguió viajar a Buenos Aires para visitar a las que continuaban tras las rejas. Acompañarla a esa visita al penal fue comprobar hasta dónde habíamos logrado tejer una red de comprensión y solidaridad para nosotros inimaginable. Se trataron como lo que eran: compañeras de toda una vida de lucha.
Ir a la cárcel fue convirtiéndose en un acto de comunicación para nosotros prioritario. Les llevamos cuadernos y lapiceras, libros, recortes, fotos, cuentos, noticias. Y sacamos de allí cartas, grabaciones, pedidos, encargues. De todo el material hacemos copias para que cualquier organización la utilice en actos de difusión de la situación de los presos. Así fue, por ejemplo, que las fotos se convirtieron en afiches que ya ni sabemos quién los hace y hasta ilustraron notas en periódicos comerciales.
Lentamente, nuestra misión de comunicación derivó en mediar entre las diferentes organizaciones que trabajan en la campaña por este tema. Desde conectar a abogados de diferentes organismos de derechos humanos hasta coordinar las reuniones donde se elaboran las distintas acciones de reclamo por la liberación. Hace poco, por ejemplo, se cumplió el año de las detenciones de los 15 presos y presas por manifestar en la Legislatura porteña y nuestra tarea fue coordinar la organización de una jornada en el Obelisco, con músicos, actores, movimientos, colectivos de arte. Sólo uno de nosotros se dedicó a escribir una crónica para subir a nuestra página. El resto estuvo abocado a conseguir un camión para trasladar el escenario, ordenar la rutina de los músicos, distribuir los puestos de la feria y lograr que desde el teléfono celular se escuchara la voz de los presos que hablaron en directo con todos los que allí estaban. Ese fue para nosotros el momento más importante de nuestro trabajo: sostener un micrófono delante de un celular para que se escuche la voz de un prisionero. No encuentro una mejor manera de ilustrar lo que significa ahora para nosotros nuestro rol.
Mientras el ruido y la mera virtualidad limitan la potencia de herramientas comunicativas como indymedia, otra cosa importante en vuestra experiencia es que «ponéis el cuerpo» a la hora de hacer comunicación. ¿Qué aporta esto a vuestro acompañamiento de los movimientos sociales?
A nosotros nos aporta mucho. No estoy segura de que a los movimientos le signifique tanto. Poner el cuerpo es básico y sin eso no hay posibilidad de cambio en la comunicación. No existe ninguna posibilidad de utilizar la tecnología a favor de una sociedad distinta si no se pone el cuerpo en el territorio donde se libra la batalla por ese cambio. Podría dar muchas explicaciones para justificar esta posición. Pero dos son prioritarias. En principio, aprendimos de la experiencia de las Madres –a las que debemos tanto- que el miedo se cura con los pies. Y el miedo es un arma contra la cual, en estos tiempos, es necesario luchar todos los días. Caminar junto a otro es lo único que nos quita de encima la pistola que nos pone en la sien la noticia del día. Salir a la calle es ponerse en contacto con la verdad, sea cual sea: buena o mala. Pero también, para quienes estamos condenados a librar esa batalla en zonas urbanas, poner el cuerpo es convertir en territorio la propia experiencia. Esto es lo que crearon los Sin Tierra de Brasil: el concepto de territorio como espacio mental. Hay un lugar donde nadie puede mandar si otro no obedece. Y ese es el espacio a conquistar: nuestra propia cabeza. No es tan sencillo, porque allí se ha librado una batalla cultural de la que seguimos prisioneros, aún cuando no queramos. Movernos es entonces el primer paso para mudar perspectivas, intentar zafarnos de las cadenas que nos sujetan a la clase, al sexo, a la cultura, a la moral a la que nos ataron. Poner el cuerpo es lo que nos permite establecer un contacto humano, real, sin el cual no hay comunicación verdadera.
Nosotros, que somos para muchos tan sólo una página web, para los movimientos junto a los cuales trabajamos somos personas con nombres, carne, defectos, a las que pueden insultar o abrazar, como tantas veces han hecho. Entendemos lo virtual como un mero megáfono que amplifica alguno de los muchos mensajes que necesitamos dar, pero también como una rendición de cuentas: si saben quiénes somos es también por lo que escribimos.
No sois una «agencia de comunicación de los movimientos sociales» ni pretendéis que lavaca.dream.press represente a todas las experiencias políticas argentinas: decididamente hacéis «comunicación de parte», con ejes concretos de trabajo, ¿no es cierto? ¿Qué reflexión os lleva a decidir a qué experiencias acompañáis?
En parte tomamos la decisión teniendo en cuenta qué temas garantizamos dar continuidad. Pero también es importante qué temas no van a ser abordados por los demás. Y esto incluye a los propios medios que se denominan a sí mismos alternativos. Un ejemplo es el de las fábricas recuperadas. Al día de hoy, salvo cuando se produce un hecho violento –como un desalojo-, no fue un tema de seguimiento por parte de ningún medio. Hay mucho del ideario de la izquierda tradicional que conspiró en contra de este movimiento. Al no saber cómo clasificarlo y al no poder controlarlo, lo dejó a un lado. A nosotros nos interesó, sobre todo, el cambio subjetivo que podía producir en un obrero tradicional controlar los medios de producción. ¡Nada menos! Y registrar esos cambios implicaba un trabajo sostenido y continuo en el tiempo. El tema de los presos políticos es otra decisión que implicó, cuanto menos, seguirlo hasta que se obtuviera la libertad. Y esto nos está llevando ya un largo año. Por supuesto que cuando comenzamos no sabíamos cuánto iban a estar detenidos, pero teníamos la intuición –por no decir la convicción- de que no iba a ser por poco tiempo.
Si otro medio hubiera garantizado comunicar sobre estos temas, sin duda no hubiésemos seguido con ellos. Decidimos no competir, sino convivir y sabemos que hay quienes por acceso a la información, afinidad o interés pueden informar sobre ciertos temas mejor que nosotros. Un ejemplo es la información sobre pueblos originarios que realiza Indymedia argentina, un tema que por supuesto nos interesa pero que en lavaca no vas a encontrar simplemente porque otros lo hace mejor que nosotros. Tampoco tenemos buena información internacional, por ejemplo. No pretendemos darle a nuestros lectores la idea equivocada de que podemos informarlo acerca de todo. Simplemente porque es mentira: no podemos.
¿Qué experiencias acompañáis ahora?
-Estamos trabajando muy de cerca con las mujeres de Ammar Capital, una organización de mujeres en estado de prostitución que tiene dos de sus integrantes detenidas. Comenzamos por allí –por las presas- y así llegamos al hoy, donde una vez por mes participamos de un taller que pedimos que coordine el Colectivo Situaciones, donde hablamos del miedo, del sexo, de la calle, de la represión. Invitamos también a participar de ese encuentro a las mujeres del MTD de Solano. Y como una cosa lleva a la otra, en estos días estamos saliendo de viaje a Bolivia con una de las integrantes de Ammar y otra de Solano para conversar con mujeres de organizaciones sociales de Cochabamba y La Paz. Una escritora y militante amiga, Marina Sitrin, juntó peso por peso el dinero de los pasajes y los amigos y amigas bolivianos nos garantizan el resto: contactos, hospedaje, comida y charla durante una semana. Veremos qué nos traemos de allí, pero ya fue interesante la experiencia de preparar con todas las mujeres de Ammar las preguntas para llevarnos al viaje.
Seguimos trabajando con las fábricas y empresas recuperadas. Estamos tratando de que la Clínica IMEC tenga su propia página web, porque así lo quisieron ellos en una asamblea, y estamos en plena tarea de entrenarlos en la autoedición. También colaborando con el Hotel Bauen, que está siendo todas las semanas amenazado con un desalojo, y quieren en los próximos días organizar un festival en la puerta, en pleno Corrientes y Callao.
Seguimos, por cuestiones casi personales, el juicio por el asesinato de Darío y Maxi, dos muchachos asesinados el 26 de junio de 2002 en Puente Avellaneda. Fue un caso por el que hicimos mucho en su momento y para el año, colaboramos en la edición del libro que sobre el tema escribieron los integrantes del movimiento (si hay un error es culpa nuestra porque hicimos el editing) y ahora que se llegó a una instancia como el juicio oral queremos seguir de cerca lo que allí suceda, no porque creamos en la ceremonia judicial, sino por el registro que nos pueda dejar en la memoria escuchar los testimonios de funcionarios y policías en directo. Las jornadas del juicio son, la mayoría de las veces, de hasta 12 horas, así que no podemos garantizar ir a todas, pero al menos una vez por semana estamos cumpliendo con lo que nos propusimos: estar allí para contarlo.
-Otra cosa que me impresionó de vuestro trabajo es la temporalidad que lucháis por establecer: frente a la amnesia que producen los medios oficiales (descontextualización, superficialidad, espectáculo) y la dispersión habitual de los medios alternativos, vuestra apuesta es «acompañar sostenidamente» a las nuevas experiencias de contrapoder.
Lo nuevo, pensamos, necesita tiempo. La verdad, creemos, necesita tiempo. Pero nuestras crónicas, muchas veces, son urgentes. Se escriben en pocas horas. Lo cual deja mucho margen para el error, para la mirada prejuiciosa, para la inexactitud. Decidimos, entonces, que teníamos que escribir sobre aquellos procesos a los que pudiésemos dedicarle un tiempo de seguimiento, de registro de su evolución. No voy a negarte que hubo mucho de personal en la elección. Aquellas cosas que nos entusiasmaban más fueron las que decidimos seguir más de cerca. No escribimos, entonces, sobre las asambleas barriales, pero sí sobre las fábricas recuperadas, por ejemplo, en principio porque nos conmovió compartir con los obreros situaciones como resistir un desalojo, enfrentar a la policía, ver llorar con mocos a hombres cincuentones porque no podían regresar a sus casas sin nada, verlos reír con lágrimas y mocos porque se ponía en marcha la máquina, cosas que se parecían mucho a registrar pequeñas revoluciones que nos transformaban. Fue un aprendizaje duro, porque estábamos acostumbrados a la impunidad del cronista que va, mira, escribe y no regresa jamás a escuchar lo que dicen los protagonistas de aquello que escribió. Bueno: nosotros volvíamos. Y no siempre nos esperaban con un halago. Con el tiempo, compensamos los errores de nuestra soberbia con la paciencia: nos veían ahí, otra vez y otra vez y la siguiente. Podíamos parecerles torpes, pero al menos éramos persistentes.
Esa continuidad marcó nuestro destino, en todo sentido. Es así desde el principio. Esto hasta ahora nos ha permitido seguir produciendo, así que se ha convertido en un motor que al comienzo, en plena ebullición, parecía hacernos mover lento pero que ahora, cuando ha bajado tanto la producción de información independiente, nos hace producir más, incluso, de lo que un mortal interesado puede llegar a digerir en una semana. En estos últimos meses hemos tenido que fijarnos cuántas notas subir a la página por semana, porque estábamos atragantándonos con información. Tratamos de cuidar ese aspecto de la comunicación: sobre qué vamos a conversar con nuestros lectores esta semana. Son para nosotros mensajes importantes, aún cuando no sepamos a cuántos le importen. Por suerte, hasta ahora el interés no ha decaído y desde que tenemos memoria no ha parado de subir en contador de visitas, así que por el momento no tenemos registro de cuál será nuestro techo. Aunque sabemos que llegará y estamos preparándonos para registrarlo.
¿Cómo trabaja lavaca la relación con los media oficiales?
Estamos convencidos de que no hay que trabajar para “salir en los medios”, aunque siempre nos encontramos con que esa es la primera necesidad que plantean los movimientos. Así que generalmente, cuando se comienza a planificar una acción, escuchamos cosas tales como a qué horario conviene hacerla para que llegue la TV o quién tiene contactos para convocar a la prensa, incluso la alternativa. Tenemos un número montado como respuestas. Hace un tiempo, una revista de actualidad publicó en su portada la foto de la esposa de un dirigente piquetero. La mujer posaba en la foto con una remera muy sexy. Tenía una falda corta y la toma se le había hecho de forma tal que se le veía la bombacha (las bragas para ustedes). Bueno: para salir en los medios tenés que estar dispuesto a mostrar la bombacha… de tu mujer. Es decir, para tener un espacio allí hay que estar dispuesto a deformarse de tal manera que hay que plantearse si vale la pena (tomando esta frase literalmente) comunicar algo así, abierto de piernas impúdicamente.
Pero como aún cuando creamos que esta es una condición necesaria de la producción comercial de la noticia, el hecho de que los movimientos todavía le den importancia a la comunicación mediática de sus problemáticas nos ha obligado a dar una respuesta eficaz, sin caer en esas bajezas. Inventamos entonces los talleres de contrainformación. Se trata, entonces, de garantizar que un evento puntual sea “cubierto” a la manera de una agencia de noticias. Realizamos la convocatoria (en general, a periodistas profesionales o estudiantes de comunicación), repartimos las tareas (cada uno elige la nota que quiere hacer) y armamos una red de distribución del material que esa “agencia” creada por uno o dos días produce. La red puede incluir desde foros, páginas web, listas de mails o reenvíos a los contactos personales. El día del evento fijamos un horario de “cierre” y nos sentamos a esperar que lleguen las notas. Increíblemente, llegan. La única condición que ponemos es que sean crónicas o reportajes. No las editamos. Salen como vienen, salvo que haya errores ortográficos o de nombres propios (y siempre que nosotros los notemos). Hemos llegado a recibir 80 notas o 7, según el evento, lo que implica que han trabajado docenas de gente sin más interés que contar que lo vieron. La parte más interesante es cuando logramos que más de una persona escriba sobre el mismo hecho. Es interesante comprobar como a pesar de haber estado en el mismo lugar y esforzarse por escribir en un formato tan tradicional como un cable informativo, las perspectivas son absolutamente diferentes. Para el final, convocamos a una reunión de balance junto a los organizadores del hecho. Hasta ahora solo hemos recibido aplausos y agradecimientos. Y la comprobación de que, cuando hay tanta presión de difusión… la noticia termina incluso apareciendo hasta en los medios comerciales.
El segundo paso es conversar con los movimientos sobre estas experiencias. Analizar si el mensaje llegó a dónde querían que llegue. Y cómo. Ahí es donde aparece entonces la necesidad clara de establecer otra forma de contacto, que sin duda da más trabajo pero que es parte de la construcción de otra manera de relacionarse. No es la publicación de una noticia sino la creación de un vínculo lo que garantiza la comunicación. Y sin bien es cierto que esto no es fácil, hay algo que aprendimos junto a los trabajadores desocupados: el principal recurso de los que no tienen otra cosa es el tiempo. Porque el tiempo es nuestro.
(c) Amador Fernández-Savater. Se permite la reproducción de este texto por cualquier medio siempre y cuando sea sin ánimo de lucro y esta nota se mantenga.

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Los dilemas de San Cayetano

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Trabajo, fe y peronismo. Planes, pan, paz, tierra, Dios, techo, los evangélicos. Los problemas de querer hacer en esta época, las esperanzas y una agenda para ampliar derechos en esta nueva marcha que fue de Liniers a Plaza de Mayo.

Son las ocho de la mañana, es domingo y Carolina Capristo vende espigas con estampitas de San Cayetano a 100 pesos en el paso a nivel de estación de Liniers, sobre Rivadavia. El sábado trabajó hasta las ocho de la noche, se fue a su casa de Ciudadela –del otro lado de la General Paz, la avenida que divide como portal el conurbano de la CABA–,volvió temprano, y a comparación de lo que vio en la iglesia en otros años suelta un diagnóstico:

-No hay gente. Se perdió la fe. Se hicieron todos evangélicos.

Frente suyo se están acomodando tres cuadras de columnas con banderas de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), Barrios de Pie, Movimiento Evita, Frente Social 17 de Octubre, Frente Popular Darío Santillán, Federación Nacional Campesina, Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular (UTEP), CTA.

Frente suyo, como hace seis años, está por comenzar la movilización por Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo que, 15 kilómetros más tarde, cerrará con un acto en Plaza de Mayo.

Carolina, sin embargo, conserva la fe. “Yo era empleada, trabajé en una tienda de ropa de cuero por 15 años, y con Macri fueron cerrando todos los negocios. Me dijeron que le haga juicio pero cómo le voy a hacer juicio al patrón si se fue a la quiebra. Quedamos hundidos y encima después tuvimos la pandemia, que fue mundial. Por eso, no es que la crisis es sólo argentina; y estamos saliendo a flote, aunque se venga el dólar a 300 o llegue a 500”.

Eso sí es fe.

La marcha comienza.

Buscar el peso

Carolina corrige: “Se le tiene fe a Dios y al peronismo. El peronismo nunca va a dejar al pobre a un lado, nunca nos va a escupir en la cara, ¿escuchaste?”.

¿Siente que también al peronismo se le está escapando esa fe? “A mí no”, retruca.

¿Pero qué percibe en general?

El peronismo tiene que ser unido. Lo dijo Perón: lo peor para un peronista es otro peronista que se le ponga en contra. Lo que hizo Máximo (Kirchner) que dejó su banca no me gustó: tu mamá eligió a Alberto, llegaron de nuevo y tenemos que estar unidos. A mí Massa no me gusta, pero tengo que seguir apoyando porque yo los voté.

¿No teme el regreso de ese proceso que hundió su anterior trabajo?

-No tengo miedo ahora. Yo caí en una crisis depresiva en la era Macri. Sabía que mi trabajo iba a la quiebra y yo era una de las empleadas que iba al frente por la camiseta. Me enfermé, estuve ocho meses psiquiátrica, con médico privado porque la clínica de OSECAC (la obra social de empleados de Comercio) es malísima. Y estoy de pie. Ni en la pandemia me agarró depresión. En cuatro casas de familia llegué a trabajar. Se puede.

Cobra un Potenciar Trabajo (en agosto, por un bono de $11.000, percibió $33.770) y está agradecida. “Con eso metí 20 en la tarjeta porque tengo metido un calefón eléctrico, pude hacer arreglos en mi casa de a poquito, y siempre trabajando: siempre busco el peso para que mi hijo, que tiene 14, vea que mamá sale a flote”, dice.

Lo agradece y da su punto de vista sobre la discusión planes-trabajo: “Por mí que me den más trabajo, que pueda hacer algo más por la comunidad, que me llamen para más trabajo social”.

-¿Trabajo, fe y peronismo sería su plataforma?

-Exacto.

Política crónica

A lo largo de la marcha se irán repitiendo algunas de las consignas más urgentes, como incremento del Salario Mínimo, Vital y Móvil (el monto percibido en el Potenciar equivale al 50% del salario mínimo), generación de fuentes de trabajo dignas y Salario Básico Universal. Por allí se ve al secretario general de ATE, Hugo Cachorro Godoy, caminando junto a Juan Grabois. También al secretario de Economía Social, Emilio Pérsico. Por la calle marcha también otro integrante de ese núcleo al que se suele llamar «Los Cayetanos», el subsecretario de Políticas de Integración y Formación del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Menéndez, a su vez coordinador nacional de Barrios de Pie.

“Hay una variable que hoy no se analiza que es el proceso de desestabilización de los sectores concentrados”, apunta como contexto de la movilización. “Hay una búsqueda de condicionar y extorsionar muy nítida a través de la debilidad de nuestro gobierno, de una dependencia clara de los sectores que traen dólares a la Argentina, concentrados en la exportación de granos. Sin duda la pelea es porque no nos lleven puestos con un proceso devaluatorio que significaría un salto enorme en términos de pobreza”.

Foto: Hernán Vitenberg

Entre los movimientos sociales también hay una discusión respecto de la salida por abajo de esa crisis: planes, trabajo, salario universal, con miradas contrapuestas. “Tenemos claro que hay un fracaso de la política social en el último tiempo que tiene que ver con la idea de plan social. Fracasó la idea básica que tenía que ver con subsidiar a aquel que está por fuera del mercado del trabajo hasta que pueda volver a integrarse al mercado. La experiencia de los últimos 25 años, con procesos de crecimiento en el medio, da cuenta que no se amplió la masa formal, entonces la idea de un subsidio temporal terminó siendo la de un subsidio crónico”.

Menéndez plantea como hipótesis un camino de inversión productiva: “Hay un hartazgo que se construyó, sobre todo en sectores medios, respecto a la idea de subsidiar al que no trabaja. Por eso hay que poner en valor la inversión productiva. En la actual coyuntura es importante construir respuestas que no estigmaticen la política social, porque ese es el paso previo para achicarla o desmantelarla. Hay que tener una política inteligente capaz de valorizarla”.

Operaciones y preocupaciones

Sara tiene 35 años, es referente de la CCC en la localidad de Virrey del Pino, en La Matanza, y camina de la mano con su bella hija Aimé. Lxs integrantes de la CCC tienen una pechera con el rostro de Freddy Mariño, histórico miembro de la organización, que murió en abril de este año. A los reclamos que se escuchan en la marcha, Sara además suma la criminalización a las organizaciones sociales: la CCC fue acusada de forzar a sus integrantes a aportar un porcentaje de lo que perciben desde el Potenciar Trabajo, y sufrieron allanamientos en 23 merenderos por una causa que se inició en tiempos del macrismo.

“Son todas mentiras y eso está quedando en evidencia: nuestros compañeros hacen un aporte voluntario porque así sostenemos a la organización para poder salir día a día”, explica. “Hoy los planes los necesitamos porque es la única salida para los desocupados que tenemos. Nosotros íbamos a no quedarnos en los planes, sino a generar trabajo genuino a través de cooperativas. Sobre todo pensando también en los jóvenes, que son una camada que quedó por fuera del trabajo en blanco: no los toman en ningún lado por no tener experiencia laboral. Pero hoy la situación está complicada. Por eso salimos a pedir techo, tierra y trabajo”.

Tania tiene 42 años y trabaja en una cooperativa del Frente Agrario del Movimiento Evita en el barrio 9 de abril, en Esteban Echeverría. “¿Qué me aporta la cooperativa? Trabajo y la posibilidad de ayudar al compañero”, responde. Trabaja en el rubro textil y en panificado, y de lunes a lunes está en un merendero que da de comer a 300 familias por día: “La sensación es de satisfacción por poder ayudar, pero también duele mucho”.

Por ese trabajo, también le duele cuando escucha por los medios cómo estigmatizan a las organizaciones: “Sería bueno que no pongan a todos en la misma bolsa. Lo que recibimos, lo merecemos”.

Nurit tiene 30 años y en la marcha del año pasado estaba embarazada: hoy, sobre sus brazos, lleva a Santiago, su hijo de 9 meses que ahora duerme con fuerte compromiso. Milita en el MTE en el acompañamiento de cinco centros barriales de Vientos de Libertad en los barrios porteños de Parque Patricios, Chacarita, Once, Barracas y la 31. Y subraya como urgente un Salario Universal: “Es un contexto crítico. Para nosotros el Potenciar es una política de trabajo dentro de la organización: las personas que lo cobran, trabajan, y te puedo asegurar que mucho más que aquellas personas que hablan por los medios de estas cuestiones. Y el Salario Universal es un ingreso mínimo que permita salir de la indigencia a quienes hoy no pueden llevar el pan arriba de su mesa. Discutir el hambre es una foto de cómo estamos hoy”.

Los centros de Vientos de Libertad son un crudo espejo de la actual situación: “Cuanto peor es el contexto, más trabajo tenemos. El nivel de complejidad que estamos recibiendo es dramático: se nota la degradación del tejido social en momento de crisis, porque hay compañeros y compañeras cada vez más complicados en relación al consumo, a la violencia, y a la violencia de género. La demanda es mucha”.

Y otro indicador: “Cada vez recibimos más gente sin techo. Y lo que se ve son los niveles de desidia estatal y abandono, porque los que llegan a nuestros espacios tuvieron antes un millón de derechos vulnerados. Los compañeros, hoy, están llegando devastados”.

Una agenda

El acto en Plaza de Mayo fue multitudinario. Las organizaciones leyeron un documento en el que detallaron varios puntos para recalcar: “Queremos aprovechar esta ocasión para visibilizar nuestro trabajo y romper el mito de que vivimos de un plan. Hace ya mucho tiempo que convertimos esos planes en trabajo genuino. En unidades productivas de costura, construcción, reciclado, integración urbana. En empresas recuperadas, agricultura familiar, campesina e indígena, en grupos comunitarios de cuidado, educación, deporte, recuperación de adicciones y reinserción de liberados. Hemos hecho miles de kilómetros de veredas, desagües, cloacas, tendidos eléctricos. Hemos recuperado miles de toneladas de plástico, de papel cartón, vidrio, metales. Miles de campera, calzado. Kit sanitarios y escolares. Hemos construido miles de viviendas, polideportivos. Hemos producido toneladas de fruta y alimentos para nuestro pueblo. Hemos alimentado barrios enteros durante la pandemia”.

Eso, destacan, es trabajo y es genuino: “No falta trabajo, nos faltan derechos laborales”.

Y expusieron una serie de puntos, en el marco de una Ley General de Tierra, Techo y Trabajo, que exigen al Congreso tratar de forma “urgente”:

  1. Ampliación de derechos: salario universal y desarrollo de la economía popular. Creación de Ministerio de la Economía Popular. Monotributo productivo. Fondo fiduciario para la promoción del crédito y la economía popular. Compras gubernamentales.
  2. Acceso a la tierra y protección de zonas estratégicas de soberanía alimentaria.
  3. Espacios sociocomunitarios y productivos. Tareas de cuidado y promotoras de género. Reconocimiento de trabajadora de cuidado y promotoras de género. Acompañamiento para víctimas de violencia en barrios. Educación cooperativa y gestión social cooperativa.
  4. Gestión integral de envases y reciclado social.
  5. Protección de humedales: inventario nacional y uso sustentable. Fondo nacional.
  6. Pueblos originarios. Prórroga de la ley 27160. Cronograma de finalización de relevamiento territorial indígena.
  7. Pesca artesanal. Registro nacional de pesca artesanal. Terminales pesqueras de proximidad. Permisos simplificados.
  8. Barrios populares. Prórroga de prohibición de desalojo. Plan nacional de viviendas populares y loteo social.
  9. Empresas recuperadas. Utilidad pública del proceso de recuperación de empresas por sus trabajadores. Proceso de expropiación de unidades inscriptas en RENACER.
  10. Emergencia en adicciones. Ampliación presupuestaria para casas comunitarias y convivenciales. Pauta publicitaria para prevención de adicciones.

Previo a dar la palabra a referentes de las organizaciones, cierran: “No al ajuste”.

La plaza aplaude.

Tal como dicen, en contextos con anuncios macroeconómicos inciertos y consecuencias aún más oscuras, esa agenda marca un camino: por abajo. Nurit, con su hijo de 9 meses en brazos, cierra entonces qué significa San Cayetano: “En un contexto difícil y desafiante, necesitamos motivos para juntar esperanza”.

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Informe América: dictamen del INADI establece que hubo violencia machista

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El Informe América fue elaborado por el colectivo Periodistas Argentinas en relación a la violencia laboral ejercida en el Grupo América hacia trabajadoras y trabajadores. A raíz de la presentación en distintos organismos del Estado, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, dictaminó que el periodista Antonio Laje tuvo conductas “violentas”, “cínicas” y “perversas” y que la conducción de dicho grupo de medios tuvo una actitud “reaccionaria, anacrónica y a todas luces ineficientes”. Los principales puntos y las recomendaciones del organismo.

El Informe América se presentó el diciembre pasado en la Sala II del Anexo de la Cámara de Diputados de la Nación para dar cuenta de un sistema y un modus operandi que se viene desarrollando a lo largo del tiempo en el multimedio Grupo América. 

El documento se presentó luego oficialmente en distintos organismos estatales: la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral del Ministerio de Trabajo de la Nación, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), la Defensoría del Público y el Ente Nacional de Comunicación (ENACOM). Además se entregaron copias al Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) y al Sindicato Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales, Interactivos y de Datos (SatSaid).

Luego de una investigación la Dirección de Asistencia a la Víctima del INADI, a cargo de Demián Zayat, emitió un dictamen técnico de opinión que confirma “la conducta violenta de género del Sr. Laje y la complicidad o aquiescencia de las autoridades y dueños del multimedios en el cual se desempeña”.

Esta situación fue denunciada por Periodistas Argentinas cuando enfatizó que no se trataba de una sola persona sino de una situación sistemática que se viene desarrollando a lo largo del tiempo.

El dictamen sostiene que se identifica “un modus operandi generalizado en el ámbito de los medios masivos de comunicación: el machismo imperante en ellos, materializado en el acoso, abuso, maltrato, intimidación y descrédito profesional al que son sometidas las mujeres”. Además remarca que ”mientras la violencia de género gana lugar y relevancia en los medios” son los propios medios  en donde “se perpetúan y reproducen conductas machistas contra las trabajadoras”. 

Sobre el modus operandi detallado en el Informe América, el INADI entiende que “dicha práctica tiene un aspecto cínico y otro perverso”. Y detalla cada uno: 

  • “El costado cínico reside en el principal argumento de defensa esgrimido generalmente por las personas acusadas, argumento que endilga a la vorágine de ‘la exigencia profesional’ la responsabilidad por ‘algún exceso’”. 
  • Respecto al costado perverso: “Anida en que los maltratos y abusos denunciados generalmente implican el desastre para la denunciante, su descrédito profesional, persecución o despido, que generalmente incluye también caer en una suerte de lista de vetados que impide trabajar en otros programas o medios del grupo en cuestión o, en casos graves, incluso en cualquier otro medio del país. Este rasgo ruin, montado sobre el temor e incertidumbre que genera la posibilidad de perder el empleo, es el que precisamente habilita su propia existencia y continuidad”. 

Además en el documento emitido hoy por parte del organismo se sostiene que «Laje se victimizó y denunció una “operación” para destruirlo. Más allá del egotismo del Sr. Laje, que al parecer se considera lo suficientemente importante e influyente como para que se instalen operaciones en su contra, con sólo apreciar las declaraciones de las mujeres implicadas, sus tareas y sobre todo las consecuencias que tuvieron en sus trabajos, basta para descartar la falsa ‘operación’ argüida por Laje»

Otra definición: “La defensa del Sr. Laje consistió en definir a esta situación no como maltrato, sino como exigencia. Más allá del nombre que le quiera poner, los hechos encuadran sin lugar a dudas en todas las definiciones de violencia

contra la mujer que establece la normativa internacional y nacional». 

Respecto al papel y responsabilidad de los dueños y autoridades del Grupo América el organismo remarca que “su actitud ante la situación resultó reaccionaria, anacrónica y a todas luces insuficiente. En relación a su intervención en este expediente, si bien puede entenderse el derecho a la defensa que toda persona física y jurídica tiene, la actitud aséptica y tecnicista evidencia en las presentes actuaciones un desinterés absoluto por la violencia engendrada contra las mujeres en el medio que presiden”. 

Subraya el INADI que “en el afán de defender a su conductor deja a la empresa en una posición de absoluta complicidad con los graves hechos denunciados y de espaldas a una realidad (el empoderamiento de las mujeres para terminar de una vez con prácticas y conductas violentas contra ellas) que no va a detenerse por más caso omiso que quiera hacerse. Con su actitud la empresa, además, revictimiza a las mujeres implicadas, ya que la inacción respecto a lo ocurrido, aún ante la presentación de denuncias formales, reafirma la postura tomada al despedir a las trabajadoras que no se sometían a los abusos de Laje, o al permitir su persecución y acoso laboral, sin garantizar los más elementales derechos laborales”. 

Como organismo estatal que actúa contra toda forma de discriminación, el INADI estableció en el dictamen una serie de recomendaciones con el fin de prevenir y reparar las acciones denunciadas. Las recomendaciones son: 

  • “Arbitrar los medios necesarios de manera inmediata para evitar la continuidad de conductas denunciadas, sin que se adopten represalias contra las víctimas y denunciantes”. 
  • “Establecer capacitaciones sobre violencia de género a fines de evitarlas en el futuro y lograr un estándar aceptable en cuanto a los derechos de la mujer”. 
  • “Establecer segmentos sobre derechos de la mujer para sacar al aire en el programa de las noticias de la mañana”. 
  • “Aprobar y poner en práctica, de un modo conjunto con los representantes sindicales, un protocolo para prevenir y sancionar la violencia de género, de acuerdo a lo establecido por el Convenio 190 de la OIT, y crear un área de género para prevenir este tipo de conductas que deberá tener intervención en la investigación que se lleve adelante en las denuncias de este tipo”. 
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No te quedes en casa: teatro, música y un stand up mágico

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Música, humor y teatro para espantar las penas y una suerte de stand up de la magia. Una agenda para ver, escuchar, sentir y divertirse más allá de las pantallas. El arte real y presencial para confirmar en la práctica que la maravilla es posible.

Andrea Bazán y su música para espantar las penas

¿Por qué ir a ver este espectáculo? Porque Andrea Bazán es una cantautora maravillosa, porque estarán también Caro Bonilllo y Solana Biderman, porque Susy Shock andará por allí y tal vez algo se cante, porque el clima de calidez se puede acompañar con buena comida y bebida, y porque la entrada es a la olla (ex gorra): a voluntad de las personas que deciden pasar este gran rato.

Este viernes MU Trinchera Boutique será nido del ciclo que se lleva a cabo una vez por mes. Andrea presentará Pa’ despenar, su primer disco solista, que reúne catorce canciones y un poema que vienen surcando distintas geografías desde hace tiempo, planteando el despenar como acto de resistencia. Estará en la Trinchera su hermana, Susy Shock, quien la impulsó y produjo el disco.  “Susy es mi primera referente”. En el disco Andrea le dedicó a Susy un tema, Mana, que dice: “Juntas en las andanzas, suceden brotes, vida de serenata, rompes vos mis amarras, canta voz hermanada”. 

¿Por qué despenar? Andrea admite que el tema debe haber nacido de algún desamor de momento. Pa’ despenar recorrió varias gargantas y guitarras y hoy regresa a quien le dio vida. “Soy de creer que la música sana. Conmigo lo hizo. Por eso no tiene que ver con la tristeza, de sacar penas, sino con una manera de ayudar a que resistamos. Habla del río, del cauce y de volver siempre, de volver a una misma: eso despena cualquier cosa”. 

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143

Viernes 5 de agosto, 21 hs

Reservas: www.lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@andrea_bazan

@caro_bonillo

@solanabiderman

@mu.trinchera

Shamrock

Un símbolo irlandés: shamrock es el trébol de tres hojas, un buen augurio para la cultura celta. En esta obra escrita en verso e impregnada por la comedia, Mary llega a Buenos Aires desde Irlanda para casarse con Dido, también irlandés ya afincado en estas tierras. Mary huye de la hambruna en su país por la cual miles de personas escaparon entre 1845 y comienzos del 1900.

La joven encuentra apenas llega un panorama desalentador: su prometido está flechado por una argentina que trabaja en el Hotel de los Inmigrantes y hará todo lo posible por salir airoso del embrollo. En un país extraño, con el corazón roto y sus sueños cayendo en picada, Mary intenta recomponerse.

Esta obra comenzó a germinar en un taller de dramaturgia dictado por Ariel Barchilón al que asistía la actriz y dramaturga Brenda Howlin en 2013. Ante la consigna de escribir una escena en verso, en la cabeza de Brenda se encendió la imagen: “La de una irlandesa que viene a encontrarse con su prometido fluyó con mucha naturalidad”.

Ese imaginario de barcos, inmigrantes, puertos, encuentros y desencuentros siempre estuvo presente para Brenda, descendiente de irlandeses por rama paterna y de italianos por rama materna. Después de un tiempo de elaboración, en 2018 tuvo la versión final. Convocó al actor, director y docente Nano Zyssholtz y a las actrices Carolina Setton, Justina Grande y a los actores Alejandro Gigena y Pablo Kusnetzoff. “Siempre me imaginé la obra en tono de comedia y clown. Si bien los personajes padecen algunas de las cosas que les van pasando,a mi me gusta el registro de la comedia y sentía que Nano era ideal para trabajar esta obra. Las actrices y actores también fueron proponiendo”.  Nano se sintió idenrificado con la temática elegida por Brenda: “Lo primero que me sedujo fue el combo obra escrita en verso mas la temática de inmigración. Yo también soy descendiente de inmigrantes (en mi caso de Polonia) y me parecía que llevar esa historia al teatro y en clave de humor era una manera de conectar con mi propia historia”.

Brenda tenía en claro que quería escribir una comedia y una vez embarcada en la hechura de la obra, puso el foco en explorar los mandatos que  recibían las mujeres en esa época. “En tiempos en los que había que salvarse, ya sea de la crisis económica, como en el caso de los irlandeses, o de la guerra como en el caso de los italianos, tenían que huir de su país natal, buscar un nuevo lugar para vivir y venían a la Argentina donde estaba la promesa de encontrar trabajo y tierras. ¿Qué hubiera pasado si una de esas mujeres se hubiera plantado y dicho: y si no quiero todo eso que supuestamente tengo que hacer?  ¿Qué pasa si una mujer no pone el eje ahí sino en otra cosa? Ella tiene un emprendimiento con  una amiga, les va bien. Me interesbaa una protagonista femenna cuyo objetivo no sea el amor, armar una familia, sino el desarrollo personal, la emancipación,  la busqueda de la independencia”.

El humor asoma de principio a fin. La obra tiene momentos desopilantes, que las actrices, actores, dramaturga y director fueron puliendo en cada ensayo: Mary y Rita (la novia argentina de Dido) protagonizan una escena que parece del mejor cine mudo. Ale Gigena despliega un gran trabajo corporal y Pablo Kusnetzoff apela a su oficio de mago para añadir la sorpresa.  Shamrock es un trébol de buen augurio para ir al teatro.

Teatro Beckett, Guardia Vieja 3556, CABA

Viernes 21 hs

@brendahowlin

@nanosisol

@carosetton

@pablo_kusnetzoff

@alechichena

@jusgrande

@teatrobeckett

Magia & Sushi, el increíble show de Nico Gentile

Como cada segundo jueves de mes,  Nico Gentile  estará a cargo del ciclo de magia que provoca asombro, aplausos y un interrogante que se repite una y otra vez: ¿Cómo lo hizo? La respuesta es muy simple: hace magia. El ritual se produce en un espacio —Riobamba 143— que fuera el Bazar de Magia del mítico mago inglés David Bamberg, más conocido como Fu Manchú, al decidir que solo quería vivir en Argentina. Gentile es el encargado de tomar la posta luego de que el lugar fuera ferretería y local partidario, para teñir de magia nuevamente al local que el próximo 18 de agosto cumplirá cinco años bautizado como MU Trinchera Boutique, la casa de la Cooperativa lavaca.

Nico ofrecerá primero un show de “magia de cerca” en la sala Trinchera, el desafío de hacer lo imposible delante de nuestras narices. Luego, escaleras arriba y en la sala Boutique, con la vidriera de fondo, el show completo, con una actuación imperdible. Además se podrá degustar el mejor sushi de la zona, hecho por una familia oriental que cada mes lo prepara especialmente para este evento. Además de vinos y etcéteras, como bebida de la casa, la propuesta es el kefir que combina sabor y salud, y se está convirtiendo en otra aparición inesperada en estas noches de magia.

MU Trinchera Boutique

Riobamba 143, CABA

Jueves 11 de agosto

Reservas: www.lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@magonicogentile

@mu.trinchera

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La última Mu: La voz originaria

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