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Amador Fernández Savater conversa con Claudia Acuña: «Ni representar, ni juzgar: la comunicación como territorio de vida»

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Entrevista de Amador Fernández Savater a Claudia Acuña, fundadora de lavaca, publicada en Rebelión el 16 de febrero de 2006

La revuelta del 19/20 de 2001 en Argentina desplegó o hizo visibles multitud de iniciativas colectivas que, en el vaciado radical de la representación política (“que se vayan todos, que no quede ni uno solo”), inventaban en los hechos cotidianos otras formas de vida: piqueteros, clubs de trueque, asambleas barriales, fábricas recuperadas, etc. Lo que se denominó un “nuevo protagonismo social”. Mientras las redacciones de los media oficiales estaban pobladas de autómatas y cínicos desbordados por lo que sucedía, en la calle se redescubría la comunicación social como fiesta colectiva. lavaca.org nació en ese contexto de extrema incandescencia a finales de 2001, animada por gente que sentía la necesidad imperiosa de respirar aire nuevo y darle la vuelta como a un calcetín al oficio de informar. Contra la mirada turística y/o impune del periodista estándar, el compromiso y los lazos vivos con ese “nuevo protagonismo social”; contra el espectáculo y los fuegos artificiales del “suceso”, la “noticia” y el “evento”, la insistencia en la realidad esencial de los procesos cotidianos; contra la tentación de juzgar, representar o señalar el camino a las experiencias alternativas, la función de acompañar, registrar, devolver y compartir el día a día de la construcción efectiva de otros mundos posibles. En definitiva, un útil, una caja de herramientas que prueba su valor diariamente en el roce sostenido con procesos sociales, mucho más allá de los círculos viciosos puramente militantes.
Antes de fundar lavaca hicisteis política desde otros medios más clásicos, sin relación directa con movimientos sociales. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿qué límites encontrasteis en ella y qué reflexión os lleva a fundar lavaca?
Es difícil de resumir la experiencia previa de quienes hacemos lavaca sin tener en cuenta el contexto. Un ejemplo: yo comencé a trabajar profesionalmente dos meses antes de la guerra de Malvinas y una de mis primeras notas fue a las Madres de Plaza de Mayo, en plena censura de la dictadura, en una editorial que poco después fue clausurada por los militares. Al poco tiempo y en ese contexto logré publicar una nota que permitió a Abuelas de Plaza de Mayo recuperar al nieto N° 2.  Luego, trabajé con Jacobo Timerman, después en un diario innovador como Página 12, pasé por el hipercomercial Clarín, hice la experiencia de llevarle un proyecto a un inversionista y convencerlo… Es decir, algunos tenemos más de 20 años en el periodismo y hemos desarrollado una experiencia profesional clásica o tradicional: pasamos de cronistas, a redactores, a editores, a directores. Ganamos dos premios Rey de España, escribimos libros, tuvimos hijos y, ahora, plantamos este árbol que es lavaca. Pero antes, durante y siempre tuvimos una relación con la política que también estaba relacionada con el contexto. Es decir, que además de ser periodistas fuimos militantes, delegados gremiales, activistas de derechos humanos. Y en algún momento de la Historia argentina esto pareció coincidir. Es decir, que nuestra sensibilidad social –por así decirlo- podía plasmarse en el tipo de trabajo periodístico que hacíamos. Logramos recibir un salario por escribir aquello que veíamos. Sin embargo, a fines de los 90, cuando la brecha entre lo que se veía y se podía escribir comenzó a tornarse insoportable, producto de la decadencia de los medios comerciales y sus brutales condiciones de producción, nos encontrábamos en la peor ubicación. Esto es, convertidos en jefes de un ejército de autómatas o cínicos. Nos quedaba, entonces, una de dos: quejarnos o salvarnos. Saltamos del Titanic, abrazados al madero de nuestras convicciones. Y aquí estamos, vivitos y coleando.
Contadnos la trayectoria de la experiencia de lavaca
lavaca comenzó en la mesa del comedor de nuestra casa hace ya cuatro años. Y hoy sigue allí. Todo el resto cambió –nuestra cabeza, nuestro trabajo cotidiano, nuestro humor, nuestras teorías y prácticas- pero ese espíritu inicial no varió. No quisimos y no queremos criar estructuras, sino experiencias. El lema inicial estuvo inspirado en una frase del filósofo John Zerzan: “hacé algo o callate”. Y los primero que hicimos fue callarnos. Dejamos de asistir a las mesas redondas donde se diagnostican los males de la época (hasta el día de hoy seguimos rehuyendo de estos convites), para comenzar a hacer algo, que no sabíamos bien qué era hasta que lo comenzamos a hacer. Lo primero fue tener un espíritu de colectivo. Todos fuimos uno y cualquier ingreso –generado o no por el trabajo común- iba a ser compartido en partes iguales. Esto nos permitió sacarnos la presión de que cada uno libre su batalla por el sustento cotidiano en forma solitaria y soportar acompañado tareas que de otra forma hubieran sido más penosas. Así nos encontró –todavía a tientas, pero unidos- el 19 y 20 y diciembre. Nuestra primera producción “pública” como lavaca fue un informe sobre la historia de cada una de los asesinados en esas jornadas, con la convicción de transformar el número en una biografía. Enviamos por mail la información, anteponiendo un lema que mantenemos hasta hoy: anticopyright. No teníamos noticias del copyleft, así que nos salió esa denominación. Así, cabalgamos los primeros meses de agitación callejera, recorriendo asambleas, tomas de fábricas, piquetes. A los pocos meses, pudimos “abrir” nuestra propia página en Internet (www.lavaca.org), gracias a heredar servidor y herramientas, como canje por otro trabajo. Fue entonces cuando tuvimos que decidir qué haríamos. Y creo que allí fundamos la base más sólida de lo que somos hoy. Nos impusimos hacer sólo crónicas o reportajes. Y nunca escribir las típicas columnas de opinión. Esto nos obligaba a estar siempre en contacto con los protagonistas de los hechos. Fue una decisión consciente. Es decir, sabíamos que estaba naciendo algo nuevo y que todo lo que podíamos escribir nosotros era viejo. Debíamos, simplemente, registrar lo que estaba pasando. Y para eso, por cuestiones de disponibilidad, tiempo, recursos, teníamos que elegir muy bien qué no hacer. Había tanto para contar, que era imposible registrarlo todo. Fue entonces donde tuvimos que tomar la segunda decisión vital: qué temas registrar. Nos propusimos seguir determinados temas, y así lo mantuvimos desde hace cuatro años. Nos propusimos “actualizar” la página semanalmente. Y así lo hacemos desde hace cuatro años. El resultado es un método de trabajo que, sin saberlo, fundamos en esa mesa de comedor: lavaca es una colecta de recursos humanos. Lo sabemos ahora, cuando hay una necesidad concreta y pensamos entonces qué se necesita y quién lo puede hacer. Ya no se trata de escribir notas –cosa que seguimos haciendo- sino de crear lazos de comunicación. Pero eso lo sabemos ahora, después de mirar para atrás y ver lo que hicimos. Y de mirar para adelante y ver todo lo que nos falta hacer.
Ni representar ni opinar: hablábamos en Buenos Aires de que la consigna que explica mejor la intervención política y comunicativa de lavaca es «acompañar y aportar» a los movimientos sociales, ¿qué significa eso? ¿cómo se concreta? ¿qué aporta lavaca a los movimientos sociales?
Quisiera compartir primero –aunque de la lata- nuestra pequeña percepción de la comunicación en estos días. Nuestra experiencia es muy modesta y no pretende dictar cátedra sobre nada. Es un punto de vista que interpreta lo que nos ha tocado vivir. Y no sólo referido a la comunicación, sino a la época. Si aseguramos que está en crisis el sistema de representación –como es evidente en una Argentina en donde un Presidente asume con el 14 por ciento de los votos mientras la gente en la calle grita “que se vayan todos”- el periodismo, tal como estaba planteado hasta fines de los 90, se terminó. Hagámonos cargo de la parte que nos toca: lo matamos nosotros, los periodistas profesionales. No fue ni la concentración ni las corporaciones. El medio no es el mensaje: el mensaje es el mensaje y lo escribe cada periodista, que elige ser obediente o no, según le convenga. El problema es que agachamos la cabeza en una época hostil para ser conservador. La tecnología revolucionó los canales, las audiencias se cansaron de escuchar estupideces y comenzaron a aprovechar el viento a favor para convertirse en productores de mensajes cada vez más creativos. Los periodistas pasamos a ser los que se quedan sentados criticando mientras otros se divierten. La comunicación es una fiesta callejera y es un velorio en las redacciones. Hecha la autopsia, a quienes ya no sabemos hacer otra cosa útil, nos queda reflexionar. ¿Qué podemos hacer ahora? Estamos en una época fantástica, plena de novedades, de partos, de invenciones. Eso, de ninguna manera, puede ser malo para nosotros si nos colocamos en el lugar correcto. Elegimos, entonces, salir del medio.
Luego, elegimos dónde colocarnos. Y fue atrás. Corremos detrás de los que están creando un futuro que nos resulta siempre más interesante del que nosotros hubiésemos sido capaz de imaginar. Y desde la trinchera de la retaguardia, hacemos lo que podemos. En primer lugar, la intención es que cada quien pueda manejar los dos o tres trucos a los que ha quedado reducida la técnica periodística hoy. Doy ejemplos, para ser más clara. Con el MTD de Solano aprendimos a enseñar a enviar mails colgados desde un teléfono público, con una vieja computadora colocada arriba de una mesa destartalada en plena calle y la fila de mujeres, hombres y niños esperando turno en el teclado para pulsar enter. Fue casi un año, todos los sábados, luego del cual obtuvimos una página web que ellos aprendieron a autoeditar antes que nosotros (literalmente: nos habíamos propuesto no tocar nosotros el teclado durante esos talleres). Luego, ya más duchos, repetimos la experiencia con uno de los dos movimientos de fábricas recuperadas. Esta vez montar la página web nos llevó solo dos meses de entrenamiento. A esta altura, los talleres de redacción que compartimos con los movimientos son para nosotros verdaderas ceremonias. Hacemos una ronda, nos dedicamos a escuchar y cuando sentimos (realmente es un sentimiento) que captamos la música y la letra, elaboramos un borrador que leemos en voz alta. El resultado es una gacetilla o un documento que sólo si el grupo se lo apropia sabemos que ha sido el correcto.
En estos últimos tiempos, cuando comenzamos a trabajar el tema de las presas políticas, (vendedoras ambulantes y mujeres en situación de prostitución detenidas por participar de protestas sociales) nos metimos en algo de una profundidad que aún nos cuesta analizar las consecuencias. La más importante es la que nos está dejando la experiencia de acompañar a las presas. Desde hace un año, vamos a visitarlas todas las semanas. Al principio, grabamos entrevistas y fotos como una forma de sacar de la prisión su voces y sus caras. Editamos una revista junto al Colectivo Situaciones –al que invitamos especialmente para que nos acompañe en esta experiencia- y se la entregamos a las organizaciones y familiares con el fin de que recauden algo de dinero. En esa revista decidimos contar las historias de las mujeres presas. Pero unas estaban en la prisión de Ezeiza, detenidas por manifestarse en la Capital Federal. Dos son mujeres en estado de prostitución y una, vendedora ambulante. Y las otras estaban a dos mil kilómetros de distancia, en la Patagonia, detenidas por reclamar trabajo ocupando una planta petrolera. No se conocían entre ellas, por supuesto, pero a partir de la publicación comenzaron a escribirse de penal a penal. Las tres mujeres de la Patagonia lograron salir de prisión luego de ocho meses. Y las otras tres al día de hoy siguen presas. Pues bien: al día siguiente de ser liberada, una de ellas consiguió viajar a Buenos Aires para visitar a las que continuaban tras las rejas. Acompañarla a esa visita al penal fue comprobar hasta dónde habíamos logrado tejer una red de comprensión y solidaridad para nosotros inimaginable. Se trataron como lo que eran: compañeras de toda una vida de lucha.
Ir a la cárcel fue convirtiéndose en un acto de comunicación para nosotros prioritario. Les llevamos cuadernos y lapiceras, libros, recortes, fotos, cuentos, noticias. Y sacamos de allí cartas, grabaciones, pedidos, encargues. De todo el material hacemos copias para que cualquier organización la utilice en actos de difusión de la situación de los presos. Así fue, por ejemplo, que las fotos se convirtieron en afiches que ya ni sabemos quién los hace y hasta ilustraron notas en periódicos comerciales.
Lentamente, nuestra misión de comunicación derivó en mediar entre las diferentes organizaciones que trabajan en la campaña por este tema. Desde conectar a abogados de diferentes organismos de derechos humanos hasta coordinar las reuniones donde se elaboran las distintas acciones de reclamo por la liberación. Hace poco, por ejemplo, se cumplió el año de las detenciones de los 15 presos y presas por manifestar en la Legislatura porteña y nuestra tarea fue coordinar la organización de una jornada en el Obelisco, con músicos, actores, movimientos, colectivos de arte. Sólo uno de nosotros se dedicó a escribir una crónica para subir a nuestra página. El resto estuvo abocado a conseguir un camión para trasladar el escenario, ordenar la rutina de los músicos, distribuir los puestos de la feria y lograr que desde el teléfono celular se escuchara la voz de las presas que hablaron en directo con todos los que allí estaban. Ese fue para nosotros el momento más importante de nuestro trabajo: sostener un micrófono delante de un celular para que se escuche la voz de una prisionera. No encuentro una mejor manera de ilustrar lo que significa ahora para nosotros nuestro rol.
Mientras el ruido y la mera virtualidad limitan la potencia de herramientas comunicativas como Indymedia, otra cosa importante en vuestra experiencia es que «ponéis el cuerpo» a la hora de hacer comunicación. ¿Qué aporta esto a vuestro acompañamiento de los movimientos sociales?
A nosotros nos aporta mucho. No estoy segura de que a los movimientos le signifique tanto. Poner el cuerpo es básico y sin eso no hay posibilidad de cambio en la comunicación. No existe ninguna posibilidad de utilizar la tecnología a favor de una sociedad distinta si no se pone el cuerpo en el territorio donde se libra la batalla por ese cambio. Podría dar muchas explicaciones para justificar esta posición. Pero dos son prioritarias. En principio, aprendimos de la experiencia de las Madres –a las que debemos tanto- que el miedo se cura con los pies. Y el miedo es un arma contra la cual, en estos tiempos, es necesario luchar todos los días. Caminar junto a otro es lo único que nos quita de encima la pistola que nos pone en la sien la noticia del día. Salir a la calle es ponerse en contacto con la verdad, sea cual sea: buena o mala. Pero también, para quienes estamos condenados a librar esa batalla en zonas urbanas, poner el cuerpo es convertir en territorio la propia experiencia. Esto es lo que crearon los Sin Tierra de Brasil: el concepto de territorio como espacio mental. Hay un lugar donde nadie puede mandar si otro no obedece. Y ese es el espacio a conquistar: nuestra propia cabeza. No es tan sencillo, porque allí se ha librado una batalla cultural de la que seguimos prisioneros, aún cuando no queramos. Movernos es entonces el primer paso para mudar perspectivas, intentar zafarnos de las cadenas que nos sujetan a la clase, al sexo, a la cultura, a la moral a la que nos ataron. Poner el cuerpo es lo que nos permite establecer un contacto humano, real, sin el cual no hay comunicación verdadera.
Nosotros, que somos para muchos tan sólo una página web, para los movimientos junto a los cuales trabajamos somos personas con nombres, carne, defectos, a las que pueden insultar o abrazar, como tantas veces han hecho. Entendemos lo virtual como un mero megáfono que amplifica alguno de los muchos mensajes que necesitamos dar, pero también como una rendición de cuentas: si saben quiénes somos es también por lo que escribimos.
No sois una «agencia de comunicación de los movimientos sociales» ni pretendéis que lavaca.org represente a todas las experiencias políticas argentinas: decididamente hacéis «comunicación de parte», con ejes concretos de trabajo, ¿no es cierto? ¿Qué reflexión os lleva a decidir a qué experiencias acompañáis?
En parte tomamos la decisión teniendo en cuenta qué temas garantizamos dar continuidad. Pero también es importante qué temas no van a ser abordados por los demás. Y esto incluye a los propios medios que se denominan a sí mismos alternativos. Un ejemplo es el de las fábricas recuperadas. Al día de hoy, salvo cuando se produce un hecho violento –como un desalojo-, no fue un tema de seguimiento por parte de ningún medio. Hay mucho del ideario de la izquierda tradicional que conspiró en contra de este movimiento. Al no saber cómo clasificarlo y al no poder controlarlo, lo dejó a un lado. A nosotros nos interesó, sobre todo, el cambio subjetivo que podía producir en un obrero tradicional controlar los medios de producción. ¡Nada menos! Y registrar esos cambios implicaba un trabajo sostenido y continuo en el tiempo. El tema de las presas políticas es otra decisión que implicó, cuanto menos, seguirlo hasta que se obtuviera la libertad. Y esto nos está llevando ya un largo año. Por supuesto que cuando comenzamos no sabíamos cuánto iban a estar detenidos, pero teníamos la intuición –por no decir la convicción- de que no iba a ser por poco tiempo.
Si otro medio hubiera garantizado comunicar sobre estos temas, sin duda no hubiésemos seguido con ellos. Decidimos no competir, sino convivir y sabemos que hay quienes por acceso a la información, afinidad o interés pueden informar sobre ciertos temas mejor que nosotros. Un ejemplo es la información sobre pueblos originarios que realiza Indymedia argentina, un tema que por supuesto nos interesa pero que en lavaca no vas a encontrar simplemente porque otros lo hace mejor que nosotros. Tampoco tenemos buena información internacional, por ejemplo. No pretendemos darle a nuestros lectores la idea equivocada de que podemos informarlo acerca de todo. Simplemente porque es mentira: no podemos.
¿Qué experiencias acompañáis ahora?
-Estamos trabajando muy de cerca con las mujeres de Ammar Capital, una organización de mujeres en estado de prostitución que tiene dos de sus integrantes detenidas. Comenzamos por allí –por las presas- y así llegamos al hoy, donde una vez por mes participamos de un taller que pedimos que coordine el Colectivo Situaciones, donde hablamos del miedo, del sexo, de la calle, de la represión. Invitamos también a participar de ese encuentro a las mujeres del MTD de Solano. Y como una cosa lleva a la otra, en estos días estamos saliendo de viaje a Bolivia con una de las integrantes de Ammar y otra de Solano para conversar con mujeres de organizaciones sociales de Cochabamba y La Paz. Una escritora y militante amiga, Marina Sitrin, juntó peso por peso el dinero de los pasajes y los amigos y amigas bolivianos nos garantizan el resto: contactos, hospedaje, comida y charla durante una semana. Veremos qué nos traemos de allí, pero ya fue interesante la experiencia de preparar con todas las mujeres de Ammar las preguntas para llevarnos al viaje.
Seguimos trabajando con las fábricas y empresas recuperadas. Estamos tratando de que la Clínica IMEC tenga su propia página web, porque así lo quisieron ellos en una asamblea, y estamos en plena tarea de entrenarlos en la autoedición. También colaborando con el Hotel Bauen, que está siendo todas las semanas amenazado con un desalojo, y quieren en los próximos días organizar un festival en la puerta, en pleno Corrientes y Callao.
Seguimos, por cuestiones casi personales, el juicio por el asesinato de Darío y Maxi, dos muchachos asesinados el 26 de junio de 2002 en Puente Avellaneda. Fue un caso por el que hicimos mucho en su momento y para el año, colaboramos en la edición del libro que sobre el tema escribieron los integrantes del movimiento (si hay un error es culpa nuestra porque hicimos el editing) y ahora que se llegó a una instancia como el juicio oral queremos seguir de cerca lo que allí suceda, no porque creamos en la ceremonia judicial, sino por el registro que nos pueda dejar en la memoria escuchar los testimonios de funcionarios y policías en directo. Las jornadas del juicio son, la mayoría de las veces, de hasta 12 horas, así que no podemos garantizar ir a todas, pero al menos una vez por semana estamos cumpliendo con lo que nos propusimos: estar allí para contarlo.
-Otra cosa que me impresionó de vuestro trabajo es la temporalidad que lucháis por establecer: frente a la amnesia que producen los medios oficiales (descontextualización, superficialidad, espectáculo) y la dispersión habitual de los medios alternativos, vuestra apuesta es «acompañar sostenidamente» a las nuevas experiencias de contrapoder.
Lo nuevo, pensamos, necesita tiempo. La verdad, creemos, necesita tiempo. Pero nuestras crónicas, muchas veces, son urgentes. Se escriben en pocas horas. Lo cual deja mucho margen para el error, para la mirada prejuiciosa, para la inexactitud. Decidimos, entonces, que teníamos que escribir sobre aquellos procesos a los que pudiésemos dedicarle un tiempo de seguimiento, de registro de su evolución. No voy a negarte que hubo mucho de personal en la elección. Aquellas cosas que nos entusiasmaban más fueron las que decidimos seguir más de cerca. No escribimos, entonces, sobre las asambleas barriales, pero sí sobre las fábricas recuperadas, por ejemplo, en principio porque nos conmovió compartir con los obreros situaciones como resistir un desalojo, enfrentar a la policía, ver llorar con mocos a hombres cincuentones porque no podían regresar a sus casas sin nada, verlos reír con mocos porque se ponía en marcha la máquina, cosas que se parecían mucho a registrar pequeñas revoluciones que nos transformaban. Fue un aprendizaje duro, porque estábamos acostumbrados a la impunidad del cronista que va, mira, escribe y no regresa jamás a escuchar lo que dicen los protagonistas de aquello que escribió. Bueno: nosotros volvíamos. Y no siempre nos esperaban con un halago. Con el tiempo, compensamos los errores de nuestra soberbia con la paciencia: nos veían ahí, otra vez y otra vez y la siguiente. Podíamos parecerles torpes, pero al menos éramos persistentes.
Esa continuidad marcó nuestro destino, en todo sentido. Es así desde el principio. Esto hasta ahora nos ha permitido seguir produciendo, así que se ha convertido en un motor que al comienzo, en plena ebullición, parecía hacernos mover lento pero que ahora, cuando ha bajado tanto la producción de información independiente, nos hace producir más, incluso, de lo que un mortal interesado puede llegar a digerir en una semana. En estos últimos meses hemos tenido que fijarnos cuántas notas subir a la página por semana, porque estábamos atragantándonos con información. Tratamos de cuidar ese aspecto de la comunicación: sobre qué vamos a conversar con nuestros lectores esta semana. Son para nosotros mensajes importantes, aún cuando no sepamos a cuántos le importen. Por suerte, hasta ahora el interés no ha decaído y desde que tenemos memoria no ha parado de subir en contador de visitas, así que por el momento no tenemos registro de cuál será nuestro techo. Aunque sabemos que llegará y estamos preparándonos para registrarlo.
¿Cómo trabaja lavaca la relación con los media oficiales?
Estamos convencidos de que no hay que trabajar para “salir en los medios”, aunque siempre nos encontramos con que esa es la primera necesidad que plantean los movimientos. Así que generalmente, cuando se comienza a planificar una acción, escuchamos cosas tales como a qué horario conviene hacerla para que llegue la TV o quién tiene contactos para convocar a la prensa, incluso la alternativa. Tenemos un número montado como respuestas. Hace un tiempo, una revista de actualidad publicó en su portada la foto de la esposa de un dirigente piquetero. La mujer posaba en la foto con una remera muy sexy. Tenía una falda corta y la toma se le había hecho de forma tal que se le veía la bombacha (las bragas para ustedes). Bueno: para salir en los medios tenés que estar dispuesto a mostrar la bombacha… de tu mujer. Es decir, para tener un espacio allí hay que estar dispuesto a deformarse de tal manera que hay que plantearse si vale la pena (tomando esta frase literalmente) comunicar algo así, abierto de piernas impúdicamente.
Pero como aún cuando creamos que esta es una condición necesaria de la producción comercial de la noticia, el hecho de que los movimientos todavía le den importancia a la comunicación mediática de sus problemáticas nos ha obligado a dar una respuesta eficaz, sin caer en esas bajezas. Inventamos entonces los talleres de contrainformación. Se trata, entonces, de garantizar que un evento puntual sea “cubierto” a la manera de una agencia de noticias. Realizamos la convocatoria (en general, a periodistas profesionales o estudiantes de comunicación), repartimos las tareas (cada uno elige la nota que quiere hacer) y armamos una red de distribución del material que esa “agencia” creada por uno o dos días produce. La red puede incluir desde foros, páginas web, listas de mails o reenvíos a los contactos personales. El día del evento fijamos un horario de “cierre” y nos sentamos a esperar que lleguen las notas. Increíblemente, llegan. La única condición que ponemos es que sean crónicas o reportajes. No las editamos. Salen como vienen, salvo que haya errores ortográficos o de nombres propios (y siempre que nosotros los notemos). Hemos llegado a recibir 80 notas o 7, según el evento, lo que implica que han trabajado docenas de gente sin más interés que contar que lo vieron. La parte más interesante es cuando logramos que más de una persona escriba sobre el mismo hecho. Es interesante comprobar como a pesar de haber estado en el mismo lugar y esforzarse por escribir en un formato tan tradicional como un cable informativo, las perspectivas son absolutamente diferentes. Para el final, convocamos a una reunión de balance junto a los organizadores del hecho. Hasta ahora solo hemos recibido aplausos y agradecimientos. Y la comprobación de que, cuando hay tanta producción hay también presión de difusión… la noticia termina incluso apareciendo hasta en los medios comerciales.
El segundo paso es conversar con los movimientos sobre estas experiencias. Analizar si el mensaje llegó a dónde querían que llegue. Y cómo. Ahí es donde aparece entonces la necesidad clara de establecer otra forma de contacto, que sin duda da más trabajo pero que es parte de la construcción de otra manera de relacionarse. No es la publicación de una noticia sino la creación de un vínculo lo que garantiza la comunicación. Y sin bien es cierto que esto no es fácil, hay algo que aprendimos junto a los trabajadores desocupados: el principal recurso de los que no tienen otra cosa es el tiempo. Porque el tiempo es nuestro.
(c) Amador Fernández-Savater. Se permite la reproducción de este texto por cualquier medio siempre y cuando sea sin ánimo de lucro y esta nota se mantenga.

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 1

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La nueva serie documental de lavaca: El mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Dirigida por Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes.

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir.

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Cuatro años de in-justicia por el femicidio de Carla Soggiu       

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En la Plaza de la Memoria de Pompeya, junto a vecinos, vecinas, otras familias víctimas de femicidios y organismos de derechos humanos del barrio, se recordó este domingo a Carla Soggiu frente al mural que hizo el barrio, a cuatro años del femicidio. Estuvo presente Alfredo Soggiu (foto) el padre de Carla. Sin culpables por el crimen, y sin siquiera un fiscal que lleve adelante la causa, la familia se transformó en querellante e impulsa que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía protegerla. El ex marido de Carla fue acusado por violación, pero el crimen sigue impune. La idea sobre quién cuida a lxs vecinxs.  

El acto en la Plaza de la Memoria de Pompeya (fotos: Ailín Soria)

“A pesar de que pasaron cuatro años cada día siento más injusta su partida, que le hayan quitado la vida. Tanto su pareja, como el gobierno de la Ciudad, como la justicia, todos la mataron un poco a mi hija”. 

Alfredo, papá de Carla Soggiu, está parado en la Plaza de la Memoria del barrio porteño de Pompeya, a cuadras de donde su hija murió. Desde ahí habla. Frente a él vecinos y vecinas que escuchan; a su lado, familiares de otras víctimas de femicidios; y en su espalda, el mural desde donde su hija mira al barrio junto a letras negras que dicen: verdad y justicia. 

Ni botón ni GPS

El 15 de enero de 2019, cuatro años atrás, Carla Soggiu pidió ayuda 5 veces apretando el botón antipánico que tenía después de haber denunciado a su pareja. Pese a que el sistema contaba con ubicación GPS, la empresa no pudo ubicarla. Carla estuvo desaparecida hasta que un barrendero encontró su cuerpo en el riachuelo. Según la autopsia, murió por “asfixia mecánica por sumersión”. 

Ella tenía un botón antipánico porque días antes, el 26 de diciembre de 2018, su ex pareja, Sergio Nicolás Fuentes, la secuestró, violó y golpeó brutalmente, con su hija menor como testigo. Carla tenía hidrocefalia, los golpes destrozaron la válvula. Cuando logró huir lo denunció ante la la Oficina de Violencia Doméstica, y le dieron el botón antipánico que días después no la protegió.  

Con el Poder Judicial en contra

Sergio Nicolás Fuentes fue condenado por la violación a seis años de prisión, pero la causa por el femicidio fue archivada, cuando la familia se enteró ya había pasado un año.

Pidieron entonces que la justicia porteña investigue por qué no funcionó el botón antipánico: el fiscal de primera instancia archivó el pedido.

Apelaron, el fiscal de Cámara también lo archivó.

Fue cuando alegaron que la Ley de Víctimas autoriza que se abra la investigación sin asistencia de un fiscal, y así lograron que se los acepte como querellantes.

En ese punto están ahora, sin fiscal el impulso de la causa depende de la familia. El objetivo es que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía proteger a Carla.  

Dice Alfredo, papá de Carla: “Después de tanto tiempo de lucha, con el acompañamiento de un montón de gente incondicional, recién logramos meter una causa contra uno de los asesinos de mi hija. Más que nunca necesitamos el acompañamiento de todos, que nos ayuden a caminar. Por mis nietos, por mi señora, también por mí. Lo necesito, que me acompañen”. 

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial que intenta garantizar impunidad en lugar de justicia. Susana explica: “Las familias sentimos mucha impotencia, esto no tiene que pasar más. Tenemos que luchar y acompañarnos porque es lo que nos hace fuertes”. Susana se detiene para nombrar a Roxana, mamá de Carla Soggiu que no está presente, se quedó cuidando a sus dos nietos, hijes de Carla, que hoy tienen 6 y 8 años. Sigue: “Nuestras hijas no pueden volver a la vida pero queremos que descansen en paz, y lo van a hacer cuando haya justicia”. 

Daniel (en el centro), y Susana, rodean a Alfredo, el padre de Carla Soggiu. (Fotos: Ailín Soria).

Vecinos cuidándose

Vecinos y vecinas del barrio forman un semicírculo para escuchar. Entre ellos están presentes los integrantes del Instituto de la Memoria de Pompeya, responsables de cuidar y crear la Plaza de la Memoria donde ocurre este ritual de abrazo hacia la familia. Además del de Carla hay murales dedicados a Ezequiel Demonty (el joven asesinado por la Policía en el Riachuelo), por la Noche de los Lápices, por Hebe de Bonafini, entre otros.

“La lucha se sostiene con amor, con alegría y con memoria”, dice Alberto, integrante del espacio, y cuenta que fue en 2006 cuando se propusieron visibilizar a les desaparecides del barrio, crearon la plaza, y empezaron a marchar juntos.

Pronto se dieron cuenta de cómo aparece la violencia institucional y estatal hoy, dice: “A veces reflota en estas formas: femicidios, travesticidios, desaparición de jóvenes en situación de calle. Los únicos que nos cuidamos somos los vecinos a los vecinos”. 

Luego, la foto de Carla se levanta alto y se grita presente, con su sonrisa y su mirada desde la pared.

Fotos: Ailín Soria.
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