#NiUnaMás
Justicia por Lucía Pérez: un pedido de la familia para terminar con la “negliglencia jurídica estatal”
Pasaron cuarenta y cinco días desde que la Sala IV de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires resolvió anular el fallo que dejó impune el femicidio de Lucía Pérez. Aunque el tribunal resolvió que se realice un nuevo juicio “con la premura que el caso amerita” uno de los acusados, Juan Pablo Offidani, aún no está notificado. Marta Montero y Guillermo Pérez, madre y padre de Lucía, brindaron una conferencia virtual en la que exigieron el fin de la negligencia jurídica estatal. Los tiempos irregulares de la justicia, el Estado ausente, y el pedido de un nuevo juicio fuera de Mar del Plata a días de cumplirse cuatro años del asesinato.

“Nos sentimos nuevamente violentados. Es vergonzoso el atropello que hay a las familias, a las víctimas, la falta de consideración. La justicia es una máquina de destruir a la gente, de darte golpes para que bajes la guardia, pero lejos estamos de hacerlo, cada vez ponemos la guardia más alta”, dijo Marta Montero, mamá de Lucía en la conferencia en la que junto a Guillermo Pérez, pidieron el fin de la negligencia jurídica estatal.
“Queremos un juicio a la brevedad como dijo la sentencia de Casación, no queremos un juicio dentro de dos años. No creo que estos tiempos sean la brevedad si después de 45 días Offidani no fue notificado”, sostuvo el papá de Lucía.
El tiempo irregular
El 8 de octubre de 2016 Matías Farías, 23 años, y Juan Pablo Offidani, 41 años, la llevaron a la sala de salud de Playa Serena: llegó muerta. Los apresaron un día después. El tercer detenido fue Alejandro Maciel, 61 años, acusado de encubrimiento agravado por ayudar al lavado del cuerpo muerto. En el juicio oral, Farías y Offidani fueron condenados a ocho años de prisión y una multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Maciel fue sobreseído y quedó en libertad. El sitio marplatense 0223 informó que murió semanas atrás por un cáncer de pulmón. Ninguno de los tres fue condenado por el femicidio de Lucía.
El 12 de agosto de este año el tribunal compuesto por los jueces Carlos Natiello, Mario Eduardo Kohan y Fernando Luis María Mancini de la Sala IV de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires resolvió anular el fallo. Matías Farías apeló esta decisión, pero la familia de Lucía se enteró, mediante el fiscal de Casación Dr. Carlos Altuve, que Offidani aún no está notificado.
“Esto significa que se sigue retrasando todo, los tiempos corren cuando se notifica a la defensa”, dice a lavaca Marta Montero, “esto funciona así, que ellos hayan tropezado con nosotros y nosotros le demos pelea es otra cosa. Para ellos es normal esta irregularidad, pero para nosotros no es normal”.
Las preguntas que quedan
En la conferencia virtuak brindada por la familia de Lucía Pérez su madre se preguntó: “¿Qué pasa con el sistema bonaerense de justicia? ¿Qué desprolijidad es la que hay? ¿Qué privilegios tiene Offidani? ¿Se están riendo una vez más de nosotros en la cara?”.
Las respuestas se buscan a días de que se cumplan cuatro años del femicidio de Lucía, y aún a la espera de que se haga justicia. “Para nosotros hoy fue un golpe más como todos los que hemos sufrido con esta justicia. Es vergonzoso, muy triste y doloroso”.
Guillermo Pérez: “Basta de atropello judicial. Estamos cansados, siempre con palos en las ruedas, esto se tiene que terminar”.
Marta Montero: “Ya mataron a Lucia y el Estado no estuvo presente. Esta gente vendía drogas en la puerta del colegio y el Estado nunca lo vio. No estuvo ahí y tampoco está ahora. ¿Qué pasa?, ¿Dónde están los derechos de Lucia?, ¿Dónde están los derechos de la familia de Lucía? Una vez más la justicia es clasista, colonial y perversa”.
El juicio que viene
En vísperas de un nuevo aniversario del femicidio no hay aún fecha del nuevo juicio por el asesinato de Lucía Pérez. Su familia exige que no se haga en Mar del Plata donde su madre denuncia que la impunidad está enquistada.
“El juicio de Lucía se va a hacer con fiscales y jueces con perspectiva de género, con gente acorde a la situación que vivimos», sostuvo. «Los derechos de Lucía y de nuestra familia no se vulneran más. Y de tantas Lucías que mataron y no tienen justicia”.
–¿Qué respuesta reciben frente al pedido de que el juicio se realice en otro lado?
-Nos dicen que no se puede, pero nosotras las mujeres sabemos por dónde ir. El juicio no se va a hacer en Mar del Plata, se va a hacer con fiscales y jueces con perspectiva de género. Nos dicen que no y lejos de achicarnos, nos duplicamos peor. Acá no hay una, acá somos todas, la lucha es de todas. El juicio no se va a hacer acá porque acá esta enquistado.
–¿Qué se está exigiendo en Mar del Plata?
-No vamos a parar hasta conseguir una fiscalía especializada. Estamos pidiendo públicamente una fiscalía. No vamos a permitir más esta violación de nuestros derechos, nunca más nos callaremos la boca como pretenden hacernos callar. Basta.
#NiUnaMás
El 3J porteño: Vamos

Por Claudia Acuña
Fotos: Juan Valeiro
Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.
“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.
Quizá no sea una suerte, pero casi.
Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
#NiUnaMás
El Cordobazo del Ni Una Menos

Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.
Así se hace.
Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.
Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.
Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Con los ojos de Agostina Vega.
Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.
Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.
Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.
Señalando a la justicia, a los femicidas.
Con los ojos de Agostina.
Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.
Con los ojos de Agostina.
Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.
#NiUnaMás
Mujeres mapuche: la resurgencia
Melisa Cabrapan Duarte es cantante, iba a ser diseñadora pero es doctora en Antropología, hija de un militar y una maestra. El crimen de Rafael Nahuel en 2017 la hizo “salir del clóset” y reconocerse como mapuche. Hoy integra la Confederación Mapuche de Neuquén, que enfrenta la invasión del fracking en Vaca Muerta. El concepto de “resurgencia”. Las mujeres mapuche frente al machismo y los abusos internos. El significado de vivir en comunidad. El ambiente y la gente. La construcción de otros horizontes y en qué cosas tener confianza frente a un 3J. Por Sergio Ciancaglini.
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