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La escena del crimen

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En Recoleta no creen que haya habido un atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Frases, lugares, contradicciones y silencios. Los enigmas alrededor de la grieta.  Por Sergio Ciancaglini

Al caminar por Santa Fe para acercarse al lugar del hecho, se pasa por una gran tienda de maquillaje llamada Rouge, por Mamy Blue y Brookfield, por la iglesia San Nicolás de Bari casi tan tradicional como Plata Lappas que está enfrente, y ya doblando por Uruguay hay una iglesia competidora, Ciudad Luz, informando que “compartimos la fe cristiana”. En esa cuadra está Colombraro, casa de plásticos no tan recoleta, como tampoco lo es el inevitable súper chino, en este caso llamado Market. Hay un winter sale de ropa para la infancia, el geriátrico Santa Catalina, la casa Las Motas (making great shoes), un local autopercibido como show room, el colegio Jesús María, Carters Lovers, otra casa que anuncia que we are on sale, el Morning Glory Kindergarten, Baby Cottons y además Rapanui, una especie de iglesia de los helados y chocolates que promocionó involuntariamente Cristina Kirchner hace tiempo y que posiblemente sea de lo poco, junto con el chino, que contiene a ambas orillas de la grieta.

Uruguay y Juncal. La esquina en la que este 1º de septiembre intentaron matar a Cristina Fernández de Kirchner (parto de esa evidencia que gran parte del barrio tiende a desechar denodadamente). En el lugar exacto del atentado hay ahora policías tras una faja en la que se lee: “Escena del Crimen- No pasar”.

La escena del crimen
Foto Lina Etchesuri para lavaca

Policías y movileros

Los policías lucen sus equipos antidisturbios, escudos y borceguíes, salvo un pequeño grupo: llevan la campera y las gorras con las siglas de la Policía Federal Argentina, pero uno de ellos tiene zapatillas Nike blancas sin medias, otro calza jeans rotos, otro zapatillas levemente zaparrastrosas y pañuelo palestino, como si hubiesen ido ataviados para mezclarse subrepticiamente con el lado de acá de la faja, hasta que les cambiaron la consigna.

La policía es apuntada por decenas de cámaras de televisión, mientras el mundo movilero anda nervioso de aquí para allá tratando de descubrir en sus redes neuronales qué cosa decir en la próxima aparición.  

En el anteúltimo piso de esa esquina está el departamento de la vicepresidenta. En el último hay una vecina anti K que colocó una bandera argentina (en algún momento reclamando “justicia independiente”) encima de la cual hoy se ve una azul y amarilla: Ucrania. El edificio, como tantos por allí, no parece tan lujoso, luce más bien despintado y descascarado (podrían ir de Rouge a maquillarlo), pero en la Recoleta tal vez eso debe ser tomado apenas como símbolo de algo más elegante: la pátina del tiempo.  

En esa esquina está la gente que permanentemente acompaña a Cristina, trasladada a Recoleta como un ejercicio de cuidado y de apoyo que ayer no bastó, cuando el lugar se convirtió en la escena del asesinato que no alcanzó a cometerse.

¿Qué ocurre con el resto del vecindario y de quienes frecuentan esas calles? ¿Qué dicen sobre la situación, qué plantean?  

Dos señoras de tapado y anteojos oscuros, a media cuadra del lugar del hecho, prefieren no hablar. De cerca intuyo que son madre e hija. “Es todo muy complicado” dice la supuesta madre con una sonrisa intencionada.

Igual de intencionada pero más clara, otra dama se acerca portando changuito y no se detiene mientras habla. Cuenta que hace 20 años vive en Recoleta y luego va al punto: “Esto es todo un desastre. Se politiza lo judicial, se mezcla todo, se pierde el horizonte de lo que es real y de lo que es manipuleo”. Hasta ahí, la frase podría pronunciarse a ambos lados de la grieta. Pero María se define:

-Lo del atentado fue totalmente manipulado y armado. ¿Para qué? Para victimizarse. Tapar, tapar y tapar la realidad. Ella quiere convencer a la gente de que hay una persecución. Nadie la persigue, es un juicio y punto.   

-Pero quisieron matarla.

-(Me mira casi con lástima) ¿Vos creés eso? ¿Con un arma vieja, con balas que no salían? Algo tiene que haber pasado pero no se sabe. Entonces que se investigue, que se sepa todo.

-¿Si se investiga y se demuestra que hubo un intento de asesinato usted lo aceptaría?

-Es todo un desastre– dice María, que se va con su changuito diciendo que no con la cabeza.

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Foto Lina Etchesuri para lavaca

El amor, el odio y la princesa

Por esa vereda viene una señora que camina con dificultad. Al acercarnos, cruza la calle a una velocidad que emula a Mbappé. Dos pasos más allá, Fernando acaba de comprar algo en un kiosco. Acepta conversar: “¿Cómo no se va a aceptar conversar?”

Esboza su mirada: “Me parece muy raro que alguien que quiera cometer un magnicidio, que no sé sus antecedentes, tenga una pistola Bersa, aunque no sé nada de pistolas, pero que le falte justo una bala para la recámara, y entonces no la podía matar a Cristina. Me parece llamativo”.   

No entiendo el argumento pero Fernando continúa: “Por otro lado hay una relación de espejo del kirchnerismo acusando a la otra pate de promover el odio. Me parece demasiado místico eso de que ellos son el amor, y los demás son el odio”.

Siguiente razonamiento: “La división viene de hace mucho. Como decía el psiquiatra Carl Gustav Jung, hay algo que uno tiene que es la sombra, y la sombra se proyecta sobre el otro”.

-¿Por ejemplo?

-Con el fiscal Nisman hay que ver las barbaridades que dijeron Berni, Fernández y los demás. Pero no se sabe si pudo ser un homicidio. Ahí no hicieron un feriado. Pero para la princesa sí que lo hicieron. Entonces me parece que todo es muy de secta. Tendrían que haber dejado que Larreta ponga las vallas y se hubiera evitado este tipo de intento de asesinato.

Entre Jung, Larreta, y las princesas, el propio Fernando se refiere al hecho como intento de asesinato. Y dice: “Soy un ignorante en cuanto al peronismo, disculpe, pero sé que Cristina denostó al peronismo y ahora lo necesita, y el peronismo la cubre. Esas relaciones simbióticas no son interesantes ni constructivas”.

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Foto Lina Etchesuri para lavaca

Relata que es maestro mayor de obras. Le pregunto si en el antiperonismo puede haber un componente racista: “No, para nada. Yo soy mitad sefaradí, mitad católico, y este es un pueblo de inmigrantes. Estoy de acuerdo eso sí con (Miguel) Pichetto en que no hay que dejar entrar tanta gente de otros países. Voy a Villa Lugano a hacer trabajo y es Bolivia a pleno. Entonces si un argentino quiere que lo atiendan en un hospital en Bolivia, no sé si lo tratan como aquí. Pero hay que cuidar el terruño. Yo no soy racista. Por eso pienso que tienen que venir los japoneses a arreglar todo esto como pasa en Escobar, que es tan floreciente”.

Me cuesta seguir sus ideas, le consulto por Macri: “Yo no sé si es un modelo a seguir. Es un estilo más de negociados, no digo que sean negociados turbios, pero mientras se destruye el mundo y hay cambio climático acá no se hace nada. Es un poco lo que dijo Patricia Bullrich. Te ponés de un lado o del otro pero no podés estar en el medio.

-¿Y usted de qué lado está?- pregunto cada vez más desorientado.

-Acá Larreta puso las vallas, yo no estoy de acuerdo con que las hayan tirado abajo. Pero si pone las vallas, le van a echar la culpa.

-No entiendo.

-Claro, es que nadie entiende. No se sabe de qué lado estar. Fíjese qué pasa con ella. (Cada vez que se habla de ella sin nombrarla, ya se sabe que hablan de ella). Yo tengo muchas dudas. El fiscal hace un alegato contra ella, pero no es una condena. O sea que todo este quilombo es solo por un alegato. Para mí Bullrich tiene que ver con el orden. Donde hay crisis hay oportunidad.

-Bullrich más que ordenada fue violenta cuando le tocó ejercer.

-Yo tendría que investigar lo que usted dice. Si actúa mal, que sea juzgada. No me fanatizo, porque lo fanático remite a una secta, y en la secta se pierde el pensamiento propio.

-Eso es cierto.

-Por eso aparece la grieta, que nos da la oportunidad de eliminarnos unos a otros, y perdemos la posibilidad de crecer. Por eso yo no pienso ni en Perón ni en Macri ni en otra gente, si no en San Martín cuando llegó en barco y decidió no bajar a tierra por la pelea de unitarios contra federales. Eso te muestra que este bolonki viene desde muy lejos.

La bestialidad y lo armado

Por Twitter y whatsapps descubro mensajes de gente del barrio. Uno simula ser de la fábrica de pistolas: “La empresa BERSA quiere dejar claro que sus productos son de primerísima calidad y que no se hace responsable de que el brasileño sea medio pelotudo”. Otro: “Ojalá que el VAR diga que Cristina se adelantó… y lo dejen tirar de nuevo”.

Pasan dos adolescentes que aplican para cualquier casting publicitario. Ella 17, él 16. No quieren fotos ni grabador. Les pregunto qué sintieron al ver un arma apuntando a Cristina Kirchner. Ella sonríe con frialdad. “Es Cristina”. Él completa: “No sentí nada. No me importa”. Con esa inocencia (o no), con esa actitud helada, fueron las únicas personas de esta recorrida, además de los policías de ropaje reversible, que me generaron una especie de escalofrío.

Estela forma parte del lado pudiente de la sociedad. Llegó desde Olivos por una consulta médica, y quería mirar con cierta curiosidad lo que ocurre en Recoleta. “Tengo mucha tristeza, indignación, impotencia. Es inusitada la cantidad de chicos y familias que se van del país. Se fue mi hijo a Italia. En Ezeiza vi gente que se iba hasta con las mascotas. Lo que pasó con Cristina es una bestialidad, no comulgo con la violencia. Pero querer atribuirle todo al discurso del odio, que me parece una etiqueta, es raro. Porque hablan de odio los que también fomentan el odio. Y del otro lado pasa lo mismo. Entonces no pueden atribuirse altura moral para decir que el resto hace discursos del odio”.

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Foto Lina Etchesuri para lavaca

Ideas alrededor de la grieta. “Hay sindicalistas y políticos millonarios a costa de un pueblo hambreado, a costa de nuestros impuestos”. Le digo que el sector empresario suele ser el más subsidiado. “Claro, tenemos los sindicalistas que tenemos porque tenemos los empresarios que tenemos. Y entre todos cagan a los trabajadores. En el medio hay una franja que quiere vivir tranquila, una clase alta que vive con todos sus chanchullos, y en gente pobre que sigue a determinadas personas porque les dan de comer, y no los encuentro culpables a ellos, sino a los que viven de ellos”.

Explica Estela: “La señora que trabaja en casa y en varias casas de Olivos vive en Guernica. Y donde ella vive le dicen: ‘pelotuda, paraguaya de mierda, para qué vas a laburar en vez de cobrar planes’. Incluso le mataron el perro”. Nota que la miro con incredulidad y sigue: “Me cuenta que hay trabajo pero todos prefieren estar con el plan todo el día tomando cerveza. En cambio esta señora quiere salir sin esperar que le vengan a dar planes” aclara esta señora que se presenta como docente de Boulogne, que trabaja en un comedor de una parroquia católica, y que votó a Massa hace unos años, “cuando decía que iba a borrar a los ñoquis de La Cámpora”.   

Carlos viene con su bastón. Me dice incluso su dirección y departamento como para mostrar que no teme a sus 90 años: “Lo de Cristina fue totalmente armado. Como puede ser que llegue ahí un tipo que a los 10 minutos le conocían toda la biografía. ¿Son boludos?” Le digo que nunca hay que subestimar eso. Cuenta que hace mucho vive en el barrio, y se emociona recordando a su esposa. Dice que siempre fue radical, pero que su hijo mayor es de derecha: “Le tendría que romper la cabeza”. Agrega: “De los dos lados de la grieta son unos hijos de puta. Te imaginás lo que pienso de los peronistas, pero Macri también. Él, el padre y los que los rodean. Pero bueno, sigo caminando y no te distraigo más”.  

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Foto Lina Etchesuri para lavaca

Entre el aborto y Evita

Pasa una pareja joven. Lucía e Ignacio son turistas uruguayos. “Acá accedemos a cosas que allá no podríamos comprar” reconocen por la diferencia del dólar. El jueves supieron que algo raro pasaba en una cervecería: “Unos gurises se pusieron a gritar. ‘¡mañana es feriado!’ Y todos celebraban. Preguntamos por qué, y dijeron: ‘casi la matan a Cristina, así que no se trabaja’. Decidimos venir a ver” cuentan. “Hay toda una radicalización política. Uruguay siempre es más mesurado, pero igual allí también está creciendo el discurso del odio. Pero esto es una locura” explica Ignacio, que en el caso uruguayo se vuelca por el Frente Amplio. “Es que nosotros estamos viendo lo que pasa con el neoliberalismo. Ya recortaron a cero el presupuesto para la educación, hay mucho retroceso en salud”. Lucía: “Se quiere cuestionar incluso el aborto legal, se manoseó la Constitución con una Ley que manda muchas cosas para atrás, hasta la relación entre propietarios e inquilinos. Ahora pueden echarte de un día para el otro. Esas cosas también son neoliberalismo”.

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Foto Lina Etchesuri para lavaca

Llega otra señora de tapado y un andar que hasta en Recoleta llama la atención por la elegancia. Se llama Celina. Se está acercando a Uruguay y Juncal.

Cuando suponía que iban a propinarme otra dosis de antiperonismo explícito, ella dice:

“Lo que pasó es tremendo. Doloroso. Yo me esperaba cualquier cosa, pero esto supera toda imaginación”.

Se presenta como psicoanalista y poetisa. “Los discursos del odio están arraigados desde el comienzo de nuestra historia, de toda la formación o deformación social y cultural. El odio es algo intrínseco al ser humano, pero cuando alguien está equilibrado, cuando hay autoestima el amor equilibra las violencias internas, las venganzas, las ganas de pelearse. La falta de una educación, de lo cultural, o la malformación de la educación, tiene que ver con una raza política que es la que nos lleva a estos lugares peligrosos”.

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Foto Lina Etchesuri para lavaca

Celina reconoce que de pequeña amó a Evita, contra su familia antiperonista. “Mi padre la sufrió mal. Pero yo me hice peronista convencida de que hay que estar con el pueblo. Cuando llegó Kirchner, y luego Cristina, participé incluso en agrupaciones, cosa que sigo haciendo”. La venida hasta recoleta desde Balvanera fue caminando, sola, y para ver al cardiólogo.

Conociéndolo familiarmente, ¿qué psicoanálisis haría del antiperonismo? “Es una clase que no quiere perder el poder, el ganado, los cereales y la soja. Son dueños de millones de hectáreas que se apropiaron indebidamente muchas veces, y que en muchos casos después vendieron a norteamericanos y europeos. Es una clase que va a emplear todo el odio posible, todos los crímenes posibles, para evitar que el peronismo siga adelante”.

Mira alrededor, ese escenario de público y camarógrafos de un lado y policías del otro, separados por la faja anaranjada que dice Escena del crimen. Celina, que escribió el libro de poemas Punto Cero, imagina: “Espero que todo esto sirva como campaña no querida, pero campaña al fin, para que el año que viene Cristina sea presidenta, que es lo que más deseo”.

¿Pensar así, como una canalización electoral, no es algo que justifica las críticas desde el otro lado de la grieta?

“Van a usar cualquier cosa” dice sin inmutarse. “No me importa. Pero es posible que esto haya movilizado a gente buena no partidaria, a gente que se dé cuenta de que el camino no es el neoliberalismo ni es la derecha”.

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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