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Cuando la plaza desborda

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Una multitud desbordó la Plaza de Mayo en defensa de la democracia, al día siguiente al atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. La conmoción, la ideas sobre el odio y la respuesta de una marcha que recordó qué significa Nunca Más. Memoria, presente y reflexiones sobre cómo bordar un futuro. Por Lucas Pedulla.

El tren repleto, el subte colmado, las estaciones llenas, las miradas que se encuentran, el corazón que late y se siente en el pecho de la persona amiga, compañera, desconocida, que late y se percibe en el abrazo y en una 9 de Julio que se puebla de a poco, esa que Sabrina y Gabriel –40 y 42 años– cruzan hacia Plaza de Mayo, donde compran una bandera argentina a 500 pesos. Ella es docente de primaria, él profe de Historia y Geografía en secundarios, y sobre su hombro viaja Bruno, 3 añitos, que mira las columnas de banderas y de personas sueltas, como ellas, que se van formando a sus espaldas, como gotas que pueblan un mar. Vinieron de Tapiales, partido de La Matanza, y por una razón concreta: “Se cruzó un límite. La discusión tiene que ser política. Hace rato se vienen cruzando límites, y lo que se vio ayer dejó en evidencia lo que se venía gestando”.

Lo que se vio ayer es lo que Sabrina y Gabriel vieron por televisión en una imagen estremecedora para la historia argentina: el momento exacto en el que una persona, que luego la justicia identificaría como Fernando André Sabag Montiel, brasilero de 35 años, gatilló dos veces con una Bersa .32 a centímetros del rostro de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando llegaba a su casa en el barrio porteño de Recoleta. 

“Hay que cuidar la democracia”, dimensiona Sabrina. 

Gabriel suma: “No es menor. Más allá de si actuó solo o es parte de algo más que hasta ahora no se sabe, es un límite. Los mensajes de odio que vienen hace años calan hondo en muchas mentes. Y hay mucha gente que piensa así: no es un loco solitario, lo que pasó es que este tipo tuvo el agregado de hacerlo. Pero los mensajes se siguen viendo ahora, hoy mismo, con gente que duda, siempre anteponiendo algo metapolítico por arriba”.

Gabriel acaricia la cabeza de Bruno, que sigue mirando el mar de abrazos que se va formando a sus espaldas.

Y dice, en la clara interpretación del gesto: “Por eso, hay que poner un freno”.

La memoria, el edificio y el arma

La respuesta es inmediata, de reflejo y memoria, aún con el cuerpo temblando. No son las doce del mediodía y la Plaza de Mayo ya muestra indicios de un viernes que la va a desbordar. Esa memoria es histórica, un pulso de la sociedad argentina que venció la dictadura, explican Alicia y Cristina, de 73 y 70 años, que vienen de Avellaneda. 

Alicia recuerda: “Mi familia vivió cosas horrorosas en dictadura, solo porque éramos pobres. Mi primo desapareció y mi tía lo rescató en Córdoba. Mi padre era ferroviario y veía cómo se llevaban a trabajadores encapuchados. ‘No mires atrás porque podés ser fiambre’, le decían”. Cristina vivía a la vuelta de la sede de la Brigada de Investigaciones de Lanús, el centro clandestino conocido como El Infierno: “Las cosas que pasaban eran terribles”. 

Cuando la plaza desborda
Foto Martina Perosa para lavaca

El silencio de Cristina profundiza lo que no hace falta decir: las torturas, los secuestros, las desapariciones. Por eso, Alicia dice que el atentado la shockeó tanto que no pudo dormir. Cristina: “El odio no se justifica. Lo vemos en el barrio, con el vecino, que nos insulta y nosotras nos tenemos que quedar calladas”. Alicia y el edificio en el que vive: “Hay vecinos macristas que hoy decían: ‘La hubiesen matado’, ‘Eso no es verdad’, ‘es un arma de juguete’. ¿Qué le vas a discutir?”. Cristina pregunta: “¿Cómo frenás ese odio?”.

Magalí y María tienen 32 y 35 años, son amigas, son profesionales de la salud y ambas viven en la ciudad de Buenos Aires. María piensa: “Nuestro país tiene 30 mil desaparecidos, miles de presos políticos, cientos de niños secuestrados por la dictadura. A nuestra Argentina le costó mucha sangre estar en democracia. Y hoy estoy acá por eso”. Magalí tiene una imagen que no se puede sacar de la cabeza: “Me horroriza pensar lo que podría haber pasado si eso funcionaba”. Eso, claro, es el arma, que se repitió en loop por canales y redes, y que genera que ambas cierren los ojos en un suspiro. 

Cuando la plaza desborda
Foto Nacho Yuchark para lavaca

María recuerda otra imagen, del sábado pasado, cuando la vicepresidenta habló en la esquina de su casa, frente a una movilización que por la tarde había sido reprimida: “Ese día bajó del departamento y se paró frente a la multitud. Dije: ‘Wow, que pueda hacer eso es un montón, cualquier otro tendría miedo de que le den un balazo entre ceja y ceja’. Y después pasa esto”. Coincide en la lectura sobre los discursos de odio que se ven en la calle, entre familias, entre amigos: “Disculpame, pero esto es de los medios, que echan leña al fuego y dividen la sociedad. Tienen que hacerse responsables por lo que magnifican”. 

Tienen razón.

Del infarto a la Plaza

Sobre Avenida de Mayo y 9 de Julio, una señora vende banderas de Néstor y Cristina a 500 y 1.000 pesos. Se presenta con una sonrisa: “Me llamo Cristina y mi marido, Néstor”. La coincidencia no sólo la divierte, sino que le realza el pecho. Tiene 61 y es de Florencia Varela, sur del conurbano bonaerense. Cuenta que durante el gobierno de Macri vendía pañuelos amarillos y la corría la policía: “Con el peronismo se puede laburar”. Por eso, remarca, este viernes agarró las banderas y se vino a la calle: “Todos los que recibieron ayuda de Néstor, de Cristina, de Eva Perón que descanse en paz, y de Perón, tienen que estar acá, apoyando, repudiando lo que pasó. Me pareció muy malo lo que pasó, yo como peronista no iría a ponerle una pistola a Macri ni a otro gobierno que esté”. 

A metros se encuentra Graciela, 74 años, de Ciudad Evita, vendedora de pañuelos de Cristina, Néstor y Nunca Más a $300: “Casi me da un infarto anoche cuando vi la tele. Soy cristinista a muerte, la amo, me dio la jubilación a mí y a mi marido, la obra social, todo”.

¿Qué piensa? “La gente está mala, no la entiendo, no sé si es la envidia o qué. ¿Por qué la maldad? No quieren que la gente pobre sea clase media, que pueda salir, quieren aplastarnos y que nos muramos de hambre”. 

En la Plaza de Mayo, ya colmada, Noemí y Leonardo –63 y 58 años– vinieron del barrio porteño de Boedo. “Somos gente mayor que vivió la dictadura –cuenta Noemí–. Mi padre fue exiliado político, sé lo que es la persecución y la proscripción. Hoy hay que defender la democracia”. Leonardo rememora: “Antes eran las botas, ahora son los jueces y los medios. Pero esta Plaza significa que el pueblo responde inmediatamente, como con Santiago Maldonado, como con el 2×1. Y a Cristina la vamos a defender porque, además, es la única que tiene una idea de país desde este lado. Hay que poner un límite”. 

Mara tiene 27 y está sentada sobre el cordón del Cabildo. Trabaja en una fiscalía y revolea los ojos: “Es tremendo ver cómo la justicia y los medios están llevando a la gente a un lugar de odio, de demencia, de ira, cómo fogonean que Cristina es la enemiga máxima que hay que destruir. No quiero pecar de ponerme técnica, pero se ve cómo se flexibiliza y se busca encuadrar en diversos tipos penales como la asociación ilícita, que es súper complejo de probar. Por eso es importante y mostrar repudio: el pueblo no se va a bancar estas cosas”.

El bordado

Son las cuatro de la tarde y la Plaza está colmada. Por Avenida de Mayo ingresan partidos políticos. Por Diagonal Sur, sindicatos. Por Diagonal Norte, movimientos sociales. Desfilan banderas del Sindicato de Prensa de Buenos Aires, de la Unión Obrera Metalúrgica, de La Cámpora, del Evita, de La Dignidad, de la Unión de Trabajadorxs de la Economía Popular, de Barrios de Pie, de la Asociación de Trabajadorxs del Estado, del Frente Popular Darío Santillán, del Movimiento de Trabajadorxs Excluidos. Del. Del. Del.

Y así.

Y así.

El mar que miraba Bruno ya es océano. 

La actriz Alejandra Darín lee un comunicado que concluye: “El pueblo argentino está conmovido, impactado por lo ocurrido, incluyendo a millones que no simpatizan con Cristina ni con el peronismo. En honor a todos nuestros compatriotas es que hacemos este llamamiento a la unidad nacional pero no a cualquier precio: el odio afuera”.

La Plaza desborda en una ceremonia en la que, más acá del documento, no se preveían palcos ni oradores, sino solamente la potencia política del estar, en defensa de la democracia. Con hijes, amigues, familias. Estar, ni más ni menos, y con el abrazo como un hilo transmisor de emociones, sensibilidades, historia, memoria, verdad y justicia.

Eso también transmiten los ojos y las sonrisas amables de Nora y Margarita, ambas de Lomas de Zamora. Nora es docente jubilada y su papá fue perseguido político por la dictadura fusiladora que derrocó a Perón en el 55. Margarita es enfermera jubilada y llegó de Chile en el 75 escapando de la dictadura de Augusto Pinochet, y al año se tuvo que refugiar de la dictadura argentina. Ambas cruzan pasado y presente, con rigor y dulzura.

Nora: “Yo soy peronista, mi marido es radical, pero cuando la patria estuvo en peligro, como con los levantamientos contra Alfonsín, me vine sin banderas. Cuando Perón muere el 1º de julio del 74, Ricardo Balbín dice: ‘Este viejo adversario despide a un amigo’. Hoy hay mucho odio”. Margarita se emociona: “Todos los que estamos acá tenemos historias parecidas porque el ADN nuestro está marcado. Defendemos la democracia porque la hemos vivido: no nos dejaron pensar, nos mataron, nos torturaron, nos desaparecieron. Acá no estamos por nosotras: ya estamos hechas, ya sumamos, restamos, multiplicamos y dividimos. Hicimos todo. Lo que queremos sembrar es por el futuro, nuestros nietos, por vos”. 

Margarita teje, y apela a su práctica: repasa los doce años de Néstor y de Cristina, las jubilaciones, la Asignación Universal por Hijo, la defensa de derechos, la llegada del macrismo. “Tejer un hermoso pulover lleva un largo tiempo, 15 o 20 días, pero desarmarlo lleva dos minutos: tirás del hilo. Es lo que hizo Macri”.

Frente a las imágenes de conmoción, a las banderas de Cristina, los pañuelos de Graciela, la mirada de tres años de Bruno, la Plaza infinita, ¿qué es lo que hay que tejer?

Margarita no duda: “Esperanza y confianza”.

Cuando la plaza desborda
Foto Martina Perosa para lavaca

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




MU 212: El fin de un mundo

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito

Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable. 

FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

La guerra invisible: la Antártida en la mira


Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




MU 212: El fin de un mundo

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

POR LUCAS PEDULLA




MU 212: El fin de un mundo

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

POR CLAUDIA ACUÑA




MU 212: El fin de un mundo

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




MU 212: El fin de un mundo

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

POR FRANCO CIANCAGLINI




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