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La ESMA, del banquillo al banco

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Se postergó por segunda vez el inicio del juicio oral por los delitos cometidos en la ESMA, a raíz de la repentina decisión del Poder Ejecutivo de disponer una nueva integración del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 5.
La fecha próxima no fue dictada, y la espera de justicia abre la polémica.
La ESMA, del banquillo al banco¿Qué significa que el juicio no comience este jueves, como estaba planeado, y su fecha esté nuevamente indefinida? En palabras del comunicado lanzado este martes 17, el directorio del Espacio para la Memoria señala: «Esto implica que tenemos que seguir esperando para que sean juzgados los represores de uno de los más grandes centros clandestinos que funcionó en nuestro país, y que sigan gozando de impunidad. Ya esperamos más de 30 años, no podemos seguir esperando; no queremos seguir esperando. Queremos justicia por todos los compañeros y que las madres y abuelas puedan vivirlo. Necesitamos justicia para poder decir genocida y que no sea sinónimo de impunidad».
El martes 17 de noviembre estaba programada una visita y conferencia de prensa en la Escuela Mecánica de la Armada, ahora ocuapda en parte por la Asociación Madres de Plaza deMayo, en parte por el Espacio para la Memoria. En ese marco y, desde las 11, los medios de comunicación pudieron recorrer guiados por especialistas las instalaciones del campo de concentración. Se abrieron las puertas – y evidencias – de aquel lugar tan tenebroso.
Cartografía del terror
La ESMA, del banquillo al bancoLa ESMA es escalofriantemente grande; las pseudo calles se cuelan entre enormes edificios, cada uno asignado a una función específica de esa máquina de terror.
Ahora, Al fondo de la Enfermería, la Asociación Madres de Plaza de Mayo le pone vida al lugar con su espacio cultural. En el último edificio se alza el Casino de los Oficiales; y para llegar a su zona habremos pasado primero por el edificio de los Automotores – destinado la reparación mecánica de los Falcon sin patente-, la imprenta – donde se emitían documentos falsos-, el llamado Pabellón Coy y la mencionada Enfermería.
Por un costado, tras salir por una puerta lateral del Salon Dorado -hoy sede de la conferencia-, el guía lleva al tumulto de cámaras y libretas a la primera parada: el sótano. Y así anticipa el tono de la recorrida.
Al sótano lo separan no más de 20 escalones de la superficie. Debajo, una especie de galpón vacío se extiende 50 metros. Las separaciones están señaladas por carteles explicativos – al mejor estilo museo – que describe un sitio o transcribe algún testimonio. El primero de ellos, junto al umbral: «Por esta puerta, la mayoría de los desaparecidos fueron trasladados a su destino final».
El sótano funcionó, en efecto, como la principal sala de torturas. Todos los miércoles se renovaban los detenidos, y a aquellos que ya habían pasado por allí los trasladaban hacia Aeroparque. Y luego, historia conocida.
Está conectado mediante escaleras con diferentes arterias del edificio. La famosa Capucha, donde convivían los detenidos, una de ellas.
Otras separaciones distinguen oficinas y la llamada «huevera», donde se producía el material audiovisual para la difusión de la propaganda de la dictadura.
Salimos y el respiro nos dura hasta la nueva orden del guía. «Suban hasta el último piso». Y marchamos.
El primero y el segundo edificio no son parte de la recorrida; los carteles, sin embargo, muestran que allí estaban los dormitorios de los militares, tanto aquellos del Grupo de Tareas como los que trabajaban en la propia Escuela. Allí traían regularmente a sus respectivas familias, y en las escaleras mismas se cruzaban con los encapuchados detenidos. Todos sabían qué estaba pasando allí dentro.
Los pisos están alfombrados, hay lámparas, placards, ventanales y hasta un balcón. Bastante diferente de lo que se verá más arriba.
El tercero piso responde a la simetría propia del edificio: está separado en dos facciones iguales, pero con distintas funciones históricas.
A la izquierda, estaban las «cuchas» – en jerga militar – donde comían, dormían y vivían los detenidos-desaparecidos. Es la famosa Capucha, y se estima que se agrupaban allí alrededor de 100 o 150 personas; tres, en poco más de 2 metros cuadrados.
Las estructuras metálicas que sostienen el techo y el techo a dos aguas mismo son los únicos vestigios de los años siniestros. Los pisos y paredes fueron remodeladas ante una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. Visitar la Capucha, entonces, obliga a desatar la imaginación. No hay elementos que sensibilicen más que la articulación de los propios testimonios, como el que Víctor Basterra – detenido del 79 al 83 y acompañante de la visita- desparrama sobre el lugar: «Nos tenían con grilletes en los pies, maniatados y con una capucha en la cabeza» – de aquí el nombre del lugar -; «Comíamos mate cocido y pan a la mañana; un trozo de carne semi – podrida al mediodía; y la dieta se repetía en merienda y cena».
Sobre uno de los carteles que acompañan un sitio, el testimonio de Lila Pastoriza reza: «Estar en la Capucha: sin movilizarse, sin ver, sin saber quién me amenazaba o golpeaba, sin tener la menor idea sobre mi situación y destino».
Los testimonios coinciden en la suciedad y olor del lugar. Y recuerdan la música de Radio del Plata, a todo volumen, las 24 horas.
En el paso hasta la otra ala del piso tercero, hay dos cuartuchos: es el sector de las embarazadas. Las mujeres de panza eran trasladadas allí una vez pasado el séptimo mes. Una vez que daban a luz, volvían a la Capucha. Pero ya no acompañadas.
Los bebés eran apropiados por miembros de las Fuerzas Armadas o allegados a ella. El sector de embarazadas lo comandaba Héctor Febres, hace dos años encontrado muerto mientras se desarrollaba su juicio.
«De 30 partos, tan sólo 10 lograron restituir su identidad», asegura el guía.
Siguiendo el pasillo se abre el Pañol grande, subdividido en secciones.
Por una parte, se guardaban allí las pertenencias de los detenidos, producto del desvalijamiento de sus casas: cocinas, equipos de música, etc.
Supo estar también la llamada Pecera, sector que le vale su nombre a la estructura de acrílicos que formaban pequeñas oficinas. Allí trabajaban aquellos detenidos de los que se aprovechaba su capacidad intelectual; profesores, políticos, escritores, archivaban diarios o clasificaban información luego utilizada por las fuerzas. Se entiende que fue un sitio clave en relación directa con el proyecto político de Massera. «Hay que pensar que este lugar fue utilizado por los secuestrados como un lugar de resistencia, simulando estar recuperado de los valores, y permitirse sobrevivir. Muchos lo lograron, otros no».
Subiendo una escalera más desde el tercer piso, en el altillo, funcionó la Capuchita, sitio de tortura y hábitat para los detenidos que no eran de la ESMA. Allí fueron secuestrados decenas de personas por el Servicio de Inteligencia, y sólo cuando la Capucha rebalsaba, mandaban a detenidos por el Grupo de Tareas.
El cuarto está dividido por un gran tanque de agua – que consta en las declaraciones del juicio – y dos de sus cuatro paredes alojan marcas de los detenidos en el sitio. Se ve débilmente trazada una cruz, junto a la palabra «fe» y el nombre Mónica. Del otro lado, hay un pequeño corazón.
Su función era doble: contenía dos salas de tortura y otra para los secuestrados. Entonces, se dormía, comía y vivía junto a las sesiones de tortura.
Nos invitan a bajar al Salón Dorado; la visita termina, la conferencia está por empezar. De lo expuesto se destacó:

  • La explicación y opinión de Víctor Basterra sobre la postergación del juicio oral:»Tengo entendido que se trasladó el juezGuillermoGordo; el mismomagistrado queformó parte del tribunal que condenó al prefectoHéctorFebres, pero que postergó mucho su enjuiciamiento. Y que además, enel momento final de eseproceso, el principal imputado, o bien se le permitió matarse, o bien lo mataron».Traducción: muy confiable no era este juez.
  • Sigue Baszterra: «Además, al ser nombrado este sustituto, tengo entendido que fue recusado, o intenta recusarlo, la defensa de los militares. Es una pausa más a lo largo de, en mi caso, estos 25 años, pero seguimos peleando y no vamos a bajar los brazos. La herida tan profunda que le hicieron a la sociedad argentina, hace que uno se juramente para no olvidar, para no perdonar y para no reconciliarse».
  • La explicación del abogado Adrián Gómez, representante de varias querellas -entre ellas la del propioBasterra-sobre la postergación del juicio: «A la justicia la vamos a respetar, pero no queremos dejar, bajo ningún punto de vista, la puerta abierta para que en algún momento los criterios políticos que cambian puedan afectar las sentencias que se dicten. Nosotros queremos sentencias sostenidas en el tiempo, que no puedan ser revisadas. No queremos que el día de mañana, los genocidas salgan a la calle diciendo que habían sido juzgados mal».
  • Se agradeció insistentemente a la prensa por haber asistido y difundir la recorrida; que es una muestra de cara al postergado juicio.

En tanto, Madres, Abuelas y sobrevivientes observan como los victimarios eluden el banquillo y regresan al banco. Así es el entretiempo de la impunidad.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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