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Ninguna mujer nace para puta

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EL LIBRO
La frase nació en Bolivia, pasó por la Argentina y regresa hoy transformada en libro. «Ninguna mujer nace para puta» es una bandera que agitan María Galindo y Sonia Sánchez en acciones callejeras, debates y ahora, en este libro en donde analizan desde la perspectiva de la puta toda la maquinaria política, ideológica y filosófica que la ignoró. Y sus porqués.
Al rescatar la mirada de la puta, María y Sonia obtienen una perspectiva única desde la cual avanzan con rigor y sin piedad: definen y denuncian fiolos (el Estado, el patriarcado) y parásitos (sindicatos, iglesias y oenegés). Se internan en territorios hasta ahora prohibidos, como el de la maternidad de la puta, el pene del prostituyente o la relación puta-puta. Definen la calle como un territorio político y analizan los cimientos de una nueva forma de construir vínculos que permitan a las mujeres organizarse y rebelarse. Dice María:
«La puta es la anfitriona del cambio social. Porque así como el ama de casa puede recoger todo su saber sobre la vida y devolverlo a todas las mujeres como fundamental a la vida humana;así como la lesbiana puede recoger todo su saber sobre su cuerpo y devolverlo a todas las mujeres, así la puta puede recoger todo su saber sobre el otro violento y prostituyente y devolverlo a las mujeres. En ella y desde ella en rebelión, es que muchas cosas se pueden aclarar. Si ella desactiva los mecanismos de cosificación que sobre su cuerpo y su placer recaen es una tarea que nos va a llover y mojar de agua fresca a todas».
LAS AUTORAS
«Hola, soy María Galindo, soy boliviana y desde hace más de 15 años en Bolivia, con algunas hermanas, hemos hecho nacer Mujeres Creando, una organización feminista autónoma que se planteó la creatividad como instrumento de lucha y el cambio social como un hecho creativo. Ese fue nuestro primer ingrediente importante. El segundo fue construir un espacio heterogéneo de indias, putas y lesbianas, juntas, revueltas y hermanadas. Un espacio donde no nos vamos sumando a discurso ninguno, sino impugnando las barreras que el patriarcado pone en la construcción de un vínculo subversivo mujer-mujer, barreras que las mujeres las vamos haciendo propias. A partir de allí hemos ido desatando una práctica política en muchas direcciones y nos hemos ido convirtiendo en un referente social de rebeldía, fuerza organizativa y fuerza transformadora en nuestra sociedad».
«Hola, soy Sonia Sánchez, soy mujer rebelde y argentina. Vengo de grandes rupturas. Rupturas de organizaciones donde di lo mejor de mí desde mi tiempo, mi fuerza, iniciativas y afectos profundos. No le tengo miedo a la crisis, el conflicto o la soledad. Le tengo asco a los mecanismos que hacen que nuestros espacios organizados por nosotras mismas se conviertan en nuestras propias jaulas. Este libro es para mi una forma muy concreta de tener voz propia y no permitir que nunca más me la arrebaten bajo ningún pretexto. Las putas hemos puesto el cuerpo siempre para sobrevivir y luchar, pero nunca la palabra».
El prólogo de lavaca a Ninguna mujer nace para puta
Este libro es un sueño.
Dicho de otro modo: un proyecto político al que dedicamos más de tres años.
Comenzó a gestarse cuando putas, travestis y vendedores ambulantes se organizaron para resistir la sanción de un Código que pretendía regular el espacio público porteño, aunque nosotros –como buenos periodistas- nos enteramos recién cuando fueron reprimidos y encarcelados. Siguió, luego, en los largos viajes a la cárcel de Ezeiza, a donde fuimos cada viernes, durante catorce meses, para acompañar a tres mujeres presas por participar de una manifestación. Viajes de ida y vuelta, cargados de preguntas sin respuestas, que nos fueron dejando exactamente como debíamos estar: impotentes.
Así fue como conocimos a Sonia y a ese universo de experiencias que ella nos enseño a llamar “mujeres en estado de prostitución”.
Así fue como pudimos aprender el significado de uno de los temas fundamentales que desarrolla este libro: la soledad política.
Esa soledad que nos comprende en un doble sentido, por cómo la sufrimos y por cómo la construimos.
Esa soledad que pudimos identificar, por primera vez y con la claridad de una revelación, al terminar de leer estas páginas.
Esa soledad sostenida por una máquina discursiva que, resumiéndola en grandes trazos, tiene tres engranajes:
Los silencios, que nunca es uno, sino varios.
Los simulacros, que operan para cambiar el sentido de lo que debe ser dicho cuando ya no hay otra forma de acallarlo.
Los testimonios, que limitan lo dicho al recuento en pasado –y por tanto, inmodificable- de aquello que ya no puede ser ni acallado ni simulado, pero sí “interpretado”. (y queda flotando aquí el desafío de repensar cuál será la voz colectiva que narrará en la Historia los crímenes de la última dictadura y si estamos a tiempo de disputarla.)
El siguiente paso fue compartir con Sonia un viaje a Bolivia, para conocer a Mujeres Creando. Podríamos decir que ya sabíamos del trabajo que María había realizado con prostitutas, e incluso que habíamos compartido con la organización que por entonces integraba Sonia los capítulos de su programa, Mamá no me lo dijo. Pero en el fondo no es cierto: ir a La Paz fue por entonces una mera intuición.
Lo que encontramos fue una práctica política que en María se resume en dos palabras: feminista boliviana. Imaginen lo que esto significa en un país donde las mujeres sostienen una poderosa economía por fuera del mercado formal, son la vanguardia de todas las batallas sociales y representan una voz pública muda de toda mudez, si se entiende que el discurso folklórico no es voz propia sino mímica. Imaginen entonces la rebeldía feminista dirigida como un rayo sobre esa realidad y multiplíquenlo por 365, ya que la tarea es cotidiana. Agréguenle esa dulzura y generosidad que tanto añoramos, por escasa.
Eso es María.
En la Argentina, antes de hablar de mujeres y política hay que persignarse ante Santa Evita. La imagen del altar la representa con las manos en alto, su rodete, la sonrisa gardeliana. El rezo es su frase: “Volveré y seré millones”. La inmortalizó en un acto que pasó a la historia con un título paradigmático: el renunciamiento.
Evita, como se sabe, fue insultada con una palabra: puta.
Fue en La Paz donde nos enseñaron el verdadero origen de la frase de Evita. La pronunció al morir, en 1781, el líder indígena Tupac Katari.
Así, ese “volveré y seré millones”se transforma en un mensaje de resistencia que esconde–como todo texto subversivo- una herramienta oculta: el movimiento indigenista triunfará, finalmente, si las mujeres se consagran a parir y a parir y a parir hasta poblar la tierra tanto como fuese necesario. Así la maternidad se convierte en una misión política y en un rol militante y absoluto. Tan central, tan definitorio, que no habrá para las mujeres tiempo ni espacio social para ningún otro.
Por eso en Bolivia, las mujeres no hablan en público. Se lo considera un insulto; en público solo hablan las putas.
Fue María quien nos hizo notar el significado de esta coincidencia.
Puta no es una palabra.
Es un límite, un techo, un cepo construido y sostenido socialmente, entre todos y todas, para dejar a salvo lo que debe estar del otro lado de esa frontera, intocable.
Puta, nos dijo María, es una palabra biográfica que moldea la identidad –no meramente sexual, sino política o mejor dicho, también política-. a gusto del escultor: así será, esto dirá, deberá comportarse de este modo. De cualquier otra manera se es irremediablemente puta.
Entendimos, entonces, la herramienta oculta en el mensaje de María.
Seamos putas.
Lo que siguió es una consecuencia más de esta apuesta que para nosotros adquiere ahora una lógica que nos justifica y nos da sentido.
Nuestro primer libro lleva por título Sin patrón.
Éste tampoco los tiene.
En este caso, no se trata tan solo de los que suele llamarse el ejercicio de la “palabra directa”, sino de la genuina elaboración de pensamiento crítico, el único que nos permite acercarnos con algún grado de verdad a la compleja realidad de estos tiempos, que son los nuestros y claman a gritos que los miremos de frente y con los ojos bien abiertos.
La inteligencia, sensibilidad y valentía de María y Sonia han hecho posible estas páginas. En un sentido, iluminan una habitación a oscuras con un foco potente que nos permite, al fin, ver.
Es la habitación donde nuestros hombres consumen cuerpos de mujeres. Esa donde ellos ejercen cotidianamente el viejo oficio de prostituyente, a cambio de nuestra complicidad.
Al fin puede verse lo que somos, cómo somos y qué hacemos para que las cosas sigan como están.
Pero en un sentido más profundo, lo que María y Sonia comparten con nosotros es una ética y una filosofía política basada en la experiencia y el compromiso con esa realidad que luchan cotidianamente por cambiar. Y lo que así surge claramente, con esa luz propia que supieron darle, es una herramienta.
Entonces, este libro es un martillo.
Rompe.
Y construye.
El resultado es ese nuevo escenario que María y Sonia nos diseñaron para debatir, con pasión, aquello que solo se puede hacer, siendo.
El resultado, finalmente, es nuestro sueño: no están -no estamos- tan solos si se acepta el desafío de conversar con la sinceridad y la profundidad que en estas páginas María y Sonia nos proponen.
Comenzamos, por lo pronto, a aceptar ese desafío nosotros mismos.
Y confesamos:
Nos, supuestos profesionales de la palabra, no supimos escribir nada de lo que aquí se dice. Ni siquiera preguntarlo.
Admitimos nuestras limitaciones y nos relamemos en ellas, sin pudor, eufóricos, aferrados al compromiso de que, al fin, podemos hacer nuestras las palabras de Sonia y María.
Y abrazarlas.
Y seguir soñando.

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Desentendimiento: Fingir demencia

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Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

Desentendimiento: Fingir demencia

Hay una pregunta que resulta difícil de responder: ¿cómo puede ser que esté todo tan mal y, sin embargo, no pase nada…? Dejemos por un momento la idea de que ‘no pasa nada’ (no hay signos vitales), porque esta revista es fiel reflejo de que eso no es tan así. La pregunta apunta a que sabemos que la desigualdad crece, que el poder y las riquezas están cada vez más concentrados, las democracias degradadas, las guerras se multiplican y el desarrollo tecnológico amenaza muchas veces a estar más cercano a empeorar las cosas que a mejorarlas. Crecen las fake news, las teorías conspirativas, el negacionismo, y la realidad parece seguir igual o cada vez peor.
La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió un ensayo que parte del psicoanálisis para ayudarnos a entender una forma de reacción: Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, recientemente publicado por Caja Negra. La base de la historia: el desentendimiento, hacerse el o la distraída, es saber que los problemas y conflictos existen pero fingir demencia o, si se quiere ‘fingir normalidad’, desentendiéndose perversamente de causas y consecuencias de la crisis permanente.
Aquí algunos fragmentos para explorar la cuestión, y para no desentendernos.

Desentendimiento: Fingir demencia
Alenka Zupančič

Rasgo de época

«El modelo de la noción de desentendimiento (…) se resume en una fórmula sumamente concisa: ‘Ya lo sé, pero aun así….’. El desentendimiento difiere de la negación: no niega los hechos, sino que anuncia con mucho gusto que lo sabe todo al respecto y luego prosigue como antes. El desentendimiento (perverso), que sostiene una creencia mediante la proclamación apasionada del conocimiento de lo contrario, está volviéndose el rasgo predominante de nuestra vida social y política, y va mucho más allá de la psicología personal”.

The other side

«Solemos preguntarnos cómo puede ser que el proyecto del Iluminismo haya terminado en un triunfo del oscurantismo: el surgimiento de todo tipo de creencias extrañas, desconfianza en la ciencia, un populismo que se apoya en cualquier cosa excepto en la argumentación racional… El psicoanálisis lacaniano ofrece una respuesta: no es que fuerzas oscuras y pulsiones ocultas se hayan adueñado de la razón y le hayan ganado al conocimiento y su evidencia, es más bien que a la razón y al conocimiento nunca les ha faltado su propio lado oscuro y ‘poco razonable’. La modalidad social contemporánea de desentendimiento es una forma perversa de la razón, del conocimiento mismo, y no el retorno de una pulsión arcaica y oculta. Las apelaciones a la razón y la ciencia tienden justamente a olvidar o ignorar esto; en general, derivan en una frustración indignada, o bien en una arrogancia fascinada y divertida frente a la ‘estupidez de la gente’”.

La negación

«En términos políticos, parecemos atrapados en un baile macabro en el que la negación (a menudo asociada con el ‘populismo’), por un lado, y el desentendimiento perverso asociado con la idea mainstream del business-as-usual (de que sigue todo como si nada), por el otro, constituyen las dos opciones políticas principales que compiten, alimentándose la una a la otra con sus respectivas patologías y casi siempre respondiéndose entre sí, en lugar de responder a cualquier realidad social”.

Conspiranoicos

«Hay una curiosa complicidad entre la actitud ‘racional’ del sigue-todo-como-si-nada de la sociedad mainstream y la actitud ‘demente’ de los conspiracionistas. Aunque la primera descanse fundamentalmente en los mecanismos del desentendimiento, mientras que la segunda se acerca más a la negación, hay entre ambas una cierta dialéctica. Por ejemplo, esas élites racionales ‘saben’ que hay un cambio climático, pero al mismo tiempo continúan como si nada. No lo niegan, pero su comportamiento apegado a continuar con el funcionamiento normal de las cosas demuestra que su creencia inconsciente no es diferente de la negación explícita de los conspiracionistas. A su vez, las élites necesitan a los conspiracionistas justamente para poder señalarlos con el dedo, para contrastar la ‘demencia’ de estos con su supuesta racionalidad y así impedir que veamos su propia demencia”.

La vida fake

«Las teorías conspirativas parecen estar pasando del marginal y recóndito ‘inframundo’ y de la subcultura al espacio público, incluso a la política oficial. Muchas razones, en muchos niveles diferentes, explican esto”. (…)
“Tendemos a atribuir el hecho de que ‘ya no es posible distinguir la verdad de la ficción’ a la influencia de las teorías moderna y posmoderna, (…) pero, en el entusiasmo por este realismo redescubierto, tendemos a olvidarnos de un hecho muy real: que a menudo es objetivamente bastante difícil –en efecto, imposible– distinguirlas. Las falsificaciones y los ‘fakes’ se están volviendo cada vez mejores; la tecnología, incluida la IA, produjo efectos desconcertantes e inquietantes a este respecto, con cosas imposibles de distinguir de las auténticas; por no mencionar que nuestras relaciones sociales en el capitalismo tardío están excesivamente ficcionalizadas, para que la realidad brutal del capital pueda seguir su curso”.

Individualismo masificado

«El desentendimiento perverso es, por así decirlo, un fenómeno masivo individual: es el pináculo de la individualidad, del individualismo, independientemente de cuán generalizado esté y, en este sentido, de cuán ‘universal’ sea. Con las teorías conspirativas, la situación es diferente porque en general se agrupan en colectivos específicos. Puede parecer paradójico, pero muchos de estos colectivos se forman a partir de un rechazo explícito de cualquier cosa ‘colectiva’ (de rebaño, como les gusta decir). Lo usual es que se categoricen estos grupos bajo términos negativos como ‘horda’, ‘multitud populista’, ‘masas fascistas’. Pero como no hay nada ni siquiera remotamente parecido a una formación colectiva del lado mainstream individualista ‘racional’ y su actitud de seguir-como-si-nada, estos inevitablemente prevalecen. Nuestros líderes occidentales ilustrados, que aborrecen estas ‘formaciones masivas’, tienen solo una respuesta para ellos: apoyar e incentivar niveles individuales de desentendimiento como modo de lidiar con las crisis. Esta estrategia funcionó por un tiempo, pero ahora está fracasando de manera dramática, porque presupone un ambiente social relativamente estable con una clase media grande y relativamente cómoda, no el tipo de crisis serial en la que estamos metidos”.

¿La izquierda por arriba?

«Las malas circunstancias sociales no producen patologías ni conducen a un aumento de las atrocidades necesaria o directamente, pero sin dudas contribuyen a ello. El truco, sin embargo, es evitar la actitud condescendiente de ‘entender’, una actitud compartida por muchos en la izquierda, que le niega a la ‘gente’ cualquier agencia más que la de ser una expresión directa de sus circunstancias sociales, mientras que ‘nosotros’ podemos elevarnos por sobre esas mismas circunstancias y ‘entender’ a aquellos que no pueden hacerlo. En tanto la crisis signifique una serie de ‘eventos terribles que suceden alrededor de nosotros’ y nuestro gran esfuerzo para lidiar con ellos, permanecemos atrapados en la dialéctica de la represión y en la danza macabra de la negación y el desentendimiento. Lo que realmente tenemos que entender no es a otra gente (‘menos afortunados y diferentes de nosotros’), sino el otro lado de la crisis: el hecho de que el otro lado de la crisis es una escena de lucha en curso continua”.

Agujeros

«No hablo simplemente de establecer las causas verdaderas o más profundas de las crisis. Una genuina lucha emancipadora no consiste en establecer la causalidad correcta para poder finalmente explicar –y así desechar– estas crisis. El psicoanálisis tampoco consiste en eso. Si hay algo que las luchas sociales pueden aprender del psicoanálisis, se trata de lo siguiente: solo hay causas de lo que no funciona, de lo que trastabilla y señala un agujero, un salto, un problema. El pensamiento emancipatorio no consiste en explicar el agujero y hacer que todo parezca natural: este es el trabajo de la ideología. El pensamiento emancipatorio identifica y localiza este agujero en la causalidad, esta falla técnica, este punto de decisión en el que la responsabilidad, la agencia y, sí, la política entran en juego y en el que las cosas podrían o deberían haber ido en otra dirección”.

El trauma

«No hay manera de enfrentar el trauma de forma directa, y eso es lo que lo hace un trauma: algo que nos consume y es indistinguible del efecto que tiene en nosotros. Cuanto más traumático es este, más anestesiados quedamos. Necesitamos despertarnos, no para olvidarlo y reforzar nuestras defensas por ‘medios racionales’, sino más bien para perseguir el trauma y sus consecuencias en las fibras y grietas de nuestra realidad normal, cotidiana. Solo nos podemos ocupar de las ‘causas verdaderas y más profundas’ de las crisis si focalizamos nuestra atención en la superficie y en la forma. Arrancar el velo de la superficie, por otro lado, sólo fortalece las defensas y previene efectivamente todo pensamiento, lucha y enfrentamiento de estas causas”.

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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