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#NiUnaMás

#NiUnaTravaMenos: Manifiesto para el documento del #8M

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Nosotras Travestis / Trans / Originarias / Indias / Muxes / Weyes / Negras / Afro descendientes, desde Latinoamérica y el Caribe, Nuestra Abya Yala, manifestamos hoy #8M:
Nuestro promedio de vida es de 32 años y las razones de todas nuestras muertes son por causas evitables. Lejos estamos de poder un hacer un PARO, no tenemos trabajo donde nuestra ausencia se note. No se nos piensa en paridad con hombres y mujeres.
Nuestras muertes son responsabilidad de todos los Estados y todas las Patrias, todas las Sociedades y Culturas. Nuestras muertes se generan en todos sus Institutos: familia, religión, academias – y subrayamos las jurídica y médico-psiquiátrica-, Salud y la de seguridad. Nuestras muertes suceden y se callan en todos los Movimientos Sociales, Trabajadores, Campesinos, Mujeres, Originarios, Migrantes, de Clase, todos los Gremios y todos los Partidos Políticos. Nuestras muertes son negadas y encubiertas por todos los Derechos Humanos, y hasta los de derechos de animales son una manera de evadir hablar de ellas. La Organización de las Naciones Unidas nos insulta a cada instante con unos Principios de Yogyakarta al día de hoy aún letra muerta.
Como víctimas activas apostamos a la esperanza de un cambio acelerado del estado de cosas pero trabajamos con la realidad, vivimos en esta realidad. Y por eso vemos infructuoso a corto plazo hablarles a los asesinos agazapados y pedirles simplemente No Nos Maten, hablarle a un Estado es dificultoso cuando somos un puñado las que tenemos alguna herramienta y lo poco conquistado, se niega, se tira, se anula, se cajonea.
Queremos entonces hablarle a la Sociedad, al Movimiento de Mujeres y al Feminismo: a la sociedad para que sepa que la intención es de reparar, pactos y lazos rotos como decía Maite Amaya (travesti anarquista cordobesa) “¡Mi cuerpo ya no va cavando los túneles, sino construyendo los puentes!”, somos conscientes de lo avanzado por la sociedad de modo dispar, pero son apenas pequeños pasos, somos conscientes de toda las articulaciones activas y en crecimiento con el Movimiento de Mujeres y de todo lo aprendido y creado como estrategias y articulaciones vitales y potentes en sororidad con el movimiento feminista. En todo tenemos que seguir construyendo y aportando para ver florecer otra humanidad. No es ocultando la realidad que lo hemos de lograr. No es con negación y silencio que podremos avanzar a nuevas formas relacionales amorosas y constructivas desde allí, desde el abrazo primero sobre todo a las mujeres y al Movimiento Feminista es que expresamos:    
Queremos un FEMINISMO como articulación política de sororidad que supere la biología, que atienda a la clase, la etnia, la emergencia de este genocidio que se está ejecutando hacia nuestros cuerpos Travestis y Trans. Hay una accionar social asesino, pero se genera desde los discursos sociales y es llevado adelante con la persecución sistemática de las fuerzas de seguridad de los Estados, la falta de administración de justicia de las cortes y la falta de legislación coherente con el cuidado de la vida y los recursos para tramitarla.
Queremos un FEMINISMO que nos reconozca productoras de trabajo y sostenes de hogares, productoras de saber y en consecuencia abra sus líneas de financiación para ser gestoras y no simples población meta, que no nos invisibilice. Seremos aliadas a ese FEMINISMO que proclama por todas y que aspira a cambiar este mundo.
Queremos un Movimiento de Mujeres que antes de oponernos moralinas nos reconozca infancias en riesgo, entre los 8 y los 13 años asumimos nuestra identidad y quedamos en situación de calle, en prostitución, violencia y abandono. Hijas e hijos fruto también de su fracaso heterosexual frente a la maternidad y la paternidad. Que trabajen de manera consciente y vean que el campo de batalla está en los hogares que ustedes levantan día a día. Queremos que acepten que son ustedes mujeres madres, educadoras, médicas, reporteras, funcionarias, empresarias, quienes permiten que los padres, hermanos, tíos, abuelos, amigos y vecinos, pongan sus asquerosas y violentas manos en nuestros cuerpos. hasta el presente sólo es visible una madre en nuestra defensa, Gabriela Mansilla que lucha por los derechos de su hija Luana; no una organización o movimiento, una madre.
Queremos responsabilidad y compromiso.
Queremos que admitan y asuman el genocidio Travesti.
Queremos una Ley marco que nos libre del odio tal como la que cuida de la comunidad Judía luego del holocausto y la afrodescendiente luego de la esclavitud y como la que tienen detenidos/as desaparecidas/os por la dictadura militar argentina.
Queremos que este año se apruebe con plazos para que en 2025 sea efectiva y en plenitud.
Queremos una Ley de Indemnización para las víctimas de la persecución sistemática del Estado hacia Travestis perpetrado por las policías Provinciales y Nacionales, por los encarcelamientos, las vejaciones, las torturas y violaciones, las coimas, las secuelas físicas y psicológicas y el arrebato de nuestra niñez y juventud.
Queremos educación desde la Diversidad en la escuela primaria y secundaria y en las universidades, nuestras experiencias no son sólo sexuales sino relacionales. Hombres y mujeres son quienes reducen sus relaciones a lo genital mecánico.
Queremos leyes de paridad creadas, revisadas y adaptadas para que sean de un 33 % de hombres, un 33 % de mujeres y un 33% de travestis. Laboral, gremial, y de representación político-partidaria,  
Queremos programas integrales donde se nos dé prioridad para el acceso vivienda y créditos.
Queremos un Consejo Nacional Travesti para que gestione un presupuesto propio independientemente de la gestión de gobierno que hombres y mujeres voten.
Queremos geriátricos pensados desde nosotras para asegurarnos el trato digno.
Queremos cupo e incentivos en Universidades públicas y privadas.
Queremos una Ley antidiscriminatoria efectiva, reglamentada y con carácter punitivo pecuniario.
Queremos defender la infancia y el futuro.  
Queremos que cese de inmediato la mutilación genital sin consentimiento de bebés que nacen Intersex.
Nos deben vida, tiempo y amor. Queremos que nos lo paguen y la limosna de salir junto a ustedes en la foto de la pluralidad; No salva vidas, No alimenta el hambre Ni abraza el después del des-amor.
Somos travestis y trans, quiérannos travestis y trans, construyamos, eduquemos, soñemos un mundo sin violencias y accionemos por ese sueño.
El motor de cambio es El Amor.
¡JUSTICIA POR DIANA SACAYAN! ¡FUE UN TRAVESTICIDIO!
BASTA de Miedos,
BASTA de Travesticidios y Femicidios.
BASTA de Hetero Winca Patriarcado
#NiUnaTravaMenos #NiUnaMenos

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

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#NiUnaMás

El 3J porteño: Vamos

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Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

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El Cordobazo del Ni Una Menos

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Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.

Así se hace.

Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.

Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.

Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Con los ojos de Agostina Vega.

Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.

Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.

Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.

Señalando a la justicia, a los femicidas.

Con los ojos de Agostina.

Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.

Con los ojos de Agostina.

Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.

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