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Nuevas generaciones: lo que se fue, lo que quedó y lo que no queremos que vuelva tras la pandemia

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Las redes de whatsapp. La autogestión. La pregunta de Naomi Klein a Chávez. Los desafíos del movimiento feminista latinoamericano. La idea de ser «más inoportunas». Cómo se vive y muere en Suecia. Y la lista de cosas que no queremos que existan nunca más: algunos de los temas que viajan de Estocolmo a Buenos Aires, en la sexta entrega de un emotivo intercambio entre América Vera Zavala y Claudia Acuña.

Buenos Aires, Argentina, 9 de abril de 2020

Querida América:

Me hiciste llorar con tu carta, seguramente porque cuando la leí estaba en uno de esos momentos sensibles que te enciende el aislamiento, pero también porque tocaste temas que son motivo de preocupaciones profundas y sin resolver que en estas situaciones te acechan como fantasmas que reclaman que definamos de una vez por todas dónde deben habitar: si acá o en el más allá.

Los tres timbres que tocaste son certeros: la autogestión, Venezuela, No estás sola.

Me invitás a pensar estos temas, pero no sé si soy capaz de hacerlo así y ahora. Mis reflexiones siempre fueron producto de charlas colectivas, pero no provocadas por las palabras que así escucho, sino por lo que esas palabras me hacen sentir. Solo puedo pensar con el cuerpo, y en particular con los pies, recorriendo realidades y situaciones muy diferentes, que me permiten no solo trazar un panorama, sino sobre todo un horizonte.

El encierro nos cercena eso: la mirada hacia lo que todavía no hay, pero está. La artista Hito Steyerl reflexiona justamente sobre lo que significó para la cultura occidental crear el paradigma del horizonte vertical en su libro Los condenados de la pantalla, y también los esfuerzos de muchos artistas por romperlo, y algo de eso hay en juego en este encierro: descubrir cómo experimentar otras formas de ver, de representar y de producir que no sean las que naturalizamos como únicas y por eso mismo, provocaron este colapso.

Es cierto que no estoy sola en este aislamiento social y que además conecto a través de grupos de wathsapp con no menos de 500 personas, todos los días. Sí: todas esas personas estamos conectadas a través de intereses concretos (el día del anuncio del aislamiento obligatorio formamos una red de mujeres que ya suma más de doscientas integrantes; desde la batalla legislativa por el aborto legal estamos en red cotidiana 156 periodistas profesionales; además formo parte de un grupo con familias sobrevivientes de femicidios; otro con las revistas culturales independientes; una red de psicólogas y hasta uno inesperado, que se armó hace una semana, para promover bailar en casa los sábados a la noche, entre otros). Me llegan así intercambios de información, pedidos, necesidades, informes de situaciones territoriales, y listados con las cosas que funcionan bien, mal o están cerradas y necesitamos reclamar que se abran. No recibo por estas vías reflexiones ni estados de ánimo, y mucho menos pensamientos sobre algo que no sea ya, urgente, necesario. Uno de esos grupos de wathsapp nuclea a mujeres de la Mesoamérica a las que conocí en un congreso de Economía feminista. Una de ellas fue la única que hoy se atrevió a compartir una mirada hacia el horizonte: “A nivel del movimiento de mujeres y feminista no hemos podido articular como colectivo ninguna propuesta. Estamos teniendo muy poca capacidad de propuesta de carácter estructural”.

Y esa es la tarea más urgente.

Trato entonces de reflexionar sobre esos tres temas, no a pesar sino con estas dificultades, que gracias a ese mensaje comprendí que no son personales ni locales, sino resultado de uno de los síntomas más preocupantes de esta crisis: perder la posibilidad de que desde los tejidos sociales periféricos del poder y de quienes tanto hemos aprendido a crear soluciones para enfrentar crisis podamos elaborar colectivamente un horizonte.

  1. La autogestión: No suelo hablar del amor en relación a las fábricas recuperadas, pero sí suelo  hablar mucho, así que puedo haber mencionado esa palabra. Sí hablo del afecto, en el sentido más amplio del término. Está claro hoy cómo nos afectamos unos a otros con lo que producimos, incluso en solitario o, más concretamente, incluso a pesar nuestro. La autogestión tiene siempre muy presente este principio porque puede producir sin dinero, pero no sin comunidad de intereses. Ese afecto es central, la mecha que enciende la producción. No se trata de la solidaridad ni de la igualdad –por usar dos términos que suelen asociarse a este tipo de producciones- sino de sintonizar exactamente, con la precisión que solo puede darte la sensibilidad social, qué necesita la época, qué no soporta más y qué está dispuesta a sostener, a pesar de todo y en medio de todo “lo otro”.

Concretamente, nosotros estamos pasando ese examen ahora, una vez más. Estamos acostumbrados y sabemos que para trascenderlo hay muchas cosas que podemos hacer, pero hay otras que ya no dependerán de lo que hagamos, sino de lo que la época esté dispuesta a hacer con nosotros. Si mirás los números, está claro quién no está dispuesto a sostenernos: desde septiembre pasado el Estado no nos paga lo que nos debe y el nuevo gobierno ha decidido distribuir la pauta oficial solo entre los medios corporativos, así que no tenemos un solo aviso desde diciembre. Sin esos pagos y sin esos ingresos, estamos claramente en desventaja frente a los medios comerciales, que han obtenido en una reunión que realizaron por teleconferencia con el ministro de Industria la promesa de que contarán con descuentos impositivos, subsidios para compra de papel, aportes de 10 mil pesos que pagará el Estado por cada salario y excepción de pago de aportes jubilatorios, además de la pauta, claro. Nosotros, nada. Por la cuarentena, tampoco podemos abrir nuestro local ni dictar nuestros cursos, así que la suma de ingresos por cualquiera de las otras vías diversas que abrimos para sostenernos en momentos así, están cerradas. Siempre, en estos casos, nos ha sostenido la revista papel que editamos todos los meses, pero los kioscos de ventas de revistas están cerrados y el precio del papel, que siempre cotiza en dólares, aumentó en los últimos seis meses un 300%, aumento que no podemos trasladar a quienes están suscriptos, por ejemplo, porque nos han pagado esas ediciones por adelantado y nosotros, más allá de los desquicios del mercado, debemos cumplir con quienes han confiado así en nuestra producción.

¿Entonces?

¿Qué hacer?

coronavirus

En estos momentos hay una nueva generación a cargo de la cooperativa, que ha crecido en tiempos menos violentos y tuvo que enfrentar los cuatro años de macrismo sin experiencia previa en represiones brutales, persecuciones a medios opositores, inflación desmesurada, cambios galopantes de precios de insumos y todas esas pestes neoliberales. Es esa generación la que ahora debe superar esta nueva prueba, más difícil por cierto y mucho más imbricada.

Y lo que hicieron fue crear contenidos, muchos, diversos, por todos los canales abiertos y posibles, sin pausa, con entusiasmo y con confianza: si la época los necesita, serán sostenidos.

La respuesta comienza a llegar y con ella, los ingresos. (Suscribánse a la edición online de lavaca.dream.press, ¡por favor!)

Estamos hablando de economías de sobreviviencia, así que está generación ya sabe que nunca será reconocida por las instituciones que otorgan los certificados de prestigio ni  nunca será millonaria, pero sí que hay algo más poderoso que cualquier poder y ese algo es estar vivo.

Hay muchos medios de comunicación muertos, algunos incluso prestigiosos y millonarios. No es ese nuestro juego ni nuestro partido: nosotros estamos jugándonos el horizonte, que es lo que hoy vale una fortuna.

Nuestro recurso, entonces, es el afecto: que nos quieran nos salva.

  • Siempre recuerdo ese único viaje a Venezuela, así como no puedo olvidarme de la única vez que vi a Chávez. Fue en el marco del Foro social de Porto Alegre, en un encuentro privado en el que me colé. Pude ver así el momento en el que saludó a Naomi Klein y escuchar lo que ella le preguntó:

-¿Por qué detrás de la revolución bolivariana veo a un hombre y no a un pueblo?

Chávez no le respondió.

Había que tener una mirada entrenada en el divisar horizontes para poder hacer esa pregunta en aquel momento, y esa Naomi, tan joven, tan modesta, fue la única capaz de comprender antes que nadie que ahí estaba el problema y que de ese problema nadie hablaba.

¿Cúal era ese problema?

Llamésmosle caudillismo.

Recordé ese momento hace poco, cuando Rita Segato habló del caudillismo de Evo Morales como uno de los factores centrales del golpe en Bolivia, y cómo intentaron acallarla, calificándola de inoportuna, golpista y elitista por criticar al… caudillo caído. Deberíamos ser inorpotunas más veces, especialmente en América Latina, aun pagando el alto costo que pagó Rita por hablar de ese tema en ese momento. Nos debemos esa charla, especialmente nosotras, las feministas.

En mi barrio todos los comercios más pequeños –kioscos, cajeras de supermercados chinos, farmacias- están atendidos por personas venezolanas. También en las esquinas se aglutinan con bicicletas y motos, ataviados como repartidores precarizados de las empresas virtuales –Globo, Rapi, etc- para esperar cerca de los supermercados los pedidos y así, estar primero en las preferencias del bot que les da órdenes desde el teléfono. Son los más expuestos, los peores pagos, sin duda los más capacitados desde el punto del mercado laboral formal –por estudios universitarios, por edad, por responsabilidad- y que por la crisis venezolana han emigrado a un país tan inclemente como Argentina. Llegaron en el momento adecuado, cuando el anterior gobierno no pudo, por la resistencia social, modificar la ley laboral y flexibilizar así derechos que en Argentina son fuertes, pero cada vez para más pocos. La migración de venezolanxs funcionó entonces como la flexibilización laboral de facto: le pagan la mitad, los obligan a trabar el doble. Un ejemplo es Vaca Muerta, la mayor reserva de petróleo del mundo, enclavada en la Patagonia: a los ingenieros venezolanos no le reconocen los títulos, así que ganan la mitad, pero saben mucho de algo que acá se desconocía: el fracking. Tenemos entonces a personas que huyeron de su hogar para escapar del derrumbe de una revolución castigando a una tierra a la cual no pertenecen.

Venezuela, entonces, ya no es un país sino un estadío del capitalismo del desastre, capaz de producirlo en cualquier parte porque ha logrado primero destrozar lo primero: las raíces, aquello que te hace sentir parte de algo más grande y más importante.

  • No estás sola es exactamente eso. El título de mi novela lo sugirió un periodista amigo, Gerardo Rozín, porque me escuchó decírselo a una muchacha muy joven que llegó a nuestro local buscando ayuda para escapar de la violencia de su ex pareja. Es una frase que uso desde hace años y que estos días tremendos veo repetir en tantos lados –desde mensajes de wathsapp hasta anuncios oficiales- pero para mí no es simplemente un grupo de palabras, sino una forma de recuperar aquello que este sistema nos mutila: la capacidad de sentirnos parte de este mundo, de todo, todito, desde el cielo hasta las entrañas del petróleo, y comprender así que somos mucho más fuertes, más inmensos y más resistentes, pero también más responsables y dependientes de todo aquello que hagan y todo aquello que dejen de hacer los demás,  todos. Unidos así, desde lo más profundo y más intangible, la soledad es un estado pero también un desafío. Es la manera que tiene nuestro destino de ponernos a prueba para enseñarnos así que somos humanos.

Ahora, esto que llamamos pandemia nos recuerda que no podemos seguir comportándonos como si no fuéramos cuerpos capaces de ser afectados por otros cuerpos.

Ahora, cuando el aislamiento social nos niega la posibilidad de admirar el horizonte, tenemos que aferrarnos a esa memoria ancestral, primitiva, de especie, porque solo así podremos comprender, quizá, supongo, deseo, por qué parar este mundo horrible es necesario, sanador y por qué no, también, una segunda oportunidad que nos da la época para intentar que este planeta nos quiera.

Te abrazo,

Claudia

Estocolmo, Suecia,15 de abril de 2020

Querida Claudia:

Pasaron varios días desde la última carta, y muchas cosas en el mundo, pero acá en Suecia, y en mi vida, no. O mejor dicho, pasaron cosas importantes, pero que no tienen que ver con el coronavirus. El jueves, el primer día de la Semana Santa con mi hijo Ernesto fuimos a un entierro. La verdad es que yo lo acompañe porque era su amigo, un chico muy encantador, de ocho años, que después de sufrir mucho tiempo un cáncer ya no pudo más. 

Fue en el cementerio Skogskyrkogården, no muy lejos de la casa donde vivía cuando me visitaste en Suecia cuatro años atrás. Es un cementerio muy bello, como en un bosque, es el único sito patrimonio mundial en Estocolmo. Los entierros son la ceremonia más importante de todas las ceremonias, porque realmente es por ti mismo: lo que realmente es central es tu adiós a la persona.

Un par de años  atrás se murió una mujer, militante comunista de Gotemburgo. Su marido había participado de la Brigada Internacional durante la guerra civil en España. Ella desde su casa organizó las ayudas a las brigadas internacionales. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo en la escuela del “partido” en Moscú, luego trabajó como espía contra los nazis. En sus últimos años, en el asilo de ancianos se convirtió en rapera: siempre le pedían que cante y ella eligió el rap porque quería variar un poco. Así vivió y lucho hasta morir, cuando tenía noventa y pico. Se llamaba Greta y fui a su entierro porque la quería despedir como se merecía. Sabía que esa ceremonia me iba compensar su pérdida. Este entierro fue otra cosa.  Nunca en mi vida me podría haber imaginado el entierro de un niño No es natural, es contra el orden natural, correcto. Ver esa mamá mirar el ataúd de su único hijo. Yo, sentada al lado de mi hijo que lloraba. Y hacerlo además, en tiempos de coronavirus, con restricción de cuanta gente podía participar (no más de 50 personas) estar sentados lejos de uno al otro y no poder ni abrazar a la madre.

Esa experiencia me hizo pensar que así muere mucha gente ahora, solas, totalmente solas, después de haber estado aislada en terapia intensiva durante semanas. ¿Qué hacer frente a semejante el dolor con esta soledad impuesta, con esta distancia social obligatoria, en momentos en los cuales lo que más necesitamos es cercanía?

¿Cómo está Argentina? ¿Cuánta gente está enferma, cuánta murió? ¿Cómo es la atención en los hospitales? ¿Como están siendo tratados las enfermeras y doctores? 

En estos días vi un video muy lindo de la Afa, y pensé que cada país enfrenta el coronavirus de una manera que es  típica de cada lugar. Eso de utilizar el fútbol como metáfora para la vida es muy argentino. Así como es muy sueco ser lagom, esa palabra que solamente existe en sueco y que google translate me dice que significa “moderada”, pero es más: es la manera de pensar y vivir sueca. 

Y así entramos en Semana Santa, siendo diferentes. 90% disminuyeron los viajes de pascua, eso significa que mucha gente siguió la recomendación de la Agencia de Salud Pública de quedarse en casa. También significa que 10% igual se fue a sus casas de verano en Gotland o en la costa, a fuera de Gotemburgo o en la tierra de Wallander, Ystad, y al norte para esquiar.  Y estos días, Para nosotros estos días en casa con toda la familia fueron distintos: la primera vez que desde el 9 de marzo –que se declaró la pandemia- que tuvimos un sentimiento de normalidad. No sabemos nada del futuro, ni podemos planear el verano, que para un país con tan poco sol y calor es muy importante. Pero comimos, salimos a jugar, miramos películas y la vida igual se sintió bien. 

Cuando Arundathi Roy en su magnífico texto sobre coronavirus pregunta si la pandemia puede ser un portal hacia lo nuevo, hacia ese  mundo diferente que tanto queremos y necesitamos, la respuesta me da miedo. Porque lo que era antes, lo que ahora los líderes y economistas llaman “la normalidad” era un sistema insostenible, y estas semanas no nos han dado suficientemente la oportunidad de cuestionar lo “normal”. Europa se está preparando para “abrir” el portal hacia “la normalidad”, salvo Francia que va seguir con la cuarentena un mes más. ¿Y después?

 Tenemos que hablar sobre después, en otra carta.

Me escribes sobre la capacidad de sentirnos parte de este mundo, de una segunda oportunidad. En el último libro de Naomi Klein, On Fire, cuando agradece a su hijo escribe :  “failure is not an option”.

Fallar no es una opción.

¿Cómo podemos crear el después, sin errar?

¿Podríamos hacer una lista de cosas que no queremos que existan en lo después? Cosas grandes, cosas chicas: todas las que se nos ocurran.

Y por favor cuéntame más sobre eso de bailar los sábados en la noche.

Te quiero mucho,

América

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7ma marcha contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios, y una pregunta que es bandera: ¿Dónde está Tehuel?

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En vísperas de una nueva marcha que exigirá el fin de los crímenes de odio y políticas efectivas para una comunidad históricamente vulnerada, lavaca habló con la fiscal del caso que sigue la desaparición del joven trans Tehuel de La Torre. Por qué está caratulada como homicidio agravado por odio, aun sin haber encontrado el cuerpo. En qué está la búsqueda. Qué (no) dijeron los acusados. El juicio sin fecha. El pedido de información al RENAPER. Los nuevos indicios. Los rastrillajes. La falta de apoyo del gobierno. Estas son sus respuestas:

Mañana, 28 de junio, cuando se marche desde Plaza de Mayo al Congreso por séptima vez contra los travesticidios, transfemicidios y transhomicidios, Tehuel de la Torre llevará 474 desaparecido.

La última vez que se lo vio con vida fue el 11 de marzo de 2021, hace más de un año, cuando salió de su casa en San Vicente, provincia de Buenos Aires, a las 7 de la tarde, para encontrarse con Luis Alberto Ramos (37 años) quien, presuntamente, le había propuesto un trabajo de mozo para un evento.

Tehuel nunca volvió y Ramos está detenido junto a Oscar Alfredo Montes (46 años), quien se sospecha que el día de la desaparición estuvo también junto al joven. Una selfie encontrada en el celular de Montes avala esta hipótesis.

Recién ocho meses después de la desaparición, en noviembre de 2021, cuando encontraron una mancha de sangre en la pared de la casa de Ramos, la fiscal Karina Guyot, de la UFIJ-San Vicente pidió el cambio de carátula a “homicidio agravado por odio a la orientación sexual e identidad de género”.  Cuatro meses después, en marzo de este año, el juez de Garantías N°8 de La Plata, Martín Rizzo, pidió la elevación a juicio. 

Cuando Rizzo resolvió la elevación a juicio también resolvió desdoblar el expediente para que la búsqueda continúe. “La causa principal fue elevada a juicio. Y lo que tengo es el desdoble de la búsqueda”, dice a lavaca la fiscal Guyot. “En el desdoble de la búsqueda estamos pidiendo información al Registro Nacional de las Personas (RENAPER), para que nos informen en toda la provincia qué datos hay de gente desaparecida que sean NN. Estamos con oficios con ese tema, para ver si podemos hacer cotejos de ADN con esas personas que no han sido identificadas por nadie”. 

¿Cree que se puede encontrar el cuerpo de esa manera?

Yo lo estoy buscando, si lo voy a encontrar o no ojalá lo supiera. La búsqueda no se va a desactivar hasta que no aparezca, hasta que no aparezca va a estar abierta esa causa, por tiempo indefinido. Dios quiera que podamos encontrar algo, es el deseo. Hay dos situaciones: por un lado la búsqueda de la verdad y la justicia, que es lo que se pretende con la causa elevada a juicio, y la búsqueda del cuerpo. Si lo vamos a encontrar yo no lo puedo garantizar, depende de lo que hayan hecho los imputados con el cuerpo, que no lo dijeron. 

Durante meses se negaron a declarar, ¿lo hicieron?

La primera vez se negaron a declarar, la segunda declararon pero por supuesto que nada dijeron al respecto. 

¿Están elevados a juicio por homicidio aun sin cuerpo?

Por supuesto. Homicidio agravado por odio. 

¿Hay fecha para el juicio?

No, termina la etapa de instrucción y pasa a la etapa intermedia, el fiscal de juicio ahora tiene que prepararlo. No puedo dar fecha porque la desconozco. 

¿Y en la causa de la búsqueda además del pedido de información al RENAPER, qué más se está haciendo?

Hay varias cuestiones, no podemos comentar todo. Estuvimos haciendo nuevos rastrillajes en sectores más pequeños porque se habían hecho en lugares muy amplios, estamos sectorizando la zona, porque es muy grande y de descampados. Estamos profundizando sectorizado. 

Con lo que se hizo, ¿hay nuevos indicios?

Quedó pendiente una información que surgió de la causa que detectó la antena del teléfono en cercanía a la casa de Ramos. Y estamos trabajando sobre eso, que fue la noche que desapareció Tehuel. Fue entre las 4 y las 6 de la mañana, la antena detecta el teléfono de Ramos. 

¿Se sabe a quién llamo?

No hubo una llamada, hubo apertura de antena, en una zona donde no se acostumbraba a abrir el teléfono de Ramos, menos a esa ahora. 

¿Y en esa zona se hicieron rastrillajes?

Ya los hicimos y ahora los estamos profundizando más sectorizado. Yo tengo que agotar todos los recursos y hago lo que me gustaría que hagan si fuera un familiar mio: que sigan buscando. 

¿Es posible la desaparición durante más de un año sin complicidades territoriales? ¿Sin entramados en el barrio que lo permita?

Hay cosas que no puedo comentar. 

¿Se está recibiendo apoyo del Gobierno provincial en la búsqueda?

Si me pedis opinión te diría que no: en el rastrillaje último vinieron menos personas de las que esperaba, como los últimos rastrillajes. Esperaba más participación del Ministerio de Seguridad y la verdad es que es bastante escueto, más allá de que sigue en pie lo de la recompensa. Se debería enfatizar un poco más en la recompensa y en la búsqueda.

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Darío y Maxi: 20 años es todo (video)

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Se cumple este 26 de junio el vigésimo aniversario del asesinato de Darío Santillán (foto de portada, tenía 21 años) y Maximiliano Kostecki (22), producto de la represión oficial del gobierno encabezado por Eduardo Duhalde al creciente movimiento de trabajadores desocupados: los piqueteros.

Aquel oscuro día, las organizaciones movilizadas reclamaban no solo planes sociales (se exigía pasar de 150 a 300 pesos) sino que reivindicaban el apoyo para sus propios proyectos en los barrios: productivos, educativos y de salud. Por eso en ese momento no se hablaba de “planes sociales” sino de “planes de trabajo”.

En muchos sectores del movimiento piquetero (y Santillán era un claro referente), lo que se buscaba lograr era generar una situación de autonomía para evitar la cooptación –por parte del Estado y/o partidos políticos– de esa potencia social que planteaba el trabajo y el cambio social como foco de sus reivindicaciones. Ya no eran el peronismo ni el sindicalismo ni la izquierda quienes expresaban los reclamos, sino un sector social por nadie tenido en cuenta, que intentaba encontrar su propio camino, su propia voz.

La responsabilidad política por los homicidios sigue sin juzgarse, pese a que (o debido a que) incluye nombres como Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Alberto Atanasof (ex jefe de gabinete) y todo un oscuro entramado de funcionarios y –como es habitual– servicios de inteligencia.

Los dos condenados a perpetua fueron los autores materiales de los homicidios, los policías Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta. Aquel 26 J hubo además cientos de detenidos y heridos con balas de goma, y 32 heridos con balas de plomo que por casualidad no llegaron a elevar la nómina de muertes.    

Aquellos crímenes, las cooptaciones que finalmente han sido obvias, la inercia de un sistema laboral cada vez más precarizador y expulsivo, el desempleo, la desigualdad, la masificación del asistencialismo, entre otras ciénagas, le han ido dando forma, cristalización y a veces descomposición, al actual escenario.

A 20 años de esa tragedia habrá actos en el lugar del crimen (la antigua estación Avellaneda del Roca) el sábado desde las 10.30, con el objetivo de reclamar justicia completa: el juzgamiento de los responsables políticos. El domingo realizará grupos encolumnados en la izquierda harán su propio acto.

Pero el propio sábado por la tarde, en la vigilia habitual antes de cada 26 J, el director Patricio Escobar hará una presentación de media hora de lo que será la segunda parte de su notable documental La crisis causó 2 nuevas muertes. En esta secuela Escobar busca describir el tema de las responsabilidades políticas, y logró entrevistar a Eduardo Duhalde (ex presidente), Felipe Solá (entonces gobernador bonaerense), Juan José Álvarez (ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos) y Jorge Matzkin (era Ministro del Interior).

Como antecedente, y para quien quiera conocer o recordar la realidad de lo ocurrido, volvemos a incluir La crisis causó 2 nuevas muertes, que refleja no solo los sucesos, sino también las trampas a las que está sometida una sociedad que se presume democrática por parte de los llamados “medios de comunicación” que en realidad (y el 26 J fue un fiel reflejo) se han convertido sistemáticamente en plataformas de operaciones políticas, económicas y de inteligencia. El título del documental es el mismo del diario Clarín aquella vez, cuando culpaba a “la crisis” (como han aprendido a hacerlo diferentes gobiernos) por desastres y crímenes cometidos por personas y sistemas institucionales concretos.

Para ver La crisis causó 2 nuevas muertes:

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Dai, la jugadora eterna

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En este perfil especial que es parte de una cobertura colaborativa de tres medios cooperativos, el Club Atlético Lilán de Laprida recuerda -y extraña- a la joven que apareció muerta en una comisaría de la ciudad, a la espera de conocer la verdad de qué pasó. Sus compañeras de equipo y el entrenador relatan anécdotas de afuera y adentro de la cancha que reflejan, acaso, lo mismo: «Ponía mucha garra y sacrificio”.

Segunda entrega de la cobertura colaborativa entre Perycia, Revista Cítrica y LAVACA.

Por Bernardita Castearena

Fotos: Mauro Arias

El día después de cada partido, el tendal de la casa de las Arias-Abregú estaba todo ocupado con las camisetas albirrojas del equipo de fútbol femenino del Club Atlético Lilán de Laprida. Incluso cuando el lavarropas estaba roto, Daiana Soledad ponía música en el parlante del living y se dedicaba a cepillar durante horas las medias de cada jugadora para recuperar el blanco que tenían antes de entrar a la cancha.

 —Si hay que seguir lavándolas, vamos a hacerlo nosotras por ella —dice Morena. 

De las once jugadoras del plantel, tres son hermanas de Daiana Soledad: Morena, Sheila y Kiara. Hasta el día en que perdieron a “La Sole”, como ellas la nombran, cada sábado a la noche empezaban los preparativos para el encuentro del día siguiente.

Lilán es uno de los clubes más grandes de Laprida, una ciudad de 12.000 habitantes ubicada en el centro-sur de la provincia de Buenos Aires. Fundado en 1936, hoy se dan clases de fútbol, hockey, cestoball, tenis, natación, patín y pádel. 

“¿Quién va a alentarnos ahora?” se preguntan desde el domingo en el que Daiana Soledad Abregú murió en el calabozo de la Estación de Policía Comunal en condiciones que todavía se investigan. La versión oficial aportada por la policía habla de suicidio, pero la familia, les abogades y los organismos de derechos humanos creen que puede haber sido víctima de violencia institucional. 

Desde el martes posterior a la muerte, día por medio, familiares, amigues y vecines se movilizan por el centro de Laprida para pedir justicia.

Jugadora en todos los frentes

Como desde la cantina visitante del Club Atlético Lilán no se pueden ver los partidos, Daiana Soledad convencía a sus compañeras durante toda la semana para que la dejaran atender la local. Un tiempo atrás, las chicas del equipo de fútbol femenino se habían organizado para tener responsabilidades en el club, y ella se encargaba de todo. Un día pidió prestada una máquina de coser y la devolvió con un bolso para guardar todas las camisetas del fútbol femenino que había hecho con sus propias manos.

En las fotos aparece Daiana Soledad con un equipo que le sobra por todos lados: ni el talle más chico podía ajustar su cuerpo flaquito y sus “patas de tero”. Los botines esperaban antes de cada partido en uno de los primeros estantes de la repisa donde los utileros del club tienen ordenado por talle el calzado que les jugadores donan a la institución cuando les van quedando chicos. Nadie sabe de quién eran los que ella usaba, pero probablemente los botines 35 de una edición limitada de Messi, con tres nudos en uno de los cordones, antes habían hecho feliz a un niño de las inferiores del club. 

“Las dos calzábamos lo mismo”, dice Morena, que cuenta una anécdota por cada lugar del club que recorre: “Ella era nuestra fan número uno, va a costar mucho no escucharla cada vez que salimos a la cancha”.

Gritaba cuando un conocido jugaba en primera, cuando creía que los árbitros cobraban algo mal, se escapaba de la cantina para alentar y volver. Arengaba al grito de “¡VAMOS LILÁN, CARAJO!” antes de salir a la cancha. 

Era la que más alentaba, y la tribuna empezaba a gritar detrás de ella. 

El último partido

Cuando el entrenador vio que no corría ninguna pelota y que de a ratos se tocaba las piernas, la sacó. A fines del 2021, Daiana se fracturó la rótula después de haber chocado contra otra jugadora y, aunque un yeso le inmovilizó la pierna, no paró: se subía a la tribuna para ver a las compañeras, dejaba que la levantaran a upa cuando ganaban, atendía la cantina mientras el resto le escondía las muletas. Esta vez le dolía la otra, la que todavía tenía sana. 

Por primera vez, ese 29 de mayo, aceptó el cambio sin quejarse y se comprometió a descansar para poder recuperarse bien antes de volver a jugar. Cuando el resto de las chicas terminaron y no había nada más para hacer en el club, cruzó como podía las dos cuadras que separan su casa de la cancha de Lilán, agarró la bici y fue a que la revisaran. 

Por cada minuto que esperaba en la guardia del Hospital Pedro Sancholuz, la rodilla se le hinchaba y le dolía cada vez más, hasta que en un momento encaró para el consultorio y obligó al médico a que la atendiera antes que al resto de la gente. El día siguiente lo pasó tirada en el sillón riéndose con su familia de cómo el médico de guardia la había tratado de hinchapelotas por no esperar su turno.

 —Ella era muy espontánea, si te tenía que decir algo, te lo decía. Y si tomaba una decisión, la ejecutaba —dice Inés, a quien Dai había apodado Tilín. Ahora, desde el vestuario visitante, se acuerda de las tardes que pasaron riéndose al sol y de la cantidad de temas que podían charlar en los 60 km que separan Laprida de General La Madrid cada vez que viajaban en colectivo. 

“Hacete unos mates, Tilín”, era la frase ritual cuando terminaban de jugar un partido.

Jugaron por ella

Cuando Agustín “Peye” Harismendi cumplió años, recibió una remera de parte del plantel con una dedicatoria de Dai que decía: “Gracias por enseñarme a patear”. El profesor se hizo cargo del equipo a principios de 2021, pero la conoció recién en mayo, cuando faltaba una jugadora para completar el plantel y Morena la animó para que se acercara a entrenar. Antes de formar parte del equipo, Dai pasaba tardes enteras jugando con sus hermanas en la plaza. 

Los primeros días se iba enojada de todos los entrenamientos porque le pegaba a la pelota con toda su fuerza y no podía levantarla del piso. Agustín le caía bien, y él lo sabía. Entonces le enseñó a jugar con las dimensiones de una cancha, y le puso la camiseta número 8 para que pudiera correr de un lado al otro durante todo el partido: “Dai no era de las más grandotas ni de las más fuertes físicamente, pero tenía mucha garra, mostraba la pasión por el club con sacrificio”, dice Peye, como lo apodan las jugadoras.

El día después de recibir la noticia, Agustín se acercó a la casa de la familia de Daiana Soledad para darles un presente y le dijo a las tres hermanas que decidieran a lo largo de la semana si iban a querer jugar o no en la fecha siguiente. Todavía no saben si jugar fue la mejor opción, pero lo hicieron, y con el ánimo por el piso perdieron contra Club Atlético Platense de Laprida por 3 a 0. 

“Ese domingo fue bravísimo, pero jugamos porque era un partido que ella estaba esperando”, dicen sus compañeras. Durante toda la jornada, todas las categorías de Lilán se sacaron la foto previa al partido con una bandera que decía “Es imposible no estar triste…su ausencia duele!! Pero tu recuerdo nos hará sonreír. Dai Presente”. Esa bandera ahora forma parte de la colección de trapos que todos los domingos dan la vuelta al alambrado del club. 

El caso

Daiana Soledad Abregú llegó a la comisaría de Laprida en las primeras horas del domingo 5 de junio por una contravención en la vía pública. Doce horas después, cerca de las seis de la tarde, dos oficiales tocaron la puerta de la casa de su familia diciendo que la joven de 26 años se había suicidado. A partir de ahí, una serie de sucesos hicieron que la familia empezara a sospechar que la policía escondía algo. 

La autopsia confirmó que Daiana murió por asfixia mecánica, pero eso no significa que solamente pueda haberse ahorcado. 

La Comisión Provincial por la Memoria intervino como Mecanismo Local de Prevención de la Tortura y pidió que la causa se investigue exhaustivamente, teniendo en cuenta que Daiana murió mientras estaba al cuidado de la Policía Bonaerense en una comisaría que no estaba habilitada para recibir detenides en sus calabozos. 

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La última Mu: Tenete fe

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