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Nuevas generaciones: lo que se fue, lo que quedó y lo que no queremos que vuelva tras la pandemia

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Las redes de whatsapp. La autogestión. La pregunta de Naomi Klein a Chávez. Los desafíos del movimiento feminista latinoamericano. La idea de ser «más inoportunas». Cómo se vive y muere en Suecia. Y la lista de cosas que no queremos que existan nunca más: algunos de los temas que viajan de Estocolmo a Buenos Aires, en la sexta entrega de un emotivo intercambio entre América Vera Zavala y Claudia Acuña.

Buenos Aires, Argentina, 9 de abril de 2020

Querida América:

Me hiciste llorar con tu carta, seguramente porque cuando la leí estaba en uno de esos momentos sensibles que te enciende el aislamiento, pero también porque tocaste temas que son motivo de preocupaciones profundas y sin resolver que en estas situaciones te acechan como fantasmas que reclaman que definamos de una vez por todas dónde deben habitar: si acá o en el más allá.

Los tres timbres que tocaste son certeros: la autogestión, Venezuela, No estás sola.

Me invitás a pensar estos temas, pero no sé si soy capaz de hacerlo así y ahora. Mis reflexiones siempre fueron producto de charlas colectivas, pero no provocadas por las palabras que así escucho, sino por lo que esas palabras me hacen sentir. Solo puedo pensar con el cuerpo, y en particular con los pies, recorriendo realidades y situaciones muy diferentes, que me permiten no solo trazar un panorama, sino sobre todo un horizonte.

El encierro nos cercena eso: la mirada hacia lo que todavía no hay, pero está. La artista Hito Steyerl reflexiona justamente sobre lo que significó para la cultura occidental crear el paradigma del horizonte vertical en su libro Los condenados de la pantalla, y también los esfuerzos de muchos artistas por romperlo, y algo de eso hay en juego en este encierro: descubrir cómo experimentar otras formas de ver, de representar y de producir que no sean las que naturalizamos como únicas y por eso mismo, provocaron este colapso.

Es cierto que no estoy sola en este aislamiento social y que además conecto a través de grupos de wathsapp con no menos de 500 personas, todos los días. Sí: todas esas personas estamos conectadas a través de intereses concretos (el día del anuncio del aislamiento obligatorio formamos una red de mujeres que ya suma más de doscientas integrantes; desde la batalla legislativa por el aborto legal estamos en red cotidiana 156 periodistas profesionales; además formo parte de un grupo con familias sobrevivientes de femicidios; otro con las revistas culturales independientes; una red de psicólogas y hasta uno inesperado, que se armó hace una semana, para promover bailar en casa los sábados a la noche, entre otros). Me llegan así intercambios de información, pedidos, necesidades, informes de situaciones territoriales, y listados con las cosas que funcionan bien, mal o están cerradas y necesitamos reclamar que se abran. No recibo por estas vías reflexiones ni estados de ánimo, y mucho menos pensamientos sobre algo que no sea ya, urgente, necesario. Uno de esos grupos de wathsapp nuclea a mujeres de la Mesoamérica a las que conocí en un congreso de Economía feminista. Una de ellas fue la única que hoy se atrevió a compartir una mirada hacia el horizonte: “A nivel del movimiento de mujeres y feminista no hemos podido articular como colectivo ninguna propuesta. Estamos teniendo muy poca capacidad de propuesta de carácter estructural”.

Y esa es la tarea más urgente.

Trato entonces de reflexionar sobre esos tres temas, no a pesar sino con estas dificultades, que gracias a ese mensaje comprendí que no son personales ni locales, sino resultado de uno de los síntomas más preocupantes de esta crisis: perder la posibilidad de que desde los tejidos sociales periféricos del poder y de quienes tanto hemos aprendido a crear soluciones para enfrentar crisis podamos elaborar colectivamente un horizonte.

  1. La autogestión: No suelo hablar del amor en relación a las fábricas recuperadas, pero sí suelo  hablar mucho, así que puedo haber mencionado esa palabra. Sí hablo del afecto, en el sentido más amplio del término. Está claro hoy cómo nos afectamos unos a otros con lo que producimos, incluso en solitario o, más concretamente, incluso a pesar nuestro. La autogestión tiene siempre muy presente este principio porque puede producir sin dinero, pero no sin comunidad de intereses. Ese afecto es central, la mecha que enciende la producción. No se trata de la solidaridad ni de la igualdad –por usar dos términos que suelen asociarse a este tipo de producciones- sino de sintonizar exactamente, con la precisión que solo puede darte la sensibilidad social, qué necesita la época, qué no soporta más y qué está dispuesta a sostener, a pesar de todo y en medio de todo “lo otro”.

Concretamente, nosotros estamos pasando ese examen ahora, una vez más. Estamos acostumbrados y sabemos que para trascenderlo hay muchas cosas que podemos hacer, pero hay otras que ya no dependerán de lo que hagamos, sino de lo que la época esté dispuesta a hacer con nosotros. Si mirás los números, está claro quién no está dispuesto a sostenernos: desde septiembre pasado el Estado no nos paga lo que nos debe y el nuevo gobierno ha decidido distribuir la pauta oficial solo entre los medios corporativos, así que no tenemos un solo aviso desde diciembre. Sin esos pagos y sin esos ingresos, estamos claramente en desventaja frente a los medios comerciales, que han obtenido en una reunión que realizaron por teleconferencia con el ministro de Industria la promesa de que contarán con descuentos impositivos, subsidios para compra de papel, aportes de 10 mil pesos que pagará el Estado por cada salario y excepción de pago de aportes jubilatorios, además de la pauta, claro. Nosotros, nada. Por la cuarentena, tampoco podemos abrir nuestro local ni dictar nuestros cursos, así que la suma de ingresos por cualquiera de las otras vías diversas que abrimos para sostenernos en momentos así, están cerradas. Siempre, en estos casos, nos ha sostenido la revista papel que editamos todos los meses, pero los kioscos de ventas de revistas están cerrados y el precio del papel, que siempre cotiza en dólares, aumentó en los últimos seis meses un 300%, aumento que no podemos trasladar a quienes están suscriptos, por ejemplo, porque nos han pagado esas ediciones por adelantado y nosotros, más allá de los desquicios del mercado, debemos cumplir con quienes han confiado así en nuestra producción.

¿Entonces?

¿Qué hacer?

coronavirus

En estos momentos hay una nueva generación a cargo de la cooperativa, que ha crecido en tiempos menos violentos y tuvo que enfrentar los cuatro años de macrismo sin experiencia previa en represiones brutales, persecuciones a medios opositores, inflación desmesurada, cambios galopantes de precios de insumos y todas esas pestes neoliberales. Es esa generación la que ahora debe superar esta nueva prueba, más difícil por cierto y mucho más imbricada.

Y lo que hicieron fue crear contenidos, muchos, diversos, por todos los canales abiertos y posibles, sin pausa, con entusiasmo y con confianza: si la época los necesita, serán sostenidos.

La respuesta comienza a llegar y con ella, los ingresos. (Suscribánse a la edición online de lavaca.org, ¡por favor!)

Estamos hablando de economías de sobreviviencia, así que está generación ya sabe que nunca será reconocida por las instituciones que otorgan los certificados de prestigio ni  nunca será millonaria, pero sí que hay algo más poderoso que cualquier poder y ese algo es estar vivo.

Hay muchos medios de comunicación muertos, algunos incluso prestigiosos y millonarios. No es ese nuestro juego ni nuestro partido: nosotros estamos jugándonos el horizonte, que es lo que hoy vale una fortuna.

Nuestro recurso, entonces, es el afecto: que nos quieran nos salva.

  • Siempre recuerdo ese único viaje a Venezuela, así como no puedo olvidarme de la única vez que vi a Chávez. Fue en el marco del Foro social de Porto Alegre, en un encuentro privado en el que me colé. Pude ver así el momento en el que saludó a Naomi Klein y escuchar lo que ella le preguntó:

-¿Por qué detrás de la revolución bolivariana veo a un hombre y no a un pueblo?

Chávez no le respondió.

Había que tener una mirada entrenada en el divisar horizontes para poder hacer esa pregunta en aquel momento, y esa Naomi, tan joven, tan modesta, fue la única capaz de comprender antes que nadie que ahí estaba el problema y que de ese problema nadie hablaba.

¿Cúal era ese problema?

Llamésmosle caudillismo.

Recordé ese momento hace poco, cuando Rita Segato habló del caudillismo de Evo Morales como uno de los factores centrales del golpe en Bolivia, y cómo intentaron acallarla, calificándola de inoportuna, golpista y elitista por criticar al… caudillo caído. Deberíamos ser inorpotunas más veces, especialmente en América Latina, aun pagando el alto costo que pagó Rita por hablar de ese tema en ese momento. Nos debemos esa charla, especialmente nosotras, las feministas.

En mi barrio todos los comercios más pequeños –kioscos, cajeras de supermercados chinos, farmacias- están atendidos por personas venezolanas. También en las esquinas se aglutinan con bicicletas y motos, ataviados como repartidores precarizados de las empresas virtuales –Globo, Rapi, etc- para esperar cerca de los supermercados los pedidos y así, estar primero en las preferencias del bot que les da órdenes desde el teléfono. Son los más expuestos, los peores pagos, sin duda los más capacitados desde el punto del mercado laboral formal –por estudios universitarios, por edad, por responsabilidad- y que por la crisis venezolana han emigrado a un país tan inclemente como Argentina. Llegaron en el momento adecuado, cuando el anterior gobierno no pudo, por la resistencia social, modificar la ley laboral y flexibilizar así derechos que en Argentina son fuertes, pero cada vez para más pocos. La migración de venezolanxs funcionó entonces como la flexibilización laboral de facto: le pagan la mitad, los obligan a trabar el doble. Un ejemplo es Vaca Muerta, la mayor reserva de petróleo del mundo, enclavada en la Patagonia: a los ingenieros venezolanos no le reconocen los títulos, así que ganan la mitad, pero saben mucho de algo que acá se desconocía: el fracking. Tenemos entonces a personas que huyeron de su hogar para escapar del derrumbe de una revolución castigando a una tierra a la cual no pertenecen.

Venezuela, entonces, ya no es un país sino un estadío del capitalismo del desastre, capaz de producirlo en cualquier parte porque ha logrado primero destrozar lo primero: las raíces, aquello que te hace sentir parte de algo más grande y más importante.

  • No estás sola es exactamente eso. El título de mi novela lo sugirió un periodista amigo, Gerardo Rozín, porque me escuchó decírselo a una muchacha muy joven que llegó a nuestro local buscando ayuda para escapar de la violencia de su ex pareja. Es una frase que uso desde hace años y que estos días tremendos veo repetir en tantos lados –desde mensajes de wathsapp hasta anuncios oficiales- pero para mí no es simplemente un grupo de palabras, sino una forma de recuperar aquello que este sistema nos mutila: la capacidad de sentirnos parte de este mundo, de todo, todito, desde el cielo hasta las entrañas del petróleo, y comprender así que somos mucho más fuertes, más inmensos y más resistentes, pero también más responsables y dependientes de todo aquello que hagan y todo aquello que dejen de hacer los demás,  todos. Unidos así, desde lo más profundo y más intangible, la soledad es un estado pero también un desafío. Es la manera que tiene nuestro destino de ponernos a prueba para enseñarnos así que somos humanos.

Ahora, esto que llamamos pandemia nos recuerda que no podemos seguir comportándonos como si no fuéramos cuerpos capaces de ser afectados por otros cuerpos.

Ahora, cuando el aislamiento social nos niega la posibilidad de admirar el horizonte, tenemos que aferrarnos a esa memoria ancestral, primitiva, de especie, porque solo así podremos comprender, quizá, supongo, deseo, por qué parar este mundo horrible es necesario, sanador y por qué no, también, una segunda oportunidad que nos da la época para intentar que este planeta nos quiera.

Te abrazo,

Claudia

Estocolmo, Suecia,15 de abril de 2020

Querida Claudia:

Pasaron varios días desde la última carta, y muchas cosas en el mundo, pero acá en Suecia, y en mi vida, no. O mejor dicho, pasaron cosas importantes, pero que no tienen que ver con el coronavirus. El jueves, el primer día de la Semana Santa con mi hijo Ernesto fuimos a un entierro. La verdad es que yo lo acompañe porque era su amigo, un chico muy encantador, de ocho años, que después de sufrir mucho tiempo un cáncer ya no pudo más. 

Fue en el cementerio Skogskyrkogården, no muy lejos de la casa donde vivía cuando me visitaste en Suecia cuatro años atrás. Es un cementerio muy bello, como en un bosque, es el único sito patrimonio mundial en Estocolmo. Los entierros son la ceremonia más importante de todas las ceremonias, porque realmente es por ti mismo: lo que realmente es central es tu adiós a la persona.

Un par de años  atrás se murió una mujer, militante comunista de Gotemburgo. Su marido había participado de la Brigada Internacional durante la guerra civil en España. Ella desde su casa organizó las ayudas a las brigadas internacionales. Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo en la escuela del “partido” en Moscú, luego trabajó como espía contra los nazis. En sus últimos años, en el asilo de ancianos se convirtió en rapera: siempre le pedían que cante y ella eligió el rap porque quería variar un poco. Así vivió y lucho hasta morir, cuando tenía noventa y pico. Se llamaba Greta y fui a su entierro porque la quería despedir como se merecía. Sabía que esa ceremonia me iba compensar su pérdida. Este entierro fue otra cosa.  Nunca en mi vida me podría haber imaginado el entierro de un niño No es natural, es contra el orden natural, correcto. Ver esa mamá mirar el ataúd de su único hijo. Yo, sentada al lado de mi hijo que lloraba. Y hacerlo además, en tiempos de coronavirus, con restricción de cuanta gente podía participar (no más de 50 personas) estar sentados lejos de uno al otro y no poder ni abrazar a la madre.

Esa experiencia me hizo pensar que así muere mucha gente ahora, solas, totalmente solas, después de haber estado aislada en terapia intensiva durante semanas. ¿Qué hacer frente a semejante el dolor con esta soledad impuesta, con esta distancia social obligatoria, en momentos en los cuales lo que más necesitamos es cercanía?

¿Cómo está Argentina? ¿Cuánta gente está enferma, cuánta murió? ¿Cómo es la atención en los hospitales? ¿Como están siendo tratados las enfermeras y doctores? 

En estos días vi un video muy lindo de la Afa, y pensé que cada país enfrenta el coronavirus de una manera que es  típica de cada lugar. Eso de utilizar el fútbol como metáfora para la vida es muy argentino. Así como es muy sueco ser lagom, esa palabra que solamente existe en sueco y que google translate me dice que significa “moderada”, pero es más: es la manera de pensar y vivir sueca. 

Y así entramos en Semana Santa, siendo diferentes. 90% disminuyeron los viajes de pascua, eso significa que mucha gente siguió la recomendación de la Agencia de Salud Pública de quedarse en casa. También significa que 10% igual se fue a sus casas de verano en Gotland o en la costa, a fuera de Gotemburgo o en la tierra de Wallander, Ystad, y al norte para esquiar.  Y estos días, Para nosotros estos días en casa con toda la familia fueron distintos: la primera vez que desde el 9 de marzo –que se declaró la pandemia- que tuvimos un sentimiento de normalidad. No sabemos nada del futuro, ni podemos planear el verano, que para un país con tan poco sol y calor es muy importante. Pero comimos, salimos a jugar, miramos películas y la vida igual se sintió bien. 

Cuando Arundathi Roy en su magnífico texto sobre coronavirus pregunta si la pandemia puede ser un portal hacia lo nuevo, hacia ese  mundo diferente que tanto queremos y necesitamos, la respuesta me da miedo. Porque lo que era antes, lo que ahora los líderes y economistas llaman “la normalidad” era un sistema insostenible, y estas semanas no nos han dado suficientemente la oportunidad de cuestionar lo “normal”. Europa se está preparando para “abrir” el portal hacia “la normalidad”, salvo Francia que va seguir con la cuarentena un mes más. ¿Y después?

 Tenemos que hablar sobre después, en otra carta.

Me escribes sobre la capacidad de sentirnos parte de este mundo, de una segunda oportunidad. En el último libro de Naomi Klein, On Fire, cuando agradece a su hijo escribe :  “failure is not an option”.

Fallar no es una opción.

¿Cómo podemos crear el después, sin errar?

¿Podríamos hacer una lista de cosas que no queremos que existan en lo después? Cosas grandes, cosas chicas: todas las que se nos ocurran.

Y por favor cuéntame más sobre eso de bailar los sábados en la noche.

Te quiero mucho,

América

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 1

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La nueva serie documental de lavaca: El mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Dirigida por Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes.

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir.

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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Cuatro años de in-justicia por el femicidio de Carla Soggiu       

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En la Plaza de la Memoria de Pompeya, junto a vecinos, vecinas, otras familias víctimas de femicidios y organismos de derechos humanos del barrio, se recordó este domingo a Carla Soggiu frente al mural que hizo el barrio, a cuatro años del femicidio. Estuvo presente Alfredo Soggiu (foto) el padre de Carla. Sin culpables por el crimen, y sin siquiera un fiscal que lleve adelante la causa, la familia se transformó en querellante e impulsa que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía protegerla. El ex marido de Carla fue acusado por violación, pero el crimen sigue impune. La idea sobre quién cuida a lxs vecinxs.  

El acto en la Plaza de la Memoria de Pompeya (fotos: Ailín Soria)

“A pesar de que pasaron cuatro años cada día siento más injusta su partida, que le hayan quitado la vida. Tanto su pareja, como el gobierno de la Ciudad, como la justicia, todos la mataron un poco a mi hija”. 

Alfredo, papá de Carla Soggiu, está parado en la Plaza de la Memoria del barrio porteño de Pompeya, a cuadras de donde su hija murió. Desde ahí habla. Frente a él vecinos y vecinas que escuchan; a su lado, familiares de otras víctimas de femicidios; y en su espalda, el mural desde donde su hija mira al barrio junto a letras negras que dicen: verdad y justicia. 

Ni botón ni GPS

El 15 de enero de 2019, cuatro años atrás, Carla Soggiu pidió ayuda 5 veces apretando el botón antipánico que tenía después de haber denunciado a su pareja. Pese a que el sistema contaba con ubicación GPS, la empresa no pudo ubicarla. Carla estuvo desaparecida hasta que un barrendero encontró su cuerpo en el riachuelo. Según la autopsia, murió por “asfixia mecánica por sumersión”. 

Ella tenía un botón antipánico porque días antes, el 26 de diciembre de 2018, su ex pareja, Sergio Nicolás Fuentes, la secuestró, violó y golpeó brutalmente, con su hija menor como testigo. Carla tenía hidrocefalia, los golpes destrozaron la válvula. Cuando logró huir lo denunció ante la la Oficina de Violencia Doméstica, y le dieron el botón antipánico que días después no la protegió.  

Con el Poder Judicial en contra

Sergio Nicolás Fuentes fue condenado por la violación a seis años de prisión, pero la causa por el femicidio fue archivada, cuando la familia se enteró ya había pasado un año.

Pidieron entonces que la justicia porteña investigue por qué no funcionó el botón antipánico: el fiscal de primera instancia archivó el pedido.

Apelaron, el fiscal de Cámara también lo archivó.

Fue cuando alegaron que la Ley de Víctimas autoriza que se abra la investigación sin asistencia de un fiscal, y así lograron que se los acepte como querellantes.

En ese punto están ahora, sin fiscal el impulso de la causa depende de la familia. El objetivo es que se investigue la responsabilidad de Diego Santilli, por entonces Ministro de Seguridad porteño, por la falla en el sistema del botón antipánico que debía proteger a Carla.  

Dice Alfredo, papá de Carla: “Después de tanto tiempo de lucha, con el acompañamiento de un montón de gente incondicional, recién logramos meter una causa contra uno de los asesinos de mi hija. Más que nunca necesitamos el acompañamiento de todos, que nos ayuden a caminar. Por mis nietos, por mi señora, también por mí. Lo necesito, que me acompañen”. 

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial que intenta garantizar impunidad en lugar de justicia. Susana explica: “Las familias sentimos mucha impotencia, esto no tiene que pasar más. Tenemos que luchar y acompañarnos porque es lo que nos hace fuertes”. Susana se detiene para nombrar a Roxana, mamá de Carla Soggiu que no está presente, se quedó cuidando a sus dos nietos, hijes de Carla, que hoy tienen 6 y 8 años. Sigue: “Nuestras hijas no pueden volver a la vida pero queremos que descansen en paz, y lo van a hacer cuando haya justicia”. 

Daniel (en el centro), y Susana, rodean a Alfredo, el padre de Carla Soggiu. (Fotos: Ailín Soria).

Vecinos cuidándose

Vecinos y vecinas del barrio forman un semicírculo para escuchar. Entre ellos están presentes los integrantes del Instituto de la Memoria de Pompeya, responsables de cuidar y crear la Plaza de la Memoria donde ocurre este ritual de abrazo hacia la familia. Además del de Carla hay murales dedicados a Ezequiel Demonty (el joven asesinado por la Policía en el Riachuelo), por la Noche de los Lápices, por Hebe de Bonafini, entre otros.

“La lucha se sostiene con amor, con alegría y con memoria”, dice Alberto, integrante del espacio, y cuenta que fue en 2006 cuando se propusieron visibilizar a les desaparecides del barrio, crearon la plaza, y empezaron a marchar juntos.

Pronto se dieron cuenta de cómo aparece la violencia institucional y estatal hoy, dice: “A veces reflota en estas formas: femicidios, travesticidios, desaparición de jóvenes en situación de calle. Los únicos que nos cuidamos somos los vecinos a los vecinos”. 

Luego, la foto de Carla se levanta alto y se grita presente, con su sonrisa y su mirada desde la pared.

Fotos: Ailín Soria.
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