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Protesta social

La ciencia de resistir

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Clima de la época. Malvinas y el Mundial, banderas y llamamientos con cuatro estrellas: las de los títulos de 1978,1986, 2022, y la Estrellita Culona. El acto en defensa de la ciencia se realizó en el Obelisco y empalmó con el que los jubilados siguen haciendo cada miércoles, y recordando todos lo ocurrido el jueves cuando el rechazo social fue determinante para tumbar capítulos del proyecto de ley de propiedad privada. Un récord para Milei: hoy la ciencia está peor presupuestada que con la dictadura, el menemismo, el 2001, el macrismo y la pandemia: el (falso) superávit conseguido estrangulando actividades. Los que no fueron despedidos tienen los salarios congelados hace 26 meses, con destino uberizado. Las imágenes, las ideas y los gráficos del cientificidio.     

Por Lucas Pedulla

Fotos Cobertura Colaborativa y lavaca.org

El número más bajo desde 1972 en relación al Producto Bruto Interno nacional (PBI): apenas un 0,140% en Ciencia y Técnica, superando el ajuste de la última dictadura militar. Una caída de financiamiento en todo el sector de más del 50%, según los informes del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación al cierre del primer trimestre del año. Siete puestos de trabajo perdidos por día entre investigadores, becarios, técnicos, personal de organismos públicos y universidades nacionales. Cierre y desmantelamiento de entidades como el Instituto Nacional del Cáncer o el Instituto Nacional del Agua, entre otras. Y quienes siguen con trabajo tienen salarios congelados hace 26 meses, que les ubican por debajo de la línea de la pobreza y teniendo que recurrir a otras estrategias como choferes de aplicación.

La ciencia de resistir
Las barras muestran el ataque presupuestario a la ciencia en el gobierno mileísta: por debajo de la dictadura, de la crisis de la hiper alfonsinista, del menemismo, del gobierno de la Alianza, el de Duhalde, el de Macri y la pandemia.

Esta es la bomba que está haciendo estallar –en sentido literal, pero también de bronca– a todo el sistema científico y universitario argentino, que este miércoles se convocó frente al Obelisco con la consigna: “Me pongo la camiseta para defender la ciencia argentina”. Los llamados apelaron a la emoción provocada por la performance de la Selección Argentina en el último mundial, sobre todo el triunfo épico ante Inglaterra por 2 a 1 y el corolario de la “sábanabandera” que los jugadores desplegaron ante los ojos de todo el mundo –“Las Malvinas son argentinas”– además de los festejos que en territorio porteño eligieron el Obelisco como sede histórica de celebraciones, aun en la derrota de la final.

La ciencia de resistir
La ciudad y los perros. Foto: Cobertura Colaborativa.

Por eso los flyers tienen cuatro estrellas mundialistas: 1978, 1986, 2022 y la de este 12 de agosto es la famosa “estrella culona”, esa belleza marina encontrada en el Mar Argentino durante la transmisión de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) en julio del año pasado. 

La ciencia de resistir

Ciencias económicas. Foto: lavaca.org.

“Nos estamos poniendo la camiseta para defender al país”, sintetiza a lavaca Cora Gamarnik, doctora en Ciencias Sociales y coordinadora del Área de Fotografía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), una de las coordinadoras de la jornada. Y conecta esta convocatoria con la masiva protesta contra la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada que el Gobierno reprimió con fuerzas federales durante más de tres horas la semana pasada: “No sólo es en defensa nuestra. Lo que despertó el espíritu mundialista, la identidad nacional, las ganas de tener una patria, lo contentos que nos pusimos con ganarles a los ingleses y desplegar esa bandera, sumado a lo aguerrida que fue la marcha del jueves pese a la feroz represión, nos dio un nuevo impulso para que sepa lo que nos está pasando”. 

La ciencia de resistir
Un viaje al fondo del mar convertido en símbolo para la ciencia, con la Estrellita Culona. Foto: Cobertura Colaborativa.

Los organizadores describieron a la jornada federal –con participación en 30 ciudades y pueblos de todo el país– como “inédita” por su transversalidad, que sumó: 

  • Universidades nacionales, que llamaron a un paro de 24 horas en reclamo de la aplicación de la ley de Financiamiento Universitario (votada por el Congreso, vetada por el Gobierno, votada de nuevo y hasta con un fallo de la Corte que ordena su cumplimiento).
  • Trabajadores de ARSAT.
  • De la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que sufrió un recorte del 44,6% según el Grupo Economía, Política y Ciencia del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (EPC-CIICTI).
  • De la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE): 65,4% menos.
  • Del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA): 34,3%.
  • Del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INT): 54,1%.
  • De la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia IDI): 87,8%. Fue el organismo del sector más perjudicado, con pérdidas de cientos de becas y proyectos de desarrollo.
  • Del propio CONICET: un ajuste del 35,1%.
La ciencia de resistir
El subsuelo de la patria movilizado rumbo a la marcha. Foto: Cobertura Colaborativa.

Los datos siguen y anuncian el desastre: la degradación del exministerio de Ciencia y Tecnología (MINCyT) a una subsecretaría expone una caída del 85,3% en la ejecución de su presupuesto.

“La situación es dramática”, apunta Cora. “El objetivo de la acción es visibilizar el impacto de las políticas del gobierno que no afectan solo a quienes trabajamos en el sector, sino a todo el país: el que nunca pisó una universidad necesita no tomar agua contaminada o que la nafta que le venden no esté adulterada”.

En el Obelisco hay muchas banderas con la tipografía de Las Malvinas, que dicen:

  • “Defendemos el conocimiento y la soberanía científica”.
  • “Sin ciencia no hay futuro”.
  • “Ciencia es soberanía”.
  • “La cuarta está acá”, junto al dibujo de la estrella culona.

Política del dulce de leche

Mariano es investigador del CONICET y trabaja en el Instituto de Fisiología Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE) de la UBA: “La situación es crítica. La plata para investigar es cero y se hace difícil planificar cualquier cosa. Las líneas subsisten de lo que hay de otros años y muchos buscan en el exterior, donde también hay recortes. Todo el tiempo tenemos renuncias porque el sueldo no alcanza: una compañera es bioingeniera y su beca doctoral de dedicación exclusiva no llega a los $800.000. Muchos sienten que no hay futuro”.

Karina tiene 48, trabaja en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y no se puso una camiseta sino un guardapolvo entero de Argentina: “Trabajamos en desarrollo de vacunas y sus componentes. Participamos en el desarrollo de la vacuna ARVAC (la primera 100% argentina contra el Covid-19) y fue hermoso que todo lo que yo aprendí pude volcarlo en un trabajo que hoy es un producto que se consigue en las farmacias. Pero estamos preocupados. Todo el sistema de becas está complicado y hablamos de estudiantes que son la masa crítica. Es muy desmotivante que muchos por falta de apoyo tengan que irse al exterior, donde son muy valorados por el tipo de educación que tenemos. Si no podés independizarte de tus padres, ¿qué futuro le encontrás? Hace poco se nos rompió un equipo y arreglarlo costaba 6.000 dólares: para Brasil quizá sea poco pero para nosotros es remar en dulce de leche. Y no es que no hay plata: esto es una decisión política”.

De a poco, la convocatoria va creciendo. Poco antes de que el acto comience, se escucha una música que viene de 9 de Julio y se filtra entre los bocinazos y el cordón de la Policía de la Ciudad. Muchos miran y se emocionan.

Muchos aplauden y los abrazan.

Son los jubilados.

No la mires por TV

“Ole olé, 

olé olá,

los jubilados aquí están 

a los científicos venimos a apoyar”.

La canción se sostuvo desde la Plaza Congreso, donde jubilados y jubiladas marchan todos los miércoles, hasta el Obelisco. A la típica ronda de cada semana, cuando las columnas doblaban por Sáenz Peña, desde la cabecera gritaron: “¡Vamos a apoyar a los científicos!”. La procesión fue por Avenida de Mayo hasta 9 de Julio, y allí doblaron por Bernardo de Irigoyen. Todo custodiado por efectivos de la Policía de la Ciudad con escudos, cascos y armas largas como si estuvieran yendo a algún tipo de guerra.

La ciencia de resistir
Duda cartesiana: ¿La Policía no tendrá algo más útil que hacer que gastar millones en perseguir jubilados?

Felipe Carlini es uno de los jubilados que marcha. Siempre. Cada miércoles. Aunque a sus 77 años reconoce que no era un asiduo participante de protestas. Hasta diciembre de 2023: “Ni bien asume Milei vine solo, por mi cuenta. No me podía quedar en mi casa mirando por televisión cómo semejante personaje nos iba a destruir. Este es otro Macri, pensaba yo. Y lo primero que dije fue: Este nos va a sacar los medicamentos. Me costó varios amigos del club de jubilados: hacíamos gimnasia, yoga, y ahí aprendí a tocar la guitarra. La enorme mayoría no tenían dónde caerse muertos, eran más pobres que yo, pero iban y votaban a este gobierno”. 

La ciencia de resistir
Felipe, Rubén y un hecho: muchos jubilados no son pasivos. Al revés, cada miércoles muestran capacidad para activar en la calle y plantear otro rumbo para el presente.

De no salir casi nunca a la calle, Felipe pasó a marchar todos los miércoles. Hoy integra el Movimiento Activo de Trabajadores y Jubilados (MATyJ). Sus dos hijas siempre le preguntan si está bien: se preocupan al ver por tele cómo las fuerzas federales gasean o balean o empapan con camiones hidrantes esas protestas donde está su papá. Sus reclamos son elementales, pero los consideran terroristas:

  • Recuperar la cobertura del 100% de todos los medicamentos del PAMI. Hoy hay apenas unos 40 remedios que se obtienen con un 40% o un 80%.
  • Una jubilación mínima superior a la canasta básica. El haber mínimo hoy está en $419.775, más un bono de $70.000, mientras que la canasta básica supera los $1.800.000, según el relevamiento de la Defensoría de la Tercera Edad. 

La jubilación de Felipe no es la mínima, pero apenas supera los $700.000. Trabajó muchos años en áreas de recursos humanos hasta que lo echaron en 2004. Consiguió empleo como seguridad en un consultorio pero le urgía hacer otra cosa: “No podía estar todos los días ocho horas mirando la pared”. Como trabajaba de noche, de día estudió gastronomía. Así consiguió trabajo en un hotel cinco estrellas donde estuvo hasta que se jubiló. Hoy vive en Villa Adelina (partido bonaerense de Vicente López) y cada semana camina las seis cuadras que lo separan de la estación del ramal Belgrano, se sube al tren, baja en la terminal Retiro y allí combina con el subte E para acercarse al Congreso. A sus hijas les dice que se queden tranquilas: “Si te tiran un gas, te corrés un poquito y después volvés a la carga”.

Es hincha de Independiente más por herencia familiar que por pasión futbolera, pero lo que sí le apasiona es el folklore. “Cafrune”, dice y se le iluminan los ojos, en relación al cantor y músico argentino. Una de sus canciones preferidas es Zamba de mi esperanza, concepto que ni Felipe ni todos los jubilados abandonan: “Cada miércoles es un desahogo, porque si no me quedo puteando el televisor”, dice, caminando con su compañero Rubén. Mientras, en el Obelisco el acto comienza: “Este gobierno está haciendo un cientificidio. No es un ajuste, es la destrucción de todo nuestro sistema científico”, dicen. Anuncian que van a bailar chacarera, leer un documento y luego a cantar el Himno Nacional. 

Felipe une luchas como la de jubilados y la de la ciencia, y momentos como este Obelisco y la del jueves pasado en Congreso, que tanto le debe a los miércoles suyos y de sus compañeros: “Ahora el pueblo se despertó. Fijate que nos levantamos y le tumbamos como pueblo dos capítulos de la ley. Ahora hay que seguir en Diputados. Pero estamos. Y la empezamos los jubilados”.

Esos mismos que ahora, mientras el acto contra el cientificidio continúa, se divierten haciendo semaforazos en plena 9 de Julio. Frente a los datos, los mínimos históricos y el ajuste que no cesa, Felipe es optimista: “No hay que parar”.

La ciencia de resistir
En la Ciudad Universitaria. Foto: Cobertura Colaborativa.

Protesta social

San Cayetano: el espejo del presente

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Miles de personas participaron en la marcha de San Cayetano a lo largo de 15 kilómetros desde Liniers hasta la Plaza de Mayo. ¿Qué nos dice lo que ocurrió y lo que se manifestó en esas 150 cuadras? Las voces y vidas que casi nunca se escuchan y lo que explican sobre esta época: cuándo y cómo se come, el trabajo, el no trabajo, los alquileres, las facturas, las incertidumbres, lo horrible y lo extraordinario.

por Lucas Pedulla 

Fotos: Tadeo Bourbon/lavaca.org 

Hace diez años los movimientos sociales argentinos tomaron el 7 de agosto, día de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, para realizar una marcha de 15 kilómetros que une Liniers –sede de la iglesia del santo, pero también portal entre CABA y conurbano– y Plaza de Mayo con una agenda de temas que la política tradicional toma, más o menos, cuando les conviene: economía social, agricultura familiar, reciclado social, barrios populares. 

San Cayetano: el espejo del presente
Las mujeres ponen el pecho y la olla. Tadeo Bourbon/lavaca.org.

A esa plataforma de propuestas hoy se le suman las problemáticas de la era Milei: desempleo, recorte de programas sociales, parálisis de las obras de integración sociourbana, acceso a la vivienda, mercadería que no llega a los comedores, y el crecimiento del narcotráfico que se disputa la vida y la muerte de jóvenes.

San Cayetano: el espejo del presente
Teoría sobre el ajuste. Foto: Tadeo Bourbon/lavaca.org

Muchas de esas dificultades son las que explican que la convocatoria no tenga en su punto inicial la masividad de otros años, además de llegar un día después de la enorme concentración en el Congreso contra la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuya represión se extendió por horas. 

San Cayetano: el espejo del presente
Acarreando bandera y Virgen.Tadeo Bourbon/lavaca.org

San Cayetano: el espejo del presente
Otros acarreos. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Pero como nadie sabe lo que un cuerpo puede, cientos de ellos están a las ocho de la mañana frente a la estación de Liniers. Por la cabecera se sumará algunas cuadras el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. En la homilía, el arzobispo porteño José García Cuerva plantea cosas como “que se multiplique la justicia social”, “en el centro de cualquier dinámica no deben ubicarse el capital, las leyes del mercado ni el lucro, sino la persona, la familia” y reclamó por un país en el que “nadie sea descartable”. 

Luego, una vez que la columna llegue al Congreso, ya serán miles, y en Plaza de Mayo se sumarán algunos gremios de la CGT y partidos de izquierda. 

De todos modos, con más o menos personas, con más o menos banderas, San Cayetano siempre alumbra un caleidoscopio de agendas que es todo lo que la dirigencia política –¿cuál?– debería escuchar, sentir y responder.

San Cayetano: el espejo del presente
Cartoneros y sus ollas. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Porque allí marcha Carolina –47 años, un hijo, de Ciudadela–, que vende espigas a 1.000 pesos y no consigue trabajo formal desde que la echaron de un comercio durante el macrismo.

Marcha Gabriel, a quien no le gusta la política pero va con su bici para vender chipá y pagar la factura de 100.000 pesos que le llegó de luz o los 300.000 de alquiler en Avellaneda, donde vive con su señora y su hijo.

San Cayetano: el espejo del presente
Cuando lo elemental se convierte en una odisea. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Brenda –34 años, ocho hijos, dos nietos–, del Movimiento Evita, porque el changuito del súper ya ni siquiera es un lujo, «es algo extraordinario», y eso que pasó por un kiosco, por un almacén, por una pollería y ahora vende jabones artesanales en la feria de Pontevedra. Pero “nadie tiene un peso».

Marcha Carlos –65 años, de Lomas de Zamora–, jubilado de todos los miércoles, con una bandera que pide un «Sindicato de Jubilados», quien a sus 65 años pudo acceder a una Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM, un 80% del haber mínimo) porque el gobierno eliminó la moratoria, y solo por el bono 70.000 pesos supera apenas los 400.000 pesos por mes: «Como una vez al día, generalmente a la tardenoche, porque las mañanas la paso con mates tratando de ver alguna galleta».

San Cayetano: el espejo del presente
Los que agarran las palas. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marchan Juan y Bautista –del Evita y de atrevidos 13 años, envueltos con una bandera de “Las Malvinas son argentinas”–, que vinieron desde San Fernando, porque quieren colaborar, quieren militar, quieren conocer y hablar con gente: «Si en el futuro sigue este gobierno, esto no va a ser un país».

Marcha Dalila -también de 13, amiga de los tres varones-, que vino a pedir por su papá: «Lo echaron del municipio. Lo re usaron. Se tenía que hacer muchos estudios y ahora está mal».

Marcha Enzo, su profesor, que dice que su generación antes militaba desde el centro de estudiantes y ahora tiene que rescatar a los chicos del pasillo.

San Cayetano: el espejo del presente
Reforma laboral. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Gustavo –64 años, de Laferrere, La Matanza–, con pechera de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que ve a chicos de 11 años luchando contra los soldaditos narco: «Me da impotencia porque mi país es rico».

Marcha María –33 años, de Máximo Paz, Cañuelas–, con la agrupación De Frente de los Misioneros de Francisco, porque el municipio les está pisando la instalación de luz que beneficiaría un plan de viviendas para 500 familias («la intendenta es peronista, mirá vos») y espera la visita del Papa León a la Argentina en noviembre: «Hoy tengo que decidir si le compro un par zapatillas a mi hijo, si compro comida, si pago un servicio o si compro un medicamento».

San Cayetano: el espejo del presente
Primicia: hay jóvenes no mileístas. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Vanesa –42 años, de Fiorito, donde nació Maradona–, con una espiga, una espumadera y un delantal de Somos Barrios de Pie, cuyo comedor da de comer a más de 100 familias por semana aunque el gobierno «dejó pudrir toda la mercadería en un galpón» y hoy tengan que hacer rifas para bancar la comida: «Encima le quieren sacar los 78.000 pesos del programa social a un millón de familias».

San Cayetano: el espejo del presente

Sonrisas, frío, sol y una mano para el santo. Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha Norma –47 años, barrio Nicol, La Matanza–, de la rama Construcción del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), porque hasta las changas se le dificultan si se tiene que tomar tres colectivos ida y vuelta –casi 9.000 pesos en total–, sin contar comer, “que no sale dos pesos”, y a su hijo de 14 años entonces le tiene que pedir si no puede agarrar algún rebusque para comprarse las cosas del colegio: «Donde vivo no veía gente en la calle, ahora sí».

San Cayetano: el espejo del presente
Definición. Tadeo Bourbon/lavaca.org

¿Quién escucha estos cuerpos?

¿Quiénes los ven?

¿Quiénes trabajan el fondo del problema y no la selfie?

San Cayetano ofrece un día 15 kilómetros de posibilidades, pero también alerta sobre los otros 364 que permanecen fuera de los reels progres.

A diez años, con más o menos gente, con más o menos banderas, San Cayetano sigue mostrando una marcha posible hacia algún otro país por querer trabajar.

San Cayetano: el espejo del presente
Pan, paz, trabajo, techo tierra. Y alegría. Tadeo Bourbon/lavaca.org

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Protesta social

Punto de inflexión

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Pese al frío, la lluvia y la violencia policial que dejó al menos 12 detenidos y más de 1.500 personas heridas y lastimadas, se realizó este jueves 6 de agosto la movilización revista contra la “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”. El gobierno había eliminado el miércoles solo un capítulo sobre extranjerización de la tierra ante la falta de votos. La movilización mostró un espíritu que se percibe estas semanas, con la bandera “Las Malvinas son argentinas” como disparador intelectual y emocional de muchas causas, enfrentado a políticas del gobierno que no resuelven problema social alguno, agravan los anteriores, y borran horizontes. La política de Estado más coherente, volvió a verse, es la represiva: un posible síntoma de su propio fracaso.

Por Lucas Pedulla y Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro y Manuela Mendiondo/lavaca.org

Las islas Malvinas están en todos lados en la movilización en el Congreso. En banderas, remeras, gorritos –de lana o pilusos–. En pines, en parches, en buzos, en las sonrisas, en las miradas cómplices de miles de personas que decidieron lanzarse a las calles pese al frío, la lluvia y la permanente amenaza de violencia gubernamental, que parece ser una de las pocas formas del Estado presente en estos años.

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

La historia puede haber comenzado antes, cuando un grupo de amigos del barrio porteño de Villa Luro agarró una sábana en un cuarto de hotel en Atlanta, Estados Unidos y escribe “Las Malvinas son Argentinas”.

No podían saber que estaban empezando a provocar un efecto mariposa.

A menos de un mes de aquel 15 de julio –en que uno de los amigos se mete la sábanabandera en sus partes íntimas, pasa los controles, la lanza al campo de juego una vez consumado el triunfo de Argentina ante Inglaterra y Giovani Lo Celso la despliega para que la viera el mundo– la sábanabandera es ahora emblema en la concentración masiva que le espeta a los senadores y al gobierno nacional una aspiración:

  • “Argentina no se vende”.

Y que, horas después, terminará en una represión desmedida –1.500 heridos según la Comisión Provincial por la Memoria (CPM)– en un intento del gobierno nacional por evitar una movilización mayor.

¿Lo logró?

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

Las Malvinas por todos lados

Dentro del Congreso se trata la que denominaron Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsada por el Ministro de Desregulación Federico Sturzenegger. Antes de empezar el debate a las 14.15, el gobierno ya había recibido su primera y principal derrota: este miércoles debió recular al quedarse sin el apoyo de gobernadores aliados y bajaron el capítulo que habilitaba la compra ilimitada de tierras por privados extranjeros.

La otra derrota fue lo que generó en la gente: un hartazgo que fue creciendo con el correr de los días y que hoy llegó al límite cuando se conoció que el libertario Joaquín Benegas Lynch es director de una empresa que se dedica a gestionar, justamente, ventas de tierras a extranjeros. Un hartazgo que se vio afuera del Congreso. 

Punto de inflexión

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

Afuera: una movilización futbolera. Cánticos de cancha: “el que no salta es un inglés”, “no se vende, la patria no se vende”. Baile, tambores, alegría y mucha juventud en una concentración bien malvinera. El merchandising está en todas las veredas: las banderas de «Las Malvinas son argentinas» se venden a $15.000, las remeras a $10.000.

Desde el escenario montado de espaldas al Congreso y de frente a la gente, un ex combatiente de Malvinas dice que cuando las islas se ponen en agenda, la discusión política se mejora, porque se pone arriba de la mesa el tema de la soberanía.

Foto: Juan Valeiro / lavaca.org

Gladys y Jorge llevan una de las tantas telas blancas y sencillas. Son docentes de La Plata, en contexto de encierro en una cárcel de mujeres. Dicen que la bandera que mostraron los futbolistas fue el impulso, que ahí nació un gen. Un motor. Y que antes funcionó el “coraje” de los pibes que la entraron a la cancha.  

–Fue el fosforito que necesitábamos. El puntapié para animarse. Para animarnos.

Punto de inflexión

Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

Punto de inflexión

Sobre las vallas colocadas por la policía para alejar a la gente, la bandera, y los mensajes a los senadores y senadoras que dejó la gente. Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

La chispa que encendió

Un papá y un hijo llevan una remera con el mismo diseño. Tres estrellas estampadas en el pecho por los mundiales obtenidos, y al lado, las Islas Malvinas. El papá se llama Fabián y el hijo se llama Pablo. Pablo Grillo: fotógrafo que recibió en la cabeza un proyectil de gas lacrimógeno disparado por el gendarme Héctor Guerrero y casi lo mata en marzo de 2025. Hoy Pablo está entre nosotros.

–Fue una chispa esa bandera. Hizo más que la Cancillería argentina en los últimos 40 años. Despertó algo, para dentro y fuera, un sentimiento que está en el pueblo y que emergió –dice Fabián, y señala a la multitud. 

–El fútbol mueve mucho de lo que siente el pueblo y eso se ve hoy acá. Lo otro que se ve es que la gente está hinchada las pelotas –dice Pablo.

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Pablo y Fabián Grillo. Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Graciela Daleo es sobreviviente de la ESMA y camina sorprendida de la cantidad de gente que ve. “Se tocó un resorte colectivo, algo similar a lo que pasa los 24 de Marzo. El pueblo argentino me sorprende siempre, a veces para mal, pero hoy no es el caso. Me gustaría que ese sentimiento se despertara no por el efecto de un mundial, sino por el cuidado de nuestra soberanía”. 

Cuando comienza la sesión, la plaza ya rebalsa. 

Y son, recién, las dos y media de la tarde.

Punto de inflexión

Foto: Manuela Mendiondo / lavaca.org

Ideas jóvenes

“¡En-so-brados!, ¡en-so-brados!”.

El grito hecho cantito es de jubilados y jubiladas, los mismos y las mismas que están todos los miércoles en el Congreso, dirigido a los senadores que ingresan en autos negros y con vidrios polarizados al Senado. No son las tres de la tarde y esa actitud ya marca una constante que se verá durante el resto del día, a pesar de la lluvia: un gesto de lucha. Algo, también, de irreverencia, como esos muchachos que se subieron al tacho y descolgaron la bandera estadounidense del Hotel Savoy, sobre Callao. Abajo, cientos de personas que pasaban los aplaudían.

La convocatoria de los gremios y centros de estudiantes, sumada a artistas que también aportaron lo suyo desde lugares impensados –desde Tini hasta Dante Spinetta, desde Niki Nicole hasta Emilia Mernes–, multiplicó el efecto mariposa esparcido a nivel mundial. En Ushuaia, Río Grande, en Córdoba capital, en San Salvador de Jujuy, en Bariloche –Fito Paéz se grabó marchando: “La argentina no se vende, man”–, en Mendoza, en Chubut, en todo el país. En CABA, por Avenida de Mayo, por Rivadavia, por Hipólito Yrigoyen, las calles explotaban de gente. Mucho –muchísimo– piberío, gracias a la convocatoria de las coordinadoras estudiantiles. 

Catalina, presidenta del centro de estudiantes del Cortázar, es una de ellas. Tiene tan solo 15 años y mucha lucidez. “Se nos juega como jóvenes el simple hecho de que vendan algo que nos pertenece como país. Somos un pueblo que fuimos una colonia, en el colegio estudiamos cómo nos independizamos, y es una falta de respeto que eso se cuestione”. 

Rubén, su compañero del centro, también tiene 15 y piensa el efecto mundial: “Que personas tan influyentes como Messi hayan visibilizado el luchar por estas tierras es un tremendo orgullo”. Catalina piensa su escuela: “El último día previo a la final pusimos la Marcha de Malvinas, el himno y fuimos todos los jóvenes. Muchos dicen que la juventud está en cualquiera, pero eso lo hicimos los propios adolescentes”.

–También se habla de una crisis de representatividad: ¿cómo se habla de política con jóvenes de 15 años si no hay ningún dirigente que les represente?

Catalina: Esa crisis es complicada. Los jóvenes sentimos esa falta de “algo”. Quizás nuestros viejos crecieron con otros referentes. Me parece que la manera que estamos teniendo de construir tiene que ver con que todos juntos seamos nuestros propios referentes. En la cotidiana del día a día somos nosotros, con nuestras ideas. La referencia está en nosotros mismos construyendo la nueva política.

Milagros tiene 21 años y lleva un cartón en la mano que además de decir que la tierra no debe venderse, tampoco debe quemarse. La Ley que el Senado debatió hoy genera un retroceso en el cuidado ambiental: transforma la ley de manejo del fuego, reduciendo protecciones y permitiendo construir sobre tierras incendiadas. Además, acelera desalojos y limita la capacidad del Estado para expropiar. 

–Todo el proyecto se debería haber caído. Lo único que ve y le importa a este gobierno son dólares, aunque para eso estén vendiendo nuestros recursos estratégicos. 

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Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Reprimir para vaciar la masividad

La lucidez de la juventud dialoga con la plaza que se fue llenando con el correr de las horas. Quizás eso mismo también detectó el gobierno al comenzar la represión sobre Callao y Bartolomé Mitre, por temor a que la plaza se siga llenando con los que salían del trabajo. Unos minutos antes, periodistas y artistas llevaron desde MU una bandera de doce metros con consignas que mandaron de todo el país dirigidas a senadores y senadoras:

  • “No traicionen, no se vendan”.
  • “Cuiden la patria”.
  • “Ni olvido ni perdón”.
  • “No regalen el país”. 

Y alguno con otro tipo de vuelo poético:

  • “¿Por qué no te vendés el orto?”.

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Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

Fue la propia gente la que ayudó a colgar esa bandera sobre la valla de Callao y Mitre. Algunos empezaron a dejar sus propios mensajes. Media hora después, desde los handies de Gendarmería se escuchó la orden de reprimir. Empezaron con hidrantes y gases lacrimógenos que, ayudados por el viento, quemaban los ojos, la garganta y la piel. Pero la gente no se iba. Esa actitud con la que los jubilados le gritaban “ensobrados” a los senadores era la que esta esquina estaba empezando a irradiar. 

“¡Cipayos unitarios”, gritó un joven con barba y lentes.

“¡Traidores vendepatria”, gritó una quinceañera con aparatos.

“¡No son argentinos!”, gritó un joven con piercing en la nariz.

“¡Andá a Malvinas, la puta que te parió”, gritó una cuarta voz, y esa orden prendió como un mantra que se transformó, al instante, en canción.

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Y la canción, minutos después, en una represión feroz que comenzó minutos antes de las 17 con un camión hidrante tirando agua, siguió con gases lacrimógenos –insoportables que quemaban los ojos, la garganta– y balazos de goma. La barbarie del gobierno –a través de Gendarmería, Prefectura y Policía Federal– duró más de tres horas y se extendió a varias cuadras del microcentro porteño, con escenas que no eran de película: otro hidrante avanzando por 9 de Julio, cortes de la policía sobre Corrientes, efectivos disparando entre colectivos y taxis cerca del Obelisco. Uno de los balazos le pegó en la ceja derecha, a milímetros del ojo, a Lautaro: “Estábamos protestando pacíficamente y nos empezaron a provocar y a reprimir”, le dice a lavaca.

El SAME trasladó a una fotógrafa que recibió un impacto en la cabeza, por detrás. Una integrante de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) dijo que era un “traumatismo de cráneo, estaba mareada y le sangraba el oído”. Desde el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA) y la Asociación de Reporteros Gráficos de Argentina (ARGRA) informaron que se encuentra «estable» en el Hospital Argerich y permanecerá en observación toda la noche.

La CPM informó: “1.500 personas heridas en una de las represiones más salvajes del último tiempo”.

Pero la gente siguió devolviendo los gases lacrimógenos a patadas o agarrándolos a mano pelada para arrojarlos del otro lado de la valla.

La gente seguía.

Y, a las 21, salió a cacerolear. En muchos sentidos, todo está empezando.

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Foto: Juan Valeiro/lavaca.org

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Marcha de jubilados: la heladera terrorista

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Otro miércoles protagonizado por jubiladas y jubilados, que tuvo como novedad la noticia de que Patricia Bullrich y el gobierno bajaron el capítulo de venta de tierras a extranjeros en su turbia Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Un triunfo de la movilización de estos días, pero de todos modos se mantendrá la marcha prevista para este jueves. La aparición de jóvenes del radicalismo. Las banderas y carteles y los mensajes sobre el presente de la levotiroxina y de ciertos electrodomésticos.  

Por Lucas Pedulla Fotos: Tadeo Bourbon/lavaca.org

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Breve editorial político. Foto: Tadeo Bourbon.

Antes de bajarse de la línea B del subte porteño en Callao y Corrientes, o de tomarse el ferrocarril San Martín desde su conurbana Bella Vista, incluso antes del primer matecito de la mañana, lo primero que Ana Tapia hace todos los miércoles, porque en verdad lo hace todos los días, es tomar levotiroxina, un medicamento para la tiroides. 

–Yo tenía nada más que dos nódulos, pero desde que me gasearon por primera vez hace dos años, todo lo que me metieron en la cara me provocó muchísimos más ganglios, más nódulos. Ahora me cambiaron la medicación para ver si voy a cuchillo o se va solo.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Ana en la marcha, y sus mensajes. Cobra la mínima y hace changas como remisera: «Solo llevo mujeres». Foto Tadeo Bourbon.

Tiene 73 años, el pelo cano coloreado de un tono lila, y un cuerpo que ha soportado balazos de gomas por las fuerzas federales que el gobierno dispone en cada marcha de jubilados y jubiladas. Aquel día de hace dos años el bautismo represivo fue con el gas.

–Me vaciaron un cargador.

La atacaron por detrás –“como cada vez que me atacaron”– mientras llevaba una bandera palestina. “Cuando ponés el cuerpo es algo que puede pasar”, se repite como un mantra, y se da fuerza –junto a sus compañeras y compañeros de la organización Jubiladxs Insurgentes– para seguir cada miércoles, con lluvia furiosa o sol inclemente, en la plaza. 

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Foto: Tadeo Bourbon.

Cada quince o veinte días le suma, entre los semaforazos en Callao y Corrientes y la marcha en el Congreso, una caminata de siete cuadras hasta la calle Mitre a buscar medicamentos para uno de sus seis nietos, que tiene parálisis cerebral. 

–Me jubilé a los 68 años como trabajadora en discapacidad. Lo que me llevó a ese trabajo, tristemente elegido, es mi nieto. Yo era transportista: manejaba una camioneta por barrios de zona noroeste, como Las Catonas (Moreno), Pacheco o Luján, desde las cinco y media de la mañana y, a veces, hasta las doce de la noche, porque llevaba chicos a la universidad

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
El presidente argentino calificó a diversos sectores que se le oponen como «terroristas». Foto: Tadeo Bourbon.

Ana trabajaba con amigos y familiares. No les gustaba llamarlo “empresa”, porque no se consideraban “empresarios”, y todo lo que entraba por la facturación a las obras sociales se repartía equitativamente. Al jubilarse, a ninguno de sus tres hijos varones les sorprendió que mamá siguiera militando, ahora por sus haberes: Ana es una de las infaltables en cada ronda de Madres de Plaza Mayo, todos los jueves a las 15.30, frente a la Casa Rosada. También milita en la comisión de sobrevivientes, familiares y compañeros de Campo de Mayo, uno de los centros clandestinos de detención en la última dictadura argentina.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Mujeres que resisten pero no olvidan reir ni bailar. Foto: Tadeo Bourbon.

–Tuve muchísimos compañeros desaparecidos. Como vivía en Villa Martelli (partido bonaerense de Vicente López), lo más posible es que se encuentren en Campo de Mayo. Todavía nos faltan entre cinco mil y siete mil compañeros que pasaron por allí. Estamos luchando por un espacio de memoria y que se investigue y se rastrille, porque esa tierra tiene mucho que contar. Para eso, que se vayan los militares de ahí es fundamental. 

Por esos reciclamientos de la política argentina, hoy podría pasar como una “terrorista disfrazada”, tal como definió recientemente el presidente Javier Milei a los sectores críticos –nombró particularmente a “estudiantes”, “periodistas”, “profesores” e “investigadores”–, y como ya fue gaseada y baleada en varias oportunidades, el mote no sería extraño.

–Somos la generación del setenta. Nos tocó esa: te persiguen, te quieren matar o desaparecer. Mis nietos ya saben toda la realidad porque la viven. A veces me acompañan a las marchas. No tengo algo que me llene más que la militancia, porque en verdad lo que está mal es este sistema. Todo lo que involucra una lucha que tenga una injusticia me marca el lugar en el que tengo que estar. Es una enseñanza de Norita Cortiñas.

Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Gorro de exhibición. Foto: Tadeo Bourbon.

Ana cobra la jubilación mínima –un haber de $419.827 más un bono de $70.000– y a veces hace changas como remisera –“llevo solo mujeres”– o ayuda en una parrilla familiar en General Rodríguez los viernes, sábados y domingos. En la plaza, todos los miércoles, se pone la pechera de la comisión Campo de Mayo, sus pins de Palestina y de Floreal Avellaneda –estudiante de 15 años desaparecido en 1976 en ese campo de concentración cuyo cuerpo fue arrojado al Río de la Plata por los vuelos de la muerte–, su pañuelo por el aborto legal, su cadenita con el símbolo de las Madres, y una bandera wiphala, entre otros accesorios políticos. Hoy también lleva dos carteles:

  • “Las Malvinas son argentinas, las jubiladas también”.
  • “La deuda es con el pueblo, no con el FMI”.

La marcha comienza. Se canta que al gobierno lo va a “echar” una huelga general y que “la patria no se vende”: durante la caminata llega la noticia de que la senadora Patricia Bullrich ordenó el retiro del capítulo de venta de tierras sin límite a extranjeros que iba a votarse este jueves con la Ley de Inviolabilidad de Propiedad Privada, pero todos refuerzan la necesidad de sostener la manifestación convocada para este jueves al mediodía. Un jubilado lleva un cartel con la bandera argentina que dice: 

  • “Juraron defenderla, no venderla”. 

En otro cartel se lee, como respondiendo a Milei y sus acusaciones a quienes lo cuestionan como “terroristas”:   

  • “Heladera vacía sin trabajo es terrorismo de Estado”. 
Marcha de jubilados: la heladera terrorista
Breve editorial político II. Foto: Tadeo Bourbon.

Alrededor marchan chicas y chicos con boinas blancas: son de la Juventud Radical de CABA. “Vamos los radichas”, los reciben y saludan jubilados de todos los colores. ¿Otro signo de estos tiempos? 

Ana espera que la gente se despierte.

–Nos estamos quedando sin país, lo están rifando. Están quemando el futuro de nuestros nietos. Lo único que les vamos a dejar como herencia es aprender a luchar. Lo único que espero es que mañana no tengan los votos. Nada se consigue si no es con lucha.

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