Nota
Mundo Bauen
Recuperaron un edificio gigante y le dieron vida para no quedarse en la calle. Generaron 130 fuentes de trabajo. Soportaron represiones, amenazas de desalojo y tarifazos. Así conquistaron la expropiación del hotel, que fue vetada por el Presidente. ▶ LUCAS PEDULLA
Bauen.
Una película.
Una novela.
Una serie.
Aplican todos.
Federico Tonarelli, hoy vicepresidente del hotel que consiguió la expropiación de la empresa recuperada por sus trabajadoras y trabajadores en 2002, habla con la fuerza de ser una de las 130 personas que hicieron posible este guión que nunca muere, que soportó represiones, amenazas de desalojo, ninguneos políticos y tarifazos a fuerza de convertirse en un símbolo de la gestión cooperativa del trabajo sin patrón en Argentina.
“Vamos por la decimocuarta temporada. Yo entré a fines de 2004, a los 37 años, y todos entramos con la expropiación latente. Si miro para atrás como si fuera Michael Fox en Volver al futuro, diría: ‘Lo lograste. La foto no se borra’. Porque estábamos medio para atrás: si mirábamos la foto como en la película, estábamos sin piernas, casi borrados. Hoy vemos que las siluetas se reconfiguran de nuevo y la foto vuelve a su estado normal”.
Hoy cada trabajador, cada trabajadora, puede ver esa foto y reconocerse.
Son ellas.
Son ellos.
La foto es la de 130 personas creando otro mundo.
Bauen.
Poner las costillas
La foto desdibujada tenía ya catorce años de historia. Tras el cierre del hotel el 28 de diciembre de 2001 y la amenaza real de dejar a 70 trabajadores en la calle y en la mayor crisis económica y social del país, alguien propuso lo inevitable: entrar. Ocurrió en marzo de 2002, y el patrón, Marcelo Iurcovich, les mandó a decir que se quedaran, así no pagaba la seguridad que debía cuidar los 6 salones y las 224 habitaciones del edificio.
Se acercaron para apoyar estudiantes, vecinos, trabajadores de otras empresas recuperadas y la idea de una cooperativa para mantener las fuentes de trabajo se transformó en posible en septiembre de 2003. Iurcovich los denunció entonces por usurpación. Lo que siguió fueron demandas judiciales, civiles y contravencionales que produjeron represiones feroces que partieron costillas a trabajadoras y acumularon hematomas que, lejos de amedrentar, afianzaron un compromiso: el hotel no dejó de trabajar ni un segundo.
Y con un objetivo indiscutible.
La expropiación.
El primer round
La media sanción llegó en el último capítulo de la temporada decimotercera. Fue el jueves 26 de noviembre de 2015 en la última sesión ordinaria del año, ya con el triunfo de la alianza Cambiemos y la derrota del Frente para la Victoria (FpV) en las elecciones.
Fue una tarde calurosa. El Bauen había convocado a una radio abierta a las 14 horas frente al Congreso, porque el día anterior el proyecto de ley había sorteado tres comisiones y había pasado a formar parte del paquete de más de 90 leyes que el FpV buscaba aprobar. La mayoría de los partidos de la oposición no acudieron y, durante los días previos, habían convocado a no sesionar hasta que el 10 de diciembre asumiera la nueva gestión.
El quórum se alcanzó a las 12:30. La Cámara sesionó y tras una votación llamó a un cuarto intermedio hasta las 16, en el que prometieron incorporar rápidamente la expropiación. La espera se extendió porque varios legisladores se retiraron. En los palcos, poblados por rostros tensionados y uñas mordidas, el marcador era mirado como la final de un Mundial: cada diputado en su banca era festejado como un gol. Recién hubo quórum, entre roscas políticas, a las 18:28 y los trabajadores rompieron en aplausos. La media sanción se aprobó con el resto del paquete y la tensión se rompió en abrazos y llantos.
La película seguía.
Cómo dar vuelta un partido
Esa situación de infarto que vivimos ese día se prolongó todo este año -sintetiza Tonarelli-. Arrancamos con un problema edilicio en el hotel que nos obligó a reparar, durante cuatro o cinco meses, las cañerías de gas. La consecuencia directa fue que no había gas, por lo que no había agua caliente, por lo que no había pasajeros. Fue un año difícil porque recién empezamos a trabajar en mayo, mientras en paralelo tratábamos que el Senado pusiera en tratamiento el proyecto. Y no lo hicieron”.
Al combo se sumaron los tarifazos. Síntesis Bauen:
- Luz: de 24 mil pesos a 100 mil.
- Agua: de 65 mil pesos a 218 mil.
- Gas: de 11 mil pesos a 50 mil.
“El plan económico del macrismo lo conocemos bien. Incluso armamos la Multisectorial contra el Tarifazo, que reunió a empresas recuperadas, pymes, clubes de barrio, sociedades de fomento, comercios. El ajuste llegó al hotel, y a las recuperadas nos llegó a partir del retorno de los asociados: no pudimos aumentarnos como en otros momentos porque tuvimos que pagar las tarifas. A eso se sumó la baja de actividad. Fue un año difícil”.
Al contexto económico se agregó la amenaza judicial. “Había sentencia firme. El juzgado tenía que ejecutarla sabiendo que iba camino a generar un conflicto, como mínimo, en pleno Centro de la ciudad: desalojar el Bauen. Hubo una audiencia el 25 de octubre y ahí quedó claro que ya no había más tiempo ni margen para parar esto. La propuesta de la empresa era casi una cargada: cerrar el hotel un año, arreglarlo y luego tomar de nuevo a la planta. Nos juntamos en asamblea y los compañeros se negaron rotundamente. ‘Bueno, muchachos, se viene el desalojo’, pensábamos. No sabíamos cuándo. Pero nunca habíamos perdido la vía del Congreso. La seguíamos militando todo el tiempo. Y al decir que no en la negociación nos quedábamos sin plan B: nos teníamos que jugar todas las cartas a que se sancionara la ley. Fuimos todo el año al Senado, imaginate ese mes: vivíamos ahí. Porque si llegábamos al 30 de noviembre sin nada, quedábamos sin defensa alguna porque ya no había sesiones”.
El proyecto, entonces, moría.
¿Qué ocurrió? ¿Cómo se llegó a una instancia casi idéntica al año anterior? “No conseguimos quórum en el plenario de comisiones porque todos los senadores estaban en la última sesión del año. Nos fuimos con esa derrota, pero el senador Juan Manuel Irrazábal (FpV) propuso tratarlo sobre tablas. Por ende, fue al final de todo el temario previsto. Ese día se trató el Presupuesto. La discusión duró hasta las 10 de la noche. Encima no fue como en Diputados, donde estuvimos haciendo el aguante en las galerías: el Senado es infranqueable. Estuvimos todo el día en la calle y recién a las 11 de la noche nos dejaron entrar a mí y María Eva Lossada (presidenta de la cooperativa), a un salón anexo”.
Al Presupuesto le siguió la aprobación de un proyecto de protección de humedales. “Duró una hora. Se nos terminaba el tiempo: a las 12 de la noche caía la sesión ordinaria y, con eso, todos los proyectos. Nos manteníamos enterados por WhatsApp. Pasadas las 11 pedimos alteración del orden para tratar el proyecto. Se hizo. Ahí pedimos sobre tablas. Y ganamos: 39 votos afirmativos contra 17 negativos. Ahí ya está: fue como Del Potro contra Cilic en la Copa Davis, dando vuelta el partido. Fue tremendo: un infarto de un año exacto”.
El fantasma del veto
Como diría Diego Maradona, fue la mano de Dios”, dice María Eva Lossada, que escribió su propio guión: era mucama en 2001 cuando Iurcovich la amenazó con que debía renunciar a sus derechos laborales para mantener el empleo, y hoy es presidenta de la cooperativa. “Por un lado, estamos muy felices porque es un paso más. Queríamos terminar el año y brindar por haber conseguido finalmente nuestra propia fuente de trabajo. Por otro lado, sabemos que lo pueden vetar. Por eso hicimos la conferencia al día siguiente, porque necesitamos el apoyo de las organizaciones sociales, vecinos, artistas y medios, que siempre estuvieron y que nos dan fuerza. Arrancamos el año con una deuda por un tema del gas. Fue difícil y mucho trabajo, pero hoy ya no tenemos ninguna deuda. Tenemos muchos eventos y el hospedaje funciona bien. Estamos trabajando mucho y bien, pero la jueza ya en las últimas movilizaciones a su despacho nos dijo que sin expropiación no puede aguantar más. Por eso no es por capricho que pedimos la ley: la necesitamos para sostener nuestra fuente de trabajo y dignidad. Fue mucho esfuerzo de día a día, organizarnos, trabajar y ponernos de acuerdo para llegar hasta acá. Ahora tenemos que lograr que no se vete”.
Cuando el Bauen conquistó la media sanción en Diputados, el entonces legislador del Pro, Federico Pinedo, cuestionó la votación ya que significaba “darle una cantidad enorme de plata a un grupo chico de personas, quitarle dinero que podía ir a la gente que puede tener necesidades básicas de alimentación para que 40 personas tengan un hotel en Callao y Corrientes”. Ahora, como presidente provisional del Senado, afirmó: “Regalar una fortuna de plata para unos pocos señores es una cuestión que no podemos apoyar”.
Tonarelli evalúa: “Sería una locura pensar en el veto. Primero y principal, somos realistas: no nos extrañaría, ya que el macrismo vetó infinidad de leyes parecidas a esta. Jamás han aportado a la viabilidad de las recuperadas ni a la resolución de sus conflictos, y tenemos en cuenta que esto va en contra de los valores y principios básicos del macrismo. Pero ahora es a nivel nacional y, por otro lado, cae en plena discusión por la Emergencia Social, por Ganancias. Con la infinidad de problemas que hay sería una locura el veto. La política cerró acá un conflicto jurídico de muchos años. Sería borrar de un plumazo una solución concreta para un problema concreto”.
El guión, mientras, se sigue escribiendo.
El norte claro
a ley declara de utilidad pública y sujetas a expropiación las instalaciones del edificio del Bauen y la entrega en comodato a la cooperativa. Pone como condición que los trabajadores y las trabajadoras continúen y amplíen la realización de actividades culturales, artísticas, sociales y educativas. También que dediquen una parte de sus servicios a turismo social y el 30% de las plazas a derivaciones médicas de jubilados y pensionados de todo el país que requieren un tratamiento en la Ciudad de Buenos Aires. “No es nada extraño lo que dice la ley -explica Tonarelli-. Es lo que vinimos haciendo todo este tiempo. Lo que nos da es la legalidad sobre la propiedad del edificio”.
Tonarelli, a su vez, es presidente de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA).
¿Qué significa políticamente una ley así?
Es un triunfazo. La derrota del Bauen también era una derrota para todo el resto. Primero porque era una ley planteada en el Congreso Nacional. Hubo expropiaciones muy valiosas, como Zanón (Neuquén) o Renacer (Tierra del Fuego), pero eran provinciales. Por su tamaño e historia, éramos un caso testigo: si ganábamos, ganaba el movimiento y si perdíamos, también. Iba a ser muy difícil en ese contexto plantear procesos de recuperar empresas. Alguien podía pensar: ‘Si estos con 14 años, con la visibilización y el peso que tienen no lo consiguen, qué nos queda al resto’. Política y emocionalmente, la derrota se transmite. En cambio, si ganás, es más fácil que los demás se animen. Es un momento bisagra para el movimiento. Sobre todo, porque va a haber muchas situaciones de posibles recuperaciones, aunque van a ser en otro contexto. Hace unos años era dentro de un impulso del mercado interno, con consumo. Ahora es más difícil porque hay menos trabajo. Pero el movimiento está firme y ya hay más de 15 años de experiencia.
¿Sorprendió?
Nosotros tenemos una gimnasia de no bajar nunca los brazos. Fuimos, fuimos y fuimos para adelante. Todos te dicen que fue un milagro, en pleno gobierno de Macri. No. Fue producto de haber trabajado de manera consecuente durante todos estos años. De haber pulido acuerdos, de haber ensanchado el arco de apoyos de la cooperativa. Sí hay un componente que tiene que ver con la oportunidad, el momento exacto. El peronismo impuso mayoría en algunos temas y nosotros justo estábamos ahí. Hay una intención de la oposición de marcar la cancha, y nuestro mérito fue estar ahí, no haber bajado los brazos ni pensar que todo estaba perdido. En la última audiencia de octubre le dijimos a Iurcovich que no nos mande la corona antes de tiempo. Se mostraba muy seguro de que se nos había acabado la nafta. Un sesgo de clase que es subestimar a los trabajadores. Ellos no pueden internalizar cómo un grupo de trabajadores, que somos poco y nada, generemos estas cosas.
¿Cómo se sostiene eso?
Uno no puede sostener esta carga emocional durante 14 años de la misma forma. Es inevitable que haya bajones, que haya momentos en los que no pasa absolutamente nada y vos naturalmente aflojes, te desanimes. Pero la gran lección es esa: aunque no pase nada, hay que tener siempre el norte claro, porque la cosa en algún momento se reactiva.
Y con reglamentación, ¿cuál sería el norte?
Hay que reconfigurarlo. Sin pensarlo mucho, tenemos tantas cosas pendientes de esta situación que son nuestras primeras prioridades. Arreglos que tenemos que hacer. El hotel tiene un potencial enorme: tenemos una piscina que nunca usamos porque no queríamos un problema legal más. Todos esos espacios dormidos se van a reactivar. Pero, sobre todas las cosas, pelear para que no exista la posibilidad de un veto.
La foto, como en Volver al futuro, cobra así su real dimensión. Su forma. Toma vida. Se llena de color. Adquiere silueta. Construye memoria y justicia.
Mientras, el Bauen tiene que seguir escribiendo su guión.
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


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Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
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Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
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Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
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El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
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Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
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Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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