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A ganar: futbolistas por el Aborto Legal

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Integran distintos clubes y categorías pero se reúnen, por primera vez, para volver a impulsar una Ley que se gana dentro y fuera de la cancha. Lo que se calla en los clubes. La presión de las dirigencias de varones. El embarazo como “lesión” y lo que se empieza a poner sobre la mesa entre jugadoras: el aborto, la menstruación, la ESI y el feminismo. Por Anabella Arrascaeta.

A ganar: futbolistas por el Aborto Legal
Fotos: Martina Perosa

La red empieza con un mensaje, se teje en whastapp y se materializa cuatro días después. 

Es rápida porque la urgencia está latente, aun en pandemia, aun cuando el cielo truena sobre Plaza Congreso, ahí donde están paradas diez jugadoras de fútbol que firman una tras otra la Carta Abierta por el Aborto Legal dirigida al Presidente de la Nación, Alberto Fernández, a quien le piden, así, con el pañuelo verde en alto, que envíe el proyecto para la interrupción voluntaria del embarazo y que en el edificio que ahora miran de frente le den urgente tratamiento.  

No hay tiempo de descuento: la demora de la ley es una condena que arriesga vidas cada día. Por eso están juntas ellas que juegan en equipos de distintos colores y categorías. “Así se empuja mucho más fuerte que de a una”, asegura Helena Pipolo, jugadora de Norita FC, para explicar qué significa esta unión entre futbolistas de Primera A, B, C, Futsal, cancha de 11, amateur, que dicen no estar transversalmente organizadas. 

Hasta ahora. 

“Se divide mucho por disciplinas, incluso por categorías”, explica Florencia China Pereiro, ex jugadora de futsal en Boca y actual responsable de Sportivo Barracas. “Pero la lucha tiene que ser colectiva, porque peleamos por lo mismo”.

Luciana Bacci, jugadora de la primera de Racing, oriunda de Santa Fe, agrega: “Después de lo que pasó con Maca Sánchez (quien encabezó el reclamo que profesionalizó parte del fútbol femenino) muchas jugadoras se unieron, pero la realidad es que no fue colectivo: tuvo una cabeza principal que fue Maca y muchas bancamos la lucha. Me parece que después de eso aprendimos que no tiene que haber más una referente que se cargue todo al hombro sino que tiene que ser colectivo, porque eso también hace que muchas se relajen y digan: ya fue, no me meto, total lo va a hacer otra. Tenemos que sacarnos ese chip, empezar a accionar y que sea de manera colectiva”. 

Para armar equipo la idea es empezar por los vestuarios. “Muchas veces es difícil politizar un vestuario”, advierte Luciana Bacci. “Sabemos todas presiones que tenemos como futbolistas por parte de las instituciones y de algunas cabezas de grupo. Gran parte es por la cultura del futbol en Argentina que hace que los jugadores y jugadoras no se metan en otro tema que no sea tocar una pelota. El fútbol femenino politiza los vestuarios, porque es consciente del mundo que nos rodea. Y a mi parecer todas las jugadoras tenemos que ser conscientes de que el feminismo nos ayudó bastante y que viene de la mano con que el aborto sea legal”. 

Por eso la Carta Abierta viaja y se sigue firmando en vestuarios y canchas de todo el país. Al cierre de esta edición ya firmaron jugadoras de Racing, Estudiantes de La Plata, San Lorenzo, Gimnasia y Esgrima de La Plata, Sportivo Barracas, Platense, La Nuestra, Norita FC, Futsal Untref, Mafalda, Banfield, Villa Unidas, Pacífico Futsal, Puerto Nuevo, Picado Feminista Evita Capitana, y siguen. Así la Carta se suma a las más de 12 mil firmas de actrices, abogadas, fotógrafas, periodistas, cirqueras, arquitectas, docentes, estatales, entre otras disciplinas –22 en total–, que en 2018 se comprometieron a seguir el trámite legislativo hasta que sea ley.

¿Libertad de expresión?

Estar juntas implica también poner en palabras todo eso que le dijeron que no tienen que hablar. “Intentaron siempre que no nos metamos en temas políticos”, reafirma la China Pereiro. El recorrido que les propusieron, cuentan, siempre fue el mismo: “Jugar al fútbol, entrenar, e irte a tu casa; en algunos clubes eso sigue estando. De hecho pasa con frecuencia que las jugadoras quieren hablar, pero se quedan calladas por miedo a que les pase algo en las instituciones donde están”. 

El “que pase algo” se traduce a quedar fuera de los equipos, es decir, no jugar. Ese es el precio que también ellas pueden pagar al jugar el partido para ganar la Ley.

Los silencios, cuentan, son muchos alrededor de los cuerpos: no solo no se habla de aborto, sino tampoco de maternidad, ni por ejemplo sobre la menstruación. 

“No están los temas”, dice Rocío Szewczuk jugadora de Banfield, refiriéndose a la falta de apoyo de las instituciones. Ludmila Martínez, que lleva un puño en alto en su cinta de capitana en Platense, cuenta que cuando las jugadoras se involucran y reclaman después, siempre, llega la sugerencia de que mejor no se metan en esas cosas. El disciplinamiento ya no parece dar resultado: en Platense 20 jugadoras firmaron la carta pidiendo por el aborto legal. 

Federica Silvera, jugadora de San Lorenzo, alerta y propone: “Faltan espacios en los clubes pero también es responsabilidad nuestra; también tenemos que empujar y plantearnos estas cosas que a veces no hablamos por vergüenza, porque nos dijeron que no se pueden hablar, porque son tabú. Son temas que no se hablan porque pensamos que no tenemos el lugar porque la institución no lo brinda, pero entre nosotras podemos hacerlo”. 

Y acá están.

Y entonces hablan.

¿Qué dicen? 

¿Te vino?

Otra de las áreas donde la presencia masculina es mayoritaria es en los consultorios médicos. “Sigue pasando que la mayoría son hombres”, relata la China Pereiro. “Miles de veces me pasó estar entrenando con dolor y que el chiste sea: “¿Qué pasa, te vino?”. Terminaba llorando, fastidiosa por cómo me hablaba el entrenador, o un ayudante, o el médico, con ganas de irme a mi casa: eso sigue pasando y es un garrón”.

El silencio que produce no hablar del metabolismo del cuerpo genera tabúes y desconocimiento. Se niega así que dependiendo el momento del ciclo en el que la jugadora esté, se modifica por ejemplo su fuerza o su velocidad. En el Mundial de Fútbol Femenino en 2019, el campéon Estados Unidos adaptó los entrenamientos a la menstruación de las jugadoras.  

Federica Silvera cuenta que en San Lorenzo la profesora que está a cargo le explicó que, cuando menstrúa, no tiene que dejar de entrenar. “Por ahí tenés que cuidarte en algunas cosas, no hacer algunos ejercicios, pero de ninguna manera no entrenar. Es indispensable que lo expliquen, porque son cosas que no se saben”. Sofía Cagnoni es jugadora de Pacífico Futsal, club donde hay una kinesióloga mujer. “Por ejemplo con la menstruación nos empezaron a dar bola, porque tiene mucho que ver con el rendimiento. Ella lleva los valores y se involucra; pero después tenés a los dirigentes, que son todos hombres”. 

¿Entonces? Una posible respuesta es la que da la China Pereiro: “Que haya mujeres también en los espacios de toma de decisión es indispensable: somos nosotras, las jugadoras y ex jugadoras, las que tenemos que cambiar esas cosas”. 

Ovarios y pelotas

«El fútbol no es solamente el fútbol federado: por fuera hay miles de pibas jugando a la pelota”, dice Helena Pipolo, jugadora de Norita FC, el club con nombre de Madre de Plaza de Mayo. En ese desborde se da también el romper las estructuras rígidas que quieren imponer las instituciones. “Los clubes que juegan en liga federada generan en las jugadoras un miedo que hace que las chicas no se atrevan ni siquiera a involucrarse por fuera de las instituciones. Estar acá puede ser un precedente para las más chicas, porque hace que nos unamos todas por afuera, para después poder llegar adentro de los clubes: hay que buscar la manera”, arriesga la China Pereiro y resalta también la importancia de armar espacios de diálogo con las más chicas. “Se necesita hablar más, hacer capacitaciones, porque las más chicas no saben qué significa la maternidad, qué significa abortar, por qué las instituciones no dan lugar a que se produzcan esas charlas. De cinco instituciones,  cuatro no te dejan hacer capacitaciones sobre estos temas”. 

La China habla desde una experiencia reciente: tiene un niño de dos años. Cuando decidió ser madre tuvo que dejar de jugar a la pelota: “Era una cosa o la otra”. Recién a fines del año pasado la AFA dejó de considerar al embarazo como una “lesión” y estableció que las jugadoras embarazadas tienen que seguir cobrando su sueldo. Hasta ese momento, a quien quedaba embarazada, se la descartaba del plantel. 

Como no se habla de embarazo, tampoco se habla de aborto. Así el reclamo no apareció hasta que las calles llegaron a las canchas. “El feminismo me ayudó a poder decir: tengo que involucrarme. Y quiero llevar eso al deporte”, dice Luciana Bacci, una de las que arrancó la cadena de mensajes para firmar la Carta que exige el envío y urgente tratamiento del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Luciana Martiarena, jugadora de La Nuestra en la Villa 31: “Aunque se arme debate adentro del club, como organización nos plantamos del lado de los derechos de las mujeres. En el barrio la iglesia influye mucho, y es difícil hablar sobre aborto, pero entendemos que todas estamos en ese proceso”. 

El horizonte de la Ley y el después lo marca Helena Pipolo, jugadora y docente de educación física: “Lo que está legislado en muchos lugares no se cumple, por ejemplo la Educación Sexual Integral en la formación docente. Entonces buscamos la Ley, pero después habrá que seguir”. 

Que el silencio se termine depende entonces de esta nueva generación que se para en la cancha como en la vida. 

Rocio Szewczuk, de Banfield, concluye: “Lo tenemos que hacer: es nuestra responsabilidad y una oportunidad”.

La pelota ya está rodando.

El gol que falta

Se largó el segundo tiempo de la lucha por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y las futbolistas dieron el puntapié inicial: en Congreso, con las manos en alto, pañuelos verdes y muchos ovarios comenzaron las firmas por los distintos clubes y categorías con un grito urgente: ¡Aborto Legal Ya!

Artes

Un festival para celebrar el freno al vaciamiento del teatro

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La revista Llegás lanza la 8ª edición de su tradicional encuentro artístico, que incluye 35 obras a mitad de precio y algunas gratuitas. Del 31 de agosto al 12 de septiembre habrá espectáculos de teatro, danza, circo, música y magia en 15 salas de la Ciudad de Buenos Aires. El festival llega con una victoria bajo el brazo: este jueves el Senado rechazó el decreto 345/25 que pretendía desguazar el Instituto Nacional del Teatro.

Por María del Carmen Varela.

«La lucha continúa», vitorearon este jueves desde la escena teatral, una vez derogado el decreto 345/25 impulsado por el gobierno nacional para vaciar el Instituto Nacional del Teatro (INT).

En ese plan colectivo de continuar la resistencia, la revista Llegás, que ya lleva más de dos décadas visibilizando e impulsando la escena local, organiza la 8ª edición de su Festival de teatro, que en esta ocasión tendrá 35 obras a mitad de precio y algunas gratuitas, en 15 salas de la Ciudad de Buenos Aires. Del 31 de agosto al 12 de septiembre, más de 250 artistas escénicos se encontrarán con el público para compartir espectáculos de teatro, danza, circo, música y magia.

El encuentro de apertura se llevará a cabo en Factoría Club Social el domingo 31 de agosto a las 18. Una hora antes arrancarán las primeras dos obras que inauguran el festival: Evitácora, con dramaturgia de Ana Alvarado, la interpretación de Carolina Tejeda y Leonardo Volpedo y la dirección de Caro Ruy y Javier Swedsky, así como Las Cautivas, en el Teatro Metropolitan, de Mariano Tenconi Blanco, con Lorena Vega y Laura Paredes. La fiesta de cierre será en el Circuito Cultural JJ el viernes 12 de septiembre a las 20. En esta oportunidad se convocó a elencos y salas de teatro independiente, oficial y comercial.

Esta comunión artística impulsada por Llegás se da en un contexto de preocupación por el avance del gobierno nacional contra todo el ámbito de la cultura. La derogación del decreto 345/25 es un bálsamo para la escena teatral, porque sin el funcionamiento natural del INT corren serio riesgo la permanencia de muchas salas de teatro independiente en todo el país. Luego de su tratamiento en Diputados, el Senado rechazó el decreto por amplia mayoría: 57 rechazos, 13 votos afirmativos y una abstención.

“Realizar un festival es continuar con el aporte a la producción de eventos culturales desde diversos puntos de vista, ya que todos los hacedores de Llegás pertenecemos a diferentes disciplinas artísticas. A lo largo de nuestros 21 años mantenemos la gratuidad de nuestro medio de comunicación, una señal de identidad del festival que mantiene el espíritu de nuestra revista y fomenta el intercambio con las compañías teatrales”, cuenta Ricardo Tamburrano, director de la revista y quien junto a la bailarina y coreógrafa Melina Seldes organizan Llegás.

Más información y compra de entradas: www.festival-llegas.com.ar

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Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

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A 44 años del atentado en plena dictadura contra el Teatro El Picadero, ayer se juntaron en su puerta unas 200 personas para recordar ese triste episodio, pero también para recuperar el espíritu de la comunidad artística de entonces que no se dejó vencer por el desaliento. En defensa del Instituto Nacional del Teatro se organizó una lectura performática a cargo de reconocidas actrices de la escena independiente. El final fue a puro tambor con Talleres Batuka. Horas más tarde, la Cámara de Diputados dio media sanción a la derogación del Decreto 345 que desfinancia al Instituto Nacional del Teatro, entre otros organismos de la Cultura.

Por María del Carmen Varela

Fotos Lina Etchesuri para lavaca

Homenaje a la resistencia cultural de Teatro Abierto. En plena dictadura señaló una esperanza.

Esto puede leerse en la placa ubicada en la puerta del Picadero, en el mítico pasaje Discépolo, inaugurado en julio de 1980, un año antes del incendio intencional que lo dejara arrasado y solo quedara en pie parte de la fachada y una grada de cemento. “Esa madrugada del 6 de agosto prendieron fuego el teatro hasta los cimientos. Había empezado Teatro Abierto de esa manera, con fuego. No lo apagaron nunca más. El teatro que quemaron goza de buena salud, está acá”, dijo la actriz Antonia De Michelis, quien junto a la dramaturga Ana Schimelman ofició de presentadoras.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

La primera lectura estuvo a cargo de Mersi Sevares, Gradiva Rondano y Pilar Pacheco. “Tres compañeras —contó Ana Schimelman— que son parte de ENTRÁ (Encuentro Nacional de Teatro en Resistencia Activa) un grupo que hace dos meses se empezó a juntar los domingos a la tarde, a la hora de la siesta, ante la angustia de cosas que están pasando, decidimos responder así, juntándonos, mirándonos a las caras, no mirando más pantallas”. Escuchamos en estas jóvenes voces “Decir sí” —una de las 21 obras que participó de Teatro Abierto —de la emblemática dramaturga Griselda Gambaro. Una vez terminada la primera lectura de la tarde, Ana invitó a lxs presentes a concurrir a la audiencia abierta que se realizará en el Congreso de la Nación el próximo viernes 8 a las 16. “Van a exponer un montón de artistas referentes de la cultura. Hay que estar ahí”.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Las actrices Andrea Nussembaum, María Inés Sancerni y el actor Mariano Sayavedra, parte del elenco de la obra “Civilización”, con dramaturgia de Mariano Saba y dirección de Lorena Vega, interpretaron una escena de la obra, que transcurre en 1792 mientras arde el teatro de la Ranchería.

Elisa Carricajo y Laura Paredes, dos de las cuatro integrantes del colectivo teatral Piel de Lava, fueron las siguientes. Ambas sumaron un fragmento de su obra “Parlamento”. Para finalizar Lorena Vega y Valeria Lois interpretaron “El acompañamiento”, de Carlos Gorostiza.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Con dramaturgia actual y de los años ´80, el encuentro reunió a varias generaciones que pusieron en práctica el ejercicio de la memoria, abrazaron al teatro y bailaron al ritmo de los tambores de Talleres Batuka. “Acá está Bety, la jubilada patotera. Si ella está defendiendo sus derechos en la calle, cómo no vamos a estar nosotrxs”, dijo la directora de Batuka señalando a Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que cayó de nuca al ser gaseada y empujada por un policía durante la marcha de jubiladxs en marzo de este año y a quien la ministra Bullrich acusó de “señora patotera”.

Todxs la aplaudieron y Bety se emocionó.

El pasaje Santos Discépolo fue puro festejo.

Por la lucha, por el teatro, por estar juntxs.

Continuará.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

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Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

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La vida de dos mujeres en la Isla de la Paternal, entre la memoria y la lucha: una obra imperdible

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Una obra única que recorre el barrio de Paternal a través de postas de memoria, de lucha y en actual riesgo: del Albergue Warnes que soñó Eva Perón, quedó inconcluso y luego se utilizó como centro clandestino de detención; al Siluetazo de los 80´, los restoranes notables, los murales de Maradona y el orfanato Garrigós, del cual las protagonistas son parte. Vanesa Weinberg y Laura Nevole nos llevan de la mano por un mapa que nos hace ver el territorio cotidiano en perspectiva y con arte. Una obra que integra la programación de Paraíso Club.

María del Carmen Varela

Las vías del tren San Martín, la avenida Warnes y las bodegas, el Instituto Garrigós y el cementerio de La Chacarita delimitan una pequeña geografía urbana conocida como La Isla de la Paternal. En este lugar de casas bajas, fábricas activas, otras cerradas o devenidas en sitios culturales sucede un hecho teatral que integra a Casa Gómez —espacio dedicado al arte—con las calles del barrio en una pintoresca caminata: Atlas de un mundo imaginado, obra integrante de la programación de Paraíso Club, que ofrece un estreno cada mes.

Sus protagonistas son Ana y Emilia (Vanesa Weinberg y Laura Nevole) y sus versiones con menos edad son interpretadas por Camila Blander y Valentina Werenkraut. Las hermanas crecieron en este rincón de la ciudad; Ana permaneció allí y Emilia salió al mundo con entusiasmo por conocer otras islas más lejanas. Cuenta el programa de mano que ambas “siempre se sintieron atraídas por esos puntos desperdigados por los mapas, que no se sabe si son manchas o islas”.

La historia

A fines de los ´90, Emilia partió de esta isla sin agua alrededor para conocer otras islas: algunas paradisíacas y calurosas, otras frías y remotas. En su intercambio epistolar, iremos conociendo las aventuras de Emilia en tierras no tan firmes…

Ana responde con las anécdotas de su cotidiano y el relato involucra mucho más que la narrativa puramente barrial.  Se entrecruzan la propia historia, la del barrio, la del país. En la esquina de Baunes y Paz Soldán se encuentra su “barco”, anclado en plena isla, la casa familiar donde se criaron, en la que cada hermana tomó su decisión. Una, la de quedarse, otra la de marcharse: “Quien vive en una isla desea irse y también tiene miedo de salir”.

A dos cuadras de la casa, vemos el predio donde estaba el Albergue Warnes, un edificio de diez pisos que nunca terminó de construirse, para el que Eva Perón había soñado un destino de hospítal de niñxs y cuya enorme estructura inconclusa fue hogar de cientos de familias durante décadas, hasta su demolición en marzo de 1991. Quien escribe, creció en La Isla de La Paternal y vio caer la mole de cemento durante la implosión para la que se utilizó media tonelada de explosivos. Una enorme nube de polvo hizo que el aire se volviera irrespirable por un tiempo considerable para las miles de personas que contemplábamos el monumental estallido.

Emilia recuerda que el Warnes había sido utilizado como lugar de detención y tortura y menciona el Siluetazo, la acción artística iniciada en septiembre de 1983, poco tiempo antes de que finalizara la dictadura y Raúl Alfonsín asumiera la presidencia, que consistía en pintar siluetas de tamaño natural para visibilizar los cuerpos ausentes. El Albergue Warnes formó parte de esa intervención artística exhibida en su fachada. La caminata se detiene en la placita que parece una mini-isla de tamaño irregular, sobre la avenida Warnes frente a las bodegas. La placita a la que mi madre me llevaba casi a diario durante mi infancia, sin sospechar del horror que sucedía a pocos metros.

El siguiente lugar donde recala el grupo de caminantes en una tarde de sábado soleado es el Instituto Crescencia Boado de Garrigós, en Paz Soldán al 5200, que alojaba a niñas huérfanas o con situaciones familiares problemáticas. Las hermanas Ana y Emilia recuerdan a una interna de la que se habían hecho amigas a través de las rejas. “El Garrigós”, como se lo llama en el barrio, fue mucho más que un asilo para niñas. Para muchas, fue su refugio, su hogar. En una nota periodística del portal ANRed —impresa y exhibida en Casa Gómez en el marco de esta obra— las hermanas Sosa, Mónica y Aída, cuentan el rol que el “Garri” tuvo en sus vidas. Vivían con su madre y hermanos en situación de calle hasta que alguien les pasó la información del Consejo de Minoridad y de allí fueron trasladas hasta La Paternal.  Aída: “Pasar de la calle a un lugar limpio, abrigado, con comida todos  los días era impensable. Por un lado, el dolor de haber sido separadas de nuestra madre, pero al mismo tiempo la felicidad de estar en un lugar donde nos sentimos protegidas desde el primer momento”. Mónica afirma: “Somos hijas del Estado” .

De ser un instituto de minoridad, el Garrigós pasó a ser un espacio de promoción de derechos para las infancias dependiente de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia de Argentina (SENAF), pero en marzo de este año comenzó su desmantelamiento. Hubo trabajadorxs despedidxs y se sospecha que, dado el resurgimiento inmobiliario del barrio, el predio podría ser vendido al mejor postor.

El grupo continúa la caminata por un espacio libre de edificios. Pasa por la Asociación Vecinal Círculo La Paternal, donde Ana toma clases de salsa.

En la esquina de Bielsa (ex Morlote) y Paz Soldán está la farmacia donde trabajaba Ana. Las persianas bajas y los estantes despojados dan cuenta de que ahí ya no se venden remedios ni se toma la presión. Ana cuenta que post 2001 el local dejó de abrir, ya que la crisis económica provocó que varios locales de la zona se vieran obligados a cerrar sus puertas.

La Paternal, en especial La Isla, se convirtió en refugio de artistas, con una movida cultural y gastronómica creciente. Dejó de ser una zona barrial gris, barata y mal iluminada y desde hace unos años cotiza en alza en el mercado de compra-venta de inmuebles. Hay más color en el barrio, las paredes lucen murales con el rostro de Diego, siempre vistiendo la camiseta roja del Club Argentinos Juniors . Hay locales que mutaron, una pequeña fábrica ahora es cervecería, la carnicería se transformó en  el restaurante de pastas Tita la Vedette, y la que era la casa que alquilaba la familia de mi compañera de escuela primaria Nancy allá por los ´80, ahora es la renovada y coqueta Casa Gómez, desde donde parte la caminata y a donde volveremos después de escuchar los relatos de Ana y Emilia. 

Allí veremos cuatro edificios dibujados en tinta celeste, enmarcados y colgados sobre la pared. El Garrigós, la farmacia, el albergue Warnes y el MN Santa Inés, una antigua panadería que cerró al morir su dueño y que una década más tarde fuera alquilada y reacondicionada por la cheff Jazmín Marturet. El ahora restaurante fue reciente ganador de una estrella Michelín y agota las reservas cada fin de semana.

Lxs caminantes volvemos al lugar del que partimos y las hermanas Ana y Emilia nos dicen adiós.

Y así, quienes durante una hora caminamos juntxs, nos dispersamos, abadonamos La Isla y partimos hacia otras tierras, otros puntos geográficos donde también, como Ana y Emilia, tengamos la posibilidad de reconstruir nuestros propios mapas de vida.

Atlas de un mundo imaginado

Sábados 9 y 16 de agosto, domingos 10 y 17 de agosto. Domingo 14 de septiembre y sábado 20 de septiembre

Casa Gómez, Yeruá 4962, CABA.

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