Nota
Segunda jornada de debate parlamentario por #AbortoLegalYa: lecciones de desigualdad
La segunda jornada de debate por el aborto legal dejó en claro las desigualdades en el acceso a la salud reproductiva en localidades del interior y, particular, en el norte del país. Los casos de Jujuy y Tucumán como paradigmas del horror. La nueva muerte en Córdoba, mientras los discursos antiderechos ocultan la realidad. La persecución y presión que promueven los gobiernos provinciales y la justicia. Las cifras y números que develan que el argumento a favor de la vida es a favor de las muertes que produce la clandestinidad. Cómo vienen los votos y la dinámica que sigue en la recta final por el #AbortoLegalYa.

Luego de dos jornadas de expositores, notablemente más acotadas a comparación de los más de 700 oradores que hubo en 2018, mañana los diputadas y diputadas del plenario de comisiones empezarán a construir el dictamen que va a llegar al recinto.
El cronograma original se modificó, y los oradores continuarán más allá de los dos días previstos porque la firma de dictamen que estaba planeada para el viernes de esta semana se posterga. Mañana habrá diez oradores a la mañana y diez a la tarde, se intercalarán uno a favor y otro en contra de la legalización. Luego empezarán a debatir diputados y diputadas. El viernes no habrá expositores.
En reunión de labor parlamentaria se está definiendo si se mantiene el protocolo mixto de virtualidad y presencialidad, o se cambia a que la firma del dictamen tenga que ser solamente presencial. Si es así, la firma del dictamen pasaría entonces al miércoles 9 de diciembre para que los legisladores y legisladoras tengan tiempo de viajar desde las provincias.
La posible fecha de votación en el recinto se mantiene: el jueves 10 está previsto que se vote en la Cámara Baja en búsqueda de la media sanción.
Mientras la ley se demora en llegar las mujeres mueren. En el inicio del debate en la Cámara de Diputados se conoció la muerte de Mariela, en Córdoba, a causa de un aborto inseguro. Murió el 7 de noviembre, pero su historia se conoció recién ayer. Tenía 40 años y era madre. Paso tres semanas internada en terapia intensiva con pronóstico reservado en un hospital de la provincia, hasta que murió. “No sabemos qué método utilizó para interrumpir, pero sí sabemos que la comunidad de la que ella era parte está muy dolida, muy angustiada”, expresó a lavaca Betiana de Mumalá y la Campaña provincial que junto a sus compañeras hicieron ayer un perejilazo frente al Ministerio de Salud de la provincia en donde se dejaron ramos de perejil y carteles que decían “aborto legal es vida y salud pública” esperando que el grito llegue hasta el Congreso de la Nación.
La radiografía de la desigualdad
El segundo plenario de comisiones en la Cámara de Diputados que trata el proyecto se inició –y siguió durante gran parte de la jornada- presidido por el diputado Pablo Yedlin, presidente de la Comisión de la Salud, médico pediatra, neonatólogo y ex Ministro de Salud de Tucumán. Fueron varios los expositores invitados que retrataron la desigualdad que genera la clandestinidad en el norte del país donde hay una postura mayoritaria en contra de la legalización, pero también diputados y diputadas que aún no expresaron cómo votarán.
Fue el ex Ministro de Salud de Jujuy, Victor Urbani, quien mostró los números que permitieron graficar la desigualdad en el acceso a la salud. “En los países donde el aborto es legal se produce una muerte cada 100 mil procedimientos abortivos. En Argentina, en 2012, el promedio nacional era de 112 muertes cada 100 mil procesos abortivos, pero este es un promedio que oculta la realidad porque en la Ciudad de Buenos Aires eran 8 muertes cada 100 mil procesos abortivos y en el norte argentino 350 las mujeres que morían cada 100 mil procedimientos”.
Urbani sostuvo que en los últimos años se ha visto una reducción en los egresos hospitalarios y que se debe a que se ha generalizado el uso del misoprostol, pero que esa situación tampoco es igual en todo el territorio del país.
“Hay un tutorial de Youtube con 623.000 consultas para saber cómo abortar con misoprostol. Hay una guía de una página de oenegé argentina que tiene 88.000 visitas. A mí me gustaría saber cuántas mujeres del norte argentino pueden acceder a estos tutoriales por internet. No acceden a estos tutoriales como lo pueden hacer en otros lugares y en las capitales. Solo pueden recurrir a métodos atroces abortivos, que la hacen abortar en la clandestinidad, en soledad, o asistidas por personas no capacitadas”.
La médica infectóloga tucumana Leda Guzzi, inició su exposición contando que años atrás estaba en contra de la legalización, que lo que cambió su mirada fue ver a las mujeres jóvenes morir. Además argumentó en la misma línea que Urbani: “El aborto inseguro es la primera causa de muerte materna en nuestro país y esta obscenamente relacionada con la pobreza”. También aportó datos más globales: “Entre 2020 y 2014 hubo 55.7 millones de abortos por año en el mundo. El 97% se llevan adelante en países en desarrollo, coincidentes con países que tienen leyes restrictivas. En Latinoamérica el 76% de los abortos se realizan en condiciones de inseguridad”.
Los números de la penalización
Soledad Deza fue la primera expositora de la jornada, abogada de Belén, la joven tucumana que pasó dos años, cuatro meses y veintitrés días encarcelada por un aborto espontáneo, expuso sobre los números de la penalización en su provincia. “En Tucumán entre 1992 y 2019 hay 814 causas de aborto. La mayoría tiene a las mujeres abortantes como imputadas. En los últimos años encontramos 165 causas iniciadas en el marco de un aborto legal. Y encontramos 25 causas donde se persiguen profesionales de la salud que garantizaron abortos legales. 72 mujeres fueron acusadas por aborto provocado solo en los años 2018 y 2019”.
En diálogo con lavaca Deza explicó que en su exposición buscó “hacer hincapié en que somos un país desigualmente federal. Lo que pasa en el NOA y en el NEA, donde tenemos una fuerte presencia del conservadurismo religioso y político, hace que sea difícil acceder a la Educación Sexual Integral, acceder a un método anticonceptivo, a la información que permita la educación, a la prevención y a la salud es muy difícil. Paradójicamente son los mismos sectores que ponen esas trabas los que se oponen a la legalización del aborto.
¿Hubo algún cambio a partir del debate de 2018 en el norte del país?
Quizás a nivel social sí lo hubo. Pero cuando fuimos a buscar el número de criminalización del aborto encontramos 72 mujeres acusadas de aborto, entre el 2018 y el 2019, cifras oficiales entregadas por la Corte. Ahí se ve de forma patente la interseccionalidad que le falta a este debate democrático, seguimos en el closet judicial y sanitario. Esa es la complicidad.
¿Cómo funciona esa complicidad?
Con el gobernador diciendo “Tucumán es pro vida” sabiendo que no tiene ninguna eficacia jurídica esa expresión, con el sector de la salud operando con el sector judicial para poder armar esas causas penales. Ese andamiaje criminalizador no se pone en funcionamiento así nomás ni contra cualquiera: se pone en funcionamiento contra mujeres pobres. Además, es disciplinador y estigmatizante para la comunidad sanitaria que quiere garantizar derechos.
Poner cuerpo a los números
Fue la médica Cecilia Ousset quien puso en cuerpos esa complicidad que pretende mantener la clandestinidad. Se presentó así: “soy una médica de la provincia de Tucumán, especialista en tocoginecología, madre de cuatro chicos, católica, objetora de conciencia. Ejerzo la fe católica, nunca me hice un aborto y tampoco lo practico en mis pacientes”. Ousset dijo que en el norte siguen obligando a maternar a las niñas y siguen estigmatizando a los médicos y familias de los médicos que garantizamos derechos. Y contó la historia de Lucía, que debería bastar para que sea ley. Relató:
“Cuando el año pasado Lucia, una niña del área rural de Tucumán, de 11 años, abusada y embarazada por su abuelastro de 65, se puso en contacto con el sistema de salud fue derivada a un centro de mayor complejidad para la interrupción legal del embarazo. Ella había dicho en Cámara Gesell ‘quiero que me saquen lo que el viejo me puso adentro’. Estuvo internada durante un mes en el hospital donde se dilató la interrupción, donde se obstaculizó la interrupción, donde todos los efectores de salud, pero todos, absolutamente todos, se declararon objetores de conciencia. No es lo mismo ser objetor que obstaculizador. ¿Pero eran realmente objetores de conciencia? Yo creo que no. Porque la fiscal (Adriana) Giannoni había mandado oficios al hospital para que no se practica la interrupción legal del embarazo con la amenaza al personal de salud de realizar acciones penales sobre ellos. Es decir se estaba torturando a una niña por orden directa de la fiscal. Luego otra jueza de familia manda otro oficio al hospital exigiendo la interrupción en un tiempo de 48 horas. Ahí es cuando el Ministerio de Salud de la provincia convoca a efectores del subsistema privado de salud para el acto médico porque nadie del público lo quería hacer. Eso incluía a la jefa del servicio y a la directora del hospital, ambas medicas obstetras. El final de la historia es que los dos médicos actuantes, entre los que me incluyo, que finalmente le realizamos la interrupción legal del embarazo en un contexto digno de una película de Netflix, de una niña con causal violación y con causal riesgo de la salud, tenemos abiertas hasta el día de la fecha una causa penal en investigación por homicidio agravado”.
La médica terminó su intervención con un pedido: “Quiero terminar con la hipocresía, quiero estadísticas, quiero marcos normativos porque quiero ejercer mi profesión libremente”.
Los votos
Consultada por lavaca la diputada Mónica Macha, presidenta de la Comisión Mujeres y Diversidades, sostuvo que el armado de la lista expresa “qué experiencias podemos recuperar teniendo en cuenta que son pocos los expositores, y coincidió que son del norte del país, lo cual tiene sentido porque donde tenemos más dificultades es en esas provincias y cuando aparece un médico, una médica, que pueda dar cuenta de esas experiencias de otros modos son convocante”.
Por su parte, el diputado Pablo Yedlin en diálogo con lavaca hizo énfasis en la desigualdad: “La interrupción de embarazo en la clandestinidad, que es a lo que condenamos a las mujeres que deciden tomar esta decisión en Argentina, es un tema con una mirada absolutamente clasista. La gente con capacidad económica no tiene ningún problema de complicaciones de abortos clandestinos. Los abortos clandestinos que generan problemas de salud son solamente de mujeres pobres. Por supuesto que la Argentina es una en el norte y otra en el centro: la del norte es una Argentina empobrecida. Y en ese marco las provincias del norte tienen un aumento en la frecuencia de abortos clandestinos y complicaciones”.
¿Hoy se expusieron argumentos para interpelar a los diputados y diputadas del norte que aún no se expresaron?
Muchos de los diputados del norte argentino responden a la sociedad a donde han sido votados. Venimos de sociedades muy conservadoras, muy religiosas. Lo que intentamos explicar es que si esta ley se aprueba cada uno va a poder decidir no interrumpir un embarazo o decidir continuarlo. La diferencia es que esas personas que lo decidan podrán hacerlo en el marco de seguridad que el sistema de salud les va a brindar y no, sobre todo las más pobres, verse obligadas a la clandestinidad. Ojala estemos interpelando a este grupo.
¿Están dados los votos para llegar al recinto?
Este es un tema muy transversal. Hay un grupo de diputadas que vienen militando el tema hace muchos años, de todas las bancadas, y hay un grupo de varones y mujeres de todos los partidos y provincias que van a acompañar, como también hay un grupo que no, también de todas las bancadas. El escenario es un escenario parecido al del 2018, quizás con algunos números más fáciles. Ese año hasta que La Pampa decidió votar a favor no lo pudimos saber.
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
- ComunicaciónHace 3 semanas
Las agallas de Agulla
- MU214Hace 3 semanas
La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
- MU214Hace 3 semanas
El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
- Crisis ambientalHace 1 semana
Atanor: condena confirmada por “daño irreversible” al río Paraná y contaminación de aire, suelo y agua con agrotóxicos
- MU214Hace 4 semanas
Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz









































