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Artes

Teatro para cambiar vidas: biografía de una transformación, lo que pasa en nuestros cuerpos en un minuto, y a quién prenderle una vela

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Uno: ¿Nos convertimos en las personas que deseábamos ser de chicos? Un biodrama musical —Teoría de la sirena— permite que la actriz y cantante Sofía Diéguez descargue coraje, humor, música y emoción en una obra creada con la colaboración de actrices-directoras como Elisa Carricajo y Julieta Costa.

Dos: ¿Qué ocurre en nuestros cuerpos y corazones en un minuto, casi sin que nos demos cuenta? El teatro físico argentino a partir del grupo Impacto Teatral, nacido en una fábrica recuperada y con nexos con La fura del Baus catalana, deriva en Mártires. La obra conecta esa pregunta sobre nuestras entrañas, con mitos como el Gauchito Gil y la Difunta Correa, en medio de reflexiones sobre las resistencias, la alegría, y hasta algún posible chamamé.

Texto: María del Carmen Varela

Teoría de la Sirena

Una biografía musicalizada podría ser una forma de contar brevemente por dónde va este nuevo show de Sofía Dieguez, cuya idea surgió a partir de su presentación en MU a mediados de febrero, en el marco del Festival Amores. Allí Sofía cantó sus propios temas – La Sirena, Medusa, Sola, La Poderosa – grabados en su primer EP, hizo algunos covers y dio a conocer su nuevo material. En cada show Sofia charla con la gente, cuenta del origen de sus canciones y genera un clima único con su público. En esa oportunidad, Sofía llevó algunos de sus  objetos personales preferidos para compartir con cada asistente al show: un cuaderno con sus ilustraciones -donde abundan las sirenas -, un portarretratos con una infancia sonriente, elementos cargados de memoria y emoción.

“Recuerdos, anécdotas, momentos que marcaron mi vida”, así describe la actriz y cantante al espectáculo que sucederá este viernes 10 de mayo en la sala teatral del espacio MU Trinchera Boutique.

Sofía decidió resignificar su show y junto al Laboratorio de Experimentación en Comunicación y Artes Escénicas de Cooperativa lavaca y a la colaboración dramatúrgica de la actriz, directora, dramaturga, docente e integrante del colectivo Piel de lava, Elisa Carricajo y la actriz, dramaturga, directora y docente, miembro de La Zancada Teatro, Julieta Costa,  fue moldeando algo nuevo. Teoría de la sirena es una manera de contar fragmentos de su vida y compartir canciones inspiradas en su propia experiencia.

¿Por qué Sofía recurre a la alegoría de la sirena? Cuando vio por primera vez, a corta edad, la película La Sirenita , el impacto fue determinante. “Desde que la vi me sentí identificada con esa historia, con no pertenecer al mundo, sin saber mucho a los tres años, después entendí de grande la historia original de La Sirenita de Andersen. Las mujeres trans somos como sirenas que damos el paso a ser mujeres y en ese paso, muchas pierden a la familia, amigues, el lugar donde viven y metafóricamente también la voz, socialmente, hoy quizás no tanto pero es lo que pasaba y es lo que pasa en la historia de La Sirenita“. 

A partir de esta identificación Sofía creó una obra para las infancias: Magenta, una sirena más allá del mar, que fue estrenada en MU con un público formado por niñes de la Asociación Civil Infancias Libres. Ahora, también trayendo el mito de la sirena, nos invita a esta nueva aventura artística. Desde la estética del flyer, Sofía propone la acción de parirse a sí misma, recorrido que transitó para ser quien es. 

https://twitter.com/Lavacatuitera/status/1787790434179158354

Desde chica Sofía se preparó  en comedia musical. Como actriz trabajó en las series Pequeña Victoria y El Marginal, participó del musical Crianzas, basado en el libro de la artista Susy Shock; es dramaturga y coprotagonista en la obra teatral Estar System, realizada en el Laboratorio de Experimentación en Comunicación y Artes Escénicas; y una de las protagonistas de la película Unicornio en 2023, entre otros trabajos.

En la adolescencia escuchaba pop latino, inglés y soñaba con ser una Spice Girl. “Recuerdo la primera vez que vi a esas cinco mujeres superpoderosas cantando, saltando, comiéndose el mundo, vistiéndose como querían, sin importarles nada. Con su lema de girl power e igualdad hacían que yo, siendo una infancia y adolescencia trans, me olvidara de mi dolor, de mi desazón, de mis dudas de cómo sería mi vida. Si podría ser realmente quien era. Encerrada en mi cuarto bailando sus canciones, me olvidaba de la realidad, y era feliz”.

El año pasado Sofía presentó el primer videoclip de su trayectoria como cantante: La Sirena, fruto de la autogestión y filmado en las instalaciones de MU Trinchera BoutiqueEligió para esta canción una fusión de pop y reggaeton. Otro de sus temas, La poderosa, hace alusión a la violencia machista y surgió mientras Sofía cursaba el seminario Arte contra la violencia femicida, dictado por el Observatorio Lucía Pérez, una forma de pensar el arte como un instrumento de lucha y transformación. “Así surgió esta canción, abajo del agua, donde nace mucho de mi inspiración: me estaba bañando, salí de la ducha rápido, agarré el teléfono y empecé a grabar”. El ritmo es contagioso, la letra es una declaración de principios, un grito que dice basta, una bandera plantada en tierra firme: “No me volvés a callar, no, mi boca no tocás, no me volvés a asfixiar, no, mi aire no tomás, esta vez no podés obligarme a querer, perdiste lo que ayer vos te creías tener”.

“Me interesa llevar a escena cómo una infancia abrazada va a ser un adulto menos roto, cómo una persona contenida puede crecer en este mundo tan hostil.  Les invito a que vengan a conocer un poquito de mi vida y quizás se sientan identificades con alguna que otra cosa”, sugiere Sofía. La actriz y bailarina colombiana Carolina Ramírez —protagonista de las series La Reina del flow y La hija del mariachi— estuvo presente en la función de abril. “Es una biografía absolutamente conmovedora, pertinente, importantísimo conocer estas historias. Siempre nos preguntamos si somos las personas en las que nos queríamos convertir cuando éramos niños y este es un viaje a la infancia de alguien que volvió a nacer, que se parió a sí misma. Vengan a verla que vale la pena atravesar este viaje junto a Sofía”.

Teatro para cambiar vidas: biografía de una transformación, lo que pasa en nuestros cuerpos en un minuto, y a quién prenderle una vela

Sofía Diéguez

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143, CABA

Viernes 10 de mayo, 20.30 hs

Mártires

Con un recorrido de más de 17 años en las artes escénicas, el grupo Impacto Teatral perfila una propuesta audaz, provocadora, que saca al espectador de su clásico rol pasivo.  A la observación se le suma la acción, incentivada por los propios actores y actrices, a lxs que cuesta por momentos reconocer porque se mezclan con el “público”.  Carente de escenario hacia donde dirigir la atención, la escena irrumpe y puede suceder al lado, enfrente o detrás.

Nacido en el partido de San Martín, Impacto Teatral es fruto de una asociación creativa de chicos y chicas provenientes de las artes visuales y escénicas que se juntaban en el espacio cultural Tiempo de Teatro. Allí llegó Charly Latorres  luego de un viaje a Europa donde había tomado contacto con La fura del Baus, grupo catalán surgido en 1979, poco tiempo después de la muerte del dictador Francisco Franco.  Charly — trabajador de IMPA, fábrica recuperada por sus obrerxs en 1998 y actual director de Impacto Teatral— trajo influencias de este mítico grupo e ideó la primera performance, a la que llamaron La Cena. Cuentan con seis obras en su haber y este año estrenarán una más. También realizan performances en la calle, en eventos culturales, en presentaciones de bandas de rock y todos los años ofrecen un seminario donde siguen explorando su particular estética.

Teatro para cambiar vidas: biografía de una transformación, lo que pasa en nuestros cuerpos en un minuto, y a quién prenderle una vela

Desde 2015 ofrecen el espectáculo Mártires, arrancaron en IMPA y pasaron por diferentes lugares. Las presentaciones en este momento  se llevan a cabo en Proyecto Dickman, un espacio cultural ubicado en el barrio de La Paternal donde confluyen el teatro, la pintura, la escultura, la música y la performance. Una vez por mes ocurre Mártires, una experiencia teatral que pone al cuerpo en alerta y despierta interrogantes.  El grupo: Maximiliano Glorioso , Sebastián Henault, Mario Di Nicola, Carina Magariños, Carolina Schmid, Melissa Falter, Juan Ariel Martino, Laura Andrea Paz, Nicolás Villaverde, Sheila Dempsey, Sharon Cohen, Tatiana Conde, Vanesa Martín Sánchez, Gladys Marisol Díaz, Francesca Battista y dirige Charly Latorres.

“El corazón late entre 60 y 100 veces por minuto. Respiramos entre 16 y 25 veces por minuto. El riñón produce un mililitro de orina por minuto. De tu piel se cayeron entre 30.000 y 40.000 células muertas. En un minuto, producimos 140 millones de glóbulos rojos. Parpadeamos 20 veces. En ese minuto la sangre circuló en todo tu cuerpo. El corazón bombea 5 litros de sangre. Deglutimos una vez por minuto. Cada minuto mueren 10 millones de glóbulos rojos. Y el hombre a diferencia de la mujer genera 140 mil espermatozoides por minuto.
¿Y qué le sucede al cuerpo en el minuto en el cual es llevado al límite? Minuto límite del dolor presente o posible. ¿Qué sucede cuando el dolor físico y psicológico contractura los músculos, agita la respiración, genera taquicardia y ahogo? ¿Qué sucede cuando el miedo al dolor genera más dolor? ¿Qué testimonia el dolor? ¿Qué sucede con la carne cuando el suplicio se acerca al límite, urgente y primitivo evaporando la consciencia donde ya no quedan posesiones, ni recuerdos; no quedan nombres, ni multitudes? Es ahí cuando el umbral santifica, cuando en un minuto nace un mártir”. Eso explica un personaje vestido de negro. De cada función participan entre 50 y 60 personas, no hay butacas, sino piso de cemento, las personas circulan, por momentos se quedan quietas o incluso arrojan pequeñas pelotas rojas o azules cuando hay disputa entre unitarios y federales.

Desde la penumbra, las paredes hablan y preguntan: ¿Qué es un mártir? ¿Cuándo nace un mártir? ¿Tiene que estar muerto? ¿Cómo se identifica un mártir? ¿Quién quiere ser un mártir? ¿Quién creés que es un mártir?  Carolina Schmid, integrante de Impacto Teatral, responde a la pregunta: ¿Qué les interesó sobre los mitos populares? “La otra historia, lo que no se conoce. La pregunta que falta : ¿cómo llegó a ser mito? ¿A quién o a quiénes les conviene? ¿Por qué necesitamos creer?  ¿Surgió luego de un largo debate sobre que es ser un mártir?  ¿Quiénes son nuestros mártires?”. En el show se hace hincapié en dos mitos populares —o mártires— que despiertan oraciones y devociones: La Difunta Correa y El Gauchito Gil. ¿Qué aspectos les resultaron atractivos para llevar a escena? “En el caso de la Difunta su resistencia, su fuerza y lo que no se conoce, era una mujer que curaba a los soldados federales, no era solo una madre que corrió tras su marido. En el caso del Gauchito su poder de convocar la fe en las personas, más allá de sus creencias religiosas o su escepticismo. Hay un respeto por él y por la gente que cree en él que nos conmueve y nos hace querer acompañarles. En ambos, nos atrajo lo visceral y los elementos agua y sangre como sagrado pero cercano, una especie de realismo mágico”.

¿Por qué rendimos culto y hacemos rituales por determinadas personas a las que llamamos mártires? ¿Los necesitamos? ¿Qué extraña motivación nos impulsa a venerarlos? ¿Ellxs canalizan también nuestro dolor? ¿El sufrimiento redime? ¿Qué pasa con la alegría? ¿No nos salva?  Rezos, estampitas, velas, ofrendas. Agua para la Difunta Correa, vino tinto para el Gauchito Gil. Mártires perturba, arenga, conmueve  —también podemos ser invitadxs a bailar chamamé—  y nos acerca a un terreno que simula ser ajeno pero reconocemos como propio. Nos devuelve una mirada sobre nosotrxs mismxs. Encender una vela puede ser el puntapié que propicie el estallido del deseo. ¿A quién se la prenderías?

Proyecto Dickman, Dickman 947, CABA

Sábado 11 de mayo, 21 hs

Artes

Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán

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Cantante y compositora, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por hablar de criptomonedas y cuestionar al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate. Gabo Ferro, Susy Shock y la teoría de su papá, el cineasta Jorge Zuahir Jury (en la portada con Luciana), sobre cierto posible milagro.

por María del Carmen Varela

La cantante, compositora y guitarrista Luciana Jury llega a MU Trinchera Boutique. Estamos en Riobamba al 100, a una cuadra y media del Congreso y lxs jubiladxs marcharon una vez más poniendo cuerpo y corazón. Como ya se hizo costumbre, fueron empujadxs y gaseadxs por la policía. No son tiempos fáciles para quienes llevan la lucha como pancarta, levantan la voz y sacuden la cómoda apatía. Acompañada por “el Negro” –como le dice cariñosamente a su papá, Jorge Zuhair Jury– y por su guitarra, Luciana está protegida.
Llegaron desde Tortuguitas, lugar que sigue siendo refugio familiar y que ella habita desde sus tres años de vida. “Voy a ir con la guitarra, como una especie de protector, de escudo, de objeto que me ayuda para la batalla”, responde Luciana cuando le sugerimos que traiga algún instrumento para posar durante la sesión fotográfica. Este amuleto sonoro, cómplice de su voz encendida e impregnada de un tinte salvaje y filoso, no es una guitarra más. La heredó de Gabo Ferro, cantante, compositor e historiador que partió en octubre de 2020 con quien compartió amistad y escenarios. “La guitarra como fusil”, dispara Luciana.
Posa y canta, canta y posa. Ante una catarata de clicks, entona y nos regala Estamos, estarás, una de las canciones que Gabo compuso para ella y que forma parte del disco El veneno de los milagros, que grabaron juntxs en 2014 en El Calafate. Una letra que resuena con este presente: “Parece que estamos sueltos, pero esto no es libertad, es que la jaula es tan grande que parece que volás”. Para las fotos, primero se muestra con una remera pintada con el rostro de un Gabo de corbata y gomina y más tarde luce otra con la eterna sonrisa de Eva.

Revuelo en Cosquín

Durante la última semana de enero, el Festival Nacional del Folklore en Cosquín transitó sus nueve lunas. Allí fue Luciana que, entre otros temas, cantó Vuele bajo, la recordada canción de Facundo Cabral, que dice: “Dios quiera que el hombre pudiera volver / a ser niño un día para comprender / que está equivocado si piensa encontrar con una chequera la felicidad”. Luciana se permitió cambiar la letra y, en lugar de chequera, cantó “criptomoneda”. Emocionada, contó al numerosísimo público que esa noche estaría rodeada de amigxs, quienes fueron muy necesarios en “épocas durísimas del macrismo”. Siguió: “Yo necesitaba un refugio y ahora también lo necesito. Soy un desierto y necesito el agua de la diversidad, el agua de la nueva humanidad”. Entre sus músicxs amigxs estaba la artista Susy Shock, quien al pisar el escenario tomó el micrófono y se sumó a sus palabras de resistencia: “Gracias por ofrendar tu canto, que tiene memoria pero también tiene futuro. Gracias por ofrendar ese folklore abrazador de la diversidad. Somos diversidad y el folclore lo sabe. Gracias porque es un folclore que no es ningún alcahuete del poder de turno. No podrán, sepan que no podrán”.
La palabra “alcahuete”, tan clara y contundente, despertó susceptibilidades. El supuesto descontento de un sector del público, la palabra macrismo, la crítica a una realidad social intolerable provocó revuelo mediático. “Para mí la música y la poesía son un puente y mi idea es que sean un puente amoroso con el otro, con la otra. Pero en determinados momentos de la vida, de la historia, también la música y la poesía nos sirven para pararnos en el mundo y decir: ‘Yo soy esto, yo pienso esto, miro el mundo de esta manera. Y al que le gusta, le gusta y al que no le gusta puede hacer o elegir otra cosa’. En eso estamos”, propone Luciana.
Susy se despidió del escenario y Luciana continuó cantando, pero cuando preguntó si hacía un bis, parte del público se tornó hostil. “¿Todo ‘no’ me dicen?” preguntó cuando algunxs gritaron que no querían otra chacarera. La actitud era distinta de acuerdo al espacio donde la cámara se posara: gente que aplaudía siguiendo el ritmo, gente cruzada de brazos y entrecejo fruncido, más atrás bailaban, más allá cantaban y, más arriba, en el sector vip, se observaba la incomodidad entre coquetos sillones blancos mientras se comía y bebía. “No hay que darle tanta entidad al ‘no’ –dijo Luciana luego en conferencia de prensa–, démosle entidad a los que dijeron que sí. Fue una noche extraordinaria. ¿De qué me vale a mí ganarme a todo el público mintiendo? No me van a hacer torcer el brazo ni me van a hacer cambiar mi opinión porque es lo que yo siento, es mi verdad”.

De Favio a Gabo

El escenario como territorio de arte y como espacio para marcar posición. “Desde el lugar que a mí me toca como artista autogestiva, independiente, el trabajo es más artesanal. Para personas que venimos con estos modos de andar con el arte y con la música Cosquín a veces puede ser un campo de batalla. Es un escenario muy heterogéneo, con gente de todo el país y entiendo que hay gente que quiere una propuesta nueva, gente que quiere bailar y nada más que eso y está muy bien, y gente que viene a ver a su artista exclusivo de la noche. Los conciertos son como citas de amor. Nos encontramos en los centros culturales, en los espacios autogestivos, de resistencia en el conurbano, en el interior del país. Ahí nos convocamos y el público que viene me quiere escuchar y yo también quiero estar con ellos. Entonces es una cita de amor, y es precioso. Cosquín es diferente y yo estoy preparada para ese tipo de batallas”.
Después de la noche en la que Luciana y Susy levantaron polvareda, les llegó una lluvia de mensajes de apoyo. Luciana: “Adelante se escuchaba el ‘no’ y los ‘sí’ venían de atrás. ¿Por qué los sí se escucharon menos y los no se escucharon más?”. Con un pañuelo de seda adornando su cuello, su padre asiente con la cabeza. Zuhair es escritor, director de cine y autor de guiones de películas dirigidas por su hermano, el cineasta y cantante Leonardo Favio. Historias como las de Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca, Gatica, el mono y Juan Moreira, fueron hitos del cine argentino forjados por esta legendaria dupla creativa. “Para mí fue una noche maravillosa –afirma Luciana–; El Negro decía que cuando escuchó a Susy cantar la canción ‘No podrán’, le parecía que después de esa repetición insistente de ‘no podrán’ iba a ocurrir un milagro, que este fascismo se iba a caer”.
Luciana y Susy se conocieron personalmente en 2018. “Yo sentía que después del 2015 íbamos a vivir un momento muy difícil. Como vengo de una familia muy politizada y tengo 51 años, sabía lo que se venía y estaba muy entristecida. Susy me trajo una luz y a partir de ahí me quise hacer amiga”. Cantaron juntas y tiempo después cada una hizo su recorrido incluyendo giras por el exterior. Luciana llevó su música a Bélgica, Suecia, Austria, Dinamarca y Alemania. “Mi anhelo es tomar la música y el canto como un camino para el encuentro con el otro y que el encuentro sea para potenciarnos. Eso me ha sucedido con Susy y también me sucedió con Gabo. Él era una persona muy curiosa y siempre estaba investigando para ver quién andaba por ahí haciendo qué cosa. Me descubrió con mi primer disco”.
Gabo le escribió a Luciana por mensaje de Facebook para proponerle cantar una canción a dúo pero… ese mensaje no fue leído por la destinataria. Tiempo después ambxs fueron invitadxs por Lisandro Aristimuño para cantar en el Gran Rex. Ahí Gabo aprovechó la ocasión para acercarse a Luciana y le dio su disco La aguja tras la máscara. Ella quedó maravillada desde la primera canción, Lo que te da terror.

“Gabo ya sabía que quería hacer canciones para mí e hizo ese disco hermoso para que lo cantara yo. Cuando terminó de coser todas esas canciones que eran vestidos uno más bello que el otro dijo ´Yo también me quiero poner ese traje porque siento que me va a quedar bien´ y cantamos juntos. ¿Cómo no íbamos a hacer ese disco a dúo?”. Zuahir: “Tenía una voz particularísima. Era más un instrumento que una persona. Una voz de una nobleza y un aroma a madera”. Luciana suspira: “Cómo le gustaría escuchar eso”.

Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán
Todo el arte, la convicción y el afecto de Luciana, con imagen en la remera. En la portada, con su papá, Jorge Zuhair Jury, guionista de célebres películas de Leonardo Favio como Crónica de un niño solo, Nazareno Cruz y el lobo, Juan Moreira y Gatica, el Mono. Jorge dirigió además El fantástico mundo de la María Montel, La mayoría silenciada y El largo viaje de Nehuén Pan, entre otras.

Micrófono incorporado

Luciana canta desde que tiene uso de razón. En su casa siempre hubo música y eran habituales las guitarreadas con amigxs. “Vengo de padres provincianos, tocadores de guitarra. Yo tenía mucha memoria para recordar las letras y el momento del canto era un momento feliz de mi infancia”. Al notar su habilidad con la guitarra, la estimularon para que fuera a estudiar. También hizo la carrera de locución y trabajaba con su madre en una emisora de Tortuguitas. Intentó trabajar en radios de Capital, pero no se sintió cómoda. Prefería las radios alternativas. “Me voy a dedicar a cantar”, decidió y armó un dúo de folclore con un profesor de canto y guitarra, y así arrancó su carrera artística. “Siempre me gustó el escenario, en el colegio era la primera para hacer las presentaciones de fin de año. Diría mi tío Leonardo: ‘Vino con el micrófono incorporado’. Esa frase que dice Susy: ‘Buena vida y poca vergüenza’, me representa, siempre tuve poca vergüenza”.
Describe a su familia como “muy especial, aunque todas las familias tiene sus particularidades” pero en la suya, por ejemplo, no tenían mesa familiar. Había una chiquita y cuando alguien tenía hambre, se preparaba algo y comía en esa mesa. Los cumpleaños eran muy sencillos, solo festejaban el de Luciana, y tampoco festejaban la Navidad. “Me parece que tiene que ver con una mirada distinta, de andar por el mundo sin copiar los moldes que la sociedad insiste en cumplir”. Las reuniones eran mayormente con amigxs. “Que de alguna forma no dejan de ser familia”, suma Zuahir.
Cuando su padre filmaba, Luciana y su mamá, Marta Mantello, fallecida hace un año y medio, siempre se sumaban. Eran producciones autogestivas y vecinxs y amigxs colaboraban con lo que hiciera falta. Por eso Luciana recuerda: “Hay un dicho: los pobres no tienen plata pero tienen vecinos. Tortuguitas para mí es como un útero. Quiero mucho a mis vecinos, somos una gran familia, somos comunidad y de alguna manera, nos acompañamos. Cuando me voy sé que mi papá está en comunicación con el vecino de enfrente y que ninguno de los dos se pierde de vista. ¿Qué mejor que te pase eso? Nadie se salva solo”.

Recomienda todas las películas de su padre, subidas a su canal de YouTube (@LucianaJury), y cuenta que participó cantando en una de ellas, El piano mudo, sobre la vida del pianista Miguel Angel Estrella.
Cuando la conversación refiere a las vertientes del deseo, Luciana sugiere: “Hay que hacer un análisis de lo que una realmente desea porque el deseo ha sido tomado por el capitalismo. Muchas veces deseás algo fabricado para que lo desees. Cuando es genuino, esa energía va sola. A veces el deseo es medio berreta, lo aceptás y decís: sí, es berreta, pero voy igual. Toda esa energía de placer, de disfrute está enmarcada para mí en la música, en el canto y en todo lo que trae, que son los amigos y las amigas y la gente con la que me voy encontrando en el mundo”.
Con respecto a su universo de canciones, Luciana reconoce que “no sé cuál es la canción que está por venir, pero nunca tuve límites para los géneros musicales. Mi huella es predominantemente folclórica pero canto lo que me conmueve sea del género que sea”.

Distintos escenarios fueron testigos de su versatilidad. La antológica versión que hizo en Cosquín 2018 del tema de su tío Leonardo, Ella ya me olvidó es un ejemplo. O Lola, cantada por Rafaela Carrá a la que Luciana le da una impronta tanguera. En tu pelo, cumbia interpretada por Lía Crucet convertida en dulzura y la potencia que le imprime su voz a El viaje de las partículas de Skay Beilinson. “Si la canción me sacude internamente, la hago mía. O por lo menos, lo intento. Si es una milonga o si es un rap, lo que sea, me tiene que conmover. Y si eso sucede, después se transmite”.

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Artes

Teatro para hoy con La Oso: el conurbano en escena

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Dos hermanas. La niñez en el Gran Buenos Aires, las fiestas de 15, la cumbia, los proyectos, los amores, los casamientos, la fascinación de una época. Los videos y las fotos de cada historia, en una escenografía de cajas sencilla y a la vez impactante. Todo cruzado por un femicidio, un ciclista alcohólico, un hippie y un colectivero.

Hoy a las 20 se presenta La Oso, una obra de Mariela Alejandra que logra reunir comedia, drama, su propia historia y la descripción del conurbano (las palabras y las cosas, la música, las relaciones y los sueños), en este unipersonal que habla sobre la máquina de asesinar mujeres, y sobre lo que significa el amor para sobrevivir. En MU Trinchera Boutique, Riobamba 143. Reservas por Alternativa Teatral
https://publico.alternativateatral.com/entradas92868-la-oso?o=14

Por María del Carmen Varela.

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Cine

Oíd mortales

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Este jueves se estrena Belén, la película escrita, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi basada en una historia que resume los injustos procesos que padecimos para justificar la criminalización del aborto. Qué significa recordar hoy cómo obtuvimos ese derecho. Por Claudia Acuña.

¿Escuchan?

Es la voz de la época.

Ese es el tono que sintoniza Belén, la película de Dolores Fonzi y es suya en todos los sentidos: la escribió, la dirige, la actúa, la siente y se la apropia en cada escena, con esa mirada atenta a su entorno y ese gesto de alerta siempre, sin ninguna posibilidad de relajar, porque lo que suena a su alrededor es el tic tac de una bomba social a la que nadie ahí arriba le presta atención. La realidad no será ese lugar inmutable, ya no, pero en ese palacio de la justicia tucumana su personaje –abogada, madre, esposa, creyente– es el único con las orejas atentas. Y con eso alcanza y sobra para que durante una hora y cuarenta minutos Dolores Fonzi convierta en cine aquello que nos sacudió hace apenas unos años.

Arriesgo: Belén es el equivalente a Argentina, 1985, pero feminista y contemporánea. Nos pasó a nosotras cuando hicimos Historia, hace un rato nomás.

En la película Belén es Camila Plaate y su lucimiento es uno de los tantos méritos de Fonzi-directora. Lo es también el guion, que escribió junto a Laura Paredes, su socia también en esta ficción. Ambas cualidades se evidencian especialmente en el momento más conmovedor: nada menos que la escena que resuelve toda la historia a pura actuación. La dimensión de lo que representa Fonzi como actriz puede medirse al comparar las dos películas que dirigió: Blondi y Belén son dos personajes tan diferentes porque su versatilidad es extraordinaria.

Oíd mortales

Dolores Fonzi y Laura Paredes.

Belén, en la vida, es el nombre de fantasía que ideó la abogada Soledad Deza para poder difundir sin exponerla el caso de esa mujer condenada en 2014 por un aborto espontáneo, a la que acusaron sin pruebas, sufrió tres años de cárcel y logró ser liberada por un movimiento social que sacudió todo el país y más allá: la propia Dolores Fonzi escribió a mano en una hoja el reclamo “Libertad para Belén” y lo levantó en el escenario de los Premios Platino al cine iberoamericano cuando recibió, en 2016, el galardón a la mejor actuación por su protagónico en La patota. No sabía que así nacería la idea de esta película: en la platea estaba Leticia Cristi, una de las responsables de la productora K&Z, que se interesó por la historia. Cuenta Fonzi que en aquella ceremonia realizada en Punta del Este el actor Guillermo Francella le preguntó “¿quién es Belén?”. Dirá entonces: “Ahora se va a enterar”. También cuenta que cuando la Belén real vio su historia en la pantalla tuvieron que parar la proyección para que se recuperara de la congoja que le produjo. Finalmente, sonrió: el cine también cura heridas sociales.

Pero fundamentalmente Belén son los ojos de Fonzi: su modo de ver.

Mirar es un acto político, nos advirtió John Berger.

Es arte y es contexto.

Escuchemos a Berger:

 “Si el lenguaje de las imágenes se utilizase de manera distinta, éstas adquirirían, mediante su uso, una nueva clase de poder. Podríamos empezar a definir con más precisión nuestras experiencias en campos en los que las palabras son inadecuadas: la vista llega antes que el habla. Y no sólo experiencias personales, sino también la experiencia histórica esencial de nuestra relación con el pasado: es decir, la experiencia de buscarle un significado a nuestras vidas, de intentar comprender una historia de la que podemos convertirnos en agentes activos”.

Oíd mortales

Es exactamente eso lo que nos ponen por delante Dolores Fonzi y esta Belén: aquello que necesitamos. También nos muestra que la mirada llega antes que los oídos: se escucha aquello que se mira. Escuchar la época es saber dónde mirar.

¿Escuchan?

En tiempos en que nuestra mirada está esclavizada por las pequeñas pantallas el cine nos libera de la domesticación de la imaginación. Por eso para el autoritarismo es un enemigo y para crear otras formas de ser y estar juntas, juntos, es aliento, abrazo, incentivo.

¿Escuchan?

En tiempos en los que el poder es sordo y ensordece, Belén nos grita qué hacer.

¿Escuchan?

Somos nosotras cambiando el mundo.

Derrotando la injusticia, el odio, la desigualdad.

Belén nos muestra que lo hacemos con jeans ajustados, con anteojos del sol como vincha y con nuestras hijas formulando las preguntas que nunca nos atrevimos a hacer.

¿Escuchan?

No tenemos las respuestas en la boca, sino en los pies.

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