Artes
Tres viajes por el teatro

Tres obras de calidad para un fin de semana viajando hacia el teatro. PaCata y sus cinco escenas que rinden culto al amor y sus diversas formas, en un marco de naturaleza que desborda y abraza. Somos familia propone reflexionar sobre qué es ser familia y de qué manera dar lugar a los cambios, los duelos, las ausencias y las crisis económicas sin perder ternura ni complicidad. Nacidas con fórceps es un homenaje a la amistad, al rock and roll y a las múltiples maneras de encontrar la chispa que ilumine un camino común. Por María del Carmen Varela
PaCata
Un librito con textos y dibujos es el primer acercamiento a PaCata, la obra de danza-teatro de Cata Briski. Es entegado en mano en la boletería de Sala Perra, en el barrio de Chacarita y quien te lo da te pide que lo devuelvas al irte. Cada libro recorre entonces muchas manos y así invita a entrar en otra frecuencia de sensibilidad una vez traspasada la puerta rosa de Bonpland al 800. PaCata recorre cinco escenas especialmente dedicadas: a Jacinta (hija de Cata), a la danza, al río, a la desobediencia y a su madre, padre y hermanas. Así describe Cata su nueva creación: “Una Catarsis, una danza que pretende enunciar mis dedicatorias más profundas, a los amores y no amores que me han dado la fuerza y la fragilidad para vivir no feliz, sino sinceramanete. Bailar es reescribir”.
Cata reescribe con su cuerpo cada escena de este viaje a su propio universo que arranca con un video donde se la ve de espaldas, navegando hacia algún lugar. Esa será la única intervención tecnológica, lo que le sigue es cuerpo, movimiento, música, voz, corazón y entrega. Desde hace un año y unos meses esta bailarina, intérprete, coreógrafa, dramaturga, docente y gestora cutural vive con su pareja y su hija Jacinta, que cumplió un año en mayo, en la primera sección del Delta del Tigre. ¿Cómo influye el territorio habitado a la hora de la creación? “Yo estoy reciente mudada a un lugar tan distinto, no me animo a decir conclusiones pero sí creo que hay un despoje de alienación. Son territorios que te permiten estar más conectada con un vacío”.
En mayo de 2023, a pocos meses de mudarse, en ese ir y venir del delta a la ciudad por cuestiones laborales, Cata contaba a revista MU: “Hay algo de CABA que me expulsó. Es un territorio donde no es posible la resistencia. El mercado nos envenenó por todos lados. No se puede construir vivienda, no se puede alquilar, todo eso es muy hostil. No quiero adormecerme, no estoy tan alienada como para que no me duela; me duele y me quiero ir pensando estrategias porque techo, trabajo y comida son prioridad. En estos territorios me parece que hay una posibilidad un poco más real, aunque todo es tan reciente que no tengo conclusiones”. Este paisaje elegido toma forma en su obra, aparece algo del fluir del río, la bondad de la madera, los sonidos de la naturaleza y hasta el aroma a bosque, cuando logramos conectar desde los sentidos”.
En la última etapa de la pandemia, Cata comenzó a escribir la dramaturgia. “Es una dedicatoria a estos amores como la danza, el río, mis padres, hermanas. Después agregué la escena para Jacinta porque cuando la escribí todavia no estaba embarazada. Fue una necesidad de hacer un homenaje, con esa danza medio ritual, en un momento de mi vida post pandemia donde empecé a necesitar otros paisajes y otros hábitos, con más tiempo para contemplar mi vida y mis afectos. Ahí nacen las ganas de crear y ser la protagonista de esa creación, para que se pongan en juego mis investigaciones y mis deseos y sea mi cuerpo el que lo atraviese”. Danza, poesía, un manifiesto, la voz de su padre, su propia voz, una canción, una foto, son los ingredientes que amasa PaCata, los resortes de los que se disparan los diferentes climas, el remanso que no pierde la intensidad, la profunda determinación cargada de ternura.

Una vez que Cata supo a dónde quería ir con su obra, convocó a un grupo de amigas y colegas que la acompañaron a investigar las escenas ya escritas. “Es un equipo de dirección que hace que todo siga y no se detenga el proyecto con el tiempo de la maternidad, que es otro. Es importante para mí seguir trabajando en este contexto tan dificil, entonces agradezco la participación de gente que un domingo a la tarde este queriendo formar parte de este invento tan raro que es el teatro”. En uno de los primeros ensayos, Cata llegó con náuseas y se pusieron a charlar sobre quién sería su obstetra. “Siempre lo más importante de la obra era que me cuide, me aloje en mis necesidades y en mi presente”.
PaCata exhibe la emocionalidad de lo real, la rusticidad de un paisaje donde lo esencial está frente a los ojos y la posibilidad de una danza que traspasa lo individual para fundirse en una matriz común. Cinco dedicatorias en las que la protagonista baila con la inspiración de lo que considera lo mejor de su vida. Y lo mejor, tal como ella misma aclara, no reposa en la sensación de plena felicidad sino en la condición de ser precisamente genuino. La obra busca que seamos algo más que espectadorxs, propone llevar mate, se ofrece chipá, y Cata logra hacernos parte de lo que sucede ahí nomás, tan cerca que no se siente ajeno. “Todas las escenas, desde las más poéticas a las más literales están atravesadas por la sinceridad, donde si en la función estoy cansada, si necesito interrumpir, tomar agua, o la danza toma otra forma, tratamos de ser fieles a la poética de cada escena”. En este marco que describe Cata y en la función en la que estuvo presente lavaca, Jacinta bailó junto a su madre. Con pequeños pasos se fue deslizando junto a ella y cada vez que su pequeña anatomía caía al suelo, se levantaba al instante. Antes del solo final, entró a escena con hambre. Cata pidió permiso y le dio la teta mientras el acordeonista Pedro Bragan aportaba su música a ese momento. “Para mí llegar a una función significa embarcarnos, llevar a la bebé, los bolsos, entonces llego con toda esa preparación, con todo lo que implica llegar al trabajo. Está todo eso en mi piel”.
Teatro Cooperativa Perra, Bonpland 800, CABA
Domingo 30 de junio, 18 hs
@catabriski
Somos Familia
Una copa de vino amablemente ofrecida por las anfitrionas del espacio teatral antes de entrar a la función es el primer paso para empezar a sentirnos cercanxs a esta familia que nos espera en la sala de Moscú Teatro. Mamá, papá, dos hijas y un hijo. La escena recorre un momento típico de cada familia: un almuerzo de domingo. En este contexto todo puede suceder. Las anécdotas de la madre, las ocurrencias del padre, las discusiones a flor de piel, las risas, los enojos. Una rutina quebrada por una noticia que no tardará en llegar. ¿Cómo se reconstruye la dinámica familiar para afrontar lo inesperado?

La mesa está servida y la comida es el punto de unión, la excusa perfecta para que una familia se reúna. Laura —una de las hijas, hermana de Sabrina y de Emilio— nos da la bienvenida y nos pone al tanto de algunos detalles de lo que vamos a ver. La actriz y dramaturga Carla Giurastante (Laura) rompe la cuarta pared, nos mira, nos habla y genera complicidad con quienes estamos en las butacas. La crisis económica golpea la armonía familiar y como consecuencia impacta en una realidad difícil de sostener. ¿De qué manera se mantiene la unión de la familia cuando la economía no permite cumplir con los objetivos personales?
Somos Familia es un biodrama. Carla finalizó la carrera de Dramaturgia en la EMAD y en una materia investigaron sobre este género teatral. La tarea fue escribir una escena de siete páginas y así fue como compuso una de su familia almorzando, que luego fue representada por algunxs de sus compañerxs. Le divirtió tanto que al volver a su casa se sentó a escribir la obra. Luego se la leyó a toda su familia, incluido su ex novio, ya que en ese momento seguían juntxs y de hecho él forma parte de la obra como también el perro que tiempo después murió. “Tenía que enfrentarme a esos cambios pero quería hacerla. Lo bueno del biodrama es que te permite jugar y aproveché esa situación para darme ciertas licencias”. Le propuso la dirección de la obra a Julieta Timossi, que ya la había dirigido en El semental, de Ivana Schiaffino, y Julieta le propuso que la dirección sea compartida teniendo en cuenta que se trataba de su familia y sería apropiado contar con su mirada.
Una de las primeras decisiones tuvo que ver con lo escenográfico: una mesa, seis sillas y no podían faltar los colores. El padre de Carla es artista plástico especializado en color entonces junto a él analizaron la gama de colores. Los ensayos fueron en la casa del actor Jorge Román Fernández (el padre en Somos familia) y “eso hizo que se formara el hogar de manera inmediata. En la obra comemos de verdad, en los ensayos también. Si bien se trata de mi familia a la vez es una ficción entonces empezamos junto a Julieta a ver qué nos convenía para algunas decisiones. En el caso del perro, juamos con un perro ausente pero presente en la obra, todos interactuamos con él al igual que con mi ex novio que está representado como una silla vacía. En la obra original él hablaba así que quitar sus diálogos y dejar la ausencia hizo que su presencia sea mayor”.
El humor está muy presente durante todo el transcurso de la obra. Es inevitable identificar algunas situaciones como propias ya que si bien es cierto que “cada familia es un mundo”, hay cuestiones comunes que nos pueden hacer soltar la carcajada y también la lágrima. Hay encuentro, desencuentro, despedidas y “las vueltas de la vida que a veces son lo opuesto a lo que soñábamos”. Carla remarca que cada actor y actriz tiene “algo” de cada integrante de su familia. Sabrina, la hermana menor, tenía que ser representada por una bailarina. La hermana —en la realidad— de Carla le recomendó a una amiga, Tamara Rocca quien finalmente encarna ese rol. En cuanto a Emilio, el hermano, había pensado en un actor por el parecido físico y finalmente es interpretado por el actor Guido Veneroni, compañero de actuación de Carla. “Me sorprendió al captar la esencia del personaje sin siquiera saber lo que yo tenía en mente al escribirla”.
Desde los elementos clásicos de lo que habitualmente catalogamos como familia, la obra se corre del estereotipo y da lugar a la reflexión de que no siempre lo biológico remite a “ser familia”. En esta ocasión, dos ausencias —que realmente tienen peso— carecen de la sangre en común con el resto de los integrantes aunque eso no atenta con la condición de sentirlos parte. La muerte o el cambio de rumbo son factores que pueden incidir en lo cotdiano, porque así es la vida. Y claro, así son las familias.
Teatro Moscú, Juan Ramirez de Velazco 535, CABA
Viernes 20.30 hs
@somosfamilia.laobra
Nacidas con fórceps
¿Cuál es tu secuela de haber nacido con fórceps? “A mí me agarró como una turbina acá en el centro de la cabeza”, cuenta Turbina. “Contá tu secuela y sumate al club”, proponen la Papo, Turbina y la Enana. ¿Quiénes son? Un trío que se las trae. Tres minas fuertes y empoderadas, una marea musical que estalla en el escenario a puro rock and roll. Ellas son: Nacidas con fórceps y se suben a las tablas con un objetivo concreto. Desde hace 17 años ensayan en un garaje al que llaman El Manantial y ahora la dueña quiere alquilarlo. Para recuperarlo, arman un show a beneficio. ¿Lo lograrán?

Los fórceps se comenzaron a aplicar en el siglo XVII en los casos en los que se complicaba el parto y la cesárea aún no era practicada. Esta metodología que consiste en colocar unas pinzas metálicas en la cabeza de la criatura para forzar su salida permitió salvar ambas vidas y evitar consecuencias graves tanto para la madre como para el recién nacidx. Aún así, esta práctica acrecienta lo traumático que ya de por sí es el parto para quien llega a este mundo. La Papo, Turbina y la Enana nacieron en estas condiciones e investigaron su incidencia en la personalidad de quienes atravesaron esta experiencia: No les gusta que lxs contolen ni lxs manipulen, con frecuencia sienten que los jalan fuera de las situaciones, piensan que deben hacer todo por sí mismxs, creen que no importa cuánto hagan, nunca es suficiente y sienten que su cabeza y su corazón están separados, desconectados de sus sentimientos. Pese a ser muy diferentes, las tres se sienten unidas por su forma de nacer y si bien son colegas y miembros de la banda, ante todo, son amigas.
Un recital que a la vez es una obra. Así definen este nuevo show que a diferencia de los anteriores de este trío —Fiorella Cominetti, Julieta Filipini y Carolina Bonzi Ferrer o Las Ramponi— pone el acento en lo musical. Vienen trabajando juntas desde hace más de una década, armaron Myriam Cardozo y las golondrinas del monte y en esta oportunidad volcaron sus energías y entusiamos en montar un concierto de siete canciones donde se lucen tocando la guitarra, el bajo y la batería.
“Queríamos trabajar con el universo del rock” asegura Fiorella (o Vanesa La Enana Rodriguez), la baterista del grupo. El año pasado convocaron a la dramaturga y directora Laura Fernández para que las organizara. Vieron muchos documetales sobre el rock en los 80 y los 90, compusieron letras, buscaron los personajes, armaron la estructura de la obra y se coparon con la idea de un falso documental, al estilo This is Spinal Tap, filmada en 1984 por una banda fake que luego se hizo famosa, sacó discos e hizo giras. En noviembre hicieron un par de shows experimentales en el Club Atlético Fernández Fierro y este año decidieron poner el sello Ramponi. La idea fue “hacer un recital y que brote la teatralidad y la dramturgia más que pensar situaciones dramáticas y después llevarlas a escena. Armar los personajes desde sus particularidades, que sean medio estereotipos, pero singulaes, reconocibles en el universo del rock y desde ahí que se vaya filtrando informacion de quiénes son, qué es de sus vidas”.
Jugaron también con el estilo de la mujer en el rock. Sus personajes son políticamente incorrectos, para nada caretas y sobre el escenario muestran defectos y vulerabilidades. “La escena del rock está por lo general monopolizada por los chabones, en el escenario los chabones tienen una manera de ser, de vincularse, esa misma impronta en mujeres se lee distinto”. En lo musical trabajaron con el músico y productor Francisco Cirimele. Julieta tocaba la guitarra, ya tenía una eléctrica y el año pasado se puso a estudiar. Carolina aprendió a tocar el bajo y Fiorella, batería eléctrica. “Primero aparecieron las canciones, después los personajes y luego el ensamblado. El plan de ahora es hacer videoclips, llamar a amigas y amigos realizadores. Tenemos siete canciones, y queremos que cada una tenga su videoclip cada una con su estética”.
Al finalizar cada show, el público pide más canciones y ellas dicen “No, tenemos solo siete”. Pero como son buenas pibas y quieren complacer a su público, hacen un bis. Uno de los temas se convirtió en hit y la gente corea “Mi gato Gimena es lo más, Baila mis temas, llora conmigo a la par, Toma vino, Fuma conmigo”. Sueñan con ser teloneras de alguna banda de renombre. Y realmente están a la altura. “Ellas vienen del conurbano, de ranchar en la vereda, tomar el tren. Las imaginamos de adolescentes inventando movidas de resistencia”. Nacidas con fórceps es una oda a la amistad. Si no hay puntos de contacto se los busca y haber nacido con pinzas incrustadas en la cabeza tranquilamente puede ser un primer acercamiento a lo común. Es un homenaje al espíritu del rock y que sea un espíritu no signfica que esté muerto, en todo caso se tomó un descanso, pero la magia está en saber esperar ese fuego que venga a incendiarlo todo. Turbina, la Papo y la Enana guardan un encendedor y saben cómo usarlo.
Cultural Morán, Pedro Morán 2147, CABA
Viernes 28 de junio, 22.30 hs
A partir de julio, domingos a las 21 hs
@lasramponi
Artes
Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán

Cantante y compositora, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por hablar de criptomonedas y cuestionar al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate. Gabo Ferro, Susy Shock y la teoría de su papá, el cineasta Jorge Zuahir Jury (en la portada con Luciana), sobre cierto posible milagro.
por María del Carmen Varela
La cantante, compositora y guitarrista Luciana Jury llega a MU Trinchera Boutique. Estamos en Riobamba al 100, a una cuadra y media del Congreso y lxs jubiladxs marcharon una vez más poniendo cuerpo y corazón. Como ya se hizo costumbre, fueron empujadxs y gaseadxs por la policía. No son tiempos fáciles para quienes llevan la lucha como pancarta, levantan la voz y sacuden la cómoda apatía. Acompañada por “el Negro” –como le dice cariñosamente a su papá, Jorge Zuhair Jury– y por su guitarra, Luciana está protegida.
Llegaron desde Tortuguitas, lugar que sigue siendo refugio familiar y que ella habita desde sus tres años de vida. “Voy a ir con la guitarra, como una especie de protector, de escudo, de objeto que me ayuda para la batalla”, responde Luciana cuando le sugerimos que traiga algún instrumento para posar durante la sesión fotográfica. Este amuleto sonoro, cómplice de su voz encendida e impregnada de un tinte salvaje y filoso, no es una guitarra más. La heredó de Gabo Ferro, cantante, compositor e historiador que partió en octubre de 2020 con quien compartió amistad y escenarios. “La guitarra como fusil”, dispara Luciana.
Posa y canta, canta y posa. Ante una catarata de clicks, entona y nos regala Estamos, estarás, una de las canciones que Gabo compuso para ella y que forma parte del disco El veneno de los milagros, que grabaron juntxs en 2014 en El Calafate. Una letra que resuena con este presente: “Parece que estamos sueltos, pero esto no es libertad, es que la jaula es tan grande que parece que volás”. Para las fotos, primero se muestra con una remera pintada con el rostro de un Gabo de corbata y gomina y más tarde luce otra con la eterna sonrisa de Eva.
Revuelo en Cosquín
Durante la última semana de enero, el Festival Nacional del Folklore en Cosquín transitó sus nueve lunas. Allí fue Luciana que, entre otros temas, cantó Vuele bajo, la recordada canción de Facundo Cabral, que dice: “Dios quiera que el hombre pudiera volver / a ser niño un día para comprender / que está equivocado si piensa encontrar con una chequera la felicidad”. Luciana se permitió cambiar la letra y, en lugar de chequera, cantó “criptomoneda”. Emocionada, contó al numerosísimo público que esa noche estaría rodeada de amigxs, quienes fueron muy necesarios en “épocas durísimas del macrismo”. Siguió: “Yo necesitaba un refugio y ahora también lo necesito. Soy un desierto y necesito el agua de la diversidad, el agua de la nueva humanidad”. Entre sus músicxs amigxs estaba la artista Susy Shock, quien al pisar el escenario tomó el micrófono y se sumó a sus palabras de resistencia: “Gracias por ofrendar tu canto, que tiene memoria pero también tiene futuro. Gracias por ofrendar ese folklore abrazador de la diversidad. Somos diversidad y el folclore lo sabe. Gracias porque es un folclore que no es ningún alcahuete del poder de turno. No podrán, sepan que no podrán”.
La palabra “alcahuete”, tan clara y contundente, despertó susceptibilidades. El supuesto descontento de un sector del público, la palabra macrismo, la crítica a una realidad social intolerable provocó revuelo mediático. “Para mí la música y la poesía son un puente y mi idea es que sean un puente amoroso con el otro, con la otra. Pero en determinados momentos de la vida, de la historia, también la música y la poesía nos sirven para pararnos en el mundo y decir: ‘Yo soy esto, yo pienso esto, miro el mundo de esta manera. Y al que le gusta, le gusta y al que no le gusta puede hacer o elegir otra cosa’. En eso estamos”, propone Luciana.
Susy se despidió del escenario y Luciana continuó cantando, pero cuando preguntó si hacía un bis, parte del público se tornó hostil. “¿Todo ‘no’ me dicen?” preguntó cuando algunxs gritaron que no querían otra chacarera. La actitud era distinta de acuerdo al espacio donde la cámara se posara: gente que aplaudía siguiendo el ritmo, gente cruzada de brazos y entrecejo fruncido, más atrás bailaban, más allá cantaban y, más arriba, en el sector vip, se observaba la incomodidad entre coquetos sillones blancos mientras se comía y bebía. “No hay que darle tanta entidad al ‘no’ –dijo Luciana luego en conferencia de prensa–, démosle entidad a los que dijeron que sí. Fue una noche extraordinaria. ¿De qué me vale a mí ganarme a todo el público mintiendo? No me van a hacer torcer el brazo ni me van a hacer cambiar mi opinión porque es lo que yo siento, es mi verdad”.
De Favio a Gabo
El escenario como territorio de arte y como espacio para marcar posición. “Desde el lugar que a mí me toca como artista autogestiva, independiente, el trabajo es más artesanal. Para personas que venimos con estos modos de andar con el arte y con la música Cosquín a veces puede ser un campo de batalla. Es un escenario muy heterogéneo, con gente de todo el país y entiendo que hay gente que quiere una propuesta nueva, gente que quiere bailar y nada más que eso y está muy bien, y gente que viene a ver a su artista exclusivo de la noche. Los conciertos son como citas de amor. Nos encontramos en los centros culturales, en los espacios autogestivos, de resistencia en el conurbano, en el interior del país. Ahí nos convocamos y el público que viene me quiere escuchar y yo también quiero estar con ellos. Entonces es una cita de amor, y es precioso. Cosquín es diferente y yo estoy preparada para ese tipo de batallas”.
Después de la noche en la que Luciana y Susy levantaron polvareda, les llegó una lluvia de mensajes de apoyo. Luciana: “Adelante se escuchaba el ‘no’ y los ‘sí’ venían de atrás. ¿Por qué los sí se escucharon menos y los no se escucharon más?”. Con un pañuelo de seda adornando su cuello, su padre asiente con la cabeza. Zuhair es escritor, director de cine y autor de guiones de películas dirigidas por su hermano, el cineasta y cantante Leonardo Favio. Historias como las de Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca, Gatica, el mono y Juan Moreira, fueron hitos del cine argentino forjados por esta legendaria dupla creativa. “Para mí fue una noche maravillosa –afirma Luciana–; El Negro decía que cuando escuchó a Susy cantar la canción ‘No podrán’, le parecía que después de esa repetición insistente de ‘no podrán’ iba a ocurrir un milagro, que este fascismo se iba a caer”.
Luciana y Susy se conocieron personalmente en 2018. “Yo sentía que después del 2015 íbamos a vivir un momento muy difícil. Como vengo de una familia muy politizada y tengo 51 años, sabía lo que se venía y estaba muy entristecida. Susy me trajo una luz y a partir de ahí me quise hacer amiga”. Cantaron juntas y tiempo después cada una hizo su recorrido incluyendo giras por el exterior. Luciana llevó su música a Bélgica, Suecia, Austria, Dinamarca y Alemania. “Mi anhelo es tomar la música y el canto como un camino para el encuentro con el otro y que el encuentro sea para potenciarnos. Eso me ha sucedido con Susy y también me sucedió con Gabo. Él era una persona muy curiosa y siempre estaba investigando para ver quién andaba por ahí haciendo qué cosa. Me descubrió con mi primer disco”.
Gabo le escribió a Luciana por mensaje de Facebook para proponerle cantar una canción a dúo pero… ese mensaje no fue leído por la destinataria. Tiempo después ambxs fueron invitadxs por Lisandro Aristimuño para cantar en el Gran Rex. Ahí Gabo aprovechó la ocasión para acercarse a Luciana y le dio su disco La aguja tras la máscara. Ella quedó maravillada desde la primera canción, Lo que te da terror.
“Gabo ya sabía que quería hacer canciones para mí e hizo ese disco hermoso para que lo cantara yo. Cuando terminó de coser todas esas canciones que eran vestidos uno más bello que el otro dijo ´Yo también me quiero poner ese traje porque siento que me va a quedar bien´ y cantamos juntos. ¿Cómo no íbamos a hacer ese disco a dúo?”. Zuahir: “Tenía una voz particularísima. Era más un instrumento que una persona. Una voz de una nobleza y un aroma a madera”. Luciana suspira: “Cómo le gustaría escuchar eso”.

Micrófono incorporado
Luciana canta desde que tiene uso de razón. En su casa siempre hubo música y eran habituales las guitarreadas con amigxs. “Vengo de padres provincianos, tocadores de guitarra. Yo tenía mucha memoria para recordar las letras y el momento del canto era un momento feliz de mi infancia”. Al notar su habilidad con la guitarra, la estimularon para que fuera a estudiar. También hizo la carrera de locución y trabajaba con su madre en una emisora de Tortuguitas. Intentó trabajar en radios de Capital, pero no se sintió cómoda. Prefería las radios alternativas. “Me voy a dedicar a cantar”, decidió y armó un dúo de folclore con un profesor de canto y guitarra, y así arrancó su carrera artística. “Siempre me gustó el escenario, en el colegio era la primera para hacer las presentaciones de fin de año. Diría mi tío Leonardo: ‘Vino con el micrófono incorporado’. Esa frase que dice Susy: ‘Buena vida y poca vergüenza’, me representa, siempre tuve poca vergüenza”.
Describe a su familia como “muy especial, aunque todas las familias tiene sus particularidades” pero en la suya, por ejemplo, no tenían mesa familiar. Había una chiquita y cuando alguien tenía hambre, se preparaba algo y comía en esa mesa. Los cumpleaños eran muy sencillos, solo festejaban el de Luciana, y tampoco festejaban la Navidad. “Me parece que tiene que ver con una mirada distinta, de andar por el mundo sin copiar los moldes que la sociedad insiste en cumplir”. Las reuniones eran mayormente con amigxs. “Que de alguna forma no dejan de ser familia”, suma Zuahir.
Cuando su padre filmaba, Luciana y su mamá, Marta Mantello, fallecida hace un año y medio, siempre se sumaban. Eran producciones autogestivas y vecinxs y amigxs colaboraban con lo que hiciera falta. Por eso Luciana recuerda: “Hay un dicho: los pobres no tienen plata pero tienen vecinos. Tortuguitas para mí es como un útero. Quiero mucho a mis vecinos, somos una gran familia, somos comunidad y de alguna manera, nos acompañamos. Cuando me voy sé que mi papá está en comunicación con el vecino de enfrente y que ninguno de los dos se pierde de vista. ¿Qué mejor que te pase eso? Nadie se salva solo”.
Recomienda todas las películas de su padre, subidas a su canal de YouTube (@LucianaJury), y cuenta que participó cantando en una de ellas, El piano mudo, sobre la vida del pianista Miguel Angel Estrella.
Cuando la conversación refiere a las vertientes del deseo, Luciana sugiere: “Hay que hacer un análisis de lo que una realmente desea porque el deseo ha sido tomado por el capitalismo. Muchas veces deseás algo fabricado para que lo desees. Cuando es genuino, esa energía va sola. A veces el deseo es medio berreta, lo aceptás y decís: sí, es berreta, pero voy igual. Toda esa energía de placer, de disfrute está enmarcada para mí en la música, en el canto y en todo lo que trae, que son los amigos y las amigas y la gente con la que me voy encontrando en el mundo”.
Con respecto a su universo de canciones, Luciana reconoce que “no sé cuál es la canción que está por venir, pero nunca tuve límites para los géneros musicales. Mi huella es predominantemente folclórica pero canto lo que me conmueve sea del género que sea”.
Distintos escenarios fueron testigos de su versatilidad. La antológica versión que hizo en Cosquín 2018 del tema de su tío Leonardo, Ella ya me olvidó es un ejemplo. O Lola, cantada por Rafaela Carrá a la que Luciana le da una impronta tanguera. En tu pelo, cumbia interpretada por Lía Crucet convertida en dulzura y la potencia que le imprime su voz a El viaje de las partículas de Skay Beilinson. “Si la canción me sacude internamente, la hago mía. O por lo menos, lo intento. Si es una milonga o si es un rap, lo que sea, me tiene que conmover. Y si eso sucede, después se transmite”.
Artes
Teatro para hoy con La Oso: el conurbano en escena
Dos hermanas. La niñez en el Gran Buenos Aires, las fiestas de 15, la cumbia, los proyectos, los amores, los casamientos, la fascinación de una época. Los videos y las fotos de cada historia, en una escenografía de cajas sencilla y a la vez impactante. Todo cruzado por un femicidio, un ciclista alcohólico, un hippie y un colectivero.
Hoy a las 20 se presenta La Oso, una obra de Mariela Alejandra que logra reunir comedia, drama, su propia historia y la descripción del conurbano (las palabras y las cosas, la música, las relaciones y los sueños), en este unipersonal que habla sobre la máquina de asesinar mujeres, y sobre lo que significa el amor para sobrevivir. En MU Trinchera Boutique, Riobamba 143. Reservas por Alternativa Teatral
https://publico.alternativateatral.com/entradas92868-la-oso?o=14
Por María del Carmen Varela.
(más…)Cine
Oíd mortales

Este jueves se estrena Belén, la película escrita, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi basada en una historia que resume los injustos procesos que padecimos para justificar la criminalización del aborto. Qué significa recordar hoy cómo obtuvimos ese derecho. Por Claudia Acuña.
¿Escuchan?
Es la voz de la época.
Ese es el tono que sintoniza Belén, la película de Dolores Fonzi y es suya en todos los sentidos: la escribió, la dirige, la actúa, la siente y se la apropia en cada escena, con esa mirada atenta a su entorno y ese gesto de alerta siempre, sin ninguna posibilidad de relajar, porque lo que suena a su alrededor es el tic tac de una bomba social a la que nadie ahí arriba le presta atención. La realidad no será ese lugar inmutable, ya no, pero en ese palacio de la justicia tucumana su personaje –abogada, madre, esposa, creyente– es el único con las orejas atentas. Y con eso alcanza y sobra para que durante una hora y cuarenta minutos Dolores Fonzi convierta en cine aquello que nos sacudió hace apenas unos años.
Arriesgo: Belén es el equivalente a Argentina, 1985, pero feminista y contemporánea. Nos pasó a nosotras cuando hicimos Historia, hace un rato nomás.
En la película Belén es Camila Plaate y su lucimiento es uno de los tantos méritos de Fonzi-directora. Lo es también el guion, que escribió junto a Laura Paredes, su socia también en esta ficción. Ambas cualidades se evidencian especialmente en el momento más conmovedor: nada menos que la escena que resuelve toda la historia a pura actuación. La dimensión de lo que representa Fonzi como actriz puede medirse al comparar las dos películas que dirigió: Blondi y Belén son dos personajes tan diferentes porque su versatilidad es extraordinaria.

Dolores Fonzi y Laura Paredes.
Belén, en la vida, es el nombre de fantasía que ideó la abogada Soledad Deza para poder difundir sin exponerla el caso de esa mujer condenada en 2014 por un aborto espontáneo, a la que acusaron sin pruebas, sufrió tres años de cárcel y logró ser liberada por un movimiento social que sacudió todo el país y más allá: la propia Dolores Fonzi escribió a mano en una hoja el reclamo “Libertad para Belén” y lo levantó en el escenario de los Premios Platino al cine iberoamericano cuando recibió, en 2016, el galardón a la mejor actuación por su protagónico en La patota. No sabía que así nacería la idea de esta película: en la platea estaba Leticia Cristi, una de las responsables de la productora K&Z, que se interesó por la historia. Cuenta Fonzi que en aquella ceremonia realizada en Punta del Este el actor Guillermo Francella le preguntó “¿quién es Belén?”. Dirá entonces: “Ahora se va a enterar”. También cuenta que cuando la Belén real vio su historia en la pantalla tuvieron que parar la proyección para que se recuperara de la congoja que le produjo. Finalmente, sonrió: el cine también cura heridas sociales.
Pero fundamentalmente Belén son los ojos de Fonzi: su modo de ver.
Mirar es un acto político, nos advirtió John Berger.
Es arte y es contexto.
Escuchemos a Berger:
“Si el lenguaje de las imágenes se utilizase de manera distinta, éstas adquirirían, mediante su uso, una nueva clase de poder. Podríamos empezar a definir con más precisión nuestras experiencias en campos en los que las palabras son inadecuadas: la vista llega antes que el habla. Y no sólo experiencias personales, sino también la experiencia histórica esencial de nuestra relación con el pasado: es decir, la experiencia de buscarle un significado a nuestras vidas, de intentar comprender una historia de la que podemos convertirnos en agentes activos”.

Es exactamente eso lo que nos ponen por delante Dolores Fonzi y esta Belén: aquello que necesitamos. También nos muestra que la mirada llega antes que los oídos: se escucha aquello que se mira. Escuchar la época es saber dónde mirar.
¿Escuchan?
En tiempos en que nuestra mirada está esclavizada por las pequeñas pantallas el cine nos libera de la domesticación de la imaginación. Por eso para el autoritarismo es un enemigo y para crear otras formas de ser y estar juntas, juntos, es aliento, abrazo, incentivo.
¿Escuchan?
En tiempos en los que el poder es sordo y ensordece, Belén nos grita qué hacer.
¿Escuchan?
Somos nosotras cambiando el mundo.
Derrotando la injusticia, el odio, la desigualdad.
Belén nos muestra que lo hacemos con jeans ajustados, con anteojos del sol como vincha y con nuestras hijas formulando las preguntas que nunca nos atrevimos a hacer.
¿Escuchan?
No tenemos las respuestas en la boca, sino en los pies.


A 50 años del golpeHace 2 semanasMemoria, verdad, justicia y Norita

Derechos HumanosHace 3 semanasEquipo Argentino de Antropología Forense: 12 cuerpos hallados en el centro clandestino militar de La Perla

A 50 años del golpeHace 2 semanasNietes: tomar la posta

NotaHace 4 semanasMU 211: Método Pablo

Informe Observatorio Lucía PérezHace 4 semanasNegacionismo de Estado


































