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El rock kumbianchero

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She Devils. Este trío que se lanzó con la potencia del rock punk para denunciar la hipocresía social ahora está experimentando en paralelo con un símbolo de la época: la cumbia villera. Pero con estilo propio, calidad musical, humor y marca personal: kumbia queer. ¿El motivo? Para ellas el rock se ha convertido en una pavada atómica.

Si el arte genuino consiste en la capacidad de creación y de romper las jaulas, She Devils, mítica banda de mujeres del punk rock, está tomando una decisión puramente artística. Inés se pone seria y anuncia: “El punk rock lo toca la clase media, o sea yo toco punk rock, pero la cumbia villera es de las clases bajas, las que están contando en sus letras cómo es el barrio, cómo es la calle. Creo que hoy esa música está ocupando el lugar de rebeldía que debería ocupar el rock o el punk. Y además es mucho más alegre”.
Pilar es más directa aun, por si hacía falta: “El rock está convertido en una pavada atómica y superficial, la cumbia suena mucho más real”.
A partir de esa definición, el trío She Devils, productor de una avalancha de sonido rockero en cada una de sus presentaciones y discos, se ha largado en paralelo con una experiencia novedosa y arriesgada, que en realidad forma parte de la misma lógica con la que han actuado siempre: buscar ese lugar de rebeldía y arte. Sin jaulas. Pero como las She Devils, dice la propia Inés, son de clase media, su entrada a la cumbia se produce a partir del humor y la creación de un nuevo grupo, Kumbia Queer, que se presenta del siguiente modo en el sitio myspace donde se pueden escuchar sus canciones: “Seis locas punk and rollers aburridas del rock actual deciden autoexplorar su lado Kumbianchero y Queer haciendo canciones de chicas para chicas”.
La enumeración de las influencias que reconocen sobre esta etapa es en sí misma un manifiesto: Ze Do Caixao, Pibes Chorros, Black Sabbath, Lia Crucet, The Cure, Riki Maravilla, Ramones, Rigo Tovar, Nancy Sinatra, Celia Cruz, Ofelia y La chica del calendario (cumbia en la que interpretan los sueños de un empleado de taller mecánico ante el póster de una modelo que exhibe lubricantes).
 
Gesto de liberación
Las She Devils están por viajar a México pero antes dieron un recital en el cbgb de Buenos Aires. Música fuerte sobre el escenario, una bola de resonancia producida por Patricia Pietrafesa (bajo y voz), Pilar Arrese (guitarra y voz) e Inés Laurencena (batería). Bailan con sus instrumentos y los sacuden para sacarles un sonido roto, bien punk rock. La actitud y la alegría que transmiten cuando tocan es avasallante y la gente responde: baila, salta, descarga.
La banda tiene un recorrido que está cumpliendo diez años. Se formó en 1997, tiene sello propio y tres discos editados. Su primer single se llamó El aborto ilegal asesina mi libertad y fue grabado junto a la extinguida banda amiga llamada Fun People. Otro de sus singles se tituló Perversos, desviados & invertidos, un disco que Patricia define como gay punk y que, al igual que el anterior salió a la venta con una serie de notas vinculadas al tema. El concepto fue el de acompañar la música con información y definía un estilo de las chicas, parte de la generación de artistas que leían Expreso Imaginario, Pan Caliente y Mutantia, por hacer algo de historia que impulsó, además, el “hacelo vos mismo” que podría interpretarse como: no te resignes a las discográficas ni a nadie, y lanzate con tu propio proyecto a hacerte oír.
Todo un estilo: las She Devils autopiratearon su nuevo disco Horario Invertido para presentarlo en ese show de fines de mayo. “Lo editamos nosotras, y vamos a hacer copias para llevarnos a México”, explica Pilar. Patricia define: “Es un disco corto, veloz, aglutinamos algunas canciones nuevas con versiones y colaboraciones de amigos”.
Durante mayo organizaron un ciclo de conciertos de punk rock. Lo interesante de esta experiencia, según Patricia –quien pensó y organizó la propuesta– es la actitud de los grupos y de la gente que se involucró para organizar: “Desde el chico que diseñó los volantes hasta los grupos que vinieron a probar sonido a horario, a repartir volantes, a ayudar a atender la feria de discos y fanzines”. Distribuyeron lo recaudado con las entradas entre todos y Patricia regaló una botella de fernet a cada una de las bandas que participaron: “Mi sueño es poder darles plata o tenerles comida y cerveza pero todavía no se puede”. Los grupos que se presentaron fueron Monchones, Distorsion Surf, Utopians, I Suck, Marcelo Pocavida, Os Macabros, Vedettes y Chris Brush & The Blackulas. Además hubo proyecciones de video documentales de bandas y lecturas de poesía en las que estuvo Leonor Silvestri, entre otros escritores. “La convocatoria es una excusa para hacer algo, no es que yo piense que el punk va a cambiar el mundo”, se excusa Patricia. “Lo importante es juntarse y que de ese encuentro surjan nuevas relaciones, más ideas.” Entre quienes llegaron a los recitales se encontraron con una chica de la banda No sos under, de Puerto Madryn, el mismo espíritu de independencia y apertura de espacios.
Las She Devils promovieron además El Musicalazo, que puso en superficie el problema de falta de lugares para las bandas chicas. Terminó siendo un exorcismo callejero, dice Patricia. “Nos permitió gritar a todo volumen que no queremos aceptar las cosas como son.” El Musicalazo consistió en tocar en Callao y Corrientes, aprovechando los cortes de los semáforos, e incluyó el reclamo contra el enjuiciamiento del músico Diego Abrego, de la banda Exocet, procesado por hacer un recital solidario –reunir comida para comedores comunitarios– sin permiso policial.
¿Qué cantan las She Devils? En temas como Nada, dicen: “Seguro querés gritar, seguro querés cambiar, sino te apurás un poco, ya no va a importar”. No importa es un poema sobre la soledad urbana. L’ultimo gesto di liberazzione es un tema dedicado a Soledad Rosas, la chica argentina que se suicidó en una cárcel italiana tras haber participado en una toma de edificios. Y así, 43/70, Transformarme, Animadversión, Vuelta a ningún lugar, entre otros son temas que denuncian la hipocresía, o que revelan esa especie de estruendoso pozo en el que se sienten tantos jóvenes. No es un dato menor que hayan logrado transformar tanta rabia y dolor en música y producción.
 
De Pappo a Metaguacha
En la edición 2006 del Festival Belladonna –un encuentro de varios días entre mujeres dedicadas a la música o a cualquier expresión artística, también organizado por She Devils, desde hace cinco años– las chicas conocieron a Ali Wah Wah, guitarrista punk mexicana, y fanática de la cumbia. Fue Alí quien las sedujo con la idea de experimentar con el ritmo cumbiero y terminaron formando una banda paralela, a la que también se sumó la charanguista local, Juana Chang y otra mexicana, Rocktavia.
Las Kumbia Queer hicieron su debut el 10 de febrero de este año ante un centenar de personas que, intrigadas y vestidas para rockear terminaron bailando al ritmo de la cumbia y tarareando algunos rocks adaptados y otras cumbias de consagrados como Gilda. De las She Devils, es Inés la más fanática del género: “No tiene mucha vuelta: el rock se volvió aburrido y la cumbia esta re buena”, sentencia. “La cumbia villera cuenta lo que está pasando, cuenta la realidad y ocupa el lugar de rebeldía que tendría que ocupar el rock o el punk”, dice levantando la voz. Agrega: “A mí me copan Pibes Chorros, Metaguacha, Gilda. Ojo, hay cosas buenas y malas dentro de la cumbia, hay que ir buscando”, aconseja.
A raíz de toda esta novedad, la banda No sos under les hizo un contacto con Los Dragones de Puerto Madryn, banda de cumbia con la que para este año van a grabar un disco: “!Mirá si terminamos armando una movida por todos lados con espíritu cumbiero-punk–hacelo vos mismo!”, sueña Pilar.
Ali Wah Wah es la que impulsó el viaje a México. “Allá va a ser como acá, todo a pulmón, y estamos re felices de poder hacerlo así”, coinciden Inés y Pilar. Aunque no saben mucho aun sobre su itinerario, adelantan que Ali creó la gira “invadecuartos”, caracterizada por la intromisión de bandas en hogares de amigos de todo el país.
El pasaje del punk rock a la cumbia (a la que llaman kumbia) implica todo un cuestionamiento. Pilar: “El rock está bastante superficial, se ven bandas más preocupadas por tener la última guitarra que salió que por hacer cosas nuevas. No hay novedad, las bandas nuevas no están experimentando mucho”. Patricia: “Me gusta Intoxicados, las letras del Pity son muy buenas… pero en general creo que las letras de los nuevos grupos de rock son todas iguales”. Inés, ha sido dicho, le otorga el actual lugar de la rebeldía a la cumbia mucho más que al punk o al rock.
La entrada de las chicas a la cumbia no se ha dado, sin embargo, por el lado de reflejar la crónica de la realidad, sino más bien por la veta del humor. Una reivindicación de rebeldía, pero no explícita, sino implícita en la alegría y el baile, y la ruptura, contra un rock que sienten que hasta cuando dice cosas fuertes se ha vaciado.
Isla con chicas, por ejemplo, está inspirado en un tema de Madonna: “Anoche una mina en San Telmo / me recomendó un lugar sensacional / lleno de chicas bonitas / yo ya quiero estar ahí, lejos de aquí”.
Chica de metal es, tal vez, la cumbia que mejor define el momento actual de estas mujeres. Algunas frases:
 
Siempre fue feliz con el blues de
Pappo y su grupo Riff
Pero en un dos por tres se peinó
el copete como Luis Miguel
Se dejó llevar con los Metaguacha
olvidó a Motorhead.
Ahora es villera, todo gracias a mí
Pero es roquera y así la conocí
Se fue y me dejó.
No aguantó la cumbia, regresó al rock
 
Tal vez no se trate de extrañar a nadie, sino de reconocer que Patricia, Inés y Pilar son fieles a su lema punk, que están transformando inesperadamente en oleadas de kumbia: “Cambiar el mundo es hacer lo que querés”.

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