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El poder del deseo

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Congreso Escena Política. Al día siguiente del paro de mujeres arrancó este congreso que se propuso pensar la cultura en clave política. Un breve balance de las cuatro jornadas que agitaron cuerpos y cabezas para crear otros futuros posibles. Por Lucía Aíta.

«Este mundo se va a acabar. Este gobierno se va a acabar. El patriarcado se va a acabar”, gritan los miembros de Escena Política al ritmo de los cantos que quedaron en su piel desde el Paro de Mujeres. Hacen pogo entre los rascacielos de Puerto Madero y de sus cuellos cuelgan carteles que dicen: “Si hay deseo hay posibilidad”. La manifestación se vuelve fiesta y los cuerpos ocupan la calle Hipólito Yrigoyen para bailar canciones con letras no misóginas hilvanadas por el colectivo Hyedrah y celebrar el espacio de encuentro que lograron juntos. Así llega a su fin el Congreso Transversal Escena Política, uno de los actos artísticos, sociales y  políticos más profundos y provocadores del 2016. ¿Se acabó?

De jueves a domingo, asistieron más de 300 personas y contó con una variedad y calidad de actividades e invitados que las instituciones académicas y de investigación no promueven hace ya no se sabe cuánto tiempo. Durante cuatro jornadas, de 10 am a 23 pm, un grupo de artistas desdibujó los límites del mundo en el que vivimos. La palabra tomó forma de manifiestos colectivos. Las asambleas fueron autorreguladas, la gente midió su propio tiempo y participó sin lista de oradores. Las prácticas de movimiento fueron abiertas. Las acciones callejeras configuraron un mapa que unió la calle Florida con la Casa Rosada y San Telmo y La Boca con Puerto Madero. Las manifestaciones fueron performances que marcharon al compás de la época: las consignas del movimiento feminista.

En tiempos que algunos definen como grises o depresivos, la palabra que aparece una y otra vez cuando los miembros de Escena Política describen el encuentro es “intensidad”.

El Congreso fue una intensa acción pública y colectiva. También y sin proponérselo fue una obra de arte sensible y política que invitó a imaginar otras formas de crear, producir y gestionar lo común.

Los integrantes de Escena Política, con su voz colectiva y sin nombres propios, dicen que prefieren definirlo con una palabra: sensaciones. Desde esa emocionalidad, arriesgan que se logró una experiencia social única, que no saben hacia dónde va, pero sí que es contagiosa y potente.

Una integrante de Escena Política elige comenzar desde el inicio: “Encontré el informe de la reunión en la que surgió la idea del Congreso. Pensábamos que éramos muy pocos los que estábamos discutiendo  la política y la cultura. Ahí surgió: tenemos que generar una gran asamblea que pueda pensar estas problemáticas desde diferentes miradas”. Como dice su manifiesto: “son artistas de sus deseos”. Lo desearon y lo hicieron.

Con mucho trabajo, método y organización, se reunieron más una vez por semana durante un año en comisiones que trabajaron el marco teórico, la comunicación, y la logística. “El Congreso fue no dejarnos marcar la agenda. Fue la antiagenda. Necesitábamos salir de la coyuntura inmediata para pensar con profundidad.  La construcción del Congreso en sí fue una experiencia sensibilizadora. Todo el proceso fue movilizante. Generó más incertidumbres que certezas y dejó una sensación muy profunda de potencia”.

“¿Quiénes somos? Somos lo que hacemos”, dice otro de los integrantes durante el balance, citando uno de los manifiestos y agrega: “Hoy somos el Congreso Escena Política, pero tenemos una forma muy dinámica. Esa dinámica nos obliga a estar atentos. Como dijo una de nuestras compañeras: la palabra Congreso ya nos queda vieja. Ahora lo potente es la red de conexiones generadas. Los colectivos que participaron, que se contagiaron y ya están accionando. No nos tiene que ganar la ansiedad de la velocidad de este sistema porque tenemos tiempo y el tiempo es lo que lleva a crear algo nuevo”. Otro miembro de Escena Política suma: “Nuestra fortaleza está en poder estar atentos y reflexivos, pero no serios ni solemnes.No enganchados en una melancolía del pasado. Actualizarnos, potenciándonos en el encuentro con otros”.

Entre los invitados a pensar en nuevos paradigmas y utopías posibles circularon el español Amador Fernández Savater, el italiano Franco Berardi (Bifo), Miguel Benassayag y Roberto Jacoby, entre otros. La mezcla entre esas formas de pensamiento tan diversas dejó una imagen sobre lo político: “La política para nosotros es crear nuevas formas de  vivir lo común”.

Los artistas de Escena Política señalan dos formas que tuvieron esos nuevos modos de encuentro: “Hubo una escucha muy activa y se le dio espacio a lo incierto”. Reafirman entonces una frase que surgió en la puesta en común: “Construir aliados es construir encuentros, sin subestimar ni sobrestimar a nadie”.

“Todos y todas tuvieron espacio de escucha real. Que todos escucháramos a una persona armaba el discurso del otro. Si escuchamos atentos, el otro puede decir. Esa atención y ese acompañar otra voz fue un descubrimiento grupal. Tuvo lugar un empoderamiento del grupo y no de un ego que tiene que afirmar, competir y decir cosas más inteligentes que el otro. Fue la potencia de la enunciación colectiva”, dice uno de los integrantes. Otra agrega: “Al no tener una conclusión implícita se dio lugar a una incertidumbre que habilitaba a participar. Empezaron a funcionar las potencias de encontrarse y de cuestionar los modos de encuentro. Generamos una modulación fina colectiva y una forma de regularla que hizo que apareciera una forma nueva de asamblea. Un nuevo modo de organizar las voces y los cuerpos”.

Otra idea que soltaron en la ronda de sensaciones grupales: “No es tan importante hacia dónde llegar, sino cuáles son estas pequeñas micro relaciones que vamos construyendo. ¿Qué relaciones reproducimos? ¿Qué discursos?  Desarmar estructuras, aparatos y cuestionar lo que hacemos. Ya en el Congreso se generaron relaciones más horizontales, que permiten a todos los cuerpos expresarse, que habilitan el conflicto y que permiten que haya crisis. Relaciones que no son estancas y que no son de dominación. Creo que fue un gran gesto ver qué pasa si cruzamos la política con lo sensible, con los cuerpos y con el uso de la palabra. Y entender que todas esas pequeñas cosas son lo político”. Y todo lo que dicen resuena a una de las consignas grupales: “Crear un nuevo poder social”.

“Poder advertir los microfascismos, que el arte está dentro del mercado de un modo feroz y qué hacemos con eso. Visibilizar políticas culturales y subsidios como relaciones de poder. El poder modificar el modo en el cual se reproduce el arte. Ahí está el gesto revolucionario. El arte, como el amor, son preguntas; son espacios y campos donde se organizan sensibilidades. El Congreso mostró que no tenemos la responsabilidad de estar a la vanguardia ni liderar nada. Hay mucho trabajo primero por hacer de desmontaje del neoliberalismo y machismo que llevamos adentro. Y para poder desmontarlo hay que pensarlo en lo micro y en lo grupal”.

Así, el Congreso tiene un final clásico: continuará.

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