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El peor pecado

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Juan Carlos García y Carla Morales fueron violadxs por el ex cura Emilio Lamas en Rosario de Lerma, Salta, cuando eran niñxs. Ambas denuncias confluyeron este año y motivaron una revolución en el pueblo que provocó la detención de Lamas y una conversación histórica con el arzbobispo de la provincia, que aquí reproducimos. Por Claudia Acuña.
Es la única provincia argentina en la que una madre tuvo que llegar hasta la Corte Suprema para lograr que en la escuela pública no obliguen a su hija a rezar, pero también la única en la que se siguen realizando los Martes Verdes para gritar frente a legislatura “Aborto legal”, en una ceremonia encabezada por una adolescente con nombre que parece una fantasía: Milagro.
Es también la que acuñó el término “ideología de género” para descalificar el reclamo de justicia social que proclama el movimiento feminista, pero es también la única en la que en su ciudad capital puede leerse un graffiti dedicado al concejal antiderecho que inventó esa infamia: “Relajá el orto”, le aconseja.
Es, además, la que en la misma semana en la que, con un bautismo transmitido en directo por la tevé nacional, proclamó candidato a presidente al inefable diputado Alfredo Olmedo, nos regaló también el extraordinario momento de ver cómo se derrumbaba ese escenario, literalmente.
Salta es hermosa y cruel.
Es distopía y utopía, sin mezclas.
Y así, sacudiendo los sentidos, es también el lugar desde donde puede verse el horizonte del mañana, proyectado en sus sombras y en sus amaneceres.
En Salta nos habla la tierra, sin metáforas.
Nos revela nuestros fantasmas y esperanzas.
Nos dice qué es posible y qué es imposible, por insoportable.
Ahora mismo, en la plaza principal de una ciudad llamada Rosario de Lerma, se pueden ver el portal de su bella iglesia abierto de par en par. Hay dos camionetas con las letras que las identifican como de la Unidad Fiscal Federal cruzando el ingreso. Hay letrados, testigos, prensa. Y hay dos sobrevivientes del abuso sexual cometido por el párroco, hace insoportables 25 años.
Ahora mismo el fiscal está allanando esa iglesia.
Y la ciudad tiene el aliento congelado.
En el horizonte puede verse a una mujer anciana caminar lento, casi rengueando. Lleva rodete y vestido largo hasta los tobillos y está acompañada de otra mujer más joven que le ofrece su brazo de bastón. El pueblo todo la está mirando. Su lento andar demora el tiempo: se hace eterno como eterna ha sido la espera de su llegada. Finalmente, sube como puede los seis escalones de la iglesia y se frena frente al portal abierto, desde donde puede verse la imagen sagrada que corona el altar. Allí mira ahora. Y cae, haciendo sonar sus rodillas en el piso impecable. Abre los brazos en cruz. Grita sin miedo y con legítimo remordimiento:
-Señor, perdóname.
Lo que sigue es la crucifixión del silencio.
Todos saben allí que esa anciana era la portera de la iglesia en los tiempos del párroco Emilio Lamas, el cura violador que ahora está procesado y con arresto domiciliario, esperando esa condena que allí, en Rosario de Lerma, acaba de llegarle.

El peor pecado

La iglesia de Rosario de Lerma, Salta, donde ocurrió el abuso a Carla por parte del ex cura Emilio Lamas.
Foto: Martina Perosa

Encuentro con el diablo

El silencio comenzó en 1991, a pocos meses de la llegada de Lamas a la iglesia de Rosario de Lerma. Juan Carlos García tenía por entonces 14 años y una vocación definida: ser cura. Había aprendido a recitar la misa en latín y la Biblia entera para ganarse el respeto de tres párrocos que antecedieron a Lamas, quien aceptó que también fuera su monaguillo. También lo confesaba. De esas conversaciones sagradas, supone ahora Juan Carlos, obtuvo la información que lo llevó a elegirlo para que lo acompañe a celebrar la misa en las fiestas patronales de El Alfarcito, un paraje aislado en la Quebrada de El Toro, ubicado a 2.800 metros de altura y convertido en santuario. Juan Carlos reconstruye ahora ese viaje con la precisión de quien ha tenido que repetirlo tantas veces como sea necesario para que le crean. Le pregunto cuántas y responde: “Sólo en los últimos dos años, cien”.
No exagera.
“Como tenía que encargarme de la liturgia hablé con María Elena Prieto para que me acompañe. Ella era la soprano de la iglesia. Le dije también a otro chico para que lleve la cruz procesional. Armé un equipo de monaguillos y de santistas. Pero el cura no aceptó. Dijo que fuera solo porque no había lugar en la camioneta. Cuando llegó el día de viajar noto que estábamos solos. El viaje fue difícil porque me agarró la Puna: dolor de cabeza, vómitos, retorcijones de panza. Llegué débil al lugar donde nos recibió la familia Bautista, que nos esperaba con un guiso de chivo .Esa noticia me dio más para vomitar. Yo quería descansar. La madre de los Bautista propuso que repose en la pieza de la casa, y el cura les dijo que no: que me llevaran a la casa parroquial. Quedaba al final de un camino de tierra –que ahora está pavimentado- a un largo trecho; en la mitad había un arroyito, otro largo trecho, y ahí recién llegabas a la capilla. Al lado de la capilla había una piecita que era de barro y cardones: la casa parroquial. No había luz eléctrica: nos guiaban con una lámpara de mechero. Me dejan ahí y se van. Me quedo en plena oscuridad. Todo era oscuro en ese lugar. Me duerno y al rato escucho el ruido de la comitiva trayendo al padre. Cuando empieza a sacarse la sotana me empieza a hablar.
-¿Cómo estás?
-Estoy bien, le respondí
-Si te portás mal te voy a tirar las orejas.
Comienza con el juego de tirarme las orejas, recostarse en la cama, y ahí comenzó el hecho. Lo que recuerdo es que me desperté en el piso. Sentía miedo. El sacerdote no estaba. Salí y me lavé la cara con el agua del arroyito. Era helada. Apenitas me mojaba la cara, me sacaba las lagañas, me aplastaba el pelo, y me fui a la iglesia. Él estaba haciendo la misa. Lo único que recuerdo es a él levantando la hostia y a la gente arrodillada. Me mira y me voy. Apenas empiezo a caminar me encuentro con la directora de la escuela. Tenía ganas de contarle lo que pasó a alguien, pero no sabía qué decir. Justo ella me propone: ‘Los chicos están solos. ¿Te animás a darles catequesis?’ Y fui. Y ahí lo veo entrar. El cura había dejado la misa, preocupado por qué estaría hablando yo con la directora. Se asomó a ver qué estaba haciendo en el aula, vestido de misa y todo. Cuando escuchó que daba catequesis, se volvió a terminar la misa. Después fue la fiesta patronal. Los chicos llegaron a mitad de la procesión y yo, con túnica y todo, salí corriendo hasta la camioneta que los traía. Intenté contarles, pero ellos estaban ansiosos por sumarse a la procesión. En el regreso él quería que no vaya atrás, en la cabina de la camioneta, pero me rebelé. Se enfureció. En todo momento trató de que no tuviera con quien hablar. Cuando llegué a casa mi mamá me recibió y ahí me quebré y le conté. Ella no entendía. Era la primera vez que me iba de casa, que dormía en otro lado: no entendía nada. Lloramos los dos. Y fue difícil. Ella analfabeta, mujer golpeada, muchos factores sumaban a su debilidad frente a lo que me pasó. Desde entonces, psicológicamente yo estaba muy mal. Salía a las doce de la noche por las calles a buscar al diablo. Me caminaba hasta la finca Carabajal, que es a la salida del pueblo, y llegaba hasta al río buscándolo. ¿Por qué? Quería hablar con el diablo para preguntarle ¿por qué hacés tanto daño? Era muy fanático religoso, andaba con la Biblia bajo el brazo todo el día. Hasta que una de esas noches, deambulando por la parte más oscura del pueblo, en la zona de un lugar donde antes había corrales de vaca y ahora hay una cancha, dos chicos me empiezan a silbar y a insultarme. Perversidades. Me gritan ‘puto, marica’, todo eso. Me empiezan a seguir y tironeando, me llevan a la cancha. Lo que recuerdo es que me puse a hablar en latín. Ellos se asustaron. Pensaron que quería embrujarlos. No recuerdo bien cómo fue la secuencia, creo que a alguien le puse el cinto, pero fue un forcejeo y ellos sintieron que quería ahorcarlos o algo así. Ese hecho es el que me lleva a la justicia. Era menor de edad y la jueza ordena un informe. Cuando me recibe, me pregunta por qué hice eso, sabiendo que yo tenía una intachable vida en Rosario de Lerma. Y me quebré y le conté todo lo que me hizo Emilio. Llamó a mi padre pero él le dijo que no iba a hacer la denuncia. Era difícil. No son los mismos tiempos que ahora. Económicamente estábamos mal, nadie en la iglesia nos creía. Todos me trataban mal y eso me destruyó emocionalmente”.

El peor pecado

Juan Carlos en la iglesia de Lerma.
Foto: Martina Perosa


¿En la iglesia todos lo supieron antes que la jueza?
Lo supieron en el momento. Es que yo explotaba emocionalmente. En dos oportunidades ellos estaban en plena misa cantando con la guitarra y entré y llorando grité “violador, violador”. La gente no sabía qué hacer. Otra vez entré y le grité en plena misa “me arruinaste la vida”. Psicológicamente estaba muy mal. Agarré todas las fotos y las rompí y las quemé, pensando que eso me iba a ayudar. Y nada. Cada vez estaba peor. Hasta que entré al mundo de los medios, de la radio, y eso me ayudó un poco.
¿Qué te permitió ahora hacer la denuncia?
En 2015 comenzó el proceso eclesiástico. La que denunció fue María Rosa y se constituyó el tribunal eclesial en el arzobispado de Salta. Después, se lo conté a mi amiga y me hizo conocer al abogado Segovia. Ella me animó.
Ella es Jimena Maidana, que elige presentarse como docente, militante del Partido Obrero y lesbiana, otro milagro salteño crecido en el claustro de Rosario de Lerma. No duda en relacionar esta denuncia con el escenario que abrió el debate por el aborto legal, porque “nos abrió el camino a pensar en la separación de la Iglesia y el Estado, aunque en este caso sirvió para deslegitimar la denuncia de Juan Carlos, acusándolo de estar alentada por las asesinas aborteras. Como no fue una batalla que finalmente resultara victoriosa, ha reforzado a la oposición y esto en Rosario de Lerma se siente más. Yo era militante de la iglesia y muy fervorosa. Todos los que alguna vez militamos en la iglesia somos los que queremos hacer algo por cambiar el mundo, nos interesa y nos conmueve luchar contra la injusticia. Hasta que llegás a la conclusión de que no estás en el lugar correcto. Hoy veo que es al contrario: la iglesia sostiene. También cambié con respecto a otra cosa: antes no veía la necesidad de visibilizar y luchar por los derechos sexuales y la diversidad, en cambio ahora entiendo que es algo que me interpela profundamente y con mi compañera Fer nos pusimos a la cabeza.
¿Por qué?
Porque es donde están golpeando los sectores fascistas de la sociedad y por eso mismo más que nunca tengo que salir así, con todo lo que me identifica -militante, profesora, lesbiana- a defender nuestra posición en la sociedad y nuestros derechos. Antes no veía la importancia, pero ahora es clave: pasa por ahí.
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Los medios salteños se hicieron eco de las denuncias de Carla y Juan Carlos, que fueron recibidos por el arzobispo Cargnello.
Foto: Martina Perosa

La violación

Carla Morales leyó en el Facebook de su hermano un mensaje: “Te quise ir a buscar para cagarte a trompadas, pero me di cuenta que no servía para nada. El tiempo hizo que te llegue tu condena”. Entendió inmediatamente que estaba hablando de su violador, Emilio Lamas.
Carla es una de las cinco hijas de los Morales y una de las tres travestis de la familia. Su madre se enteró de la violación recién cuando ella se enteró que a ella también la habían violado. Fue en 2007, cuando leyó testimonios de sobrevivientes de abuso. “Ahí pude poner en palabras lo que me había hecho Lamas”. Fue cuando tenía 13 años. Sucedió dos años después de la violación de Juan Carlos y el silencio que selló la impunidad de un caso selló la suerte del otro. También se había confesado con el cura abusador y también le había confesado sus “pecados”. Fantasías de un niñe que se siente diferente, pero que a esa edad no tiene más que sentimientos y sensaciones. Los juicios morales le llegaron por boca de su violador. “Fue en la sala de Acción Católica, que queda al costado del atrio”. Allí está ahora el fiscal para realizar la “inspección ocular” y confrontar el testimonio de Carla con el escenario: por ahí entró, ahí se sacó la sotana, allá me hizo sentar arriba de él y ahí me penetró. Esas palabras dichas en ese lugar congelan el alma.
Fue su madre la que irrumpió en la conferencia de prensa que un martes organizó Juan Carlos. Sin llantos, anunció: “A mi hija también la violó”. Carla estaba en Buenos Aires cuando la llamaron para contarle que su madre había, al fin, hablado. Le contaron también que cuando le preguntaron por qué Carla no había hecho la denuncia antes, respondió: “Porque mi hija me estaba esperando”. Y así fue. La esperó. Recién cuando la madre pudo hablar, su hija Carla habló: “Mi madre fue abusada de niña y entiendo que se refugió en la iglesia como un lugar donde sanarse. Es la mano derecha del cura de otra parroquia y su fe la hizo ir a declarar al tribunal eclesial hace un año. Fuimos juntas. Hubiese sido muy reparador para ella que se hiciera allí justicia, pero no pasó nada. No nos dieron ningún indicio de que el trámite avanzara. Hasta que salió Juan Carlos a hablar a los medios. Ahí ella sintió que no podía dejarlo solo, porque estaba diciendo la verdad que todos en ese pueblo sabían y callaban. Viajé entonces a Salta para formalizar la denuncia ante la justicia. Y esa semana arrestaron a Emilio”.
Luis Segovia es ahora el abogado de Juan Carlos y de Carla. Desde ese horizonte nos hace ver claramente el camino: “No son hechos aislados porque esto sucede en esta institución que está en todo el mundo y funciona de la misma manera en todos lados. Las responsabilidades individuales están, pero también las institucionales, sobre todo cuando las víctimas acuden primero a la institución a buscar justicia y la iglesia católica aplica métodos que no respetan los derechos humanos. Revictimizan: no buscan justicia sino sancionar a la víctima. Eso es un gran delito.
Sacando a la luz la responsabilidad de la iglesia es que vamos a colaborar con el cambio de una política criminal hacia los casos de abuso. Este año se sancionó que los delitos cometidos contra los niños sean de acción pública. Eso no pasaba en los tiempos de Juan Carlos porque Argentina estaba violando los tratados internacionales que buscan por todos los medios que se respeten los derechos de los niños y sobre todo, protegerlos de los abusos. En el caso de la iglesia lo que hay que lograr es que tenga la obligación de denunciar estos casos, y no que los trate con un procedimiento paralelo, que se termina convirtiendo en un acto de encubrimiento y entorpecimiento de la labor de la justicia. La experiencia que han seguido otros países, como Estados Unidos, es que le han prohibido que apliquen el Derecho canónico en casos de abusos sexuales. Por eso nosotros estamos en un país que tiene que llegar a la madurez de pensar qué medidas se van a tomar en estos casos. Nosotros, como Estado, ¿le vamos a permitir que lo sigan haciendo? Ese es el debate en casos de abusos. Tenemos que avanzar hasta ahí, hasta que se cuestione que las violaciones y abusos dentro de la Iglesia no puedan ser juzgados por la propia Iglesia”.

El peor pecado

Confesiones en la Catedral de Salta, donde el arzobispo Cargnello realiza sus multitudinarias misas.
Foto: Martina Perosa

Conversación en la Catedral

En la Catedral de Salta, el viernes 3 de noviembre a las cinco de la tarde, el arzobispo Mario Cargnello aceptó recibir a Juan Carlos y a Carla. Tuvieron que pasar casi 25 años de aquel abuso que todos silenciaron para que se concrete esta reunión histórica en muchos sentidos. Es la primera vez que una alta autoridad eclesiástica acepta conversar con dos víctimas de abuso y pedirles perdón. También es la primera vez que un arzobispo conversa con una travesti. Los temas: la educación sexual integral, el Matrimonio Igualitario, la niñez trans, las leyes de la naturaleza y de las construcciones culturales que explican o no la existencia de Dios. Para estas personas sobrevivientes de abusos el objetivo era el mismo: verdad, justicia y poner un freno a los discursos que fomentan el odio. Lo que sigue es parte de la desgrabación textual de ese encuentro, cuya versión completa puede leerse en lavaca.org:

Conversación histórica en la Catedral: el arzobispo Cargnello, con Carla y Juan Carlos, abusadxs por el ex cura Lamas


Mario Cargnello, Arzobispo de Salta: Lo primero que quiero decirles es que ustedes son la Iglesia tanto como nosotros. Lo que ustedes han sufrido, lo sufrimos nosotros. En esa perspectiva, los queremos escuchar.
Carla Morales: Es mucho tiempo esperando ser escuchados.
Arzobispo: ¿Desde hace mucho?
Carla: Desde 2006, y para mí eso dice mucho.
Arzobispo: ¿Por qué decís eso?
Carla: Porque siendo trans pertenezco a una comunidad muy vapuleada por la sociedad. La realidad es que las trans no somos nunca escuchadas.
Arzobispo: Vos ahora estás siendo escuchada.
Carla: Porque soy una privilegiada, porque tengo una mamá y un papá que me abrazaron a pesar de todo el prejuicio que hay sobre las personas trans, y porque pude formarme, pero más allá de mí no puedo dejar de sentir que hay una realidad: siendo trans no tenés una vida plena. Lo dicen las estadísticas y lo sé porque conocí a la comunidad travesti-trans y la realidad es que a los 12 y 15 años son expulsadas de sus hogares heterosexuales, del sistema educativo y del sistema de salud. Son niñas y niños trans los que son llevados así a ejercer la prostitución porque es lo único que les queda. Y eso significa que hay gente que consume esos cuerpos de niñes de 12, 14 y 15 años. Es gente adulta la que consume esos cuerpos. Esa es la realidad. Y también sé que esa realidad es la que hace que el promedio de vida de las personas trans sea de 32 años.
Arzobispo: Creo que es de 36
Carla: Es que va bajando a medida que se incrementa la violencia sobre esos cuerpos. Hay mucho odio.
Arzobispo: ¿Por qué decís eso?
Carla: Porque la situación de prostitución de una trans es tan violenta que es de muerte.
Arzobispo: ¿Cuántos años tenés vos?
Carla: 38
Arzobispo: Y tenés una vida que, al estar contenido…
Carla: Contenida.
Arzobispo: A ver: si el travesti no es varón ni es mujer, ¿por qué querés que te llamen “la” travesti?
Carla: Porque soy femenina. Mi construcción es femenina. ¿No me ves?
Arzobispo: Bueno: vos le imponés al otro que te vea femenina.
Carla: No lo estoy imponiendo. Es una elección.
Arzobispo: Yo no te digo nada. Yo te miro a vos.
Carla: ¿Y qué ves?
Arzobispo: No te miro como a una mujer.
Carla: ¿No?
Arzobispo: Será porque estoy condicionado porque sé que en tu origen eras varón, cuando eras chico, ¿no es cierto?
Carla: Es que nunca fui varón. Cuando fui chico fui una marica. Fui muy mariquita, muy visible. Y ahora tengo las herramientas para decir: abrazo a la mariquita que fui. Nunca fui un varón: no jugaba a la pelota ni hacía cosas que se le asignaban a los varones. Jugaba con muñecas, me ponía el toallón para que me haga de pelo y las sábanas como túnica. Jugaba con eso. Nunca fui un varón. Desde mi infancia fui una mariquita.
Arzobispo: Pero escuchame: cuando ibas a la escuela, ibas vestido de varón.
Carla: Era un disfraz: no era lo que yo quería ponerme.
Arzobispo: ¿No estarás viendo lo que te pasó cuando eras chico desde ahora?
Carla: Es porque lo estoy viendo desde ahora es que lo puedo analizar. Mirá: hay un libro que se llama Yo nena, yo princesa que tenés que leer.Es la historia de Lulú. Ahí habla cómo el sistema heterosexual violenta las infancias trans. Lulú tenía 4 años cuando empezó a denominarse así. Y yo también tenía esa edad, pero mi mamá lo resolvió con una negación. La mamá de Lulú no, pero desde la psicología le decían: no le permitas que se ponga tus remeras como vestidos.
Arzobispo: ¿Eso es el libro?
Carla: Eso es el libro. Y eso es la vida de la infancia trans. Yo ahora puedo decir que abrazo esa mariquita que fui…
Arzobispo: Pero cuando eras chico, ¿lo abrazabas como decís ahora o lo vivías naturalmente?
Carla: Lo vivía naturalmente, pero con todo el mundo diciéndome que tenía que ser hombre o mujer y yo, ¿cómo me salía de esa construcción binaria?
Arzobispo: Vos estás diciendo: abrazo lo que fui, pero en ese momento probablemente no lo vivías así. Eso lo decís mirando desde hoy, pero entre que eso que mira y este hoy hay mucha construcción que pasó desde esa edad a hoy y te lo hace ver de otra manera.
Carla: Porque ahora tengo las herramientas para verlo de esa forma.
Arzobispo: Pero son herramientas que te hacen ver lo que sos hoy, no lo que eras entonces. Lo que quiero decir es que no podés imponer a todos a que miren como vos. Si vos, cuando tenías la edad de un niño, te veías de una manera y tuviste sobre vos misma que elaborar todo esto y te costó años, entonces comprendé que el otro no entienda.
Carla: Está bien: eso lo comprendo. Pero una cosa es que a mi mamá le haya costado poder nombrarme como hija, aunque mucha gente que me conoció en aquella época me llamaba en femenino. Me decía ella. Entonces no es que yo proyecto.
Arzobispo: ¿Y a partir de qué edad te viste así?
Carla: Es que esto es una construcción. No es que yo de un día para el otro dije “soy travesti”: es la uña larga, es el pelo largo…
Arzobispo: No todo es construcción: ahí está el punto. No todo es construcción.
Carla: Yo construí mi identidad.
Arzobispo: Pero tu cuerpo sigue siendo tu cuerpo, que no es solo una construcción. Lo que vos físicamente podés armar tiene límites. Tu cuerpo sigue siendo un don.
Carla: Mi cuerpo es mío. Mi cuerpo es mi santuario.
Arzobispo: Tu cuerpo es santuario y también vehículo de comunicación. El cuerpo no puede ser mirado como una cosa que te encapsula, sino que te abre a la comunicación con los demás. Y en ese abrite a la comunicación con los demás también los otros pueden aceptar o no ciertas cosas que comunicás. Por eso: no todo es solo construcción personal. Y en eso… no es fácil. Para vos, porque sufrís; para el otro, que puede entender o no entender, no solo el problema de la identidad. Vos por ejemplo (a Juan Carlos), sabés lo que es tener un cuerpo gordo…
Juan Carlos: Claro que lo sé (se ríe).
Carla: Yo también lo sé porque es parte de lo mismo lo que determina que una persona gorda no pueda ser deseada.
Arzobispo: No lo planteo desde ahí. Lo que quiero decir es que hay patrones culturales. En los 50 la mujer bonita era la más robusta, por ejemplo, y después vinieron las flacas tipo Twiggy y después todo el problema de … ¿cómo se llama?
Carla: Anorexia. Bueno: todo eso que describe es una construcción.
Arzobispo: Sí, también son construcciones, pero vos fíjate que esas construcciones también crean conflicto en la relación con el otro. No es solo ¡Ah! La Iglesia.
Carla: No sólo, pero también. Porque si yo me tuve que exiliar de Salta, irme para poder ser lo que quiero ser, es porque no se discuten esas cosas. Yo no quiero ser un perro, pero cuando se debatía la ley de Matrimonio Igualitario lo escuché decir: “Bueno, ahora falta que se quieran casar con perros”. No me quiero casar con un perro. Me quiero casar con otra persona que me ama. Y no podía. Y casarme significaba tener derechos. Le pongo un ejemplo concreto: Bergara Leumann. Más de veinte años de pareja y cuando se murió, como no le reconocían derechos, la familia se quedó con la herencia que habían construido juntos. ¿Por qué le molesta a la Iglesia que una pareja tenga derechos?
Arzobispo: Es distinto. Eso es distinto.
Carla: Pero tiene que ver con derechos.
Arzobispo: No sólo tiene que ver con derechos. Tiene que ver con identidades, con el matrimonio, con la orientación…
Carla: El matrimonio es la herramienta que cuida mis derechos como cónyuge. Si no, soy una ciudadana de segunda. Hay gente que todavía está pidiendo la derogación de la Ley de identidad de género. Y esa no es gente que ama, es gente que odia.
Arzobispo: La culpa de todo eso no la tengo yo (se ríe).
Carla: Pero vos estás en un lugar de poder, tenés el poder de hablar con todos para que tengan un discurso de amor y no odiante.
Arzobispo: Pará, pará: para nosotros hay toda una discusión previa a la cuestión de la identidad sexual que es la que te acabo de decir: respetar el don de lo que Dios te ha dado.
Carla: ¿Por qué Dios si yo no creo en Dios? Que no me metan a mí a Dios si yo no creo.
Arzobispo: Pará: te estoy diciendo qué es lo que piensa la Iglesia. Nosotros tenemos el proyecto de ley natural que ustedes no terminan de aceptar porque todo lo entienden a partir de la idea de construcción, pero nosotros pensamos que hay cosas que están dadas por la naturaleza.
Carla: Entonces explíqueme la existencia de Dios con esa lógica. O explíqueme por qué se ponen a trabajar en contra de ciertas leyes y no se ponen a trabajar en contra de los curas violadores.
Arzobispo: Estamos trabajando en eso.

El peor pecado

Juan Carlos y Carla, caminando juntxs por las calles de su pueblo natal, Rosario de Lerma.
Foto: Martina Perosa

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La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

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Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.

Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Hay muchos jóvenes.

Muchos docentes, directivos, no docentes.

Egresados, profesionales.

Muchas personas en todo el país.

En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.

Hay una Plaza de Mayo repleta.

Hay gente que llega y gente que se va.

Gente que estuvo todo el tiempo.

Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.

Está el movimiento disca, también siempre presente.

Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.

Hay carteles conmovedores.

Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.

Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.

Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.

Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”

Es la cuarta.

Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.

Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.

Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.

Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.

El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.

Algunos datos de contexto:

  • Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
  • El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
  • La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
  • Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas. 
  • Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Docentes Uber

Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.

Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”. 

Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.

Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”. 

Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”. 

Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.

Plata para la deuda

Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”. 

Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”. 

La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario
Foto: Juan Valeiro

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”. 

En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.

El contagio

Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.

La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.

Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos: 

  • “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y 
  • “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”. 

Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:

“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.

Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.

Y sonríe.

Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.

Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.

Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.

¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.

Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.

Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán 

  • junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
  • Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
  • De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
  • De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:

“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.

La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:

“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.

La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.

Que la cosa sigue.

En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.

Sigue cada miércoles en el Congreso.

Y todas las veces que hagan falta.

Porque hay muchos jóvenes.

Docentes, directivos, no docentes.

Egresados, profesionales.

Muchas personas en todo el país.

En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.

Hubo otra Plaza de Mayo repleta.

Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.

Hay más carteles conmovedores.

Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.

Y no callarse.

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Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

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Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.

Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol

–El sueldo no alcanza ni para comer.

Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.

También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.

Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.

Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Salir a la calle

El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.

La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.

La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.

Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:

  • Docentes con sueldos indecentes.
  • Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
  • Basta de mentiras, amenazas y presión.
  • Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
  • Salud mental es llegar a fin de mes.
  • Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Migajas

Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.

–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.

–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.

Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–. 

Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas

-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.

Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”. 

 ¿Cómo sigue el curso de esta historia?

Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




MU 212: El fin de un mundo

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito

Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable. 

FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

La guerra invisible: la Antártida en la mira


Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




MU 212: El fin de un mundo

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

POR LUCAS PEDULLA




MU 212: El fin de un mundo

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

POR CLAUDIA ACUÑA




MU 212: El fin de un mundo

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




MU 212: El fin de un mundo

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

POR FRANCO CIANCAGLINI




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