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El arte siempre da batalla

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Lorena Vega, actriz. Brilla en teatro como actriz y directora, con papeles disímiles. Tras 30 años de carrera, pegó el salto con Imprenteros, obra en la que revela parte de la historia familiar y donde actúa junto a sus hermanos y amigos. El teatro como movimiento, la revolución de la expresividad, el arte en los territorios, y las aventuras que se vienen y encienden. Por María del Carmen Varela.

El arte siempre da batalla
Foto: Lina Etchesuri

Indígena con la cara pintada. Modista que vive en Ushuaia y comparte una amistad desde la infancia. Maestra de pueblo cuya última voluntad es filmar una película porno. Protagonista oculta de un momento histórico que ejerce su habilidad desde las sombras. Hija y hermana que expone sus secretos familiares más íntimos frente a un teatro que, como siempre, la aplaude de pie. Todo eso, y más, es Lorena Vega. 

Con notable versatilidad y destreza actoral, Lorena –actriz, directora, dramaturga y docente– pone el cuerpo a cada personaje y el resultado desata admiración y fascinación en todos los escenarios, del teatro independiente al mainstream.  Morocha de cabellera enrulada, descubrió a los 15 años su pasión por la actuación y transitó decenas de salas teatrales, sets de filmación y estudios de tevé hasta lucirse, hoy, con una creación propia que agota entradas en cada función: Imprenteros

Ver para creer

Lorena se expresa con una soltura y seguridad que se vierten en un tono de voz sereno y ameno. Se maquilla para las fotos de tapa de MU, remarca su ondulado con la planchita y posa de acuerdo a las consignas. Mira a un costado, imagina, tensa los músculos, grita, sacude la cabellera. Quienes la observan afirman: “Es una bomba”. 

Y explota. 

Un recorrido de más de treinta años sostiene su boom artístico. “Me enorgullece la cantidad y el tipo de obras que hice”, cuenta. La combinación de trabajos hace que Lorena atraviese un momento de mayor visibilidad. “Es como si el elogio se hubiese multiplicado porque son obras que empiezan a estar en espacios más grandes, con más público y con composiciones muy diferentes”, analiza. “Ver eso al mismo tiempo de un mismo cuerpo tiene un efecto de expectación en relación a la maniobra artistica que aparece”.  

Asegura  que las demostraciones de cariño del público le dan una pauta: “Recibo saludo, agradecimiento, comentario, de gente que siente que vive una experiencia que no pasa de largo. Cada obra toca una fibra muy profunda”, dice, cosa que podemos confirmar. Lorena tiene la certeza de que estar trabajando con personas del circuito teatral desde hace más de tres décadas es un factor clave en su desarrollo artístico. Cree que nada se construye en soledad: “Me siento parte de un movimiento. Nunca es una construcción individual”, dirá.

La actuación, es cierto, es coral. La luz sobre la anatomía vibrante; la escenografía que transporta a distintos espacios; la coreografía que cuenta a través de los cuerpos. La música detona emociones. “Todo finalmente está tocando la actuación: es con eso con lo que se actúa. Es un trabajo fascinante porque involucra a todas las áreas y cuando se puede dar esa conjunción en el hecho artístico, creés en lo que ves. Sabemos que es una construcción, pero sucede. Ese fenómeno tiene maravilla, es perturbador, es un acontecimiento que genera la ficción. Es como escuchar un buen tema musical: te mueve el cuerpo, te saca de la realidad, te cambia la temperatura, el ánimo. Eso hay que lograr con el material escénico”. 

¿El arte es transformador? “El punto es encontrar un modo de expresión. Lo escénico permite investigar un lenguaje, otro modo de narrar, pero no porque importe el cuento o el tema, sino que importa la expresividad. Ahí hay una revolución: en tratar de contar de otro modo. Hay unos cuantos temas, casi siempre los mismos; los tenemos cercados, observados, pero cómo los nombramos, los abordamos, cómo los pensamos, es lo que hace la diferencia y la posibilidad de un mundo diferente”.

Bienvenidos a casa

Califica a Imprenteros como teatro documental: un ejemplo de lo que produce contar un hecho que hace pie en la realidad, ya que la gracia está en cómo se narra. 

La obra nació dentro del  “Proyecto Familia” del Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA, cuando la actriz, dramaturga y directora Maruja Bustamante –curadora del ciclo– le  insistió para que presentara una obra o una performance. Lorena rebuscó en sus recuerdos de la imprenta familiar Ficcerd, en Lomas del Mirador, que perteneció a su padre ya fallecido, a la que ni ella ni sus dos hermanos pudieron volver luego debido a que sus medio hermanos cambiaron la cerradura para impedirles el acceso. 

Estrenada en 2018, Imprenteros repasa esa historia. Lorena cuenta sobre Alfredo, su padre, taurino fan de las camisas estampadas, hincha de Independiente, a quien sus amigos veían parecido a Claudio García Satur y Enzo Viena, actores famosos en los 70. Lejos de aludir a un padre idealizado, Alfredo es retratado también, o sobre todo, a través de sus defectos. 

Los hermanos de Lorena también participan de la obra: Sergio sobre el escenario y Federico desde una filmación. La proyección de videos familiares incluye la exhibición de un cumpleaños de 15 de Lorena, en el que su mamá protagoniza uno de los momentos más hilarantes de la obra. 

Pallets, mesas, latas con tintas, un locker, aparecen en escena como elementos que recrean la apariencia de una imprenta. Una forma de volver a pisar el lugar en el que jugaron y aprendieron el oficio, en especial Sergio, que siguió la herencia familiar y trabaja desde hace más de dos décadas en una imprenta; Federico, según la obra, siguió el mandato: estudia para contador. Y Lorena, la artista, tal vez haya heredado algo de ese oficio que, nos muestra Imprenteros, es un arte en sí mismo. “Nos puso el centro en otro lugar” reconoce  ella sobre cómo impacta el arte en la vida real. “Antes era la deuda de no poder ir a ese lugar: ahora el centro es la felicidad de poder armar el taller propio de alguna manera, con nuestra propia historia, con nuestras propias voces”. 

La obra pasó por España, Uruguay y sigue cosechando elogios no solo de la crítica especializada sino fundamentalmente del público que difunde un gran boca a boca. Lorena relata que al finalizar una función, un hombre se acercó a Sergio y le dijo: “Yo soy gráfico también, hincha de Independiente, vivo en Lomas del Mirador, y vine porque me dijeron que era una obra donde a la gente le gustan Los Piojos. Es lo primero que veo en teatro y no puedo parar de llorar”. Luego, se abrazaron. 

La función gratuita que hicieron en la Universidad Nacional de San Martín reunió a más de 500 personas, muchas que por primera vez iban a ver teatro. “Es muy multiplicador lo que pasa: nosotros movemos mucho las presentaciones por una decisión politica de que el teatro tiene que ir al territorio. Como nuestro relato es del conurbano bonaerense, también la queríamos hacer ahí, no solo en Capital. Empezamos con mucho esfuerzo y con una gestión absolutamente independiente. Yo fui golpeando las puertas, y así fuimos armando recorrido”.  

Imprenteros es obra teatral, también es libro y pronto será documental: Lorena y el cineasta Gonzalo Zapico –su marido, padre de su hijo Dante– emprendieron juntos la realización. El libro, contratapa escrita por Camila Sosa Villada, fue presentado hace pocas semanas e incluye fotos de César Capasso, amigo de Lorena desde la época de estudiantes, otro de los que participantes de la obra. 

Todo es posible gracias al ingenio del arte. “En el libro relata Lorena– hay algo muy hermoso que Sergio escribió y que tiene que ver con cómo se han modificado las cosas. Cuando estábamos en España, él posteó fotos y escribió: ‘Hermanita, gracias por ayudarme a abrir esas puertas de otra manera diferente a la mía’. Hay distintas formas de tramitar las cosas en relación a los deseos, a las inquietudes, a lo que nos pasa interiormente. Ahí nos encontramos hermanades haciendo otro camino con ese conflicto que teníamos. Hacer la obra nos da mucha alegría, nos cambió el vínculo para mejor, nos une. Federico dice que es tarde pero que ahora se da cuenta de que hubiese estado bueno estudiar actuación, pero también dice que con esa negativa a estar en vivo me ayudó porque aportó algo que es bueno para la obra que es que haya una entrevista en video. Y yo estoy totalmente de acuerdo. Sergio está muy contento, se divierte, le hace bien. Abrimos las puertas de nuestra intimidad: es como invitar a nuestra casa”. 

Encendida

La niña Lorena se maravillaba con las muestras de danza de su amiga pero sus padres no tenían el dinero suficiente como para pagarle las clases. En una secundaria del barrio donde vivía, Flores, funcionaba un centro cultural y había clases de teatro gratuitas. Allí fue y quedó fascinada con las clases de la actriz y directora Marta Silva, su primera maestra. “Ella siempre se dedicó a hacer teatro en espacios barriales. Eso me parece importante destacarlo: mover el territorio, esos espacios donde el acceso es más abierto y tenés la posibilidad de salvarle la vida a alguien, porque yo llegué accidentalmente y eso modificó todo. Al año siguiente me propuso actuar en una obra y yo me sentía muy halagada. Ensayamos, la preparamos, la hicimos en la Asociación Argentina de Actores y a mí me parecía haber llegado a Hollywood”. 

Hubo dos funciones y luego se suspendieron: su decepción fue total y con mucho enojo decidió no hacer más teatro. ¿Fin del sueño? Se anotó en la UBA para estudiar Comunicación y luego se pasó a Artes Combinadas. Hacía radio con amigas, un magazine de televisión y su novio de ese momento le regaló para su cumpleaños un curso de clown en el Centro Cultural San Martín. ¿Para qué, si no voy a actuar nunca más?, preguntó Lorena. Fue, y no paró. 

Estudió con la directora Nora Moseinco durante diez años, después con Guillermo Angelelli. Trabajó en producción de obras, formó las compañías El Consorcio y Grupo Sanguíneo junto a Valeria Lois, Juan Pablo Garaventa y Martín Piroyansky, y con el actor, director y dramaturgo Matías Feldman participó en lo que hoy es la Compañía Buenos Aires Escénica. La obra Salomé de chacra, del director, dramaturgo y docente Mauricio Kartun fue “un punto de inflexión, porque ahí aparece otro tipo de textualidad. Trabajar con Kartun es hacer un master: es la persona más adorable y más sabia del mundo. Lo quiero y lo admiro profundamente”.  

Otro gran desafío fue, y sigue siendo, interpretar a quien fuera la esposa de Juan Manuel de Rosas en Yo, Encarnación Ezcurra, de Cristina Escofet. “Cristina ocupa un lugar importante en relación a la escritura feminista, desde el teatro. Es de la generación de Kartun, con una poética que los podría asociar más allá de que cada uno  escribe diferente, pero comparten una prosa poética profunda, hilando lo histórico y lo actual desde un lugar politico”. 

Luego llegaron las obras del director y dramaturgo Mariano Tenconi Blanco (MU 172): Todo tendría sentido si no existiera la muerte, La vida extraordinaria y Las Cautivas. Tres joyas teatrales en las que Lorena brilla. También se animó a dirigir Precoz, una adaptación teatral de la exitosa y compleja novela de la escritora Ariana Harwicz.

El entrenamiento actoral es fundamental en su formación. Define esos espacios como “una electricidad que se pone en movimiento, son las usinas creadoras”. Para Las Cautivas hizo un entrenamiento en el idioma guaraní, que es la lengua de su madre, para ensimismarse con esa sonoridad. Las mujeres de su familia fueron inspiradoras para interpretar las obras de Tenconi Blanco, que abren distintos y ricos universos femeninos. “La actuación se nutre mucho de los sentidos, de lo que escuchás, de lo que ves, y de la memoria corporal. Muchas experiencias, aunque no sean anecdóticamente iguales, son lugares por los que se ha transitado: pérdidas, desencuentros, momentos efímeros de felicidad, sorpresas, grandes decepciones, sustos. Para mí el abordaje a los trabajos es lúdico, desde la lectura del espacio. Todo eso me nutre, me fascina, me moviliza”.  

La chica de fuego, la guerrera urbana que asegura que “el arte siempre da batalla”, la hacedora incansable, la profe de Periodismo Performático, la que sueña con interpretar a Eva, ahora pronto filmará Norma, una película con Mercedes Morán, dirigida por Santiago  Giralt, y participará en la serie El fin del amor basada en el libro de Tamara Tenenbaum y protagonizada por Lali Espósito. Y continuarán las funciones de La vida extraordinaria, Las Cautivas,  Yo, Encarnación Ezcurra e Imprenteros

¿Qué más?

–Todavía no hice todo lo que quiero hacer. Proyectos y sueños tengo miles. Me gusta el encuentro con las personas con las que me quiero juntar para iniciar aventuras. Para mí eso es lo importante: es lo que me enciende. 

Artes

Un festival para celebrar el freno al vaciamiento del teatro

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La revista Llegás lanza la 8ª edición de su tradicional encuentro artístico, que incluye 35 obras a mitad de precio y algunas gratuitas. Del 31 de agosto al 12 de septiembre habrá espectáculos de teatro, danza, circo, música y magia en 15 salas de la Ciudad de Buenos Aires. El festival llega con una victoria bajo el brazo: este jueves el Senado rechazó el decreto 345/25 que pretendía desguazar el Instituto Nacional del Teatro.

Por María del Carmen Varela.

«La lucha continúa», vitorearon este jueves desde la escena teatral, una vez derogado el decreto 345/25 impulsado por el gobierno nacional para vaciar el Instituto Nacional del Teatro (INT).

En ese plan colectivo de continuar la resistencia, la revista Llegás, que ya lleva más de dos décadas visibilizando e impulsando la escena local, organiza la 8ª edición de su Festival de teatro, que en esta ocasión tendrá 35 obras a mitad de precio y algunas gratuitas, en 15 salas de la Ciudad de Buenos Aires. Del 31 de agosto al 12 de septiembre, más de 250 artistas escénicos se encontrarán con el público para compartir espectáculos de teatro, danza, circo, música y magia.

El encuentro de apertura se llevará a cabo en Factoría Club Social el domingo 31 de agosto a las 18. Una hora antes arrancarán las primeras dos obras que inauguran el festival: Evitácora, con dramaturgia de Ana Alvarado, la interpretación de Carolina Tejeda y Leonardo Volpedo y la dirección de Caro Ruy y Javier Swedsky, así como Las Cautivas, en el Teatro Metropolitan, de Mariano Tenconi Blanco, con Lorena Vega y Laura Paredes. La fiesta de cierre será en el Circuito Cultural JJ el viernes 12 de septiembre a las 20. En esta oportunidad se convocó a elencos y salas de teatro independiente, oficial y comercial.

Esta comunión artística impulsada por Llegás se da en un contexto de preocupación por el avance del gobierno nacional contra todo el ámbito de la cultura. La derogación del decreto 345/25 es un bálsamo para la escena teatral, porque sin el funcionamiento natural del INT corren serio riesgo la permanencia de muchas salas de teatro independiente en todo el país. Luego de su tratamiento en Diputados, el Senado rechazó el decreto por amplia mayoría: 57 rechazos, 13 votos afirmativos y una abstención.

“Realizar un festival es continuar con el aporte a la producción de eventos culturales desde diversos puntos de vista, ya que todos los hacedores de Llegás pertenecemos a diferentes disciplinas artísticas. A lo largo de nuestros 21 años mantenemos la gratuidad de nuestro medio de comunicación, una señal de identidad del festival que mantiene el espíritu de nuestra revista y fomenta el intercambio con las compañías teatrales”, cuenta Ricardo Tamburrano, director de la revista y quien junto a la bailarina y coreógrafa Melina Seldes organizan Llegás.

Más información y compra de entradas: www.festival-llegas.com.ar

Un festival para celebrar el freno al vaciamiento del teatro
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Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

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A 44 años del atentado en plena dictadura contra el Teatro El Picadero, ayer se juntaron en su puerta unas 200 personas para recordar ese triste episodio, pero también para recuperar el espíritu de la comunidad artística de entonces que no se dejó vencer por el desaliento. En defensa del Instituto Nacional del Teatro se organizó una lectura performática a cargo de reconocidas actrices de la escena independiente. El final fue a puro tambor con Talleres Batuka. Horas más tarde, la Cámara de Diputados dio media sanción a la derogación del Decreto 345 que desfinancia al Instituto Nacional del Teatro, entre otros organismos de la Cultura.

Por María del Carmen Varela

Fotos Lina Etchesuri para lavaca

Homenaje a la resistencia cultural de Teatro Abierto. En plena dictadura señaló una esperanza.

Esto puede leerse en la placa ubicada en la puerta del Picadero, en el mítico pasaje Discépolo, inaugurado en julio de 1980, un año antes del incendio intencional que lo dejara arrasado y solo quedara en pie parte de la fachada y una grada de cemento. “Esa madrugada del 6 de agosto prendieron fuego el teatro hasta los cimientos. Había empezado Teatro Abierto de esa manera, con fuego. No lo apagaron nunca más. El teatro que quemaron goza de buena salud, está acá”, dijo la actriz Antonia De Michelis, quien junto a la dramaturga Ana Schimelman ofició de presentadoras.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

La primera lectura estuvo a cargo de Mersi Sevares, Gradiva Rondano y Pilar Pacheco. “Tres compañeras —contó Ana Schimelman— que son parte de ENTRÁ (Encuentro Nacional de Teatro en Resistencia Activa) un grupo que hace dos meses se empezó a juntar los domingos a la tarde, a la hora de la siesta, ante la angustia de cosas que están pasando, decidimos responder así, juntándonos, mirándonos a las caras, no mirando más pantallas”. Escuchamos en estas jóvenes voces “Decir sí” —una de las 21 obras que participó de Teatro Abierto —de la emblemática dramaturga Griselda Gambaro. Una vez terminada la primera lectura de la tarde, Ana invitó a lxs presentes a concurrir a la audiencia abierta que se realizará en el Congreso de la Nación el próximo viernes 8 a las 16. “Van a exponer un montón de artistas referentes de la cultura. Hay que estar ahí”.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Las actrices Andrea Nussembaum, María Inés Sancerni y el actor Mariano Sayavedra, parte del elenco de la obra “Civilización”, con dramaturgia de Mariano Saba y dirección de Lorena Vega, interpretaron una escena de la obra, que transcurre en 1792 mientras arde el teatro de la Ranchería.

Elisa Carricajo y Laura Paredes, dos de las cuatro integrantes del colectivo teatral Piel de Lava, fueron las siguientes. Ambas sumaron un fragmento de su obra “Parlamento”. Para finalizar Lorena Vega y Valeria Lois interpretaron “El acompañamiento”, de Carlos Gorostiza.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Con dramaturgia actual y de los años ´80, el encuentro reunió a varias generaciones que pusieron en práctica el ejercicio de la memoria, abrazaron al teatro y bailaron al ritmo de los tambores de Talleres Batuka. “Acá está Bety, la jubilada patotera. Si ella está defendiendo sus derechos en la calle, cómo no vamos a estar nosotrxs”, dijo la directora de Batuka señalando a Beatriz Blanco, la jubilada de 81 años que cayó de nuca al ser gaseada y empujada por un policía durante la marcha de jubiladxs en marzo de este año y a quien la ministra Bullrich acusó de “señora patotera”.

Todxs la aplaudieron y Bety se emocionó.

El pasaje Santos Discépolo fue puro festejo.

Por la lucha, por el teatro, por estar juntxs.

Continuará.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Festival ENTRÁ: Resistencia cultural contra el Decreto 345 que quedó ¡afuera! y un acto performático a 44 años del atentado a El Picadero

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

Foto: Lina M. Etchesuri para lavaca.

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La vida de dos mujeres en la Isla de la Paternal, entre la memoria y la lucha: una obra imperdible

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Una obra única que recorre el barrio de Paternal a través de postas de memoria, de lucha y en actual riesgo: del Albergue Warnes que soñó Eva Perón, quedó inconcluso y luego se utilizó como centro clandestino de detención; al Siluetazo de los 80´, los restoranes notables, los murales de Maradona y el orfanato Garrigós, del cual las protagonistas son parte. Vanesa Weinberg y Laura Nevole nos llevan de la mano por un mapa que nos hace ver el territorio cotidiano en perspectiva y con arte. Una obra que integra la programación de Paraíso Club.

María del Carmen Varela

Las vías del tren San Martín, la avenida Warnes y las bodegas, el Instituto Garrigós y el cementerio de La Chacarita delimitan una pequeña geografía urbana conocida como La Isla de la Paternal. En este lugar de casas bajas, fábricas activas, otras cerradas o devenidas en sitios culturales sucede un hecho teatral que integra a Casa Gómez —espacio dedicado al arte—con las calles del barrio en una pintoresca caminata: Atlas de un mundo imaginado, obra integrante de la programación de Paraíso Club, que ofrece un estreno cada mes.

Sus protagonistas son Ana y Emilia (Vanesa Weinberg y Laura Nevole) y sus versiones con menos edad son interpretadas por Camila Blander y Valentina Werenkraut. Las hermanas crecieron en este rincón de la ciudad; Ana permaneció allí y Emilia salió al mundo con entusiasmo por conocer otras islas más lejanas. Cuenta el programa de mano que ambas “siempre se sintieron atraídas por esos puntos desperdigados por los mapas, que no se sabe si son manchas o islas”.

La historia

A fines de los ´90, Emilia partió de esta isla sin agua alrededor para conocer otras islas: algunas paradisíacas y calurosas, otras frías y remotas. En su intercambio epistolar, iremos conociendo las aventuras de Emilia en tierras no tan firmes…

Ana responde con las anécdotas de su cotidiano y el relato involucra mucho más que la narrativa puramente barrial.  Se entrecruzan la propia historia, la del barrio, la del país. En la esquina de Baunes y Paz Soldán se encuentra su “barco”, anclado en plena isla, la casa familiar donde se criaron, en la que cada hermana tomó su decisión. Una, la de quedarse, otra la de marcharse: “Quien vive en una isla desea irse y también tiene miedo de salir”.

A dos cuadras de la casa, vemos el predio donde estaba el Albergue Warnes, un edificio de diez pisos que nunca terminó de construirse, para el que Eva Perón había soñado un destino de hospítal de niñxs y cuya enorme estructura inconclusa fue hogar de cientos de familias durante décadas, hasta su demolición en marzo de 1991. Quien escribe, creció en La Isla de La Paternal y vio caer la mole de cemento durante la implosión para la que se utilizó media tonelada de explosivos. Una enorme nube de polvo hizo que el aire se volviera irrespirable por un tiempo considerable para las miles de personas que contemplábamos el monumental estallido.

Emilia recuerda que el Warnes había sido utilizado como lugar de detención y tortura y menciona el Siluetazo, la acción artística iniciada en septiembre de 1983, poco tiempo antes de que finalizara la dictadura y Raúl Alfonsín asumiera la presidencia, que consistía en pintar siluetas de tamaño natural para visibilizar los cuerpos ausentes. El Albergue Warnes formó parte de esa intervención artística exhibida en su fachada. La caminata se detiene en la placita que parece una mini-isla de tamaño irregular, sobre la avenida Warnes frente a las bodegas. La placita a la que mi madre me llevaba casi a diario durante mi infancia, sin sospechar del horror que sucedía a pocos metros.

El siguiente lugar donde recala el grupo de caminantes en una tarde de sábado soleado es el Instituto Crescencia Boado de Garrigós, en Paz Soldán al 5200, que alojaba a niñas huérfanas o con situaciones familiares problemáticas. Las hermanas Ana y Emilia recuerdan a una interna de la que se habían hecho amigas a través de las rejas. “El Garrigós”, como se lo llama en el barrio, fue mucho más que un asilo para niñas. Para muchas, fue su refugio, su hogar. En una nota periodística del portal ANRed —impresa y exhibida en Casa Gómez en el marco de esta obra— las hermanas Sosa, Mónica y Aída, cuentan el rol que el “Garri” tuvo en sus vidas. Vivían con su madre y hermanos en situación de calle hasta que alguien les pasó la información del Consejo de Minoridad y de allí fueron trasladas hasta La Paternal.  Aída: “Pasar de la calle a un lugar limpio, abrigado, con comida todos  los días era impensable. Por un lado, el dolor de haber sido separadas de nuestra madre, pero al mismo tiempo la felicidad de estar en un lugar donde nos sentimos protegidas desde el primer momento”. Mónica afirma: “Somos hijas del Estado” .

De ser un instituto de minoridad, el Garrigós pasó a ser un espacio de promoción de derechos para las infancias dependiente de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia de Argentina (SENAF), pero en marzo de este año comenzó su desmantelamiento. Hubo trabajadorxs despedidxs y se sospecha que, dado el resurgimiento inmobiliario del barrio, el predio podría ser vendido al mejor postor.

El grupo continúa la caminata por un espacio libre de edificios. Pasa por la Asociación Vecinal Círculo La Paternal, donde Ana toma clases de salsa.

En la esquina de Bielsa (ex Morlote) y Paz Soldán está la farmacia donde trabajaba Ana. Las persianas bajas y los estantes despojados dan cuenta de que ahí ya no se venden remedios ni se toma la presión. Ana cuenta que post 2001 el local dejó de abrir, ya que la crisis económica provocó que varios locales de la zona se vieran obligados a cerrar sus puertas.

La Paternal, en especial La Isla, se convirtió en refugio de artistas, con una movida cultural y gastronómica creciente. Dejó de ser una zona barrial gris, barata y mal iluminada y desde hace unos años cotiza en alza en el mercado de compra-venta de inmuebles. Hay más color en el barrio, las paredes lucen murales con el rostro de Diego, siempre vistiendo la camiseta roja del Club Argentinos Juniors . Hay locales que mutaron, una pequeña fábrica ahora es cervecería, la carnicería se transformó en  el restaurante de pastas Tita la Vedette, y la que era la casa que alquilaba la familia de mi compañera de escuela primaria Nancy allá por los ´80, ahora es la renovada y coqueta Casa Gómez, desde donde parte la caminata y a donde volveremos después de escuchar los relatos de Ana y Emilia. 

Allí veremos cuatro edificios dibujados en tinta celeste, enmarcados y colgados sobre la pared. El Garrigós, la farmacia, el albergue Warnes y el MN Santa Inés, una antigua panadería que cerró al morir su dueño y que una década más tarde fuera alquilada y reacondicionada por la cheff Jazmín Marturet. El ahora restaurante fue reciente ganador de una estrella Michelín y agota las reservas cada fin de semana.

Lxs caminantes volvemos al lugar del que partimos y las hermanas Ana y Emilia nos dicen adiós.

Y así, quienes durante una hora caminamos juntxs, nos dispersamos, abadonamos La Isla y partimos hacia otras tierras, otros puntos geográficos donde también, como Ana y Emilia, tengamos la posibilidad de reconstruir nuestros propios mapas de vida.

Atlas de un mundo imaginado

Sábados 9 y 16 de agosto, domingos 10 y 17 de agosto. Domingo 14 de septiembre y sábado 20 de septiembre

Casa Gómez, Yeruá 4962, CABA.

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