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El modelo litio

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MU en Salinas Grandes. ¿Qué dicen y cómo piensan en los pueblos que viven en la zona del litio? ¿Cuánto cuesta extraerlo y a cuánto se vende? ¿Cómo se relaciona con la reforma que quiere implementar el gobierno jujeño y rechazan los pueblos originarios? Datos y charlas para uno de los debates sobre el planeta y el futuro de los que las comunidades no quieren ser excluidas.

Texto: Francisco Pandolfi

El modelo litio
Las Salinas Grandes, en la Puna, están desiertas. Las comunidades que la habitan viajaron hacia el corte de Purmamarca a exigir que caiga la reforma constitucional, que da luz verde a la explotación del litio en sus territorios.

El salar parece un río blanco, sin agua.

No fue centro de represiones. Ni de cortes de ruta. Es un lugar que fue poco mencionado estos días, pero es un punto neurálgico en esta reforma: las Salinas Grandes, una de las mayores reservas de litio de salmuera en el mundo. 

En medio del viaje a Jujuy, desde MU llegamos hasta ahí, pero la región está desierta. No de la sal, que forma un paisaje que parece infinito: los ojos se cautivan por la inmensidad blanca de un suelo agrietado como carta de presentación al cuarto salar más grande de Sudamérica, con una extensión de 212 km² en el departamento jujeño de Cochinoca.

En la Puna, las Salinas están desiertas, a excepción de un puñado de turistas, porque así como la sal es un recurso casi inagotable, lo que se les agotó a las comunidades que viven en la cuenca hídrica “Salinas Grandes–Guayatayoc” es la paciencia. Parte se la colmó la reforma constitucional. El resto, la represión.

Las Salinas Grandes, donde el “moralismo” busca imponer la extracción de litio sin consulta previa, están desiertas porque sus habitantes-cuidadores se fueron del territorio. Se fueron ahora para no irse después y para siempre. Se fueron por sus futuras generaciones, que también son las tuyas, que también son las nuestras. Se fueron al corte de ruta de Purmamarca, a 130 kilómetros, “para que se derogue la reforma” porque, de lo contrario, es “el principio del fin”.

La cuenca, también compartida con la provincia de Salta, da vida al humedal denominado Salinas Grandes y la laguna de Guayatayoc, donde viven las comunidades originarias. 

Es impactante observar las casas de adobe y las calles de tierra vacías, totalmente desoladas. Es tan impactante como lógico. ¿Por qué? Porque la reforma impuesta por el gobierno de Morales junto a sus aliados del Partido Justicialista, se hizo al molde del avance extractivista sobre los recursos naturales.

El artículo 74 de la nueva constitución afirma que “la tierra es un bien de trabajo y de producción” y que “la ley regulará la administración, disposición y destino de las tierras fiscales susceptibles de aprovechamiento productivo, estableciendo al efecto regímenes de fomento que promuevan el desarrollo territorial y el interés socioeconómico de la Provincia”.

En el artículo 68 se refiere al “dominio originario de los recursos naturales” y se “ratifica el pleno dominio y la titularidad exclusiva de la Provincia sobre los recursos naturales, biodiversidad, recursos genéticos y demás bienes ambientales comunes existentes en su territorio”. Sendos artículos, enlazados con el 67 que exhorta “la prohibición de cortes de calles y cortes de rutas, así como toda otra perturbación al derecho a la libre circulación de las personas y la ocupación indebida de edificios públicos en la provincia”, abren la puerta para la erradicación de las comunidades que viven en territorios fértiles de recursos naturales, como son las Salinas Grandes.

El salar parece un río blanco, sin agua. Y el “sin agua” podría no ser tan metafórico en el futuro. Incluso en este vasto territorio; aun en una cuenca hídrica: allí se halla el litio, el principal mineral para fabricar baterías de celulares y vehículos eléctricos y divisas entre otras cosas: ¿el oro blanco?  

El modelo litio
En la entrada de las Salinas Grandes y en el corte de Purmamarca, donde se instalaron las comunidades a resistir, el grito es el mismo: “Sin nuestros recursos naturales, no hay vida”.

A 4.000 metros de altura

En Salinas Grandes, a 4 mil metros de altura, kollas y atacamas conforman la Mesa de las 33 comunidades de la Cuenca de las Salinas Grandes y la Laguna de Guayatayoc. Desde 2009 denuncian la violación del derecho a consulta previa, libre e informada por las exploraciones mineras –tal como lo establece el Convenio 169 de la OIT que en Argentina tiene rango constitucional– “que dejaron graves daños en las capas acuíferas, fugas de aguas y otros impactos que modificaron los frágiles equilibrios hídricos de los que dependen las especies nativas y las actividades económicas”.

En 2011, Jujuy declaró al litio como recurso estratégico y creó su empresa Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado (JEMSE), lo que le permite a la provincia disponer de un pequeño porcentaje de las explotaciones. Argentina integra el triángulo del litio junto a Chile y a Bolivia, tema del que habla recurrente y obsesivamente el Comando Sur estadounidense a través de su conductora, la generala Laura Richardson, por su importancia económica en la actualidad. En el país hay 38 proyectos que lo tienen como mineral principal, repartidos en Salta, Catamarca, San Juan y Jujuy. Tres se encuentran en producción: uno en Catamarca y dos en Jujuy, ambos situados en el Salar de Olaroz, departamento de Susques.

En 2015 se puso en marcha el proyecto Olaroz mediante el operador Sales de Jujuy S.A., un consorcio con capitales de Australia (Allkem, 66.5% de las acciones), Japón (Toyota Tsushuo Corporation, 25%) y JEMSE (8.5%). El mes pasado comenzó la producción en el Salar Cauchari-Olaroz, operado por Minera Exar, sociedad argentina cuyos accionistas son la china Ganfeng Lithium (46,66%), la canadiense Lithium Americas Corp (44,84%) y JEMSE (8,5%).

Hasta ahora, la conjunción de las comunidades imposibilitó que se extrajera litio de Salinas Grandes, pero la nueva constitución viene a ponerlo en jaque. Por eso gestaron el Malón de la Paz y se asentaron en el corte de ruta en la entrada de Purmamarca. Por eso, hablan con MU desde allí, con dos pedidos que se repiten, sea cual fuera la comunidad:

La credencial de prensa y el DNI para acreditar nuestra identidad. 

Resguardar el anonimato de quien se anima a denunciar, por el miedo a profundizar la persecución ya existente.

Sentados al lado de la ruta, miembros de la comunidad El Angosto cuentan: “Antes el gobernador estaba de nuestro lado. Hasta 2015, incluido en su campaña electoral, defendía a las Salinas; nunca entendimos por qué cambió. Nosotros nunca cambiamos desde que consensuamos que nadie iba a vaciar el territorio. Antes vivíamos felices, sin miedo; ahora debemos custodiarlo todo el tiempo. Morales gobierna porque el pueblo lo puso ahí, pero responde a las empresas. Ya vendió todo el territorio donde vivimos y por eso hace esta reforma, para no pedir nuestro consentimiento. El litio no es un recurso renovable, trae riqueza para hoy y hambre para mañana. Se nos va el agua y se nos va la vida, ¿qué es lo que no se entiende? Por eso vamos a estar hasta las últimas consecuencias; es difícil pero resistiremos y si tenemos que morir, armarán un cementerio al lado de esta ruta”.

El modelo litio

Tratamiento narco 

A un costado, diez integrantes de la comunidad Santuario de Tres Pozos, explican el proceso de extracción del litio: “Es importante entender las capas del suelo. Primero está la sal, luego el ripio, después la napa de agua dulce y por último la napa de agua de salmuera, que contiene el carbonato de litio a más de 100 metros de profundidad. Para extraer el mineral se perfora y a través de tubos y mangueras se succiona el agua, generando huecos por donde se mezcla el agua salada con la dulce. Lo extraído va a grandes piletones donde, mediante el uso de químicos, a partir de un proceso de evaporación se obtiene el carbonato de litio. El resultado es la contaminación de la atmósfera y la pérdida del agua dulce porque para conseguir una tonelada de carbonato de litio se usan 2 millones de litros de agua”.

Agregan: “En un lugar como este, con tanto viento, la contaminación es más rápida. Es una cuenca que se llama endorreica, porque es como si viviéramos en un plato hondo. A menor cantidad de agua se va secando lo de arriba, o sea, las vertientes. En Olaroz funcionan dos proyectos extractivos de litio, y ya hay vegetación que no vuelve a salir. Acá vivimos tranquilos, con la extracción de sal como recurso renovable; todos tenemos trabajo, no vivimos de planes, sí del turismo, de la artesanía y de la ganadería”. Habla de llamas, ovejas sobre todo, vacas y cabras en menor medida. 

Con ritmo sereno y firme al hablar, plantean: “Ya no le creemos nada a Morales. En nuestra comunidad no recibimos ayuda de ningún tipo; nosotros mismos debimos hacer la salita infantil, armar el comedor de la escuela primaria y las aulas para la secundaria. Pero como decimos ‘no’ a la extracción de litio, nos tienen marcados. Más después de febrero de 2019 cuando echamos a la empresa Ekeko que ya estaba explorando el territorio. Este año nos quitaron mucha comida para los comedores escolares, nos traen verdura en mal estado y muy poca mercadería”.

El calor intenso –que de día hace que uno esté en remera incluso en invierno– a  partir de las 5 de la tarde vira abruptamente a frío extremo. Así resisten los pueblos originarios, de día y de noche, 24-7. La comunidad San Miguel de Colorado es otro de los enclaves que desde las Salinas Grandes bajaron a Purmamarca. Habla un hombre que, como todos quienes habitan estas latitudes, tiene la piel curtida. “Nuestra lucha no es de hoy ni de ayer, es de nuestros ancestros. Por la resistencia que estamos dando, el gobernador no tuvo otra opción que dar de baja el artículo 50 de la nueva constitución que decía que ‘el Estado es el encargado de reconocer tanto la personería jurídica de las comunidades dentro del territorio provincial como la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan’ y que ‘El Estado promueve la entrega de otras tierras aptas y suficientes para el desarrollo humano’. O sea, es clara su decisión de despojarnos de nuestras tierras. Como parte de ese objetivo, nos quieren convencer con planes sociales para que sigamos abajo y ellos arriba. No hay pobreza, ellos la hacen. Si no hacemos caer la reforma, nadie tendrá derecho a reclamar nada, van a privatizar y manejar todo, más que ahora todavía. Como si fueran el imperio romano”.

En Salinas Grandes se emplaza la Rinconadilla. Uno de sus referentes fue detenido en la represión de Purmamarca. Se acerca mientras hablamos con otras comunidades porque necesita aclarar broncas e impotencias acumuladas: “La gente no estaba haciendo nada cuando la policía empezó a avanzar tirando balas y gases. A mí me pegaron dos balazos de goma, uno en la frente y otro en la nuca. Después me agarraron y me empezaron a patear. Ya detenido, me trataron como un narco, como un delincuente, como un criminal”.

Pasó más de una semana y aún no le entregaron el celular que le quitaron al detenerlo. Está cansado, pero con una fortaleza sorprendente. Encuentra una gran razón para seguir de pie: “En nuestra zona ya escasea el agua, imagínense lo que puede pasar si se extrae el litio. Nosotros nunca tuvimos agua potable; ninguna gestión se hizo cargo. Hace ocho meses se instaló una bomba y lo único que falta es que el gobierno haga la bajada de la luz, pero ni eso hacen. Tomamos agua que es muy salada y nos tiñe los dientes de amarillo. Desde siempre fuimos olvidados. Y ahora también somos hostigados; todos los presidentes de las comunidades estamos siendo perseguidos”.

El modelo litio

Introducción al litio

Benito Carlos Aramayo es un economista respetado de la provincia, licenciado en Economía de la UBA y profesor emérito de la Universidad Nacional de Jujuy. Desde hace décadas estudia la matriz productiva local. Tiene 78 años y recibe a MU en su casa de San Salvador para charlar sobre el litio. Algunos extractos de la entrevista: “Es un tema de fondo porque no hace solamente a lo que está pasando en Jujuy, sino a la política nacional. El problema tiene una base que está en la Constitución del año 1994, tras el acuerdo Menem-Alfonsín, cuando se estableció que las provincias sean propietarias del suelo y del subsuelo. El artículo 124 permitió que donde hay salares los gobiernos provinciales tengan el control. Por lo tanto, esa modificación no federalizó a la Argentina, como quieren argumentar, sino la feudalizó, particularmente al noroeste por la minería. Esto ocurre en los territorios con yacimientos de salmueras donde, a partir de un proceso industrial, se llega al carbonato de litio (el más masivo) o al cloruro de litio, usados para la producción de baterías de celulares, computadoras u otros elementos de informática y comunicación; autos eléctricos y en industrias farmacéutica, naval, aérea y satelital”.

Profundiza Aramayo: “El gran problema que tenemos es que no existe a nivel nacional, en este caso del Frente de Todos ahora devenido en Unión por la Patria, una política para ir al encuentro del tema litio desde el punto de vista soberano, que diga que la Argentina está en condiciones de producir”.

Hoy, la Ley 24804 de Actividades Nucleares aprobada en 1997 le otorgó a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) la jurisdicción sobre el litio en Argentina. “El Congreso debe aprobar a la brevedad la Ley del Litio” urge Aramayo, que suma propuestas: “El Estado debe involucrarse antes de que sea demasiado tarde: esto sería declarar al litio como recurso estratégico y fundar el Yacimiento Litífero Fiscal y el Instituto Nacional del Litio a través de una ley del Congreso. O sea, una decisión política para hacer de los yacimientos de salmuera algo propio. Argumentan que no pueden ir sobre la Constitución provincial y así siguen avanzando las inversiones de capital imperialista, chino sobre todo, y también estadounidense, canadiense, australiano, japonés, coreano, porque los gobernadores feudalizados les dan las concesiones a cambio de migajas. Argentina es parte del triángulo del litio junto con Bolivia y Chile, donde está el 85% de las reservas mundiales”.

Las regalías que le quedan al gobierno jujeño son el 3%, ¿no?

Ni eso. Este gobierno de Morales ha bajado las regalías del 3 al 0,4% a través de decretos y leyes. El Estado argentino tiene facultades para sancionar una política sobre el carbonato de litio como materia prima que debe consistir en prohibir su exportación y darle al Estado, mediante una empresa litífera creada a tal fin, la prioridad en la compra de ese carbonato de litio; es decir, que no salga un gramo más al extranjero para que el país empiece a producir en toda la cadena de valor: desde las baterías hasta los satélites, pasando por los remedios y la tecnología informática.

¿Cuántas toneladas de litio se extraen por año en Jujuy?

Por ahora 17 mil, pero el mes pasado ya empezó a producir Exar, que informó que extraerá 30 mil toneladas este año y llegará en un futuro a 40 mil. En Jujuy pronto se alcanzarán las 70 mil porque se ampliarán ambos proyectos en Olaroz.

¿Cuál es el costo de una tonelada?

Sacar una tonelada de carbonato de litio al mercado cuesta entre 3.500 y 4.000 dólares.

¿Y a cuánto se vende?

Tras la guerra en Ucrania, el precio del carbonato de litio pasó de 17 mil a 80 mil dólares en el mercado internacional. Y crece según su aplicación. El carbonato de litio para la farmacología se multiplica por 10, o sea, 800 mil dólares la tonelada. En informática por 100: ocho millones de dólares. En la industria naval, aérea o satelital, vale 10 mil veces más, es decir, un negocio gigantesco. Ahí está el interés de todas las multinacionales que invierten. Hay una disputa feroz a nivel mundial por ver quién se hace de más yacimientos y concesiones, porque la carrera es por la movilidad eléctrica. Hoy en el parque automotor mundial debe haber no más de 20 millones de autos eléctricos pero el objetivo es que en 2030 haya 200 millones. Esto explica las tensiones entre chinos y norteamericanos en relación a América del Sur.

¿Con una tonelada de carbonato de litio qué puede fabricarse?

Se pueden sacar 200 kilogramos de metal. En una computadora o en un celular hay como mucho un gramo de litio metálico. Para la batería de un automóvil se necesita no más de un kilo.

¿Cuál es el costo ambiental?

Mi mayor oposición a lo que se está haciendo con el litio es el extractivismo contaminante. Viola los derechos, pasan por encima de la Constitución en cuanto a que los pueblos originarios son preexistentes y por lo tanto por más que haya habido reformas constitucionales que les dan a las provincias la propiedad del subsuelo, los derechos originarios son anteriores a la conformación de la Nación. Además, tampoco se respetan los procedimientos para evitar el uso de químicos.

¿Hay variante a la extracción contaminante?

La Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, a través de su equipo técnico dirigido por el doctor Ernesto Calvo, patentó a nivel internacional un método que no usa químicos para el proceso de evaporación sino que es electrolítico.

¿Por qué las empresas no lo aplican?

Porque es más costoso. El método de echar químicos en enormes piletones y dejar que el sol actúe para evaporar es mucho más económico que un procedimiento que use energía sin químicos. Esa energía se podría tomar con grupos electrógenos o mediante las líneas de alta tensión de esa zona, pero lo que no quieren las empresas es el mayor costo. No quieren que se les vaya de 4 mil dólares a 10 mil la producción. El método Calvo podría encarecer hasta un 40% el costo de producción. Pero se encarece 1.500 dólares cuando en el mercado mundial están cobrando 80 mil. ¿Dónde está la discusión? Lo que no hay en la Argentina es la disposición a legislar el litio desde un punto de vista soberano, porque están atados a los compromisos internacionales. El Estado no controla, no se quiere involucrar. Ahí está el problema.

En relación al gasto irracional del agua, ¿hay alternativa?

Con el método Calvo se recupera parte del agua. Por un lado, se usa en menor proporción y por el otro es posible recuperar una parte de la que se usa, porque al no usar químicos, no está contaminada. Por el hecho del uso del agua pasa hoy la posición de las comunidades de oponerse totalmente a la extracción de salmuera para obtener el carbonato de litio. En síntesis, hay tres posiciones sobre el tema. 

Primero: hacer carbonato con el método evaporítico que se usa hoy. Lo más contaminante. 

Segundo: El método Calvo para reducir todo lo posible el impacto ambiental y el uso del agua. 

Tercero: Oposición total al extractivismo, y parar la actividad. 

En este orden, el punto primero es la posición de las empresas y del gobierno. El segundo es el de quienes hoy buscan seguir con la actividad por la importancia del litio, reduciendo lo que se pueda el impacto ambiental. Y el tercero es la postura de las comunidades. Después de escucharlas atentamente todos estos años, personalmente estoy de acuerdo con la posición de ellas.

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