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Frack you: A 10 años de Vaca Muerta

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Subsidios millonarios a empresas multinacionales que giran dinero a paraísos fiscales, sobrefacturan y se enriquecen con los dólares que faltan. La diferencia entre soberanía y autoabastecimiento. Fracking, sismos, contaminación, empobrecimiento, regalías, fuga de divisas, elecciones. La voz de la comunidad mapuche. De las promesas a la realidad: datos, no relato, a las puertas de otras fiebres energéticas en curso.

Texto: Sergio Ciancaglini

Los creativos publicitarios deben haber cobrado en oro, petróleo, litio o bitcoins, para sintetizar en 55 segundos imágenes y palabras sobre el enigma que carcome a demasiada gente: cómo salvar al país.  El spot se llama “Soberanía energética”. La voz de un locutor acompaña el vértigo visual de caños, camiones, barcos: “En YPF estamos trabajando para hacer realidad una oportunidad histórica. Argentina tiene una de las reservas de petróleo y gas no convencional más importantes del mundo”. Cada frase es refrendada por las letras mayúsculas que parecerían formar parte de las obras como torres gigantes sobre el paisaje. “Exploración y producción”. “Industrialización”. “Desarrollo de ductos”. “Trabajo”. “Infraestructura”. “Potencial de autoabastecernos”. “Exportar energía”. “Matriz Productiva argentina” y como cierre: “Soberanía energética”. 

En la televisión, las redes, la publicidad, el periodismo, la grieta política y otras logias inciertas nadie podría estar en desacuerdo o pensar algo distinto: eso es, justamente, lo sospechoso. ¿Se puede pensar algo distinto? ¿O así como hay combustibles, puede intuirse que hay también televisión, redes, publicidad, periodismo y política fósiles? El Observatorio Petrolero Sur es una organización que investiga el tema de los hidrocarburos desde 2008 y vio nacer a Vaca Muerta, el reservorio de gas y petróleo no convencionales cuya aprobación cumple 10 años el 28 de agosto. Por ser no convencionales, la técnica para extraerlos es el fracking, o fractura hidráulica. Martín Álvarez Mullally es integrante e investigador del OPSur, vive en Río Negro y a partir de su intervención en el Diplomado Andrés Carrasco de Periodismo y Comunicación Ambiental quedó planteada la cuestión: ¿Se puede pensar algo distinto?

El simple arte de subsidiar

“Hay una necesidad de una épica, de una narrativa, y eso tiene que ver con los procesos sociales de crisis y desesperanza. Por eso el aviso es un reflejo de Vaca Muerta y del país. La épica tiende a maquillar las cosas. Pero el mismo sector que plantea esa épica reclama al infinito la necesidad de subsidios a las empresas petroleras, menos impuestos, facilidades de todo tipo” explica Álvarez Mullally.

El resultado real es el inverso al que se difunde: “El fracking no te abastece de divisas sino que genera pérdidas, números rojos. Parte de los dólares que no tiene el país los ha gastado el Estado, la sociedad toda, en subsidiar a las corporaciones de Vaca Muerta”. Hasta la salvación es deficitaria.   

“Entre 2020 y 2022 el saldo negativo entre lo que ingresa y egresa al país por el tema Vaca Muerta fue de 13.489 millones de dólares, de los cuales cerca del 50% es fuga directa de divisas” detalla Martín basándose en trabajos de los economistas Gustavo García Zanotti y Marco Kofman de Enlace por la Justicia Energética y Socioambiental, ejes.org.ar, fundados a su vez en datos del Banco Central.

El dispositivo que detalla Álvarez Mullally: “Las empresas arman un esquema de sedes en paraísos fiscales en diferentes países, desde Estados Unidos a Países Bajos, Uruguay, Panamá y demás. Las filiales argentinas les pagan a sus propias casas matrices en el exterior las patentes, por ejemplo. Otro mecanismo que utilizan son los préstamos intrafirmas. No son inversiones directas sino que la casa matriz, supongamos Chevron, le presta dólares a su filial argentina con altos intereses, entonces la empresa filial tiene que devolverle capital e intereses a Chevron. ¿Cómo lo hace? Va al Banco Central a que le den esas divisas al valor oficial y eso lo gira a la propia empresa en el exterior como capital e intereses por el autopréstamo. Y todo eso en un momento en que en el país faltan dólares”.

Otra actividad de estas empresas afanosas: “Hay también un drenaje enorme de dólares en el pago de servicios asociados a tecnología, software, o las fórmulas de cócteles de químicos que utilizan, a lo que hay que sumar delitos que se han llamado ‘festival de importaciones’ y que el propio FMI le señaló al gobierno”.

El ministro de Economía Sergio Massa en agosto de 2022 reveló que 722 empresas de distintos rubros estaban siendo investigadas por sobrefacturaciones al llevar a juicio a dos de ellas ante tribunales de Estados Unidos (la jurisdicción que imponen en caso de conflicto). Una de ellas, NRG, es de las que trabajan en Vaca Muerta y para Alvarez Mullally simboliza un tema que salvo esta excepción no suele terminar en la justicia: “Las energéticas, petroleras y sus proveedoras incorporan supuestamente tecnología, pero se ha demostrado que compran equipos en el exterior o los toman de sus propias casas centrales, y lo sobrefacturan, como en el caso de NRG, hasta en más de un 380%, que además pagan con dólares a precio oficial que envían luego al exterior, a sí mismas”.

Solo en 2022 se fueron del país 4.000 millones de dólares por pago de deuda e intereses, patentes y servicios de las empresas petroleras. La deuda externa privada de estas empresas es de 12.000 millones de dólares. “Y ese reclamo de divisas para girar al exterior lo hacen presionando con la necesidad de producción en Vaca Muerta que prácticamente no puede trabajar si no hay un flujo continuo de inversiones. El círculo de préstamos intrafirma, devoluciones con intereses y fuga directa se retroalimenta permanentemente”. Entre los trabajos de libre acceso (opsur.org.ar) sobre estos precipicios financieros figura Vaca Muerta y el desarrollo argentino en el que se ven 8 empresas de Tecpetrol (Techint) en 5 paraísos fiscales, que le prestan a Tecpetrol Argentina. Figuran también cuatro de las de YPF (Bermudas, Uruguay y dos en EEUU), y el modo que circulan estos autopréstamos con Chevron (Bermudas).  

Martín: “Lo real es que la narrativa de Vaca Muerta no puede ser la de los dólares que el país necesita, porque está ocurriendo lo contrario. Ni tampoco puede ser la de la soberanía energética”.

La nuestra

El acuerdo secreto con la norteamericana Chevron de julio de 2013 fue aprobado el 28 de agosto de ese año por la Legislatura neuquina de modo quizá telepático: los legisladores votaron a favor sin conocer su contenido. Ese acto de ilusionismo fue acompañado por una entusiasta represión policial de más de siete horas por las calles de Neuquén.

El OPSur investigó esa primera etapa de Vaca Muerta tras la expropiación de YPF a la española Repsol. En esos tiempos el gobierno kirchnerista transfirió a las petroleras más de 3.000 millones de dólares anuales, similar a todo el gasto nacional de salud, y el triple de lo que se invertía en ciencia. La palabra “subsidio” empieza a señalar en el tema petrolero a protagonistas que no son los sectores sociales siempre vituperados en los ex medios de comunicación. Los subsidios energéticos representaron el 10% del gasto público en aquellos años.

Con la llegada del macrismo en 2015 y el inolvidable ministro de Energía Juan José Aranguren (ex CEO de Shell) las petroleras directamente se adueñaron de la política estatal. Tecpetrol, de Paolo Rocca, captó la mayor cantidad de subsidios para sus perforaciones en Fortín de Piedra. De las “inversiones” de esa corporación, el 51% en realidad fueron subsidios equivalentes, además, al 30% de sus ingresos. Como dice Álvarez Mullally, la mayor parte de esa supuesta inversión “era con la nuestra”: la mayor parte del dinero era de la sociedad, subsidiando a las empresas.

La creencia en una mano invisible del mercado queda así en una zona agnóstica, pero se confirma que el Estado es también un territorio perforado por el modelo extractivo.

El posterior acuerdo de Macri con el FMI (endeudamiento eterno por 45.000 millones de dólares) hizo que el Fondo cuestionara tanta sangría petrolera para poder cobrarse dólares de algún lado. Aquel gobierno tuvo que obedecer y desactivó la Resolución 46 que repartía subsidios descontroladamente. Tecpetrol respondió entonces con un juicio por unos 2.500 millones de dólares al Estado argentino por subsidios no cobrados hasta entonces y los futuros. (Rocca & afines habrían terminado desistiendo de ese juicio no por razones de salvación del país –tema que aparentemente no estaba en agenda de estos grupos– sino a cambio de recibir parte de las obras del flamante gasoducto Néstor Kirchner).

Simultáneamente aquel gobierno y su ministro petrolero ajustaban a los usuarios con aumentos de 1.000 a 3.000% de electricidad y de gas mientras el sector, más allá del FMI, recibía incentivos y subsidios de 4.378 millones de dólares durante los primeros años macristas. Según los trabajos del OPSur y Ejes, de las 100 empresas que más capitales fugaron del país de 2016 a 2019, 27 son de energía (fuga de 6.000 millones de dólares) y 15 de ellas trabajan en Vaca Muerta, de donde evaporaron más de 4.000 millones de esos dólares.

La llegada de Alberto Fernández y el cruce con la pandemia motivaron un 45% de incremento de los subsidios a tales petroleras entre 2020 y 2021. Pese a los récords supuestamente obtenidos, es más la energía que se importa que la que se exporta porque cae la extracción convencional de hidrocarburos. La explotación de Vaca Muerta tiene algo de cuestión de fe: “Lo que se extrae es según la declaración jurada de las propias compañías, o sea que no hay un seguimiento, sino que ellas dicen cuánto tienen que pagar sin que nadie controle si las cosas son así” informa Álvarez Mullally.

Se conocen las quejas indignadas de ex medios y del FMI sobre los subsidios al consumo de energía de la población argentina. Un dato crucial que aporta la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) en su trabajo “Los subsidios a los combustibles fósiles” se refiere a 2021, según datos del Presupuesto Abierto:

  1. Los subsidios a los consumidores (la demanda) fueron de 330 millones de dólares.
  2. Los subsidios a las corporaciones hidrocarburíferas (la oferta) fueron de 1.175 millones de dólares.

Es sugestivo que la fauna de economistas-panelistas exija eliminar los subsidios a la población (como en los exitosos tiempos de Aranguren) mientras se oculta que casi el cuádruple se destina a subsidiar a empresas que conocen todos los itinerarios hacia paraísos fiscales, sobrefacturan y se enriquecen con fondos aportados justamente por esa población. 

La extracción petrolera de Vaca Muerta es mucho más costosa que la convencional, por lo que hay severas dudas sobre que el fracking sea viable en el presente, y ninguna duda de que no lo será en el futuro. Explica Martín: “A diferencia del petróleo o el gas convencional, el ‘shale’ cae inmediatamente. Después de un año de fractura se extrae el 50% menos, y al siguiente 75% menos. Entonces tienen que refracturar o hacer pozos nuevos y en el menor tiempo posible porque la tasa de retorno es tan baja que de lo contrario no tienen ganancia”. Por eso la fractura hidráulica depende (en Argentina y en el mundo) de los subsidios estatales, para un negocio que favorece a las empresas.

Álvarez Mullally percibe una confusión: “Me parece que en el discurso sobre Vaca Muerta se mezcla a propósito autoabastecimiento con soberanía. Si hay algo que no es soberano en los hidrocarburos no convencionales es que su capacidad de inyección está directamente asociada a su capacidad de inversión. El país queda atrapado en las exigencias de las multinacionales para garantizar que sigan trabajando, traducidas en las exenciones impositivas, subsidios, y descontrol en su manejo financiero”.

De ese modo vuelve a una distorsión: “Puede haber autoabastecimiento si se evita importar energía. Pero soberanía significa un proceso mucho más complejo, de largo plazo, y una perspectiva que pueda llevar a hacer sostenible un desarrollo. Eso no tiene nada que ver en términos de soberanía energética con esto que estamos viendo”.

Detalle: ¿qué es el fracking?

Breve explicación: “La fractura hidráulica o fracking consiste en perforar un pozo a 4.000 metros en vertical y unos 3.000 en horizontal. Tiene una característica minera, porque se introduce una lanza con explosivos, y se dispara una bola de un material a la parte horizontal de la perforación para generar una serie de explosiones que rompen la roca más de 500 metros alrededor en cada caso. Se quita la lanza y viene el proceso de fractura que implica inyectar –con motores de gran presión– agua, químicos y arena de sílice. Se inyecta para que esos químicos lleguen a la roca explotada y extraigan el hidrocarburo no convencional. ¿Cuál es la diferencia? En el convencional se encuentra al hidrocarburo alojado en una trampa. Con una perforación, por presión, se extrae. En cambio en el no convencional o “shale” el hidrocarburo está alojado en la roca y disperso. Por eso el fracking es también mucho más caro. Dicho de otra manera es una forma de rascar los últimos restos de hidrocarburos que están quedando desperdigados en lugares de difícil acceso”. 

En cada pozo se hacen unos 60 procesos de fractura. “Son 60 explosiones, 60 veces se entra a fracturar para poder sacar gas o petróleo. Con el convencional se hace una perforación, y se extrae. En este caso hay que seguir haciendo nuevos pozos y nuevas fracturas permanentemente”.

En un país que sabe lo que significa la sequía, se utilizan unos 90 millones de litros de agua para cada pozo, mezclados con unos 35.000 a 40.000 kilos de químicos que se inyectan bajo tierra para terminar de abrirla y succionar lo que haya de petróleo o gas.

La dinámica: “Hay un problema estructural global. Los fósiles fueron y son el motor del desarrollo del sistema capitalista, que no colocó ningún tipo de límite a su propia reproducción. Efectos: las desigualdades en nuestros territorios muchas veces tienen como causa ese vértigo del capital”.

“Hoy vivimos un mundo fosilizado, que depende en su totalidad del petróleo y del gas. Pero no es un mundo que haya generado mayor igualdad sino todo lo contrario. En estos días se vieron reclamos de los vecinos que viven en los yacimientos gasíferos pero no tienen gas, tienen que comprar garrafas que salen más de cuatro mil pesos y duran una semana. Ese nivel de inequidades las vas encontrando en cada uno de los barrios populares. Y la consolidación del mundo fósil lleva a que tengamos una crisis climática cada vez más extrema”. No se trata solo de nafta o gas: buena parte de la ropa, cada envoltorio u objeto plástico, productos de toda clase, el teclado en el que estoy escribiendo, derivan de ese modelo en el que empresas y estados necesitan más de la misma destrucción para poder seguir funcionando. La dependencia del petróleo muestra la complejidad y a la vez la necesidad de una transición.

“0% probabilidad sismos”

Hay un aviso publicitario anterior muy ilustrativo sobre las promesas de las corporaciones petroleras. Es también de YPF. Se habla del petróleo y gas no convencionales, con un rombo que informa con grandes números y letras: “0% probabilidad sismos”.

El breve texto posterior asegura que “la intensidad de la actividad sísmica, proveniente de la extracción no convencional, es 100.000 veces menor que lo detectable por el ser humano” y al final expelen una oración que acaso huela a otro tipo de gas no convencional: “Cuidamos nuestros recursos y también el medio ambiente”.

La situación real, pese a YPF, ha sido detectable para el ser humano. En una zona como Vaca Muerta, donde jamás hubo un terremoto, desde que comenzó el fracking (en particular desde 2015) se contabilizan 420 sismos. Se ha creado el Observatorio de Sismicidad Inducida (a cargo de los geógrafos Javier Grosso y Guillermo Tamburini) que elaboró un mapa con 312 de esos sismos originados por el fracking, 10 de ellos por encima de los 4 ML (o Magnitud Local de la escala Richter) con pronósticos sobre la posibilidad de un salto a una magnitud de 6.

Son de poca profundidad (los terremotos naturales se originan a más de 50 km. de profundidad, y los del fracking a 6 km. o menos) pero justamente al ser superficiales tienen fuerte impacto. Relatan Grosso y Tamburini en el trabajo Sauzal Bonito, triste temblor (en la revista Pulso Ambiental de FARN) lo que la gente de Sauzal Bonito les envía por WhatsApp como descripción de cada terremoto: “Golpes, fuertes ruidos parecidos al choque de vehículos, vibraciones de techos y ventanas, y explosiones”. Registraron en el Observatorio que en la zona, solo entre 2018 y 2019 Tecpetrol realizó 2.040 etapas de fractura, inyectó 462.462 toneladas de arenas silíceas y 3.122.308 metros cúbicos de agua mezclada con químicos. “Aunque estos productos son peligrosos, tóxicos y radiactivos, generalmente se desconoce la fórmula exacta que conforma la ‘sopa’” como se llama en la jerga a ese cóctel”.

Pese al “0% probabilidad sismos” de YPF, las casas de Sauzal Bonito (300 habitantes, a 50 kilómetros de Añelo, el centro urbano del área de Vaca Muerta) comenzaron a mostrar el significado original de la palabra grieta. Entre 2018 y 2019 hubo 117 sismos. La evidencia ocurrió entre julio y septiembre de 2020: con plena inactividad por la pandemia, no hubo terremoto alguno. En julio de 2021, en cambio, hubo 60 sismos en 10 días en Vaca Muerta. En 2022 hubo 35 sismos hasta que el del 9 de mayo, por la violencia y los destrozos provocados el gobernador Omar Gutiérrez anunció la construcción y entrega de 50 casas antisísmicas prefabricadas con madera de pino y eucaliptus. La zona de fracking que generó los estragos es Fortín de Piedra (ocupada por Tecpetrol/Rocca) en una región donde también hacen lo suyo Pluspetrol (La Calera), Pan American Energy (Pichana Oeste) y Pampa Energía (El Mangrullo).

De las 50 casas prometidas hasta ahora se entregaron apenas tres. La exaltación mediática de la propiedad privada no hizo mención a estos destrozos provocados por las corporaciones, ni se les reclama por los costos de lo que han hecho. Un amparo presentado por FARN sigue esperando que los máximos asalariados de la Corte Suprema definan algo al respecto.

Los sismos y la contaminación han hecho que el fracking esté prohibido, por ejemplo, en la Unión Europea y en diversos estados norteamericanos a partir de informes como el de la Sociedad Médica de Massachusetts que determinó que el 75% de los componentes químicos de la fractura hidráulica representan un riesgo para el sistema nervioso, respiratorio y gastrointestinal, y “el 25% tienen la posibilidad de desarrollar en el ser humano algún tipo de cáncer o mutaciones. Notablemente, el 37% de esos productos químicos pueden afectar el sistema endocrinológico, que afecta a múltiples sistemas de órganos, incluyendo los que son críticos para la normal reproducción y el desarrollo”.

Entre el 20 y 30% de ese volumen de agua contaminada (unos 20.000.000 de litros por cada pozo) vuelve a la superficie (flow back) que en su mayor parte se inyecta sin tratamiento en pozos sumideros contaminando a su vez acuíferos e incentivando la inestabilidad geológica, como lo explican el propio Álvarez Mullally y Hernán Scandizzo en su estudio ¿El fin de la Argentina Saudita? (en lavaca.org). 

En el mismo trabajo plantean otro aspecto del destrozo ambiental. En materia de emisiones que contribuyen a la crisis climática por efecto invernadero, se generaron 515 megatoneladas de CO2 entre 2012 y 2021. “En 10 años, Vaca Muerta emitió lo mismo que todas las emisiones de Argentina en tres años”. Un dato que aporta Álvarez Mullally: los incidentes ambientales (derrames de petróleo, sustancias químicas, fugas de gases) pasaron de 2,8 por día a 5,6 en la actualidad. La causa: la aceleración de las perforaciones por la caída de la producción. De cuatro fracturas diarias, en los pozos, hoy se pasó al triple, sin noticias sobre remediación. Registran además la muerte de 15 trabajadores cumpliendo sus tareas, desde 2017.

Neuquén, sede del 95% de Vaca Muerta, es la provincia con índices más altos de pobreza e indigencia de la Patagonia y está usando las magras regalías petroleras para pagar gastos corrientes contra lo que dice su propia Constitución: que las regalías  deben usarse para investigar y fomentar formas limpias de energía. La provincia depende de esos fondos porque sigue en crisis y endeudada.

Datos sobre la salvación

Hubo promesas de salvación con la dictadura militar y la economía financiera. Con el menemismo y la liquidación de las “joyas de la abuela”. Con los blindajes y megacanjes. Con la megaminería. Con los transgénicos y los agronegocios. Con Vaca Muerta, el litio, la idea de perforar el Atlántico, con el endeudamiento récord. Todo con resultados conocidos.

La nueva promesa –entre tantas– es el Gasoducto Néstor Kirchner que es el que permitiría que la riqueza de Vaca Muerta se convierta en contante y sonante. Explica Álvarez Mullally: “Está claro que el gasoducto te tiene que eh cambiar un poco la balanza comercial energética porque se van a sustituir importaciones muy costosas por gas extraído en Argentina y transportado vía gasoducto que es mucho más económico. Pero eso es algo muy de corto plazo”.

¿Por qué? “Se están invirtiendo muchos millones en infraestructura para generar mayor conectividad para exportar gas no convencional, cuando la caída de esas cuencas es inmediata. Eso obliga a una inversión permanente, a seguir fracturando y a seguir subsidiando a las petroleras. De este modo estamos con la política de ir por algo esencialmente inviable sin atender a un cambio de matriz hacia otras fuentes de energía, corriendo un riesgo altísimo de cara a un futuro cercano en donde la energía puede transformarse en un costo muy alto. Con esta política te estás condicionando además a las reglas que pongan estas propias compañías”.

Reglas poco prometedoras: “Son empresas insaciables. Quieren pagar cada vez menos regalías, derechos de exportación yendo a la retención cero, a la vez que captan subsidios, excepciones, prebendas que se les van haciendo para que sigan extrayendo. Entonces la situación es complicada. No solamente se está consolidando la matriz fósil, con todas las consecuencias ambientales y sociales que tiene, sino que además estás entregando parte de la construcción de tu matriz energética al devenir de la inversión de las grandes compañías petroleras a las que les interesan solo sus negocios”. Según se ve en la realidad más que en la publicidad, son negocios con resultados técnicamente discutibles desde el punto de vista económico, socioambiental y de salud pública.

¿El fracking genera desarrollo local? Plantea Álvarez Mullally: “Eso es un mito. Al revés, cambia la matriz productiva, se perjudica a las actividades ganaderas, hortícolas, campesinas, y es muy probable que al finalizar la extracción no te queden hidrocarburos sino solo la contaminación, y las actividades económicas históricas destruidas”.

Propuesta desencapsulada: “El tema no puede quedar en espacios técnicos de las corporaciones o los Estados. La energía es uno de los pilares para el desarrollo de cualquier sociedad. Y es un derecho humano porque permite un sostenimiento de la calidad de vida y hasta de la reproducción de la vida. La pregunta es: ¿cómo lograr que la energía no sea un bien inalcanzable para las sociedades? Entonces no hay que encapsular el debate sino abrirlo a la sociedad porque las empresas y los funcionarios solo buscan consolidar la matriz fósil, concentrada, con tremendo impacto socioambiental y negocios privados. Tampoco hay que romantizar las energías renovables que pueden estar sometidas a corporaciones, como lo demostró el macrismo con los parques eólicos. Lo que corresponde es que todo esto sea un debate popular y de las comunidades”. ¿Ocurre tal cosa en alguna parte? “El caso colombiano es muy interesante, con poblaciones movilizadas que lograron un consenso contra el fracking: la izquierda con Gustavo Petro y hasta la derecha de Iván Duque plantearon en sus plataformas la prohibición de la actividad. La derecha lo hizo por razones electorales, justamente por ese gran consenso, y la ley ya fue aprobada por el Senado”. Los votos: 62 a 9 en favor de la prohibición y de la reformulación de una transición hacia energías limpias.   

“Se congelaron todos los permisos para la extracción de fósiles y se discute un programa de transición que incluye a comunidades, sindicatos, movimientos de campesinos, de indígenas y socioambientales donde se plantea un cambio de matriz de la que participa la sociedad. Allí se ve que las empresas son las que promueven en muchos casos a los grupos paramilitares que persiguen o asesinan a las personas que buscan cuidar el medio ambiente”. Para el caso argentino, es fácil imaginar qué clase de transformación podría existir si los subsidios lisérgicos para el fracking se aplicaran a buscar otras matrices energéticas. 

Ya no se trata de distopías de series televisivas: “Sin transición energética la humanidad va a colapsar –pronostica Martín– y esa transición no la van a hacer las corporaciones. Y en muchos casos tampoco los Estados que trabajan para los intereses empresarios”. 

Desde un punto de vista conceptual, Martín apuesta a cierta simbiosis de dos experiencias: “Es importante conjugar los debates sobre transición y soberanía energética, con los que existen sobre transición y soberanía agroalimentaria. Las formas de pensar en cómo producir alimentos y cómo producir energía representan matrices que van muy de la mano”. Son debates que en todo caso ocurren en lo social y cotidiano, porque no hay riesgo de escuchar a nadie hablar de estas cosas en la agenda electoral y mediática, aunque parecería que de ellas depende el futuro ambiental y humano.

Modo horno 

“Todo el aparato político y propagandístico nos quiere hacer creer que estamos en la isla de la fantasía” dice Jorge Nawel, logko (autoridad política) de la Confederación Mapuche de Neuquén. “La provincia está totalmente endeudada y para poder pagar los sueldos y gastos corrientes usan las regalías, al revés de lo que dice la Constitución provincial”. ¿Quién es el principal responsable de la situación? “El Estado. Las petroleras hacen su negocio, responden a su naturaleza. Quieren tener ganancias máximas en el menor tiempo posible”. El resultado: “Revientan la tierra y dejan un pasivo ambiental tremendo que no les interesa porque no es parte de su negocio. Por eso el que falla es el Estado, que etiqueta al territorio como ‘zona de sacrificio’ y deja que las empresas hagan uso y abuso de su poder”. 

Por alguna deformidad discursiva o confusión neuronal suele creerse que plantear temas sociales y ambientales es una cuestión idealista y utópica o paranoica y catastrofista. Y que la racionalidad práctica está en empleados de empresas, partidos políticos, ex medios y gobiernos que serían propietarios del “realismo” pese a sus intervenciones muchas veces lindantes con el delirio, por no hablar de sus promesas fósiles.

Nawel pertenece a otro linaje, para el cual comprender y actuar frente a una realidad concreta es algo en lo que les va la vida a las comunidades. En las frases anteriores hace una descripción política, técnica, económica y hasta constitucional de la situación, que los ex “racionalistas” ocultan o ignoran. Si se habla en términos climáticos y ambientales, lo que plantean las comunidades aborígenes es algo sobre lo que en los últimos años advierten los principales científicos de mundo y entidades como la Organización Meteorológica Mundial o las propias Naciones Unidas (su secretario general Antonio Guterres dijo que las ganancias de las compañías de petróleo y gas tienen un alto costo para el clima y que solo en un trimestre de 2022 ganaron aproximadamente 100.000 millones de dólares. Dijo: “Esta codicia grotesca está castigando a las personas más pobres y vulnerables, mientras destruye nuestro único hogar común, el planeta”. Propuso gravar esas ganancias extraordinarias para apoyar a los más vulnerados, aunque esto generó una epidemia de hipoacusia en las dirigencias políticas. Sobre la crisis climática argumentó que ya no estamos en el calentamiento sino en la “ebullición global”, como lo reflejan las noticias y las estadísticas de todo el mundo, incluyendo sus polos y sus océanos, por lo que podría conjeturarse que el planeta y sus habitantes estamos en un horno). 

Reflexiones electorales

Explica el logko la situación en Neuquén: “La industria de Vaca Muerta es inviable económicamente, según lo reconocen los propios funcionarios de la multinacionales. Por ejemplo, los basureros petroleros no se tratan ni se remedian y se contamina la tierra con millones de litros de ese ‘flow back’ que es el agua contaminada. En Neuquén hay 5 tratadoras de esas toneladas de basura. El Ministerio Público de la Defensa vía la Fiscalía de Delitos Ambientales estableció que está colapsado el sistema y que harían falta por lo menos 20 tratadoras de residuos. La paradoja: el Estado no puede pedir a la industria que garantice la salud y la seguridad del ambiente, porque estaría desalentando las inversiones, que encima son subsidiadas”.

Segundo aspecto: “Día por medio hay un sismo en la zona, sin ninguna medida contra las corporaciones que generan ese fenómeno que puede ser trágico”. ¿Habrá que reclamar conciencia y buenas intenciones? “No, todo lo que hay que hacer en términos ambientales está legislado y es obligatorio, pero hay un pacto, desde aquel pacto secreto con Chevron, para blindar a las empresas, y por eso el Estado no exige que se cumpla con las normativas. Eso también es una pérdida de soberanía. Lo principal que va quedando es pasivo ambiental y pobreza”.

En un año electoral estas cuestiones podrían, si no solucionarse, al menos debatirse aunque parecen estar a kilómetros bajo tierra. Jorge no se ilusiona: “Esto lo comenzó Cristina con el convenio con Chevron. Lo profundizó obviamente Macri y continuó con Alberto Fernández. Más allá de los colores ideológicos la política energética no va a modificarse. Ni con Massa ni con Bullrich o cualquier otra persona. Lo que sí podría ser distinto es la política represiva hacia las comunidades mapuche y otras que se opongan, porque no hay dudas de que la derecha no te reprime, te mata. Es su esencia, como lo muestra Gerardo Morales en el norte. Con Massa no creo que se genere una política de muerte porque va a tener otros controles internos. Pero en el aspecto energético va a seguir siendo una política dependiente y de pérdida de soberanía”.

¿Y entonces? “No hay que inventar nada. Todo está escrito en las leyes y hasta en la Constitución que en la provincia plantea la necesidad de usar la renta petrolera justamente para invertir en nuevas fuentes de energía, no fósil, para romper la petrodependencia. Pero los políticos no tienen intención de cumplir las leyes, porque tienen una mirada naturalmente cortoplacista de dos o cuatro años para conservarse en sus cargos y con sus negocios”.

De nuevo: ¿y entonces? “Al no haber perspectivas de cambio, que se sepa, lo único que cabe es organizarse para la resistencia, porque no es un tema que afecte solo a los mapuche más allá de que estemos en el corazón de la industria. Es un tema social y global”. Relata Jorge que Sauzal Bonito, el pueblo sometido a los sismos, sufrió la inundación del 80% de su territorio. “Tenés sequías, y diluvios. Las lluvias que alimentaban a los territorios ahora son desastres. Pero sabemos que es un problema de una matriz económica y productiva sostenida en la destrucción de los territorios para seguir sacando materiales para una industria desaforada que no puede producir si no es en base a la destrucción”.

La ironía de la realidad

Tras escuchar a los mapuche, ¿dónde ubicar la violencia? ¿Dónde ubicar la racionalidad y lo pragmático? Explica Nawel que en Neuquén la mayoría de la población no tiene gas y que en Añelo, la ciudad más importante de Vaca Muerta, no hay agua potable. “Mientras tanto se aplaude al gasoducto que llevará gas para las industrias brasileñas” dice. En un comunicado emitido por las comunidades neuquinas detallan: “La explotación de Vaca Muerta ha generado y generará: derrames, sismos, acumulación de residuos tóxicos (basura petrolera), invasión de extraños en nuestros territorios que alteran nuestra vida comunitaria, nuestros centros ceremoniales arrasados por esta ocupación ajena a nuestra vida espiritual, ingreso de flagelos de la sociedad como adicciones, juegos y prostitución”. Jorge llama a todo esto “contaminación social”. El comunicado recuerda cómo Bolivia se queda con regalías del 80% contra el 12% argentino (para quien tenga prejuicios antibolivianos, puede recordarse que una potencia petrolífera como Noruega hace lo mismo, con efectos extraordinarios para la calidad de vida de su población). En los mismos términos plantea:

No celebramos una supuesta “soberanía energética” dónde la renta se transfiere a las casas matrices de las principales corporaciones petroleras.

No celebramos los récords de producción que dejan a su favor contaminación y muerte en nuestra Mapu (territorio).

No celebramos la utilización de dólares producto de la exportación gasífera para el pago de una deuda externa ilegal e ilegítima.

Es mentira que una dirigencia con visión entreguista y cortoplacista pueda desterrar la desigualdad y la pobreza sin nuestra participación directa.

La transición energética debe ser justa, respetuosa de los derechos humanos y con proyección de futuro. Si la transición energética solo beneficiará a las multinacionales nos negamos a ser zona de sacrificio. Kvme Felen (el buen vivir) son nuestros planes de vida ante los planes de muerte que nos proponen desde Vaca Muerta”.

Me dice Jorge Nawel: “Creo que todos estamos padeciendo una crueldad, una ironía de la realidad”.

¿Habrá posibilidad de escuchar, comprender, discutir todo este tipo de enfoques (científicos, técnicos, comunitarios y aborígenes) que no hablan sobre el pasado sino sobre el futuro que se nos viene? ¿Cuál es el plan de vida?

El nombre de lo aquí narrado nace de una vaca difunta cuyo esqueleto servía para orientar a los baqueanos. Tal vez hagan falta baqueanos de este siglo, portadores de una antigua idea, poco de moda, modesta y siempre novedosa: cómo hacer del mundo un lugar mejor. Posiblemente ya no sirva preguntarse cómo salvar al país, o uno mismo, sino –en términos sociales, productivos, espirituales, políticos, planetarios y culturales– cómo materializar un proyecto novedoso y urgente: salvar la vida de tanta existencia fósil.   

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Parir memoria: Teresa Laborde

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Nació en un móvil policial, en plena dictadura. Ella y su madre, Adriana Calvo, sobrevivieron al secuestro gracias a los cuidados de cinco mujeres en cautiverio. Adriana dedicó su vida a testimoniar y buscar a los hijos de esas desaparecidas. Uno de ellos, hijo de Cristina Navajas, es el nieto 133. Y el hermano de ese nieto es la actual pareja de Teresa. Memoria, verdad, justicia y amor: una historia conmovedora y el arte como proyecto para recuperar el futuro.

Texto: Claudia Acuña

La sonrisa de Teresa Laborde es nuestro trofeo, nuestra Copa Mundial, nuestro Oscar.

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Corazón mirando al sur: Agroecología y comercialización en la Comarca Andina

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La experiencia del Corredor Patagónico Soberano de la UTT (Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra) contada desde El Hoyo y El Bolsón: dos almacenes de ramos generales, 5.000 km de ruta de productos agroecológicos y cooperativos, respuesta gremial y organización del sector. Texto: Lucas Pedulla.

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Corazón mirando al sur: Agroecología y comercialización en la Comarca Andina

“El sistema alimentario de una nación representa su historia, cultura, pasado, presente y futuro. Por eso, en un contexto global de desigualdad, convocamos a dar los debates y luchas necesarias para comprender que el comer bien es un derecho que relaciona a la salud, el trabajo y las oportunidades de desarrollo individual y social”. Así lo plantea la Mesa Agroalimentaria Argentina, una red sectorial que nuclea organizaciones cooperativas, movimientos campesinos e indígenas y de pequeños y medianos productores.

La Mesa organizó la Expo Alimentaria, se movilizó al Congreso, pasando por la Secretaría de Agricultura entre tractorazo y verdurazos, para presentar el “Programa Agrario para el Alimento”, que incluye propuestas como la Ley de Acceso a la Tierra, la Ley de Arrendamiento Rural, la Ley de Protección de Territorios de Familias Campesinas e Indígenas, la Ley de Segmentación Impositiva Agraria, la creación de una Empresa Pública de Alimentos, un Plan Nacional de Abastecimiento Alimentario, un Plan de Financiamiento Cooperativo, un Programa Nacional de Impulso a la Agroecología y un Plan Nacional de Creación de Mercados de Cercanía.

La Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra (UTT) es una de las organizaciones de esa Mesa, y Erika Benavente, con sus 31 años, sus dulces agroecológicos y sus cuentas que lleva prolijamente desde el área de Comercialización en la regional patagónica del gremio, en el municipio chubutense de El Hoyo, sabe bien qué significa ese “desarrollo individual y social”: integra la logística del llamado “Corredor Patagónico Soberano”, un recorrido de 5.000 km que distribuye alimentos sanos en Buenos Aires, Neuquén, Río Negro y Chubut. “Y llegamos hasta Santa Cruz”, acota con una sonrisa.

Detrás de esa sonrisa, hay un movimiento que demuestra modos diferentes de actuar y de interactuar para crear otros estilos de relación y de consumo.

La naranja mecánica

La Patagonia –o la “Línea Sur”, como le llaman en la UTT– es  de las experiencias “más nuevitas” dentro del gremio que nuclea a 25 mil familias campesinas, según refiere Juan Pablo Acosta, su coordinador regional. Acosta –más conocido como Pocho– se  vino con su familia desde La Plata en 2016. “Había ganado Macri, era todo un quilombo”, rememora. De a poco, la comercialización la fueron aprendiendo de la práctica de una cooperativa mapuche en la meseta chubutense. Hasta manejaban fondos rotatorios, un instrumento de gestión de financiamiento que lleva adelante una organización para rotar recursos en forma de crédito. “Tienen un galpón, exportan lana, y así compran forraje y comida para el invierno”. La respuesta organizativa y gremial que aportó la UTT fue la comercialización de corderos: “Nunca una organización cooperativa lo había hecho”. Así arrancó un camino.

Antes de la apertura del Almacén de Ramos Generales de El Hoyo, habían vendido 800 mil kilos de alimento cooperativo en compras comunitarias, lo cual implicó una logística importante. “No es fácil la Patagonia –cuenta–. Tiene un estatus sanitario donde no era sencillo entrar frutas, verduras ni carnes”. Por ejemplo, para ingresar el morrón debían gasearlo con bromuro de metilo por controles fitosanitarios para evitar posibles plagas. Juan Pablo razona: “Nos rompimos el alma produciendo agroecológicamente, tomamos tierras, hicimos biofábrica, pero ¿vamos a venir  acá y le ponemos veneno? Decidimos no traerlo entonces hasta encontrar la vuelta”. Descubrieron la posibilidad de dejarlo 30 días en cámara con frío, lo que le agrega valor: “Es una logística: un pallet de naranjas de Entre Ríos, por ejemplo, lo dejás en una cámara en Bahía Blanca, y que luego un camión la traiga. Pero lo fuimos logrando: la naranja llega impecable y la gente la recibe muy bien”.

El almacén de El Hoyo es uno de los 15 que la UTT tiene en todo el país. Este año inauguraron otro en El Bolsón (Río Negro), en un predio recuperado donde había un galpón abandonado, propiedad de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), con la guarda administrativa del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). “Lo pusimos en valor y hoy está al servicio de la comunidad”, celebra Pocho.

Durante el verano, los almacenes se abastecen en gran medida con producción local, pero en invierno el camión de Buenos Aires llega cada 15/20 días. Erika: “Sacás una publicación que dice que llegó el camión y a las cuatro de la tarde tenés cola esperando llevarse verdura fresca y sin químicos, que es lo que consumimos en verano de chacras de la zona”. Los meses fuertes de producción local son de noviembre a marzo. El Hoyo es la capital nacional de la fruta fina: “Empieza la primera floración de la frambuesa. También hay mora, algunos tienen frutilla. Después otros tienen arvejas. Hojas como lechuga, espinaca, rúcula, acelga. Pak choi, kale, repollo. La manzana obviamente, duraznos, membrillo”. Pocho explica que la producción local se organiza más fácil: “El productor pone su precio, y lo que hacemos es compararlo: no me vendas más caro un tomate que si lo traigo de La Plata. Ese es el límite”. A esas discusiones les llaman “paritarias” y la actualizan cada tres meses.

De abril a octubre, ya empiezan a llegar los camiones. Pocho: “No hay tantas hectáreas puestas en producción. Algunos trabajos del INTA en pueblos de la cordillera dicen que no producen el 20 por ciento de lo que comen. En la Patagonia no nos abastecemos. En todo Chubut la cordillera es una franjita de 50 km a lo largo de la provincia. Después, el 95 por ciento es meseta. Y de esa franja cordillerana, la zona productiva es poquita, porque tenés mucha montaña”.

El Hoyo tiene ese nombre porque está ubicado en una depresión de la cordillera, a 200 metros sobre el nivel del mar: “Es el mejor lugar de la Patagonia para producir”. Sin embargo, cuentan que la producción, generalmente familiar (“son producciones chiquitas que cultivan un poquito de cada cosa”), está perdiendo terreno con la urbanización. Erika y la experiencia propia: “La chacra de mi abuelo era de 45 hectáreas. Luego, entre los hermanos, se la dividieron. Y se viene dando un proceso donde termina ganando la urbanización”. Cuentan que la puja se está dando entre producción familiar y desarrollo inmobiliario, también con fines turísticos: “El mejor suelo para producir es donde hoy están los barrios. Pero, de a poco, se fueron convirtiendo en loteos. Y no se produce”.

Agroecología: A mi manera

Este trabajo permitió a la UTT iniciar el “Corredor Patagónico” con 5.000 km de “ruta soberana”, como le llaman, cruzando La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut: los productos patagónicos llegan así a los almacenes en Buenos Aires y, con el invierno, llegan los camiones que parten desde Buenos Aires. Erika enumera los alimentos locales: “Fideos de harina de maíz saborizados con rosa mosqueta, harina de trigo molida por familias en sus molinos, muchos dulces, mostazas, propóleo, pepinillos encurtidos”.

El último camión que partió tenía 500 frascos de dulces y 600 de miel. “Para los productores, en esta época, es un montón. El invierno es un período donde no hay trabajo. La gente busca changas”. Pocho vuelve al punto anterior: “La matriz económica está cambiando a más turística. Si la plata de la temporada no te alcanzó, y no te armaste, se hace difícil”. Erika explica: “Para que la tierra te rinda para vivir, necesitás superficie, y eso ya no está. Tenés un pedacito pero te alcanza para guardar para vos y vender el excedente. Y después, tenés que hacerte la cabaña para alquilar por día en verano, para sacar la tranquilidad de los días de lluvia que no podés trabajar”.

Erika, con su compañero, tuvo que encontrar esa vuelta: además de la chacra, hacen cabalgatas en el bellísimo paraje Puerto Patriada, a metros de la costa norte de la belleza del Lago Epuyén. El trabajo con las cabalgatas va del 20 de diciembre al 20 de febrero. En esos meses, a su vez, juntan leña para vender en invierno. “Nuestra calefacción es a leña, así que es para vender y para uso personal. Después, en primavera empezamos con la huerta, la fruta va al freezer, y así también tenés para invierno. Y, en el medio, está la cosecha de hongos de pino, que vienen a buscarlos en octubre”. Este máster en gestión y planificación, que jamás se estudiará en Harvard, aplica Erika a la comercialización UTT.

La proyección es seguir aún más hacia el sur expandiéndose en Santa Cruz, a donde ya llegaron en Pico Truncado, ciudad petrolera. Ese trabajo es fruto de la producción de alimentos agroecológicos de más de 25 mil familias que integran la organización, distribuidas en 21 provincias. En Patagonia, la organización promovió una red de productores que se afilian al gremio abonando una cuota cuyo valor es el equivalente a dos litros de nafta, con el beneficio que le aporta la representación de una organización nacional, además de descuento en las compras en almacenes. Pocho: “Ahora se están conformando delegados de base para discutir política gremial en la UTT. Hasta este momento eso no pasaba, no hay muchas organizaciones como la nuestra acá en la zona. Es algo medio nuevo que a veces no se entiende. No somos el Estado. En un momento había una interpelación a la organización como que teníamos que resolver todos los problemas. Les decíamos que somos un gremio, no una organización del Estado: vení y militá. Tampoco somos una fundación que ayuda gente, porque capaz venía un productor y decía: ‘Comprame’”. 

Para Erika, esa confusión se suele dar porque, desde la UTT se resolvieron problemas que el Estado no estaba encarando: un ejemplo son los fondos rotatorios. “El productor, en general, es cliente del almacén, entonces se asocia a la red, participa de nuestras jornadas, y puede plantear: ‘No tengo plata, pero tengo fruta y azúcar. Si me dan un fondo rotatorio para frascos, cuando hago los envíos los pago a valor del día’”. De esa manera, los productores pueden continuar su circuito de comercialización, mientras el fondo sigue rotando entre las familias que lo necesiten.

La propia Erika utilizó el fondo para poder comprar los fardos para que los caballos se alimenten. “Gracias a la UTT pudimos acceder a insumos y vender nuestros productos regionales”. Su familia siempre trabajó la chacra. Ella es técnica agropecuaria y cursó estudios de Producción Vegetal Orgánica. Hace un año trabaja en la comercialización.

¿Por qué es importante? “En esta zona, que no haya intermediarios ayuda mucho al precio, tanto al productor como al consumidor. Y la posibilidad de vender productos en invierno, como hablábamos, es una súper mano cuando está todo quieto. Podés acompañar y mejorar la economía local en un momento que no se mueve tanto”.

¿Y por qué la agroecología? Erika mira el bellísimo lago que tiene frente a sus ojos: “Más que el no uso de productos de síntesis química, tiene que ver con una forma de vida. El uso de recursos de forma sustentable y sostenible”. Esto es: sin químicos, sin venenos, cuidando el ambiente, la salud y también mejorando la producción. “Eso es lo que necesitamos para seguir viviendo de esta manera”.

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Abajo el cáncer: Resistencia al asbesto en el subte

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Vagones envenenados con un material prohibido –descartados en España– fueron comprados durante la era Macri en la ciudad de Buenos Aires. Muchos trabajadores en contacto con el asbesto contrajeron enfermedades. Algunos murieron, otros sobreviven en la incertidumbre. El gremio está en conflicto para dar visibilidad a un crimen hasta ahora impune. La empresa y el Estado no brindan respuesta, salvo amenazas a quienes reclaman. Los datos, voces, sombras y luces de una batalla por la salud.

Texto: Anabella Arrascaeta

Cuando Horacio Ortiz, 55 años, vio que el asado de fin de año con sus compañeros de trabajo terminaba y cada uno se iba a su casa, lloró desconsolado.

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LA NUEVA MU. El facho

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