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Guillermo Mamami es bien porteño y bien hijo de bolivianos. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UBA y desde hace diez años es el director del periódico de la comunidad boliviana en Argentina, que tiene su versión impresa y virtual. Dice que desde sus páginas busca recuperar la autoestima de un pueblo que está cambiando la Historia.

No hay cifras oficiales de la cantidad de bolivianos que viven en nuestro país pero se estima que alcanzan los 2 millones de personas. El peor de los sentidos, el común, indica que la inmigración desde el país limítrofe se dio en los últimos años. Sin embargo, Guillermo Mamani responsable del periódico quincenal Renacer aclara que sus padres hace cuarenta años que viven en Buenos Aires y que la llegada de bolivianos fue constante desde la época de la colonia. “Lo que pasa es que ahora se los ve en el corazón del país, y esto antes no ocurría”. Guillermo opina que muchos hijos de bolivianos son tan porteños como los “porteños”, aunque sean morochos e indios. Considera “que esa presencia es vista como criminal en la Capital porque ‘afea’, porque parece que su aporte no es civilizatorio como lo fue el aporte europeo”.
1999 fue el año en que coincidieron la persecución mediática, sindical y gubernamental hacia los inmigrantes de países limítrofes. A la vez, el fin de la década menemista comenzaba a expulsar bocanadas de trabajadores hacia los márgenes del uno a uno. “Nosotros veíamos que la mayor parte de la información que incluía a bolivianos era en la sección policiales, ilegales, o en las notas de color. Además había una visión de ciertas cuestiones culturales, que a mí me reventaba: lo exótico” resume Guillermo. Y explica porqué: “Lo noté claramente cuando me tocó hacer la tesis y me relacioné con gente del área de investigación que tenía esa visión del boliviano como objeto de estudio”. Para el periodista faltaba producir conocimiento, construir una perspectiva diferente, y crear una idea de colectividad, a través de un medio propio.
En ese momento estaba terminando la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires y con un grupo de compañeros comenzamos con Renacer. El periódico surgió de una necesidad y sin ningún tipo de apoyo gubernamental, ni de oenegés. A través del tiempo nos fuimos relacionando con gente de la diplomacia y siempre fue una relación de conocimiento, una relación de periodista-funcionario. De todas formas, en la comunidad cada uno tiene una manera particular de vincularse, de acercamiento y distancia. Nosotros podemos parecer antipáticos, pero mantenemos nuestra independencia”.
Comenzaron siendo cuatro, pero al poco tiempo quedaron dos personas. “Desde el principio –narra Guillermo– la idea fue pedir colaboraciones a otros periodistas y que éstas sean pagas”. Así es como Renacer comenzó a crecer: consiguieron anunciantes, incluyeron periodistas, fotógrafos, vendedores, y distribuidores. Con sus 5 mil ejemplares quincenales en la calle, el periódico busca sobrepasar los límites de la colectividad desde dos perspectivas, una hacia los lectores y la otra hacia el interior de la publicación. El director explica que es el único periódico que posee una sección de pueblos originarios en forma constante, y además, tiene deportes, internacionales, política, y cultura. Todo esto en 32 páginas a color. Bien redactadas y bien tituladas, son un ejemplo de calidad que el periodismo local ha perdido y que sus lectores agradecen: lo han convertido en el diario de referencia de su comunidad, presente tanto en despachos oficiales como en comercios.
En la producción del material también trabaja gente que no es de la colectividad y eso hace que haya diferentes miradas en cada nota, si bien hay una línea ideológica definida que fue consolidándose en estos casi diez años. Al respecto Guillermo señala: “me interesa que la comunidad no se quede con una sola visión de nuestros conflictos, ni de Bolivia. Mi aspiración es hacer un medio que sea accesible, que lo puedan leer un argentino, un venezolano, un boliviano, un hijo de bolivianos. Atractivo a diferentes tipos de paladar.”

Intuición
Hay un dato llamativo: la mayoría de los suscriptores de Renacer no son bolivianos. El director del periódico sostiene: “No hay otra manera de conocer otro discurso de Bolivia que a través de nuestra publicación, porque lo que queda sino es mirar cnn o los medios argentinos, que a su vez reproducen la arenga de los medios racistas de Bolivia”.
us preocupaciones actuales están reflejadas en sus tareas cotidianas: le lleva más tiempo sacar la foto de algún evento que escribir la crónica. No es casual, dice, porque “el tema de las imágenes es una clave. A partir de un trabajo que realizó un compañero de la Facultad de Comunicación vimos que al boliviano se lo muestra siempre mudo, pasivo. Y ese estereotipo es difícil de desmontar: se puede hablar del boliviano, pero no se lo puede mostrar”. Por eso desde Renacer decidieron prestarle especial atención al tema. “No hay ningún pueblo que pueda dar vuelta su historia si primero no cree que tiene posibilidad de hacerlo. En el caso del boliviano, siempre ha estado la autoestima por los suelos”. Guillermo advierte que además los parámetros de belleza están incorporados de manera casi inconsciente, sutil. “Nosotros no tenemos un mapa de cómo utilizar a favor algunas cosas, las debemos inventar. Por ejemplo en las fiestas patronales, nadie habla de autoestima: la están practicando. La muestran con el cuerpo, con la actitud. Y poner el cuerpo de esa manera vale más que mil discursos que proclamen que la autoestima es necesaria”.

Hacer historia
Dos cosas están claras para Guillermo que aquí son difíciles de entender. La primera: lo que pasa en Bolivia está íntimamente relacionado con lo que vive la colectividad hoy. “Evo Morales es tan migrante y campesino como cualquiera que vino a Argentina, por eso la colectividad tiene una fuerte identificación con él. Y también porque el Presidente allá sufre la misma discriminación que cualquier boliviano acá, que lo ven sólo como burro de carga. Pasa lo mismo con los grupos de poder que reconocen que Evo no roba, pero lo tildan de indio macaco e incapaz”. La segunda: reconoce que desde aquí es difícil interpretar la realidad de Bolivia. “Los modelos izquierda-derecha han quedado obsoletos ante la aparición de un gran movimiento campesino indígena. Y cualquier momento del conflicto se interpreta como una guerra civil. Ahí se te corta el nivel de análisis. No existen aún las categorías para analizar el proceso boliviano porque las personas que están haciendo la Historia no se están preocupando en pensarlas. Están creando un Estado que realmente incluya a las grandes mayorías. En Bolivia queremos reformular estas reglas”.

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El nuevo barrio queda en los suburbios de la ciudad donde se libra una batalla crucial del nuevo proceso político boliviano. Reivindican la autonomía como herramienta para enfrentar la pobreza y el racismo. Ya eligieron un alcalde propio y simbólico. Ya crearon una universidad. Y ya eligieron un nombre: Ciudad Igualitaria. Ésta es la utopía que están haciendo realidad.
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La crisis boliviana de septiembre puso en evidencia el papel de Brasil en la región. Aunque los medios y los portavoces del progresismo proclaman que la intervención de unasur y del gobierno de Lula fue decisiva para sostener a Evo, lo cierto es que los intereses brasileños están más cerca de la Media Luna que de los movimientos populares bolivianos. En esta nota, el analista Raúl Zibechi describe cuál es el alcance de los negocios de las empresas brasileñas en el país andino: por diferentes vías, controla alrededor del 20 por ciento de su pbi. Sólo en Santa Cruz 200 familias brasileñas son propietarias de 350.000 hectáreas que representan el 35 por ciento de la producción sojera boliviana.
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