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Alessandro Baricco: Una barbaridad

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Este italiano, licenciado en filosofía, exitoso novelista y columnista del diario La Repubblica, escribió Los bárbaros, ensayo sobre la mutación, donde trata de explicarle a un supuesto público culto cuáles son los nuevos valores de una generación que creció con una mano, porque la otra la tenía aferrada a un mouse. Esta reflexión, publicada por entregas en el periódico, trata de advertirnos sobre un cambio extraordinario: nace una nueva raza. Navega, y tiene branquias.

Cambio
Los bárbaros llegan de todas partes. Veo mentes refinadas escrutar la llegada de la invasión. Profesores competentes que desde sus cátedras miden en los silencios de sus alumnos las ruinas que ha dejado a su paso una horda de depredadores sin cultura y sin historia. Parece que los agresores están cambiando el mapa. Tal vez ya lo han cambiado. Debió de suceder esto mismo en aquellos años en los que, por ejemplo, nació la Ilustración o en los días en que el mundo entero se descubrió, de repente, romántico. Tal vez sea un momento de ésos. Y esos a los que llamamos bárbaros son una nueva especie que tiene branquias detrás de las orejas y que ha decidido vivir bajo el agua. Donde esta gente puede respirar, nosotros morimos.

Pescados
El pez respira por las branquias de Google. Google es un motor de búsqueda –el más famoso, valorado y utilizado del mundo– inventado para orientarnos en el mar de los sitios web. Fue creado por Larry Page y Sergey Brin, que por entonces tenían 23 años y formaban parte de una generación que ya vivía con una única mano, porque la otra la tenían agarrada al mouse. Ahora nos sorprendemos por el hecho de que llegaran a ganar algo así como 20 millones de dólares, pero no porque ellos no buscaran dinero. Su objetivo era simplemente hacer accesible toda la sabiduría del mundo, accesible a cualquiera, de una manera fácil, rápida y gratuita.

Googlear
Lo que nos enseña Google es que en la actualidad existe una parte inmensa de seres humanos para la que, cada día, el saber que importa es el que es capaz de entrar en secuencia con todos los demás saberes. No existe ningún otro criterio de calidad e incluso de verdad, porque a todos se los traga ese único principio: el movimiento. La esencia de las cosas no es un punto, sino una trayectoria, que no está escondida en el fondo sino dispersa en la superficie. Conocer, entonces, es algo parecido a recorrer rápidamente trayectorias dispersas.

Fluir
Ha cambiado la manera de adquirir experiencias. Había unos modelos y unas técnicas que desde hacia siglos acarreaban el resultado de adquirir experiencias, pero de alguna manera y en un momento dado, han dejado de funcionar. Si en cada una de las cosas que le interesan al mutante se detuviera con la paciencia y la experiencia del viejo hombre con pulmones, la trayectoria se fragmentaría. Así que el mutante ha aprendido el tiempo mínimo y máximo que debe demorarse sobre las cosas. Y esto lo mantiene inevitablemente lejos del fondo, que a estas alturas es para él una injustificada pérdida de tiempo que destruye la fluidez del movimiento.

Acelerar
Por regla general, los bárbaros van donde encuentran sistemas de paso. En su búsqueda de sentido, de experiencias, van a buscar gestos en los que sea rápido entrar y fácil salir. Privilegian los que en vez de acortar el movimiento lo generan. Les gusta cualquier espacio que genere una aceleración. No se mueven en dirección de una meta porque la meta es el movimiento. Su trayectoria nace por azar y se extingue por cansancio. No buscan la experiencia: lo son. Las universidades americanas están llenas de investigadores dedicados a intentar comprender si se trata de genios o de idiotas. Todavía no han llegado a una respuesta concreta.

Impulso
En la práctica, el bárbaro tiene la oportunidad de construir verdaderas secuencias de experiencia únicamente si en cada estación de su viaje recibe un impulso. Podría afirmarse que la pesadilla del bárbaro es quedar atrapado en los puntos por los que transita. Por eso tienden a buscar estaciones de paso que en lugar de retenerlo lo expelen. Busca la cresta de la ola. ¿Dónde la encuentra? Donde hay eso que nosotros llamamos espectacularidad. La espectacularidad es una mezcla de fluidez, de velocidad, de síntesis, de técnica que genera una aceleración. Salpica. Da energía, no consume. Genera movimiento, no lo absorbe. El bárbaro va donde encuentra la espectacularidad porque sabe que ahí disminuye el riesgo de detenerse. Dirán: porque disminuye el riesgo de pensar. Sí y no. El bárbaro piensa menos, pero piensa en redes indudablemente más extensas. Efectúa en horizontal un camino que nosotros estamos acostumbrados a imaginar vertical. Estamos hablando de una nueva localización del sentido y una nueva forma de percepción. El movimiento es el valor supremo. Por él, el bárbaro es capaz de sacrificar cualquier cosa. Incluso el alma.

Diferencia
Con seguridad lo que tienen en la cabeza es otra idea de movimiento. El paso adelante es algo que no comprenden: creen en el paso lateral. El movimiento se verifica cuando alguien es capaz de destrozar la linealidad y se desplaza de lado. El valor es la diferencia, entendida como una desviación lateral del dictado del desarrollo. El valor es la diferencia y no el progreso. No es ir hacia adelante, sino rápido.

Pasado
Mientras que para nuestro modelo cultural el pasado es un tesoro sepultado y poseerlo significa excavar hasta encontrarlo, para el bárbaro el pasado es lo que sale a la superficie y entra en red con esquirlas del presente. Ataúdes flotantes, arrastrados por la corriente: eso es el pasado para los bárbaros. El pasado no existe; es un material del presente.

Zoo
Si una generación de mutantes traslada al mundo a vivir debajo del agua, estimulando el nacimiento de branquias detrás de las orejas, es evidente que para ese mundo, desde ese momento en adelante, la jirafa ya no será un punto de referencia. El cocodrilo tendrá cierto interés. La ballena sería Dios.

Nuevo periodismo
Nos guste o no, para el periodismo moderno el aspecto más importante de un hecho es la cantidad de movimiento que es capaz de generar en el tejido mental del público.

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Generación Cumbio

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Comunicarse con una foto y una frase le alcanzó para conectarse con millones de adolescentes. Apenas la detectó, el radar de Nike la transformó en un producto. Hoy tiene el espacio central en la web del Grupo Clarín, está por editar un libro y luego un disco. Por qué Cumbio cuenta la verdad de la mentira.
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Fernando Sanz es Cypher y parte de la generación que creó nuevas formas de comunicación, en base a una ética y una ideología bien definidas. Las claves: compartir en lugar de competir y creer que el dinero no impulsa todo. A los 22 años ya es un veterano de Internet y asegura que hay allí un modelo que puede inspirar una nueva forma de poder.
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