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El trabajo se defiende

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Los gremios frente al ajuste. ¿Cómo se ve el nuevo panorama político desde los sindicatos? Dudas, certezas, autocríticas, sorpresas, nuevos desafios, la relación con el Estado y con las divisiones gremiales. Y las propuestas hacia el futuro.

Claudio Marín, de Foetra

Claudio Marín, de Foetra

La nueva etapa política le recuerda a Claudio Marín una película: Marte ataca. “Estamos como en esas escenas donde los marcianos habían aprendido a repetir ‘¡Venimos en paz!’, ‘¡No huyan! ¡Somos sus amigos!’, mientras liquidaban a todo el mundo muertos de risa”.

¿Cómo pensar la Argentina hoy desde lo sindical? Esa consulta abrió las charlas que aquí se reflejan, un aporte de miradas y pistas diversas para intentar comprender algo del ADN del presente. Pero nada es extraplanetario en estos tiempos, en los que tal vez  muchos intuyan que lo marciano es andar por ahí haciendo semejantes preguntas. 

La idea más peligrosa

Consúltele usted cómo anda, y escuchará una respuesta sin cabellos en el lenguaje: “Como el culo”. Claudio Marín es secretario adjunto de FOETRA, sindicato de las telecomunicaciones. En su despacho hay fotos de Cristina Fernández y un reloj derretido a lo Dalí. Aclara: “En lo personal ando bien, pero los que militamos en los 70 no pensábamos que iba a haber un período como el kirchnerista, que nos tomó de sorpresa: recuperar la idea de que el accionar social puede transformar la realidad en beneficio del conjunto. Y que eso es la política. Fue el logro más grande de esa etapa. Y va más allá de haber votado o no a Macri: todos piensan que si todos hacemos algo, se va producir un cambio social y político”.

Para Marín “esa es la idea más peligrosa que enfrenta el neoliberalismo. Si la gente va a resistir o no el ajuste, más allá del rol que tengamos los malos o buenos dirigentes. Lo que quieren hoy es que la gente se quede en la casa y no joda, para que los políticos hagan lo que se les cante”.

¿Y entonces? “No podemos sólo defender lo conquistado. Tenemos que ir por desocupación cero, eliminar el terciarismo y la precarización laboral. El gran error sería replegarnos. Pero necesitamos una política para la gente, si queremos unidad. Se necesita ir por más, porque si no cometeríamos el mismo error de los últimos años del kirchnerismo. Decir: ‘Me tienen que agradecer lo que les di’. Eso es una cagada. La gente no tiene que dar las gracias. Solamente es un cachito de justicia”.

Un cálculo: “Nuestros representados ganan en promedio 23 mil pesos mensuales. ¿Está bueno? Sí. Pero las empresas ganan 250 mil ó 300 mil pesos por cada trabajador. Entonces hay que tornar más clara la injusticia: lo que parece bueno es una migaja”.

Sobre los conglomerados sindicales (tres CGT y dos CTA): “Siempre que hay posiciones irreductibles, hay intereses contrapuestos en el plano material, y defensas corporativas. Además, desde los 90 muchos dirigentes no son solamente la polea de transmisión de una ideología dominante: son la clase dominante, empresarios. Eso no es ilícito, lo incompatible es estar de los dos lados del mostrador”.

Marín es secretario gremial de la CTA de los Trabajadores (Hugo Yasky) y cree que otro error kirchnerista fue “la ausencia del movimiento obrero organizado, su política y su visión. El gobierno tuvo una impronta de clase media, a veces hasta gorila, por ejemplo cuando se hablaba de la tendinitis de los del subte o de que los maestros trabajan poco. O nos cagaba a pedos a los que estábamos ahí sosteniendo los trapos. Cuando Cristina se fue, no hizo una sola mención a los dirigentes”.

De todos modos Marín sigue aguantando los trapos, y calcula que habrá un barajar y dar de nuevo en el sindicalismo. “Puede haber procesos de unificación con sectores de la otra CTA. Con el gobierno va a haber conflicto, seguro, y negociación. Pero no vamos a contar con el Ministerio de Trabajo, que es muy fuerte en la lógica del conflicto. Veremos cómo termina jugando”.

Una aspiración: “Transmitir experiencia, generar la idea de que las cosas se pueden cambiar para mejor, y que eso no te abandone en toda la vida”.

Espantos y afectos

Hugo Godoy y Julio Fuentes son secretarios general y adjunto de ATE-Nacional, entidad que convocó al primer paro de 2016 contra 20.000 despidos de empleados estatales. A Godoy le dicen Cachorro: era el preso político más joven en la Unidad 9 de La Plata, durante la dictadura por su participación en la UES y Montoneros.

Ambos, tras 16 horas de reuniones, accedieron a unos tés, galletitas de agua y revisaron ante MU un dilema borgeano: “Hay que reinventar experiencias de unidad de la clase trabajadora. Pero si lo que nos une frente al actual gobierno es el espanto, estamos condenados al fracaso”, explica Godoy.

ATE-Nacional integra la CTA Autónoma (Pablo Micheli), pero Cachorro amplía el horizonte: “Pienso también en la cantidad de cuerpos de delegados, casos como la ex Terrabusi, la Unión Ferroviaria, Zanon, seccional Merlo del Sarmiento, Metrovías, pienso en experiencias de democracia, debate colectivo y lucha callejera para reinventar la unidad de los trabajadores y que incluya a sectores negados por el sistema: informales, desocupados, subocupados. Aspiramos a que la CTA sea una referencia, pero sin poner el carro delante del caballo, ni un sello predeterminado. Lo que se necesita es que cada lucha popular triunfe”.

Fuentes: “Tenemos que recuperar la capacidad de cambiar. Los grupos económicos trasnacionales y locales están en permanente movimiento, por encima de los Estados, e incluso poniendo gobiernos y funcionarios, como en Argentina, México o Colombia. Sin capacidad de transformarnos, todo va a costar mucho”.

Cachorro: “Para eso necesitamos libertad y democracia sindical, no el unicato: solo el 17% de las empresas privadas tienen cuerpos de delegados elegidos de forma directa por los trabajadores. Segundo, la autonomía con respecto a los patrones, los estados y los partidos, para que la democracia no se articule desde arriba sino desde las propias organizaciones. El socialismo fracasó porque el partido revolucionario que expresaba a la clase trabajadora, terminó subordinándola. En el peronismo también: el proyecto lo expresa la política de Estado, y el que se sale de esa lógica es considerado un enemigo”.

Fuentes: “Es una tragedia del progresismo. En estos 10 años no se les dio poder a las organizaciones del pueblo, les dieron cosas. Siguieron entendiendo que el sujeto del cambio era el Estado y no el pueblo o la clase trabajadora organizada, que queda como espectadora de lo que hacen otros, no como protagonista”.

Godoy: “No creo que el pueblo se haya derechizado, sino que para expresar su disconformismo se votó lo único que había a mano. Hemos pasado por situaciones que implican un profundo cambio individual y de conciencia: se nos quemaron todos los libros. Siempre aguantamos, resistimos, pero la diferencia cualitativa hoy es que estamos discutiendo cómo gobernar una experiencia que sea victoriosa para el pueblo. Y eso alimenta la reunificación de los trabajadores no sólo para resistir sino para construir y crear algo nuevo”. Pero si no los une el espanto, y se quemaron todos los libros, ¿qué puede unirlos? “La libertad, la autonomía, y los afectos”, dicen, mientras siguen organizando el paro nacional.   

De a uno

Raúl Godoy, obrero de FASINPAT (Fábrica de Obreros Sin Patrón, ex Zanon, Neuquén) es integrante del PTS en el Frente de Izquierda y diputado provincial: “Está lleno de funcionarios que cobran más de 60 ó 70.000 pesos, tienen jubilaciones de privilegio, y dicen: ‘¡Che, qué desmedidos los aumentos que piden los trabajadores!’ o ‘consuman menos’, o ‘no hay recursos’”.

Renunció a la jubilación de privilegio y cobra lo mismo que como trabajador: la diferencia va a fondos de huelga o causas mapuche, por ejemplo. Rareza: al culminar su mandato como secretario general del gremio ceramista, volvió a Zanon como uno más: “Me hace bien, me encanta estar en la línea de producción”.

“El gobierno favorece a las multinacionales. Bajaron las retenciones mineras, lo último que faltaba regalarles, mientras destruyen el ambiente y saquean los recursos. Pero le sacan a los trabajadores vía devaluación, inflación, paritarias a la baja, con capitostes sindicales que juraban la vida por Cristina y hoy acuerdan con el gobierno a cuatro manos”, explica.

Cree que los trabajadores están divididos por arriba. “Hasta pasó con la CTA. Por eso es tan importante construir organización desde abajo, y recuperar la bandera de la unidad de acción para frenar el ajuste, los despidos y suspensiones. Pensá que la mitad de los trabajadores no tiene representatividad sindical, y los que tienen, están muchas veces en sindicatos regenteados por burócratas. Moyano jamás va a manejar un camión, y es el ejemplo del que está en sus negocios y a los tiros con otros sindicatos, como pasó aquí con los petroleros”.

Otro asunto: “Se creó en esta década una cultura de militancia estatal o paraestatal. Todo venía desde arriba, vía ministerios o funcionarios amigos. Generó expectativa pero eso desarmó muchas organizaciones. Hoy no es suficiente que haya reflexiones en las plazas. Si no juega y se afirma la clase obrera, nos van a ir golpeando de a uno, incluso a las gestiones cooperativas”.   

El gobierno planteó que cada dirigente sabe hasta dónde le aprieta el zapato para pedir aumentos. “Yo diría que hay que sacarse el zapato, que es el corset y el chantaje de decirte que si pedís aumento va a haber desempleo, mientras se la dan toda a las corporaciones. Tenemos que fortalecernos en cada lugar de trabajo y en las calles, para que no nos lleven puestos”.

Panorama desde el kiosco

Omar Plaini es secretario general de SIVENDIA, el sindicato de canillitas que experimenta en bolsillo propio qué significa la concentración cuando se trata de corporaciones como Clarín y La Nación. En su despacho hay fotos del matrimonio Kirchner, de Scioli, de Perón y una de Germán Abdala: “Uno de los más grandes dirigentes de la historia del sindicalismo, el mejor que he conocido”.

Panorama desde el kiosco: “El gobierno de Cristina decía que los empresarios la juntaban con pala, pero no los obligaron a generar un solo empleo en los últimos cuatro años, pese al crecimiento que hubo, y mientras tanto ella se distanció de los trabajadores. Con respeto por la juventud, con los patios de la Casa Rosada no alcanza. Pero aun así, era un modelo nacional y popular. Hoy es un gobierno de empresas. Y cuando gobierna el mercado, se perjudican los  vulnerables”.

Sostiene Plaini: “Con Kirchner era otra cosa. Los primeros años de Cristina fueron muy buenos. Pero desde 2011 se cortó el diálogo con el movimiento obrero y empezó la división que llegó a la CGT y a la CTA. Nos acusaron de ser hasta saqueadores, y el gobierno se apoyó en la burguesía nacional que fue la primera que lo traicionó. Lo de siempre: el poder económico mama la teta del Estado. Si no puede, vende sus empresas. Y  si no, van a la timba del dólar. Especulan a favor de ellos y los platos rotos los pagamos nosotros”.

Resultado: “No hubo reforma tributaria, no se tocaron las leyes de entidades financieras ni de inversiones extranjeras, se agudizó la asimetría salarial, aumentó la concentración económica. Y el impuesto a las ganancias se lo cobraron a los trabajadores, no a las corporaciones. Esas peleas las tenés que dar con el movimiento obrero. No sé si no se pudo o no se quiso. Y ahora peor, se le está dando más poder a sectores concentrados y agroexportadores, hay una fenomenal transferencia de recursos y se va a agrandar el déficit fiscal con deuda rompiendo algo bueno de lo anterior: el desendeudamiento”.

SIVENDIA está en la CGT de Moyano. “Él construyó un gremio poderoso como Camioneros, con apoyo de sus bases, y ejerce ese poder. Políticamente se le pueden discutir sus actitudes”. ¿Y que tenga empresas? “Nunca hablé con él de ese tema. Pero si 149 trasnacionales manejan el 50% de la riqueza del mundo, en un proceso de concentración global, no me quedaría discutiendo sobre dirigentes. No somos la causa del problema”.

Plaini comenta que Clarín no sólo está quedándose con distribuidoras de diarios, sino que deglutirá a Editorial Atlántida, y que avanza sobre la desregulación del sector (que los diarios se vendan en cualquier lado), lo cual amenaza aún más a los canillitas, que no son comerciantes sino trabajadores. “Es el síntoma de una cartelización. Como contrapartida general, veo que hay más de 3.200 organizaciones sindicales de base, muchísima gente joven incluso en nuestro gremio, dispuesta a defender lo suyo. Creo que se ha enriquecido el movimiento sindical y que cada vez menos un consejo directivo o un dirigente va a poder hacer las cosas sin tener que dar explicaciones a sus bases. Lo que no podemos aceptar es que la concentración avance sobre los laburantes”.

Rubios & morochos

Roberto Pianelli, Beto, secretario general del gremio de subterráneos y premetro, confiesa que lo bajoneó el triunfo de Cambiemos, y que sufre la grieta en su propia familia. “Mi mamá hace 10 años no podía pagar las expensas ni podía jubilarse porque le faltaban años de aportes. Se jubiló gracias al kirchnerismo. Es peronista. Pudo viajar a Cuba, por ejemplo. Pero se pasa el día mirando TN y odia a Cristina. La odddiaaaa. Entonces, ¿cómo es la cosa? Creo Cristina puso la vara muy alta, y que mucha gente la odia por mina”.

Más allá del gremio de hijos azorados, Beto percibe una amenaza a todo lo sindical. “Hay que unirlo todo. Desde el PO hasta Moyano”.

Realidad: “Hasta ahora, ni siquiera entre las dos CTA podemos discutir todo esto”.

Paritarias: “Sólo por sentarte a hablar, el piso era la inflación del año anterior. El Estado te lo garantizaba. Eso se acabó. Se viene una redistribución de la riqueza al revés: regresiva, contra los trabajadores. Pero resulta que no funciona lo que decía Lanata, que la gente aceptaría ganar un 10% menos. Parece que la gente se enoja, hace lío, y hay que cagarlos a palos. Y tenés una cadena nacional mediática donde las 24 horas te dicen: coma caca”.

Aclara: “Macri va a servir mientras pueda aplicar la política de los grupos de poder. Si no le dirán: chau papá. Y si el rubio no sirve, pondrán al morocho que aplique el plan. Nada nuevo”.

Cree que hay que discutir el enriquecimiento de ciertos gremialistas: “No porque sean millonarios. Pero si gana lo mismo que yo, y yo no tengo un mango, ¿él de dónde la sacó? El problema es que se vive ese enriquecimiento como algo normal, pero es un choreo”. Calcula que en estos años hubo 5 millones de nuevos obreros, que los sindicatos se inflaron, ganaron más. “Pero esa gente no entró en la vida sindical. ¿Para qué comprarse un problema? Eso tiene que cambiar”. Dice que ha ido perdiendo la capacidad de soñar: “Pero hay que pensar una nueva hegemonía sindical, innovadora, que rompa las concesones de la burocracia más empresarial… eso será un sueño”.

¿Cómo imagina esa unidad sindical de la que habla? “Uno: paritarias libres y aumento de los planes sociales y jubilaciones. Dos: parar los despidos. Tres: no a la represión. Cualquier acción por esos tres puntos es buena. Vamos a tener conflictividad gremial, y también entre los gremios. Como siempre, habrá que ver si ganan los malos o los buenos. Y habrá que ganar, porque nadie va con los que pierden”. 

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La guerra más cercana

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Entrevista al escritor que mejor describió la violencia que arrasa a México, Sergio González Rodríguez, fallecido el 3 de abril de este año. Por el periodista español Ciudad de Iguala, Estado de Guerrero, México, noche del 26 de septiembre de 2014: decenas de estudiantes son atacados por policías y criminales. Sucede entonces una de las masacres más terribles de la historia reciente del país. Los jóvenes son secuestrados y sufren torturas antes de ser asesinados. Los cuerpos al día de hoy siguen sin encontrarse. El Estado atribuye la autoría a “bandas criminales”. Las familias de los 43 estudiantes desaparecidos se niegan a aceptar la versión oficial de los hechos y en todo México se disparan las movilizaciones bajo las consignas de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” y “Fue el Estado”.

Unos meses antes, de visita en Ciudad de México, le comenté a una amiga lo perdido que estaba en la desmesurada realidad mexicana, mi incapacidad para entender casi nada de lo que sucedía, sobre todo esa “extraña guerra” en la que se vive allá y que se ha cobrado en torno a 100.000 muertes entre 2007 y 2012: la llamada “guerra contra el narcotráfico”. Mi amiga me dijo: “Tienes que conocer a Sergio para saber dónde estás”. Se refería a Sergio González Rodríguez, periodista y escritor mexicano, uno de los primeros que se acercó e intentó echar algo de luz sobre los feminicidios de Ciudad Juárez. Es célebre su libro Huesos en el desierto, en el que conjuga el reportaje, la crónica y el ensayo para intentar desentrañar la naturaleza de los asesinatos de Juárez. Luego vinieron El hombre sin cabeza y Campo de guerra, ensayos sobre la violencia contemporánea que encuentra en México un laboratorio avanzado y terrible.

En esa comida que compartimos, tuve que ponerme en el lado derecho de Sergio porque no podía oír con el oído izquierdo desde que fue golpeado por unos desconocidos casi hasta la muerte en el barrio chilango de la Condesa. “Pero estoy vivo”, decía. Su capacidad de percepción no ha disminuido en absoluto y así lo prueba Los 43 de Iguala, el libro que acaba de publicar dedicado a analizar el caso de los estudiantes de la aldea de Ayotzinapa desaparecidos.

Hablando de México, del capitalismo salvaje, de la confusión entre el poder político, económico y criminal, del desmantelamiento del concepto de soberanía, de la militarización y paramilitarización del país, de la ilegalidad como negocio, de la sociedad fragmentada y del recurso a la excepción como forma de gobierno, Sergio no se refiere en absoluto a una anomalía o una realidad aparte, sino que nos describe las tendencias mayores que configuran a día de hoy el futuro de todos.

El Estado a-legal

-En Los 43 de Iguala dices: “Debo hablar de lo que nadie quiere hablar”. ¿Por qué el silencio?

-Cada vez más, las sociedades actuales tienden a silenciar los actos de abusos en todo sentido, los estados de excepción, la barbarie, el terror, el riesgo y la vulneración de los derechos, libertades y dignidad de las personas. El silencio al que aludo tiende a establecer nuevas líneas de coexistencia en todas partes donde la polarización y las tensiones sociales establecen una dinámica de adhesión versus rechazo tajante de una u otra causa, y la reflexión racional deja de ser importante para ser reemplazada por la simple emotividad de “buenos contra malos”. Las movilizaciones posteriores a la masacre de Ayotzinapa señalaron “Fue el Estado”. ¿Cuál es tu interpretación del papel del Estado en la masacre? Con la información disponible a la fecha, postulo que el Estado mexicano es presunto responsable de delitos de lesa humanidad por omisión en aquella noche. La participación activa de policías y militares debe ser indagada, desde luego. Tanto el gobierno local, como el estatal y el municipal, tienen responsabilidad al respecto y la investigación debe precisar los detalles de por medio. Asimismo, estoy convencido de que el gobierno de Estados Unidos también es corresponsable, por mantener dos mercados de alto impacto a partir de México y, en especial, en Guerrero: el de las drogas y el de las armas. Rechazo por completo la versión del gobierno acerca de que lo que sucedió en Iguala fue un mero asunto de drogas y criminalidad. En mi libro me permito analizar lo político y lo geopolítico que surge de aquellos hechos.

-La figura de Abarca, el ex-alcalde de Iguala, me parece muy llamativa porque condensa la fusión y confusión de poder político, económico y criminal que a tu juicio está devastando el país. ¿Podrías hablarme de esa figura y de esa conexión y entrelazamiento entre esos distintos poderes en México?

-La figura de tal individuo, su esposa y la trama de corrupción que de él se ostenta, entrega otro episodio más, ya no sólo de la corrupción mexicana, sino de procedimientos perversos de ejercer la política. Por ejemplo, emplear a criminales en tareas policiales, obtener el apoyo de fuerzas políticas, económicas y partidarias a pesar de tener pésimos antecedentes, reemplazar la legalidad a través de componendas de alto nivel, simular un respeto a la ley, funcionar, en suma, por dis-funcionalidades. Es lo que llamo un Estado a-legal. Son procedimientos estructurados que unen lo legal y lo ilegal.

Democracia formal

-En  otro de tus libros utilizas el concepto de An-Estado, ¿de qué se trata? ¿Cómo funciona el An-Estado en México? 

-El An-Estado es un Estado a-legal, como el mexicano, pero esto no es privativo de México. Funciona por sus dis-funcionalidades. Está fuera y contra -eso significa el prefijo “a”- de la legalidad y simula respetar la ley. En otras palabras, no sólo cumple fórmulas de excepción o ruptura de normas, sino que las incluye y las llega a invertir. Por ejemplo, sus nexos con el crimen organizado, que puede ser un instrumento de gobernabilidad o de apoyo, mediante aportaciones financieras, dentro del orden constituido. En este tipo de Estado, el gobierno puede ser reemplazado por prácticas comunicativas de control de daños, propaganda y campañas de contra-información en lugar de atender problemas concretos. En un An-Estado la democracia es formal, no sustancial, y se reproduce a partir de una clase política cada vez más ajena a la sociedad.

-México es un “campo de guerra”, dices, ¿podrías explicarnos este concepto y la realidad que nombra?

-México es un campo de guerra desde que el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa decidió desatar, bajo el patrocinio de Estados Unidos, una guerra contra el narcotráfico (2007-2012) y las fuerzas armadas del país fueron entregadas a tareas de gendarmería. Hay localidades, zonas, trayectos tomados, en forma temporal o continua, por el crimen organizado; el país mantiene un índice de impunidad de todos y cada uno de los delitos que se cometen del 98 al 99 por ciento, por lo que los ciudadanos son víctimas reales o potenciales de los abusos de las fuerzas armadas, las policías, el crimen organizado o el delito común. Estados Unidos es co-responsable de la degradación institucional en México, pues el estado de guerra descrito es producto directo del Acuerdo para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN 2005). La soberanía del país fue entregada a los intereses estadounidenses.

Revolución de las mentes

-¿Dónde colocas tus esperanzas en este momento en México?

-En el conocimiento, la información, la reflexión, la claridad, en una revolución de las mentes que pueda sentar las bases prácticas para dejar atrás las imposiciones del sistema de mundo actual. Hay que re-pensar en forma integral la realidad y proponer nuevos entendimientos al respecto. En cuanto a las dem
andas específicas de las familias de las víctimas, su cumplimiento sería alentador. El petitorio de ocho puntos planteado por las familias al gobierno de Enrique Peña Nieto debe ser aceptado. Y habrá que evitar que el gobierno postergue la investigación judicial debida para favorecer acciones supletorias de tipo burocrático o comunicativo.

Mi impresión leyéndote, Sergio, es que describes un mundo cada vez más fragmentado donde “todo son bandas”, incluido el Estado, incluida la izquierda en muchos casos. Es la caída del Estado de Derecho. Hay opciones políticas, como el EZLN, que parecen olvidarse de esa “misión imposible” y dedican sus esfuerzos a construir espacios de justicia, solidaridad y autonomía. ¿Se trataría entonces, a tu juicio, de restablecer el Estado de Derecho o de constituirse en él como fuerza asimétrica emancipadora?

-La fragmentación señalada atañe a ciertas partes del país; en otras se mantiene cierta inercia de unidad a través del clientelismo partidario-electoral, a través de sindicatos como el de los maestros (que incluye grandes porciones disidentes), a través del impacto colectivo de los medios masivos de comunicación, a través de buena parte de la población que trabaja y mantiene un respeto parcial, pero concreto a la ley y a la convivencia. El Estado de derecho debe restablecerse porque, de otro modo, las instituciones se degradarán más cada día. La aceleración de la decadencia actual sólo reafirmará al poder constituido. El surgimiento de un contra-poder asimétrico que defienda de verdad valores de igualdad, justicia y solidaridad resulta deseable, pero en el entendimiento actual de las cosas políticas en México es una posibilidad difícil de ser realizada en el corto plazo: la izquierda ofrece más dichos que hechos en tal sentido.

-¿Qué propones en concreto para ese restablecimiento del Estado de Derecho?

-Desde tiempo atrás he sugerido:

  1. Retirar al ejército y a la marina de su función de gendarmería de la seguridad pública, al mismo tiempo que se fortalezcan y renueven los cuerpos policiales;
  2. Controlar el flujo y la posesión de armas ilícitas en el país, y desarmar a los grupos criminales;
  3. Establecer un plan de desarrollo para las localidades con los mayores índices de violencia con el fin de reducir la pobreza, la desigualdad, la violencia y los delitos, y regularizar servicios eficaces de salud, empleo, vivienda, transporte, educación, cultura, etcétera.
  4. Se requiere más inversión productiva, y menos gasto en armas. Por desgracia, el gobierno actual ha gastado en tres años 3.500 millones de dólares en armamento, todo para satisfacer los protocolos del ASPAN y la “seguridad nacional” de Estados Unidos.

Como muestro en mis libros, basta ahondar en el examen de los hechos para descubrir su evidencia ofensiva, su claridad perversa. Y si bien en un primer momento podemos confundirnos sobre el verdadero estatuto del policía que es un criminal, o viceversa, el mecanismo que lo posibilita puede ser desarmado por la observación, la denuncia, la insistencia política, la crítica.

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