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Adiós a Pablo Levin: la economía, Kicillof, Baremboim, el Quijote, y la batalla contra los reducidores de cabezas

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La nota “Marxismo Levinismo”, la teoría sobre los jíbaros, y otros laberintos de un hombre generoso y talentoso.   

Fue titular de Historia del Pensamiento Económico y de Economía Marxista en la Facultad de Ciencias Económicas, en la que además fue Profesor Consulto. Pablo Levin fue un maestro querido por sus alumnos, le gustaba salir del molde y armar grupos de reflexión “en las catacumbas”, o convocar a estudiantes (y periodistas) a caminatas o “camicharlas” por la Reserva Ecológica para discutir y reflexionar en movimiento sobre la política, la economía, y el futuro.

Programó en su momento un curso en MU: “Teoría de la Planificación Obrera (TPO)-Para personas no obcecadas, dispuestas a reflexionar sobre las perspectivas de la humanidad”. Asesoró durante un tiempo a los obreros de FaSinPat (Fábrica Sin Patrón, de Neuquén) cuando se hicieron cargo de la empresa de cerámicos Zanon.  

Aquí publicamos la última de las notas a Pablo realizadas para MU. Antes, un recuerdo no publicado. Ante la pregunta sobre qué cosas rescataba de lo que veía alrededor nos contó algo que tal vez sea una enseñanza sobre qué significa ser maestro: “El campo es bastante desolador. Pero si me preguntás qué veo alrededor que me gusta, yo te nombraría cosas que no tienen mucho que ver con lo que estamos hablando. Me emocionó mucho ver una clase de música que estaba dando Daniel Baremboim. Me pareció una cosa maravillosa y tiene vigencia siempre. Me impactó la creación viva de música. Algo que es justamente lo que falta, por ejemplo, en la izquierda. No un maestro que se pone a prescribir la forma en que hay que sentarse y poner los dedos, ni agarra una vara para pegarle en las manos al alumno. Ni está con el manual de cómo interpretar la partitura. Sino que está junto con el estudiante, no alumno sino estudiante, haciendo música. Eso es lo que no hay, como actitud, y eso es lo que tendría que haber. Pero no me hago demasiadas ilusiones”.

Esta nota publicada en MU 73, en febrero de 2014, sirve para comprender el contexto de muchas de las cosas que pensaba Pablo, que podía combinar su percepción de la sociedad rumbo a un desastre anunciado, con hacerse algunas ilusiones sobre el futuro. Una nota que en muchos sentidos anticipa lo que ocurrió después y lo que ocurre hoy, siempre que quiera leérsela en presente sin quedar a merced de los jíbaros.    

Marxisimo Levinismo

Adiós a Pablo Levin: la economía, Kicillof, Baremboim, el Quijote, y la batalla contra los reducidores de cabezas
Foto: Lina M. Etchesuri

Pablo Levin, experto en economía marxista, resume el panorama actual con una ironía: «Estamos como si pusiéramos a Don Quijote en medio del tránsito porteño». ¿Qué hacer? por Sergio Ciancaglini

La Facultad de Ciencias Económicas linda con lo que fue la Morgue Judicial. Por eso, en uno de sus patios, se eleva una enorme chimenea que solía humear difuntos, que se bordea a través de una pasarela de unos 8 metros de altura, como un laberinto aéreo, para llegar al CEPLAD, Centro de Estudios para la Planificación del Desarrollo.    

El director es Pablo Levin, y como subdirector figura Axel Kicillof, según el no muy actualizado sitio web: Kicillof, en realidad, está de licencia sin goce de sueldo. Fue, además, ayudante de cátedra de Levin, pero hoy es ministro de Economía, y Levin sigue siendo titular de Historia del Pensamiento Económico y de Economía Marxista. Estos antecedentes encendieron la alarma de los opinadores que decretan que Kicillof es “marxista”, aunque diga que no: tal vez cree que sabe más de sí mismo que los columnistas y panelistas mediáticos.

¿Qué es lo que piensa alguien que sí puede ser considerado “marxista” (aunque la considera una teoría inacabada) que además fue premio nacional de Economía, es Profesor Consulto (distinción otorgada por el Consejo Superior de la UBA), y uno de los más respetados y acaso polémicos teóricos de estos laberintos?

Levin acepta la charla a condición de no hablar de Kicillof: “No quiero poner ninguna piedra en el camino. Discutir qué hace un ministro en este gobierno, en este Estado, es entregarse a conjeturas absolutamente estériles. Hará un poco más o menos, pero nada importante”. Dice que el panorama es inédito, y que estamos como si pusiéramos a Don Quijote en medio del tránsito porteño: “No entendería lo que ocurre a su alrededor. Sus patrones interpretativos no le servirían. Este momento exige desprenderse de formas arcaicas de interpretar la realidad. Entonces, ¿qué puedo decir de una tripulación que, de pronto, se ve al mando de un buque fantasma que anda sin timón, a la deriva, tengan o no ellos la habilidad o la intención de orientarlo a un puerto? ¿Para qué están ahí?”

Ni x 4

Se supone que están para que el barco de la economía no se hunda y vaya a alguna parte, le digo. Levin me observa como a un personaje del siglo 17. “Algo que hay que entender es que hasta Marx cayó en la ficción de creer que la economía está en la sociedad civil, y el Estado está afuera, como un ente que interviene cuando hay perturbaciones. Lo mismo se piensa del poder político: que está fuera de la sociedad civil. Por un lado quedaría la República, con la idea de soberanía del Estado. Por el otro, la sociedad, el interés privado. Pero todo ese modo de ver las cosas revienta para siempre ya a fines del siglo 19”.

La situación actual: “Lo que está ocurriendo es el agotamiento del poder civilizatorio y progresista del capitalismo. No puede concretar sus promesas: ni libertad, ni igualdad, ni fraternidad, ni progreso. Ya es muy claro que vamos en dirección contraria, rumbo a un desastre anunciado”.

¿Qué rol ocupan entonces el Estado, o sus funcionarios? “En el mundo algunos Estados poseen algo de soberanía, pero otros son sólo una falsa puesta en escena de la política. No es ahí donde está el poder ni donde se juega el gobierno de la sociedad. Los funcionarios son cada vez menos relevantes. Lo quieran o no, son agentes o gerentes del capital potenciado (las grandes trasnacionales). Pero el Estado ya no es, como decía Marx, el directorio común de la clase burguesa sino al contrario: una oficina totalmente al servicio del cogollo más fuerte de las empresas capitalistas”.

Pero hay gobiernos que intentan cambiar eso para lograr mejor distribución e inclusión.

Fijate a dónde va la política de inclusión, cuál es su alcance. Lo que se logra, en realidad, es un cierto período de estabilidad social y de impunidad para los negocios no visibles de ciertos estratos del capital. La ilusión de un Estado Benefactor tiene patas cortas.

¿Por qué?

Porque no puede financiarse. Hasta Chávez, Morales, Correa, todos tienen un período de felicidad con una política de estímulo al consumo populista, extrañamente semejante a la que hubo acá con Menem y Cavallo. Años de vida fácil y destrucción del aparato productivo.

Pero el neoliberalismo fue la destrucción explícita del aparato productivo, que ahora, se supone, se trata de revertir.

No es así. Primero, lo de neoliberalismo es una estratagema ideológica que usan los que se inventan la doctrina opuesta para decir que ellos son los buenos, y los otros los malos. Y lo que han generado aquí es una expectativa de inclusión en la supervivencia, con principios irrenunciables como el subsidio a la maternidad. Pero no hacen ni el más mínimo amago hacia el servicio de salud universal, por ejemplo. Al revés: proliferan los negocios desastrosos y reaccionarios que han corrompido a la medicina. No hay control sobre los productos en el mercado, incluso alimentos y medicamentos, y tampoco sobre los efectos destructivos que tienen las técnicas de cultivo, que abusivamente se extendieron por todo el país destruyendo la trama productiva que lo ponía en un lugar de privilegio. Pero el tema excede a un gobierno o a otro, porque los que se consideran mandatarios no tienen mandato. Y sin mandato, la democracia es un camelo. El mandatario cree que tiene derecho a gobernar y hacer lo que quiera hasta cierta fecha. Es una tergiversación de la democracia. Pero lo que yo digo es todavía peor: el problema no es el gobierno, es el Estado.

Reducidores de cabezas

Para Levin la economía sufre un atraso en las inversiones de reposición: “Si andás en tu auto sin cambiarle las gomas, te sale barato, pero vas a tener un reventón. Te comés tu capital. Y eso ocurre con las inversiones de reposición urbana, ferroviaria, hospitales y en toda la economía cada vez más obsoleta”. Cuestiona el crecimiento sin desarrollo (sin cambios estructurales): “Es como congratularse porque un feto pesa 80 kilos. Ese crecimiento en lo social alivia algunos problemas, se reparten unos planes o trabajos precarios que siempre son mejores que el horror de la desocupación, pero no transforma la realidad. Y estás ante un ser espantoso”.

Frente a este panorama, Levin no percibe un aporte de la enseñanza universitaria ni de la economía política en particular, que le evocan a los legendarios chamanes jíbaros, artesanos de la reducción de cabezas: los tsantsa, que pueden verse en ciertos museos, siempre con los labios cosidos.

El escenario actual presenta a oficialismo y oposición en choque permanente: “Son enfrentamientos reales, pero opciones falsas y no relevantes. Decime además si hay una sola institución importante que sea lo que se supone que es: ¿justicia, medicina, educación? Todas parecen un poco lo que dicen ser, pero sólo para mantener la ficción”.

¿Y la izquierda? Levin considera que la ideología es una sola, un monocultivo, y que izquierda y derecha son los dos filos de la misma tijera funcionales ambos al sistema. “Lo que uno ve en lo que se llama izquierda es bastante desolador”. Cree que hay un drama en lo que llama “peticionismo”: “Exigirle al Estado cosas está muy bien, permite que exista la dignidad, pero limitarse a eso es patético. Hay que tener un Plan B: la creación de las propias herramientas y conocimientos para cambiar el futuro, y no quedarse en el peticionismo”.

Imagina que el cambio social lo producirá la clase trabajadora, hoy integrada por casi toda la población del planeta, cuando sea capaz de apropiarse de las herramientas de la producción, mediante lo que llama planificación obrera, creando nuevas relaciones sociales e instituciones que son el germen de un futuro Estado. Piensa en una democracia que sea con mandato vinculante, revocable, concreto, con participación de los mandantes, y favorecida por la informática.

Es una teoría complejísima y discutible, jibarizada en esta somera descripción, como suele suceder en el periodismo. “Para el futuro no hay modelo. Los nuevos proyectos e ideas toman lo que se sabe, pero deben ser capaces de crear algo completamente distinto. Las doctrinas son teorías momificadas. Lo que se necesita es lo poiético, que es una palabra afín a la poesía: a la creación”.

Pese a que piensa que la supervivencia de la especie humana está en riesgo, transmite confianza. “Hay capacidad, hay teoría que desarrollar, y estoy seguro de que una democracia genuina puede construir civilización. La cuestión es: la democracia planifica a la producción, o los capitalistas eliminan la democracia y quedan dueños de la administración de los recursos y los destinos de la sociedad”.

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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