Nota
Brukman, seis años después: ¿Se creen que pueden manejar la fábrica?
Esa fue la frase de Jacobo Brukman. Mientras estallaba el 19 y 20 de diciembre de 2001 en las calles de Buenos Aires, en la textil Brukman un grupo de costureras se rebelaba ante esa patronal que no les pagaba ni el colectivo para volver a casa. La empresa fue un símbolo para la izquierda, durante un tiempo. Hubo una represión brutal, y hoy siguen trabajando sin patrón. Matilde y Celia representan dos miradas diferentes dentro de la cooperativa. Aquí ambas hablan del pasado, y del presente.
“Parece mentira todo lo que vino después. Sólo queríamos que nos pagaran los salarios”, coinciden Matilde Adorno y Celia Martínez, dos de las 52 costureras que el 18 de diciembre de 2001, un día antes de que la Argentina estallara, se plantaron frente a los gerentes de Brukman y les dijeron que no abandonarían la planta textil de Once hasta que no les abonaran los sueldos adeudados. Sin saberlo, se habían adelantado en 24 horas a la vigorosa revuelta popular que reclamaba “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”.
Lo que a Matilde y a Celia les parece mentira es que aquella fábrica ahora les pertenezca por ley y que sea gestionada por ellas y sus compañeros. También les parece mentira que en los tiempos de baja temporada retiren unos 300 pesos semanales cuando aquella jornada inolvidable se hubieran conformado con recibir lo suficiente como para abonar el boleto de colectivo que las devolviera a sus domicilios. Además, les resulta difícil de creer que hoy ya son 68 trabajadores, 16 más que los que había aquel tórrido diciembre. Y mucho más increíble resulta ver que en la tira Casi Ángeles, de Telefé, aparece el logo de la Cooperativa de Trabajo 18 de Diciembre, ex Brukman. “Le prestamos la ropa a los actores y a cambio nos hacen propaganda”, explica Adorno que ahora se dedica a las ventas y a las relaciones públicas después de que sus cervicales le impidieran continuar en su máquina costurera.
Cuando el corpiño es un cofre
Cuenta la historia que aquel martes de 2001, los trabajadores se plantaron ante los dueños y gerentes y les dijeron que no se iban a ir hasta que no les dieran el dinero adeudado. Jacobo Brukman, el propietario, los trató con prepotencia: “Qué se creen, si ustedes piensan que manejan la fábrica mejor que nosotros, aquí tienen la llave”, les dijo y agitó su llavero que de inmediato fue a parar a su bolsillo. Seguramente, hoy Brukman tampoco pueda creer el valor premonitorio de aquellas palabras.
Veintitrés trabajadores se quedaron aquella noche esperando a los gerentes que nunca aparecieron. “El primer día nos la pasamos mirando de aquí para allá”, recuerda Matilde. Mientras tanto estallaba el país. “A la segunda noche nos llamó el abogado y nos dijo que había Estado de Sitio. Recomendó que sacáramos las banderas que habíamos puesto, que decían: Queremos cobrar. Casi nos morimos de susto, muchos compañeros se empezaron a ir. Pero Juanita, otra costurera, dijo: De acá no se mueve más nadie. Y se puso las llaves acá” dice Matilde, como indicando el corpiño.
Las costureras de Brukman no sabían qué pasaba en Buenos Aires. No tenían ni televisión ni radio. Mejor dicho, había en los despachos gerenciales, pero ellas no querían tocar nada porque guardaban la esperanza de que aparecieran los dueños. “Yo era la que cerraba todas las puertas para que nadie tocara, ¿cómo íbamos a pensar que no iban a volver más?”, señala Celia.
Ruido a cacerolas
De pronto, comenzaron a escuchar mucho ruido a la hora de la cena. Pensaban que era la gendarmería que iba por ellas. Tardaron bastante tiempo en descubrir que se trataba del tañir de las cacerolas. “Juanita nos decía que el Estado de Sitio era para los que estaban haciendo quilombo, no para nosotros”, recuerda Matilde. Cuando Fernando de la Rúa renunció a la presidencia, los obreros de Brukman comían un guiso de arroz, cocinado con los ingredientes que donaron los vecinos de la fábrica.
La textil Brukman rápidamente se convirtió en un símbolo de la Argentina del 19 y 20 de diciembre. Despertó la solidaridad de las asambleas barriales que surgieron por entonces, también de los movimientos piqueteros, estudiantiles y de los partidos de izquierda. Pronto se transformó en una especie de Meca para militantes e investigadores. “Cuando tomamos la fábrica a mi me decían `izquierda` y para mí era un solo partido. No tenía ni idea de que había tantos. Cuando se empezaron a acercar a la fábrica y me tironeaban de uno y otro para llenarme la oreja me quería matar”, recuerda Matilde.
La otra mirada. “Ya el primer día llegaron los partidos, pero para mí la izquierda no significaba nada. Yo venía de Claypole, un barrio muy peronista. Con mi marido siempre votábamos PJ, pero no hacíamos nada de política. Pero ahora miro las cosas de otra manera, tanto social como políticamente”, dice Celia que se integró a las huestes del trotskismo, donde llegó a ser candidata a diputada por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Este 20 de diciembre Celia sale rápido de Brukman. Va hacia Congreso a marchar junto a los trabajadores de Zanón, la fábrica de cerámica recuperada en Neuquén. Los acompañará a entregar un proyecto de ley de expropiación definitiva para todas las fábricas autogestionadas por sus trabajadores elaborado por los neuquinos.
Bermudas e igualitarismo
Un mes después de que los trabajadores se instalaran en la fábrica aparecieron representantes de la firma Port Said pidió que le entregaran en carácter de urgente una tanda de bermudas: era plena temporada y las precisaban. “Decidimos entregarle la mercadería y nos pagó. Con eso pagamos la luz, el gas, el teléfono para que no nos cortaran los servicios y lo que sobró lo repartimos entre todos en partes iguales”, rememora Matilde. Así –dice- comenzó la autogestión obrera, sin patrón, sin gerentes.
“Todavía vienen muchos a preguntar por nuestra historia. Y siguen viniendo de distintas fábricas para ver cómo lo hicimos. Siempre les digo que hay que tener fe y confianza de que se puede. Aunque reconozco que decirlo ahora es fácil, no siempre pensaba lo mismo mientras estábamos en la carpa”, admite Matilde.
Las costureras que rompieron las vallas
La carpa llegó después del tercer desalojo. En los dos primeros lograron reingresar rápidamente. Pero en el tercero, el del 18 de abril de 2003, no. Cuando las costureras intentaron volver a entrar, apoyadas por miles de manifestantes que se congregaron en plena Semana Santa, fueron ferozmente reprimidas: gases lacrimógenos, balas de goma, carros hidrantes, palazos por doquier. Así lo recuerda Celia, que aquel día se encontraba en la primera línea de la manifestación, valla por medio con el cordón policial. El relato merece estar en los futuros libros de historia:
“Ese día estábamos negociando con la Defensora del Pueblo. Le pedíamos, por favor, a Chiche Duhalde que estaba en campaña que viniera a apoyarnos como mujer, que nos ayudara. También hablábamos con la ministra de Trabajo, Graciela Caamaño. Yo les explicaba que en ningún momento nos íbamos a ir de al lado de las rejas. En un momento las chicas me dijeron: ´Entremos, entremos`. Yo les decía que esperáramos, que estábamos negociando con la ministra. Pero después ya no había argumentos. Encima, el jefe de policía nos decía que no íbamos a entrar, que no podíamos pasar ni para discutir. Eso generó bronca, impotencia. Estaba muy presionada. Detrás de mí estaban todas las compañeras de la fábrica. Porque habíamos dicho que si alguien iba a caer, las primeras íbamos a ser nosotras. Yo estaba agarrada de las vallas y me gritaban: ‘Entremos, entremos’. Me di vuelta, con bronca, las miré, les pregunté si en serio querían entrar. Me contestaron que sí, me di vuelta y empujé la valla. Me agarré de tres compañeras que se adelantaron y avanzamos. Fue un momento de bronca, una chispa. Cuando cayeron las vallas vi a la policía levantar los fusiles y apuntar. Enseguida empiezan a tirar. Pensé: ´Acá nos matan´. Con las chicas corrimos a un rincón, nos acurracamos en el frente de el laboratorio de al lado. No podía dejar de pensar que estábamos tan cerca y que, sin embargo, no podíamos llegar. La gente corría y corría. De pronto me acordé que mis dos hijas estaban ahí, me aterrorizó la idea de haberlas perdido”.
Hoy
Tras aquella represión las trabajadoras decidieron acampar en una carpa instalada a 50 metros de la planta. Enseguida llegó el invierno, el frío y la lluvia. Muchas costureras se dejaron vencer por el desánimo y las necesidades. Pura lógica. Poco a poco esa carpa comenzó a vaciarse.
Las obreras apenas sobrevivían con el fondo de huelga que recolectaban en universidades o en diversos eventos, como la Semana Cultural, organizada en torno a la carpa. “De ahí salió un trabajo de 2.000 pañuelitos para una organización antiglobalización inglesa para una manifestación contra el G-8, en México”, señala Celia.
Mientras tanto, los partidos de izquierda –que exigían la estatización de la fábrica con control obrero- comenzaron a disputarse la conducción del conflicto. A medida que el tiempo pasaba y las soluciones no llegaban algunas trabajadoras comenzaron a buscar otras salidas. Se acercaron al Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas y empezaron a analizar la posibilidad de conformar una cooperativa. La lucha comenzó a transitar más por los pasillos de tribunales. Brukman fue declarado en quiebra y en octubre de 2003 la Legislatura aprobó una expropiación transitoria que después se transformó en definitiva. Ahora falta que el Gobierno de la Ciudad desembolse la indemnización correspondiente a los acreedores de la quiebra. “Ahora que asumió Macri no sabemos qué va a pasar –dice preocupada Celia-. Por lo menos, dentro del presupuesto de 2008, hay 8 millones destinados a fábricas recuperadas, aunque no sabemos bien cómo se van a aplicar”.
Al margen de esas coyunturas, la pregunta que un patrón agitó en la cara de las obreras hace seis años, ha quedado largamente respondida.
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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