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Del piquete a la Rosada: el MTD con Kirchner

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Dieciocho representantes de los MTD nucleados en la coordinadora Aníbal Verón se reunieron con el Presidente y varios de sus ministros entre el jueves y viernes pasado. Los detalles de esas reuniones revelan cuál es el palo en la rueda para que los planes de gobierno se transformen en hechos. Los piqueteros hablaron de la justicia, el asistencialismo y las empresas privatizadas. Y escucharon a Kirchner enunciar sus intenciones: desde un intercambio comercial con Venezuela para bajar los precios internos de los combustibles hasta la formación de una comisión que investigue la Masacre de Puente Avellaneda. “Caiga quien caiga, el que cometió un delito y violó la ley va a ir preso”, prometió. En principio y por primera vez, un gobierno reconoció a estos movimientos como lo que son: formas organizadas que posibilitan que los recursos del Estado lleguen, por fin, a la gente.

Alberto Spagnolo, sacerdote suspendido, 38 años, uno de los inspiradores del Movimiento de Trabajadores Desocupados de Solano, es -según los diarios- un “piquetero duro”.

Él arquea las cejas con cierta resignación y asegura que “siempre tuvimos la intención de llevar las cosas bien, en buenos términos”. Y agrega: “Nosotros no matamos a nadie. Nunca. No tenemos vocación de asesinos. La policía ha matado. La palabra dureza les corresponde a ellos”.

Pero Alberto y otros 17 integrantes de diversos MTD reunidos en la coordinadora Aníbal Verón fueron esos “piqueteros duros” que el jueves 19 de junio caminaron levemente impresionados sobre las alfombras que adornan los pasillos pomposos de la Casa Rosada, para reunirse alrededor de una mesa ovalada con el presidente de la Nación, Néstor Kirchner y varios de sus ministros (Interior, Salud, Planificación, Trabajo y el secretario General de la Presidencia).

La reunión duró más de dos horas, y dejó un saldo de diversas novedades y noticias:

  • El Presidente aseguró que creará una comisión investigadora de los asesinatos y la represión del 26 de junio de 2002, que incluirá al MTD y a organismos de derechos humanos. Dijo: “Caiga quien caiga, sea quien sea, el que cometió un delito y violó la ley va a ir preso. Va a tener que responder ante la justicia”.
  • Hablando del tema de las privatizadas y las tarifas, Kirchner comentó que se está estudiando un convenio de intercambio con Venezuela para abaratar aquí el precio de los combustibles. La Argentina enviaría alimentos a cambio de combustible, para poder así regular hacia abajo los precios internos.
  • Pese a la oposición inicial del ministro de Salud, Ginés González García -con quien tuvieron un encontronazo durante la reunión- se acordó que por primera vez el MTD será responsable de recibir y distribuir medicamentos para garantizar que lleguen a los destinatarios sin que se esfumen en manos de punteros políticos u otros cuentapropistas por el estilo. Hasta ahora todo se concentraba en los Centros de Salud.
  • Se agilizarán las normas para la conformación de cooperativas de trabajadores. Dijo Kirchner: “No puede ser que resulte más difícil armar una cooperativa que una sociedad anónima”. La medida entronca con la idea de que las cooperativas de trabajo y vivienda puedan hacerse cargo de parte de los planes de obras públicas destinados a una presunta reactivación de la economía, motorizando de paso fuentes autogestivas de trabajo y recursos.
  • Kirchner dijo además que las obras relacionadas con el Estado (arreglo de escuelas, hospitales, mantenimiento de diversas instalaciones) funcionarán como fuentes de trabajo para desocupados, y no para empresas intermediarias.

Alberto repasa esos ítems y dice: “Para nosotros fue positivo el reconocimiento como organizaciones sociales. Pero no vamos a andar a los besos y los abrazos. Queremos ver los hechos. Queremos trabajar, tenemos la mejor disposición, si las cosas se hacen. Puede haber anuncios muy hermosos, pero si no se traducen en la práctica, no son nada”.

El origen de esta reunión fue otro encuentro con el Presidente, hace unas semanas, en el que participaron el Bloque Piquetero, Polo Obrero, Barrios de Pie, y el MIJD, sigla creada por el polifacético Raúl Castells. Se suponía que ahí debía estar también el MTD, o una representación de la Coordinadora Aníbal Verón, pero tal cosa no ocurrió. Las otras agrupaciones dijeron que la Aníbal Verón estaba representada por el CTD, sigla que cobija al grupo Quebracho. “Nosotros ya no compartimos un espacio con ellos en la Verón” informa Alberto. Sin embargo, en aquella reunión con Kirchner, hubo cierta sobredosis de olvido y nadie aclaró que la Verón no estaba representada.

El malentendido (¿malentendido?) se solucionó unas semanas más tarde, a través de una comunicación con Héctor Metón, ex funcionario del ministerio de Trabajo bonaerense que parece lucir, según Spagnolo, una característica inesperada: “Siempre nos pareció un hombre con palabra, pese a que en la política está todo muy mal. Siempre que dijo ‘vamos a hacer esto’, se hacía, y velaba para que se cumpliera. Lo llamé y le pregunté qué estaba pasando -porque habíamos pedido una reunión- y me dijo que el gobierno ya daba como que nos habían recibido. Se aclaró la situación y al rato me llamó para decirme que el Presidente tenía la intención de sentarse a hablar con nosotros”.

Aquel ataque de olvido promovió para los MTD reunidos en la Aníbal Verón la posibilidad de tener una reunión individual, por así decir: en realidad no se trata de un movimiento único, sino de una coordinadora de 15 movimientos, cada uno de los cuales preserva su autonomía. Por eso fueron todos, salvo los representantes de Río Negro. El grupo sumó 18 personas, con doble participación de algunos MTD bonaerenses.

La Coordinadora había mantenido reuniones para definir los puntos de reivindicación que presentarían a Kirchner. Cada asamblea había designado a su representante. Solano determinó que Alberto fuese su vocero.

-¿Cuál era el clima en esas reuniones previas frente a algo inédito para ustedes, como sentarse a hablar con un presidente de la Nación?

-Hay signos que tienen que ver con el deseo profundo del pueblo argentino de que haya cambios. Cambios en la Justicia, en la manera de entender cómo se hace la política. Tenemos mucha prudencia en cuanto a no acelerarnos, porque esto está recién empezando. Los compañeros dicen: ‘somos personas, y si nos invitan a una mesa vamos a tener un diálogo siempre y cuando haya respeto, y se vean los resultados’. Los compañeros también decían: “no vamos a una negociación, no vamos a una tregua. Hay una expectativa y queremos trabajar. Pero no vamos a bajar la guardia’.

El jueves 19 Alberto Spagnolo pasó primero por la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, junto a unos documentalistas europeos de los que vienen a esa especie de imán del turismo político en que parece haberse convertido la Argentina. Unas cuantas rondas después, se habían ido congregando otros integrantes de la Aníbal Verón. Recibieron un llamado a un celular para que fueran acercándose por Rivadavia a la Casa de Gobierno. Un funcionario fue a esperarlos. Cruzaron la valla a mitad de la Plaza de Mayo que todavía mantiene a la Casa Rosada como dentro de un corralito, por decirlo de algún modo.

Cada visitante fue identificado. Entraron al edificio y pasaron por el pasillo donde se ven los bustos de los ex presidentes. “Había algunos personajes desagradables de la historia, como Aramburu o Lonardi. A nuestro gusto no deberían estar. No vi si estaba Videla. Sería demasiado, no tienen nada que ver con la democracia. Comentaron que a Rodríguez Sáa lo van a poner”.

Alberto reconoce que lo impactó tanto mármol y tanta alfombra. Los condujeron a un salón y al rato llegó el Presidente, que saludó uno por uno a sus visitantes.

Le habían llevado un regalo: Darío y Maxi-Dignidad Piquetera, la investigación y testimonio que acaba de realizar y publicar el MTD sobre los crímenes y la represión del 26 de junio de 2002.

Kirchner luego tomó la palabra. “Dijo que en el gobierno hay una actitud de diálogo para sanar las heridas abiertas en el pueblo argentino, y que hay disposición para trabajar sin discriminar a ningún sector. Después planteó que la Argentina está afectada por una política clientelística, por los privilegios, y que él vino para revertir eso, para que haya una nueva forma de hacer la política e incluir a todos los sectores que quedaron afuera”.

Los señores del MTD escucharon sin responder. “Estamos un poco curtidos” dice Alberto, como quien espera que los discursos se transformen en hechos.

El anfitrión cedió la palabra a sus visitantes, que hablaron primero de la justicia, o más bien de la injusticia.

-Mencionamos la situación de impunidad, con una justicia que inclina la balanza para un solo lado.

-¿Quién habló?

-Todos. Fue repartido, íbamos interviniendo, agregando, cada compañero mechaba algo, profundizaba, sumaba ideas.

-Armaron una Ronda de Pensamiento en la Rosada. (El MTD de Solano organiza tal ronda, una especie de asamblea abierta y en círculo, una vez por mes).

-Es que no nos llega mucho eso de que hable una sola persona. Hubo mucho ida y vuelta, con discusión, fundamentaciones y nuestro parecer sobre la situación social, económica y política.

-¿Pero qué hablaron concretamente sobre el tema de la justicia?

-En principio, el caso de un compañero, Javier Barrionuevo, asesinado por Jorge Bogado (hombre del justicialismo bonaerense enviado a romper un piquete). Hay un fiscal que no acusa, y Bogado salió en libertad. A ese fiscal se le está pagando un sueldo, pero no cumple su deber al dejar en libertad a una persona que asesinó. Ahí aparece el tema de la impunidad y las complicidades del poder político y policial. Se puso énfasis pidiendo que se considere si hay equidad en los tribunales de Lomas de Zamora, donde el duhaldismo es muy fuerte. Queremos que pongan gente idónea en algo tan importante como la justicia.

Otro tema fue la causa penal -la llamada Causa Complot- que abrió el ministro radical del duhaldismo, Jorge Vanossi, donde acusa al MTD de asociación ilícita, robo y atentado contra la democracia, nada menos que por los hechos del 26 de junio de 2002, en el Puente Pueyrredón, que culminó con los asesinatos a mansalva de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

Traducción: las víctimas son las acusadas (aunque bien leídas, las palabras asociación ilícita, robo y atentado contra la democracia describen muy minuciosamente lo hecho por buena parte de la clase dirigente).

-Como el Presidente habló de sanar heridas, le pedimos como un gesto el retiro de esa causa, que muestra la estrategia del gobierno: reprimir y además penalizar el conflicto social.

-Ustedes planteaban estos temas ¿Kirchner y los ministros qué hacían?

-Tomaban nota. Un poco como resultado de la conversación dijeron: ‘seguramente ustedes vienen trabajando, tienen equipo de abogados. Nosotros queremos formar una comisión para trabajar en forma conjunta para garantizar que esto no quede en la impunidad’. Vamos a ver de qué se trata porque a veces uno no sabe las comisiones en qué terminan.

-¿Pero algo les generó desconfianza?

-No, hubo una afirmación muy contundente del Presidente, diciendo que caiga quien caiga, sea quien sea, el que cometió un delito y violó la ley va a ir preso. Va a tener que responder ante la justicia.

-Hasta ahora ¿quién está preso?

-Algunos policías que estuvieron en el operativo, aunque otros no. Y a nivel político, nadie.

-¿Quién creen ustedes que tiene responsabilidad?

-Hay autores materiales y autores ideológicos. Ahí entran funcionarios del gobierno, integrantes de la Side, muchas personas que trabajaron sistemáticamente para llegar a lo que fue la masacre de Puente Pueyrredón.

-¿Por ejemplo?

-Jorge Matzkin que era ministro del Interior, Oscar Rodríguez (ex segundo de la Side, esposo de la diputada Mabel Müller e íntimo de los Duhalde), Alfredo Atanasof, y varios más. Y en última instancia el propio Duhalde, como parte de este plan criminal.

-Es llamativo que teniendo la oportunidad de una reunión, en lugar de empezar hablando de las necesidades económicas, hayan priorizado el tema de la justicia.

-Sí, fue una opción, pero hubo un acuerdo unánime de cada asamblea. No hubo dudas. Una de las desgracias que tenemos es que no haya una justicia independiente, igual para todos. En una democracia tiene que haber una justicia que vele por los derechos de todas las personas. Alguien que roba por necesidad un pollo, va preso mucho tiempo. Y sin embargo está el caso del intendente Fernando Geronés, de Quilmes, que robó muchísimo dinero a la comunidad. Organizó con unos concejales tres empresas fantasmas, que facturaron servicios que la comunidad nunca recibió. Pagó una fianza, quedó libre, y ahora es candidato a senador. Entonces, ¿dónde está la justicia? A este tema le dedicamos la mayor parte de la reunión.

-¿Con qué eco?

-Lo principal es lo de seguir trabajando para que esto no quede en la nada. Le dijimos a Kirchner que hay además una penalización de la pobreza, que tiene que ver con la represión en los barrios y con ver al pobre como una amenaza social. En un momento fueron los subversivos. Hoy son los pobres. Se los criminaliza.

-Ustedes perciben que el que defiende sus derechos -si es pobre- es visto como un delincuente.

-Claramente. Y bueno, ellos seguían tomando nota. Salvo el ministro de Salud que parecía un poco cansado. Fue importante que el Presidente hablara de hacer trabajos integrados de los ministerios, porque antes te encontrabas con 900 proyectos, cada uno en un área distinta. Es auspicioso que eso cambie.

-Esa dispersión suele ser una estrategia: no se hace nada, pero todos parecen estar trabajando en innumerables proyectos.

-Y así se desaprovechan recursos increíbles. Kirchner contó -cuando hablamos de la parte de acción social- que se estaban pagando un millón de pesos por mes en cajas de cartón para la mercadería de los planes sociales. Cuesta un peso cada caja. Ahora la retiraron, y sólo con eso hay un millón más para aplicar a los planes.

-Si eso pasaba con las cajas de cartón, da miedo pensar qué ocurre con insumos más valiosos.

-Es que en esas cosas ganan las redes clientelares, empresarios, funcionarios. No creo que esas cajas se las compraran a los cartoneros.

El tema siguiente fue el del trabajo. Kirchner explicó que en Santa Cruz promovió el mecanismo de cooperativas para la autoconstrucción de viviendas, una manera de generar trabajo con personas que construyen su vivienda y a la vez tienen un ingreso mensual. “Hizo la descripción, le dijimos que estamos de acuerdo pero que siempre que hubo obras públicas fueron las empresas privadas las que se llevaban el negocio para ellos. Le dijimos que hay que implementar beneficios para los que necesitan, y no para sectores que ya están enriquecidos. Dijo que iban a tratar de gestar cooperativas y de facilitar los trámites, porque es más difícil gestar una cooperativa que una sociedad anónima, y tendría que ser al revés”.

Según Spagnolo, Kirchner también informó que todo lo relacionado con el Estado, arreglo de escuelas, hospitales, mantenimiento de instalaciones, serán fuente de empleo para desocupados y no para empresas intermediarias.

Se trata de un cambio de tema. En lugar de hablar de desocupación, se habló de trabajo. Alberto reconoce que las cosas han ido mutando, incluso en el propio MTD, esa sigla que representa tan fuertemente toda una identidad: “Pese a que no estamos empleados, estamos trabajando. No estamos desocupados, parados. Cuando empezamos, lo que nos convocaba era el gran problema de la desocupación. Y lo que nos pasaba a nosotros, le pasó a millones. Pero el movimiento no es sólo de trabajo, es más integral, incluye otros aspectos de la vida como la educación, la salud. Hemos estado charlando eso, por ahí correspondería más llamarnos Movimiento de Trabajadores Autónomos”.

En la reunión todos los presentes reconocieron que querrían salir del asistencialismo y los planes, aunque los integrantes de la Aníbal Verón recalcaron que el drama es el “mientras tanto”: mientras se llega a situaciones mejores, aquellos desocupados y desamparados que cuando el MTD nacía en 1996 eran “sectores” hoy ya son millones de personas.

“Y además, el propio asistencialismo falla, porque los planes no contemplan la situación de los mayores, ni la de los jóvenes, ni la de los indocumentados, ni la de los discapacitados: la realidad es mucho más compleja que lo que marca un decreto”.

-¿Se tocó el tema de salud?

-Sí, tuvimos un cortocircuito porque el ministro (Ginés González García) empezó hablando de lo bueno que era el Plan Remediar. Pero los compañeros plantearon que había dificultades con la llegada de medicamentos, que se los utiliza de forma clientelar, y él reaccionó con mucha fuerza. Estaba un poco dormido, pero se despertó y se puso un poco loco. Pensó que decíamos que no servía, pero no era eso.

-¿Y ustedes qué planteaban?

-Valoramos que se avanzó en poner freno a la ambición de los laboratorios, y se generaron posibilidades de elegir con los remedios genéricos. Vemos los aspectos positivos, pero sabemos también que hay mucho que avanzar en los territorios.

-¿Por qué reaccionó?

-Se sintió mal porque dice que es uno de los planes más monitoreados, que lo fiscalizan organizaciones que no son del gobierno. Kirchner un poco le salió a paso y le dijo que muchas veces hay planes que en lo ideal son buenos, pero que en la realidad no funcionan tan bien. Así que sería bueno escuchar, y le dijo que sería bueno ir al territorio y ver ahí directamente qué es lo que está pasando.

-Les dio la razón a ustedes.

-Es que éramos varios movimientos de distintos distritos del conurbano diciendo lo mismo, que no se satisfacen las necesidades. De hecho quedamos en que exista una comunicación para ver qué problemas hay en los centros de salud, que no falten remedios en ningún centro. Hay algo raro: los botiquines se envían según las consultas, y hay remedios suficientes, así que no se entiende que haya problemas de suministros, cuando en este caso los recursos están. Por eso al día siguiente, cuando nos reunimos con González García, nos contó que se habían robado algunos camiones, y nos pidió que veamos si no aparecen remedios por algún lado raro. Dijo: “voy a tener que salir a cortar cabezas”.

-¿Cómo quedó la relación con él?

-Bien, pidió disculpas por la reacción que tuvo y dijo que se había levantado a las 4 y media de la mañana, y estaba agotado. Se lo veía. Lo principal para nosotros fue el reconocimiento de Kirchner de que podemos ser parte en el programa de salud. Ser parte activa y reforzar lo que hace el Estado. El ministro decía que no se pueden tener remedios en una organización barrial, en un lugar no adecuado, sin responsabilidad de un médico. Le contestamos que nosotros somos los primeros en sentir esa responsabilidad, y lo venimos haciendo hace muchos años. Colaboran con nosotros profesionales, porque los remedios no pueden darse como caramelos. Así que estamos dispuestos a que nos inspeccionen, que verifiquen si estamos en condiciones, pero queremos contribuir con la comunidad porque vemos que los Centros de Salud, y ni hablar de los hospitales, están totalmente desbordados.

El gobierno había planteado que aspira a la universalidad del plan. El MTD hizo un aporte para que eso sea algo más que una expresión de deseos.

El ministro, conociendo el conurbano, dijo: “Pero ojo, que después los medicamentos no se vendan”, cosa que tal vez sabe que ocurre en los feudos políticos dominados por los punteros de cierto partido oficialista. Los señores del MTD aclararon que ellos no son los que hacen ese tipo de cosas.

El 3 de julio habrá una nueva reunión para evaluar el alcance de la asistencia que puede dar el MTD, y para poner en marcha lo que se ha conversado.

¿Qué representa esta ayuda? En el caso de Solano, por ejemplo, las cuentas son claras: el presupuesto de salud es de 1.500 pesos mensuales, de los cuales 800 están comprometidos en la compra de medicamentos de por vida (oncológicos, para diabéticos, para gente mayor). El rubro “lentes”, cuenta Alberto, les lleva unos 400 pesos. El botiquín estatal (que incluye antibióticos, vitaminas y una muy completa variedad de medicamentos) permitiría volcar esos 1.500 pesos a otras necesidades del área de salud que un botiquín no alcanza a cubrir.

Para tomar el caso de Solano, además de las urgencias médicas, el MTD se hace cargo de asuntos de largo alcance, como planificación familiar y prevención del sida, que de otro modo no serían cubiertos en absoluto. Alberto dice que lo que hay que reforzar es la prevención en general: un desafío que abarca desde el tema de alimentación hasta el de información. No es ningún hallazgo: las organizaciones sociales tienen más claridad, honestidad y eficiencia sobre estos temas que las bandas de funcionarios que en las últimas décadas sólo dejaron que las cosas lleguen a los extremos actuales.

-¿Hablaron de las empresas privatizadas?

-Sí, sabíamos que no podíamos tocar a fondo todos los temas, pero era un punteo general. Planteamos que las empresas privatizadas han desarrollado un nivel de lucro que afecta la finalidad social que debe tener un servicio. La luz, el gas y el agua, no pueden ser elementos de lucro sino que son necesidades de un ser humano, un derecho.

Y dijimos que mientras fuera sólo lucro, las consecuencias están a la vista. Aguas Argentinas, por no retirar agua de los pozos sino directamente del río, generó todo el problema de las napas. No generó obras, no hizo cloacas, no invirtió en materiales. Un montón de compromisos que estaban en los contratos y que nunca se cumplieron. Lo que sí han hecho bien es la cuestión de cobrar deudas, cortar servicios, no contemplar la situación de ancianos y desocupados, y cortar el servicio del agua de una manera despótica. Son situaciones que duelen. A algunos barrios fueron a cortar los servicios con la policía y la gendarmería. Y está el tema del gas, las garrafas están carísimas.

-¿Qué dijo Kirchner?

-No nos dijo demasiado, comentó que lo están estudiando a fondo, y que hay mucha resistencia por parte de las compañías privadas. Pero sí dijo que veía que la nafta y el gas tienen que bajar como combustibles. Y dijo que están charlando con el presidente venezolano Hugo Chávez, para abrir un intercambio. La Argentina enviaría alimentos, y ellos suministrarían combustibles. La idea es bajar el precio del combustible y poder regular al sector privado.

-Parece un absurdo. A la Argentina no le faltan combustibles.

-Claro, pero no se pueden manejar los precios. Los funcionarios dijeron que están dando batalla en esos temas. Y que no es fácil. Kirchner dio a entender que hay mucha resistencia de las privatizadas a temas como tarifas sociales, servicios que lleguen a la comunidad, obras, y a cumplir lo que dijeron que iban a hacer. Sabemos que hay presión, además, de los países a los que pertenecen esas empresas. Quedó planteado el tema, y se seguirá trabajando.

Un dato: quedó sobre la mesa la idea de una futura visita del propio Kirchner a alguno de los asentamientos del MTD.

La reunión concluyó agendando varios encuentros con los ministros. Eran pasadas las 10 de la noche. Los invitados fueron hasta la sala de prensa, pero casi todos los periodistas ya se habían ido. Luego los integrantes de los MTD salieron rumbo a la Plaza de Mayo para coordinar entre ellos los futuros encuentros: “De golpe nos dimos cuenta, y pasamos al otro lado de la valla, no fuera cosa que nos metieran presos por estar ahí”.

-¿Qué impresión intercambiaron en ese primer momento?

-Nos pareció bueno el resultado. Es la primera vez que se nos recibe en un ámbito así. Es bueno ser reconocidos de alguna manera. Nos costó tanto. Hemos peleado mucho por nuestra autonomía. Y hemos tenido un costo altísimo. Por ahí a uno le agarra una cierta pena. Si hubiéramos tenido en la Argentina este diálogo, esta forma de hacer las cosas, hubiéramos evitado derramamiento de sangre de muchísimas personas. No se tendría que haber llegado a lo que se llegó.

Alberto cree que el comportamiento de Kirchner es el que corresponde a un funcionario que cobra un salario pagado por la sociedad: “Los funcionarios no son los faraones a los cuales accedían solamente los sumos sacerdotes o los militares: la corte. Nadie mejor que los que están trabajando junto a la comunidad para saber qué es lo que está pasando sin quedar preso de los microclimas del mundo político”.

Esa frase encierra todo un programa político, que está por verse.

El viernes fue la reunión-reconciliación con el ministro de Salud, pero también hubo un encuentro con Alicia Kirchner, hermana del Presidente y responsable de Desarrollo Social, que los recibió con Alberto Gandulfo y Sergio Berni.

El primer problema es que el lugar era demasiado chico, y les propusieron formar una comisión más pequeña. “Somos 18” fue la respuesta de los MTD. A los funcionarios no les quedó más remedio que aceptar, y por eso terminaron un tanto apretujados, pero sin excluidos (interesante metáfora social sobre el país).

Se habló de infraestructura, de los comedores, de los emprendimientos productivos. La anfitriona dijo que lo suyo no es sólo aplicar planes, sino lograr la participación, y que haya un verdadero ida y vuelta para que se garantice un trabajo consensuado entre el gobierno y la gente.

Esta vez hubo otro cortocircuito, ya que la secretaria defendió los consejos consultivos bonaerenses. Cuenta Alberto: “Empezaron con Duhalde. Se supone que son un espacio institucional de discusión y representación, pero nuestra experiencia es negativa. Son más de lo mismo, no son organizaciones genuinas. Son aparatos de la política tradicional. Son fantasmas”.

-Comisiones que se organizan para no hacer nada.

-Exacto, yo comenté que en el país no solo se rompió la organización por arriba, sino que también en la comunidad, en la base, existe un grado muy amplio de corrupción y oportunismo. Y te encontrás con espacios como esos, que están viciados de entrada, armados para chuparse los recursos que vienen del Estado. En un momento le dijimos que lo que ella decía era muy idealista, no tiene nada que ver con la realidad del conurbano.

-¿Qué es lo idealista?

-Eso de que va a juntar a todos los sectores comunitarios, en un mismo ámbito para discutir, hacer las cosas, todos unidos. Le explicamos que uno no puede ilusionarse, que hay señores feudales en los territorios, y que no va a ser gratis todo esto. Tenemos una situación donde la expresión comunitaria, real, de trabajo de base, está muy rota. Le conté una experiencia en un asentamiento, La Matera, donde intentamos que fuera un ámbito común con organizaciones genuinas, serias, honestas, y con la violencia terminaron rompiendo la experiencia. Había un sector de la CTA, la sociedad de fomento, gente que toda la vida trabajó en la zona, y los MTD. Conformamos una especie de asamblea donde íbamos trabajando todos los temas: comisiones de salud, alimentos, relación con los servicios públicos. Generamos toda una tarea y cuando vieron que nadie podía sacar provecho de ese espacio, vinieron con la violencia, prendieron fuego a casas de compañeros, vinieron armados. Fue por el poder, el territorio es un espacio de disputa. Ahí fracasan estos planteos de juntarse todos. Llevamos las de perder porque estos punteros actúan con la complicidad policial y todos reinan a través de la fuerza, si es necesario.

-Ustedes pusieron la dosis de pragmatismo bonaerense.

-No les queremos tirar abajo la idea de trabajar con organizaciones comunitarias, ni creemos que somos los únicos. Al contrario: ojalá se reproduzcan y sean miles las que aparezcan. Pero con un compromiso real y no ficticio como en estos concejos consultivos que son toda una parafernalia inútil. Creo que le consejo consultivo de Quilmes había 600 organizaciones que nunca tuvieron una práctica social. Era todo armado para robarse los recursos que llegaran del Estado.

Se habló también de la tierra. Los funcionarios dijeron que no hay demasiada tierra fiscal o del Estado que pueda distribuirse a quienes quieran trabajarla, pero habrá reuniones con el Plan Arraigo para estudiar en qué medida aparecen lugares que permitan pensar en producir en una escala mayor que la de los actuales emprendimientos del MTD. Como primer paso los funcionarios técnicos del gobierno irán a conocer lo que los MTD están realizando. Dice Alberto: “Sabemos que faltan recursos, y que por más que hablemos de cosas interesantes, todo esto tiene un límite que es la realidad, y la masividad de los sectores en estado de necesidad. Pero toda ayuda, potenciar emprendimientos, siempre es algo”.

Alicia Kirchner también les mencionó la posibilidad de acceder a créditos “blandos”. “A nosotros tomar crédito no nos convence, porque uno asume un compromiso para cumplirlo” dice Alberto, esgrimiendo un tipo de pensamiento opuesto al de la clase empresaria y la recua de gobiernos que hipotecó al país durante las últimas décadas.

-Todas estas reuniones, planes e ideas, ¿no ponen en tela de juicio la idea de autonomía que ustedes defienden?

-La autonomía no es aislamiento. No podríamos vivir. La autonomía es un proyecto que se construye, es la realización de cada uno de nosotros como ser humano, en un marco de respirar libertad. Libertad de relacionarnos, de poder recuperar la palabra, libertad de recuperar la sociabilidad que necesita todo ser humano.

Pero desde un comienzo nosotros tuvimos presente que las relaciones con el Estado, con los funcionarios, lejos de subordinarnos… nunca aceptaríamos nada que nos subordine a una lógica que nos venga impuesta. Para nosotros es importante que las cosas se vayan haciendo como nosotros queremos, no por imposición de “te doy esto pero a cambio de esto otro”. No lo aceptaríamos nunca.

-¿Te parece válida la idea de que el gobierno intenta dar una respuesta a los reclamos de los movimientos sociales, para legitimarse?

-La crisis no está resuelta. Un presidente gana, pero eso no significa que en 2 ó 3 meses no esté en el piso. Ellos saben que tienen graves problemas y que si quieren llevar adelante un programa de gobierno tienen que responder a todo lo que no se hizo. Es la única manera en que pueden seguir adelante. No veo otra.

-También es fuerte pensar que un año atrás estaban en el Puente Pueyrredón, en medio de una cacería represiva. Y ahora estuvieron en la sede del gobierno.

-Nosotros siempre tuvimos la idea de llevar las cosas bien, en buenos términos. Lo que no hemos tenido es eco. Hemos sufrido una especie de discriminación. Por ahí se nos recibió en la provincia, pero con el gobierno nacional siempre tuvimos problemas. No éramos reconocidos como organización, y éramos vistos como un peligro potencial en cuanto a su territorio, el bonaerense sobre todo. Han tenido una fuerte preocupación porque en el conurbano siempre tuvieron ellos la hegemonía, con sus redes clientelares. Aparecimos como un virus en el territorio. Muchos gobernadores o intendentes siguen hablando así , de “nuestro territorio”, como si fuera de ellos.

-Y aparecen los que cuestionan eso. Los piqueteros duros.

-Esa denominación tiene que ver, con que siempre nuestro movimiento tuvo firmeza y tenacidad, en medio de todas las adversidades que hemos pasado. A veces decimos que el gobierno tiene el palo y la zanahoria. Nosotros tratamos de salir de esa lógica, con nuestros planes de lucha. Y hemos visto cómo no se reconocían las necesidades, o se burlaban diciendo cosas que no se cumplían. Frente a eso hemos tenido actitudes de firmeza y de sostener en la práctica lo que decíamos con nuestras palabras. Cuando estaba pasando lo de General Mosconi, con una represión terrible con costo en vida, heridos, vimos que los medios habían apagado sus cámaras y el pueblo seguía rodeado, y ahí propiciamos un bloqueo a toda la Capital Federal, tuvimos una actitud muy firme bloqueando los accesos, sobre todo la autopista. De ahí viene el tema de la dureza, pero comparado con la situación de que le estaban tirando con fusiles FAL a una población desarmada, creo que la palabra “dureza” les corresponde a ellos. Es la violencia

Nosotros no queremos eso. Siempre supimos los peligros de salir de nuestro barrio, de hacer marchas, manifestaciones, cortes de ruta. Sabemos que nos ponemos en riesgo. Pero nunca lo hicimos como agitación o propaganda, sino reclamando situaciones reales, reivindicaciones reales.

Por eso el tono de Alberto es de mucha cautela. Recuerda algo, que jamás olvida: “Por defender la vida, hemos tenido que pagar el costo de perderla”. Y repite algo más: “La experiencia a uno lo va curtiendo”. El alcance de esas palabras es un enigma que resolverá el futuro.

Mientras tanto, los MTD están realizando sus estadísticas barriales para mostrar a los funcionarios, están recordando que un año atrás los cuervos de la muerte se ensañaron con ellos, están anunciando que de todos modos prefieren hacer las cosas desde la vida, y saben que el 3 de julio tienen agendadas unas reuniones en el centro de la ciudad, y en el centro del poder.

Allí estarán los 18, para constatar si las palabras empiezan a convertirse en acciones.

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La Ronda en la mirada de Alejandra López

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Octava entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, realizada por la fotógrafa Alejandra López.

Toda la producción de La Ronda será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

Por Alejandra López

Cuando Claudia Acuña me propuso que fotografiáramos la Ronda de las Madres con un grupo de colegas, acepté sin dudar con gran alegría por varias razones. Por una lado, la urgencia del registro ahora que se nos van poniendo viejitas, y por otro, la necesidad de emprender un proyecto colectivo.

La Ronda en la mirada de Alejandra López

He ido muchas veces a la Ronda. Una de mis primeras veces, yo fotógrafa debutante, lloré durante toda la cobertura y una de las Madres (no sé quién fue) me retó con ternura: “Sin llorar”, me dijo, y repitió: “Sin llorar”. 

La Ronda en la mirada de Alejandra López

Siempre hay algo de esa primera vez: la emoción, la admiración sin límites, y,  sobre todo, el asombro ante esa capacidad increíble de sostener el ritual de lucha durante 47 años.

La Ronda en la mirada de Alejandra López

Hice mis fotos el jueves 21 de marzo, en la Ronda número 2397.

Hoy más que nunca #memoriaverdadyjusticia.

Mi humilde homenaje a estas mujeres que, junto con Abuelas, son nuestro faro.

La Ronda en la mirada de Alejandra López
La Ronda en la mirada de Alejandra López
La Ronda en la mirada de Alejandra López
La Ronda en la mirada de Alejandra López

Sobre Alejandra López

Retratista.

Empezó a trabajar profesionalmente en 1990 haciendo fotografía teatral y en la revista El Porteño.

Durante 14 años fue fotógrafa de staff de la revista Viva del diario Clarín, donde fotografió a innumerables personajes del espectáculo y ha publicado en revistas como Elle, La Nación Revista, Brando, Harper’s Bazaar, Le Figaro Magazine, Bacanal.

Actualmente se dedica a la fotografía para gráficas de teatro y cine, colabora con la revista L’Officiel y es reconocida además por sus retratos de escritor, algunos ya icónicos, para editoriales de libros como Penguin Random House y Planeta.

Ha realizado numerosas muestras: Retratos (2001), La máscara (en el Festival Internacional de Teatro), Retratos de la Memoria, (imágenes de sobrevivientes del Holocausto) en el Museo Judío de Frankfurt, Calendario FOE 2009 y en junio del 2011, la exposición Algunos escritores, en la Fotogalería del Teatro San Martín. En 2021, realizó Ese día, una serie de retratos de víctimas sobrevivientes del atentado a la Amia. En 2023, Belleza Marrón, en el Centro Cultural Borges, (ensayo en colaboración con la agrupación Identidad Marrón).

Para ver más: en Instagram @alejandralopezfotografa

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La historia de las Madres de Plaza de Mayo: Érase una vez 14 mujeres…

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Se cumplen hoy 47 años de la primera aparición de las Madres en la Plaza de Mayo. La fecha llega en un momento en el que lavaca ha puesto en marcha un registro fotográfico colaborativo sobre las actuales rondas de Madres: una forma de homenaje, sabiendo que la memoria no es hablar del pasado, sino comprenderlo para actuar en el presente y el futuro.

Esta es una recorrida entonces, con un resumen del antes, el durante y el después de la instauración del terrorismo de Estado. Cuenta el nacimiento de la organización de estas mujeres que salieron a reclamar por la vida y, frente al horror y la desaparición de sus hijos e hijas, y lograron lo que parecía inconcebible: transformar el dolor en acción. ¿Cómo lo hicieron? Un recorrido por las últimas décadas, y algunas cuestiones prácticas sobre los tejidos, los territorios, las brujas y los alumbramientos. El video que muestra parte de la historia.

Por Sergio Ciancaglini

La historia de las Madres de Plaza de Mayo: Érase una vez 14 mujeres…
La historia de las Madres de Plaza de Mayo.

Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos.

La historia suele ser infinita, ¿cómo contarla?

Habría que hablar de un siglo XX Cambalache, que empezó con el país granero del mundo, con trabajo para pocos, democracia para pocos, dinero para menos, alguna ilusión de tiempos mejores, seguida de décadas infames. Surgió luego un gobierno que generó una expectativa de más justicia, y más democracia. La política empezaba a estar en las calles, en las plazas, en la cabeza y en el corazón de cada persona.

Ese gobierno fue tumbado en 1955 por los poderes económicos, políticos y militares de siempre. Poco antes los golpistas habían bombardeado con la aviación militar a transeúntes inocentes en plaza de Mayo. Más de 300 muertos. Que hubiera más igualdad de oportunidades, o mejor distribución de la riqueza, era una maldición que había que mutilar. Tierra extraña; aquí siempre hubo una envidia al revés. Los ricos envidiaron a los pobres, odiaron que los pobres pudiesen mejorar.

En 1956 aquella dictadura fue pionera: secuestró ilegalmente a decenas de personas acusándolas de planear una rebelión. Los militares ordenaron los fusilamientos en los basurales de José León Suárez. Fue la Operación Masacre, como la llamó Rodolfo Walsh en un libro inolvidable. Lo que nadie sabía, ni siquiera Walsh, es que la Operación Masacre apenas empezaba.

Poco después, en una pequeña isla del Caribe frente a las narices de los Estados Unidos, hubo una revolución que se proclamó socialista. Los militares argentinos temieron que esa revolución fuese contagiosa, y gatillaron sus armas junto a los de todo el continente.

Siguieron los tiempos de proscripción política, censura, gobiernos civiles derrocados, gobiernos militares que se iban tumbando entre ellos, mientras las fuerzas armadas actuaban como tropas de ocupación en su propio país, como trincheras contra la democracia, en nombre de la lucha contra el socialismo.

Frente a eso, crecía la resistencia de quienes que no se resignaban al silencio, la censura, ni al olvido. Resistían los mayores, con una especie de nostalgia por el pasado. Y resistían también los jóvenes, como añorando el futuro, pero un futuro que querían construir con sus propias manos.

El surgimiento de las Madres de Plaza de Mayo

Un argentino que había puesto la mente y el corazón para aquella revolución en la isla del Caribe, fue capturado y fusilado cuando quiso hacer algo parecido en Bolivia. Le decían Che. Los que lo mataron no sabían que lo estaban inmortalizando. El mundo se ponía violento. En todo el planeta oleadas de jóvenes salían a reclamar justicia, igualdad, rechazo a la guerra y la muerte, un mundo distinto.

En la Argentina las dictaduras seguían tropezando con las resistencias. Hubo un Cordobazo, un Rosariazo, la juventud se movilizaba pintando paredes y pintando proyectos. La democracia seguía presa. La violencia militar seguía libre. Nacieron las organizaciones guerrilleras, que quisieron agregarle armas a toda esa resistencia.

Tal vez esta historia haya que comenzarla, entonces, en 1972. El 22 de agosto en Trelew hubo una nueva versión de la Operación Masacre. Allí habían detenido a miembros de varias agrupaciones guerrilleras. Fueron acribillados a balazos, indefensos, con el falso pretexto de un intento fuga. Mataron a 16. Hubo tres que sobrevivieron por milagro, y contaron lo que había pasado. Tal vez en aquel momento, cuando el crimen fue evidente, los estrategas militares empezaron a diseñar la represión del futuro: matar sin evidencias.

Las movilizaciones protagonizadas fundamentalmente por la juventud, empezaban a ser gigantescas. La trinchera militar no soportó la correntada de tantos sueños, y en 1973 la vida pareció cambiar. Una multitud obligó a liberar a los presos políticos. La ilusión no duró demasiado.

Fue una danza alucinada.

Cámpora ganó las elecciones. Volvió Perón. En Ezeiza las patotas de la derecha peronista acribillaron a las columnas juveniles. Perón apoyó a esos grupos, contra la juventud. Cayó Cámpora. Asumió Lastiri que era el yerno de José López Rega. López Rega era ex policía, nazi militante, secretario privado de Perón, ministro de Bienestar Social, y astrólogo esotérico. Como si su brujería funcionara, concentró cada vez más poder. Lastiri llamó a nuevas elecciones que ganó Perón. Ocho meses después, murió Perón y asumió su esposa Isabel. La sociedad miraba aturdida, mientras el sistema de la muerte se instalaba alrededor de López Rega, que organizó a los matones policiales, militares y a las patotas de la derecha, para crear un monstruo al que llamaron Triple A. Alianza Anticomunista Argentina.

La Triple A era un escuadrón de la muerte, un grupo paramilitar con vía libre para salir a matar. Estudiantes, intelectuales, sacerdotes, artistas, sindicalistas, obreros: la sucesión de fusilamientos se hizo cotidiana, el terror empezó a ser la genética de cada día.
La lista es macabra. Cientos de víctimas. Por recordar algunos: Rodolfo Ortega Peña, diputado nacional y abogado de presos políticos. Carlos Mujica, sacerdote del Tercer Mundo, Silvio Frondizi, uno de los principales intelectuales que dio la izquierda argentina, Julio Troxler, que había sobrevivido a los fusilamientos de 1956. Atilio López, uno de los dirigentes del Cordobazo, que durante la breve etapa camporista fue vicegobernador de Córdoba.

Los bombardeos en Plaza de Mayo y la matanza en los basurales habían sido premoniciones.
Los fusilamientos de Trelew fueron una secuela.

La Triple A fue el perfeccionamiento del crimen mafioso.

El terrorismo de Estado y la desaparición forzada

Pero ahora imaginemos.

Imaginemos por un momento que hubiera miles de masacres como las de los basurales de José León Suárez. Imaginemos que hubiera de pronto miles de fusilamientos como los Trelew. Y miles de Triple A matando por las calles con absoluta impunidad.

Eso fue la dictadura militar, cuando los militares dieron el golpe de Estado para imponer la máquina de matar corregida y aumentada al infinito. Fue hace exactamente 30 años. Le pusieron un nombre que sería cómico, si no fuera tan patético. Proceso de Reorganización Nacional. El comunicado número uno que emitieron decía:

Se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta de Comandantes Generales de las FF.AA. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones.

Más que nunca, la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Pero esta vez, además, inventaron una especie de acto de magia superior a los de López Rega. La magia más perversa que alguien pueda imaginar.

No más bombardeos, ni basurales, ni fusilamientos en cárceles, ni homicidios mafiosos a la luz del día.

Los perseguidos, las víctimas, iban a desaparecer.

No iban a estar más: secuestrados y esfumados de la noche a la mañana.

Los militares creían que al no haber cuerpos, al no haber pruebas ni quedar en evidencia, nadie podría acusarlos de crimen alguno.

Eso es el terrorismo de Estado. Las Fuerzas Armadas se dedicaron a la muerte clandestina, mientras en público sus jefes iban a misa a ser bendecidos, a comulgar, y a la salida sonreían. En sus discursos hablaban de la ley, el orden, la paz y el progreso.

Empezó la cacería. Zonas liberadas, gritos en la noche, secuestros de gente indefensa, la absoluta desaparición de la justicia.

Hay bibliotecas enteras que podrían leerse para entender lo que pasó. Pero hay también una carta. Apenas un año después del golpe Rodolfo Walsh –otra vez- escribió en la clandestinidad su Carta abierta a la Junta Militar, donde explicó lo que nadie se atrevía a decir.

Hablaba de un lago cordobés convertido en cementerio lacustre. De personas arrojadas desde aviones militares al Río de la Plata, cuyos cadáveres afloraban en las costas uruguayas. Denunciaba un sistema de tortura absoluta, intemporal y metafísica, aplicada tanto con métodos medievales como el potro o el torno, como con la tecnología de la picana eléctrica, para machacar la sustancia humana. Hablaba de las guarniciones y comisarías convertidas en campos de concentración. De las mentes perturbadas de los militares que torturaban. Decía, apenas un año después del golpe y en medio de la censura y el terror: “Quince mil desaparecidos y desaparecidas, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror”.

Pero hay otro párrafo, que cada día se entiende mejor. Le decía a los militares:”Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.

Ahí estaba la clave para entender el crimen: la miseria planificada.

Walsh fechó esa carta el 24 de marzo de 1977, distribuyó varias copias, y un día después fue secuestrado por los militares.

Nunca más se supo de él.

Es otro desaparecido.

Érase una vez 14 mujeres: La historia de las Madres de Plaza de Mayo

En esa noche, hubo un parto.

En medio de la oscuridad, un alumbramiento.

Nació una historia.

Muchas madres y padres salieron a buscar a sus hijos. Salieron de sus casas, salieron del útero de su rutina habitual a enfrentar al aparato represivo más imponente de la historia del país. Llevaban impresas en la piel la desesperación y el amor, y de allí les nació el coraje. Recorrieron hospitales, caminaron juzgados, se atrevieron a ir a comisarías y cuarteles. Buscaron a las morgues. Nadie sabía nada. La ley del silencio. Cada día era la esperanza de una noticia. Cada noche era la frustración del silencio.

Los padres varones, de a poco, volvieron a sus trabajos.

La mayoría de las madres eran amas de casa: tenían intacto el tiempo y la sensación de que no había otra cosa que hacer que dedicar cada hora, cada minuto y cada segundo de vida a la búsqueda.

Estaban solas, moviéndose, preguntando inútilmente, aturdidas por tanto silencio. De a poco, empezaron a cruzarse por los mismos laberintos, a reconocerse y a descubrir que había otras que compartían esa especie de señal que cada una llevaba como un código secreto en la mirada: la desesperación y la incertidumbre.

Ese fue un primer triunfo contra el aislamiento. Comenzaron a encontrarse, reunirse, acompañarse. Estar juntas fue el modo de escaparle al terror de estar solas. Pero fue mucho más que eso.

Un día, esas mujeres se descubrieron a sí mismas en una iglesia militar, donde un cura psicópata les recomendaba santa paciencia y las confundía con rumores, insinuaciones y desinformaciones. Intuición femenina: les estaban mintiendo sistemáticamente, nadie hacía nada por salvar a sus hijos.

Una de esas mujeres dijo: Basta.

Y dijo: tenemos que ir a la Plaza de Mayo, tenemos que hacer ver y oír lo que nos pasa. Era una mujer con nombre de flor.

Y ese grupo de mujeres decidió que Azucena Villaflor tenía razón: su lugar sería la Plaza de Mayo.

La plaza sería el territorio de estas madres.

No tenían oficina, pero habían encontrado un lugar espacioso, aireado, iluminado y muy céntrico.

No tenían sillones mullidos, pero había bancos de plaza.

No había escritorios, pero tenían las faldas para apoyar allí las carpetas, expedientes, cuadernos o que hiciera falta.

No tenían alfombras, sólo baldosas y unas palomas revoloteando.

No tenían recepción, pero podían verse de lejos mientras iban llegando. No tenían teléfonos, pero se pasaban papelitos con mensajes, informes, o futuros puntos de encuentro.
Ocultaban esos mensajes en ovillos de lana, por si la policía o los militares se les cruzaban en el camino.

No querían que las descubrieran. Ya que tenían los ovillos, llevaban agujas y tejían en la plaza, mientras iban pasándose información, inventando qué hacer, cómo buscar, cómo evitar la impotencia de no hacer nada. Penélope tejía esperando el regreso de su marido. Ellas tejían juntas las acciones para buscar a sus hijos y denunciar lo que estaba pasando.

La primera vez fue el sábado 30 de abril de 1977. Eran sólo 14 en la Plaza de Mayo. Como no había casi nadie, decidieron volver el viernes siguiente. Después, una de las madres avisó, como atajándose de los malos augurios: “Viernes es día de brujas”. A la semana siguiente empezaron a encontrarse los jueves, el día que nunca más abandonarían, para escaparle a las brujas.

La policía empezó a desconfiar. Por el Estado de Sitio, se impedía cualquier reunión de tres personas o más, por ser potencialmente subversiva.

Para decir la verdad, en este caso tenían razón: buscar la vida era subversivo. Como pájaros de uniforme, los policías empezaron a revolotear alrededor esas mujeres que hablaban y tejían de los asientos de la plaza. Ordenaron: “Caminen, circulen, no se pueden quedar acá”. Ellas se pusieron a caminar y a circular alrededor del monumento a Belgrano, en sentido contrario a las agujas del reloj: como rebelándose contra cada minuto sin sus hijos.

Marchaban, cada jueves, en las narices del gobierno dictatorial más temible. La plaza ya era el territorio de las Madres.

Algunos periodistas extranjeros descubrieron esas raras vueltas y vueltas. Consultaron a los militares. Les contestaron que eran unas mujeres trastornadas, unas Madres Locas que andaban buscando a gente que no estaba en ningún lado. Gran parte de la sociedad prefería no darse por enterada. La censura bloqueaba orejas, cerebros y corazones. Las madres locas eran las únicas que parecían cuerdas, tejiendo y circulando al revés que las agujas del reloj.

En octubre de 1977 se sumaron a la peregrinación a Luján, que congregaba a un millón de jóvenes. El problema era cómo encontrarse y reconocerse en la multitud. Alguien propuso que todas se pusieran un pañuelo del mismo color. Lo del color era un problema, pero entonces una de las madres tuvo una ocurrencia: ¿Por qué no nos ponemos un pañal de nuestros hijos? No existían los pañales descartables y la mayoría de las madres todavía guardaba los de tela, tal vez pensando en los nietos.

Frente a la Basílica, reclamaron y rezaron por los desaparecidos y desaparecidas. Todos los que estuvieron pudieron verlas, identificadas con los pañales blancos en sus cabezas. Poco después hubo una marcha de los organismos de derechos humanos, que terminó con 300 personas detenidas, incluidos –por error- varios periodistas extranjeros. Gracias a tanta eficiencia, el mundo empezaba a enterarse de lo que ocurría. En la comisaría las Madres rezaban Padrenuestros y Avemarías. Los policías no se atrevían a incomodar a mujeres tan devotas. Entre rezo y rezo, haciendo cruces, miraban a los uniformados, les decían “asesinos”, y seguían rezando. Amén.

El hecho de reunirse, romper el aislamiento, buscar a sus hijos, se convirtió en sí mismo en un delito. Diciembre de 1977, un oficial de la marina que se hacía pasar por hermano de un desaparecido organizó el secuestro y desaparición de tres de las madres, dos monjas francesas y otros familiares y amigos. Así era el coraje militar.

Las madres estaban organizando la colecta para publicar una solicitada el 10 de diciembre, denunciando las desapariciones.

El 8 de diciembre secuestraron a Esther Careaga y a Mary Ponce de Bianco en la Iglesia de Santa Cruz, junto a ocho personas más, incluida la monja francesa Alice Domon. Esther era paraguaya. Ya había encontrado a su hija adolescente, a la que los militares habían liberado. Las otras madres le habían pedido que volviera a su casa, que ya no se arriesgara más. Esther no les hizo caso, decidió seguir junto a ellas hasta que encontraran a cada uno de sus hijos.

Dos días después, desapareció la mujer con nombre de flor. El terror de aquellos tiempos superó todo lo imaginable. Desaparecían quienes buscaban a los desaparecidos y desaparecidas. Pero los militares habían sido selectivos: secuestraron a quienes todas siempre consideraron “las tres mejores madres”. Sin Azucena, había que elegir: seguir, esconderse, o volverse a casa. Para las madres no hubo demasiadas dudas: ahora no solo debían buscar a sus hijos e hijas, sino también a sus amigas y compañeras. Lograron sobreponerse a la parálisis y al terror, para seguir su marcha.

Azucena había parido la idea de que las madres se organizaran para nunca más estar solas en su lucha. Y había dicho algo: “Todos los desaparecidos son nuestros hijos”. Así estaba socializó la maternidad, potenció a cada madre y le dio grandeza a cada minuto de resistencia.

Llegó el Mundial 1978. El fútbol tapando de gritos y sonrisas la realidad, mientras a pocas cuadras de la cancha de River seguían torturando gente en la ESMA. El mundial fue oxígeno para los militares: para seguir matando y seguir castigando cada vez a más gente con la miseria planificada. Las madres cambiaron sus lugares y horarios de reunión. No todos los jueves iban a la Plaza, para evitar que las detectaran. Cuando iban, la policía les largaba los perros. Cada una llevaba un diario enroscado para sacarse a los perros de encima, una de las pocas cosas útiles para las que servían los diarios de esa época.

Muchas veces detenían o demoraban a alguna de ellas en las comisarías. Se les ocurrió una idea: cuando una iba presa, se presentaban todas y pedían ir presas ellas también. Los policías veían llegar a decenas y decenas de mujeres que exigían ser encarceladas junto a su compañera. Una vez fueron tantas las que exigieron ser detenidas, que tuvieron que llevarlas en un colectivo de la línea 60.

Madres locas, dirían los policías, que no sabían bien qué hacer: muchas veces las soltaban para sacárselas de encima.

Cuando en la Plaza le pedían documentos a una, todas las demás se acercaban a la policía a entregar también los suyos. Cientos de documentos, cédulas y libretas cívicas, que la policía tenía que verificar. De paso, las madres se quedaban más tiempo en la plaza.

En 1979 llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. También el fútbol jugó en contra. El mundial juvenil tenía a todos pendientes de Maradona, y los militares aprovecharon para que relatores de fútbol y periodistas radiales llamaran a la gente a Plaza de Mayo, y que de paso repudiaran a quienes hacían cola para declarar ante la Comisión. Querían mostrar lo que llamaban “la verdadera imagen del país”. Decían: “los desaparecidos algo habrán hecho”, o “por algo será que se los llevaron”. Los hinchas, sin embargo, no molestaron a los que estaban esperando para hacer sus denuncias.

Ya era la época de la plata dulce, la fiesta de las multinacionales, el dólar barato, miles de argentinos gastando en el exterior lo que nunca habían sabido ganarse, gracias a la miseria planificada de millones.

Los diarios y las revistas no sólo censuraban la información para defender su negocio, sino que hacían campañas por los militares: “Los argentinos somos derechos y humanos”. Confirmado: nunca hay que subestimar la estupidez humana, la capacidad de negación, el tamaño de la crueldad.

En ese 1979 hubo otro parto, otro alumbramiento: las Madres decidieron crear la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Si todas estaban en peligro, esa era una forma de mantener la lucha viva. La casualidad, o el destino, determinaron que la asociación fuese creada en una fecha imposible de olvidar: 22 de agosto. Habían pasado siete años de la masacre de Trelew, aunque parecían siete siglos.

Los militares asesinos argentinos inventaron un conflicto contra los militares asesinos de Chile, que a todos les servía para ganar tiempo en el poder. En esos días fue muy próspero el negociado de la fabricación de ataúdes, hasta que el Papa intervino. Secuestros clandestinos y desapariciones en la noche, permitían mirar para otro lado. Guerra abierta entre gobiernos tan vecinos y tan beatos era demasiado. Hasta para el Vaticano. Amén.

Seguían encontrándose en plazas y bares. Para que no las descubrieran cambiaban el nombre. Si iban a ir a Las Violetas, decían Las Rosas. Ellas mismas llevaban en sus carteras las carpetas, las denuncias, los expedientes.

Recién en 1980, gracias a los apoyos internacionales, las Madres pudieron tener una oficina. Pero también ese año decidieron volver a su territorio, la Plaza de Mayo, para nunca más abandonarla.

Fueron un jueves, al jueves siguiente las estaba esperando un escuadrón entero, con las armas gatilladas. Ellas cambiaban el horario, circulaban por donde no las veían. Poco a poco envolvieron a la Pirámide de Mayo con sus marchas que nadie podía detener. Llevaban diarios enroscados. Pronto aprendieron de sus hijos, y llevaban también botellitas de agua y bicarbonato por si las esperaban con gases lacrimógenos. No necesitaban gases para llorar. Pero habían decidido transformar el llanto en acciones.

Los militares eran la rigidez y la violencia. Las madres eran la fluidez y la energía. Los militares y la policía eran la muerte. Los verdugos. Las madres eran la vida.

Se editó el primer boletín de Madres, se iba ganando apoyo afuera y adentro. Los militares llamaron a los viejos políticos a dialogar, como abriendo el paraguas frente a la crisis económica y a su propio desgaste. Pero las Madres estaban simbolizando dónde estaba la verdadera política, y quiénes eran sus nuevos protagonistas. En 1981 lo demostraron retomando la Plaza y haciendo la primera Marcha de la Resistencia. Solas, pocas, pero juntas, resistiendo 24 horas seguidas.

Vinieron épocas de ayunos, de tomas de iglesias y catedrales. Los jóvenes, sobre todo, se conmovían. Nació la consigna “aparición con vida”.

El 30 de abril de 1982, hubo manifestaciones de protesta en Buenos Aires contra la situación económica, la miseria planificada, con la policía reprimiendo a todos. Dos días después, se llenó la Plaza de Mayo para aplaudir a los militares que habían invadido Malvinas, creyendo que así se iban a reciclar en el poder en una especie de brindis perpetuo.

Las Madres dijeron que la guerra era otra mentira. Los militares que secuestraban cobardemente, torturaban clandestinamente y asesinaban tirando cuerpos al río, no podían convertirse de un día para otro en patriotas impecables y valerosos guerreros. Por decir eso, acusaron a las Madres de antinacionales. Ellas inventaron un cartel: “Las Malvinas son argentinas. Los desaparecidos también”. Muchos que acompañaban a las Madres las criticaron: había que estar del lado de la guerra, del lado de los militares. El tiempo mostró quién tenía razón sobre los guerreros, entre ellos el mismo que había delatado a Azucena, Esther y Mary.

La derrota de los militares resucitó la posibilidad de la democracia. Se abrió la multipartidaria, formada por cantidad de partidos y políticos muchos de los cuales, durante los tiempos más duros de la represión, habían sido expertos en el arte de callar.

En 1983 hubo elecciones, Alfonsín llegó a la presidencia, y las madres hicieron la marcha de las siluetas para que nadie olvidara a los ausentes. En los afiches decían que esos hijos e desaparecidas habían luchado por la justicia, la libertad y la dignidad.

El gobierno formó la CONADEP, la comisión nacional para la desaparición de personas. Las madres desconfiaron, no quisieron integrarla. Siempre prefirieron la calle, y no las comisiones. Crearon un periódico, la Asociación iba creciendo y seguía reclamando aparición con vida y castigo a los culpables.

En 1985 Alfonsín las citó, pero luego no las atendió porque tenía que ir al Colón, según la explicación oficial. Las Madres tomaron la Casa Rosada, y se quedaron ahí instaladas como forma de resistencia pacífica. Esas acciones mostraban la grieta entre los discursos sobre los derechos humanos que hacía el gobierno, y la realidad. Y mostraban cómo el protagonismo político se desplazaba de los políticos de museo, a los movimientos generados en la sociedad para enfrentar los problemas tomando las riendas de sus propias decisiones.

Se hizo el juicio a las Juntas, pero sólo hubo dos condenas a prisión perpetua. Las de Videla y Massera. Los otros jefes militares recibieron penas bajas, o fueron absueltos. Las Madres opinaron del siguiente modo: se levantaron y se fueron de la sala de audiencias.

Seguían las acciones, marchas, escraches a los militares en sus casas, viajes y campañas en todo el mundo, la lucha contra las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, La lucha contra las rebeliones de Semana Santa y de los carapintadas, La marcha de las manos, La marcha de los Pañuelos, cuando taparon la casa de gobierno de pañuelos blancos, los premios internacionales.

El apoyo a los conflictos, a las huelgas, a los reprimidos y a los perseguidos.

Empezaban a hacer propia una idea: el otro soy yo.

Las Madres, además de denunciar lo que había ocurrido con sus hijos, hicieron otra cosa: comenzaron a levantar las mismas ideas y sueños por las que esos jóvenes habían luchado.
Por eso sintieron que aún sin estar, sus hijos las estaban pariendo.
Aquellas amas de casa desgarradas por la desesperación, habían logrado transformar el dolor en acción y en pensamiento.

Todas estas luchas se multiplicaron al infinito cuando Menem llegó a la presidencia para perfeccionar, en democracia, la miseria planificada: privatizó el país, regaló el Estado, masificó el desempleo, protegió a toda clase de mafiosos, asesinos y corruptos, y además los puso a gobernar con él. De paso indultó a todos los militares que habían sido condenados.

Hubo más de lo mismo cuando subió De la Rúa, y las madres estuvieron allí, nuevamente en la plaza, el 19 y 20 diciembre, cuando ese gobierno intentó imponer el Estado de Sitio y se dedicó a reprimir a miles y miles de personas hartas de tanta decadencia y de tanta mentira. Nuevamente las plazas se llenaron de balas, y de jóvenes muertos.

La historia reciente es más conocida, las Madres y su universidad llena de jóvenes, de movimiento, de conferencias, de proyectos. Las Madres y su flamante radio, para que se escuche cada cosa que hay que decir. La intervención en cada lucha contra las mafias, contra la miseria, contra la muerte.

Y cada jueves, como siempre, las madres circulando, tejiendo solidaridad, construyendo este territorio de la Plaza para que sea el espacio de todos.

Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos. Las madres están dejando esa herencia.

Cómo convertir al dolor, en acción.

La parálisis y el miedo, en lucha.

La desesperación, en coraje.

Las lágrimas, en acciones.

Para acorralar a la muerte, como el primer día:

tejiendo luchas,
haciendo circular los sueños,
y alumbrando la vida.

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4 años sin Cecilia Basaldúa, sin fiscal y sin respuestas

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La familia de la joven asesinada en Capilla del Monte volvió a viajar de Buenos Aires a Córdoba para reclamar que se asigne urgentemente un fiscal en la causa y que se investigue su femicidio. Hace 4 años el cuerpo de Cecilia fue encontrado luego de estar 20 días desaparecido; su familia denuncia una trama local que involucra a la última persona que la vio con vida, el ex boxeador Mario Mainardi, jamás investigado, y la complicidad de la justicia de Cruz del Eje, representada por Paula Kelm, que buscó inculpar a un perejil. Gracias a la lucha familiar se logró anular esa línea de investigación, que culminó en un juicio nulo, pero desde entonces no se retomó la instrucción; y pese a que en diciembre se anunció que un nuevo fiscal tomaría la causa, eso no sucedió, y las dilaciones siguen. Crónica de una nueva reunión con promesas y sin hechos, cuando la impunidad se hace cada vez más grande y el reclamo, también: “Verdad y justicia para Cecilia Basaldúa”.

Por Bernardina Rosini

Daniel y Susana, padre y madre de Cecilia Basaldúa ya perdieron la cuenta de las veces que han viajado desde la ciudad de Buenos Aires a Córdoba con el único objetivo de lograr justicia por su hija. Han perdido esa cuenta pero no la cantidad de días que contabiliza la impunidad: 1460, es decir, cuatro años. 

En efecto, hace cuatro años (el 25 de abril de 2020) encontraron el cuerpo de Cecilia Gisela Basaldúa en un codo del Río Calabalumba en Capilla del Monte, luego de veinte días de estar desaparecida. Cuando Daniel y Susana llegaron ayer a los Tribunales en Córdoba Capital, se los ve invadidos por la bronca y el hartazgo. Son cuatro años sin Cecilia y a la par sostienen que las líneas de investigación han sido deliberadamente manipuladas y el material probatorio  de contundencia, ignorado

La última vez que estuvieron parados sobre esa vereda fue el pasado 7 de diciembre, tras reunirse con el Fiscal General Juan Manuel Delgado. Celebraban la noticia: “Tenemos fiscal, vinimos con 3.000 firmas de apoyo pidiendo fiscal y lo tenemos. Es el Nelson Lingua y comienza el 1° de febrero, después de la feria judicial”. Cinco meses después, otra vez viajan 700 kilómetros para golpear la puerta del Palacio de Justicia pues tal designación no sucedió y la causa acumula once meses sin fiscal a cargo de la instrucción.

4 años sin Cecilia Basaldúa, sin fiscal y sin respuestas
Daniel Basaldúa y Susana Reyes, papá y mamá de Cecilia: viajaron desde Buenos Aires para mantener una reunión y reclamar justicia por su hija.

El baile del fiscal

Mientras los Basaldúa llegaban el 25 de abril nuevamente a Córdoba para pararse frente a Tribunales y exigir justicia, fueron notificados que la Fiscal General Adjunta Bettina Croppi los convocaría a una reunión. 

Antes de ingresar al edificio Daniel comparte la situación actual de la causa “Nos vienen diciendo que no designan fiscal porque falta una firma: me cuesta creerlo. No puedo hacer nada más que venir y reclamar. Hasta ahora la única justicia que logramos fue que no metan preso a un inocente”. 

Hoy le cuesta hablar; tiene un nudo en la garganta y el rostro de su hija estampado sobre el pecho. “Sólo espero que esta investigación vaya tras los verdaderos sospechosos, tras Mario Mainardi, última persona que vio a Cecilia con vida, quien tenía pertenencias de ella y las regaló; la policía y la fiscal Paula Kelm contaban con ésta y más información y nunca lo investigaron. No podemos creer que Mainardi, que dijo trabajar en Uber porque no podía acreditar ingresos, tenga más poder que Diego Concha, quien fue durante décadas Director de Defensa Civil de la provincia y sin embargo hoy está preso”. 

Daniel pasa lista de todos los uniformados que participaron del caso y que hoy se encuentran desplazados, procesados o presos por distintas causas: el común denominador es la violencia de género. 

Mientras las abogadas ingresan junto a los padres de Cecilia a la reunión, afuera les esperan periodistas, agrupaciones feministas, trabajadores de la Secretaría de Derechos Humanos y familiares víctimas de violencia institucional. Repiten el colgado de banderas, los carteles con rostros de otras víctimas, y los cantos que se recitan como mantras: “¡¡Queremos fiscal, queremos fiscal, queremos fiscal!!” y “¡¡Justicia, justicia, justicia!!”.

Al salir, Giselle Videla -una de las abogadas de la familia- comparte lo conversado en la reunión: “Para iniciar nos han pedido disculpas puesto que en noviembre nos dieron la seguridad que tendríamos fiscal apenas finalizada la feria judicial. Como hoy no hay fiscal, y están subrogando fiscales de otros territorios que toman la causa por un plazo corto de tiempo, el avance es mínimo. Nos informaron en relación a esta situación que la designación de Nelson Lingua espera la firma del gobernador, Martín Llaryora. Ahora bien, nos enteramos que será designado como Fiscal reemplazante, y no como Fiscal titular puesto que Lingua no ha rendido el concurso que lo habilita para ese cargo; debe rendirlo ahora y recién en julio- agosto podremos saber si será finalmente el fiscal titular de la causa”. 

Para que se entienda: desde que el tribunal absolviera a Lucas Bustos en julio del 2022 reconociendo su inocencia y su no vinculación al crimen, y ordenara una nueva instrucción para dar con los responsables del femicidio, la causa demoró meses en ser asignada a un fiscal. Luego recaería en el Dr Raymundo Barrera de Cruz del Eje, fiscal que, hábil con el calendario, entre feria judicial y licencias llegó a junio del 2023, mes en el que se jubiló. 

Por la presión de la familia Basaldúa, en diciembre el mismísimo Fiscal General anunció la designación del Lingua el 3 de febrero; eso no sucedió y no hay certeza de que Lingua resulte el fiscal que definitivamente dirigirá la instrucción, puesto que no cumple con los requisitos.

4 años sin Cecilia Basaldúa, sin fiscal y sin respuestas

Preguntas sin respuesta

Es mediodía y el cielo se refleja en las ventanas del edificio neoclásico de la calle Caseros; da la impresión que adentro estuviera vacío, que sólo es una fachada. “Hoy, 25 de abril se cumplen cuatro años de la aparición del cuerpo sin vida de Cecilia Gisela Basaldúa” lee Susana de la pantalla de su celular; ella también lleva una remera con el rostro sonriente de su hija. Sigue:

Cuatro años de impunidad y de violencia sistemática por parte del Poder Judicial a quienes pedimos y exigimos justicia por ella. La causa volvió a foja cero en el 2022 luego de pasar por un juicio vergonzoso.

El tiempo pasa y los asesinos de Cecilia siguen libres e impunes. No tenemos fiscal ni respuestas” y continúa “¿Cómo vamos a llegar a la verdad? ¿Qué fue lo que pasó con Cecilia? ¿Por qué tardó tanto en aparecer? ¿Dónde está Mario Mainardi? ¿Por qué la fiscal Paula Kelm ordenó tan rápidamente detener a un joven sin tener pruebas? Todas estas preguntas nos conducen una y otra vez a un círculo cerrado de impunidad entre funcionarios judiciales que se jactan en demostrar un abuso de poder constante”. 

La carta leída en la vereda, casi sobre la calle, concentra todas las preguntas que la investigación del femicidio debiera responder. 

Y la carta también cierra como se espera que cierre la investigación: “Verdad y Justicia para Cecilia Basaldúa”.

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