Sigamos en contacto

Nota

Despidos en INTI: el ajuste injusto

Publicada

el

Los despidos en el INTI, como en el Posadas, no se explican sólo como parte del ajuste: los despedidos fueron profesionales que controlaban empresas, que desarrollaron  políticas sociales y, la mayoría, delegados sindicales. El tejido social que se intentó romper sigue en el acampe a la vera de la General Paz más fuerte que nunca: de un lado al otro de la reja pasan mates, bizcochos y medidas de lucha por la reincorporación bajo el lema «en INTI no sobra nadie».
Tocan bocina.
Más allá, en un árbol al lado de la General Paz, hay un cartel que te invita a tocar bocina.
Y los autos tocan y tocan.
También los colectivos, camiones y motos que pasan por la colectora.
La bocina es un abrazo. Los trabajadores del INTI contestan con aplausos.
Esa es la melodía en la puerta del Instituto Nacional de Tecnología Industrial: bocina, aplausos, bocinas, aplausos sostenidos.
Es un diálogo: una forma de decirse que uno y otro están en la misma. 
La otra forma de acompañarse y sostenerse se da de un lado y del otro del alambrado.
Lo que parece dividido se une en un ritual: mate y galletitas que se pasan por arriba. Y se completa con las manos tocándose por los agujeros que deja el entramado.
Afuera, trabajadores sostienen un acampe en la vereda. Están sentados en grupos, muchos con los mismos compañeros que forman diariamente equipos de trabajo.
Adentro otros trabajadores repiten la escena.
Así desde que a finales de enero 254 trabajadores fueron despedidos. Las autoridades dieron desde entonces asueto al resto de los trabajadores. Hasta ayer.
“Lo levantaron parcialmente avisando a trabajadores del área de finanzas, suministros, y recursos humanos que tenían que presentarse a trabajar», explica del otro lado del alambrado Giselle Santana, Secretaria Gremial y trabajadora del área de metrología del INTI. «Era una maniobra para probar si se podía funcionar normalmente a pesar de nuestra permanencia y si lograban dividirnos. Estuvimos desde muy temprano recibiendo a los compañeros, explicándoles la situación y que era importante que nos mantuviéramos unidos, que aunque a ellos les hubieran levantado el asueto pararan y se quedaran con nosotros en la permanencia”.
¿Y qué pasó? “Fue un éxito. Están todos acá. Esto está más fuerte que nunca”.

Enero de despidos

El Instituto Nacional de Tecnología Industrial fue creado en 1957. Tiene 51 centros de servicio distribuidos en todo el país que construyen una red nacional de innovación, soporte a la calidad y desarrollo tecnológico.
Está dividido en las áreas: asistencia regional, comercialización, cooperación económica e institucional, metrología, calidad y ambiente, desarrollo y proyectos especiales. Cada una de ellas tiene sus propias ramificaciones.
Giselle explica: “Hay áreas completas que han desaparecido, agricultura familiar por ejemplo, y centros de extensión que había en el interior: Pergamino, Viedma, Cruz del Eje, están todos despedidos. Detrás de los despidos hay una política de eliminar tareas que tienen que ver con asistencia a la base social, cooperativas, economías regionales; y por otro lado controles que quieren eliminar, en algunos casos privatizarlos, en otros casos directamente eliminarlos también para favorecer empresarios amigos. Y el denominador común es la persecución política sindical: hay 40 delegados entre los despedidos, compañeros que fueron delegados anteriormente en otras listas o son compañeros que participan activamente de las asambleas”.
Hoy los trabajadores reciben a trabajadores del Movimientos Nacional de Empresas Recuperadas, Frente de Organizaciones de Lucha, Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y Cooperativa de Trabajo Bronces Brass Root, para seguir fortaleciendo alianzas.
“Entre otras razones estamos luchando porque no sólo somos trabajadores del INTI, sino también parte de la población que beneficia si el INTI existe”, dice Giselle. Y sigue: “Si a mi sobrino le doy la mamadera, se la doy tranquila porqué sé que el INTI plástico ha certificado que no tiene elementos tóxicos. Si el INTI no existiera y no hiciera este trabajo, no podría ni tomar tranquila una gaseosa, porque no podría saber si la botella de plástico tiene migraciones de partículas que no corresponden o no”.
Victoria, trabajadora del área de química, del otro lado del alambrado agrega: “No solamente trabajamos en control de calidad, sino también en desarrollo”. Su voz se agrieta cuando piensa un por qué para la situación: “No las entiendo las razones, me deja pasmada, me parece una barbaridad. Pienso que el pueblo argentino no votó esto, no creo que quiera esto”.
Una de las trabajadoras, que prefiera no dar su nombre, suma otra perspectiva: “Muchas cosas de las que nosotros hacemos tiene un impacto directo en la salud de la población general, imagínate si estas cosas tan sensible pasan a manos privadas, sabiendo todos los intereses que se mueven en las manos privadas. Es serio lo que está pasando, no solo para los trabajadores, sino el impacto que va a tener después en la sociedad”.
Los despidos del INTI se inscriben dentro de los 6639 despidos que hubo durante el mes de enero según el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). El 58 por ciento corresponde al ámbito público.
Giselle analiza: “No creemos que seamos una isla. Estamos en el mismo barco que todos los demás. Nosotros sabemos que el INTI en el proyecto político del gobierno no encaja, por eso sobramos. Tampoco encaja la salud pública, los derechos de los trabajadores, ni la educación pública. Es difícil, suena terrible, nos sentimos muy mal. A la angustia del despido, de saber que te quedas sin el pan se le suma un agravio innecesario de tener que escuchar a los funcionarios decir que somos ñoquis, que somos vagos. Compañeros que tienen 20 años de laburo, algunos con especializaciones que podrían estar trabajando en cualquier lugar del mundo, en cualquier empresa privada, ganando muchísimo más. Acá hay una enorme convicción de que no sobramos, de que lo que hacemos en importante, de que lo que hacemos en lugar de servir para incrementar las ganancias de algún empresario amigo del gobierno o de los que gobiernan sirve para la población”.

El tejido

El conflicto comenzó en diciembre; primero no se iba a renovar beca a seis becarios, con organización se logró que no suceda. Después quisieron rescindir contratos de profesores del jardín, pero también se frenó.
Una trabajadora, en ronda de mates, alerta: “Es la torpeza que tiene esta gente que vino y no conoce cómo nos organizamos en el INTI. Si hay algo que es intocable acá es el jardín: tocas el jardín y tocaste a todos”.
Después comenzaron a llegar los 254 telegramas. “Encontraron una reacción descomunal como la que estamos dando”, dice Giselle. Sigue: “En el cuerpo se siente tremendo: esta no es mi voz por ejemplo, estamos cansados, tenemos sueño, tenemos ganas de comer un poco más rico, estamos traspirados, tenemos calor. Anímicamente es contradictorio: se extraña mucho la familia, muchos no salimos nunca porque sabemos si salimos después es complicado volver a entrar entonces por ahí viene la familia y te visitan del otro lado del alambrado y sacamos la manito así y charlamos un rato”.
De un lado y del otro del alambrado. Familias, hijos, compañeros, tomándose de la mano por un agujero entre el metal.
Se emociona: “Después está la fuerza de los compañeros que te sostiene todo el tiempo, los que estamos acá la aguantamos adentro y los que no, habiendo asueto hace 13 días vienen a las 8 de la mañana, que es el horario que entrábamos, y se sientan ahí. Vienen y se juntan los sectores de trabajo entero, nos pasamos los mates, charlamos. Hacemos asamblea y hablamos para un lado y el otro, vamos pasando el micrófono. Estamos orgullosos de lo que estamos haciendo, eso te mantiene fuerte”.
Medardo, trabajador con siete años de antigüedad y uno de los despedidos: “Lo llevamos con mucho orgullo. Ahora estamos más fuerte pero los primeros días cuando no sabíamos ni siquiera a quienes iban despidiendo era un velorio: sino estabas llorando porque te despidieron a vos, estabas llorando porque veías al compañero destrozado porque lo habían despedido. Despidieron familias enteras, matrimonios con chicos acá en el jardín”.
“Tenes que ser muy perverso para tirar a una familia a la calle directamente, no le das ninguna chance, le sacas el laburo al mismo tiempo a los dos y además le sacas el jardín a los chicos. Le tienen que explicar a sus hijos que además de que no tienen trabajo, ellos no van a ver más a sus compañeritos, a sus maestras. Te sacan todo, pero por eso vamos a ganar”, suma Giselle.
Irene, jubilada de 74 años, llega a media mañana. Trabajó 30 años en el INTI. Lo resume así: “Uno acá pone la vida, se trabaja con todo. Uno sabe que es útil al país y a las industrias”. Ella trabajaba en el área de corrosión y protección, recuerda que en el 76 también despidieron a delegados. “La diferencia es esto”, dice mientras mira el acampe. “Esto es maravilloso”.
De un lado de la reja, está la realidad. Del otro lado, también. La única irreal es la reja.

Nota

Memoria, verdad y un nuevo reclamo de justicia a 3 años sin Carla Soggiu

Publicada

el

A 3 años del femicidio de Carla Soggiu su familia realizó un ritual junto a un mural con la cara de la mujer asesinada por su ex pareja, que no fue juzgada por el crimen por decisión del fiscal César Troncoso. Recordaron así y ahí, en Nueva Pompeya, los alertas que Carla le hizo a un Estado que no la protegió de la violencia machista ni la encontró cuando se encontraba desaparecida. La causa por el femicidio fue investigada recientemente por MU: lo que el expediente oculta y tergiversa, y lo que devela sobre la falta de funcionamiento del sistema de botón antipánico. Una historia que demuestra paso a paso cómo lo judicial puede encubrir la responsabilidad estatal y archivar procesos, convalidando la impunidad.

En uno de los límites de esta ciudad infinita está el mural que recuerda a Carla Soggiu sonriendo. “Madre, hija y vecina del barrio Nueva Pompeya” proclama con delicadas letras esta pared pintada que hoy da lugar a una ceremonia de dolor y memoria. “A esta hora empezó el infierno” dirá Roxana, la mamá, en este sábado de calor asfixiante. Señala entonces la esquina para marcar el lugar donde Carla activó por primera vez el botón antipánico que el Poder Judicial le entregó para protegerla. No funcionaba.

Aquel 15 de enero de hace ya tres años Carla pidió ayuda cinco veces y cada vez el patrullero policial llegó a la casa de la familia Soggiu preguntando dónde estaba. Comprendieron así, cruelmente, que Carla estaba en peligro y que nadie podía ayudarla. Cuatro días después un trabajador de limpieza encontró su cuerpo en el Riachuelo, que en ese límite es apenas unas cuadras.

Días antes Carla había sido torturada y violada por su pareja, con su hija de 2 años como testigo. Cuando logró escapar presentó una denuncia: fue la que originó la entrega del botón, una medida de protección que en esta ciudad portan tres mil mujeres al año.

La pareja de Carla fue condenada por esos delitos, pero la causa por su femicidio fue archivada: el fiscal César Troncoso consideró que no había delito alguno que investigar. Haber sido golpeada y violada días antes, soportar golpes en la válvula que calmaba su hidrocefalia, pedir ayuda a través de un dispositivo inútil, entre otras tantas de violencias, no son considerados por el fiscal como indicios de una trama que une ambas causas. La familia de Carla se enteró del archivo hace apenas unos días y de casualidad y ahí está ahora, parada frente al mural, clamando ayuda porque contra tanta injustica “solos no podemos”.

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial cómplice de la impunidad. Está su tía y su primo y una vecina con su hijita y en ese abrazo la familia de Carla encuentra la fuerza para recordar sin lágrimas lo que necesitan: justicia. La exigen por sus nietos que todavía no accedieron a la pensión a la que tienen derecho según la Ley Brisa. Tras reclamos y trámites solo tuvieron una Asignación Universal por Hijo. Un abogado les cobró 40 mil pesos para renovarla, pero el trámite no lo completó y quedó nulo. De eso también se enteraron hace apenas unos días y de casualidad, cuando acudieron a la Defensoría General a pedir ayuda y se encontraron allí con la abogada que asistió a Carla en su primera denuncia. Ella los ayudó a solicitar la renovación del subsidio, pero en esta tarde de infierno Roxana cuenta que ya pasaron los 10 días previstos y la asistente social que debía visitarlos para darles la aprobación nunca llegó, así que tendrán que seguir esperando a ese Godot que es la justicia en Argentina. Mientras, el sustento sigue dependiendo de la espalda de Alfredo, que hace años trabaja en la misma empresa cumpliendo tareas de carga y descarga. Lo ayudan dándole horas extras: más peso.

En esta tarde de dolor y memoria hay flores y globos violetas, el color preferido de Carla, que su madre suelta para que rueden por las calles silenciosas del barrio de Nueva Pompeya. Docenas de globos mecidos por la brisa ardiente que anticipa una tormenta. Ahí quedan, en ese límite y a la espera.

Seguir leyendo

Nota

Lo que falta: 16va Carta al Presidente de Familiares Sobrevivientes de femicidios

Publicada

el

A plena luz del sol y en un centro desolado, las familias que componen el grupo Familiares Sobrevivientes de Femicidios se reunieron en Plaza de Mayo para dejar por vez número 16 una carta al Presidente Alberto Fernández, pidiendo que los reciba, exigiendo justicia por sus hijas y acercando medidas concretas para que eso suceda.

En la jornada de hoy estuvieron presentes Daniel y Susana, papá y mamá de Cecilia Basaldúa, asesinada en Capilla del Monte, Córdoba; Marta y Guillermo, padre y madre de Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata; y Analía Romero, mamá de Camila Flores, asesinada en Santa Fe.

En todos los casos estas familias debieron trasladarse hasta Plaza de Mayo; recorrido que significa a la vez que las causas que se tramitan por las muertes de sus hijas distan muchos kilómetros de la Casa Rosada; distancia que garantiza la impunidad, ya que facilita las trabas judiciales y las tramas territoriales; y complica el acceso a la justicia como un derecho para familias que no cuentan con recursos para viajar ni para sostener abogados ni peritos.

Así lo denuncia la mamá de Camila Reyes:

Así reclama Guillermo Pérez, papá de Lucía, que Alberto Fernández los reciba:

Estas son las fotos de algunas de las jóvenes asesinadas por la violencia machista, cuyas causas siguen impunes:

Estas son las cartas que entregan las familias al Presidente cada segundo miércoles del mes:

Esta es el informe que junto a las cartas las familias entregaron en la Rosada, un diagnóstico y una muestra de lo que falta para lograr un Nunca Más de la violencia patriarcal, de la que el Estado es parte:

Seguir leyendo

Nota

Infeliz año nuevo: trabajadores de alfajores La Nirva con orden de desalojo

Publicada

el

“Resuelvo: disponer el lanzamiento de los ocupantes de la planta fabril deudora ubicada en laa calle Dorrego Nº854, Lomas del Mirador, La Matanza, Provincia de Buenos Aires y restituir la posesión de la misma a la concursada”.

El fallo lleva la firma del juez nacional en lo Comercial Fernando D’Alessandro, está fechado el 30 de diciembre, y precisa dos aclaraciones: cuando se lee “lanzamiento” debe entenderse “desalojo” y “ocupantes” a 57 familias de la tradicional fábrica de alfajores La Nirva que recuperaron sus fuentes de trabajo en plena pandemia después de la estafa de los exdueños Matías Paradiso y Marcelo Iribarren. Las familias pusieron las máquinas a producir nuevamente luego de conformarse en una cooperativa de trabajo, y así trabajaron este año y medio pandémico hasta recibir el fallo previo al año nuevo.

“Estamos laburando muy bien”, dice a lavaca Marcelo Cáceres, presidente de la cooperativa. “En este último tiempo estábamos con pan dulces y muchos proyectos de ampliar la máquina de galletitas y alfajores, de inaugurar una línea más: estamos en crecimiento. El síndico ya había venido a revisar la fábrica y quedó sorprendido de lo bien que estaba. La decisión nos lleva a pensar que hubo un arreglo político con plata de por el medio, porque el juez no se fijó en esto, y directamente decretó el desalojo”.

La decisión, por ahora, no tiene fecha, pero las familias sí están en alerta y la noche de año nuevo reforzarán la presencia de guardia en la fábrica.

Dice Cáceres: “Vamos a aguantar la que se venga”.

Compartimos la nota de MU sobre la recuperación de la empresa.

Triple sabor: La Nirva, recuperada por sus trabajadorxs

Luego de estafas patronales, amenazas de la Bonaerense y dos meses en la calle durante la pandemia, la popular fábrica de alfajores de La Matanza se hace cooperativa. La autogestión como salida ante la crisis. Por Lucas Pedulla.

(publicada en julio 2020)

Después de trabajar 20 de sus 42 años en el control de la máquina de chocolate de La Nirva, Lorena Pereyra se encontró en pleno aislamiento social, preventivo y obligatorio enviándole al dueño una foto de su tupper en la olla popular que cocinaban al frente de la empresa, con un mensaje: “Mirá a lo que llegué”. La foto era la misma para cada una de las 65 familias que desde el comienzo de la cuarentena tuvieron que desoír el consejo de quedarse en casa, con los riesgos que eso implicaba, e instalar una carpa frente a la fábrica de alfajores en el partido bonaerense de La Matanza para reclamar por sus fuentes de trabajo.

Allí permanecieron durante casi dos meses con venta de torta fritas y budines para el fondo de lucha, y con carteles que explicaban la necesidad preventiva, social y obligatoria de otro virus:

  • “Nuestro virus tiene nombre: Matías Paradiso y Marcelo Iribarren (los dueños)”.
  • “Nos dieron cheques sin fondo en diciembre. Nos estafaron”.
  • “Si nos quedamos en casa nadie escucha que pasamos hambre. Queremos recuperar nuestro trabajo y vivir dignamente”.
  • “Queremos cobrar”.

Con cuatro hijos y su marido que había sido despedido de la misma empresa años atrás, Lorena nunca imaginó que atravesaría la lucha en medio de una crisis sanitaria sin precedentes. “La patronal cambió hace tres años y vimos cómo empezaron a irse compañeros. De 120 pasamos a 65. Hace dos años que no tenemos aportes, mientras vemos cómo en la ANSES figura que cobramos sueldos de 70 mil y 80 mil pesos, cuando hace nueve meses que no cobramos nada. Pero ante la necesidad te hacés fuerte, quieras o no”.

Lorena ya no habla desde la olla popular en la calle, sino desde adentro de la fábrica, donde permanece de forma pacífica junto a sus compañeros y compañeras en resguardo de las maquinarias y su fuente de trabajo que hoy toma una forma que augura un futuro pospandemia sanitaria y laboral: la forma cooperativa.

Foto: Ramiro Dominguéz

Conflicto grandote

La popular fábrica La Nirva es la encargada de hacer los famosos alfajores Grandote y La Recoleta, entre otros productos como cubanitos y copitos de chocolate y dulce de leche. El 80 por ciento de su personal son mujeres. “Mi pareja trabajó 31 años acá: lo echaron el año pasado pagándole una sola cuota de 51 mil pesos como indemnización”, contaba María de los Ángeles Santillán, 46 años, 23 en la empresa, cuando MU se acercó a la fábrica una semana después de iniciado el acampe. “No tiene nada fijo. Y la plata no alcanza, las boletas aumentan, tenemos mamás enfermas que tenemos que dejar para venir acá. Se complica todo: no tenemos ni para cargar la SUBE, por eso estamos vendiendo tortas fritas”. 

Marcelo Cáceres (34 años, 12 en la fábrica) pasó de ser delegado sindical a presidente de la futura cooperativa. Desde esa transformación recuerda que la caída  comenzó en 2018, cuando la firma cambió de dueños. “Se vendió al grupo Blend. Durante dos meses seguimos con el ritmo de trabajo que teníamos. Al tercer mes, el salario empezó a retrasarse. De a poco, se fueron cerrando líneas. Al tiempo, nos cortaron todos los servicios: agua, gas y luz. Nos quedamos literalmente a oscuras”.

Empezaron los despidos de personal administrativo: de más de 120 trabajadorxs quedó la actual planta de 65 personas. Y como en la pandemia, se contagió el miedo. Santillán: “Había miedo a hablar porque si alguien criticaba, al día siguiente era despedido”.

Cáceres aclara que el problema no era la producción. “Por quincena, y laburando una sola línea, hacíamos un millón 200 mil alfajores. En 2001, año de la peor crisis, ni se sintió: hasta horas extras se hacían. Fue un mal manejo. No sabemos lo que es cobrar un sueldo completo. Eran puchitos: de 2.000, 3.000 pesos. De octubre a hoy, solo en salarios la deuda con nosotros es de 18 millones de pesos”.

Hay más: “En diciembre nos dieron cheques a 60 y 90 días. El dueño nos dijo que vayamos a cobrarlo a una financiera, que nos iban a sacar un porcentaje, pero que lo íbamos a poder cobrar. Nadie vio un peso”.

Cáceres tuvo que vender su auto para poder pagar deudas. El 24 de diciembre llamaron al dueño para que les diera algo de efectivo para pasar las fiestas: “Nos dieron 3.000 pesos”. Y el 2020 arrancó con más promesas. “El primer día de febrero nos prometieron 40 mil pesos para arrancar y que, mientras producíamos, iban a abonar la totalidad de la deuda. Trabajamos una semana: nos dieron 20 mil. Hay buena predisposición, pensamos. Trabajamos otra semana más, pero ahí ya dijeron que no había efectivo. Como veníamos de dos años de mentiras, decidimos dejar de trabajar hasta que nos pagaran”.

Así llegó marzo, la pandemia agudizó todas las crisis y la situación  de los trabajadores era desesperante. Al combo se sumó que un vecino les avisó que un camión había ingresado de madrugada a la fábrica a llevarse cosas. No dudaron: estaba en juego la fábrica y sus fuentes de trabajo. 

Y votaron la instalación de la carpa.

Foto: Ramiro Dominguéz

Unión & galleta

Cuando el acampe cumplió una semana, recibieron una visita inesperada. Cáceres: “Apareció la policía, con la excusa de que no podíamos estar en la calle por la pandemia, cuando hacía siete días que estábamos ahí. Y nos corrieron por todo el barrio: un grupo terminó en la plaza, otro cerca de la ruta”. El efecto se vio al otro día: entre vecinos, vecinas y movimientos sociales hubo 200 personas apoyando a las familias en la puerta con olla popular. Y la policía no volvió más.

Ante la evidencia del apoyo, los dueños firmaron un acta en la que se comprometieron a cumplir el 100 por ciento de los salarios adeudados. Pero esta promesa tampoco se cumplió. “Agotamos todas las instancias legales que había. Primero, el dueño nos tomó el pelo a nosotros. Segundo, al sindicato. Y tercero, al Ministerio de Trabajo: hicimos cinco audiencias y no cumplieron ninguna, hasta que con los abogados del sindicato decidimos cerrar el acto y quedarnos en asamblea permanente, pero ya adentro de la fábrica”.

Lorena Pereyra hace una lectura de todo el proceso: “20 años son toda una vida. Tuvimos un mes en la puerta sin la ayuda de nuestro sindicato, con la ayuda de los vecinos. Ahí te das cuenta de que tu lucha vale, y que tiene un poder. Antes, con un pago mínimo entrábamos y desistíamos, pero ahora la pandemia terminó de desatar todo. Fui aprendiendo mis derechos. Uno viene acá, exponiéndose a todo, cuando lo que más queremos es estar en casa, pero lo valió”.

Mientras los trabajadores y trabajadoras buscan volver a la producción, Cáceres fue denunciado por “usurpación” por los exdueños, causa que tramita en los tribunales matanceros. “Por ahora el fiscal actuó bien. Y entre nosotros tenemos mucha unión. Sin eso, no hubiéramos llegado a nada. Esa es la base: la unión y la convicción que tenemos”.

Paula Rojas, 30 años, fue una de las últimas trabajadoras que entraron, hace cuatro años, en el área donde se colocan las galletas y empieza el proceso del alfajor. Sus compañeros la eligieron para que sea la tesorera de la futura cooperativa. “Me gusta y es una responsabilidad, porque si nos hubiéramos quedado en casa no habríamos conseguido nada. Mucha gente va a quedar desocupada después de todo esto, y si no recuperábamos también nos íbamos a quedar sin nada. Por eso tampoco podíamos quedarnos en casa. En casa estábamos todos separados, cada uno en su vida, aislados. Acá es distinto, estamos apostando a un mismo objetivo: recuperar nuestras fuentes laborales”.

Seguir leyendo

La última Mu: Movete

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.

0:00
0:00