Nota
Las fábricas de derechos

Gisela Bustos forma parte del movimiento que ha logrado que las empresas recuperadas presenten nuevamente en 2022 un proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas. Es parte de una estrategia para cambiar una inercia nacional: la del desconocimiento, ninguneo e indiferencia hacia un movimiento que logró, con trabajadoras y trabajadores concretos, organizados en cooperativas, de modo autogestivo, poner en marcha más de 400 fábricas y empresas en las que la gestión patronal había resultado un fracaso.
Todo eso ocurrió durante uno de los fracasos históricos del país, el que cruzó la frontera entre el siglo 20 y el 21, del menemismo al delarruismo con el neoliberalismo como bandera, en medio de la mayor desocupación y recesión de la que se tenga memoria.
Gisela Bustos es hija de esa historia, que en el tiempo presente la instaló en lugares entonces inesperados: es la Directora de Fomento y Evaluación de Proyectos del INAES (sigla del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, que reúne al mundo cooperativo y mutual del país).

“Cuando yo trabajaba en la metalúrgica 19 de Diciembre, incluso como abogada, el INAES era para mí el lugar al cual venir a reclamar la matrícula de las cooperativas del MNER (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas). Ni siquiera sabíamos que había un despacho como este, una Dirección con herramientas para el fomento de las cooperativas. Hoy al menos puedo decir que tenemos el 100% del presupuesto que nos corresponde ejecutado”.
Bustos ha sido una de las voces del MNER durante la presentación del proyecto de Ley en Diputados, junto a Eduardo Vasco Murúa, titular de la Dirección de Programas de Inclusión Económica del Ministerio de Desarrollo Social, (más nombrada como Dirección de Empresas Recuperadas). En ambos casos, el rol de funcionarios se da paralelamente a la participación en un movimiento social.
¿Cómo describir la relación entre esa militancia y la función estatal? Gisela ríe: “De amor-odio. Digamos: es una relación de tensión, nunca de comodidad. Algunos sectores querrían que sea de subordinación, pero nunca lo va a ser. Las recuperadas tienen un aporte muy importante que hacer a la economía social y popular. Tenemos que seguir trabajando en cada fábrica y también en los espacios institucionales para correr los límites que muchas veces nos quieren imponer. Ese es nuestro trabajo, para lograr cosas concretas”.
La historia de Gisela corre entrelazada a las empresas recuperadas desde su trabajo cotidiano de los últimos 20 años hasta su doctorado en Ciencias Jurídicas en la Universidad de Morón, aprobado con la tesis Ocupar, Resistir y Producir Derechos, publicada luego por la editorial Ciccus.
“Un tema que busqué resaltar es la relación entre los derechos del trabajo con los derechos humanos. Tenemos la mirada puesta en la dignidad, la solidaridad, el bien común. Pero no es una teoría romántica, algo abstracto o poético. Hablo de algo que se percibe apenas se conoce cada una de estas experiencias”.
De la asamblea a la metalúrgica
Vivió siempre en Adolfo Sordeaux, Malvinas Argentinas, Los Polvorines. Gran Buenos Aires en estado puro. Padre ya jubilado que fue administrativo en una fábrica, madre profesora de yoga y gimnasia, hermano que estudió para contador, y Gisella entró a abogacía.
Todo tranquilo, parecía, hasta que llegó el 2001: “Me llegó la movilización tremenda de esos días. En mi casa nadie hablaba de política, había un temor, el no te metas. Algo que les venía desde los 70. Pero el 2001 se llevó todo puesto. De repente, el pueblo estaba en la calle”. Apareció la asamblea vecinal, Gisela corrió hacia allí. “Había mucho impulso de compañeras de un partido trosko, el MST, que después tuvo varias rupturas. Yo empecé a militar con ellas. Había que salir o salir, organizarnos. Éramos los dueños de la calle, de las plazas, existía la idea de estar en la discusión y en la toma de decisiones. Eso ya no era cosa de otros: era cosa nuestra”.
Se sumó a las calles, a las plazas y al partido. “La idea de las compañeras era participar, empujar, y también captar, y yo me sumé, obviamente. En esa militancia, fue que acompañamos el conflicto de la autopartista 19 de Diciembre. Esa fecha de 2002 se había tomado la fábrica. Hubo un festival solidario, pero cuando conocí esa empresa quedé enamorada, porque esos compañeros hacían todo lo que realmente había que hacer. Recuperaban los medios de producción. Yo sabía lo poco que me habían dado para leer, algo de Marx, algunas discusiones… pero en la 19 de Diciembre estaba todo sintetizado. Se apropiaron del lugar para no quedar en la calle, y autogestionaban la empresa en medio de ese contexto de movilización popular”. Gisela se recibió de abogada en 2003 y en 2006 entró a la fábrica a la parte contable. Al poco tiempo la asamblea decidió que fuese abogada de la cooperativa. Y finalmente en 2010 ingresó como socia. “Me fui del partido, porque en las sucesivas rupturas que iba teniendo no daba respuesta para la experiencia de las fábricas recuperadas. Yo veía una cosa dogmática aferrada a planteos de 150 años atrás. No sé si era el partido en sí, o quienes lo manejaban. Yo decía: ‘amigo, aggiornate, no sigas cargando la cosa en los muertos, animémonos a debatir los que estamos vivos, a discernir, a polemizar”.
¿Quiénes son desclasados?
Recuerda debates raros. “En el partido me decían ‘ustedes son unos desclasados, los trabajadores de una empresa recuperada ya no tienen patrón. Entonces, si no tienen patrón, ya no son trabajadores sino pequeño burgueses’”.
El planteo –dirigido a los obreros metalúrgicos de la 19 de Diciembre por parte de militantes partidistas– merecería formar parte de alguna antología futura de Capusotto y Saborido.
“En un momento dije basta. Las discusiones en el partido eran para participar y empujar, yo lo comprendo, así como para captar gente. Pero al estar ya en contacto con fábricas concretas, como en el partido yo veía que no entendían, decidí irme a trabajar directamente al MNER”. Una sorpresa en el relato”: El primer apoyo concreto para la 19 de Diciembre llegó de La Bella Flor” cuenta Gisela en referencia a la cooperativa de reciclado de basura de José León Suárez. “Es toda una red de organizaciones que hay en San Martín. Tenemos incluso una Mesa de Recuperadas”. Eso hizo que ella se hiciera cargo como abogada de un número cada vez mayor de fábricas y empresas que buscaban una especie de utopía práctica: que las reconocieran formalmente para poder trabajar.
Empapelados de subsidios
Gisela empezó a observar cómo desde ámbitos externos a las empresas y fábricas recuperadas se hablaba y teorizaba sobre ellas. “Pero nuestras humildes empresas tenían mucho para aportar a lo que hasta la OIT (Organización Internacional del Trabajo) incluyó en sus informes sobre el futuro del trabajo. Pero a la vez me hacía pensar: ¿nosotros no tenemos nada para decir? En 2019 todavía estaba el gobierno de Macri, con el que estábamos obtuadísimos, pero se hizo un congreso en España de la OIT, presentamos una ponencia, nos convocaron a exponerla allí mismo para contar cómo fue que recuperamos las fábricas y las venimos sosteniendo durante más de 20 años. En Europa eso solo había ocurrido en momentos efímeros, la experiencia aquí ha sido totalmente diferente en el tiempo y en los resultados”.
Como abogada se hizo cargo o colaboró con otras empresas, seguía siendo docente pero finalmente todo se volcó al MNER. “Y en la 19 de Diciembre además creamos un Centro cultural, la biblioteca Popular, cosas abiertas a la comunidad y que los mismos compañeros se plantearon como una forma de devolverle al barrio la ayuda que habían tenido durante la recuperación de la fábrica”.
Sobre el anterior gobierno kirchnerista define: “Fuimos muy críticos de todo lo que faltó. Y no hablo de algo coyuntural, o de dinero. Lo que faltó fue el reconocimiento histórico. Y eso es que había muchos intereses de fondo. Como que la política era: te empapelo de subsidios pero no te reconozco. Ahí había alta tensión. Como que la pregunta era: ¿pueden los trabajadores arrebatarle al patrón una fábrica, y además autogestionarla? Eso es lo que mucha gente no aceptaba, y es la prueba que las empresas recuperadas de Argentina pasaron sobradamente. Y eso es mucho más que lo que aguanta mucho progresismo que se queda en lo cosmético”.
En esos tiempos pre 2015 las empresas podían acceder a algunas líneas de subsidios. “Pero nosotros queríamos que nos compren producción para poder trabajar, y lograr el histórico planteo de leyes de expropiación. Hoy seguimos sin una normativa que nos reconozca de fondo. Seguimos con parches”.
Cooperativas y propiedad privada
En 2020 en plena pandemia, ya con Murúa en la dirección de empresas recuperadas, el MNER presentó un primer proyecto de Ley Nacional de Recuperación de Unidades Productivas. “Tampoco es que inventamos la pólvora, sino que el proyecto toma ideas anteriores y las actualiza. Pensamos que en pandemia era muy importante dotar de la mayor protección posible a los trabajadores de las cooperativas, pero el proyecto no tuvo tratamiento”.
La idea que plantea bustos: “No queremos que se expropie para que la empresa pase a ser de la cooperativa. Queremos que el Estado expropie, tome ese dominio, esa propiedad, y le ceda el uso a la cooperativa en tanto la cooperativa siga adelante con su proyecto productivo autogestionado, e incluso con la función social que desarrolla en la comunidad a través de los bachilleratos populares, centros culturales, escuelas, jardines, radios comunitarias y tantas cosas más. Pero así quitamos el concepto de propiedad privada, ver quién se queda con la empresa”.
Dice Gisela que eso no está en debate en este proyecto: “Lo que ponemos en debate es el derecho al trabajo. “Y en las propias cooperativas han estado de acuerdo con que ese era el camino. Los trabajadores no quieren quedarse con la propiedad, sino con la posibilidad de trabajar. Y eso me consta y lo puedo decir porque es lo que hemos discutido con mis compañeros”.
Ese derecho al trabajo es lo que se conoce como un derecho puente: “El que te permite el acceso a otros derechos. Al poder trabajar tenés acceso a otra calidad de vida, el esparcimiento, el disfrute”.
Lo esencial es invisible
En el INAES Gisela comenzó su gestión con el ya fallecido Mario Cafiero como presidente, sucedido por Alexandr Roig. “La pelea que tanto en la dirección del Vasco como acá podemos dar es intensa: tratar de traccionar para que el Estado escuche más los planteos de los protagonistas de todo esto que son los trabajadores. Y que entonces lleve adelante políticas públicas que se necesitan. De nuevo: no hay que inventar la pólvora. Se trata de escuchar y tratar de dar respuestas”. Su rol involucra desde el INAES no solo a las recuperadas sino a todo lo que incluye la economía solidaria y popular, cooperativismo, mutualismo”.
Este año se está impulsando además el ReNacER, Registro Nacional de Empresas Recuperadas. “Es algo que no existía, y no es por nada que no existía en el Estado un registro de las empresas: era una forma más de invisibilizarnos, de ignorarnos. Íbamos a reclamar y nos decían: ¿cómo sabemos quiénes son las empresas recuperadas? En 20 años, nadie había hecho un registro oficial. Esto lo estamos haciendo de forma colaborativa, es una herramienta disponible”. El ReNacER permite que las empresas se anoten y entren en diálogo con la Dirección que encabeza Murúa.
Calcula Gisela que por ahora puede considerarse que existen unas 400 unidades productivas recuperadas en el país, que ocupan a 18.000 personas. El registro permite detectar que el rubro metalúrgico (muy fuerte en las primeras recuperaciones alrededor del 2000) se ha ido diversificando, del mismo modo que la participación femenina en las cooperativas de trabajo.
¿Vale fabricar balas?
Otro dato: “Las empresas recuperadas tienen una baja tasa de mortalidad, lo cual significa que las brutales criis que atraviesa nuestro país no se tradujeron de forma lineal en arrasar empresas recuperadas, como sí pasó con las privadas. Y eso ocurre porque nosotros tenemos otra elasticidad frente a la crisis, una forma de encararlas que surge de valores que no son el lucro. Acá se bancan las situaciones, se reparten de forma solidaria las horas de trabajo y los ingresos. Y obliga a crear, a hacer un poco de magia”.
¿Por ejemplo? “En la crisis global 2008-2009 cayó la industria automovilística. La 19 de Diciembre es autopartista. ¿Qué íbamos a hacer? Nos inventamos unas pinzas magnéticas para sacar las piezas de los balancines (las máquinas que cortan las chapas) reciclando un montón de cosas que había en la fábrica. Fue un éxito, hoy todavía seguimos vendiendo esas pinzas”. Otras magias: “Como el Estado no podía comprarnos autopartes, ls fabricamos canastos de basura, cartelería y hasta piezas para la construcción de viviendas”.
En ese momento les propusieron además fabricar casquillos de balas para las fuerzas de seguridad. Sorpresa: “La asamblea lo rechazó. No es que sobrara plata, pero la asamblea planteó que no estaba de acuerdo con esa provisión para el Ministerio de Seguridad, sabiendo las veces que todo eso fue usado contra los propios trabajadores”.
Las fábricas recuperadas tienen sus consejos de administración, pero las decisiones fundamentales se toman en asamblea. Eso permite críticas por una supuesta ineficiencia. “Es falso. Lo ineficiente es si la fábrica está en asamblea permanente. Nuestro lema es Ocupar Resistir y Producir. Y producir con calidad, con autodisciplina. Y producimos no solo lo que hace la fábrica, sino que también tenemos que producir reflexiones, derechos, debates. Es mucho que producir, y eso lleva a una organización. No es la caricatura de decir que hay que hacer asamblea para cambiar el foquito del baño. Lo que sí hace la asamblea es abrir la discusión al conjunto y así hemos sorteado las crisis más difíciles debatiendo, conversando y viendo colectivamente cómo encarar las cosas”.
El sexo del Estado
Cree Gisela que el futuro del trabajo no es necesariamente la precarización y el empobrecimiento, “sino uno que tenga como centro a la mujer, al hombre, a la comunidad, para pelear por la defensa de los derechos. Se viene todo un avance tecnológico frente al cual tenemos que preguntarnos cómo ponerlo al servicio de los derechos de los trabajadores. Tal vez sea reducir la jornada laboral. Es algo a debatir. Pero yo creo que se puede lograr trabajar en mejores condiciones, e incluso menos, porque no hay una crisis de la riqueza. Todo lo contrario: hay mucha riqueza, pero mal distribuida. Entonces hay que ponerle una mirada social, solidaria y popular al tema de la riqueza. Qué pena que muchas veces los sindicatos no propicien estos debates. Pero nosotros tenemos la mirada puesta en los derechos, la dignidad, la solidaridad, pero no como algo teórico o abstracto ni romántico. Es una solidaridad concreta para generar trabajo incluso a quienes fueron expulsados del sistema educativo”.
La invisibilización, considera, viene a varias bandas: “Los empresarios no nos pueden ver con simpatía”. Previsible: las cooperativas hacen funcionar experiencias productivas en las que los propios empresarios fracasaron.
“Y el Estado tampoco nos ve con buenos ojos, necesariamente. No es un Estado asexuado, no ha dejado de ser durante décadas el que maneja los hilos que responden a ciertos intereses del sistema capitalista. Por eso ahora es importante consolidar los avances que se están teniendo, para que se transformen en nuevas políticas de Estado”.
Sobre la confianza en que eso ocurra. “Nosotros no confiamos en nadie más que en nuestros compañeros, compañeras, y en nuestra movilización. Tenemos que seguir trabajando hacia adelante en las fábricas y empresas, en los espacios institucionales, correr los límites que tenemos y que nos imponen”.
Tenedores para la sopa
Gisela pone un ejemplo de las tradicionales políticas estatales: “Llueve sopa y me regalás un tenedor. Te digo que no me sirve, me lo sacás y me pegás con el tenedor. Si fuera que me arreglaste la vida, todo bien. Pero no es así, entonces hay que bajar un poco, y aprender a escuchar y a dialogar”. Tiene en la oficina imágenes de Santa Rita, Perón, Marx, el Che, un Gauchito Gil y otra imagen de Diego Duarte, adolescente desaparecido en 2004 en los basurales de José León Suárez.
Tiene una frase del Papa Francisco: “¡Las cooperativas lo desafían todo, incluso desafían la matemática pues, enuna cooperativa, uno más uno da tres! Y enuna coooperativa un fracaso es medio fracaso. Eso es lo bonito de las cooperativas”.
Gisela propone: “Somos muy cabeza duras, pueden invisibilizarnos, ignorarnos, pero nunca van a poder dejar de reconocer que somos cabeza duras, consecuentes. No lo digo, como te decía antes, por una mirada romántica. Lo digo por una mirada situada. ¿Estamos hablando de héroes anónimos? Sí, no te podés perder esa parte de la película, o de la realidad, por estar en un laboratorio. Si eso lo entendieran los que tienen cargos, funciones y posibilidad de tomar decisiones, estaríamos mucho mejor. Para eso se necesita humildad y diálogo… tampoco son cosas tan difíciles”.
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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