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Obelisco: la marcha en la escena del crimen

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Una recorrida por el acto en reclamo tras la muerte de Facundo Molares. Imágenes, palabras y sentimientos para no naturalizar la injusticia y la violencia institucional.  

Por Franco Ciancaglini

La escena del crimen está a 10 metros del Obelisco. Allí, un grupo de personas le deja mensajes, flores y velas a Facundo Molares, asfixiado por la Policía de la Ciudad hasta provocarle un infarto en ese mismo lugar. Es el único círculo que las personas respetan en una marcha de organizaciones y movimientos sociales que llenarán todo el resto de los metros cuadrados una cuadra a la redonda del Obelisco.

Es una jornada que mezcla el luto y la lucha. Las decenas de organizaciones sociales posadas sobre la 9 de julio son en su mayoría de izquierda, pero también las hay afines al gobierno nacional. Están presentes el MTR, Votamos Luchar y Rebelión Popular, las que se manifestaban ayer cuando Facundo fue asesinado.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

Parte de la marcha en el Obelisco. (Fotos Sebastián Smok).

La muerte de Facundo Molares: a 10 metros del Obelisco

Romina se baja de un auto junto a dos amigas y apura el paso por la 9 de julio. Lleva una túnica negra que la cubre hasta los pies, tiene la cara pintada de blanco y un palo con una cabeza de vaca en la punta: es la muerte. También tiene un cartel que dice: “Soy amiga de Larreta”.

 Es parte del Bloque Social por el Trabajo, y dentro de eso, de un grupo que hace performance con contenido político. ¿Cómo la impactó la noticia? “A mí literalmente me dio náuseas, vómitos, dolor de estómago, así también como me pasó con el caso de Morena, asesinada durante un robo el día anterior. Y también me indigné por el manejo de los medios, que dicen que Facundo se descompensó, encubriendo toda la situación, cuando hay videos que muestran cómo lo aplastaron. Es una noticia terrible, porque podríamos haber sido cualquiera de nosotros”.

¿Cómo se conecta lo de Morena y Facundo? “Es la expresión de la falta de libertad, de no poder estar en la calle porque los policías son los que manejan todo. En Argentina, lamentablemente, seguimos justificando el gatillo fácil, así como seguimos justificando los femicidios… Hasta que no haya un cambio real, un control real, un cambio en la formación de los policías, esto va a seguir pasando: tanto las zonas liberadas como la represión en una manifestación”. La policía, culpable por acción u omisión.

¿Por qué el arte como método de lucha? “Porque el arte es la batalla cultural que tenemos que dar. Es una forma de decir sin palabras, con una imagen, así como veíamos ayer la imagen del compañero cuando se ahogaba… nosotras transmitimos de la misma manera, con la acción, con lo que vemos, con nuestra bronca transformada”.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

Performance para hablar de estos acontecimientos. (Fotos Sebastián Smok)

En la marcha se leen otros carteles: “Yuta asesina”, “Larreta asesino”, “Repudio la represión”.

Todos son sostenidos por una serie de mujeres en fila pertenecientes a la organización Liberación Popular. Una de ellas, Silvia, vecina del barrio Soldati, dice a lavaca: “Nos matan por el hecho de que estamos en la calle. Larreta quiere subir a la presidencia, ¿qué nos va hacer? Es un mensaje”.

¿Cuál es el mensaje? “Que si él toma la presidencia perdemos los que estamos en la calle. Nosotros salimos a luchar a la calle por el propio Larreta: no tenemos seguridad en los barrios, no tenemos alimentos en los comedores”.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

Carteles que explican el presente. (Fotos Sebastián Smok)

¿Qué hay en común entre el crimen de Morena y el de Facundo? “Veo como un complot, un complot que están armando, un aviso que nos están dando, una alerta”.

¿Quiénes? “La derecha. Ellos nos vienen avisando que nos va a pasar algo malo a nosotros. En Jujuy pasó eso, y ahora acá. Nos tenemos que poner todos juntos en la calle: estamos muy molestos con esta situación, no podemos permitir que pase. En la calle es la lucha, y si tenemos que morir vamos a seguir en la calle”. La frase, que en otro contexto podría sonar heroica, hoy parece una triste verdad.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

El Centro de Monitoreo que recibió una molotov y piedras. Los propios manifestantes reclamaron a los encapuchados que se fueran. Ocurrió como siempre, cuando finalizaba el acto. (Fotos Sebastián Smok)

Lo innatural de la injusticia

Hugo “Cachorro” Godoy, secretario general de la CTA Autónoma y de ATE, es otro de los presentes en la movilización. Analiza: “Venimos de dos crímenes tremendos, que hablan de un Estado que no garantiza ni justicia ni seguridad. Y al contrario de lo que pasó con Morena, aquí en ciudad de Buenos Aires la policía siembra muerte de manera desproporcionada: era una movilización que ya estaba terminando, que se había desarrollado con absoluta tranquilidad. Generaron un escenario de represión para lastimar a las personas: a Facundo y a los otros detenidos les pusieron las rodillas en la cabeza, en el cuello, los golpearon innecesariamente. Y en el caso de Facundo, le produjeron la muerte. Eso es un crimen, y el responsable no es solamente el que usó de manera directa la fuerza pública, sino quien dio la orden política. Eso es lo extremadamente grave”.

¿Es un mensaje? “No me voy a poner a hacer disquisiciones respecto a si hubo un mensaje político. Sin embargo, cuando ordenan la represión desproporcionada, son conscientes de que siembran muerte”.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

(Fotos Sebastián Smok)

Esteban “Gringo” Castro, secretario general de UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular) describe: “Uno en política se basa sobre los hechos reales. Primero, el hecho de que a partir de la dictadura empezamos a tener índices más grandes de trabajo precario; hoy tenemos la mitad de la sociedad sin un trabajo en relación de dependencia. Eso se va naturalizando en el pueblo. Después, empieza a naturalizarse el proceso de empobrecimiento. Entonces vivís sin gas, sin luz, tenemos el 50% de los jóvenes pobres, vas naturalizando que los pibes vivan en la calle… Y ahora es el intento de naturalizar el hecho de que si sos reprimido, bueno te tocó ser reprimido, por algo será”.

La charla con Castro se interrumpe de manera intempestiva: un grupo de encapuchados arrojan dos bombas molotov contra un Centro de Monitoreo de la Policía de la Ciudad que se encuentra a pocos metros. Las personas que manifestaban pacíficamente, entran a correr. Todos y todas corren, alejándose de una leve llama prendida que se desvanece minutos después.

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El Malón de la Paz, formado por pueblos originarios de Jujuy, se hizo presente en el Obelisco. De la lucha por los derechos, el agua y la tierra, a la solidaridad frente a la represión generada por Gerardo Morales. (Fotos Sebastián Smok)

Aparecen entonces las cámaras de televisión y sus noteros para enfocar los disturbios.

Mientras todo huele a quemado, las organizaciones desconcentran y se escucha un último grito unificado: “Facundo Molares, presente ahora y siempre”.

«Lo que me hizo hermanar»

Nina Brugo, fue militante en los 60 y 70, y hoy se encuentra en el Obelisco. “Siempre estoy en las causas de todos los movimientos de liberación, de independencia, lucha contra la deuda”, enmarca, para traer una anécdota que cobra actualidad: “El día 14 de julio de este año estaba, también, en la esquina frente al Obelisco en la puerta casi del McDonald’s, esperando una marcha que se estaba formando… Eran organizaciones de izquierda y yo ese día estaba con un poquito de presión, no me sentía muy bien. Se acerca una persona que para mí era de 45 largos, cerca de 50 y me dice: ‘Disculpe compañera ¿usted no se siente bien?’. Iba a participar también de la marcha. Fue una actitud de solidaridad. Fue lo que me hizo hermanar con él, eso lo sentí y lo viví”.

Era Facundo.

Sigue Nina: “Así que cuando anoche veo por televisión la persona que muere acá en el Obelisco, veo las fotos y era él, que con espíritu solidario, me vio cómo que necesitaba ayuda. Esa generosidad y solidaridad me quedó patente y no me olvidé más de su cara. Por eso cuando vi por televisión, recordé que era él, y sentí una conmoción porque ese compañero era la solidaridad en persona”.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

(Fotos Sebastián Smok)

La marcha se desconcentra y otras personas arman el rompecabezas presente de lo que ya es recuerdo: de quienes militaron con él en los 90 en la “Fede”, o que viajaron a Cuba en 2001, o lo recuerdan en emisiones de Telesur como portavoz de las FARC en Colombia…

Sobre el final de la marcha, alguien agrega otro rompecabezas a la escena del crimen, convertido en memorial: “Facundo militó en nuestro barrio en los 90”. El barrio es la 1-11-14.

Los barrenderos se apuran a barrer la zona como si nada hubiese pasado, pero evitan tocar ese círculo sagrado en el que sus compañeros prometen poner una placa en su recuerdo. Unas horas más durará un graffiti que decora el Obelisco, que dice: “Facundo presente. Viva la revolución”.

Obelisco: la marcha en la escena del crimen

(Fotos Sebastián Smok)

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




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Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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