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Panes, facturas y tortas fritas en Plaza de Mayo, para rechazar al trigo transgénico

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Organizaciones y movimientos sociales realizaron en Plaza de Mayo un “Panazo” donde repartieron de forma gratuita panes, facturas, tortas fritas y trigo agroecológico en rechazo a la autorización del trigo transgénico otorgada por el gobierno argentino. Alertan que ya hay sembradas alrededor de 25 mil hectáreas del trigo fabricado por la empresa Bioceres, al que describen como “mucho más tóxico” por ser resistente al glufosinato de amonio, un herbicida que está prohibido en la Unión Europea para su uso agrícola, más nocivo aún que el glifosato.

¿Soberanía alimentaria?

“Es muy triste que durante el transcurso de un gobierno que comenzó hablando de soberanía alimentaria y agroecología, en lo que respecta al modelo productivo, escuchemos proyectos de mega granjas porcinas y trigo transgénico”, dice desde la Plaza Lucas Tedesco, uno de los referentes nacionales de la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra (UTT), que en los últimos años promovió los Verdurazos en los que se inspiró la acción de este martes. “Hoy también estamos escuchando de la mano del exministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao (que ocupó el cargo tanto durante el kirchnerismo como durante el macrismo), hablar de papa transgénica. Volvemos así a ser laboratorio de grandes empresas multinacionales en favor de un negocio para pocos”.

En octubre de 2020 el gobierno aprobó la comercialización de la variedad transgénica del trigo HB4, del grupo tecnológico Bioceres. Argentina se convirtió en el primer país del mundo que autorizó el trigo genéticamente modificado. La decisión, sin embargo, ata la comercialización a la autorización de Brasil, que es el principal comprador del trigo argentino. Por ese motivo, el panazo estuvo articulado con el Movimiento Sin Tierra y otras organizaciones brasileñas.

“En el expediente de autorización en el Boletín Oficial, el Ministerio de Agricultura recomienda que no se cultive ni se comercialice, pero en lo publicado dijeron solamente que no se puede comercializar, por lo que quedó abierta la puerta para que se cultive” cuenta Carlos Vicente, de la organización Grain y la revista Biodiversidad. “Ya hay sembradas 25 mil hectáreas en siete provincias. La empresa que lo impulsó, Bioceres, tenía toda la expectativa de que iba a ser sencillo, que no iba a haber obstáculo, pero le salió el tiro por la culata, porque en Brasil logramos que se frene, con apelaciones y denuncias. Esto ayudó a que no se apruebe en julio, tampoco en agosto, y esperamos que siga así. En Brasil, Bioceres mintió y dijo que el trigo era sólo resistente a la sequía, sin informar que era resistente al glufosinato de amonio”.

Bioceres mutante

¿Y en Argentina? “En el sitio web de Bioceres había un apartado donde hablaban del trigo HB4 como agricultura regenerativa, como sustentabilidad, y te ofrecían sembrar 20 hectáreas. Yo llené el listado a ver qué decían, eran 20 hectáreas en Marcos Paz. Y cuando seguías completando datos te decía que necesitaban X cantidad de semillas y, luego, X cantidad de litros de glufosinato de amonio. Cuando empezamos con la campaña, de la página desapareció el glufosinato de la oferta, y ahora hablaban de insumos biológicos. Una mentira descarada”.

La preocupación por el trigo transgénico también implica pensar que el pan es un alimento que, desde el desayuno hasta la cena, está presente en gran parte de la dieta diaria argentina. “Pan, facturas, fideos, pizzas. La soja está presente en todos los alimentos procesados o ultraprocesados, pero en pequeñas cantidades, pero ahora el glufosinato de amonio estaría presente en toda la base de la alimentación del pueblo argentino”, dimensiona Marcos Filardi, abogado especializado en derechos humanos y soberanía alimentaria. “Además, el trigo es un cultivo de invierno, no de verano como la soja o el maíz, y eso implica exponer a la población a un ciclo de fumigación continuo todo el año”.

Gobiernos y pandemia  

Tedesco, de la UTT, piensa: “Ya veníamos de una situación muy complicada con la soja como el país que más pesticidas tira en el mundo. ¿Cuál es la diferencia entre el macrismo y el actual gobierno en términos productivos? Vemos con mucha preocupación que no hay muchas diferencias y que esto se profundiza. Estamos en medio de una pandemia generada por este modelo. Cuando uno dice esto parece que está en contra del avance tecnológico, porque supuestamente este trigo es de marca nacional, con producción propia. Pero viene de una multinacional como Bioceres. Hay un grupo especulativo que es el mismo que hace lock out patronales al gobierno, que hacen que la carne aumente de la noche a la mañana y sabotean la democracia permanentemente”.

La actividad en Plaza de Mayo estuvo impulsada por Plataforma Socioambiental, un espacio que nuclea a decenas de organizaciones y movimientos socioambientales. Fue la primera acción de otras que continuarán, según vaticinan. La acción se realizó el lunes en Baradero y este martes, de forma simultánea a Plaza de Mayo, en Rosario. Esta semana también se hará en Tandil y Santa Fe. El texto completo del comunicado de la Plataforma:

#Panazo Nacional en rechazo al trigo transgénico HB4

Las organizaciones que conforman la flamante Plataforma Socioambiental convocan esta semana a expresarse en contra de la autorización del trigo transgénico en Argentina, primero en el mundo. Mañana, en Plaza de Mayo a las 12hs realizarán un #Panazo donde repartirán gratuitamente panes, tortas fritas y trigo agroecológico.

El ecosistema global no soporta que se sigan expandiendo los monocultivos fumigados y fertilizados químicamente. La vida planetaria es un complejo de equilibrios que están rotos. El suelo es uno. Qué sembrar define cómo nos paramos frente a la crisis climática global, cómo mitigamos y nos protegemos mientras nos garantizamos el alimento.

El trigo transgénico HB4 de la empresa Bioceres se presenta como resistente a la sequía y tratan de imponerlo como una alternativa sustentable. Sin embargo, alertan que es un exponente más de lo que representan los transgénicos: monocultivos industriales que utilizan millones de litros de agrotóxicos. En el caso del trigo HB4 el mismo es resistente al glufosinato de amonio, un herbicida mucho más tóxico que el glifosato y que está prohibido en la Unión Europea para su uso agrícola. 

El trigo producido con métodos agroecológicos ha demostrado rendir más y reducir drásticamente los daños en comparación a un sistema con fumigación, según datos del INTA. También los costos. Molinos chicos municipales procesan alrededor de 10 toneladas de trigo anual, fomentan y acompañan a la agricultura familiar, el emprendedurismo, la economía social, la alimentación sana y la protección del ambiente. Las crisis de los ciclos del agua son por la falta de bosques, esos que se siguen talando. Pero quieren hacer la semilla resistente al colapso. Podemos remediar. Vamos por el problema. En este contexto de comprobada crisis climática, la única manera de producir es regenerando ecosistemas a la par.

Desde Plataforma Socioambiental denuncian que a pesar de no estar liberado comercialmente sabemos que YA HAY SEMBRADAS alrededor de 25.000 has del trigo HB4 de Bioceres en 7 provincias. Este es el primer trigo transgénico que tiene posibilidades de comercializarse en el mundo y así estar presente en nuestro pan y muchos de nuestros alimentos básicos junto con los agrotóxicos con los que será fumigado. El  gobierno argentino aprobó esta variedad de trigo en septiembre del 2020 y espera la autorización de Brasil para poder ser comercializado. Resistir su cultivo y lograr que se retire su autorización es un imperativo ético, social y sanitario.

Las actividades confirmadas de la semana del #PANAZO:

📍Buenos Aires: Martes 17 de agosto a las 12hs en la Plaza de Mayo, para compartir trigos agroecológicos, panes artesanales, tortas fritas.

📍Rosario: Martes 17 de agosto a las 12hs en la Plaza San Martín, para compartir trigos agroecológicos, panes artesanales y chapatis.

📍Tandil: Viernes 20 de agosto a las 16 hs en la Plaza Independencia, para compartir semillas, arte y panes de harina de trigo agroecológico.

📍Santa Fe: Viernes 20 de Agosto , 16 hs. Para compartir trigos campesinos sin agrotóxicos,  pan artesanal y feria campesina.

📍Baradero: Lunes 16 de Agosto en la Feria Mercado Raíz de 11 a 17hs donde habrá 2 molinos para moler trigo agroecológico cosechado en la zona y se compartirá panificados.

En el Mes de la Pachamama: #PANAZO en rechazo al trigo transgénico HB4. ¡Con Nuestro Pan NO!

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Memoria, verdad y un nuevo reclamo de justicia a 3 años sin Carla Soggiu

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A 3 años del femicidio de Carla Soggiu su familia realizó un ritual junto a un mural con la cara de la mujer asesinada por su ex pareja, que no fue juzgada por el crimen por decisión del fiscal César Troncoso. Recordaron así y ahí, en Nueva Pompeya, los alertas que Carla le hizo a un Estado que no la protegió de la violencia machista ni la encontró cuando se encontraba desaparecida. La causa por el femicidio fue investigada recientemente por MU: lo que el expediente oculta y tergiversa, y lo que devela sobre la falta de funcionamiento del sistema de botón antipánico. Una historia que demuestra paso a paso cómo lo judicial puede encubrir la responsabilidad estatal y archivar procesos, convalidando la impunidad.

En uno de los límites de esta ciudad infinita está el mural que recuerda a Carla Soggiu sonriendo. “Madre, hija y vecina del barrio Nueva Pompeya” proclama con delicadas letras esta pared pintada que hoy da lugar a una ceremonia de dolor y memoria. “A esta hora empezó el infierno” dirá Roxana, la mamá, en este sábado de calor asfixiante. Señala entonces la esquina para marcar el lugar donde Carla activó por primera vez el botón antipánico que el Poder Judicial le entregó para protegerla. No funcionaba.

Aquel 15 de enero de hace ya tres años Carla pidió ayuda cinco veces y cada vez el patrullero policial llegó a la casa de la familia Soggiu preguntando dónde estaba. Comprendieron así, cruelmente, que Carla estaba en peligro y que nadie podía ayudarla. Cuatro días después un trabajador de limpieza encontró su cuerpo en el Riachuelo, que en ese límite es apenas unas cuadras.

Días antes Carla había sido torturada y violada por su pareja, con su hija de 2 años como testigo. Cuando logró escapar presentó una denuncia: fue la que originó la entrega del botón, una medida de protección que en esta ciudad portan tres mil mujeres al año.

La pareja de Carla fue condenada por esos delitos, pero la causa por su femicidio fue archivada: el fiscal César Troncoso consideró que no había delito alguno que investigar. Haber sido golpeada y violada días antes, soportar golpes en la válvula que calmaba su hidrocefalia, pedir ayuda a través de un dispositivo inútil, entre otras tantas de violencias, no son considerados por el fiscal como indicios de una trama que une ambas causas. La familia de Carla se enteró del archivo hace apenas unos días y de casualidad y ahí está ahora, parada frente al mural, clamando ayuda porque contra tanta injustica “solos no podemos”.

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial cómplice de la impunidad. Está su tía y su primo y una vecina con su hijita y en ese abrazo la familia de Carla encuentra la fuerza para recordar sin lágrimas lo que necesitan: justicia. La exigen por sus nietos que todavía no accedieron a la pensión a la que tienen derecho según la Ley Brisa. Tras reclamos y trámites solo tuvieron una Asignación Universal por Hijo. Un abogado les cobró 40 mil pesos para renovarla, pero el trámite no lo completó y quedó nulo. De eso también se enteraron hace apenas unos días y de casualidad, cuando acudieron a la Defensoría General a pedir ayuda y se encontraron allí con la abogada que asistió a Carla en su primera denuncia. Ella los ayudó a solicitar la renovación del subsidio, pero en esta tarde de infierno Roxana cuenta que ya pasaron los 10 días previstos y la asistente social que debía visitarlos para darles la aprobación nunca llegó, así que tendrán que seguir esperando a ese Godot que es la justicia en Argentina. Mientras, el sustento sigue dependiendo de la espalda de Alfredo, que hace años trabaja en la misma empresa cumpliendo tareas de carga y descarga. Lo ayudan dándole horas extras: más peso.

En esta tarde de dolor y memoria hay flores y globos violetas, el color preferido de Carla, que su madre suelta para que rueden por las calles silenciosas del barrio de Nueva Pompeya. Docenas de globos mecidos por la brisa ardiente que anticipa una tormenta. Ahí quedan, en ese límite y a la espera.

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Lo que falta: 16va Carta al Presidente de Familiares Sobrevivientes de femicidios

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A plena luz del sol y en un centro desolado, las familias que componen el grupo Familiares Sobrevivientes de Femicidios se reunieron en Plaza de Mayo para dejar por vez número 16 una carta al Presidente Alberto Fernández, pidiendo que los reciba, exigiendo justicia por sus hijas y acercando medidas concretas para que eso suceda.

En la jornada de hoy estuvieron presentes Daniel y Susana, papá y mamá de Cecilia Basaldúa, asesinada en Capilla del Monte, Córdoba; Marta y Guillermo, padre y madre de Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata; y Analía Romero, mamá de Camila Flores, asesinada en Santa Fe.

En todos los casos estas familias debieron trasladarse hasta Plaza de Mayo; recorrido que significa a la vez que las causas que se tramitan por las muertes de sus hijas distan muchos kilómetros de la Casa Rosada; distancia que garantiza la impunidad, ya que facilita las trabas judiciales y las tramas territoriales; y complica el acceso a la justicia como un derecho para familias que no cuentan con recursos para viajar ni para sostener abogados ni peritos.

Así lo denuncia la mamá de Camila Reyes:

Así reclama Guillermo Pérez, papá de Lucía, que Alberto Fernández los reciba:

Estas son las fotos de algunas de las jóvenes asesinadas por la violencia machista, cuyas causas siguen impunes:

Estas son las cartas que entregan las familias al Presidente cada segundo miércoles del mes:

Esta es el informe que junto a las cartas las familias entregaron en la Rosada, un diagnóstico y una muestra de lo que falta para lograr un Nunca Más de la violencia patriarcal, de la que el Estado es parte:

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Infeliz año nuevo: trabajadores de alfajores La Nirva con orden de desalojo

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“Resuelvo: disponer el lanzamiento de los ocupantes de la planta fabril deudora ubicada en laa calle Dorrego Nº854, Lomas del Mirador, La Matanza, Provincia de Buenos Aires y restituir la posesión de la misma a la concursada”.

El fallo lleva la firma del juez nacional en lo Comercial Fernando D’Alessandro, está fechado el 30 de diciembre, y precisa dos aclaraciones: cuando se lee “lanzamiento” debe entenderse “desalojo” y “ocupantes” a 57 familias de la tradicional fábrica de alfajores La Nirva que recuperaron sus fuentes de trabajo en plena pandemia después de la estafa de los exdueños Matías Paradiso y Marcelo Iribarren. Las familias pusieron las máquinas a producir nuevamente luego de conformarse en una cooperativa de trabajo, y así trabajaron este año y medio pandémico hasta recibir el fallo previo al año nuevo.

“Estamos laburando muy bien”, dice a lavaca Marcelo Cáceres, presidente de la cooperativa. “En este último tiempo estábamos con pan dulces y muchos proyectos de ampliar la máquina de galletitas y alfajores, de inaugurar una línea más: estamos en crecimiento. El síndico ya había venido a revisar la fábrica y quedó sorprendido de lo bien que estaba. La decisión nos lleva a pensar que hubo un arreglo político con plata de por el medio, porque el juez no se fijó en esto, y directamente decretó el desalojo”.

La decisión, por ahora, no tiene fecha, pero las familias sí están en alerta y la noche de año nuevo reforzarán la presencia de guardia en la fábrica.

Dice Cáceres: “Vamos a aguantar la que se venga”.

Compartimos la nota de MU sobre la recuperación de la empresa.

Triple sabor: La Nirva, recuperada por sus trabajadorxs

Luego de estafas patronales, amenazas de la Bonaerense y dos meses en la calle durante la pandemia, la popular fábrica de alfajores de La Matanza se hace cooperativa. La autogestión como salida ante la crisis. Por Lucas Pedulla.

(publicada en julio 2020)

Después de trabajar 20 de sus 42 años en el control de la máquina de chocolate de La Nirva, Lorena Pereyra se encontró en pleno aislamiento social, preventivo y obligatorio enviándole al dueño una foto de su tupper en la olla popular que cocinaban al frente de la empresa, con un mensaje: “Mirá a lo que llegué”. La foto era la misma para cada una de las 65 familias que desde el comienzo de la cuarentena tuvieron que desoír el consejo de quedarse en casa, con los riesgos que eso implicaba, e instalar una carpa frente a la fábrica de alfajores en el partido bonaerense de La Matanza para reclamar por sus fuentes de trabajo.

Allí permanecieron durante casi dos meses con venta de torta fritas y budines para el fondo de lucha, y con carteles que explicaban la necesidad preventiva, social y obligatoria de otro virus:

  • “Nuestro virus tiene nombre: Matías Paradiso y Marcelo Iribarren (los dueños)”.
  • “Nos dieron cheques sin fondo en diciembre. Nos estafaron”.
  • “Si nos quedamos en casa nadie escucha que pasamos hambre. Queremos recuperar nuestro trabajo y vivir dignamente”.
  • “Queremos cobrar”.

Con cuatro hijos y su marido que había sido despedido de la misma empresa años atrás, Lorena nunca imaginó que atravesaría la lucha en medio de una crisis sanitaria sin precedentes. “La patronal cambió hace tres años y vimos cómo empezaron a irse compañeros. De 120 pasamos a 65. Hace dos años que no tenemos aportes, mientras vemos cómo en la ANSES figura que cobramos sueldos de 70 mil y 80 mil pesos, cuando hace nueve meses que no cobramos nada. Pero ante la necesidad te hacés fuerte, quieras o no”.

Lorena ya no habla desde la olla popular en la calle, sino desde adentro de la fábrica, donde permanece de forma pacífica junto a sus compañeros y compañeras en resguardo de las maquinarias y su fuente de trabajo que hoy toma una forma que augura un futuro pospandemia sanitaria y laboral: la forma cooperativa.

Foto: Ramiro Dominguéz

Conflicto grandote

La popular fábrica La Nirva es la encargada de hacer los famosos alfajores Grandote y La Recoleta, entre otros productos como cubanitos y copitos de chocolate y dulce de leche. El 80 por ciento de su personal son mujeres. “Mi pareja trabajó 31 años acá: lo echaron el año pasado pagándole una sola cuota de 51 mil pesos como indemnización”, contaba María de los Ángeles Santillán, 46 años, 23 en la empresa, cuando MU se acercó a la fábrica una semana después de iniciado el acampe. “No tiene nada fijo. Y la plata no alcanza, las boletas aumentan, tenemos mamás enfermas que tenemos que dejar para venir acá. Se complica todo: no tenemos ni para cargar la SUBE, por eso estamos vendiendo tortas fritas”. 

Marcelo Cáceres (34 años, 12 en la fábrica) pasó de ser delegado sindical a presidente de la futura cooperativa. Desde esa transformación recuerda que la caída  comenzó en 2018, cuando la firma cambió de dueños. “Se vendió al grupo Blend. Durante dos meses seguimos con el ritmo de trabajo que teníamos. Al tercer mes, el salario empezó a retrasarse. De a poco, se fueron cerrando líneas. Al tiempo, nos cortaron todos los servicios: agua, gas y luz. Nos quedamos literalmente a oscuras”.

Empezaron los despidos de personal administrativo: de más de 120 trabajadorxs quedó la actual planta de 65 personas. Y como en la pandemia, se contagió el miedo. Santillán: “Había miedo a hablar porque si alguien criticaba, al día siguiente era despedido”.

Cáceres aclara que el problema no era la producción. “Por quincena, y laburando una sola línea, hacíamos un millón 200 mil alfajores. En 2001, año de la peor crisis, ni se sintió: hasta horas extras se hacían. Fue un mal manejo. No sabemos lo que es cobrar un sueldo completo. Eran puchitos: de 2.000, 3.000 pesos. De octubre a hoy, solo en salarios la deuda con nosotros es de 18 millones de pesos”.

Hay más: “En diciembre nos dieron cheques a 60 y 90 días. El dueño nos dijo que vayamos a cobrarlo a una financiera, que nos iban a sacar un porcentaje, pero que lo íbamos a poder cobrar. Nadie vio un peso”.

Cáceres tuvo que vender su auto para poder pagar deudas. El 24 de diciembre llamaron al dueño para que les diera algo de efectivo para pasar las fiestas: “Nos dieron 3.000 pesos”. Y el 2020 arrancó con más promesas. “El primer día de febrero nos prometieron 40 mil pesos para arrancar y que, mientras producíamos, iban a abonar la totalidad de la deuda. Trabajamos una semana: nos dieron 20 mil. Hay buena predisposición, pensamos. Trabajamos otra semana más, pero ahí ya dijeron que no había efectivo. Como veníamos de dos años de mentiras, decidimos dejar de trabajar hasta que nos pagaran”.

Así llegó marzo, la pandemia agudizó todas las crisis y la situación  de los trabajadores era desesperante. Al combo se sumó que un vecino les avisó que un camión había ingresado de madrugada a la fábrica a llevarse cosas. No dudaron: estaba en juego la fábrica y sus fuentes de trabajo. 

Y votaron la instalación de la carpa.

Foto: Ramiro Dominguéz

Unión & galleta

Cuando el acampe cumplió una semana, recibieron una visita inesperada. Cáceres: “Apareció la policía, con la excusa de que no podíamos estar en la calle por la pandemia, cuando hacía siete días que estábamos ahí. Y nos corrieron por todo el barrio: un grupo terminó en la plaza, otro cerca de la ruta”. El efecto se vio al otro día: entre vecinos, vecinas y movimientos sociales hubo 200 personas apoyando a las familias en la puerta con olla popular. Y la policía no volvió más.

Ante la evidencia del apoyo, los dueños firmaron un acta en la que se comprometieron a cumplir el 100 por ciento de los salarios adeudados. Pero esta promesa tampoco se cumplió. “Agotamos todas las instancias legales que había. Primero, el dueño nos tomó el pelo a nosotros. Segundo, al sindicato. Y tercero, al Ministerio de Trabajo: hicimos cinco audiencias y no cumplieron ninguna, hasta que con los abogados del sindicato decidimos cerrar el acto y quedarnos en asamblea permanente, pero ya adentro de la fábrica”.

Lorena Pereyra hace una lectura de todo el proceso: “20 años son toda una vida. Tuvimos un mes en la puerta sin la ayuda de nuestro sindicato, con la ayuda de los vecinos. Ahí te das cuenta de que tu lucha vale, y que tiene un poder. Antes, con un pago mínimo entrábamos y desistíamos, pero ahora la pandemia terminó de desatar todo. Fui aprendiendo mis derechos. Uno viene acá, exponiéndose a todo, cuando lo que más queremos es estar en casa, pero lo valió”.

Mientras los trabajadores y trabajadoras buscan volver a la producción, Cáceres fue denunciado por “usurpación” por los exdueños, causa que tramita en los tribunales matanceros. “Por ahora el fiscal actuó bien. Y entre nosotros tenemos mucha unión. Sin eso, no hubiéramos llegado a nada. Esa es la base: la unión y la convicción que tenemos”.

Paula Rojas, 30 años, fue una de las últimas trabajadoras que entraron, hace cuatro años, en el área donde se colocan las galletas y empieza el proceso del alfajor. Sus compañeros la eligieron para que sea la tesorera de la futura cooperativa. “Me gusta y es una responsabilidad, porque si nos hubiéramos quedado en casa no habríamos conseguido nada. Mucha gente va a quedar desocupada después de todo esto, y si no recuperábamos también nos íbamos a quedar sin nada. Por eso tampoco podíamos quedarnos en casa. En casa estábamos todos separados, cada uno en su vida, aislados. Acá es distinto, estamos apostando a un mismo objetivo: recuperar nuestras fuentes laborales”.

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