Sigamos en contacto

#NiUnaMás

Parir justicia

Publicada

el

Federico Cash, el papá de María, murió en La Pampa en un accidente automovilístico. Con sus 70 años, desde hace tres recorría el país rastreando cualquier pista que le mantuviera la esperanza de reencontrarse con su hija. Acá, reproducimos una nota publicada originalmente en la Mu 65, de mayo 2013.
Parir justicia

Quién busca a María Cash

Su padre es el único que contínua procesando datos y pistas. Así elaboró un proyecto para evitar injusticias.
¿Cómo se busca a una persona en Argentina? ¿Qué herramientas, personal y logística activa el estado?
La investigación y búsqueda de María Cash, desaparecida hace 22 meses, no tiene respuestas. En cambio, y para no perder tiempo, quizá convenga cambiar aquellas preguntas por otra: ¿Cómo se busca a un hijo?
Con la paciencia de un Monje Tibetano y el tesón de un antiguo guerrero .
Federico Cash, 69 años, recibe al menos cuatro llamados por día de gente que dice haber visto a su hija. En estos 22 meses, dice, recibió tres mil quinientos. Viajó a Jujuy, Tucumán y Salta, los últimos lugares donde se vio a María. Imprime él mismo los afiches de recompensa y los distribuye entre camioneros que surcan el norte del país. La investigación oficial , que vincula la desaparición de su hija a la prostitución y las drogas, logró que la causa pase hace pocos 15 meses al ámbito Juzgado Federal. Dedica su tiempo completo a buscarla en paralelo y dice que está fundido. Pero mantiene intacta la esperanza de encontrar a María “vivita y coleando”, a pesar de todo.

Parir justicia

María Cash

Tiempo vs. burocracia

En este tiempo, Federico aprendió lo importante que es actuar rápido ante imprevistas pistas, tanto para seguirlas como para desestimarlas. Por eso, su experiencia le valió un enemigo indeseado: La burocracia judicial criminal , define. Y explica:En un caso de accidente mental , La lentitud burocrática va en contra de la búsqueda. Ahora por ejemplo todo tiene que pasar por el Juzgado Federal. Entonces te dicen que está acá a 3 cuadras pero la policía tiene que pedir permiso a la Fiscalía, y la Fiscalía al Juzgado… cuando vas a buscarla no está más”.
La causa que busca a María tuvo, sin embargo y como excepción de muchas otras, la intervención de Interpol, Gendarmería Nacional,Policia Federal y Provinciales ; teléfonos de contacto y recompensas económicas ofrecidas por el Estado .
Esas marcas se notan en su cuerpo, en su andar, en la voz quebradiza. Su paciencia para explicar algo tan inquietante como el accionar de los investigadores .
-La justicia: “En Diciembre de 2011 se terminó algo que empezó 6 meses antes casi simultaneo con el crimen de las francesitas – ,y que es el pase de Juzgado Provincial al Federal. Eso fueron los primeros días de Diciembre. En Enero estaban de vacaciones…. Y el allanamiento a los lugares que yo indicaba se hizo en Marzo: por supuesto estaba todo cambiado”.
-Los peritos: “Yo sabía que habían indicado un lugar con escritura de Mary , y fuí al toque y le saqué fotos y se las entregué a un perito civil; los resultados me dieron favorables en 30 dias .
A los 2 – se ocupó el juzgado y se define a los 5 meses : hicieron un análisis de oficio y lo fallan negativo. Entonces yo se lo muestro a profesionales civiles y me dijeron que el del juzgado estaba mal hecho. O sea que yo sigo teniendo que encontrar peritos propios que me hagan la pata, pero no tengo plata para pagar”.
-La policía: “También tropezás con los distintos policías que pueden intervenir. Hay provincias que están más despiertos y en otras que son peores que una vaca . Por ejemplo me tocó uno al que le pasaron información sobre María, y este le preguntó si tenía un crucifijo tatuado en la mejilla. Lo que tiene María es un lunarcillo rubio, casi imperceptible, pero el tipo como en el afiche de búsqueda se puso una flechita en la mejilla y dice lunarcito, interpretó que tenía grabado un crucifijo”.
-La defensa: “Yo estuve sin abogado hasta que la Defensoría Publica de la Nación me pone uno gratuito.. A él le tocaba, además de lo mío, los juicios a los militares en Salta y unas visitas carcelarias; por lo tanto, nunca tenía tiempo para lo mío”.
Durante la investigación, Federico se cruzó con un solo oficial de gendarmería “prolijo y meticuloso”. Se trató del encargado de presentar un informe acerca de la investigación de los 8 primeros meses; es decir: un informe del informe. Empezó en Junio y terminó 5 meses después, en diciembre, con un corpus de 200 hojas. “Pero no sabemos nada más que lo que yo investigué en su primer momento.La última vez que se la vió 5 dias después de su partida en el costado de la ruta . No se avanzó nada en la búsqueda de la punta del ovillo”.
Parir justicia

El ovillo

“La última vez que la vieron fue en Cabeza de Buey, que es cerca de Metán, que es un antro de trata. De ahí hay que empezar a abrir el círculo hasta encontrar más personas que la hubiesen visto”.
Hipótesis: “está retenida; retenida por un proxeneta o retenida por una yunta de viejitos lugareños que están en un ranchito… Allá vos vas en el auto y estás hablando y se te cortó la señal, no hay radio, no hay televisión, nada… Por ahí la han visto en malas condiciones mentales, hambrienta, sucia, y la han protegido. Como también podría ser que esté un metro bajo tierra… Hipótesis tenés montones; pistas…”.
Falta investigar en lugares donde estuvo. Que husmeen; que conversen con la gente lugareña; que encuentren la punta del ovillo.
Para que ningún padre se encargue él mismo de buscar a su hija, Federico propone crear una agencia especializada, con encargados obligados a encargarse: “una Agencia Nacional de Búsqueda de Personas, con policías entrenados, centralizados, sincronizados, equipados tecnológicamente, con personal que se ocupe exclusivamente”.
Federico despliega un mapa de la Argentina que ocupa toda la mesa. «¿Dónde está?» pregunta. Y se lo queda mirando, en el silencio.

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Publicada

el

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

Seguir leyendo

#NiUnaMás

El 3J porteño: Vamos

Publicada

el

Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

El 3J porteño: Vamos

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org

Seguir leyendo

#NiUnaMás

El Cordobazo del Ni Una Menos

Publicada

el

Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.

Así se hace.

Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.

Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.

Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Con los ojos de Agostina Vega.

Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.

Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.

Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.

Señalando a la justicia, a los femicidas.

Con los ojos de Agostina.

Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.

Con los ojos de Agostina.

Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.014

Femicidios, narcotráfico y Estado