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Pedagogía de la crueldad: las dudas y los desafíos sobre la “vuelta a clases”

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¿Volver o no volver? Esa no parece ser la cuestión. Para las comunidades educativas de Capital Federal, desde docentes y estudiantes a las cooperadores, las condiciones –todavía- no están dadas. Es que después de meses de sostener, como se pudo, el trabajo y la contención escolar, sin garantías el gobierno porteño busca que recomiencen las clases. Las dudas sobre los anuncios oficiales, y las estrategias para mantener la educación en tiempos de pandemia, sin la segunda casa: deserción, tareas, conectividad, bolsón alimentario y más.

Pedagogía de la crueldad: las dudas y los desafíos sobre la “vuelta a clases”
Ilustración: Agustina Olivera.

Por Lucrecia Raimondi

Una de las dinámicas sociales que más afectó la pandemia por coronavirus fue el hacer escuela: las formas de enseñar y aprender se alteraron inesperadamente. De un día para el otro, el intercambio del aula se trasformó en clases por plataformas de videoconferencia, sin capacitación informática ni recursos de conectividad. Los encuentros entre la comunidad educativa, que permitían el abrazo, el sentido de pertenencia, el disfrute de compartir este año quedaron en un suspenso incierto. Ese significado de habitar la institución escuela como una segunda casa, se modificó con alcances de los que no hay aún muchas certezas.

En un contexto de semáforo en rojo respecto a la circulación del virus y los altos niveles de contagio, el Ministerio de Educación porteño, que cuenta con los recursos de la ciudad más rica del país, en vez de gestionar computadoras con internet para garantizar la educación, propuso que docentes y estudiantes de los últimos años de cada nivel educativo vuelvan a la escuela para realizar actividades recreativas. Desde noviembre también asistirán los grados y años intermedios. Paulatinamente, a menos de un mes de terminar el ciclo lectivo, la bajada es que vuelvan todos. El protocolo a implementar que informaron a las conducciones y supervisiones, que propone una apertura de las escuelas para la “revinculación” despertó fuertes críticas y rechazo. Lo que primero destacaron las comunidades es que las escuelas estuvieron abiertas desde marzo y que los docentes, trabajando fuera de horario y más tiempo del habitual, sostuvieron todo el año la vinculación pedagógica con les estudiantes. Y que las cooperadoras escolares garantizaron necesidades de las que debería ocuparse el Estado.

Educación o marketing

“Tenemos a una ministra hablando de la presencialidad y de la vuelta a clases dando a entender que sería una dinámica como la que había previa a la pandemia”, dice Mariana Fernández Bonet, profe de pintura en la escuela de bellas artes Rogelio Yrurtia y delegada del sindicato docente UTE. “Pero la realidad es que los chicos y chicas van a estar al aire libre, donde no hay ningún tipo de proximidad o de vinculación tal como la concebimos, tienen que estar a dos metros, no poder ir al baño normalmente. Toda una serie de cuestiones que nosotros lo entendemos como mentira. A las familias no les están diciendo que de qué se trata realimente. Y tuvimos que aclarar que esto esconde una clara intencionalidad marketinera. No hay otra cosa que no sea la foto de la ministra con niños al sol asediados por periodistas. Todo esto es una locura. No entra en ninguna posibilidad de lo que nosotros los docentes entendemos como tarea pedagógica porque no existe esa tarea en estos hechos. Es una triste maniobra de marketing que necesitan para poder tener más votos a la hora de las elecciones”.

Mariana explica que los docentes que fueron citados para la presencialidad no recibieron ningún tipo de capacitación en bioseguridad ni recibieron equipos reales de protección. Y que si van a las tareas presenciales también deben cumplir con las actividades con el resto de los chicos, por lo que se duplica el trabajo del docente por el mismo salario. También aclara que según el protocolo no se podrían abrir las escuelas en días de lluvia o extremo calor porque las clases deberían ser al aire libre. “Una cosa es lo que dice el protocolo y otra lo que hacen en realidad. La respuesta del Ministerio es aplicar esto de cualquier manera, a cualquier costo. No hay ningún tipo de noción de lo que pueda pasar. Esto es lo peligroso, no hay registro de las consecuencias”, advierte la docente.

Los y las docentes fueron los últimos trabajadores esenciales incorporados al decreto de excepciones para la circulación a partir de la resolución 370 del Consejo Federal de Educación, que dejó en manos de las jurisdicciones la apertura de las escuelas. Por esto y los posteriores anuncios de la ministra Soledad Acuña, las escuelas porteñas se organizaron en reuniones virtuales de madres, padres, estudiantes y docentes para pensar cómo resistir a las medidas del Ministerio de Educación que pretende implementar una modalidad presencial en medio de la pandemia.

¿Volver a qué?

El primer día de presencialidad, la indignación se hizo foto: un estudiante de 6to año de la Escuela Técnica 35 DE 18 “Ingeniero Eduardo Latzina”, que llegó temprano, fue asediado por los medios de comunicación. En esta escuela el Ministerio de Educación mostró su pedagogía de la crueldad: el acoso mediático a los chicos sin respetar el distanciamiento social, los pupitres bajo un sol que quemaba, los propios estudiantes tuvieron que desinfectar los bancos, el termómetro digital funcionaba mal y marcaba temperaturas de 32 grados. Además, un día de lluvia, en contra de lo que consigna el protocolo, cursaron adentro en una de las aulas. Cada día de encuentro la participación de les pibxs disminuyó: de 12 pasaron a ser 4 y para el próximo encuentro se anotaron solo 3.

Las escuelas de la Comuna 10, entre las que están las Técnica 35 y 27, dos de las primeras citadas para la presencialidad, se organizaron en el Foro por la Educación Pública y elaboraron una carta abierta que expresaba la preocupación de estas comunidades: “Las y los abajo firmantes les hacemos llegar nuestro rechazo a la implementación de la resolución 370 aprobada por el Consejo Federal de Educación, que deja a disposición del GCBA la posibilidad de utilizar nuestra comuna como “burbuja” de ensayo al retornar a la presencialidad en las escuelas técnicas Nro 27 y 35 exponiendo a alumnxs y docentes a un show mediático que poco tiene que ver con una cuestión pedagógica y pone en riesgo su salud en un momento de proliferación de contagios en el cual se podría producir, como a inicios de este año, un rebrote de dengue en la comuna agravando aún más la situación. Nuestra comuna parece ser el “globo de ensayo” del GCBA. Consideramos totalmente innecesario y peligroso exponer al contagio a nuestras comunidades educativas para cumplir el capricho de una gestión”.

En la carta, proponen que “cada comunidad educativa pueda tener una mesa de debate para establecer si las condiciones de seguridad e higiene están garantizadas”. Y le exigen al Gobierno de la Ciudad que “entregue las 6500 netbooks puestas a disposición por el Ministerio de Educación de la Nación a aquellxs alumnxs sin vinculación con la escuela por falta de conectividad. Que se aumente la cantidad y calidad de material de limpieza, desinfección y prevención. Que se amplíe la cantidad de auxiliares. Que lxs miembros de la junta comunal se presenten en las escuelas que sean abiertas para hacer una inspección ocular de las mismas”.

Además, detallaron un informe sobre cómo fue la actividad presencial en la Técnica Nº 27. De 25 estudiantes del turno tarde, entre ambos 6tos años, asistieron 12 pibes que es el máximo permitido. Al llegar les tomaron la temperatura con un termómetro láser y les colocaron alcohol en gel. El encuentro se realizó en el patio exterior, separados en dos grupos de 6 estudiantes. Tuvieron con dos profesores, una hora con cada uno. Solo fueron testeados, de manera opcional, los docentes. Los chicos no estaban satisfechos ni contentos con lo que encontraron en esas jornadas. En un tiempo acotado de dos horas reloj, debían adaptarse a un híbrido extraño entre charlar sobre cómo están y acomodarse para respetar el protocolo. “Esto no es la escuela”, dijeron a sus familias y compañeros.

Las principales demandas de las familias que plantean volver giran en torno a que necesitan volver a trabajar y no tienen dónde dejar a lxs pibxs; que lxs chixos no están pudiendo conectase con las clases virtuales porque no se adaptan a la tecnología y las propuestas educativas a distancia; y una menor proporción de familias porque necesitan la escuela como un sostén social por la situación de vulnerabilidad socioeconómica que atraviesan. “Nosotros no estamos peleando por la salud de nuestros pibes solamente, sino de toda la comunidad, de todos los docentes, de los pibes de primaria, de secundaria, de inicial. Lo que nosotros tenemos que tratar de sembrar en la sociedad es eso, que sepamos que tenemos que ser solidarios y estar siempre pendientes de lo que le está pasando a los demás, que no somos una burbuja, como justamente dice el protocolo, que somos un todo”, enfatiza Mariano Fernández, es ex alumno y papá de una egresada del Yrurtia, y que participa activamente como parte de la comunidad educativa.

Mariano refuerza el sin sentido de la vuelta a las aulas y la importancia de la coordinación entre las escuelas: “Nos estamos organizando como comuna y como comunidades educativas para ver de qué manera resistir esto como primera medida, concientizar a la gente del peligro que esto implica y el sinsentido que tiene retornar a la presencialidad. Las escuelas abrirían todas en noviembre cuando falta menos de un mes y medio para que terminen las clases, porque el 19 de diciembre están cerrando. Lo consideramos un sinsentido total porque es una cuestión sanitaria, no están las herramientas de cuidado ni la infraestructura adecuada”.

Además, cuenta que en las reuniones la participación de les estudiantes fue muy importante: “El Consejo Federal de Educación aprobó la resolución sin convocar a los sindicatos, ni a las comunidades y los estudiantes. Si los pibes pudieran tener la voz, esto sería diferente, porque el otro día tuvimos esta reunión con muchos pibes de los centros de estudiantes de la Comuna 10 y la Comuna 9, donde todos están manifestándose en contra de esto. Nosotros lo primero que hicimos en la comuna fue convocar a los estudiantes y tuvimos una reunión para escucharlos porque ellos son los que van a estar expuestos ahí. Eso es lo que nos falta como sociedad: escuchar más a los pibes y las pibas y dejar de lado el adulto centrismo”.

Conectar para no enfermar

Los siete meses de aislamiento social preventivo y obligatorio trajeron nuevas prácticas educativas que con los meses fueron aceitándose. Cada escuela tomó decisiones dispares, sin una orientación pedagógica ni asistencia tecnológica ni capacitación informática por parte del Ministerio de Educación: “No he visto la bajada de línea organizativa del Ministerio como para decir en primaria utilicemos tal plataforma y tenemos clases tantas veces por semana de manera virtual, en secundaria tratemos de cubrir determinados objetivos, etc. La pandemia trajo un cambio que requería de una adaptación adecuada a la actualidad que estamos viviendo y me parece eso se estuvo haciendo muy improvisado”, advirtió Mariano, que también participa del Foro como padre de dos adolescentes que van a escuelas medias artísticas en la Comuna 10. Además, la pandemia puso en evidencia la brecha de acceso a las tecnologías informáticas y la conexión a internet: 6 mil niños, niñas y adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires no tenían ningún tipo de dispositivo que les permitiera conectarse con la escuela.

“Estos meses la escuela estuvo abierta, nunca se cerró en realidad. Se entregaron las canastas y la escuela atendió cuestiones específicas de problemas que sucedían a las familias. Al momento de entrega de canastas también se recibían a los pibes y las familias que estaban sin conectividad y o sin dispositivo, y se les imprimían los trabajos prácticos para que se lo puedan llevar a su casa. Los pibes se los llevaban lo volvían a traer a esos 15 días. También rescatamos computadoras del plan Conectar Igualdad que habían quedado hacinadas en la escuela”, cuenta Mariano.

En ese contexto llegó la pandemia para transformarlo todo y quedó más en evidencia la desidia del Gobierno de la Ciudad. En respuesta a la ausencia del Estado las familias, los estudiantes y docentes del Yrurtia se organizaron para contener a su comunidad. Mientras que el Ministerio mandaba galletitas y té como canasta alimentaria, desde la cooperadora reforzaron con alimentos no perecederos, bolsones de verdura y un kit de materiales artísticos. Mes a mes pedían más refuerzo: llegaron a ser 60 familias de 400 las que necesitaban la canasta alimentaria porque les hacía falta un plato de comida. Y la conectividad no fue una excepción: lograron un promedio del 70% de conexión gracias a que desde la Multisectorial por la Escuela Pública consiguieron computadoras y celulares, y la cooperadora del Yrurtia garantizó la conexión a internet con la compra de tarjetas de datos. La brecha digital y la falta de presupuesto para educación es una de las principales preocupaciones entre les estudiantes.

“En pandemia no volvemos”, consigna una bandera colgada en la puerta del Yrurtia, en el barrio Vélez Sarsfield.  Esta comunidad educativa que enseña artes visuales, en nivel secundario y terciario, es una de las más organizadas de la Comuna 10. Valentina Mencia cursa 3er año en el Yrurtia, forma parte del centro y participa de la Coordinadora de Estudiantes de Base (CEB), que reúne a más de 30 centros de estudiantes de la ciudad. Este año fue muy importante en la organización de su centro porque lograron sostener la participación activa y constante del cuerpo de delegados después de que el año pasado quedaran muy desgastados por el conflicto del edificio nuevo. En su análisis sobre la vuelta a la presencialidad expresó dos consignas que muestran los ejes que atravesaron a la escuela estos meses de pandemia: “Con hambre no se puede estudiar” y “conectar para no enfermar”. 

-¿Cuáles son los reclamos del estudiantado?

-Llevamos cinco cartas al Ministerio de Educación, todas hablando sobre las computadoras que están en los colegios para repartirse y la necesidad de un vínculo pedagógico real. También sobre la necesidad de asistencia psicológica y un bolsón alimentario de calidad. Muchos de nuestros compañeros estaban muy mal, tuvieron mucha ansiedad. De eso nos ocupamos nosotros en la CEB, que nos contactamos con una red de psicólogos que atienden gratis y le pasamos el teléfono a los chicos. O las cooperadoras armaron refuerzos de las canastas y garantizaron datos de internet. Pero desde el Ministerio nunca nos respondieron las cartas. Nos impresiona la falta de voluntad política y la frialdad con la que se manejan, pero no nos sorprende. Siempre fue así la relación con los estudiantes.

El centro de estudiantes del Yrurtia hizo una encuesta que respondieron el 30 por ciento del estudiantado. Los resultados hablaban de que casi el 50% de les pibis estaban atrasados con la entrega de trabajos, otro 50% por ciento al día. También dijeron que las clases por Meet les servía y que el Class Room los ayudaba a organizarse, pero también les generaba mucha ansiedad que les llegue la notificación y darse cuenta de que no habían hecho la tarea. Una de las principales demandas fue la necesidad de que las propuestas pedagógicas estén organizadas con criterios similares y que, si hay dificultades para el manejo de la informática, se le facilite al estudiante una tutoría. También, que el Ministerio de Educación garantice la liberación de datos para la plataforma de Google, en la cuenta oficial del Gobierno de la Ciudad, así pueden acceder a las clases libremente sin necesidad de conexión a internet. 

-¿Qué problemas trajo la virtualidad?

Las clases virtuales, al tener que encender la cámara en un primer plano, con eso tienen inseguridades que se acentuaron mucho más. Y Sabemos que hay una enorme deserción estudiantil porque no tienen plata para poder pagar una computadora o un celular o los servicios de internet. Entonces es mirarnos entre nosotros para ver quienes, si pudimos acceder a esta educación virtual y pudimos pasar de año, quiénes quedaron afuera y no se sabe ni siquiera cómo se va a abordar el contenido que no pudieron cursar o tienen que dejar la escuela y salir a trabajar porque, además de todo esto, hay una crisis impresionante.

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La Ronda en la mirada de Lucía Prieto

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Sexta entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo, realizada por la fotógrafa Lucía Prieto. Toda la producción será entregada a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas estos 40 años a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos. Esta iniciativa es totalmente autogestiva.

Cuando Alejandra López y Claudia Acuña me propusieron hacer este registro pensé  en el concepto de ronda, en la perfección del circulo, en lo mandálico de la continuidad, que no se distingue dónde termina y dónde comienza otra vez. Pensé en los jueves a lo largo de los años, en lo infinito, en la necesidad de lo grupal para que su movimiento sea fluido, en la potencia de lo colectivo. Las madres convirtieron la orden de circular en una astuta rebeldía infinita, que como todo lo que conlleva movimiento, es también transformadora. 

Fue, entonces, la idea de continuidad y de legado la que me hizo construir mi relato en el diálogo entre la juventud y las madres.

Entre esxs jóvenes están NIETES que así ,en inclusivo, se definen cómo la tercera generación en lucha: “Somos nietes de los 70 e hijes de la lucha de los 90“. Nacieron desde la necesidad de mantener viva la memoria y como las madres, entendieron que la fuerza de la resistencia reside en lo colectivo.

La Ronda en la mirada de Lucía Prieto

Sobre Lucía Prieto

Nací en 1984 en la ciudad de Buenos Aires, pero crecí y me crié en el Oeste del conurbano

bonaerense. Desde 2004 resido y trabajo en CABA. Me dedico a la fotografía hace más de 12

años y, aunque mi formación fue primariamente autodidacta, tuve la suerte de encontrarme con muchxs  maestrxs en el camino. Mis ejes de trabajo y mis intereses se centran en los feminismos, los derechos humanos y las problemáticas socioambientales.

La Ronda en la mirada de Lucía Prieto
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Memoria, verdad, justicia y Norita

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Partidaria de los besos y los abrazos, reivindica la sonrisa como principal bandera de lucha. Cumplió 94 años este 22 de marzo y hace siempre que puede la ronda de Madres de Plaza de Mayo, hoy ya en silla de ruedas. Vida, obra y endorfinas de una mujer que ha acompañado a fábricas recuperadas, pueblos originarios, comunidades afectadas por el extractivismo, jóvenes y mujeres en situaciones de violencia, todo como una continuidad en la defensa de los derechos humanos. El clítoris, el cannabis y las autodefiniciones. Esperando el 24 de marzo, compartimos esta nota y retrato, publicada originalmente en la revista MU 138 (2019, todavía tiempos macristas). El movimiento, la calle, y lo que ella piensa (y hace) frente a la historia y los futuros posibles.

Texto: Sergio Ciancaglini

Nora revisa su cartera en la que lleva el pañuelo blanco, el verde, crema de cannabis medicinal, una lata de sardinas y la agenda en la que anota sus hiperactividades cotidianas, entre otros secretos. Está también su DNI: 0.019.538. Ríe: “Fui de las primeras en la cola para sacarlo. El otro día, por un trámite, los empleados de un banco me dijeron que la máquina no podía interpretar un número tan bajo”.
Estamos en la sede de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Envolvemos las masitas que no alcanzamos a engullir y que se incorporan a la cartera de Nora para llevárselas a una amiga. Luego guarda un par de carpetas, limpia la mesa de papelitos y me pide que cierre las persianas y puertas del balcón que da sobre Piedras al 100, Buenos Aires. Ya tiene el llavero en la mano esta señora que no puede ser interpretada por las máquinas. Chequea que esté todo ordenado. Empieza a apagar las luces que iluminan salones, oficinas y paredes atiborradas de recuerdos de las Madres, homenajes, reconocimientos, diplomas y tres imágenes: Azucena De Vincenti, Mary Bianco y Esther Careaga: sus apellidos de casadas pero sobre todo, el de sus hijos e hijas. Fueron las madres secuestradas en diciembre de 1977 en un operativo organizado por la ESMA, que culminó con 12 desapariciones incluyendo a dos religiosas francesas.

Memoria, verdad, justicia y Norita

El saludo de Nora en una de las marchas actuales, con la foto de su hijo, la bandera de los 30.000 detenidos-desaparecidos, y el acompañamiento de una nueva generación.


Nora se pone el ponchito de barracán, agarra la cartera, el bastón, y cumple con el rito según el cual el último –la última- apaga la luz. Y cierra la puerta con llave.
La escena podría parecer un tanto melancólica, pero es al revés.
Al cerrar esa puerta, da media vuelta y abre un mundo.
Nora se transforma en Norita, que en lugar de ser un diminutivo resulta un aumentativo, una clave, un código de acción.
Sale Nora de Madres y entra Norita a la calle, las plazas, las ciudades, los pueblos, las rutas, las fábricas, la naturaleza, los conflictos.
Entra a sus verdaderos lugares de acción: lo público, los espacios donde ocurren las cosas, o donde las cosas se manifiestan escapando de los encierros y del silencio.
Lo mismo sucede cada vez que sale de su casa en Castelar, llena de muñecas, libros, plantas y recuerdos, se toma un micro hasta la estación (evita los taxis y es ajena a las aplicaciones uberísticas), luego el tren Sarmiento, luego el subte A o lo que haya que abordar para ir a donde quiere ir.
Su estrategia consiste en intentar estar donde haya injusticias, violencias, crímenes, abusos, discriminaciones, psicopatías estatales o privadas y otras desventuras nacionales que son del orden de lo clásico: nunca pasan de moda.
Logra materializar ese acompañamiento con una eficiencia casi incomprensible. Ana María Careaga (desaparecida a los 16 años estando embarazada e hija de aquella madre secuestrada en la iglesia) cuenta que una vez le dijeron al sacerdote pasionista Carlos Sarracini que Nora parece Dios, porque está en todas partes. El cura no se mosqueó con la comparación y subió la apuesta: “Sí, pero a Nora se la ve”.
“Cuando dicen esas cosas me estremecen –corcovea Nora–, me da un poco de vergüenza. Siento que son como abrazos para darme fuerza, pero no me generan soberbia ni nada. Lo que digo es sencillo. Si no es para pelear contra la injusticia, los organismos de derechos humanos, ¿para qué estamos?”.

Memoria, verdad, justicia y Norita

Sobre la magia y el clítoris

Plaza de Mayo, jueves, 15.30.
Las Madres están partidas desde 1986, pero allí están. Girando siempre en sentido inverso al de las agujas del reloj, como para recuperar el tiempo perdido por tanta muerte, cada uno de los dos grupos (Asociación y Línea Fundadora) en el extremo opuesto de ese círculo alrededor de la Pirámide de Mayo que culmina con una estatua que representa a la Libertad. La libertad está inmóvil, mientras la memoria, la verdad y la justicia rondan alrededor.
Bajo una placa descansan las cenizas de Azucena Villaflor de De Vincenti, quien junto a las otras dos madres desaparecidas fue arrojada viva por los militares desde un avión al mar. La marea luego devolvió los cuerpos a la costa de Santa Teresita en enero de 1978.
En Línea Fundadora la única madre que ronda hoy -y sin bastón- es Nora, acompañada por unas 80 personas. El grupo crece de golpe porque se agregan como un borbotón unos 40 guardapolvos blancos de chicas y chicos de una primaria de Lugano que la rodean y marchan junto a ella con la bandera en la que se lee “30.000 detenidos desaparecidos. ¡Presentes!”.
Llora y ríe Norita porque al ver a los chicos se le agitaron la emoción y la alegría, lloran también las maestras y varios que disimulan. Los chicos la miran asombrados. Tres vueltas más tarde, ella se acerca a un micrófono con parlante. Este jueves habla de:
La impunidad estatal y judicial alrededor del atentado a la AMIA.
El proyecto de “servicio cívico voluntario” de Gendarmería para niños (editorializa diciendo: “Qué bestias”).
Recuerda junto a Beverly Keene, de Diálogo 2000, que la solitaria Madre de Ledesma (Jujuy) Olga Arédez, denunció en 2001 la creación de una policía infantil (niños uniformados que eran instruidos con armas de juguete). Y que en 2012 el gobierno de Cristina Kirchner ordenó cerrar 74 cuerpos de Gendarmes Infantiles en 17 provincias, que reunían a más de 6.879 niños.
De paso mencionan que Olga –que reclamó toda la vida por las desapariciones ocurridas durante el apagón en Libertador General San Martín- murió en 2005 por la contaminación de bagazo producida por Ingenio Ledesma. “Para abaratar costos no ponían los filtros en las chimeneas, y eso la intoxicó”, explica Nora.

Memoria, verdad, justicia y Norita


Denuncia cómo le prohibieron a su compañera de Madres LF, Vera Jarach, quien además es sobreviviente del Holocausto, dar una charla en el Colegio Nacional de San Isidro (“a lo mejor prefieren que vayan los de Gendarmería a dar clases de derechos humanos”).
Habla sobre una de sus obsesiones, el Hospital Posadas y la situación de sus trabajadores y pacientes (“el Estado achica y achica, es lo único que hace: hay que ir a acompañarlos”).
Informa que trabajadores de la textil Sport Tech, que estuvieron en la ronda y ocuparon durante dos años la fábrica quebrada en defensa de sus puestos de trabajo fueron autorizados como cooperativa, por el juez Horacio Robledo, a hacerse cargo de la empresa.
Presenta a gremialistas de Fabricaciones Militares (“no les tengan miedo, nada que ver con los milicos, son divinos”) movilizados contra los despidos y el achicamiento.
Recibe a Sergio Martínez, uno de los fundadores de El Algarrobo, asamblea de Andalgalá que con su movilización logró frenar la instalación del proyecto megaminero a cielo abierto Agua Rica. Sergio cuenta: “Hace poco cumplimos 500 marchas, cada sábado, reivindicando los derechos humanos, territoriales, a la salud y a la vida”.
Anticipa Norita el lanzamiento de una campaña para denunciar la deuda externa (y eterna) “porque hay gente que se queja en la verdulería, pero no entiende que lo que le pasa es consecuencia de que se están llevando los dólares y las riquezas, y cada dólar se paga con hambre en nuestro país”.

Memoria, verdad, justicia y Norita


Repudia por enésima vez la ilegal detención de Milagro Sala desde enero de 2016 (“no le encuentran nada y la someten a tortura psicológica las 24 horas del día”).
El tono de Nora es tan serio como lo sugieren los temas de los que está hablando; dice que el gobierno es “negacionista, inmoral y ladrón”, y oscila entre esas definiciones y el relato de lo que está sintiendo. “Hoy no hay buenas noticias para dar”, le dice a la gente que la escucha. “La buena noticia fueron esos chiquitos que vinieron de Lugano”.
Agrega: “No nos volvamos locos. Cada día me acuesto pensando ¿qué mal van a hacernos mañana? Es como que con cada acción, con cada decisión, quieren humillar. No lo logran, porque nos tienen que resbalar las cosas que dicen y hacen”.
La mujer y la gente se miran. “Siento que esta Plaza es mágica. Me siento feliz aquí. Me da pudor decirlo, con tantos desastres que pasan, pero es lo que siento viendo que tantas personas vienen, se encuentran, se abrazan, se reconocen”.
En ese momento repite tres veces: “30.000 detenidos desaparecidos y desaparecidas” y todos contestan “¡Presente!”. Y luego: “Ahora y siempre”. Nora, separando bien las sílabas, pronuncia tres veces la siguiente palabra: “Ven-ce-re-mos”.
Caminando hacia su bar favorito sobre Avenida de Mayo, para tomar un café que es parte del ritual de los jueves, quiere decirme algo sobre la magia, pero la detiene un grupo de chicas para saludarla y un joven, uniendo las palmas de las manos, pronuncia: “Gracias por existir”. Dice ella que jamás la cuestionaron ni la increparon por la calle. “Una sola vez, en una marcha por Cromañón, había un tipo muy borracho que me dijo de todo. Pero me había confundido con Estela de Carlotto. Que nos confundiera ya te muestra lo borracho que estaba”.
Otro grupo la reconoce, la saluda y le pide fotos. En los últimos tiempos cuando está en confianza Nora propone sonreír a la cámara diciendo “clítoris” en lugar de “whisky”.
Sigue la caminata y ella no pierde el hilo de lo que quería contar: “La magia no nace porque sí. La tenés que crear con tu espíritu. El espíritu de ver el lado bueno de la vida. Si no hacés magia con lo que te pasa, es imposible sentir que lo que hacés está bien, que te genera alegría. Sentir que no estás entre los mafiosos”.

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Comerse un pasaje

La primera vez de las Madres en Plaza de Mayo fue el sábado 30 de abril de 1977. El 15 había desaparecido Gustavo Cortiñas, el hijo mayor de Nora, secuestrado en la estación Castelar cuando iba a tomar el tren a las 8.45 rumbo a su trabajo en la Comisión de Valores. Militaba en la Juventud Peronista. Flaco, sonriente, bigote setentista, pelo largo.
En la casa de Nora hay una foto en la que se lo ve mirando a los chicos de la Villa 31, en la que militó con el padre Carlos Mugica. “Tiene un gesto que me parece dolorido y comprometido con lo que está viendo. Pero fijate los chiquitos, son iguales a los que ves hoy en las villas”. Se queda pensando: “Nuestros hijos luchaban por la justicia social. Pero hoy la brecha entre ricos y pobres es todavía mayor que cuando se tomó esta foto”.
Para esa mujer que había tenido que amoldarse al rol de ama de casa y profesora de alta costura, la desaparición del hijo representó el fin de muchas cosas. “Fue dejar la casa y salir a buscarlo. Y fue para todas igual. Mujeres comunes que no éramos de la academia, ni de los grupos de pensamiento. Pero hoy entiendo que ahí ya fuimos feministas. Ahí empezamos a romper”.
Aquel sábado inicial había pocos paseantes en Plaza de Mayo. Y 14 mujeres. Azucena propuso entonces ir los viernes. Nora, mientras tanto, buscaba en comisarías, en juzgados, hasta que empezó a ver a otras mujeres haciendo lo mismo, marcadas por la misma desesperación, que le contaron de las reuniones en la Plaza. Nora se sumó a la tercera. “Una madre muy católica y muy supersticiosa dijo que el viernes era mala suerte, día de brujas. Otra dijo que los lunes era día de lavar y limpiar. Quedó el jueves”. Acordaron las 15.30, salida de los bancos, el mayor tránsito de público en la zona. Las Madres nacieron para no ser parte de otros organismos ni partidos políticos. No tenían oficina: la crearon en la Plaza, sin techo ni puertas ni ventanas, para verse, intercambiar información, y hacerse ver. La policía dijo “circulen”, y jamás dejaron de hacerlo. En octubre de ese 1977 nacerían los pañuelos blancos, como modo de reconocerse entre la multitud durante una marcha a Luján: en realidad eran los pañales de tela (no existían los descartables) que guardaban para sus nietos, convertidos en un símbolo histórico de los derechos humanos.
Relata Nora que los varones y esposos no intervenían porque el horario era de trabajo. “Pasaba otra cosa. Al ver a los milicos algunos padres decían ‘yo le dije a mi hijo que no se metiera’ y cosas así. Entonces eso no servía. Las madres no hacíamos esas cosas”. Confrontaban. El lugar común indica que el dolor enceguece, pero Nora es de las que piensan distinto: “El dolor nos hizo ver. Nos fortaleció, y nos ayudó a ser claras”.
Empezó a entender algunas charlas que había tenido con su hijo: “Una vez me dijo: ‘¿Sabés que te pasa, mamá? Te falta calle’. Aprendí, ahora me pasé de calle” reconoce. “Más que en los libros, la concientización está en la calle. Esto significa moverse siempre. Y no pensar dos veces”.
Recuerda que fue varias veces presa con las Madres. “Una vez, los policías pararon un micro, bajaron a toda la gente y nos llevaron. En la comisaría teníamos dos variantes: pagar 30 centavos, o pasar 5 días de cárcel por escándalo en la vía pública. Había madres que decían “métanme presa, así me llevan con mi hijo”. Pero los tipos querían que pagásemos. Cuando me tocó, le di 60 centavos. ‘No señora, le dije 30’ me dijo, y le contesté: cóbrese lo de la semana que viene”.
Otra de esas detenciones ocurrió un día antes de un viaje que Nora debía hacer a Brasil con la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel Chicha Mariani. “Esa vez nos llevaban en patrulleros. Abrí la puerta y me quise tirar, pero el policía me agarró. Si no, me mataba; era la desesperación por escaparme. De golpe me di cuenta de que tenía el pasaje a Brasil. Yo creía que era algo clandestino, que si descubrían eso no sé qué iba a pasar y entonces lo agarré, lo fui rompiendo en pedacitos, y me lo comí”. El viaje finalmente se hizo, en plena digestión del pasaje, con Nora y Chicha intentando denunciar lo que se vivía y se moría en el país.
Moverse, salir, romper, confrontar, escandalizar, chocaba con la noción de familia tradicional y hogareña, y con su marido Carlos. “Los viajes, las marchas, las búsquedas. Y él tenía una cosa de celos. Hubo algunas veces que pensamos separarnos. Murió en 1994. Creo que no hubiera soportado todo lo que hago ahora. Pero bueno: la desaparición de Gustavo había sido un cambio total. Me largué a hacer lo que tenía que hacer. Y eso fue no volver atrás nunca más”.

Del Mundial al cannabis

Nora recuerda que usaban la parte del Café Tortoni que da a Rivadavia, durante el Mundial 78, para encontrarse con jugadores (“creo que eran holandeses, no recuerdo los nombres”) y periodistas extranjeros. O lo que vivió su querida Mirta Baravalle: “El marido estaba muy mal con la desaparición de la hija (Ana) y no podía creer que parecía que no pasaba nada mientras en el país había desaparecidos. El día de la final que ganó Argentina, después del partido se puso peor y se murió de un infarto mientras todo el mundo seguía festejando”.
Las Madres son un símbolo de muchas cosas, empezando por la valentía. Resulta casi de ficción imaginarlas plantadas en la Plaza frente a la Casa Rosada tomada por Videla & afines, infiltradas por Astiz y la ESMA, ignoradas y silenciadas, o en el mejor de los casos tratadas como “madres locas” por los diarios que se atrevían a mencionarlas. Nora agregó algo a su currículum disruptivo: en 1978 fue hasta la Mansión Seré, centro clandestino de detención y torturas, simulando ser una interesada en comprar el lugar para instalar un hogar de ancianos.
“No era que buscaba a mi hijo ahí, pero sabía que había gente. Entré al predio y hablaba en voz alta. No sé qué quería: hacer ruido. Que si había alguien supiera que había gente afuera. Un milico dijo ‘despachen a la señora’ pero yo seguía diciendo que me mandaban de la Municipalidad o cualquier cosa, y vi una canilla con manguera al lado de una ventanita que se ve que daba a un sótano, donde estaban los desaparecidos. Cuando se recuperó como Centro de Memoria, contaron que me habían escuchado, sin saber quién era”.
El alegre caos que es cada conversación con Nora, ahora en su casa, cambia de rumbo porque va a preparar café. Desde que cumplió 82 años le divierte decir que es mínima, vital y móvil.
Mínima: nunca escondió la edad, pero se niega a revelar cuánto mide. “Ni a mis nietos se los digo”. En el jardín hay una pequeña piscina de dos metros de largo y uno de profundidad. Nora guiña un ojo: “Me meto con salvavidas”.
Vital: parece inagotable, aunque no lo es. Sufrió hace dos años un ínfimo ACV. “Hablé dos horas después de eso en un acto, y parada. Ni yo lo puedo creer. Pero es un compromiso con nuestros hijos y nuestras hijas. No es un sacrificio para nada. Cada día es estar donde hay una injusticia”.
Móvil: sus idas y vueltas a Castelar en micros, trenes y subtes son una especie de gesta cotidiana en la cual la casi nonagenaria dama va a veces arrastrada por la multitud. “El otro día bajaba del tren. En el medio del gentío un chico que iba a subir me vio, tenía un chocolate, me dijo ‘gracias por todo lo que hacés’, me lo dio y subió. Me quedé en el andén con el chocolate llorando de emoción. Ni sé el nombre. Solo sé que era un chico del oeste”.
Hace dos años un golpe en el empeine le repercutió en un fuerte dolor de rodilla, y los médicos le dijeron algo fantasmal: tenía que dejar de marchar. Problema de meniscos. “Te imaginás, yo lo que tengo son menisquitos”. Por eso fue al debate en el Senado sobre el aborto seguro legal y gratuito en silla de ruedas. La actual vicepresidenta Gabriela Michetti la saludó educadamente al verla, y más tarde ordenó que le prohibieran el ingreso al recinto, por lo que Nora vio el debate por televisión en el despacho de Pino Solanas.
“El año pasado me regalaron la crema de cannabis y me la empecé a poner en la pierna. De a poquito, te diría que en un mes o dos, dejó de dolerme totalmente, y pude volver a caminar con bastón primero, y cada vez mejor”. Del pronóstico de inmovilidad Nora pasó a abandonar la silla de ruedas, el bastón parece cada vez más un adorno, y no deja de estar en todas partes. “Ahora en vez de bombones me regalan cannabis”. En el jardín, además de la santa rita, las azaleas y los potus, crecen dos robustas plantas de marihuana.

Feminismo, grieta y hambre

Tiene docenas de muñecas que le han regalado, varias son Noritas con pañuelo blanco y hay una con pañuelo verde. Muestra una remera con una frase que ha hecho célebre: “Ser feminista es una cosa bárbara”. El lema forma parte del Norita Fútbol Club (Las Noritas) equipo femenino que participa en la Liga Nosotras Jugamos. En la delantera de Las Noritas juega su nieta Lucía. “Y yo pedí que me den la 10”, explica la abuela, que además está asombrada porque ha sido llamada a dar una charla por la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
¿Qué es lo peor que vivió, además de la desaparición de Gustavo? “La desaparición de las tres madres. Veías que los militares no se saciaban ni con los miles que se habían llevado”.
¿Lo mejor? “La resistencia de la gente, de los pueblos. Si no fuera por la resistencia pacífica y prudente que tiene este pueblo ya estaríamos con las patas de los norteamericanos acá adentro. Hay espacios que parecen pequeños pero que van frenando, sin saberlo, los avances de la derecha”.
Reconoce que fue un dolor también la separación de Madres, en 1986. “Algunas nunca dejamos de sentir que no tendría que haber ocurrido. Pero había mucha diferencia sobre las metodologías y nosotras, en Línea Fundadora, queríamos ser horizontales e independientes”. No quiere hablar demasiado sobre las diferencias en la propia Línea Fundadora. “Lo que reivindico es esa independencia, la mirada crítica. En el anterior gobierno creían que la crítica era mala leche, y eso no es cierto. Yo reconozco que lo que se hizo con el tema de derechos humanos fue histórico. No pensábamos que íbamos a ver a los genocidas juzgados. Pero eso no quiere decir que una se calle cuando hay cosas como el apoyo al modelo extractivo, o poner a (César) Milani al frente del Ejército”, explica, críticas que hizo extensivas a la Ley Antiterrorista, el pago de deuda externa, la tragedia de Once, el INDEC, el Proyecto X, y toda área atacada por políticas oficiales, el modelo científico con Lino Barañao al frente, el modelo sojero, la minería a cielo abierto, la violencia institucional, la discriminación a los pueblos originarios, entre muchos etcéteras que hicieron que no fuera ella de las participantes en los actos emitidos por cadena nacional. “Nuestra función es otra desde siempre: es ser independientes de los partidos y del Estado”.
Cuenta que su nieto Damián, el hijo de Gustavo, fue siempre partidario de la gestión kirchnerista. “Pero yo decidí que no voy a perder amigos, familiares ni ideales por la política partidista. Entonces hablábamos de cualquier otra cosa. Pero desde que está este gobierno sí que volvimos a hablar de política”, dice riéndose.
Sobre lo electoral: “Estoy mirando. No decidí qué hacer”. Una pista: en una de las últimas elecciones Nora fue con un marcador. Tomó una boleta y escribió: 30.000 detenidos desaparecidos. No al extractivismo. No a la persecución a las comunidades indígenas. No a la deuda externa impagable, inmoral y odiosa. “Lo puse en el sobre y voté. Me lo habrán anulado. No importa, saben que estuve ahí”, cuenta. “Y digo sí a la justicia, a la verdad, a la memoria, a la resistencia, a los juicios hasta que se condene al último genocida y a la recuperación de la identidad de todos los jóvenes que fueron niños apropiados por el terrorismo de Estado”.
En el área de derechos humanos cree que la gran cuenta pendiente es que se conozcan los archivos militares. “Es una burla que no los entreguen. Registraban todo, hay pruebas, y eso permitiría saber qué ocurrió con cada persona desaparecida. Pero es una decisión política que ningún gobierno quiso tomar”.
¿Cuál es su principal preocupación hoy? “El hambre. Estamos cada vez peor. Más hambre, pobreza, desocupación. Es una época de destrucción. Pero no tenemos que dejar que nos llegue el odio. Hay que resistir, pero no tenemos que perder la sonrisa, que nos hace fuertes: es lo mejor que podemos tener”.
Está perpleja Norita porque su biznieta Camila, 9 años, le dijo que los besos y los abrazos contagian gérmenes. “Pero el abrazo y las caricias estimulan las endorfinas que son lo que dan ganas de vivir. Cuando alguien está enfermo, lo acariciás, le das la mano y eso es terapéutico por las endorfinas. Así que en eso sí que tengo partido: soy partidaria de los besos y los abrazos”.

La ley

Las Madres son cada vez menos. “El año pasado murieron cuatro. Las sentimos mucho”. ¿Cómo imaginar las cosas cuando ya no queden Madres? “Yo no me imagino nada. Nunca digo que esto va a ser así o asá Lo que creo es que siempre hubo etapas con determinadas personas que vivieron y luego murieron. Es la ley de la historia, y de la vida. Ojalá nunca más tenga que haber Madres porque hay genocidios y represiones. Pero en nuestro caso, de algún modo estaremos en la Plaza. Y entonces habrá que ver qué es lo que nace” dice sin miedo y sin nostalgia, haciendo bailar esa sonrisa alimentada en la calle con abrazos y resistencia, besos y valentía, magia y endorfinas.

Memoria, verdad, justicia y Norita
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La Ronda, en la mirada de Nora Lezano

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Sexta entrega del registro colaborativo de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo. Esta cobertura, realizada por Nora Lezano, corresponde al ritual del jueves 14 de marzo.

La Ronda es una iniciativa autogestiva coordinada por la editora Claudia Acuña y la fotógrafa Alejandra López. Todas las semanas, unx fotografx registra la ceremonia de circular alrededor de la Pirámide de Mayo, que se sostiene hace más de 40 años.

Todo el material colaborativo será entregado a ambas organizaciones de Madres y al Archivo Histórico Nacional. Invitamos a quienes tengan registros de las rondas realizadas a que los envíen por mail a [email protected] para sumarlos a estos archivos.

“Nunca había estado en una Ronda.

Le pedí a una amiga que me acompañara. Sentí que se jugaba por un lado algo emotivo inmenso y por el otro el miedo a lo incontrolable. Jamás hago fotos en la calle justamente porque adentro de un estudio puedo controlar todo. Antes de salir para la Plaza dejé en mi casa un llanto espeso. El día estaba nublado. Ese llanto tenía la exigencia de haberme comprometido a resolver algo desde un lugar del que no estoy acostumbrada pero también el nerviosismo de saber que iba a vivir una experiencia de la que iba a salir profundamente atravesada”.

“Y así fue que me hice parte de esa ceremonia, fluyendo en círculos con mi cámara, acompañando esa fuerza indestructible del sostener. Donde nada importaba más que SER esa RONDA”.

Sobre Nora Lezano

Fotógrafa y artista visual.

Comienza a desarrollar su trabajo en la década de los 90. Sus retratos de músicos constituyen una parte representativa de su obra.

De 1992 a 2008 trabajó como fotógrafa institucional del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En los años 2000 y 2001 la Secretaría de Cultura y Comunicación de la Nación le encargó las coberturas de los ciclos “Argentina en vivo 1 y 2”, el “Festival Internacional de Jazz”,  la “1era. Semana Argentina en Madrid”, “La historia en su lugar” y “Música clásica en los caminos del vino”.

Trabajó como fotógrafa, directora, iluminadora y videasta para proyectos performáticos, de artes visuales y cinematográficos.

Publicó en forma independiente el libro Sin sueño se duerme también y Communitas (Planeta) -en coautoría con E. García Wehbi-.

FAN, la retrospectiva de sus años en el rock, se presentó desde el 2015 a la actualidad, en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata, el Museo Boggio de Chivilcoy, la Biblioteca del Congreso Nacional, la Casa de la Cultura de Entre Ríos; el Centro Cultural San José, de Olavarría,  el Museo de Bellas Artes de La Plata, el Espacio Contemporáneo de Arte Eliana Molinelli de Mendoza, la Planta Alta de la Estación Belgrano, en Santa Fe y en la Universidad Nacional de Quilmes.

Junto a las fotógrafas Andy Cherniavsky e Hilda Lizarazu, en el Palais de Glace, presentó la muestra LOS ÁNGELES DE CHARLY, una celebración a la obra de Charly García.

INVENTARIO, que incluyó una serie de objetos, fotografías y material fílmico y sonoro del archivo personal de la artista, además de una performance, se presentó en la Bienal de Performance 2019.

Desde 1996 sus fotos ilustran el suplemento RADAR del diario Página/12 y desde el año 2015 realiza las fotos de los calendarios de la Fundación Viva la Vida por el Bienestar Animal.

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