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Petinari: las cosas que hay que hacer para trabajar

Unos 50 policías sitiaron a 25 obreros de la fábrica de carrocerías Petinari, de Merlo, quienes decidieron abandonar pacíficamente la fábrica que habían tomado para preservar sus fuentes laborales dos semanas atrás. Estaban retomando la producción, pero ante el desalojo volvieron a quedarse en la puerta para resistir en busca de lo obvio: poder seguir trabajando. Son cooperativa y esperan una ley de expropiación para hacerse cargo de lo que no se hizo cargo la patronal.

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Unos 50 policías sitiaron a 25 obreros de la fábrica de carrocerías Petinari, de Merlo, quienes decidieron abandonar pacíficamente la fábrica que habían tomado para preservar sus fuentes laborales dos semanas atrás. Estaban retomando la producción, pero ante el desalojo volvieron a quedarse en la puerta para resistir en busca de lo obvio: poder seguir trabajando. Son cooperativa y esperan una ley de expropiación para hacerse cargo de lo que no se hizo cargo la patronal.

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho


“Estábamos empezando a producir las carrocerías”, dice Luis Becerra, obrero, 32 años, 9 en la fábrica, cuando este miércoles 19 de agosto vio a las personas que ingresaban a la fábrica Petinari. Eran cerca de las 10 de la mañana cuando llegaron dos fiscales de las Unidades Funcionales (UFI) N°8 y N°5 de Morón.
Una tenía la orden de desalojo en sus manos. Afuera había casi 50 efectivos de Infantería y la policía bonaerense. Los trabajadores decidieron salir pacíficamente para evitar choques y que alguien fuera herido. De todos modos, no quedó nadie dentro de la empresa y los trabajadores volvieron al sitio donde resistieron durante seis meses previos a la toma: la calle.
“Vamos a volver a entrar, tenemos todo”, asegura a lavaca Alejandro Espinoza, 34 años. Estuvo haciendo changas durante el transcurso del conflicto. Dice que se ilusiona con un reingreso a la fábrica, que ya tiene matrícula provincial para constituirse como cooperativa.
Su nombre: Acoplados del Oeste. Aún tramitan la matrícula nacional, y esperan por el tratamiento de una ley de expropiación en el congreso bonaerense.
Ya con los obreros en la calle, aflojó la presencia policial. Cerca de las 14, un móvil de la Bonaerense (patente KAL 071) se estacionó en la puerta de Petinari. No llegó a estar 20 minutos y partió.
En la carpa, Becerra comenta que vio a Silvana Petinari, una de las dueñas que figura al mando de la empresa, en una estación de servicio cercana.
El diálogo fue escueto.
-La cooperativa no va a salir porque la empresa no está quebrada. Además, no son más que 30 vagos- insultó la señora Petinari.
-Si querés hacer algo, metenos a todos a laburar- contestó Becerra.

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La lógica del perro

Los más de 30 rostros que desfilaron por la carpa durante el mediodía y la tarde no reflejaban desesperación. Había buen clima, más allá de las miradas cruzadas cuando un teléfono sonaba, cuando alguien se alejaba para atenderlo, cuando alguien volvía, cuando alguien les hablaba. Hacían chistes y no faltó el guiso caliente de cada día. Los autos, colectivos y camionetas que pasaban (inclusive una de Gas Natural) tocaban bocina y animaban a los trabajadores que rompían con la monotonía de la ruta 200, a 10 minutos de la estación de ferrocarril de Merlo.
“Vamos a volver a entrar”, era el shock que se repetían mutuamente entre los obreros, muchos de ellos arriba de los 40 años, muchos con dolores de años de trabajo, y sin posibilidad real de encontrar otro empleo. Por el medio de las charlas, de las gomas quemadas, del humo y de las piernas circulaba Negro, el perro negrísimo que no paraba de mover la cola y con los ojos pedía galletitas. Negro se convirtió en una pieza más de la lucha de los trabajadores de Petinari, porque estuvo desde el primer día en la calle y acompañó la toma. Este miércoles le agregó una épica única.
“Le mordió la mano a uno de los policías que nos desalojó”, cuentan.
Negro no para de recibir abrazos.

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho

Planes de plata, planes de vida

Habían tomado la fábrica el 3 de agosto. Lo primero fue limpiarla. Encendieron las máquinas durante el último fin de semana y el silencio ensordecedor se quebró. Cuentan orgullosos que produjeron dos cajas y había un remolque listo para vender. El desalojo llegó en pleno resurgir de la producción. “En lo personal, era algo buenísimo lo que estábamos haciendo”, dice Félix León, 59 años, 7 en la empresa, 4 hijos. “Por todo lo que veníamos padeciendo, que por fin apareciera el laburo era algo buenísimo. Eso te hace bien y te reconforta. Incluso no hacés planes de plata, hacés planes para decir: ´Bueno, ya vamos a estar mejor´. Servía para ir mejorando. Pero sabíamos que el desalojo era algo que podía pasar. Lo teníamos previsto. Pero no importa: vamos a volver a entrar”.
Luis Blasetti, 35 años, 7 en la fábrica, tampoco decae. “La toma fue una esperanza que tuvimos después de seis meses de estar afuera y de todos los problemas que uno pudo tener en la casa. La fábrica la encontramos en pésimas condiciones, Hicimos tareas de limpieza, de todo. Encendimos las máquinas. Fue como darle vida. Y nos reencontramos con nuestros puestos de trabajo. Ahora nos encontramos otra vez en la calle. Es una pelea día a día y vamos a seguir hasta cumplir nuestro objetivo: volver a trabajar”.

Lanzamiento de personas

Varias son las denuncias que acumularon los trabajadores. “En la fiscalía general se comprometieron a unificar todas en un fiscal”, dice el abogado Luis Coronado, uno de los representantes de los obreros. “Si no, no sabemos cuál es la liebre que corre”. Al menos dos liebres asistieron el miércoles a Petinari. Una fue en representación de la UFI N°5 de Morón, que instruye una denuncia de los clientes de la empresa contra Petinari, por camiones que quedaron dentro de la fábrica. Por esa razón, su tarea era inspeccionar que estuviera todo “en orden”.
Sin embargo, la agente fiscal Adriana Suárez Corripio, de la UFI N°8, se presentó para “efectivizar el lanzamiento (sic) de los ocupantes del inmueble” y la restitución del predio a la firma Pedro Petinari e Hijos “sin perjuicio de la salvaguarda de los derechos laborales de los afectados”. La orden llevaba la firma del juez de garantías de Morón Ricardo Fraga. Todo se produjo en el mismo momento en el que los abogados estaban realizando las presentaciones legales ante los propios tribunales de Morón. “Lo importante es que nos reunimos en la fiscalía general y los agentes judiciales entendieron, por primera vez en este conflicto, y con documentación, que los trabajadores no violentaron ninguna puerta y que las condiciones de la fábrica son impecables”, señala Coronado.

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho

30 millones adeudados

El abogado Coronado reconoce que recién en esa reunión los funcionarios judiciales se enteraron de que los trabajadores no cobran hace meses. “Además garantizamos dos cosas. Primera: los camiones del cliente están ahí, intactos. Segunda: los obreros están cuidando su propio trabajo. Son entre 120 y 130 trabajadores a los que se les debe entre 20 y 30 millones de pesos”, dice Coronado. “Y, por si fuera poco, pudimos conseguir un contrato de compra y venta, donde figura que las autoridades de la empresa estaban vendiendo toda la parte inmobiliaria a otra sociedad anónima. Pero la situación parece ficticia: tanto en una u otra la mayoría de los accionistas son los mismos”.
Este tipo de maniobras fue el que quedó al descubierto en el proceso de vaciamiento de fábricas de fines de los años 90, cuya mejor respuesta fueron las fábricas sin patrón, gestionadas por las cooperativas de sus trabajadores.
Coronado subraya que la escritura para tal maniobra se iba a hacer entre fines de julio y principios de agosto, pero no se concretó ya que los trabajadores presentaron una medida cautelar para frenar esa jugada. “Había créditos laborales muy grandes: no pagaban desde enero. Pero propusimos no hacer juicios laborales porque, hoy por hoy, una sentencia tarda 2 o 3 años”, dice. “Por otro lado, pedimos la quiebra. Ellos, en reacción, presentaron un concurso preventivo en Capital Federal, pero hasta hoy no avanzò por falta de requisitos y documentación”.
Los obreros ya cuentan con la matrícula provincial de cooperativa, y están tramitando la nacional. Además, un proyecto de expropiación presentado por el diputado Miguel Funes (FpV) espera ser tratado en las próximas semanas en el congreso bonaerense.

¿A quién creerle?

Fernanda Lizarraga hace 18 años que trabaja en Petinari. Entró como pasante a los 16. Tiene un hijo de 3 años, y era administrativa hasta el momento del conflicto. Fernanda será la futura secretaria de la cooperativa de trabajadores.
Pero su historia es singular: al comienzo no estaba de acuerdo con el reclamo de sus compañeros. “Nos manteníamos al margen”, dice. “Pensábamos que tenía algo que ver con SMATA (el sindicato, al que los trabajadores critican por su falta de apoyo). Pero, como siempre, salió perdiendo la gente. Nuestro sindicato de administrativos también nos pedía mantenernos al margen”.
Lizarraga intentó hasta último momento ingresar a la fábrica, trabajar y recuperar el dinero. De hecho, denunció que los trabajadores no la dejaban ingresar cuando la fábrica la citaba a trabajar. “Pero me di cuenta de que la empresa nos utilizaba como conejitos de indias para el conflicto”, apunta. El quiebre fue una frase de uno de los abogados del SMATA tras una de las decenas de audiencias: “Olvidate, Petinari no va a abrir más”. Lizarraga: “No sabía a quién creer: si a la empresa, al SMATA, a mi sindicato o a los trabajadores. Pero en un momento vimos que la plata estaba, pero no se pagaba, y todo cambió”.
En ese momento supo a quién creerle.
“Es injusto lo que nos han hecho a todos”, concluye. “No voy a regalarle 18 años de mi vida a esa gente”. Fernanda es la única mujer que quedó para conformar la Cooperativa Acoplados del Oeste, de la que es secretaria.
Luis Becerra, en medio del humo de las gomas y las llamadas constantes por celular, advierte: “Pasó en Brukman, pasó en Zanon: lo que les digo a mis compañeros es que puede haber ley de expropiación o puede haber cooperativa, pero si nosotros realmente nos queremos quedar, eso es lo único que vale”.
Lo vale para estos trabajadores.
Lo vale para esta mujer.
Negro, el perro, sigue paseando triunfal entre los obreros.
Hoy, mañana y pasado, adentro y afuera, esta historia continuará.

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Mónica Alegre, mamá de Luciano Arruga: memoria contra la impunidad por un desaparecido en democracia

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A 14 años de la desaparición de Luciano Arruga (que tenía 16 años en aquel momento), la causa que investiga su muerte está congelada y los ocho policías implicados figuran apenas como testigos. En diálogo con lavaca la madre de Luciano recuerda algunas otras cosas: lo que no cierra alrededor del cuerpo que estuvo desaparecido 5 años y 8 meses, tras haberse negado a ser reclutado por la propia policía para robar. Las imágenes de la vida de adolescentes en territorios dominados por la trampa y la violencia de las instituciones. Las dudas sobre la teoría de que fue atropellado. La investigación a la propia familia, que tuvo los teléfonos pinchados. Las amenazas, la quema del auto a Vanesa, la hermana de Luciano. El hostigamiento a los amigos del joven que debieron mudarse del barrio. El silencio político, la complicidad judicial, y los límites de la defensa. El recuerdo de Luciano, su fanatismo por River, su generosidad para compartir comida con sus amigos: “Él me enseñó a ser mejor persona” dice Mónica. Este domingo desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde el adolescente fue torturado; Indart y San Martín, Lomas del Mirador), familiares y amigos organizan la tradicional jornada en recuerdo del joven de 16 años desaparecido por la Bonaerense: “Seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida”. Por Francisco Pandolfi.

Mónica Alegre el próximo 21 de agosto cumplirá 60 años. Siempre cumple, Mónica Alegre, que vive en la casa de su mamá, a quien cuida todos los días en la villa 12 de Octubre de Lomas del Mirador. El martes 31 de enero se cumplirá otro aniversario sin su hijo: 14 años de aquel 2009 cuando Luciano Arruga fue desaparecido por la Policía Bonaerense. Lo parió un 29 de febrero de 1992. Su Negrito tenía 16 años y estaba por festejar los 17. No lo dejaron.

Para Mónica la vida fue complicada mucho antes de la desaparición de Luciano. Junto a su familia, vivieron en la calle, en casillas, en un hotel. El papá de Luciano los abandonó cuando él tenía 5 años. Y Moni ahí, presente, estando, sosteniendo, pese a todo.  

Lo recuerda a “su morocho” bien flacucho, cartoneando para ayudar a su familia. Como ya habían conocido la nieve –cuando el 9 de julio de 2007 cayó sorpresivamente en Buenos Aires–, le quedaba el sueño de ver el mar y las montañas. No lo dejaron.

El rechazo a “trabajar” para la policía

A Luciano le gustaba mucho el fútbol y era tan pero tan fanático de River, que aseguraba que si tenía un hijo varón lo llamaría Enzo Ramón, por Enzo Francescoli y Ramón Díaz. Nunca le alcanzó la plata para ir al Monumental. Tenía intacto el deseo de llegar a ese día. Tampoco lo dejaron.

En 2007, aquel año donde sus ojos vislumbraron la nieve porteña, la Policía Bonaerense le ofreció salir a robar para ellos. Se lo contó a su madre, que se quedó tranquila con la negativa de su hijo. Pero ante el “no”, vendría el hostigamiento policial, las amenazas. Y ya no lo dejarían en paz.

El 28 de septiembre de 2008 lo detuvieron de manera irregular y fue llevado al destacamento de Lomas del Mirador, inhabilitado para alojar personas y prohibido para menores. Fue amenazado y golpeado. Allí fue a rescatarlo Moni, que escuchaba sus gritos para que le dejaran de pegar. Por esas torturas el ex policía bonaerense Julio Torales, fue condenado en mayo de 2015 a diez años de prisión.

Cuatro meses después, el 31 de enero de 2009, Luciano fue desaparecido. Fernando Espinoza era el intendente de La Matanza; Daniel Scioli, el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Cristina Kirchner, la presidenta de la Nación. El silencio de las cúpulas fue ensordecedor.

La causa da cuenta de que esa noche los móviles policiales tuvieron “un funcionamiento irregular”, con circulación por fuera del recorrido asignado, falta de registros y estadío “durante varias horas en un descampado conocido como Monte Dorrego”.

Además, los libros de guardia del destacamento fueron adulterados. El 5 de febrero, su hermana Vanesa Orieta presentó un Habeas Corpus, pero fue rechazado por el Juzgado de Garantías N°5, a cargo del Juez Gustavo Blanco y la fiscal Roxana Castelli, meses después reemplazada por Celia Cejas.

La aparición

Finalmente el 17 de octubre de 2014 –5 años  y 8 meses después– se encontró el cuerpo de Lucianor enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Se descubrió que había fallecido el 1º de febrero de 2009, supuestamente atropellado por un auto al intentar cruzar la General Paz, desesperado, escapando (según declararon testigos), en circunstancias que aún siguen siendo investigadas. Y que había sido llevado al Hospital Santojanni, justamente donde su familia había ido dos veces a preguntar si estaba allí, y se lo negaron. Supuestamente se buscaba a un joven desaparecido, mientras un NN era enterrado por las mismas autoridades sin investigar quién era ni dar noticia alguna a la sociedad.

La causa que debe investigar su desaparición y muerte continúa en etapa de instrucción y el juicio político pedido por sus familiares a las fiscales Castelli y Cejas y al juez Banco, está estancado.

A 14 años, se sabe de la amnesia de los distintos gobiernos que se sucedieron, como de la complicidad policial-judicial. A 14 años, se sigue sin saber qué le pasó a Luciano esa noche. A 14 años, Mónica Raquel Alegre, la mamá de Luciano Nahuel Arruga, su orgullo, su “Negrito que se negó a robar para la Policía”, habla, llora, lo recuerda sonriendo.

–¿Cómo te llevás con esta fecha?

–Intento no pensar tanto, pero no se trata del 31 de enero, de una fecha particular: así son todos y cada uno de los días de mi vida. Pasaron 14 años, duele, va a doler siempre, toda mi vida. Es mentira que el tiempo cura todo. Hace muchos años una vez te dije, “el ser humano es un animal de costumbre” y es así. Una se acostumbra a vivir con el dolor, y es horrible; también con la desidia, la angustia, la tristeza, a no haber tenido justicia. Hasta a eso una se acostumbra hasta que se acaba la nafta, hasta que la pacha dice basta; no creo en Dios, aunque debe ser que exista, pero para nosotros no tuvo tiempo. Ahora, al estar cuidando a mi mamá, no estoy yendo a actividades de otros familiares, lo que me significaba sentirme viva. Al no estar en esos espacios como antes, siento que me ahogo, pero son procesos. Lo único que me queda es vivir con el recuerdo, con las anécdotas.

–¿Hay algunos de esos recuerdos o anécdotas que te sirven para sobrellevar mejor el día a día?

–Sí, sobre todo sus sonrisas, el recordarlo riendo. Agradezco lo mucho que me enseñó, lo que aprendí de él a ser mejor persona, más solidaria con mis pares, a no juzgar; del dolor también se aprende.

–Una de las primeras veces que hablamos en 2009 contabas que pese a vivir re contra justos, si tenías cuatro papas, a veces él se llevaba dos para sus amigos, porque no tenían nada para comer.

–Era así, si tenía media docena de huevos, y me faltaban dos o tres, ya sabía qué había pasado. Lo mismo con las papas, porque los pibes no tenían para comer, pero la verdad es que nosotros tampoco, entonces a veces me enojaba con él. “Pero yo salgo con el carro, mamá, y si no, pido; los pibes no tienen nada”. Y después me decía: “Aprendé mamá, ¿cuándo vas a aprender?”. Y mamá aprendió, aprendió de la peor manera, tuvo un gran costo, pero aprendí: hoy soy más humana. Ese pibe era mi Negrito, que jugaba descalzo a la pelota por un sanguche de milanesa y una coca; un pibe de barrio, un pibe villero, un pibe cartonero. Y sabés que ahora que pienso en esto, por primera vez caigo en que hace 14 años que no amaso pan casero, ¡14 años! Antes los hacía siempre, porque a él le gustaba mucho, y también se llevaba para sus amigos que no tenían nada.

Moni deja por un momento unos parches que está cosiendo para la actividad de este domingo y llora de la impotencia. Se le reestablece un poco la voz y el pan casero se asocia a las mentiras que sembraron alrededor de la causa: “Pasaron 14 años sin justicia, de disfrazar la realidad, de que dijeran que había muerto en un accidente de tránsito. ¿Quién tiene las herramientas para desaparecer un cuerpo? Se necesita de todo el aparato del Estado, judicial, policial y político para desaparecer a una persona durante 5 años y 8 meses. No se puede tapar el sol con un dedo. Entonces, con el paso del tiempo cierra todo: tres hábeas corpus nos rechazaron antes que aceptaran el último, unos meses antes de encontrar el cuerpo. Se ve que no estaba aceitado el ocultamiento total y algo podía quedar al azar. Ya para cuando apareció el cuerpo, habían borraron todo. En el medio, pasaron muchas cosas en el caso, como la Policía espiándonos a los familiares porque investigaban un secuestro extorsivo; el hostigamiento a uno de los pibes de Familiares y Amigos que amenazaron que iba a terminar como el Negro y se tuvo que ir a vivir al sur; el quemar el auto de Vanesa; el querer incendiarme mi casa; las amenazas al resto de mis hijos… Hay pibes acá en el barrio que tuvieron que irse a Paraguay por miedo. Se fueron porque la Policía los re cagó a palos y los amenazó. Así, con esta impunidad, ya pasaron 14 años y la causa sigue en etapa de instrucción; es una burla, los ocho policías implicados ¡siguen como testigos! Me pregunto: ¿podrán dormir tranquilos? ¿vivirán en paz?”.

–¿Cómo explicas que luego de tantos años todavía se esté en la etapa de instrucción, o sea, de investigación penal?

–Yo me pregunto lo mismo, ¿cómo se explica? Como la causa no prescribe, porque si hay algo que luchamos con uñas siguiente es para caratularla como desaparición forzada, la van a mantener en ese estado. Juegan con el desgaste, con el cansancio, con los recuerdos y también con tu economía, porque si vos no tenés un buen abogado… Mi abogado es del CELS y el CELS vos sabés hasta dónde patea; se va a desgarrar las vestiduras por el caso hasta que tocás al Estado, ahí da un pasito atrás. Entonces se dan pequeños pasos, la causa sigue moviéndose, pero no avanza. Todo seguirá así hasta que quizá algún día tenga un buen abogado y empiece de vuelta.

–¿Qué creés que debe aprender de Luciano la sociedad, para ser un poco mejor?

–Ese corazón inmenso que tenía el Negro; a ser un poco más humano, a valorar la vida, a aprender. Ojalá, sí, ojalá que la sociedad aprenda a no ser tan egoísta. El Negro era así; no le gustaba tanto estudiar, pero tenía un corazón de oro. Vos fijate, se llevaba pan casero para dárselo a sus amigos; al día siguiente quizá no iba a tener nada para comer, pero priorizaba a los demás.

–¿Por qué es importante la actividad de esta tarde?

–Desde las 15, en el Espacio Luciano Arruga (ex destacamento donde fue torturado Luciano; Indart y San Martín, Lomas del Mirador) seguiremos recordando que nosotros jamás vamos a bajar los brazos; que vamos a seguir pidiendo justicia todos los días de nuestra vida. Es importante para tener la memoria del Negro viva y presente, para saber nosotros mismos que no estamos derrotados; para que sepan que no estamos derrotados y que seguimos luchando.

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Perú: racismo, criminalización y disciplinamiento como trasfondo de más de 60 muertes

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Lavaca habló con dirigentes sociales y campesinas, que analizan la represión desatada tras la crisis institucional que dejó al menos 60 muertos, miles de heridos y centenares de detenidos, con imágenes de tanques entrando a la universidad pública incluidas. El rol del Congreso, la figura de Dina Boluarte, la raíz histórica, racista y clasista de la derecha peruana. La ligazón con la agenda extractivista con la desestabilización actual que busca criminalizar y disciplinar a las voces de comunidades y organizaciones sociales que denuncian la situación como «dictadura cívico-militar».  

Dina Boluarte tiene más muertos en Perú por la violencia institucional, que días de gestión.

Según la Defensoría del Pueblo de Perú al momento son al menos 56 los muertos por la represión, miles de heridos, y centenares de detenidos. Organizaciones sociales reportan, por su parte, más de 60 muertes. Todo ocurrió en menos de cincuenta días: desde que la vice Dina Boluarte asumió el Ejecutivo el 7 de diciembre de 2022, cuando fue detenido el entonces presidente Pedro Castillo. 

Mientras tanto las calles siguen siendo un escenario de marchas y repudios contínuos: solamente el martes 24 de enero la Defensoría del Pueblo registró 85 cortes de rutas nacionales, además de movilizaciones y bloqueos en 39 vías provinciales. 

¿Cómo interpretar lo que está ocurriendo?

Melania Canales es dirigenta social de la región de Ayacucho; diez de los muertos pertenecen a esa localidad. Además, es ex presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. Sintetiza así para lavaca los reclamos sociales de los cuales además fue protagonista: 

  • “Uno de los principales reclamos es que haya un referéndum para la Asamblea constituyente; existe hoy una Constitución de 1993, hecha por el dictador Fujimori, que ha privatizado todo en Perú: luz, agua, carreteras, pistas, empresas mineras. Esa es la Constitución que le da todo el poder al empresariado, es la peor Constitución de América Latina, el empresariado se lleva sus ganancias y no paga nada”.
  • ”Esta Constitución ha permitido que la salud y la educación sean un negocio. Prácticamente nos despoja de nuestros territorios colectivos de los pueblos y mujeres indígenas, y no nos permite la participación del pueblo organizado en espacios de poder de decisión. También nos criminaliza. Por eso exigimos referéndum y buscamos una nueva Constitución”.
  • “Pedimos también la renuncia de la traidora y asesina Dina Boluarte. Y la renuncia de la mesa directiva del Congreso”. 
  • “Y exigimos paz. Una paz con justicia. Eso exigimos en el Perú”. 

La Universidad atacada

A la cadena de violencia desde el gobierno se sumó la última semana la brutal represión en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) que incluyó el ingreso de 400 policías junto a fuerzas especiales con tanques que derribaron las puertas, disparos y gases lacrimógenos, y donde más de 205 estudiantes fueron detenidos.

Natali Durand es docente de antropología en la Universidad. Dos estudiantes de su clase fueron detenidos, y ella describe: “Ha sido un atropello a la autonomía de la Universidad. Los estudiantes habían abierto las puertas para alojar a las personas que estaban llegando de distintas regiones para marchar”. 

Desde todo el país llegaban delegaciones a lo que se denominó la Nueva Marcha de los Cuatro Suyos, y la Universidad funcionaba como alojamiento y espacio de encuentro y logística. Pero cuando entró la policía, explica Natali “quedaban pocos manifestantes, eran más los alumnos que se encontraban dentro de la Universidad, algunos en la toma, otros en la residencia universitaria, eso es muy preocupante porque entraron a la residencia universitaria”. Desde entonces parte de los docentes y estudiantes piden la destitución de la actual rectora Jeri Ramón. 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) condenó la represión y expresó que “la entrada de la policía a la sede universitaria es una violación flagrante de la autonomía”. Además rechazó la “decisión del gobierno de recurrir a la violencia para enfrentar la crisis en el país”. Y remató: “La actitud del gobierno del Perú se coloca al margen del respeto a los Derechos Humanos”.

La traición de Dina

¿Dónde se encuentra la semilla del actual conflicto?

Responde Natalí Durand: “Para entender la semilla de esto podríamos irnos hasta 200 años atrás, pero creo que ahorita lo más grave ha sido la descomposición política que tuvimos desde 2016 cuando el partido de la señora Keiko Fujimori (hija del ex dictador) ganó la mayoría absoluta en el Congreso. Desde 2016 lo que se generó fue un desbalance de poder a favor del Ejecutivo”.

Sin embargo (o tal vez por eso mismo) el profesor y político Pedro Castillo, con el partido Perú Libre, ganó las elecciones en segunda vuelta a la misma Fujimori, y gobernó desde el 28 de julio de 2021 hasta la declaración de su “permanente incapacidad moral” por parte del Congerso, el 7 de diciembre de 2022. Castillo fue docente de escuela primaria, presidente del Comité de Lucha del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP) y encabezó la huelga docente de 2017.

El 7 de diciembre de 2022 Castillo fue detenido y destituido luego de 16 meses de gobierno. Horas antes había anunciado el cierre temporal del Congreso, pero ante esto sus propios ministros comenzaron a renunciar y a calificar la situación como un autogolpe. Con las fuerzas armadas y la policía en contra, el Congreso trató, una vez más, la moción de vacancia contra el entonces presidente bajo la acusación de “incapacidad moral”. Castillo fue detenido y destituido; juró entonces quien era su vicepresidenta, Dina Boluarte quien, entre otras cosas, tenía en el propio Congreso denuncias por presunta infracción constitucional que fueron rápidamente archivadas. 

Dice Natalí Durand: “Si bien es legítima sucesora, se había dicho que iba a renunciar y pedir elecciones. A su asunción la gente la asume como una traición. A su vez, en la derecha no la ven como parte: en el momento en que no le sirva más la van a soltar. Ahora ella les sirve porque el presidente del Congreso no puede ejercer funciones de presidente, tiene que llamar a elecciones en un periodo de 3 a 9 meses como máximo. Ella no quiere renunciar porque sabe que, si renuncia, la van a dejar sola y le espera un proceso judicial fuertísimo”. 

La actual presidenta no tiene bancada propia en el Congreso ni un partido que la apoye.

La pregunta entonces es quién tiene el poder hoy en Perú.

La voz desde las calles

Melania Canale, dirigenta social de la región de Ayacucho, remarca que la situación actual puso luz sobre el “racismo y el clasismo en nuestro país”. Sigue: “Perú ha sido el centro del colonialismo: cuando se creó la república peruana hace 200 años se hizo con los descendientes de los españoles, los ‘mistis’ y los criollos, y los pueblos indígenas y afro estuvimos ausentes. Entonces lo que vino fue una dominación de una clase media alta privilegiada. Hay una desigualdad grande, que se ha agudizado, los derechos se convirtieron en negocios, como la educación, la salud, y la participación política”. 

Melania define a Pedro Castillo como el primer “marrón” (por el color de su piel) que llegó a la presidencia. Y define: “Hemos sentido que al marrón no lo aguantaban”. A la actual presidenta la llama “la usurpadora”. Dice: “En estos momentos, aunque ella ganó junto a Castillo, representa a la derecha. El Congreso ha sido un obstáculo que a Pedro Castillo no lo dejó gobernar, siempre estaba ahí promoviendo su vacancia. Dina tenía una denuncia, pero la archivaron en el Congreso. Realmente esto se veía venir. Acá, la derecha política del Perú es una derecha arrastrada, que siempre se entrega por completo a la oligarquía” 

¿Tiene relación el problema con las agendas extractivistas? 

Está muy ligado. Hace poco una funcionaria de Estados Unidos ha dicho que en Sudamérica están el agua dulce, los minerales, el litio. Aquí están paralizadas varias mineras por los reclamos de las comunidades. Hay también contaminación de los ríos, de la tierra, mucha gente con metales pesados en la sangre, y además estos empresarios no dejan nada…

¿A qué atribuís la actual represión? 

Es una caza de brujas. En Ayacucho hay 8 detenidos dirigentes y dirigentas de organizaciones, los han llevado hasta Lima, acusados de terroristas. No somos asesinos, no somos terroristas. Están buscando descabezar a las organizaciones, meter miedo, criminalizar y perseguirnos, inventando fantasmas. No hay libertad en este país: por eso decimos que estamos viviendo una dictadura cívico militar. 

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Las cosas que hay que hacer para trabajar – Capítulo 1

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La nueva serie documental de lavaca: el mundo de la autogestión en Argentina a través de ocho capítulos sobre experiencias recientes de diferentes cooperativas que lograron recuperar empresas vaciadas o quebradas por las patronales. Con dirección de Patricio Escobar, autor de La crisis causó 2 nuevas muertes.

Dos mil personas que integran empresas recuperadas de toda la Argentina se reúnen en un acto histórico en la Aceitera La Matanza. ¿Qué buscan? Impulsar el proyecto de Ley de Recuperación de Unidades Productivas que facilite que cooperativas de trabajo pongan en marcha empresas quebradas o vaciadas por las patronales. El movimiento lleva 20 años sin ley, pero ha recuperado no sólo trabajo sino también dignidad y vida, con 400 fábricas en el país que dan trabajo en total a más de 14 mil obreras y obreros. Su lema: Ocupar, resistir y producir.

Las cosas que hay que hacer para trabajar Dirección: Patricio Escobar.
Producción integral de Cooperativa de Trabajo Lavaca: Claudia Acuña, Sergio Ciancaglini, Anabella Arrascaeta, Lina Etchesuri, Sebastian Smok, María del Carmen Varela, Franco Ciancagini, Lucas Pedulla.
Fotografía: Lina Etchesuri y Sebastian Smok. Cámara: Patricio Escobar, Guillermo Guevara, Sebastian Smok.
Música: Guido Donato y Tomás Lobov.
Edición: Damián Finvarb.

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