Nota
Petinari: las cosas que hay que hacer para trabajar
Unos 50 policías sitiaron a 25 obreros de la fábrica de carrocerías Petinari, de Merlo, quienes decidieron abandonar pacíficamente la fábrica que habían tomado para preservar sus fuentes laborales dos semanas atrás. Estaban retomando la producción, pero ante el desalojo volvieron a quedarse en la puerta para resistir en busca de lo obvio: poder seguir trabajando. Son cooperativa y esperan una ley de expropiación para hacerse cargo de lo que no se hizo cargo la patronal.
Unos 50 policías sitiaron a 25 obreros de la fábrica de carrocerías Petinari, de Merlo, quienes decidieron abandonar pacíficamente la fábrica que habían tomado para preservar sus fuentes laborales dos semanas atrás. Estaban retomando la producción, pero ante el desalojo volvieron a quedarse en la puerta para resistir en busca de lo obvio: poder seguir trabajando. Son cooperativa y esperan una ley de expropiación para hacerse cargo de lo que no se hizo cargo la patronal.

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho
“Estábamos empezando a producir las carrocerías”, dice Luis Becerra, obrero, 32 años, 9 en la fábrica, cuando este miércoles 19 de agosto vio a las personas que ingresaban a la fábrica Petinari. Eran cerca de las 10 de la mañana cuando llegaron dos fiscales de las Unidades Funcionales (UFI) N°8 y N°5 de Morón.
Una tenía la orden de desalojo en sus manos. Afuera había casi 50 efectivos de Infantería y la policía bonaerense. Los trabajadores decidieron salir pacíficamente para evitar choques y que alguien fuera herido. De todos modos, no quedó nadie dentro de la empresa y los trabajadores volvieron al sitio donde resistieron durante seis meses previos a la toma: la calle.
“Vamos a volver a entrar, tenemos todo”, asegura a lavaca Alejandro Espinoza, 34 años. Estuvo haciendo changas durante el transcurso del conflicto. Dice que se ilusiona con un reingreso a la fábrica, que ya tiene matrícula provincial para constituirse como cooperativa.
Su nombre: Acoplados del Oeste. Aún tramitan la matrícula nacional, y esperan por el tratamiento de una ley de expropiación en el congreso bonaerense.
Ya con los obreros en la calle, aflojó la presencia policial. Cerca de las 14, un móvil de la Bonaerense (patente KAL 071) se estacionó en la puerta de Petinari. No llegó a estar 20 minutos y partió.
En la carpa, Becerra comenta que vio a Silvana Petinari, una de las dueñas que figura al mando de la empresa, en una estación de servicio cercana.
El diálogo fue escueto.
-La cooperativa no va a salir porque la empresa no está quebrada. Además, no son más que 30 vagos- insultó la señora Petinari.
-Si querés hacer algo, metenos a todos a laburar- contestó Becerra.
La lógica del perro
Los más de 30 rostros que desfilaron por la carpa durante el mediodía y la tarde no reflejaban desesperación. Había buen clima, más allá de las miradas cruzadas cuando un teléfono sonaba, cuando alguien se alejaba para atenderlo, cuando alguien volvía, cuando alguien les hablaba. Hacían chistes y no faltó el guiso caliente de cada día. Los autos, colectivos y camionetas que pasaban (inclusive una de Gas Natural) tocaban bocina y animaban a los trabajadores que rompían con la monotonía de la ruta 200, a 10 minutos de la estación de ferrocarril de Merlo.
“Vamos a volver a entrar”, era el shock que se repetían mutuamente entre los obreros, muchos de ellos arriba de los 40 años, muchos con dolores de años de trabajo, y sin posibilidad real de encontrar otro empleo. Por el medio de las charlas, de las gomas quemadas, del humo y de las piernas circulaba Negro, el perro negrísimo que no paraba de mover la cola y con los ojos pedía galletitas. Negro se convirtió en una pieza más de la lucha de los trabajadores de Petinari, porque estuvo desde el primer día en la calle y acompañó la toma. Este miércoles le agregó una épica única.
“Le mordió la mano a uno de los policías que nos desalojó”, cuentan.
Negro no para de recibir abrazos.

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho
Planes de plata, planes de vida
Habían tomado la fábrica el 3 de agosto. Lo primero fue limpiarla. Encendieron las máquinas durante el último fin de semana y el silencio ensordecedor se quebró. Cuentan orgullosos que produjeron dos cajas y había un remolque listo para vender. El desalojo llegó en pleno resurgir de la producción. “En lo personal, era algo buenísimo lo que estábamos haciendo”, dice Félix León, 59 años, 7 en la empresa, 4 hijos. “Por todo lo que veníamos padeciendo, que por fin apareciera el laburo era algo buenísimo. Eso te hace bien y te reconforta. Incluso no hacés planes de plata, hacés planes para decir: ´Bueno, ya vamos a estar mejor´. Servía para ir mejorando. Pero sabíamos que el desalojo era algo que podía pasar. Lo teníamos previsto. Pero no importa: vamos a volver a entrar”.
Luis Blasetti, 35 años, 7 en la fábrica, tampoco decae. “La toma fue una esperanza que tuvimos después de seis meses de estar afuera y de todos los problemas que uno pudo tener en la casa. La fábrica la encontramos en pésimas condiciones, Hicimos tareas de limpieza, de todo. Encendimos las máquinas. Fue como darle vida. Y nos reencontramos con nuestros puestos de trabajo. Ahora nos encontramos otra vez en la calle. Es una pelea día a día y vamos a seguir hasta cumplir nuestro objetivo: volver a trabajar”.
Lanzamiento de personas
Varias son las denuncias que acumularon los trabajadores. “En la fiscalía general se comprometieron a unificar todas en un fiscal”, dice el abogado Luis Coronado, uno de los representantes de los obreros. “Si no, no sabemos cuál es la liebre que corre”. Al menos dos liebres asistieron el miércoles a Petinari. Una fue en representación de la UFI N°5 de Morón, que instruye una denuncia de los clientes de la empresa contra Petinari, por camiones que quedaron dentro de la fábrica. Por esa razón, su tarea era inspeccionar que estuviera todo “en orden”.
Sin embargo, la agente fiscal Adriana Suárez Corripio, de la UFI N°8, se presentó para “efectivizar el lanzamiento (sic) de los ocupantes del inmueble” y la restitución del predio a la firma Pedro Petinari e Hijos “sin perjuicio de la salvaguarda de los derechos laborales de los afectados”. La orden llevaba la firma del juez de garantías de Morón Ricardo Fraga. Todo se produjo en el mismo momento en el que los abogados estaban realizando las presentaciones legales ante los propios tribunales de Morón. “Lo importante es que nos reunimos en la fiscalía general y los agentes judiciales entendieron, por primera vez en este conflicto, y con documentación, que los trabajadores no violentaron ninguna puerta y que las condiciones de la fábrica son impecables”, señala Coronado.

Trabajadores de la ex Petinari. Fotos: Néstor Saracho
30 millones adeudados
El abogado Coronado reconoce que recién en esa reunión los funcionarios judiciales se enteraron de que los trabajadores no cobran hace meses. “Además garantizamos dos cosas. Primera: los camiones del cliente están ahí, intactos. Segunda: los obreros están cuidando su propio trabajo. Son entre 120 y 130 trabajadores a los que se les debe entre 20 y 30 millones de pesos”, dice Coronado. “Y, por si fuera poco, pudimos conseguir un contrato de compra y venta, donde figura que las autoridades de la empresa estaban vendiendo toda la parte inmobiliaria a otra sociedad anónima. Pero la situación parece ficticia: tanto en una u otra la mayoría de los accionistas son los mismos”.
Este tipo de maniobras fue el que quedó al descubierto en el proceso de vaciamiento de fábricas de fines de los años 90, cuya mejor respuesta fueron las fábricas sin patrón, gestionadas por las cooperativas de sus trabajadores.
Coronado subraya que la escritura para tal maniobra se iba a hacer entre fines de julio y principios de agosto, pero no se concretó ya que los trabajadores presentaron una medida cautelar para frenar esa jugada. “Había créditos laborales muy grandes: no pagaban desde enero. Pero propusimos no hacer juicios laborales porque, hoy por hoy, una sentencia tarda 2 o 3 años”, dice. “Por otro lado, pedimos la quiebra. Ellos, en reacción, presentaron un concurso preventivo en Capital Federal, pero hasta hoy no avanzò por falta de requisitos y documentación”.
Los obreros ya cuentan con la matrícula provincial de cooperativa, y están tramitando la nacional. Además, un proyecto de expropiación presentado por el diputado Miguel Funes (FpV) espera ser tratado en las próximas semanas en el congreso bonaerense.
¿A quién creerle?
Fernanda Lizarraga hace 18 años que trabaja en Petinari. Entró como pasante a los 16. Tiene un hijo de 3 años, y era administrativa hasta el momento del conflicto. Fernanda será la futura secretaria de la cooperativa de trabajadores.
Pero su historia es singular: al comienzo no estaba de acuerdo con el reclamo de sus compañeros. “Nos manteníamos al margen”, dice. “Pensábamos que tenía algo que ver con SMATA (el sindicato, al que los trabajadores critican por su falta de apoyo). Pero, como siempre, salió perdiendo la gente. Nuestro sindicato de administrativos también nos pedía mantenernos al margen”.
Lizarraga intentó hasta último momento ingresar a la fábrica, trabajar y recuperar el dinero. De hecho, denunció que los trabajadores no la dejaban ingresar cuando la fábrica la citaba a trabajar. “Pero me di cuenta de que la empresa nos utilizaba como conejitos de indias para el conflicto”, apunta. El quiebre fue una frase de uno de los abogados del SMATA tras una de las decenas de audiencias: “Olvidate, Petinari no va a abrir más”. Lizarraga: “No sabía a quién creer: si a la empresa, al SMATA, a mi sindicato o a los trabajadores. Pero en un momento vimos que la plata estaba, pero no se pagaba, y todo cambió”.
En ese momento supo a quién creerle.
“Es injusto lo que nos han hecho a todos”, concluye. “No voy a regalarle 18 años de mi vida a esa gente”. Fernanda es la única mujer que quedó para conformar la Cooperativa Acoplados del Oeste, de la que es secretaria.
Luis Becerra, en medio del humo de las gomas y las llamadas constantes por celular, advierte: “Pasó en Brukman, pasó en Zanon: lo que les digo a mis compañeros es que puede haber ley de expropiación o puede haber cooperativa, pero si nosotros realmente nos queremos quedar, eso es lo único que vale”.
Lo vale para estos trabajadores.
Lo vale para esta mujer.
Negro, el perro, sigue paseando triunfal entre los obreros.
Hoy, mañana y pasado, adentro y afuera, esta historia continuará.
Nota
MU 215: Sin chamuyo



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Nota
MU 214: Mujer maravilla

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Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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