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Quién es Naomi Klein y porqué vino a la Argentina

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Naomi Klein nació en Montreal, Canadá, en 1970. Sus padres eran, por entonces, integrantes del movimiento progresista que, en la década del 60, decidió abandonar los Estados Unidos, en oposición a la
Guerra de Vietnam.

Radicados en Canadá, combatían a la sociedad de consumo con frecuentes excursiones familiares al campo, donde verdes praderas, montañas majestuosas y almuerzos con alimentos no envasados en los parques nacionales, los ponían en sintonía con la naturaleza. «A mí nada de eso me importaba -recuerda Naomi en su libro-.A los cinco o seis años, esperaba con ansias ver las figuras de plástico de los carteles de las sucursales de las cadenas de comida rápida que se sucedían a amboslados de la carretera, y alargaba el cuello cuando pasábamos ante los Mc Donalds, los Texaco y los Burger King. Mi cartel favorito era el de Shell».

Solo cuando el matrimonio Klein se sentía ideológicamente abatido por sus dos hijos accedía a una comida rápida en cajitas brillantes y laminadas sin resignarse -tal como señala la periodista- a que «habían engendrado dos
niños normales.»

Klein tampoco fue una adolescente de excepción. Era fanática de las marcas, le encantaba pasear por los centros comerciales, y hasta llegó a trabajar los sábados como vendedora de Esprit, la cadena de ropa que adoraba. Todavía hoy compra prendas de esa marca, pero les arranca las etiquetas.

¿Por qué esa adolescente fascinada por los logos devino en
una figura de referencia para los movimientos anti marca? El problema con
los corporaciones -apunta- es parecido al de los amantes: cuando uno le
promete al otro demasiado, nunca puede cumplir. Si las empresas solamente vendieran sus productos, quizás hubieran dejado satisfechos a sus seguidores. Pero si lo que juran es amor para toda la vida y no cumplen, el romance termina mal: aseguran felicidad y entregan una bebida light. Esa desilusión, en alguna medida, la vivió ella misma. Por eso llevó adelante su cruzada contra las marcas con fe de conversa.
«Vivimos en Canadá y no en Estados Unidos -le explicaron sus padres más de una vez- porque aquí no tienes que ser rico para enfermarte y puedes hacer documentales y el Estado paga». Por entonces, ambos trabajaban en el sector público: Michael Klein era médico; Bonnie preparaba documentales feministas y pacifistas.

Su madre era una activista aguerrida del movimiento antipornografía, que
consideraba a la pornografía como un acto de violencia contra la mujer y de
explícita subordinación al género masculino. Es una de las múltiples
preocupaciones (el nacionalismo, la violencia doméstica, la
antidiscriminación) que abarcó el feminismo en Canadá y, aunque su lucha fue históricamente acusada de conservadora y censora, tuvo –y todavía tiene– un gran peso en Canadá. De hecho, en 1992 la Corte Suprema de Justicia dispuso la prohibición de circulación de materiales que convirtieran a la mujer en un objeto de explotación sexual.

En 1980, Bonnie filmó Esta no es una historia de amor, película anti
pornográfica por la que recibió todo tipo de críticas: desde el titular de
un diario que la acusaba de fascista hasta la imagen de una revista en la
que la cara de su madre aparecía en un cuerpo de gorila. «Mientras estaba en el colegio sentía demasiado opresiva la gran exposición pública de mi madre feminista. No era cool, en 1980, filmar una película antipornográfica, no por lo menos en mi secundaria». La vergüenza que le provocaron las críticas a su madre la mantuvo alejada de la política. Hasta que ingresó a la
Universidad.

El 6 de diciembre de 1989 resultó el momento bisagra, la fecha de
la Masacre de Montreal, la peor tragedia ocurrida en un solo día en la
historia de Canadá. El penúltimo día de clases, antes de las vacaciones de
Navidad, catorce estudiantes fueron asesinadas a los tiros por Marc Lépine,
de 25 años, que entró a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de
Montreal y abrió fuego al grito de «¡Odio a las feministas!»

Luego de la masacre, las autoridades municipales y provinciales declararon
tres días de duelo; la bandera del parlamento canadiense hondeó a media asta y fueron encendidas velas de vigilia en todo el país. La violencia de género dejaba de ser tema excluyente del movimiento feminista para instalarse en espacios que antes le habían dado poca atención. «Ese suceso me politizó enormemente -puntualiza Klein-. Por supuesto que después de esa matanza una debía llamarse a sí misma feminista».

En este sentido, sostiene, No logo es un libro feminista. «Es una vuelta a
las raíces del feminismo, al feminismo temprano, que estaba muy involucrado en acciones contra la explotación. Creo que el movimiento perdió su rumbo a fines de los 80, cuando se alejó justamente de esas raíces críticas frente al capitalismo y al consumismo» .

Fue precisamente la Federación de Mujeres de Québec, la organización que
llevó adelante la marcha Mundial de las Mujeres en marzo de 2000. Bajo la
consigna Pan y Rosas constituyó una significativa convergencia internacional de movimientos.

Militancia. En una oportunidad, Klein resultó amenazada -con una bomba en su casa y en la oficina- después de escribir un artículo, «De víctima a victimario», en el diario estudiantil donde sostenía que Israel no solo debía terminar con la ocupación sobre los palestinos sino también sobre su propia gente, especialmente con las mujeres.

Después de la publicación de la nota la unión de estudiantes judíos
sionistas llamó a una reunión para discutir las medidas a tomar.

– Si yo alguna vez me encuentro con Naomi Klein la mato» -dijo una mujer.

-Yo soy Naomi Klein y soy tan judía como cada uno de ustedes -contestó la
autora. Tenía 19 años y, desde entonces, no recuerda un silencio tan cargado como el que se hizo ese día en la sala.

Klein interrumpió la carrera universitaria para trabajar como periodista en
el Toronto Globe and Mail y para editar una revista política alternativa. Se
fue de la universidad a princicios de los 90, convencida de que la
estrategia de la izquierda era pobre y aburrida.

Cuando volvió, en 1995, se sorprendió porque encontró un panorama renovado, donde los estudiantes organizaban campañas contra la invasión del espacio público por las marcas. La militancia anti-empresaria estaba en plena expansión.

Tal como desarrolla en uno de los capítulos de No logo, las empresas
ingresaron a los campus universitarios con estrategias de lo más variadas:
desde la obtención de la concesión de las cafeterías hasta el financiamiento
de equipos de investigación o la pegatina de avisos publicitarios en cuanto
lugar les era posible: hasta en los baños.

En este sentido -sugiere Klein- la respuesta más creativa fue la de los
estudiantes de la Universidad de Toronto, en donde también ella cursó.
Los integrantes de la autodenominada Sociedad de Agradecimiento a Escher se emplearon temporariamente en la agencia publicitaria que ponía los avisos en las minivallas de las facultades y se preocuparon de perder -a conciencia- los destornilladores que les daban para abrir los marcos de plástico. Muñidos de esos elementos, en un operativo comando reemplazaron todas las publicidades por grabados del artista holandés Maurits Cornelis Escher. Así, todo el alumnado pudo disfrutar de esas imágenes geométricas inicialmente elegidas por los estudiantes porque se fotocopiaban bien.

Fue ese heterogéneo movimiento gestado en las aulas el que la condujo hasta No logo: Klein sólo siguió el hilo de sus amigos universitarios. «Cinco años antes -recuerda-los temas que nos preocupaban eran la discriminación racial, la identidad étnica, el género y la sexualidad. Ahora esos temas se habían ampliado, habían incorporado el poder de las grandes empresas, los derechos de los trabajadores y un análisis relativamente desarrollado de los procesos de la economía mundial».

No logo se convirtió así en el best seller que es hoy, como símbolo de una nueva cultura política. El libro justifica en cada línea su éxito y prestigio. En primer lugar, porque es una investigación profunda, seria y sostenida con números, teoría y crónicas. Klein es consecuente con su ideología: si lo que importa en cómo se vive un política económica determinada, viaja hasta donde sea necesario para comprobarla. Pero, y quizás es lo mejor, No logo es un libro bien escrito. Aquí también, además de su talento, cuenta su lógica política: a Klein le preocupa su época, pero también su lector. Nunca lo aburre ni lo subestima. Y escoge las palabras con esa sensibilidad que se transforma en su marca característica.
Luego del éxito de No logo, llegó la revuelta de Seatlle. O viceversa. El libro es hijo de su época y Naomi se transformó en un voz potente y autorizada para hablar de ella.

Así llegó al Foro Mundial de Porto Alegre, realizado en enero del 2002, donde tomó contacto con las noticias que llegaban desde Buenos Aires. Decidió, entonces, llegar hasta aquí, luego de un curso intensivo de castellano que tomó durante 20 días en Montevideo.

Aterrizó en esta ciudad cuando todavía en Parque Centenario se reunían más de 3 mil personas a debatir su destino. Y fue testigo directo de las violentas intervenciones de los partidos de izquierda por tomar el control de ese espacio. Participó de la multitudinaria marcha con que se conmemoró el 24 de marzo y partió poco después, con la determinación de volver y quedarse el tiempo necesario para entender lo que aquí pasaba.
Su marido, el director canadiense Avi Lewis -una estrella de la tevé, por cierto- fue su cómplice y compañero en este proyecto. O viceversa.
Así, los dos se instalaron durante seis meses en Buenos Aires, frente a Parque Lezama, y con un equipo de jóvenes locales y cámaras internacionales, registraron todo lo que vieron. El violento desalojo de Brukman, con tres cámaras. La resistencia de Zanon, en Neuquén, con tres viajes. Las movilizaciones del 19 y 20, a un año de la protesta. El trabajo de los grupos piqueteros, fuera y dentro del piquete. Las reuniones de asambleas y las historias que había detrás de ellas. Sumaron, en total, 200 horas de filmación que estarán, ahora mismo, seleccionando y cortando con pasión y cariño. Porque Naomi y Avi así son.

Durante esos meses argentinos, Naomi escribió algunos artículos. Es una mirada interesada por transmitir al mundo lo que aquí ella veía. Eso que descubrió Naomi en la Argentina es algo que merece ser leído una y otra vez. Porque sirve para pensarnos desde otra lógica y otra perspectiva. Para debatir sobre la salud de nuestros ángeles y también de nuestros fantasmas. Pero, fundamentalmente, sobre aquello que Naomi intuyó desde un principio: sobre nuestra esperanza.

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años. «Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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MU 212: El fin de un mundo

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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.




MU 212: El fin de un mundo

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur


Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande


Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera

De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.

POR FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito

Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable. 

FRANCISCO PANDOLFI




MU 212: El fin de un mundo

La guerra invisible: la Antártida en la mira


Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?

SERGIO CIANCAGLINI




MU 212: El fin de un mundo

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.

Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

POR LUCAS PEDULLA




MU 212: El fin de un mundo

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial

En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.

POR CLAUDIA ACUÑA




MU 212: El fin de un mundo

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio

Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.

POR MARÍA DEL CARMEN VARELA

Patagonia rebelde

Crónicas del más acá por Carlos Melone.




MU 212: El fin de un mundo

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot

Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.

POR FRANCO CIANCAGLINI




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