#NiUnaMás
5° Informe del Observatorio Lucía Pérez: 192 femicidios en los primeros 8 meses del año
Observatorio de violencia patriarcal Lucía Pérez
Informe agosto 2020
Desde que comenzó el año 2020 hasta hoy 31 de agosto, registramos en nuestro padrón público y de libre acceso que puede consultarse en www.niunamenos.lavaca.org estas dramáticas cifras:
- 192 femicidios
- 62 travesticidios y trasnfemicidios
- 221 huerfanxs
- 102 intentos de femicidios, desde el inicio de la cuarentena
- 3 muertes por aborto clandestino
- 50 mujeres desaparecidas
- 10 crímenes en investigación sospechados de femicidios
- 22 femicidias se suicidaron luego de asesinar

También hemos registrado que durante este mes de agosto se realizaron al menos 14 marchas en diferentes ciudades del país para reclamar justicia por femicidios. Estas marchas exponen la demanda social de medidas concretas para frenar y prevenir la violencia patriarcal, pero también deja en claro que cada femicidio implica que esa violencia también la sufre el tejido social. Sin embargo, hasta la fecha no existe ningún protocolo de intervención en la comunidad para elaborar colectivamente el trauma. El Estado debe disponer de equipos especializados y recursos concretos para que en colegios, barrios y organizaciones sociales afectados por un femicidio se transformen en la sede de debate de qué pasó y por qué, como forma de curar heridas y prevenir violencias.
Señalamos además y muy especialmente este mes en el que el Parlamento está debatiendo la reforma del Poder Judicial que es necesario que esa agenda incluya el tema de femicidios para contar, al fin y en todo el país con fiscalías especializadas y una justicia con perspectiva de género, tal cual obliga al Estado argentino los tratados y leyes nacionales en vigencia.
PODER JUDICIAL Y VIOLENCIA DE GÉNERO: dos triunfos sociales*
En el contexto de debates y cruces por la propuesta oficial de reformar el Poder Judicial se han producido dos novedades relevantes en materia de justicia y violencia de género. Una ha sido la sentencia dictada por el Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires en el caso del femicidio de Lucía Pérez, y otra ha sido la publicación en el Boletin Oficial del decreto del Poder Ejecutivo Nacional que aprobó el acuerdo de solución amistosa en el caso llevado al Comité sobre la Eliminación de la Discriminación contra la mujer
de la Organización de las Naciones Unidas (Comité CEDAW) contra la República Argentina por la Sra. Olga del Rosario Díaz.
En el caso del femicidio de Lucía Pérez el Tribunal de Casación provincial ha sido enérgico en darle luz, desde la Justicia misma, a una de sus realidades más oscuras: la falta de perspectiva de género.
OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ
El Tribunal puso el acento en la poca seriedad que tuvo la fiscal y de la que se hicieron eco y con énfasis los jueces de primera instancia, al aplicarse en forma indebida al análisis de la vida íntima de la víctima con anterioridad al hecho y sin contextualizarlos desde una perspectiva de género. Esto es, decidieron en base a la existencia de patrones socioculturales discriminatorios. Es la primera vez en la historia judicial argentina que un Tribunal de Casación desnuda el credo patriarcal de un Poder Judicial machista al calificar la labor judicial de primera instancia y su producto, la sentencia, como: «…resulta ser una sentencia que sigue perpetuando estereotipos de género, decidiendo arbitrariamente y sin una derivación razonada de las constancias (aun considerando que las mismas sean deficientes), y sin una perspectiva de género…».
El extenso y jugoso fallo del Tribunal no solo castiga la visión machista de los actores judiciales que intervinieron en el caso de Lucía Pérez, sino que constituye un valiente desafío que se proyecta a la casi totalidad a un Poder Judicial corporativo y patriarcal, que lejos está de satisfacer adecuadamente los compromisos jurídicos internacionales que asumió la Argentina en materia de violencia de género.
La segunda novedad es la aprobación del acuerdo en el caso de Olga del Rosario Díaz, quien siendo sobreviviente de tentativa de femicidio por apuñalamiento por parte de su ex pareja había denunciado a la República Argentina ante el Comité CEDAW por:
1) Haber promocionado conciliaciones entre víctima y agresor;
2) No adoptar medidas de protección oportunas, efectivas e idóneas;
3) Afectarse el derecho a ser oída en el proceso y que su opinión sea tenida en cuenta;
4) Colocar en cabeza de la víctima la responsabilidad de protegerse (vaya coincidencia con las manifestaciones públicas del fiscal Teran, de Cutral Có que imponía a una periodista que las víctimas disparasen a sus agresores);
5) Presencia de estereotipos en las actuaciones judiciales;
6) Ineficacia del aparato penal por falta de investigación de hechos de violencia previos;
7) Abordaje judicial fragmentado (1 causa civil, 3 penales) cuando el caso exigía un abordaje integral y coordinado.
La República Argentina finalmente reconoció su responsabilidad internacional ya que el actuar de los funcionarios judiciales intervinientes violaron las normas de la Convención sobre la Eliminación de la Discriminación contra la mujer y sus Recomendaciones n° 19, 33 y 35.
En virtud de ello se dispusieron las siguientes medidas de reparación:
1. Ofrecimiento de disculpas públicas a Olga del Rosario Díaz a través de un acto presenciado por altos funcionarios;
2. Constitución de un tribunal para determinar la reparación económica de los daños;
3. La atención integral de la víctima para abarcar las distintas esferas que se encuentran vulneradas en el caso;
4. Elaboración y publicación de un documento de «Principios Generales de Actuación» en materia de violencia de género por parte de organismos nacionales y de CABA que deberá contener al menos nueve estándares directrices especificados en el acuerdo;
5. La exigencia por parte del Consejo de la Magistratura de capacitación en materia de perspectiva de género y un registro público de funcionarios denunciados por esta cuestión; 6. El compromiso de continuar capacitando conforme las previsiones de la Ley Micaela.
Es de esperar que en ese Registro Público que se comprometió el Estado argentino a elaborar figuren en primer lugar los jueces que firmaron la sentencia ahora abolida por Casación y que había dejado impune el femicidio de Lucía Pérez.
OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ
Estos dos hitos son apreciados desde este Observatorio como avances positivos de la sociedad argentina, ya que nos indican que no se tratan de casos puntuales y aislados sino de una constante en los poderes judiciales, nacionales y de las distintas jurisdicciones del país. Por lo que entendemos que la reforma judicial debería abarcar también una modificación de patrones culturales que introduzcan una real, y no declamativa, perspectiva de género que no puede quedar circunscripta a la mera paridad de cargos.
En el caso de Lucía Pérez, la parte acusadora sin perspectiva de género fue una fiscal (mujer), por lo que la mera paridad no es suficiente para asegurar la perspectiva de género y por ello desde aquí reclamamos que la reforma judicial incluya una urgente profundización en estos aspectos para deconstruir una justicia a todas luces conservadora, jurídicamente anacrónica, estereotipizante y patriarcal.
*Por Cristina Montserrat Hendrickse, abogada trans.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
#NiUnaMás
El 3J porteño: Vamos

Por Claudia Acuña
Fotos: Juan Valeiro
Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.
“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.
Quizá no sea una suerte, pero casi.
Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
#NiUnaMás
El Cordobazo del Ni Una Menos

Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.
Así se hace.
Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.
Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.
Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Con los ojos de Agostina Vega.
Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.
Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.
Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.
Señalando a la justicia, a los femicidas.
Con los ojos de Agostina.
Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.
Con los ojos de Agostina.
Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.
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