Nota
Mujeres Públicas: arte y parte
Son apenas tres mujeres, pero con la fuerza suficiente para crear toda una batería de recursos que le otorgan al discurso feminista una comunicación provocadora y audaz. Con intervenciones callejeras, irrumpen en mensajes sobre la belleza o rompen el silencio sobre el aborto.
En la mesa hay bolsas con coloridos sobrecitos de té digestivo. La marca de la infusión lo dice todo: «Te Taz» . Y sirve para digerir -o no- la violencia contra las lesbianas. Se trata del aporte que preparó el colectivo Mujeres Públicas para la edición número 14 de la Marcha del Orgullo Gay, lésbico, travesti, transexual, bisexual, intersexual y una muestra más de su trabajo de intervención en el imaginario feminista.
Creado en febrero de 2003, este grupo de mujeres que usa la calle como escenario, realiza objetos, afiches, stencils y un abánico interminable de posibilidades que combinan arte con feminismo para comunicar lo que tienen para decir. Que es bastante. «Mujeres Públicas surge por la secundarización del tema de género dentro de la lucha en general. Siempre lo más importante es otra cosa y el tema de mujeres queda minimizado«, comienza Fernanda, integrante del grupo.
Mujeres Públicas tiene otras particularidades:
*No firma sus realizaciones: «Criticamos la propiedad intelectual, nuestro trabajo lo pueden reproducir todos los hombres y mujeres que quieran, por eso el anonimato» , explica Fernanda;
*Las frases que emplean no son proclamas sino disparadores; proponen reflexión, debates, son irónicas, tienen humor, sentimientos, y algo que se nota: mucho trabajo detrás. «Nos reunimos todos los domingos. Aunque siempre terminamos por juntarnos más días durante la semana» , dice Magdalena. Y agrega: «Es mucho trabajo».
Lorena -la tercera integrante- revela que las Públicas, antes de sus acciones, leen textos, debaten, dan vueltas y vueltas sobre el tema hasta que consiguen algo que les cierre. «Lo hacemos porque nos gusta, esto es lo que nos encanta hacer» , aclaran Fernanda y Magdalena, como para que lo del trabajo intensivo no suene a queja. «Nuestra forma de trabajar -sostiene Fernanda- es muy diferente. Lo que vemos que le falta al feminismo es poder transmitir un mensaje de forma interesante, que guste, que llame la atención» .
« Accesible – interviene Magdalena- Prestamos mucha atención a lo estético. No solamente al contenido de lo que estamos diciendo sino a cómo lo estamos diciendo y en ese sentido creo que no le dijimos nada nuevo al feminismo «.
« Yo, en cambio, creo que si que le dijimos muchas cosas al feminismo «, retoma Fernanda. « De hecho en la primera acción que hicimos fuimos muy criticadas. El afiche no estaba firmado y entonces nos dijeron que no nos responsabilizamos de lo que hacemos «.
Fue el 8 de marzo de 2003. El colectivo tenía un mes de vida y se disponía con entusiasmo a acompañar la Marcha por el Día Internacional de la Mujer -desde Plaza de Mayo a la Librería de las mujeres- pegando carteles preparados especialmente para la ocasión. » El afiche era muy fuerte y significativo de lo no cerrado, ambiguo, difícil de digerir, y una de las mujeres de la marcha lo arrancó «, recuerda Magdalena. » Creo que Mujeres Públicas les hizo replantearse un montón de cosas con respecto a qué pasa cuando mujeres nuevas vienen con otra postura, otros aires «, contesta Fernanda.
Magdalena: » Hay una cosa de expulsión no intencional, como de ´esto ya lo discutimos hace 30 años, no vengas acá ahora con eso…´ Pero también me parece coherente. Son mujeres que la vienen peleando hace mucho. Y por otro lado genera que las mujeres que llegamos al feminismo ahora nos auto organicemos y eso esta bueno también. No nos quedamos ahí adentro peleando un espacio, sino que tomamos algunas cosas y hacemos la nuestra. Y así, sumamos al feminismo «.
Con el tiempo, » nuestra forma de laburo fue entendiéndose y ahí en más nuestra relación con el feminismo se hizo más fluída «, aclara Magdalena. También se relacionaron con los grupos de mujeres que no son «del feminismo» , como las organizaciones mujeres que trabajan dentro de diferentes MTDs, empresas recuperadas, organizaciones sociales o partidos políticos. Pero las Mujeres Públicas aseguran que no están ni de un lado ni del otro: » Nos sentimos vinculadas de distintas maneras con los distintos grupos, con el feminismo lo que compartimos es una ideología, principios, un tipo de discusión, y con las mujeres de los MTDs, de grupos barriales y organizaciones más de base, compartimos otras cosas. Es a estos lugares donde queremos que nuestras cosas lleguen para que aparezca la reflexión «, dice Magdalena.
Al indagar en los discursos feministas reaparece siempre el «cómo» de la comunicación de las Públicas. » El tema de trabajar con imágenes y con objetos es lo que por ahí es atractivo porque las mujeres se pueden relacionar desde otro lugar. No es un discurso, no es un libro «, dice Magdalena.
También, asegura Fernanda, el colectivo tiene una mirada y una práctica más autónoma que intenta reproducir: « Nosotras somos un grupo cerrado. Es decir somos las que estamos. Pero cuando otras mujeres se acercan les decimos: ´organícense ustedes, no les hace falta otra autoridad para que se organicen´, y muchas chicas ya lo están haciendo «, dice Fernanda .
A principio de año, en Enero Autónomo no había ninguna actividad de mujeres. Las Públicas y las representantes del MTD Solano se pusieron en campaña para organizar un taller. Allí, cada mujer contó sus experiencias. » En realidad fuimos a dar un taller de stencil y terminamos hablando del afiche mujer colonizada que ellas conocieron y habían estado usando para trabajar. Y me emocionó mucho escuchar a una mujer grande que dijo ´yo no hablaba´, esa cosa tan chiquita que puede ser hablar ella lo estaba diciendo de una forma que resultaba un paso enorme, gigante «, reflexiona Fernanda.
Relata Lorena: » El último afiche que hicimos, que dice ¨ni grandes ni pensadores, frases idiotas¨, donde con la firma de Sócrates, Juan Pablo II u Oscar Wilde desfilan una serie de frases misóginas, da que hablar. Por ejemplo yo me enteré que la madre de una amiga mía había pegado el afiche en la cocina para una reunión familiar. La ocasión fue el primer cumpleaños de la hermanita y la madre lo puso ahí para que lo vieran los parientes -que son medio machistas, uno es golpeador- Y eso resultó todo un gesto. Le dijo a su hija -que es mi amiga- ´ahora entiendo porque vos pensás como pensás´. A esta mujer este afiche le hizo un quiebre. Le cayó una ficha. Cómo la hija entendía las cosas, por qué ella misma tenia que reivindicar esto y poder decirle algo a su familia. Y le hizo pensar en por qué no se lo estaba diciendo ella personalmente sino que era algo que hizo otra gente que ella lo ponía en la cocina y que venían todos los demás y lo miraban despavoridas. Ella estaba diciendo algo a través de un títere que era nuestro afiche. Eso me parece que es súper importante «, sintetiza Lorena.
Y agrega: «Tiene que ver en algo con esa cosa adolescente cuando uno pone un afiche de rock en la casa de los padres como provocación. Mujeres Públicas tiene que ver con esa energía adolescente desde un lugar provocador y reivindicatorio -como ese adolescente que reivindica su propia estética, su otra forma de ser no convencional- pero, a la vez, desde un lugar de madurez y pensamiento en relación al lugar de opresión que tenemos las mujeres y de cómo podemos decir las cosas. Por ahí yo no me puedo enfrentar con el primo de mi marido que es golpeador. pero te puedo poner eso ahí y en ese acto lo que estoy diciendo es ´a mi no me tocás´».
Está claro, entonces, que el afiche es mucho más que un afiche. Los temas que tratan son aborto, visibilidad lésbica, violencia contra las mujeres, entre otros, pero que tratan de enfocarlo no en base a la agenda tradicional: » Por ahí a alguna le pasó algo y viene y lo cuenta y lo charlamos y surge algo. Por ahí tenemos ganas de hacer algo más relajado y divertirnos y eso también importa .
Lorena: «Pero por ahí cuando te planteas el gran tema, la gran palabra, es cuando menos te surge» .
Es que Mujeres Públicas -el nombre es una burla a esto de que el hombre público es el político y la mujer pública la prostituta y además una abreviatura de «mujeres que trabajan el espacio público»- tiene la fuerza de vivir lo que denuncia o de denunciar las propias vivencias.
Para la marcha del orgullo, sostiene Magdalena siempre trabajan la visibilidad lésbica que es el tema que se impone. «Trabajamos un poco irónicamente, con humor, las ventajas de ser lesbiana. Con eso nos propusimos no caer en la victimización de las lesbianas. El año pasado hicimos la mancha lesbiana (con pelotas gigantes que decían»la mancha lesbiana te toca»). Y este año llevamos el Té digestivo «, enumera Fernanda. » Este sobrecito juega con el hecho de digerir o no la violencia contra las lesbianas. Pero se podría trabajar también para la violencia contra todas las mujeres «, piensa Magdalena.
Sobre marchas y contramarchas del orgullo, el colectivo tiene una postura clara y sencilla. Lorena: «A mí me da lo mismo participar de una u otra. Entiendo esa faceta comercial o mediática que tiene la marcha, pero me parece que no es un problema que tengan los grupos sino los que lo ven y lo consumen como un producto. Además lo que dice nuestra acción lo dice en si misma, no hace falta darle un contexto macro político» .
Magdalena: «Además la violencia se ejerce contra las lesbianas que van a la marcha y las que van a la contra marcha y contra las que no van a ninguna marcha. Así que la historieta en este caso no corre «. En cuanto a los tradicionales encuentros nacionales de mujeres, las públicas también tienen una postura. Fernanda: «Más allá de las bajadas de línea de las católicas y de los partidos políticos que participan para bajar un casete sin importar que el taller sea de sexualidad o de otra cosa, el encuentro debe tomarse de acuerdo a lo que cada mujer se traiga. Por ejemplo, la participación del MTD Solano, que en un año fueron 3 y 150 al año siguiente. Le pega de manera diferente a cada mujer. Pero de todas maneras yo creo que ver tantas mujeres, de lugares tan alejados, es muy emocionante y muy poderoso. A nosotras nos interesa participar. Fuimos al último encuentro con un montón de cosas y estuvimos yendo a todas las escuelas como locas repartiendo, pegando distinto material, distintos afiches. Todo lo que pudimos llevar lo llevamos. A mi me pareció muy lindo entregar material a gente de Jujuy, Tucumán «.
Si se tiene en cuenta el caudal de soportes que realizan, la cantidad de acciones que hacen y las respuestas que reciben, pareciera ser un grupo de al menos diez mujeres. Sin embargo son tres. Y empezaron con cero pesos. Una vez que estuvieron seguras, se les ocurrió pedir financiación para poder imprimir más material y repartir cada vez más a las cada vez más mujeres que los requerían: «La idea siempre fue hacer pequeñas cosas, no gastar mucha plata para poder distribuir más y para que también otros grupos pudieran empezar a hacer cosas propias. Entonces pedimos financiamiento y de las cuatro financiadoras de proyectos de mujeres a las que les pedimos, tres nos respondieron que sí «, cuenta Fernanda. «Sin esa plata no podríamos hacer esto en cantidad – advierte Magdalena- Mandamos cosas a Córdoba, a Neuquén, a la Mesa de Escrache, a una radio de la Mutual Sentimiento…
Lorena tira una última reflexión final sobre su trabajo: «Por ahí vos ya sabes algo pero te crees que no lo podes ni hablar con una amiga… por ejemplo que abortaste. Pero de repente tu cuadra se llenó de afiches que no te condenan, que están diciendo yo también aborte. Deja de ser un silencio porque está empapelada toda la ciudad o al menos las tres cuadras de la ciudad que vos caminás «.
Para bajar afiches y otras acciones www.mujerespublicas.com.ar
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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