Sigamos en contacto

Nota

Una semana sin Santiago: qué se sabe y qué no

Publicada

el

Hace una semana que Santiago Maldonado está desaparecido: la última vez que lo vieron fue durante el allanamiento represivo de Gendarmería en el Pu Lof del Departamento de Chusamen, Chubut. La semana pasada un hábeas corpus enmarcó la investigación bajo desaparición forzada y motorizó una serie de pruebas que arrojaron evidencias de que Santiago estuvo ese día en ese lugar, al igual que el Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad Pablo Nocetti. El hallazgo de un gorro y la hipótesis del río. Las pruebas que desmienten a Patricia Bullrich y el pedido de sus familiares y organismos de derechos humanos: «Aparición con vida ya». 
Siete días pasaron desde la última vez que vieron a Santiago Maldonado, en el Pu Lof del Departamento de Cushamen, Chubut, escapando de la represión de Gendarmería Nacional en la comunidad que desde el 13 de marzo de 2015 inició la recuperación de tierras ancestrales en una de las estancias de la corporación Benetton. El Juzgado Federal de Esquel –a cargo del doctor Guido Otranto- está llevando a cabo la investigación en el marco de los habeas corpus presentados por “desaparición forzada”.
Organismos de derechos humanos brindaron hoy una conferencia de prensa en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo y convocaron una movilización a Plaza de Mayo el viernes a las 17 horas. “La urgencia de este encuentro es un dolor colectivo: estamos reunidos para exigir la aparición con vida de Santiago”, dijo la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto. “Pedimos garantías para los testigos de este caso, para los defensores de los derechos humanos y para los miembros de la comunidad. Queremos convocar a una concentración este viernes por la aparición con vida y para repudiar la desaparición forzada en democracia. Esperamos que sea multitudinaria. Vamos a pedir no llevar banderas políticas, sino consignas”.
Sergio Maldonado, uno de los dos hermanos de Santiago, pidió a lavaca sólo una síntesis:
-Queremos la aparición con vida de Santiago y que el Estado nos dé una respuesta ya.

Qué se sabe y qué no

La abogada Elizabeth Gómez Alcorta  (una de las defensoras del lonko Jones Huala, detenido desde el 27 de junio por un mismo proceso de extradición que ya había sido declarado nulo por torturas a un testigo por el Juzgado Federal) había brindado información sobre el operativo de Gendarmería del 1 de agosto en el Pu Lof.

  • “Comenzó alrededor de las 7:30 de la mañana”.
  • “Terminó entre las 17 y las 18 horas”.
  • “Eran entre 80 y 100 efectivos de Gendarmería de, por lo menos, los destacamentos de Esquel y El Maitén”.
  • Llegaron con móviles, ingresaron y quemaron las instalaciones de la comunidad.
  • “El momento en que los testigos vieron que estaban golpeando a una persona, seguramente Santiago, fue en el horario del mediodía”.
  • Muchos integrantes cruzaron el río huyendo de los disparos de Gendarmería: “Hay varios testigos que vieron que Santiago no lo cruzó”.

El Juzgado Federal ordenó una serie de medidas de prueba que se efectivizaron el sábado a través de la intervención de la Prefectura Naval Argentina en el Pu Lof. El juez Otranto sostuvo mediante una nota de prensa que la comunidad había impedido que la Prefectura continuara el rastrillaje más allá de un punto determinado del territorio. La versión comenzó a instalarse y la tomó la ministra Bullrich, que dijo que “los líderes de las comunidades impidieron la entrada para iniciar la búsqueda”. Sin embargo, organismos de derechos humanos, abogados, la comunidad y la Defensa Pública Federal de Esquel lo desmintieron.
El reclamo por la aparición con vida del joven de 28 años traspasó las fronteras nacionales: el Comité contra las Desapariciones Forzadas de la ONU, luego de una presentación del CELS, exigió al Estado argentino una “acción urgente” para buscar y localizar a Santiago e identificar a los responsables. La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, sostuvo que el juez “no tiene ninguna comprobación de que la Gendarmería haya tenido algún tipo de participación”. Las pruebas la desmintieron.
El Defensor Público Federal, Fernando Machado, fue categórico: “Otranto no estuvo en la inspección”. En conferencia de prensa, aportó detalles de la investigación.

  • Se hicieron pericias sobre cinco vehículos de Gendarmería: dos camionetas Ranger en Esquel, dos Amarok y una Iveco en El Bolsón. Están a la espera de resultados.
  • Se hicieron rastreos de olores y se tomaron pruebas de restos de sangre y biológicos.
  • A Machado le preguntaron si las camionetas habían sido lavadas: “Tenían una apariencia de estar muy impecables, demasiado como para poder haber estado con rastros de tierra o de haber estado en el campo. Estaban muy limpias”. Dijo que eso consta en los registros fílmicos de la inspección.
  • Una de las camionetas tenía la faja de inspección rota del lado de la puerta del conductor: “Generalmente, cuando se clausura significa que eso no puede tener ningún tipo de modificación. Es como preservar un lugar. Si hay una faja rota es poco más que una anomalía”.
  • Encontraron un gorro que la comunidad indicó que había sido de Santiago. Machado confirmó: “Fue reconocido como de Santiago”. Sobre ese gorro trabajó el perro del personal de Prefectura Naval Argentina: “Siguió los pasos hacia el margen del río: ahí se estableció como el último punto en el que el perro no pudo seguir el rastro. Esto fue realizado en más de una oportunidad y el perro repitió esa trayectoria”.
  • Le preguntaron si la comunidad se negó a que la Prefectura ingresara al territorio: “Acá hay aspectos que se malinterpretan. Es cierto que había una orden judicial pero también hay aspectos de naturaleza cultural de la comunidad mapuche que a veces es necesario consensuar”. Y dejó en claro: “En ningún momento la comunidad se negó”. Advirtió que la comunidad necesita preestablecer la visita porque “hay lugares físicos que deben respetarse”, pero que una vez consensuados los objetivos de la inspección la Prefectura pudo “recorrer ambos márgenes del río en un espacio determinado”.
  • Sobre las declaraciones del Juzgado Federal: “Otranto no estuvo en la inspección. La Prefectura inspeccionó los dos márgenes: eso a mí me consta”. El relato de Otranto es que la Prefectura quiso avanzar por el río y la comunidad lo impidió: “Tampoco es así. Fue algo muy dialogado. No fue que se parapetó. El agua, además, constituye un elemento neutralizador de los olores, con lo cual tampoco lo considero útil”.
  • Machado dijo que no tuvo acceso al expediente para saber si los oficiales que hicieron el procedimiento el día de la desaparición están identificados.
  • Sobre la hipótesis de que a Santiago lo detuvieron en una camioneta blanca y lo trasladaron a Esquel, le preguntaron sobre la importancia de medidas de prueba en el Escuadrón 36 de Gendarmería: “Hay un sinfín de medidas pedidas. Muchas se han requerido. No voy a exponerlas aquí porque no quiero que se frustre ningún tipo”.


-La ministra Bullrich dijo que no hay indicios de que Maldonado estuvo allí porque la gente estaba con los rostros cubiertos.
-Obviamente que no comparto. No me distraigo del objetivo. Mi objetivo es encontrar a Santiago. Y encontrarlo con vida. No investigo si Santiago estaba ese día con el rostro cubierto. No forma parte de mi interés.
-¿Alguna hipótesis de la Defensa?
-Yo creo que Santiago sí estuvo ahí a diferencia de lo que piensa la ministra. El recorrido del perro es muy claro, muy concreto y muy contundente: no titubeó en ningún sentido. Por otro lado, el personal de Prefectura dijo que es muy difícil que se hubiera podido ahogar ahí. Ese lugar tiene muchos palos, tiene una profundidad de 1 metro 30 en la parte más profunda, la corriente es muy poca. Si hubiese habido un deceso de esa naturaleza lo más probable es que estuviera a pocos metros en la orilla. Se hubiera quedado trabado.
-¿Entiende que fue detenido por Gendarmería?
-Entiendo lo que les estoy diciendo. Descarto la hipótesis de un ahogo. Digo que Santiago estuvo ahí. Hay huellas de vehículos y demás. El episodio ocurrió: la circunstancia de los indicios, en principio, hablarían de una desaparición forzada.

Rastrillaje sí, Gendarmería no

En la conferencia de prensa en Abuelas, luego de una pregunta de lavaca, la abogada Gómez Alcorta también desmintió las declaraciones del Juzgado Federal sobre los supuestos obstáculos de la comunidad en el rastrillaje de Prefectura: “La comunidad hizo todo lo que había que hacer y desde el minuto uno pidió auxilio para que se llevaran adelante todas las acciones y que todos tengamos la información que tenemos hoy”.
Luego que los gendarmes se retiraron del Pu Lof el día de la represión, la comunidad rastrilló el territorio hasta las 4 de la mañana del miércoles. Siguieron a la salida del sol: “Reconstruyeron cuáles fueron los hechos: cada uno había visto una parte. Toda esa información se obtuvo y se dio a la Justicia sin hacer aún ninguna declaración por el temor que tiene la comunidad. El CELS pidió medidas de prueba dentro del habeas corpus, entre ellos el rastrillaje, y fue charlado con la comunidad. Lo único que pidieron es que no ingresara Gendarmería, que al día de hoy sigue apostada a la vera del territorio sobre la ruta 40. Pidieron que se comunicara con una de sus abogadas, Sonia Ivanoff, que fue amenazada la semana pasada. El sábado a las 9 de la mañana la Prefectura llegó y nadie se había comunicado con ella, por lo que lo único que le pedimos fue la veeduría de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Se pudo entrar, se hizo y lo único que no se permitió fue un dron por una razón especial que por cuestiones culturales es muy difícil que lo pueda entender el Poder Judicial”.
Los detalles posteriores son los que confirmó el Defensor Federal Machado.

Fotos del rastrillaje en la comunidad, en el momento en que encuentran un gorro que el defensor identificó como de Santiago.

El Estado es responsable

Luego de una presentación del CELS, el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU le exigió al Estado “acción urgente” para buscar y localizar a Santiago Maldonado, e identificar a los responsables. El Comité expresó su preocupación por la integridad física y psicológica del joven y le pidió al Gobierno nacional los siguientes puntos:

  • “Una estrategia integral y exhaustiva para la búsqueda y localización”.
  • “Todas las medidas urgentes que sean necesarias para buscarlo y localizarlo, tomando en cuenta los datos proporcionados por los miembros de la comunidad mapuche Pu Lof presentes durante la acción represiva”.
  • “La efectiva conservación, resguardo y análisis de todos los elementos de prueba que ya obran en la investigación o puedan llegar a hacerlo y que podrían permitir determinar la ubicación del señor Santiago Maldonado y la identidad de las personas responsables de su desaparición”.
  • También exigió que “la Gendarmería Nacional Argentina se abstenga de participar en la búsqueda e investigación de la desaparición”.


En la conferencia en la sede de Abuelas, el presidente del CELS, Horacio Verbitsky, reveló que el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Claudio Avruj envió un escrito al organismo hablando de Santiago Maldonado como una “persona extraviada”. Verbitsky: “Es un detenido desaparecido y el Estado no puede ocultar su responsabilidad. La pretensión de la ministra Bullrich y de Avruj de hablar de una persona extraviada es parte del encubrimiento. Tanto el Defensor Público Federal de Esquel Fernando Machado como la fiscal federal Silvina Ávila hablan de desaparición forzada. La sociedad no puede tolerar que una persona desaparezca en una época de funcionamiento pleno de las instituciones”.
Verbitsky también sostuvo que es “inadmisible” que desde el Gobierno “se laven las manos cuando había un funcionario coordinando” el operativo. Habla del jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad, Pablo Noceti, que en dos entrevistas radiales se ubicó en tiempo y espacio en Esquel y admitió que coordinó personalmente a fuerzas federales y provinciales de Río Negro y Chubut para comenzar a “tomar intervención y detener a todos y cada uno de los miembros del RAM que produzcan delitos en vía pública en flagrancia”. Noceti implicó en esos hechos al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, a “gente vinculada al gobierno anterior” y a “extremistas kurdos”. El presidente del CELS recordó que Noceti fue defensor de una decena de represores procesados por desapariciones forzadas y que sostuvo que los juicios eran “la legalización de una venganza, estructurada y diseñada en el poder político”.
Ante una pregunta de lavaca sobre la implicancia de Noceti en el operativo, Verbitksy puntualizó: “Noceti no solo estaba en el lugar, sino que estaba dirigiendo el operativo. Eso lo ha dicho él mismo en dos entrevistas, una con Radio Nacional de Esquel y otra con Radio Sol. Dice que él ha venido a coordinar los operativos personalmente. Por eso señalamos que Noceti es el responsable directo, inmediato, de la desaparición forzada de Santiago Maldonado”.

Campaña: aparición con vida YA de Santiago Maldonado

Nota

Lucía Pérez: nuevo juicio, nueva tortura para la familia y otra vez el foco en la víctima

Publicada

el

La primera jornada marplatense del nuevo juicio por el crimen de Lucía Pérez (16 años) volvió a mostrar a las defensas de los acusados intentando hurgar en la vida y costumbres de la víctima (preguntaron hasta por sus sueños, su alimentación y si se llevaba materias en la escuela) como argumento para lograr la impunidad de Matías Farías y Juan Pablo Offidani. Ambos fueron excusados de participar de la audiencia, incluso a distancia desde la cárcel. “Pueden seguir su día normalmente” les dijeron desde el tribunal a ambos imputados por “abuso sexual con acceso carnal agravado por el suministro de estupefacientes seguido de muerte en concurso ideal con femicidio”. Es llamativa la diferencia con el caso de los acusados por el crimen de Fernando Báez Sosa, quienes tuvieron que presenciar la audiencias ya que los jueces señalaron la importancia sobre su futuro de lo que se estaba debatiendo.

La paradoja: el hecho de haber hecho foco en Lucía para exculpar a los victimarios (que solo habían sido acusados por vender drogas en la puerta de la escuela, y no por el femicidio) es lo que hizo que la Cámara de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires ordenara anular el fallo de 2018 y hacer este nuevo proceso. Marta Montero, la mamá de Lucía, dijo a lavaca a la salida: “Fue un calvario”. Detalles de las preguntas capciosas. Marta y sus argumentos, dentro y fuera de la sala, sobre la trama narco que se busca esconder en el caso. El atrapasueños como símbolo. Cómo fue la mañana del crimen. Cómo se enteraron. El acompañamiento conmovedor de otras familias víctimas de femicidios. La movilización de las mujeres en la calle buscando justicia, en un proceso que recién empieza.

Por Anabella Arrascaeta.   

Matías, Guillermo y Marta: nuevamente el foco de las preguntas hacia ellos fue sobre la vida y hábitos de Lucía. Por hacer ese foco misógino y prejuicioso sobre la víctima, la Cámara de Casación anuló la sentencia anterior. (Fotos: Lina Etchesuri)

“¿Quiénes mataron a Lucía? Eso vinimos a preguntar”, dice Marta Montero, mamá de Lucía, antes de entrar al Palacio de Tribunales marplatense. Minutos después lo vuelve a repetir en el sexto piso del edificio, cuando le toca declarar como la primera testigo del nuevo juicio que investiga el femicidio de su hija: ¿quiénes mataron a Lucía?

Con ese eje inició hoy un juicio crucial e histórico, que busca verdad y justicia después de 7 años del crimen, a 4 de un juicio que consagró la impunidad con un fallo misógino y machista, cuya reacción familiar y social motivó el primer Paro de Mujeres en la Argentina, entre otra serie de movilizaciones que continúan hoy.

Marta llegó a Tribunales junto a Guillermo Pérez, papá de Lucía, a las 8 de la mañana. Matías, el hermano mayor de la joven asesinada, los esperaba bajo la lluvia. Los alrededores del edificio de Tribunales ya estaban vallados desde el día anterior: cuatro uniformadas habilitaban quién podía pasar y quién no. Antes de pasar ese control Guillermo ayudó a acomodar el escenario que se terminaba de armar en la esquina de Tucumán y Falucho, desde donde organizaciones sociales, sindicales y políticas y otras familias de víctimas de femicidios, y funcionarias y funcionarios acompañaron toda la jornada del juicio. 

La familia de Lucía ingresó a los Tribunales finalmente a las 9 de la mañana. Fue directamente al 6to piso, donde se encuentra la sala del Tribunal en lo Criminal N° 2 de Mar del Plata, una sala pequeña que hizo que los únicos presentes fueran los siguientes: 

  • Los jueces a cargo del Tribunal Roberto Falcone, Gustavo Fissore y Alexis Semaz.
  • La familia de Lucía Pérez (su mamá, su papá, su hermano) junto a sus abogadas, Verónica Heredia y Florencia Piermarini. 
  • La abogada oficial María Laura Solari, que defiende a Matías Farias, junto a una asesora. 
  • El abogado particular César Sivo y la abogada particular Romina Merino que defienden a Juan Pablo Offidani.
  • El fiscal Leonardo Arévalo, junto a una asesora.
  • La perito Virginia Creimer, junto a asesora.
  • Y el Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla. 
Los jueces. Permitieron que los acusados no participasen ni siquiera a distancia desde la cárcel. «Pueden seguir su día normalmente» les dijeron a los acusados de «abuso sexual con acceso carnal agravado por el suministro de estupefacientes seguido de muerte en concurso ideal». Notable diferencia con el juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa, en el que los acusados tuvieron que presenciar las audiencias, atento el Tribunal a la importancia sobre su futuro de lo que se estaba debatiendo. (Fotos: Lina Etchesuri)

Los acusados Matías Farías (28 años) y Juan Pablo Offidani (47 años) no estuvieron en la sala: el Tribunal los habilitó a seguir la audiencia de manera virtual. Pero cuando se conectaron desde la Unidad Penal n° 44 de Batán y a la Unidad Penal n° 42 de Florencio Varela –donde cumplen condena por venta de estupefacientes– dijeron que no querían presenciar las testimoniales siquiera de forma remota. “Pueden seguir con su día normalmente”, les respondió uno de los jueces, con una liviandad sorprendente. Y ellos, acusados de abuso sexual con acceso carnal agravado por el suministro de estupefacientes seguido de muerte en concurso ideal con femicidio en este nuevo juicio, se desconectaron sin más de la audiencia.

En el segundo piso el Tribunal dispuso otra sala, también pequeña, para que algunos amicus (personas y organizaciones que piden participar del juicio), familias y periodistas puedan seguir mediante transmisión la audiencia completa. Desde allí la jornada estuvo acompañada además por el Defensor del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino; la Ministra de la Mujer bonaerense, Estela Díaz; Flavia Delmas, del mismo organismo; Carolina Varsky por parte del Ministerio de Mujeres de la Nación; y la diputada Romina Del Pla. 

En la calle, familiares de otras víctimas de femicidios que viajaron para acompañar la primera jornada del nuevo juicio. (Fotos: Lina Etchesuri)

La mañana del crimen

La declaración de Marta Montero, mamá de Lucía Pérez, duró casi dos horas. Todo ese tiempo Guillermo y Matías, que eran los testigos que seguían, tuvieron que esperar en otra sala, pequeña, sin ni siquiera baño. El Ministerio de Mujeres de Nación envió una psicóloga para que los acompañe.

Marta, 58 años, enfermera, con la foto de su hija sobre su pecho, comenzó contestando las preguntas de su abogada Verónica Heredia. Relató: “Lucía iba a la escuela todos los días, estudiaba; era muy buena alumna, se preocupaba mucho por la escuela. El día anterior me había dicho que le había ido mal en Física, le dije: tranquila, tendrás otra chance de darla, vas a poder. Mi función era ayudarlos, acompañarlos, estar con ella siempre. Con mi esposo lo mismo, siempre los acompañé en la escuela”.

Marta contó también que Lucía estaba haciendo un curso en la telefónica: “Ella tenía un promedio alto en la escuela, se le daba una capacitación para que cuando terminara la escuela pudiese tener ese trabajo”. Lucía cursaba el quinto año de la Escuela Secundaria N°3 de Mar del Plata, en la Avenida Juan B. Justo al 700. Siguió Marta: “Para mí era una gran promesa, hoy hubiese sido una joven de 23 años. Seguramente hubiese terminado la escuela, una carrera, era una persona que se ocupaba mucho de ella. Era muy compañera, una hija amorosa”. 

Relató también cómo fue el último día que vio con vida a Lucía: fue el 8 de octubre de 2016, antes de que se fuera a trabajar a las 5.15 de la mañana. “Cuando me fui la despedí, le di un beso y le dije te quiero mucho. Le di 100 pesos que me había pedido. Me dijo: yo también te quiero mucho. Es el último contacto de amor, de madre que tuve con ella”.

Fue entonces cuando por primera vez se puso a llorar, mientras recordaba que habían quedado en hacer un plan juntas cuando ese sábado Marta volviera de trabajar. “Me había pedido que le comprara un pantalón y un buzo, le dije: lo que me alcance te voy a dar, espera que venga de trabajar, vamos ahí a Juan B. Justo. Le dije: te voy a llevar, veo cuando cobre cuánto tengo, una de las dos cosas te voy a comprar. Eso era lo que íbamos a hacer ese sábado”. 

Marta tomó un sorbo de agua y respondió que no sabía si Lucía consumía drogas. “Yo nunca la vi consumir nada. No era un tema distante que no se pudiese hablar. Nunca la vi, nunca supe que ella había fumado algo”.

Levantó un atrapasueños que tenía en sus manos mostrándoselo a los jueces: “Lucía era esto, este trabajo hacia Lucía, eso era ella. Yo nunca vi nada que me llamara la atención, soy una persona abierta. Siempre que pasó algo los llevé al médico, nunca los descuidé. Así como trabajo de enfermera para lo demás, de la misma manera lo hacía con mis hijos. Si hubiese tenido sospecha de algo hubiese averiguado, hubiese hecho algo”. 

Aquel 8 de octubre Marta volvió a su casa después de trabajar, cerca de las 3 de la tarde; Lucía no estaba: “Yo me había comprado un celular usado, con las letras chiquitas, no era fácil mandar mensajes, entonces yo solamente llamaba. Antes de salir de trabajar la empecé a llamar, y no contestaba. Lucía siempre me contestó. Insistía, insistía. Cuando llegué a mi casa me llamó la atención que estaba en silencio, no había nada, la perra no había salido. Abro la persiana, la saco, la empiezo a llamar, no me contestaba. Recorro mi casa, digo: qué pasa. Estaba la computadora en la mesa, había quedado el Facebook abierto. Estaba la pava y el mate que había tomado con su padre antes de salir. Ella no era de salir, no era una persona que salía. Voy al garaje, veo el lavarropa prendido, yo nunca dejo el lavarropa prendido. Dije: no puede estar lejos. Me acuerdo que la llamé muchísimas veces”.

Después llegó Matias, su hijo mayor, a quien lo habían llamado de la comisaría para decirle que Lucía había tenido un accidente y le pedían que vaya con un mayor. Como Guillermo, su papá, tiene problemas de corazón, Matías fue a buscar a Marta. “Él se fija, y el celular de Lucía y había dejado de funcionar a las 10 de la mañana. Era raro, Lucía siempre estaba conectada con su celular. Le digo: bueno vamos, agarré la cartera, mi teléfono y nos fuimos. Cuando íbamos llegando le dijeron: tu hermana está muerta, tenés que venir con un mayor”. 

Imágenes en la calle. La audiencia empezó con lluvia, pero luego salió el sol en Mar del Plata. (Fotos: Lina Etchesuri)

Las uñas, el olor, la zapatilla 

Cuando llegaron los recibió el comisario del barrio Alfar, y una mujer policía. “Me dijeron que Lucía había muerto de sobredosis. Le dije: ¿cómo me dice eso? Me contesta que la trajo su novio. Le dije: Lucia no tenía novio, ¿dónde está mi hija?. Después me tomó una declaración. Me quedé ahí. No sabía, no podía entender lo que me estaba diciendo”. 

Marta se seca las lágrimas que le llenan la cara. “No podía entender que Lucía estaba muerta, yo la dejé viva a las 5.15 de la mañana, le di 100 pesos, le dije te quiero mucho, y fue lo último. No podía entender que ese tipo me dijera que estaba muerta”. En ese momento pidió ver el cuerpo. ¿Qué vio? “Ahí la vi con una ropa, con un buzo que a ella le encantaba, un pantaloncito. Sé que Lucia si hubiese ido a un encuentro con alguien, no se hubiese ido de esa manera. Siempre iba arregladita. No hubiese ido con el buzo que tenía de entrecasa. La miré, la acaricié, le di un beso. Le miré las manos, le noté las uñas cortitas, ella no usaba las uñas cortitas, usaba largas, le gustaba usar largas. Las tenía al ras, muy cortitas. Le miré los ojos, le abrí los ojos, tenía los ojos llenos de petequias, son células muertas cuando falta el oxígeno en la sangre. Tenía toda la parte blanca con esas petequias. Estaba vestida. No tenía olor a nada, tenía olor a limpio. Ella era de usar un perfume de 47 Street, siempre se perfumaba mucho, y se ponía desodorante con olor. Siempre tenía un olor lindo. La gente joven, los niños, tienen olor lindo, olor agradable, y no tenía olor a nada. Absolutamente a nada. Su cuerpo estaba limpio. Estaba vestida, y le faltaba una zapatilla”.

El acto de los otros familiares de víctimas que viajaron desde distintos lugares del país, a quienes no se permitió acompañar la audiencia. (Fotos: Lina Etchesuri)

La trama narco

El fiscal Leandro Arévalo fue quien continuó con las preguntas: le preguntó por su relación con Lucía, si le contaba cosas. “A esa edad los adolescentes no le confían a los padres muchas cosas. Lo que sí estoy segura es que nunca se hubiese fijado, sin discriminar a nadie, en este tipo de gente. Nunca hubiese ido con estas personas con interés de tener una relación. Este tipo de personas pertenecen a bandas que venden drogas, que drogan a las jóvenes; esa es la única manera que pueden tener el cuerpo de esas jóvenes, drogándolas, sometiéndolas. Hablamos del sometimiento de una jovencita de 16 años, que captan en la escuela; ellos saben que es una menor, porque si fuera mayor iría a nocturna. Ahí hacen ese pasaje con otras personas que son los captadores. Hay uno que capta a la víctima, otro que la seduce, otro que pone la droga. Entre todos terminan abusando y haciendo lo que hicieron con Lucía”.

Acto seguido Marta hizo algunas preguntas retóricas, que espera puedan develarse durante el juicio: “¿Por qué el celular quedó apagado? ¿Alguien sabe si subió por su voluntad al vehículo? ¿Y si le secuestraron el celular? ¿Nadie se pregunta eso? ¿Todo es tan normal? Siempre me hice esas preguntas”. 

El fiscal indagó sobre la profesión de Marta, que explicó que es enfermera desde hace diez años aproximadamente. “Cuando era joven trabajaba en la remachadora, trabajé muchos años en costura, en tejido, me la ponía en la teta mientras hacía eso. Siempre estuvieron conmigo. En salud debe hacer más de 10 años que trabajo”. Preguntó el fiscal si cuando alguien fallece en una sala de salud se debe llevar registro. “Hay un certificado, con un número. Hay un médico que constata, firma. Pone los datos de la persona fallecida, la edad, si es varón o mujer y la firma del médico. No es solo un registro: es un documento”.

La pregunta del fiscal y la respuesta de Marta, apuntaban a contrastar la realidad del certificado defunción de Lucía, plagado de irregularidades que este juicio también deberá revisar.

La emoción y el abrazo, de mujeres que enfrentan una máquina de la muerte. (Fotos: Lina Etchesuri)

Las preguntas de la defensa

A Matías Farías lo defiende la abogada oficial María Laura Solari, la misma que en 2018  defendió también al imputado Offidani en el proceso en el que se indagó de manera misógina y machista sobre la vida, intereses, deseos, de Lucía, sin tener en cuenta que era una menor de edad, entre otras cosas. Es por ello que el 12 de julio de 2020 la Sala IV de la Cámara de Casación de la Provincia de Buenos Aires resolvió anular el fallo confirmando la condena que recibieron Farias y Offidani por la venta de drogas, pero ordenó que se haga este nuevo juicio por el femicidio. Los jueces de Casación apuntaron: “No olvidemos que en esta instancia no se está juzgando a la víctima (como pareciera estar ocurriendo) sino a los eventuales victimarios”.

Sin embargo, en el inicio del nuevo juicio las recomendaciones que Casación hizo de no juzgar a la víctima parecieron no ser tenidas en cuenta. Como si fuera un mal chiste, la abogada Solari empezó preguntando justamente cómo era la personalidad de Lucía. “Compañera, buena, solidaria, buena persona, compañera mía, de sus amigas, buena persona, en el barrio siguen llorándola”, respondió con paciencia Marta. Pero Solari siguió preguntando por su carácter. Las abogadas de la familia de Lucía se opusieron: “No es relevante hablar sobre la vida personal”, recordaron, pero el Tribunal permitió la pregunta.

Tercera pregunta: “¿cuáles eran sus sueños?” La abogada Heredia se volvió a oponer.

“¿Qué tipo de relación tenía usted con Lucía?” le preguntaron. “Bellísima”, contestó Marta. 

Después Solari indagó a Marta cuánto ganaban ella y su marido. Sobre la rutina de Lucía, sobre sus amigos. Y siguió una pregunta tras otra: ¿se llevaba materias?, ¿faltaba a la escuela?, ¿era de estar mucho tiempo sola en su casa?, ¿tenía trastorno alimenticio?, ¿comía bien?, ¿respetaba las cuatro comidas?, ¿tenía buena salud? ¿nunca ingresó a su habitación y encontró algo de estupefacientes?, ¿restos de marihuana?, ¿olor? 


Todas estas preguntas fueron avaladas por los jueces Falcone, Fissore y Semaz.

El intercambio con la abogada Solari terminó así: 

-Cuando se entrevistó con la fiscal, ¿de qué le dijo la doctora Sanchez que había muerto Lucia? 

-¿Tengo que contestar eso?

-¿La fiscal dijo que había sido empalada? 

-No recuerdo

-¿Dijo que habían lavado el cuerpo? 

-No recuerdo

-¿Cómo piensa que murió? 

El Tribunal no permitió la última pregunta. Pero aún faltaban las preguntas del abogado defensor particular César Sivo, a cargo de la defensa de Juan Pablo Offidani.

Empezó así: “¿Usted hablaba de sexualidad con su hija?”

El Tribunal no le dio lugar. 

Mujeres, música y bombos. Organizaciones sociales, sindicales, políticas, acompañaron un tema que involucra a toda la sociedad: la trama narco, los femicidios, las instituciones que no dan respuestas. (Fotos: Lina Etchesuri)

Del taller a la comisaría

Las declaraciones de Guillermo y Matías Pérez fueron más breves. El papá de Lucía empezó respondiendo las preguntas de su abogada; al igual que su esposa ratificó que nunca había visto a Lucía consumir estupefacientes. Habló sobre las amigas y amigos de Lucía, sobre cómo era y cómo fue el último día que estuvo con ella. “Fue como siempre: nos levantamos temprano. La llevé a Marta a trabajar, vine, me recosté otro rato, me levanté, tomé unos mates con ella. Me fui a trabajar. Lucía estaba en la mesa, con su computadora abierta. ‘Hola pa’, tomamos unos mates, tomate la pastilla. Después me fui a trabajar, a las 9 y algo. Los sábados siempre me quedaba un cachito más”. 

Más tarde, cuando estaba en su taller (Guillermo es chapista), se enteró de la muerte de su hija: “Me vinieron a buscar mi señora y mi hijo. Me enteré ahí. Fuimos  a la comisaría. No se pudo solucionar nada. Ya la habían asesinado a mi hija”. 

El fiscal Leandro Arévalo no le hizo preguntas, tampoco el abogado César Sivo.

La que preguntó fue la abogada Solari. Insistió: ¿qué tipo de personalidad tenía Lucía?, ¿Cómo la veía?, ¿La llevaba siempre al colegio?, ¿Regresaba sola?, ¿Era de pasar tiempo sola en la casa?, ¿Tenía un buen vínculo con Lucía?, ¿Ttenía algún trastorno alimenticio o algún problema de salud?, ¿Nunca la había visto con estupefacientes?, ¿La salud era buena?, ¿notó en el último tiempo algún cambio de conducta?”.

Tanto Guillermo Pérez como Marta Montero dijeron que, previo al femicidio de su hija, nunca habían escuchado nombrar a Matias Farías ni a Juan Pablo Offidani. 

Guillermo Pérez, Marta Montero, y el atrapasueños que la madre de Lucía mostró a los jueces, mientras la acosaban con preguntas que buscaban criminalizar a su hija. (Fotos: Lina Etchesuri)

El interrogatorio a su hermano

Matías Pérez, hoy 26 años, 19 cuando murió su hermana menor, fue convocado a declarar por parte de la defensa.

La abogada Solari comenzó a interrogarlo sobre cómo veía a Lucía, cómo era su rutina, qué hacía, si compartía tiempo con ella, si eran confidentes, si tenía problemas de salud, si pasaba mucho tiempo sola en la casa. Le preguntó por el supuesto consumo de drogas de su hermana, en línea con esa idea de indagar y estigmatizar a la víctima.   

El abogado particular Sivo le preguntó a Matías por “el carácter de su hermana”, si gritaba. También cuánto ganaba él en ese momento. Y terminó con una pregunta insólita: si el propio Matías le vendió alguna vez drogas a su hermana. 

Al finalizar su declaración Matias pidió respetuosamente al Tribunal un certificado para poder justificar que había faltado al trabajo para asistir al juicio.  

Estela Díaz, Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires. (Fotos: Lina Etchesuri)  

El resto de la audiencia

La jornada se completó con dos testigos amigas de Lucía: Sol Adura y Noelia Flores. Sol, que iba a la misma escuela que Lucía, en su relato nombró reiteradamente a Belén Mella. Belén era compañera de la escuela, una testigo clave sindicada como quien presentó a Lucía con Matías Farías y Juan Pablo Offidani. Ahora está viviendo en España. Dada la distancia, la Fiscalía pidió que sea incorporada su declaración del juicio anterior, pero las defensas se opusieron y pidieron que declarara de manera virtual. El Tribunal tendrá que determinar cómo se resuelve el tema en los próximos días. 

El juicio continúa este miércoles 8 de febrero y se estima que va a durar hasta los primeros días de marzo. Son 49 los testigos previstos, todos partícipes del juicio de 2018 dado que este nuevo proceso no tuvo una nueva instrucción: las pruebas son las mismas; lo que está en juego es si está vez serán analizadas con una perspectiva de derechos humanos.

La activista trans Maralene Wayar viajó a Mar del Plata a seguir la jornada junto a la familia.

¿El Poder Judicial es privado?

Durante toda la audiencia, cientos de personas acompañaron a la familia de Lucía Pérez desde la calle, en una jornada que pasó de la lluvia al sol. Entre tantas: Cintia Rodrigo de la CTA Autónoma de Mar del Plata, Rocío García del Plenario de Trabajadoras de la misma ciudad, Paloma Badillos del Movimiento Evita marplatense, además de la Campaña Somos Lucía en pleno. Hubo representantes del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación, del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, del Instituto Nacional contra la Discriminación, Xenofobia y el Racismo de la Nación y de organismos de la provincia de Buenos Aires como los Ministerios de Mujeres, Justicia y Salud, el Instituto Cultural, IOMA, Organismo Provincial de Integración Urbana, entre otros.

Las primeras personas llegaron a las 6 de la mañana, con lluvia, para empezar a montar el escenario en la esquina de Tucumán y Falucho, uno de los límites de los cuatro vallados que impuso la policía para evitar que la movilización se pegara a los Tribunales. Desde distintos puntos del país fueron llegando madres y padres que también buscan justicia por sus hijas, en una combi. Desde la ciudad de Buenos Aires llegó un micro con 60 personas que viajaron durante la madrugada para presenciar el inicio del juicio. 

A las ocho y media Marta y Guillermo subieron para agradecer el acompañamiento a decenas de organizaciones, sindicatos, partidos y, especialmente, a los familiares de víctimas, a quienes también les pidieron disculpas al no poder lograr que entrasen todos a los Tribunales, tal cual estaba previsto.

Dijo Marta: «Nos ponen en una sala de 2×2 a un montón de personas. Una familia vino de Jujuy, no le permiten pasar; a la mamá de Wanda Tadei, no la dejan pasar. ¿El Poder Judicial es privado? Esto es una audiencia oral y pública, todas las personas tenemos derecho a escuchar y ser parte y ver lo que está pasando en el proceso: ellos son nuestra garantía”.

Ante la imposibilidad de seguir lo que pasaba adentro –escaseaban mensajes de whatsapp sobre el tenor de la audiencia– las familias de víctimas que no pudieron ingresar a Tribunales tomaron el micrófono y se explayaron sobre cada caso, marcando las similitudes con el proceso que atraviesa la familia de Lucía. Luego, distintas mujeres entonaron la canción Creo de la banda Eruca Sativa (cuyo estribillo reza “no seamos invisibles nunca más”), tocó una cuerda de tambores, una murga, se transmitió una radio abierta con la palabra de distintas representantes de las organizaciones, mientras cada 15 minutos el evento se paraba para que, al revés, el afuera se oyera adentro con un lema:

-Lucía Pérez, ¡presente! 

Sergio Maldonado cuestionó el destrato de la policía con respecto a los familiares. (Fotos: Lina Etchesuri)

La primera en salir de la audiencia, minutos antes de las 14 horas, fue la ministra de las Mujeres bonaerense, Estela Díaz. Contó a lavaca: “Cunando una está en el juicio se entiende el dolor, el sufrimiento y la revictimización que es cuando no se hace justicia, no se respeta la ley. Porque es como lo señala la Corte: no hubo perspectiva de género, no se ajustaron a derecho, y pusieron el centro en la víctima. Acá parece que ella se hubiera matado a sí misma”.  Otra percepción sobre la audiencia: “Todo el tiempo la defensa de los acusados trató de indagar nuevamente respecto a la conducta, el modo de ser, la alimentación de Lucía, como si esos fuesen factores que explican que una joven hoy esté muerta, revictimizándola. Fue muy tenso, y muy duro para la familia tener que volver otra vez a 7 años atrás”. La ministra agregó: “La defensa hace esta estrategia porque si analizan los hechos que hay que analizar, está clarísimo la responsabilidad de quien era proveedor de estupefacientes y el abusador sexual que se llevan la vida de Lucía. Ellos quieren volver a colocar en el tema de la audiencia aquellas cuestiones que hicieron que este juicio se anule. Pero es muy doloroso, y muestra cuanto sufrimiento se repite cuando no tenemos un poder judicial como el que tenemos que imparta justicia, sino que sigue revictimizando”.

Sergio Maldonado, hermano de Santiago, siguió la audiencia desde el 2º piso: «Fue chocante y provocador el destrato a la familia, todo el tiempo revictimizando y  estigmatizando a Lucía, una chica de16 años que no está para defenderse. Y que la familia deba defenderse del horror, mientras a los imputados se los cuida. Por eso apagaron la cámara, les dieron la posibilidad de continuar con su vida, pero ¿cómo continúan la vida los familiares de Lucía?”. “El Poder Judicial debe tener clases de derechos humanos. Valorar a las personas. Empezando por la policía de la entrada, que mostraron desprecio y destrato. Debe haber un personal capacitado, que entienda a víctimas y tenga otro tipo de trato con las familias de las víctimas». Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos de Nación: “La estrategia de la defensa es canalla, indigna, pero sabemos el objetivo. Lo que rompe con esa estrategia es estar acá. Y la Secretaría de Derechos Humanos acompaña porque creemos que Lucía fue víctima de un grupo de individuos que  sabemos en qué se transforma cuando creen que una mujer puede ser utilizada como objeto. Este juicio es troncal porque generó indignación al declararse la impunidad en el primer juicio”.

Luego salieron Guillermo, Matías y Marta, que se volvieron a subir al escenario como un desahogo: “Es una vergüenza. A nosotros vienen a investigarnos, a ver cuánto ganamos, de qué vivimos. Vivo de ser enfermera y antes era costurera. Eso hicimos toda la vida. No hemos hecho otra cosa. Pero a nosotros nos investigan. Quiénes somos, qué hacemos, qué comemos. ¿Por qué no investigan a los narcos, a quienes mataron a Lucía? ¿Qué nos quieren venir a mentir? Esto es lo que hace el poder judicial con las víctimas. Es terrible. No les puedo decir lo que pasé ahí adentro. Revictimizarnos de nuevo, con Lucía muerta. Todavía hoy dando detalles y explicaciones. Esta lucha entre todos se debe cambiar”.

Por eso sobre el final la familia de Lucía volvió a rodearse de los y las familias de víctimas, a quienes convocó a subirse al escenario especialmente y les volvió a dar la palabra una por una. Cerró Marta: “Agradezco a todos por acompañarnos. ¿Sin ustedes, cómo haríamos nosotros? Todo a pulmón lo hacemos. Esto es maravilloso, porque lo hacemos entre todos. Y entre todos lograremos una justicia feminista, integradora, con perspectiva de género, de derechos humanos. Vamos por ese cambio, vamos a cambiarla. Mañana continúa este calvario, y les pedimos que nos acompañen».

El secretario de Derechos Humanos de la Nación Horacio Pietragalla. La estrategia de la defensa es canalla, indigna, pero sabemos el objetivo. Lo que rompe con esa estrategia es estar acá. (Fotos: Lina Etchesuri)
El atrapasueños de Lucía, en manos de su madre que lo mostró al Tribunal. (Fotos Lina Etchesuri).
Seguir leyendo

Nota

Búsqueda de justicia: comienza el nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez

Publicada

el

(Desde Mar del Plata) La familia de la adolescente asesinada en 2016 logró que se concrete este nuevo y acaso histórico juicio que tratará de responder aquello que no indagó ni respondió el proceso realizado en 2018, que fue anulado por su parcialidad y prejuicios: ¿Quiénes mataron a Lucía Pérez? En la foto, Matías (hermano) junto a Marta y Guillermo, los padres de la niña asesinada cuando tenía 16 años. La primera jornada será acompañada por una movilización en las calles marplatenses, donde se proyectarán las imágenes de la apertura en directo desde la sala de audiencias. Detalles y datos sobre lo que se viene.   

A 2.313 jornadas del crimen, llegó el día.

El nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez, la adolescente marplatense de 16 años asesinada el 8 de octubre de 2016, comenzará este martes 7 a las 9 de la mañana y continuará al menos durante todo el mes de febrero, de 9 a 14 horas, los días hábiles. Se espera que finalice el 1º de marzo aunque todo, tanto los horarios como las jornadas, pueden demorarse. Lo crucial es otra cosa: la búsqueda de justicia.

La causa está caratulada como abuso sexual agravado seguido de muerte en concurso ideal con femicidio y tiene como imputados a Matías Gabriel Farías (29 años actualmente) y Juan Pablo Offidani (47). La Unidad Fiscal que lleva adelante el proceso es la N° 7 de Mar del Plata.

Aspecto hoy, desde la puerta, de la sala de audiencias. Al fondo se sentarán los jueces, en el sillón del medio cada persona que testifique. De un lado, fiscal y abogados de la familia. Del otro, abogados de los acusados. La carátula de la causa: abuso sexual agravado seguido de muerte en concurso ideal con femicidio (fotos: Lina Etchesuri).
La vista de la sala desde el otro lado: en ese espacio se desarrollarán las audiencias encabezadas por los jueces Fissore, Falcone y Simaz (Fotos: Lina Etchesuri).

Las audiencias transcurrirán en el 6º piso de los Tribunales marplatenses. Allí se sentarán los jueces Gustavo Raúl Fissore (presidente del tribunal), Roberto Falcone, y Alexis Simaz. La querella estará representada por el fiscal Leandro Arévalo y por Florencia Piermarini y Verónica Heredia, abogadas de la familia. El Tribunal autorizó el pedido de los imputados Farías y Offidiani de no estar presentes. Asistirán al proceso vía Zoom desde el penal donde cumplen condena a 8 años de prisión por tenencia de drogas con intención de venta, cargo que se les imputó en el anterior juicio (celebrado hace 4 años y 2 meses) en el que el femicidio de Lucía quedó impune. La anulación de ese fallo fue dispuesta por la Cámara de Casación Penal de la Provincia de Buenos. El juez Carlos Natiello planteó por ejemplo que aquella sentencia se había fundado “en intolerables prejuicios y suposiciones basados en estereotipos de género” y que contenía “concepciones sexistas inocultables”, por lo que califica al fallo como “subjetivo y tendencioso, prejuicioso, parcial y discriminatorio”. (Por ese fallo los anteriores jueces serán sometidos por el parlamento bonaerense a otro proceso, un juicio político o jury, durante el mes de marzo).

Lo que pasará

En el inicio del este nuevo juicio estarán presentes en la sala del tribunal el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla, el Defensor del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino, la ministra de la Mujer bonaerense, Estela Díaz, Flavia Delmas, del mismo organismo, y Carolina Varsky por parte del Ministerio de Mujeres de la Nación.

El Tribunal autorizó que se transmitan por el canal de Youtube de la Corte Suprema bonaerense (https://www.youtube.com/c/SupremaCortedeJusticiaProvinciadeBuenosAires?app=desktop) las jornadas de inicio del debate, los lineamientos de acusación de la defensa, los alegatos de clausura y la lectura del veredicto. Pero no las jornadas de declaración de testigos.

Mientras en el 6º piso de Tribunales se desarrollen las audiencias, en el 2º se dispuso una sala donde se emitirá por videoconferencia el juicio completo para un grupo compuesto por: los amicus curiae de la acusación, dos familiares de cada uno de los acusados y cinco de la familia de Lucía (padres y madres de otras víctimas de femicidios), y tan solo seis periodistas de medios gráficos. Al inicio camarógrafos y fotógrafos podrán tomar imágenes en la sala del 6° piso.

Matías, Marta y Guillermo: hermano, madre y padre de Lucía Pérez, que intervendrán este martes en la primera jornada del nuevo juicio. (Fotos: Lina Etchesuri).

En la calle

Durante la jornada de mañana, desde las 9:30, declarará la familia de Lucía Pérez: Marta Montero, Guillermo y Matías Pérez, madre, padre y hermano respectivamente. Hasta el 14 de febrero se presentarán los testigos de la acusación y luego los de la defensa. Se espera que brinden su testimonio, en total, 49 personas.

En la puerta de los Tribunales habrá una movilización de organizaciones sociales, sindicales y políticas acompañando a la familia. La Campaña Nacional Somos Lucía, a su vez, llevará adelante una serie de actividades frente al Tribunal durante todo el mes, que abrirán mañana con el siguiente programa:

·         8:45: saludo de la familia de Lucía Pérez

·         9:00 apertura del acto.

·         9:15 canto colectivo.

·         9:30 proyección del inicio de la audiencia.

·         12:15 habla nuevamente la familia.

·         Talleres de serigrafía y estampado

·         Radio abierta con organizaciones sociales y personalidades.

Marta Montero, preparando stencils: los ojos de Lucía como símbolo del reclamo de justicia.

Más info:

¿Por qué se celebra un nuevo juicio? ¿A quién se juzga?

El contexto del juicio por Lucía Pérez: ¿Qué son los femicidios territoriales?

Seguir leyendo

Nota

El contexto del juicio por Lucía Pérez: ¿qué son los femicidios territoriales?

Publicada

el

Este martes 7 de febrero comienza un proceso inédito: se realizará en Mar del Plata el nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez, tras la anulación del fallo original que la Cámara de Casación bonaerense consideró “subjetivo y tendencioso, prejuicioso, parcial y discriminatorio” por su falta de «perspectiva de género».

Estas son las hipótesis publicadas en la revista MU por el Observatorio Lucía Pérez (que ha creado el primer padrón autogestionado y público de violencia patriarcal). El trabajo explica el contexto de crímenes como el de Lucía, ocurrido en octubre de 2016, que provocó el primer Paro de Mujeres en el país. Los femicidios territoriales como tramas barriales que degradan el valor de la vida, mucho más allá de los vínculos de pareja y la intimidad. Fuerzas de seguridad, fiscales y jueces implicados en esos delitos y su impunidad, no solo como cómplices. Un cambio de paradigma a la hora de pensar la violencia machista: el rol de lo narco, la conexión con el extractivismo y la pobreza. Y las familias luchando contra la máquina de muerte.

Por Claudia Acuña, Florencia Paz Landeira y Anabella Arrascaeta.

Desde el Observatorio Lucía Pérez venimos registrando e interrogando las cifras de la violencia patriarcal. Propusimos entonces la categoría de “femicidios territoriales” para intentar comprender la singularidad de crímenes como los de Lucía Pérez, Melina Romero, Iara Rueda, Luna Ortiz o Araceli Fulles. Femicidios que no se ajustan a los modelos epistémicos tradicionales de la teoría de género y que no hablan de vínculos de pareja e intimidad, sino de tramas de narcocriminalidad e impunidad territorializadas, con  participación de agentes estatales tales como policías, penitenciarios y fiscales. 

Cifras que lo dicen todo: 328 femicidios registrados en 2022 y 25 en el primer mes de 2023. El Observatorio Lucía Pérez es el primer padrón público y autogestionado de violencia patriarcal.

Participación activa, en tanto que genera condiciones de posibilidad para estas muertes en esos territorios; y también participación concreta, al garantizar y perpetuar la impunidad de esos femicidios, falseando pruebas y entorpeciendo procesos judiciales. Marta Montero, madre de Lucía Pérez, prefiere llamarlos “narcofemicidios”; nosotres sumamos la referencia al territorio que quizá nos permita enfocar los factores que lo producen: los narco-femicidios se originan en narco-territorios concretos.

En primer lugar, es necesario definir que llamamos “narco” a una actividad criminal que se lleva a cabo “con la participación ilícita de actores del Estado” (Javier Auyero, Katherine Sobering, Entre narcos y policías). Lo narco opera a través de una necromáquina cuya tarea es acallar, atemorizar y doblegar resistencias hasta esclavizar las fuerzas de producción necesarias para extraer capital de todo lo vivo: cuerpos, territorios, medio ambiente, datos (Rossana Reguillo, Necromáquina).

Lo narco produce una forma característica de femicidio porque le otorga a ese crimen un significado político y cultural. En palabras de Reguillo, “mata dos veces: la del asesinato y la de tu muerte convertida en dato mediático”. Tal como define la filósofa italiana Adriana Cavarero cuando traza una relación entre el genocidio del Holocausto y estos crímenes, en ambos casos se trata de “una violencia que no se contenta con matar porque sería demasiado poco: al destruir el cuerpo singular constituye el acto del fin no de la vida, sino de la condición humana”.

Lo narco gobierna territorios azotados por las políticas neoliberales que durante décadas destruyeron tanto puestos de trabajo como instituciones estatales que debían contener las consecuencias. Esas características unen la postal de San Martín, en la provincia de Buenos Aires, con la de Palpalá, en Jujuy, escenas del crimen de los femicidios de Araceli Fulles y Iara Rueda. Dominan también puertos como los de Mar del Plata y Rosario, ciudades hermanadas por los nombres de Lucía Pérez y cada una de las 50 mujeres masacradas este año en balaceras. Pero son sólo aquellos femicidios que con gran esfuerzo de sus familias y su comunidad han logrado trascender con nombre y rostro los que nos han obligado a fijar la mirada en esos territorios.

Qué vimos

En San Martín, por ejemplo, vimos que Araceli Fulles estuvo 22 días desparecida, sin que ninguno de los rastrillajes organizados por la policía la encontraran. Su cuerpo fue hallado, finalmente, por su hermano, enterrado debajo de la cama del sospechoso que justo en ese momento estaba declarando ante la fiscal, quien lo dejó ir. El hombre fue detenido en otro barrio de la periferia, dos días después y gracias a que  una mujer paraguaya, embarazada y en ojotas, lo corrió y entregó a los gendarmes que militarizaban el barrio para “custodiarlo”. Tiempo después, ese único detenido fue asesinado: le hicieron tragar agua hirviendo en la prisión en la que el Servicio Penitenciario estaba a cargo de su seguridad. Finalmente, en un tribunal rodeado por miles de personas que clamaban “Justicia por Araceli”, los autores materiales del femicidio fueron condenados a prisión perpetua. Sin embargo, no fueron sometidos a ningún proceso judicial ni el comisario ni los agentes que encubrieron a la banda de narcomenudeo que operaba en el barrio y mató a Araceli. Hubo, sí, varias condenas  a autoridades policiales en otros procesos judiciales contemporáneos al que investigó el femicidio de Araceli y que probaron las vinculaciones en ese territorio entre bandas narcos y fuerzas de seguridad. La última fue en septiembre de este año, cuando la jueza federal Alicia Vence procesó con prisión preventiva al comisario Osvaldo Javier Calderón y dos oficiales de la Comisaría Primera de San Martín.

Territorios, cuerpos y violencias

Al hablar de territorio nos referimos no solo a la base material y orgánica de los ecosistemas, sino también a la historia y las relaciones que se han entretejido en estos de modo constitutivo. El territorio aparece entonces como una trama de redes de relaciones que, en su dimensión conflictiva y contradictoria, configura experiencias y sujetos singulares marcados por variables procesos de jerarquización y de desigualdad. 

Hay en la palabra “territorio” una serie de sentidos contradictorios anudados. Por un lado, en su propio origen etimológico aparece asociada a una voluntad de control y de dominio, en un lenguaje bélico y de conquista. Pero el territorio, en sus usos sociales y locales, también alude al saber de la experiencia, a una relación de alteridad respecto de espacios institucionales y burocratizados; el territorio, en este sentido, puede ser una analogía de la calle o, para decirlo en términos más amplios, del espacio de la vida cotidiana. El territorio también es, en un sentido más literal, la tierra. El cuerpo –nuestro cuerpo– puede ser también vivido e interpelado como territorio. Pero acá aparece otra vez la alteridad. Porque no todos los cuerpos aparecen como territorios en disputa, sino especialmente aquellos cuerpos feminizados, racializados, empobrecidos y marginados. Se va armando así un mapa imaginario de cuerpos y territorios simultánea e inextricablemente sometidos a procesos de desvalorización, violencia y explotación; de despojos múltiples de la vida en todas sus formas. 

Pensados los territorios como configurados por relaciones de poder, las desigualdades de género sin duda se despliegan y concretan en ellos de un modo fundamental. Desde esta perspectiva, entonces, el territorio aparece como espacio tallado en donde se producen y reproducen desigualdades étnico-raciales, de género, de clase, de edad y deviene, así, un espacio de disputa. Los territorios son campos de fuerza, producto y objeto de disputas, resistencias y dominios. Por lo tanto, están siempre en devenir, nunca acabados, nunca cerrados; contingentes.

¿Es posible trazar una frontera clara y objetiva entre el cuerpo y el territorio? ¿Qué paisaje habita nuestros cuerpos? Al respecto, la filósofa feminista Donna Haraway pregunta provocadoramente por qué nuestros cuerpos deberían terminar en la piel. Los cuerpos están situados e interconectados de forma profunda con la trama de la vida. Pensar en lo viviente desde la interconexión, la interdependencia y la existencia de flujos continuos nos abre la mirada a reconocer patrones comunes que, en nuestro espacio y tiempo, hablan de formas sistemáticas de extracción de valor, despojo y violencia extractivista. Se trata de advertir la concurrencia entre procesos de pobreza y desigualdad, de violencias de género y ambientales, que expresan una lógica depredadora común que exponen cotidiana y persistentemente a las personas, a los territorios y, en última instancia, a la vida.

Patriarcado, extractivismo y terricidio

Hace ya décadas que, desde el feminismo, se han señalado analogías entre la explotación de los territorios desde la lógica de la ganancia capitalista y la explotación de los cuerpos feminizados desde la lógica patriarcal. En este sentido, Vandana Shiva afirma que la apropiación de recursos, esencial para el “crecimiento”, crea una cultura de la violación: violación de la Tierra, de las economías locales y también de las mujeres. El modelo extractivista concibe a los territorios y los cuerpos feminizados como recursos a explotar y como zonas a sacrificar en función de consolidar una forma de dominación. De hecho, en la base del ordenamiento moderno-colonial, no solo se saquearon territorios, sino también cuerpos racializados y esclavizados. En la actualidad, esta cualidad extractiva, apropiadora y cosificadora de los cuerpos aparece como nodal a la violencia femicida. 

Desde esta lente, el extractivismo no es solo un modo de saqueo y explotación de la naturaleza, sino que también implica una racionalidad y una relacionalidad particulares. Es un modo de concebir las relaciones con otros humanos y no humanos y el espacio que co-habitamos. Las prácticas extractivistas se asientan en jerarquías raciales, de género y clase, multiplican las formas de violencia y exacerban las injusticias. El extractivismo configura no solo territorios, sino también relaciones sociales y las subjetividades de quienes los habitan. Se trata de prácticas sistemáticas de extracción de la vida en todas sus formas y dimensiones. Las violencias de todo tipo son consustanciales al extractivismo y se refuerzan como forma de producción de lo social. 

Esta relación inherente entre extractivismo y violencia se expresa en la desestructuración de las tramas sociales y comunitarias, en el despojo de los medios de subsistencia y de sostenimiento de la vida, en la polarización y estratificación social, en el agravamiento de la criminalización y la represión estatal y, también, en la violencia contra las mujeres y el recrudecimiento de formas patriarcales de dominación y opresión. Para nombrar este entrelazamiento entre las formas neocoloniales del despojo de los espacios de vida y la profundización de las jerarquías de género, se ha propuesto el concepto de “repatriarcalización de los territorios”. Sobre todo, han sido los estudios sobre proyectos extractivistas vinculados a la minería y los combustibles fósiles los que alertaron cómo estos conducen a la masculinización de los territorios, con un aumento significativo de la violencia de género y la explotación sexual.

En el Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries de este año, en un taller sobre “Pueblos fumigados”, una mujer decía que nuestros territorios nos exponen y nos entrampan entre el femicidio y el cáncer. En este y otros espacios de activismo, queda claro que no son solo las mujeres las afectadas por este entrecruzamiento de violencia ambiental y de género, sino que también son las primeras en advertir las consecuencias del modelo extractivista en sus cuerpos, los de sus hijos y los de sus comunidades. Se constituyen, así, en la primera línea de la defensa de los territorios y rápidamente se vuelven blanco de persecución y amenazas cuya expresión más extrema son los femicidios extractivistas. 

En este contexto, lo narco resulta un eslabón clave de la cadena de extracción de ganancias en cuerpos y territorios que han sido oscurecidos por la desigualdad social producida por las políticas económicas neoliberales. Lo narco convierte en consumidores y productores a aquellas poblaciones que el sistema formal descarta. Rita Segato lo describe como un segundo Estado. Sin embargo, consideramos que en países no europeos esa dualidad es, en realidad, una unidad porque es la clave constitutiva en la que se establecieron los Estados coloniales para garantizar la gobernabilidad. Recordamos también que en Argentina se utiliza el término “en blanco” y “en negro” para distinguir la economía “formal” de la “informal”. Aquello, entonces, que habita el “Estado en Negro”  es la resistencia y lo narco es la respuesta para neutralizarla ante la impotencia del  “Estado en Blanco”.

Desde la perspectiva que venimos sosteniendo, todavía parece necesario remarcar el carácter sistémico y civilizatorio de esta crisis y continuar desanudando las lógicas androcéntricas y patriarcales de las formas de producción basadas en el despojo, la extracción y el aniquilamiento de cuerpos y territorios.

Territorios en disputa

Las víctimas de femicidio y sus familias organizadas en busca de justicia nos enseñaron que para deconstruir las violencias que culminaron en estas muertes no basta con problematizar el amor romántico y los ideales de pareja. Ni tampoco alcanza con desafiar las fronteras de lo doméstico, ni las estrategias de empoderamiento. Se volvió necesario indagar en las fuerzas estructurales y cotidianas que están minando las tramas comunitarias de sostenimiento y reproducción de la vida. Y situar a los femicidios en un aumento generalizado de la violencia, la narcocriminalidad con alto involucramiento policial y penitenciario y de la crueldad y, en términos más amplios, en procesos extractivos y de despojo y precarización de las condiciones de existencia donde todos los bienes aumentan su valor a ritmo constante hasta volverse inaccesibles, excepto la vida, que cada vez vale menos. Mejor dicho, algunas vidas. 

Desde esta óptica, pusimos la lupa en Rosario, ciudad que nos señala cómo el cuerpo de las mujeres emerge como un renovado territorio de disputa en el contexto del entramado narco-policial-penitenciario de la ciudad. Coincidimos con Rossana Reguillo cuando caracteriza a estas violencias como “pasillos”: “vestíbulos entre un orden colapsado y otro que todavía no es, pero está siendo. De ahí su enorme poder fundante y su simultánea ligereza”. La tensión actual es producto de la crisis del Estado en Blanco que deja expuesto al Estado en Negro y provoca la disputa por el control de todo el aparato.

Lo que la violencia hace emerger sin pudor son territorios en disputa, sí, todavía. 

Pero una disputa desigual, invisibilizada por los supuestos creadores de sentido social: medios y academia. 

La sociedad mexicana y en especial, las mujeres de Ciudad de Juárez, batallan desde hace décadas contra la máquina femicida ante el monumental silencio académico de la UNaM, la mayor unidad de producción de teoría social iberoamericana. Silencio que funciona como un enorme operativo de lavado epistémico de lo narco 

Los territorios argentinos que luchan hoy para que el narco-fascismo no termine de capturar el aparato del Estado y con él, la democracia, requieren toda la luz y compañía que muchos sectores políticos, culturales y sociales les siguen negando.

Epílogo

Los femicidios abren surcos y dejan al descubierto hilos de injusticias e impunidad que, como fibra poderosa sedimentada en el tiempo, amenazan a la vida en su totalidad y refuerzan modos desiguales, estructuralmente, de ser y estar en el mundo. 

Un femicidio es un cimbronazo, y ya son 300 las muertas por violencia patriarcal en este 2022. 

Acá estamos, entre ruinas, caminando con la tierra resquebrajada de muerte a nuestros pies. 

Las mujeres, travestis y trans nos vemos empujadas a pensar desde el dolor, para intentar regar nuestros territorios arrasados y dotarlos de horizontes de verdad y de justicia.  

Nuestras muertas nos duelen, pero también nos hablan. 

Sus cuerpos narran una historia personal y colectiva. 

En tiempos de análisis políticos, encuestas y especulaciones electorales, ¿no son las historias de estos 300 femicidios y transfemicidios las que debemos comprender para trazar una radiografía de época? 

Es urgente. Porque enfrente está la muerte.

Seguir leyendo

LA ÚLTIMA MU. Crecer, crear, cooperar

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente.