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La revolución no será posteada

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Un estudio realizado en distintas partes del mundo relativiza el impacto político de las redes sociales, sobre todo en los lugares alejados de las ciudades. Y plantea que cuando los usuarios utilizan la política lo hacen más para crear un discurso común de frustración y desilusión, que para hacer la revolución. Por Nell Haynes, para Diagonal.

La revolución no será posteada
En pleno proceso de primarias en los partidos demócrata y republicano en Estados Unidos, no faltan comentarios políticos, artículos de análisis y, desde luego, memes humorísticos, en Facebook, Twitter, Instagram y otras plataformas digitales. Esta actividad en las redes sociales se da por todo el planeta. Desde los bolivianos que dan su #sí o #no a las fotos de Instagram con el fin de animar el voto sobre la limitación de mandato presidencial hasta los ugandeses que utilizaron redes encriptadas en las redes sociales prohibidas durante las elecciones presidenciales, la política en las redes sociales no se circunscribe a países como Gran Bretaña o Estados Unidos.
Sin embargo, la mayor parte de nuestros conocimientos sobre los efectos de las redes sociales en la política –y la política en las redes sociales– procede de lugares como Nueva York, Washington, Londres, Madrid, Santiago, La Paz y El Cairo. ¿Cuál podría ser la relación entre la política y las redes sociales en lugares más remotos donde falta una voz política propia o habitados por personas que ven la política como algo para ‘aquella gente que vive en las grandes ciudades’?
En un largo estudio realizado sobre las redes sociales en nueve ‘lugares remotos’, investigadores en ciencias sociales se plantearon la misma pregunta. El proyecto Why we post fue desarrollado por la University College of London (UCL). Se realizaron entrevistas y encuestas, se interactuó con los participantes digitalmente y se determinó que la política estaba presente de alguna manera en las redes sociales.
Sin embargo, los habitantes de estas ciudades no suelen considerar la movilización política como el uso principal de las redes sociales, ni piensan que la expresión de la política en las mismas afecte a su vida diaria. Lo que descubrieron los investigadores –en una ciudad minera del norte de Chile, en una ciudad obrera del noreste de Brasil, en una pequeña ciudad de Trinidad, en un pueblo inglés, en una pequeña ciudad del sur de Italia, en una ciudad mitad kurda mitad musulmana en el sureste de Turquía, en un centro industrial de Tecnología de la Información (T.I.) en la India, en un pueblo rural del norte de China y en una ciudad industrial del sur de China– es que la política es pienso para el entretenimiento humorístico en las redes sociales, no un mecanismo para la revolución política.
Esto contradice la vasta literatura sobre la influencia de internet en la política, empezando por su papel en los nuevos movimientos sociales de los años 90. A principios de siglo, esta literatura surgió con un evidente optimismo sobre el potencial de la gobernanza electrónica para puentear la brecha digital. Más tarde, la atención se centró en el papel de las plataformas web 2.0 y los contenidos generados por los usuarios y, más recientemente, en las consecuencias de la extensión del wifi y los medios móviles, tales como los teléfonos inteligentes, sobre todo en lo que se refiere a la organización de la actividad política colectiva. De alguna manera, el optimismo ha perdurado, poniendo el foco en el papel de las redes sociales en la organización de la acción política y las formas alternativas de ésta, especialmente en las diversas experiencias regionales de la ‘primavera árabe’.

No tan optimista

El estudio de la UCL no es tan optimista como esta literatura. El uso de las redes sociales entre los residentes de las nueve ciudades del estudio refleja más bien su implicación limitada e indirecta en la política en su vida no digital. Por ejemplo, en el pueblo inglés y las ciudades del norte de Chile e Italia, muchas personas muestran una frustración general con la política, igual que la mayoría de sus contactos en las redes sociales. En todos estos lugares, las personas comparten a menudo sus opiniones en Facebook no como forma de protesta para iniciar un cambio, sino con humor como una manera de estrechar lazos comunitarios. En esencia, en vez de ‘hacer política’, utilizan la política con el fin de crear un discurso común de frustración y desilusión. Igual que con el deporte y las celebridades, la política proporciona forraje para una cultura popular compartida.
En Trinidad, la política toma a menudo la forma de espectáculo, pero vista desde una cultura popular. Por ejemplo, cuando el doctor Wayne Kublalsingh de la Universidad de las Antillas inició en 2006 una huelga de hambre de 21 días para protestar contra la construcción de una autopista, no consiguió parar el proyecto, pero se organizó un gran debate en las redes sociales. Los comentarios y las fotografías del deterioro de su cuerpo se mostraron tanto en los medios convencionales como en las redes sociales y los usuarios se vieron envueltos en el drama que se desplegaba debido a su naturaleza espectacular más que por tomar una posición política sobre la construcción de la autopista. Y cuando el primer ministro acordó revisar el proyecto, Kublalsingh puso fin a la huelga, con lo que se terminó la implicación del gran público en el tema.
Aunque la huelga de hambre provocó conversaciones en torno a los temas importantes de la gobernanza y el desarrollo, estas inquietudes políticas fueron eclipsadas en gran medida por el espectáculo de la huelga de hambre, que inspiró muy poca acción política. Muchas personas comentaron en entrevistas y encuestas que, aparte de hablar del espectáculo, no querían que se les asociara con acciones percibidas como ‘activismo’ o ‘participación política’. Consideraron las conversaciones y las bromas en torno a la política aceptables, pero menospreciaron ‘hacer política’ y escribir comentarios ponderados en las redes sociales.

Espectáculo, escándalo y cotilleo

Igual que con los residentes de las ciudades en Inglaterra, Chile e Italia del estudio, es el espectáculo, el escándalo y el cotilleo lo que tiene repercusión en los usuarios, así que son estos aspectos de los asuntos políticos los que se realzan, mientras que los detalles del debate político están ausentes de las redes sociales. Incluso en la ciudad industrial china, los usuarios varones de clase media utilizan las redes sociales para burlarse de la política y los políticos, con el fin de parecer graciosos e inteligentes ante sus iguales. En cada una de estas ciudades, en vez de ‘hacer política’, la gente corriente utiliza las redes sociales para ‘observar’ la política, igual que los espectadores de un partido de fútbol, es decir, como entretenimiento.
En la ciudad del sur de Italia, aunque es común tener amistad con políticos locales de diferentes grupos, se extrema la prudencia al hablar de política en Facebook o adherirse a una causa en particular, debido a la visibilidad asociada a las redes sociales. Es muy poco frecuente que estos italianos marquen “me gusta”, comenten o compartan comentarios políticos que se refieran a un político local en particular. Los propios políticos locales difunden a menudo publicidad favorable sobre su trabajo y publican actualizaciones detalladas sobre sus logros en el ayuntamiento, pero el público en general no se implica en estos temas. En cambio, utilizan las redes sociales para criticar a los personajes públicos, que representan a ‘Europa’, al ‘Estado’ y a la ‘región’. Sólo se implican en temas políticos lo suficientemente generales para no suscitar la posibilidad de que alguien discrepe de su posición. De manera que sus comentarios suelen reducirse a temas como el desempleo, la ineficiencia gubernamental y la corrupción.

Asimismo, en la ciudad minera chilena, las redes sociales se utilizan a menudo paraexpresar decepción con el Gobierno nacional, pero se hace difundiendo memes que ridiculizan al Presidente o a otros políticos destacados. En vez de ser un medio para cambiar la política, estos memes contribuyen a la cohesión local. Al distanciarse de la política nacional y del poder asociado a las personas que residen en la capital de la nación, los chilenos que viven alejados de la urbe cosmopolita sitúan su posición tanto física como política en los márgenes de la nación. Aunque pueden utilizar Facebook para abordar temas locales –como apoyar la construcción de un hospital en la ciudad o protestar contra los planes municipales de convertir un campo de fútbol muy solicitado en un aparcamiento de coches– la solidaridad local es siempre la esencia de la utilización de las redes sociales para fines políticos.
 
En el complejo indio de T.I., los usuarios de las redes sociales no emiten a menudo comentarios serios sobre la política local porque sería demasiado visible para toda la comunidad y podría provocar reacciones negativas en los políticos locales. En su lugar, la crítica en torno a los asuntos políticos locales y la gobernanza se produce en las conversaciones privadas. Las únicas personas que son políticamente activas en las redes sociales son las que trabajan a favor de los partidos políticos locales y sus comentarios tienen el propósito de conseguir apoyo al realzar los acontecimientos o éxitos del partido. Este tipo de comentarios suele atraer los “me gusta” y respuestas de amigos cercanos y otros compañeros del partido.

Temor y sospecha

En la ciudad india, como en la del noroeste de Brasil, los usuarios temenconsecuencias negativas si los partidos rivales consideran antagónicos sus comentarios en las redes sociales. Centran su atención en mantener buenas relaciones con los partidos políticos locales y sus dirigentes. En agosto de 2014, durante la campaña electoral de Brasil, circulaban por los pueblos vehículos con propaganda, emitiendo por altavoz eslóganes y jingles de todos los políticos. Los vecinos se reunían a menudo para discutirlos, pero no se implicaban digitalmente en el comentario político.
Incluso en los lugares en los que la vida diaria está más estructurada por la afiliación y la lucha políticas, las redes sociales no forman parte necesariamente de esta configuración. La ciudad kurda/musulmana del sureste de Turquía, cerca de la frontera siria, tiene una larga historia de conflicto político y violencia. Sin embargo, los ciudadanos se abstienen de discutir de política en los espacios públicos, lo que incluye las redes sociales públicamente accesibles. Estos debates se reservan para el hogar en el que es más probable compartir opiniones y valores con la familia y los amigos cercanos. Durante las elecciones locales de marzo de 2014, algunos simpatizantes rompieron su silencio y participaron en las reuniones públicas en solidaridad con su partido político. Pero incluso en ese momento, nadie escribió comentarios en su propio muro de Facebook.
En la Turquía kurda, se considera que Facebook es aún más público que personarse en una reunión. Se utiliza principalmente para mantener buenas relaciones con los amigos y familiares, de manera que no pronunciarse en torno a asuntos políticos locales es importante para la coexistencia pacífica, tanto digital como no digital. Los residentes de esta ciudad turca saben también que no deben fiarse siempre de lo que ven en las redes sociales. Por ejemplo, saben muy bien que, en septiembre de 2013, el partido en el poder, el AKP, reclutó a más de 6.000 usuarios de las redes sociales con la intención de influir en la opinión pública. De forma que las redes sociales tienden a reforzar el clima político general de la ciudad, lo que incluye la ausencia de debate en torno a la política local y la capacidad del partido en el poder para suprimir las opiniones de la oposición.

Control del Estado

Por supuesto, en Turquía –como en China– el Estado controla explícita y sistemáticamente el uso de las redes sociales y la vigilancia ejercida por el Estado es una fuerza poderosa que ha influido en cómo se utilizan los espacios semipúblicos de las redes sociales. El Gobierno turco prohibe y bloquea directamente ciertos sitiosde las redes sociales. Varias páginas en Facebook que apoyan al partido kurdo Paz y Democracia (ahora el Partido de las Regiones Democráticas) se han cerrado y se acusó a algunas personas de difamación por haber criticado en las redes a figuras poderosas.
La mayoría de los opositores al Gobierno sienten la presión de ser vigilados, lo que conduce a la supresión del libre debate político digital, de la misma manera que se ha suprimido en los lugares no digitales más públicos. Las redes sociales configuran un entretejido de lo social y lo político de tal manera que la vigilancia del Estado solapa y es reforzado por la vigilancia social de amigos, conocidos o familiares.
Pero más importante quizá que la censura de los Estados es cómo éstos hacen uso del poder mediante las normas sociales que gobiernan las relaciones entre individuos. Y puesto que las redes sociales son en efecto sociales –fundadas en las relaciones entre individuos– estas normas influyen en el uso de las mismas. En las dos ciudades chinas del estudio, la historia de los medios locales y su relación con otras áreas de la vida crean una norma poderosa por la que los residentes ni siquiera conciben las redes sociales como el lugar apropiado o posible para discutir de política y criticar al Gobierno central. Consideran más bien las plataformas de redes sociales como QQ y WeChat como lugares de entretenimiento para crear nuevas relaciones y fortalecer las antiguas.
Esta falta de crítica a la labor del Gobierno o de cualquier tipo de implicación política es mayor cuando se compara con el gran interés popular por debatir temas políticos en espacios no digitales, como son las comidas. La censura directa estuvo ausente, casi innecesaria, porque a medida que se iban desarrollando las redes sociales en China, se configuraban al mismo tiempo como lugar de entretenimiento y amistad, haciendo que la implicación política fuera inapropiada en las mismas.

Relaciones sociales y valores locales

En términos generales, se trate de contextos de vigilancia por parte del Estado o del acceso libre a las redes sociales, en todas las ciudades del estudio, la expresión de los individuos en las redes sociales se orienta por regla general hacia la protección y el cuidado de las relaciones sociales y el prestigio personal. Igual que con las interacciones no digitales, las redes sociales se ven como un lugar para mejorar el estatus social o la popularidad de uno, para asociarse con grupos que se consideran prestigiosos o simplemente para mantener buenas relaciones con otras personas. Pero, por supuesto, la gran visibilidad de las redes sociales reafirma este fenómeno, de manera que sea en primer lugar un espacio para expresar ideas y valores compartidos.
Así que cuando observamos cómo la política se desarrolla en las redes sociales desde una perspectiva más global, se hace evidente que las normas sociales, los tipos de redes y los límites de la aceptabilidad social determinan en gran medida si se debate políticamente o no. Los sentimientos de indiferencia, desilusión o apatía pueden contribuir a la decisión de algunos individuos de abstenerse de discutir de política en internet, pero es más frecuente que las redes sociales sean tan sólo un lugar para la interacción y la socialización de un pequeño grupo. De esta manera, para la mayoría de las personas, tiene más sentido utilizar la política para realzar las redes sociales que utilizarlas para ‘hacer política’.
Esta conclusión puede parecer pesimista, pero apoya otro descubrimiento del estudio relacionado con los efectos de las redes sociales e internet en general sobre la homogeneidad global. El hecho de que las normas sociales locales estén tan arraigadas en cada ciudad que ni el debate político puede cambiar este equilibrio, demuestra que incluso algo tan ubicuo como las redes sociales no consigue que nos parezcamos.
Las redes sociales se utilizan de manera diferente en según qué lugares, siempre de acuerdo con la historia local, el sistema político, las condiciones económicas y los valores culturales. Aunque los contextos locales pueden disuadir a muchas personas de implicarse abiertamente en política en contextos digitales, podríamos concluir que el resultado no visible es positivo. Las redes sociales no representan una influencia uniforme en el mundo, sino que se emplean de manera específica en cada ciudad. Aunque no todas las personas utilizan las redes sociales para inspirar revoluciones políticas a nivel nacional, ni siquiera local, las utilizan para mejorar su vida de acuerdo con sus propios valores sociales.
Fuente original: Red Pepper
Traducción: Christine Lewis Carroll

Documental a un año de la represión del 12 de marzo

Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

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El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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MU 211: Método Pablo

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MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.




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¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA




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El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”

Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA




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El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión

Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA




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Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI




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Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.




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Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura

Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI




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Carta abierta: Masacre planificada 2026

Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI




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Politizate: La Kalo

Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI




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No podrán: Luciana Jury

Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA




Cabo suelto: Crónicas del más acá

Carlos Melone

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INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL

Temporada de femicidios

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Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)

Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.

Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.

Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.

No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.

Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los  femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Temporada de femicidios

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.

Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.

El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Temporada de femicidios

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.

Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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