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Paro Nacional de Mujeres: la realidad a la hora 13

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Por primera vez en la historia hubo un Paro Nacional de Mujeres: la convocatoria tuvo una respuesta masiva. Cortes de calle, manifestaciones en los lugares de trabajo y hasta un paro histórico en el Banco Nación. Imágenes, postales y voces de lo que sucedió en las calles de Buenos Aires de 13 a 14 horas.
Un corte total de la Avenida de Mayo y San José, bajo la lluvia y el viento con que la Primavera adhiere al luto: cientos de mujeres vestidas de negro se suman, y reciben apoyo de automovilistas y motoqueros a los bocinazos. Más mujeres salen de pizzerías y restaurantes para nutrir el corte,  igual que mucha de la gente que sale del subte.
Corte en Corrientes y Paraná. Los bombos son los bidones de los dispensers de agua de las oficinas, y los sellos empresariales se usan para batir el parche.
Un paro en el Banco Nación, inédito por no tratarse de un reclamo bancario o salarial.  En empresas públicas y privadas en las que las mujeres lograron organizarse en pocos días.
Una ronda conmovedora de cientos de mujeres junto al Obelisco que aplauden mirándose y acompañándose, hasta que saltan al asfalto para cortarle el tránsito a la violencia. Una lleva un cartel: “Perdón por las molestias, pero nos están asesinando”.
Una vendedora ambulante de gaseosas, Sol, grita dentro de un colectivo: “Mujer, escucha, únete a la lucha”. La aplauen.
Una vendedora de paraguas, Mónica, relata que su padre le pegó durante 30 años a su madre, a ella, y a sus nueve hermanos. Y cuando su propio marido le pegó, Mónica se fue a vivir a la estación de Constitución.
Dos chicas suben al subte y ante el silencio del vagón repleto dicen a dúo: “¿Qué pasaría si un día cansadas de que nos maten, nos violen, nos desaparezcan, nos humillen, nos juzguen, nos golpeen, nos maltraten, nos violenten, nos discriminen, nos prostituyan, nos niguneen, nos empobrezcan… qué pasaría si ensayamos rebeldías y las vemos redundar en organización poder y victorias? ¿Qué pasaría si undía decidiésemos no ir a trabajar? Nuestras voces se desgarran gritando Ni una menos. Nos sobran motivos para ir al paro”. El final fue una ovación asombrosa.
Jamás hubo un Paro Nacional de Mujeres. Jamás hubo huelgas contra psicópatas, golpeadores, cobardes, miserables, asesinos, amparados por una cultura, un mercado y un Estado a los que, en un gesto de elegancia, se llama patriarcales.
Pero llegó el 19 de octubre de 2016, un día muy particular. En medio de una ola serial de crímenes, las mujeres salieron a la calle, otra vez, a pronunciar una palabra que parece que todavía no se entiende en toda su magnitud: basta.
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Ministerios y zapatos

Hubo paros en los ministerios, casas provinciales, entidades públicas, motorizados en buena parte por ATE. Pero frente a Plaza de Mayo sólo había tres mujeres, que lograron ser una multitud en ese ámbito. Fue enorme la adhesión en el nuevo edificio de la Auditora General de la Nación. En el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos las mujeres bajaron a la calle hasta con una campana. En el Banco Nación hubo paro motorizado por las comisiones internas. En empresas privadas, como la zapatería Clona, se anunciaba el cierre del local de 13 a 14 en adhesión al paro de mujeres.
En una farmacia una de las empleadas dijo a lavaca: “Claro que adhiero, pero no puedo parar yo sola y arriesgarme a perder el trabajo. Me voy más tarde a la marcha”.
En una pizzería la joven que atendía prefirió no hablar, mientras miraba de reojo al cajero.
En el subte en el que las jóvenes llamaban al paro entre ovaciones, se dio una paradoja indumentaria. El 90% de las mujeres estaba de negro, como se llamó a vestir en este día. El 80% de los varones andaba colorido. Más allá de las casualidades, se reabría el viejo dilema sobre si el hábito hace al monje.
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El símbolo de un día

Mónica Gerez, en la esquina de Rivadavia y Callao, vende paraguas a 100 pesos. La charla casual sobre los paraguas deriva a una historia que podría simbolizar todo lo que significa este paro: “Mi padre le pegó a mi madre durante 30 años. Somos 10 hermanos. Vivíamos en Moreno. Una hermana no nació porque mi mamá estaba de ocho meses y él le pegó con una maza en la panza, y mató al bebé. A todos nos pegaba. Me fui de casa cuando tuve pareja. Cuando estaba embarazada mi marido me pegó. Entonces dije: me voy, no voy a hacer como mi mamá. No tenía a dónde ir así que me fui a vivir a la calle, y al poco tiempo a la estación Constitución. No quería volver a lo de mis padres, porque yo camino mal, y mi padre se burlaba y me decía chueca. No quería que me dijeran eso”.
Mónica efectivamente tiene unproblema par caminar: “Es congénito. Los médicos me dijeronque como mi padre se drogaba, eso me hizo nacer con esa malformación. Pero se reía y me discriminaba y medecía chueca”. Mónica logró vivir en un hotel.
Tiene 25 años, tres hijos y otra pareja: “Por ahora, todo bien” ríe. Y reconoce que siempre hay que esrtar atenta.
¿Y sus padres? La mamá de Mónica logró hablar con los vecinos que impulsaron el juicio al hombre golpeador. Hasta lograron filmarlo mientras le pegaba a su mujer. Mónica dice: “Por suerte se pudo hacer. Mi papá hace 3 años que está preso. Le dieron 11 años por eso de la violencia de género. Por pegarle a mi mamá embarazada con la maza no le dieron nada, porque dicen que pasó mucho tiempo y que tendría que haberlo denunciado en su momento”.
Basta de distracciones. Mónica anuncia: “Paraguas, paraguas” a la gente que pasa mirando al piso.
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Derechos humanos

Camila García es agente de la Auditoría General de la Nación y habla entre un cúmulo de aplausos que la obliga a alzar la voz en Avenida de Mayo, frente a Plaza Congreso. Dice debajo de un paraguas: “Los derechos de las mujeres se están viendo vulnerados de forma extrema con los femicidios, y esto forma parte de una batalla cultural que viene desde el mismo vocabulario a partir del momento que nacemos. ¿Por qué no podemos ejercer libremente nuestra libertad? Desde que nacemos el vocabulario nos condiciona, en lo que queremos ser, y todo eso influye en la cosmovisión que la sociedad argentina tiene sobre la mujer”.
¿Qué implica en ese vocabulario hablar de un Paro Nacional de Mujeres? “Las mujeres vivimos trabajando, todo el tiempo, y construyendo con nuestros hijos y familias. Esto es algo que tenía que darse. Es significativo. La Auditoría es un organismo colegiado, donde hay muchas visiones, representado por muchas fuerzas, pero hoy estamos acá como trabajadoras. Es sumamente rescatable que nos encuentre a todas unidas, más allá de las diferencias políticas que podamos llegar a tener. Es muy importante porque la única forma de transformas la realidad es a través de la política, también con hombres. La batalla cultural se da en la calle, yendo en contra de ese vocabulario que nos condiciona. Esta situación traspasa lo político: es un derecho humano. Lo que estamos reclamando es un derecho humano”.
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Ovarios

Denise, Natalia y Julieta son trabajadoras de la secretaría de Integración Social y Urbana del Gobierno de la Ciudad. Desde el Obelisco cuentan que trabajan en la gerencia operativa de soporte social de Villa 31. Natalia: “Los femicidios de las últimas semanas hicieron que salgamos. Nos están matando y necesitamos decirle a la gente que algo está pasando. Donde trabajamos hubo un femicidio hace tres semanas y no lo vi en ningún medio”.
Denise pone nombre: “Daiana, 19 años, vivía en el playón de la Villa 31 bis. La mató su pareja”. Luego piensa: “La muerte de estas chicas es el tema. Por eso la gente decidió salir a la calle. Se llega a un extremo que ya no es sólo el asesinato de mujeres, es también las violencias cotidianas que vivimos en todos lados. Y es algo que conocemos porque laburamos ahí: a la madre de Daiana la amenazan y está en una situación muy vulnerable. Estas situaciones vemos que llegan después de muchas denuncias previas que no activaron ninguna política pública, porque tampoco hay. A eso se le suma la situación de ajuste que sufrimos”.
¿Cómo se traduce esta discusión en sus trabajos? Natalia: “Esta es nuestra hora de almuerzo, no sabemos qué están haciendo nuestros compañeros. En nuestro trabajo planteamos hacer una actividad de sensibilización de la temática. Nos preguntábamos si se iban a copar con la actividad. También había un cierto temor de decir que íbamos a parar. No sé si tuvimos los ovarios para decir que íbamos a parar, por eso lo propusimos en términos de actividad”.
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Diarios golpeadores

La lectura de diarios, para comprender el clima informativo que esperaba al Paro, desgranó algunos asombros:

  • El diario zonal La Nación mencionó la concentración alrededor del Obelisco de la tarde, pero olvidó mencionar que luego se dirigiría a Plaza de Mayo.
  • En una nota sobre si los políticos argentinos votarían a H.Clinton o a D. Trump, lograron el 5×1: encuestaron a cinco políticos varones y una mujer.
  • El periódico contrainformativo Clarín planteó un “fuerte debate” alrededor de la convocatoria, tomando como fuentes de tal discordia ciertos comentarios de Facebook, mostrando a qué se está reduciendo el frasco de la realidad de las empresas periodísticas, y cómo se ejerce el arte de empiojar.
  • Se supo que en el afán por desactivar la Procuración General de la Nación, se desactivó también la Unidad contra la Violencia de Género. Se duda aún si fue deliberado, o una equivocación. Tampoco se sabe qué es peor.

En las plazas y en las calles seguía la lluvia. Mientras, se iba gestando el segundo evento del día, convocado a las 17 horas.
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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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