Nota
Carpa mantera en Once por el derecho al trabajo
Las manteras y manteros desalojados en enero por el Gobierno de la Ciudad plantaron una carpa en Plaza Miserere, Once, para reclamar por su trabajo. La mayoría son mujeres con hijos. Algunos firmaron un acuerdo con el Gobierno que incluye una capacitación con la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) sobre “emprendedurismo”: “Nos enseñan lo que ya sabemos”. Crónica, voces, fotos y paradojas de cómo está la calle.
En Plaza Miserere, entre los bocinazos y la ola de calor en Once, hay un cartel que dice: “Manteros en lucha. Seguimos con el acampe hasta conseguir respuestas”. Al lado, un tinglado que cubre a 10 personas sentadas que comen alrededor de una mesa de madera. Otras 20 personas se refugian en la sombra. “Todos somos trabajadores que no podemos trabajar”, resume Luzmery, vendedora de ropa para niñas en la esquina de Mitre y Pueyrredón, que ahora vende de forma ambulante gaseosas a 10 pesos. “Todos somos trabajadores que en enero fuimos desalojados sin previo aviso. Acá hay familias enteras que tenían a cargo familias y que de la noche a la mañana quedaron en la calle”.
Luzmery habla del megaoperativo que el Gobierno de la Ciudad desató en enero en Once para desalojar a las manteras y los manteros de la zona. El despliegue policial puede verse aún en los registros audiovisuales del día, como así también los rostros de las personas desalojadas. Muchos de ellos están hoy en la plaza y son mujeres, como Sisi: “Siempre trabajamos en la calle vendiendo ropa, juguetes. Siempre hemos trabajado. Pero la gente decía que vendíamos droga, que éramos una mafia. No somos ninguna mafia. Yo vendía ropa de bebé en Pueyrredón y Sarmiento con mi hija, que tiene dos nenes. Ahora no podemos pagar nuestra piecita y tenemos que estar aquí”.
Entrenando al enemigo
Las manteras explican que el conflicto entró en una meseta luego de un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad. “Es un ´acuerdo´, entre muchas comillas”, aclara Luzmery. “No lo compartimos, pero muchos lo agarramos porque no nos quedaba otra salida. Se trata de una capacitación en CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) por dos meses que estamos haciendo los manteros que nos censamos. Mientras, cada 15 días te pagan 6 mil pesos: son 12 mil al mes”. Vale aclarar que CAME es el principal actor que no considera esta actividad un trabajo, sino una mafia.
¿Sobre qué es la capacitación? Luzmery: “Sobre emprendimientos. Nos enseñan lo que cada uno de nosotros lleva con uno mismo. Nos enseñan lo que ya sabemos”.
Sisi: “Y la plata que nos pagan no nos alcanza. Yo pago 3500 pesos la pieza. ¿Con cuánto me quedo? Con 1500. Pero tengo que comprar zapatos de colegio, el uniforme: son 1000 pesos. Me quedo con 500: ¿qué hago? ¿Qué como? Eso no ve la gente. Ahorita no estoy vendiendo nada”.
Luzmery: “Mi marido también vendía golosinas. Manteníamos un hogar con 8 niños. Todos a cargo de nosotros dos. Ahora imagínate, todavía no pude comprar un lápiz. Hoy empezó el colegio y no va a ir esta semana porque no tengo ni para comprarle el guardapolvo”.
¿Qué es lo ocurrirá, según el “acuerdo”, después de la capacitación? Sisi: “Una vez que acabe todo esto no sé qué va a pasar. Para mí, nada. Nos quieren mandar a un sitio donde no pasa gente, y la que pasa, te roba. La gente no quiere ir allí porque tiene miedo”.
Luzmery: “La estrategia del gobierno es mantenernos entretenidos para que estemos un poco calmados. Igual ellos saben que si no cumplen la gente va a volver a la calle. Nosotros somos trabajadores y no vamos a parar hasta lograr que nos den el trabajo que nosotros queremos. Estamos esperando. Por eso la carpa sigue aquí para recordarle siempre al Gobierno que estamos presentes, que no nos vamos a dejar chamuyar, que vamos a seguir en pie de lucha. El que es de la calle y luchador, hermano, no va a bajar los brazos nunca. Hay que saber tener paciencia y esperar”.
Sin chamuyo
Luzmery: “El gobierno se equivocó en pensar que éramos una mafia. Somos trabajadores que vivimos y luchamos el día a día. Si yo fuera mafia estaría sentada en mi casa con los bolsillos llenos, pero tengo que salir igual a solearme y caminar y trabajar, sabiendo y conociendo el peligro de que Espacio Público me puede quitar la mercadería. El hambre de mi familia me hace salir a la calle. El Gobierno nos pisó hasta lo más profundo de nuestra dignidad: ellos son los grandes mafiosos. Miremos a la mujer del Presidente, la Primera Dama (por Juliana Awada): mete mercadería en La Salada de forma ilegal. ¿Por qué nadie le dice nada? ¿Es porque tiene poder? Pero nosotros sufrimos las consecuencias. No somos trabajadores ilegales, sino informales: el Gobierno tendría que habernos formalizado y reconocer que somos trabajadores de alma. Desde que fuimos desalojados, y me duele porque vivo aquí todos los días, hay compañeros que arrebatan celulares porque tienen que darle de comer a sus familias. ¿Sabés qué es lo que hizo el Gobierno con todo esto? Crear más delincuencia: todos esos chicos vivían del trabajo que tenían”.
Sigue Luzmery: “La ley dice que nosotros podemos vender ya que es ´mera subsistencia´. ¿Qué quiere decir? Que yo, con seis gaseosas, no estoy compitiendo con un negocio, pero son tan desgraciados que hasta seis gaseosas te quitan. El otro día me quisieron sacar la mercadería y la empecé a regalar. Es mi plata y yo con ella hago lo que quiero. Encima te dicen: ´Si no te gusta que saque las cosas, andate a tu país´. Eso es discriminación. Es doloroso: no somos mafia, somos gente humilde. Se ríen de nosotros los pobres, porque ellos no nos quieren: les molestan los pobres, porque no tienen las necesidades que tenemos nosotros. Se agarran de un pobre vendedor en vez de agarrar a los grandes capos que distribuyen la mercadería ilegal. ¿Pero sabe qué, hermano? No nos vamos a ir. Vamos a seguir en la lucha”.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

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