Nota
Les jóvenes: adolescentes trans
Se organizaron para dar respuestas colectivas a lo que les pasa por la cabeza y el cuerpo. Cuestionan el adultocentrismo y trazan un puente con lxs niñxs. Se imaginan un mundo sin estereotipos, con más preguntas y menos certezas. Las sensaciones, los tratamientos, lxs amigxs y los sueños. MARÍA DEL CARMEN VARELA
La construcción de mundos futuros, no capitalistas, donde quepan muchos mundos, como dicen los zapatistas, un multi-verso, en palabras de Humberto Maturana, o el jardín de los senderos que se bifurcan, en palabras de Borges. Yo hablo de pluriversidad”, dice el sociólogo Walter Mignolo en la revista MU de octubre de 2011. Para ello – aclara Mignolo- es necesario recurrir a procesos de descolonización del saber y del ser. ¿Qué significa? Sacar a Colón de nuestras cabezas. ¿Por qué? Porque el pensamiento colonial nos inoculó una visión específica de la historia -nuestra historia- sobre la identidad, el racismo, el machismo y la dominación.
¿Y? Así estamos, infectados de patriarcado.
¿Cómo construimos muchos mundos?
¿Y si empezamos a recorrer esos senderos bifurcados?
Podemos hacer estallar el uni-verso? ¿Y si volvemos a ser el Nuevo Mundo?
Contención e información
En una fecha significativa, el 12 de octubre del año pasado, el Movimiento de Juventudes trans inauguró la primera publicación en Instagram. Desde las redes, publicaron su primer manifiesto: “Acá somos tres pibes trans. Tenemos 16 y 17 años. Decidimos crear este espacio como un medio de contención e información para jóvenes trans, para que el tránsito sobre la escolaridad, la familia, y la sociedad en sí se dé lo mejor posible, porque somos conscientes de que no encajar en lo establecido es difícil, y queremos, entre todes, brindarnos la posibilidad de ser felices con nuestras Identidades y tener las herramientas necesarias para defendernos en un mundo diseñado para unxs pocxs. Ésta también es nuestra forma de demostrar y visibilizar que les adolescentes trans existimos y las juventudes e infancias trans son posibles. Que no es una etapa, ni una moda o una enfermedad, sino nuestra forma de habitar el mundo”. Así se expresa el movimiento que propone dar lugar a muchos mundos, que imagina un pluri-verso y lo construye desde el amor y el respeto. Adolescentes que se descubrieron con otros sentires y otras resonancias. Habitando ese estallido, crean otro mundo.
En menos de un año de darse a conocer como movimiento recibieron cientos de consultas y comenzaron a dar talleres y capacitaciones. No tienen todas las respuestas, pero saben qué sendas no quieren transitar. Cuestionan el mundo en apariencia sólido de los adultos y adultas y construyen desde una arquitectura más flexible y adaptable. Conocen las vivencias que les tocaron y les siguen tocando recorrer a les trans adultes, y las consecuencias de esas decisiones. Agradecen lo desandado, eligen alejarse del dolor y acompañarse en el desafío de construir sus propios caminos.
Contra el adultocentrismo
¿Por qué nace el Movimiento de Juventudes Trans? Félix, Giovanni y Feliciano se conocieron por las redes y se hicieron amigos. Giovanni fue a una charla de Gabriela Mansilla -la mamá de Luana, la primera niña trans en el mundo en obtener su DNI en 2013 luego de la sanción de la Ley de Identidad de género- y, cuenta, salió muy movilizado. Durante el fin de semana siguiente se juntó con Feliciano. “Estábamos pensando en armar algo porque las organizaciones son de adultos. Veíamos que la participación no era muy directa y menos que desde nuestro lugar. Fue querer crear algo que necesitamos: información accesible, pares con quienes compartir y hablar. Que alguien pueda decirte: estoy pasando exactamente lo mismo que vos, a la misma edad que vos, en el mismo contexto que vos. Tratar de crear una ¿¡red de contención”, explica Giovanni.
¿Qué tienen para decirles a les adultes? “El mundo es adultocentrista, lo dirigen los adultos, se escuchan entre adultos, se relacionan entre adultos, todo está construido para adultos y no se le da cabida a ninguna voz que no tenga más de 18, 20 años. Podemos aportar mucho al mundo, a la sociedad, al contexto. Nos dicen `ya lo vas a entender cuando seas grande`. Una de las voces más silenciadas es la de les niñes de jardín; tienen una cabeza así gigante que podés sacar bocha de información, desde un lugar de nutrirse y simplemente no se los escucha”.
En este momento son unas diez personas de entre 16 y 25 años que coordinan las actividades del Movimiento. Dan tres tipos de talleres: los conversatorios a los que concurren personas trans, comparten experiencias, se pasan información acerca de médicos piolas con los cuales atenderse, sobre tratamientos de hormonización y sus efectos y consecuencias, entre otras cuestiones. Los conversatorios abiertos en escuelas, festivales, centros culturales: la consigna es que sea un espacio para charlar y sacarse dudas. Y por último, las capacitaciones, por ejemplo para docentes. “Ahora estamos queriendo entrar en el ámbito de la salud, que es un ambiente bastante hostil”.
¿Cómo es tratada una persona trans en el ámbito de la salud? Giovanni: “Es muy violento burocráticamente porque la gente no sabe, no entiende. Le decís: mi nombre autopercibido y te contestan: ¿Qué estás diciendo? Es muy pesado el tema de la burocracia, tanto si tenés o no obra social. Si no tenés, vas a estar años esperando para todo, hacer colas e ir a las cinco de la mañana a los hospitales. Si tenés, es esperar a que te aprueben los papeles, que te den las hormonas. Es muy agotador, por eso también es un gran obstáculo que sea tan desgastante porque a veces hay personas que no cuentan con el tiempo ni con la energía para exponerse a esa situación de desamparo”. Félix: “Hay médicos y médicas preparados pero son muy pocos, en lugares muy específicos. Me pasó que fui a la ginecóloga porque necesitaba hacerme un chequeo y empezar con métodos anticonceptivos para ponerme el DIU y le dije: soy un varón trans. Ella sabía más o menos lo que era pero no sabía qué hacer y me dijo: te doy pastillas anticonceptivas pero no sé qué pasa si después tomás hormonas, qué pasa con los estrógenos y la testosterona que vas a tener al mismo tiempo. Llamó a otra médica que sabía un poco más y ahí se informaron entre sí. Tuve la suerte de que me trató con respeto y paciencia pero muchas veces los casos no son así y no te quieren dar algo que es para mujeres porque en tu DNI aparece que sos un varón. En el Movimiento tenemos un listado de profesionales que saben cómo tratarnos; es un poco del boca en boca y gracias a grupos de Facebook en los que cada uno cuenta su experiencia”.
Hormonas y amistades
Giovanni vive en Merlo, tiene 17 años y está terminando el secundario con orientación en Artes Visuales. Tiene varias carreras en mente: un profesorado de Arte, comunicación social o circo. Su transición comenzó el año pasado. “Me costó un montón decir la palabra trans, la venía evitando. Hasta que un dÍa con un amigo, estábamos tomando mate, paramos de hablar y dije: Soy trans. Hubo lágrimas. Me costó asumirme como tal, porque creo que sabía todo lo que se venía, pero con el apañe de les amiguis todo es mucho mejor. Con mi familia soy bastante privilegiado, son personas muy piolas. Yo al principio no entendía que cuando uno transiciona, todo el entorno transiciona y necesita tiempo para transicionar con vos”. ¿Cómo se vive la transición? “Durante toda mi vida yo fui súper femenina, estuve cómodo con mi corporalidad, con mi expresión, y de repente, sucedió que todas las cosas con las que me sentía cómodo se esfumaron y me tocó salir a descubrir cuáles eran mis nuevos espacios seguros. Tuve una etapa de decir: me identifico como persona no binaria, que esto no significa que la identidad no binaria sea una etapa, pero para mí fue así porque fui muy femenina durante bocha de tiempo y creía que solamente podías ser un varón trans si fuiste una chonga toda la vida. Tuve ese momento de identificarme como persona no binaria y ahora me identifico como varón trans, tal vez con una expresión no binaria. No me identifico con la virilidad, con todas esas cosas que tal vez están asignadas a la masculinidad. Creo que debemos construir nuevas masculinidades”.
Félix tiene 18 y está estudiando Profesorado de Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes. ¿Cómo te autopercibís? “Como varón trans de una forma binaria. Desde que me asumí trans fue como un largo proceso en el que me identificaba con lo no binario y me cuestionaba constantemente ser binario o no binario. Hace poco llegué a la conclusión de que por cómo me siento, cómo me gusta que me vean y me traten, podría decir que soy una persona binaria; todavía no lo tengo confirmado, puede llegar a cambiar. Sin ir para el lado de los estereotipos y roles de género de un varón o un hombre sino más bien como una percepción completamente mía”. ¿Y cómo fue la transición? “A los siete, ocho años no me gustaban las cosas de varón ni de nena y no me gustaba que me traten con ningún estereotipo. A los doce imaginaba cómo sería mi vida si hubiese nacido varón, después lo dejé pasar y a partir de una incomodidad de cómo me nombraban empecé a pensarlo, quería encontrar la respuesta rápido pero esas cosas no suceden de la noche a la mañana. Fueron varios meses de pensar y cuestionarme si era trans, si era una persona no binaria, si era cis y estaba confundido. Fue como una cuestión de descarte: mujer no soy, varón no sé, no binario tampoco sé pero no quiero que me traten con nombre femenino sino que quiero que me traten con este nombre”.
¿Qué te identifica de la masculinidad? “Me siento más cómodo con la masculinidad porque dentro de todo este constructo tan complejo que es la identidad pude hallarme en algún lado y es este. Hay muchas cosas que rechazo de la masculinidad, en la formación de mi identidad quiero lograr algo que no pertenezca a esta masculinidad tóxica y machista: quiero no formar parte de eso. Lo más probable es que sea trans toda la vida y siga siendo un varón y no quiero ser un varón como cualquier otro que no es trans y va con impunidad por la vida. Quiero poder construir eso de otra forma y que sea una forma sana. Para sentirme cómodo yo mismo y no hacer sentir incómodo a nadie más”.
Desde hace un año y medio está en pareja con un varón cis. “Es una relación muy linda, me ayudó un montón a crecer porque tenía inseguridades y el tema de una persona trans con respecto a las relaciones sexoafectivas es la escasez de deseo hacia tu persona. Como sos trans, sos raro. No saben cómo estar con vos y prefieren rechazarte. Él me ayudo un montón a sanar y a verme como un ser humano que puede sentir deseo, amor y puede ser deseado y amado, como cualquier persona debería sentirse realmente”.
Ambos quieren comenzar con un tratamiento hormonal y están realizándose los estudios previos. Giovanni: “Tengo muchas ganas de registrar todos los cambios que van a ir sucediendo porque me parece muy interesante que pensemos en esto; cada persona tiene unos niveles de estrógenos y testosterona muy diferentes pero no dejan de afectar. Es como la serotonina: existe en nuestro cuerpo y nos afecta. Yo me defino como alguien bastante andrógino, no sé si quiero tener barba, o si quiero tener una espalda más grande y la cadera más chica. Tal vez tengo eso que se le asigna a la masculinidad del cuidado, me gusta mucho proteger, pero son cosas que son personales que no sé si tienen que ver con ser varón o ser mujer”. Félix: “Empecé queriendo hacerme la mastectomía pero los trámites en hospital público se hicieron muy largos y sentí que necesitaba parar porque había muy malos tratos de parte de médicos que no entendían. Estoy queriendo empezar a hormonarme por esto de cómo me nombran y ahora quiero pasar al cómo me ven. Necesito transitar y poder habitar un cuerpo que es mío”.
Giovanni y Félix fueron los invitados del encuentro de junio del ciclo Cotorras, conducido el primer jueves de cada mes en MU Trinchera Boutique por las artistas trans Susy Shock y Marlene Wayer. “Yo quiero estudiar, ¿podrían ser mis profesores?”, les propuso Marlene. “¿Cuál sería la fórmula para no resentirse, para estar de pie de otra forma, con esa sonrisa, con ese brillo?”, preguntó Susy. “La fórmula son las amigas: no tengo otra respuesta. Para mí el único recurso de resistencia es ese. La fórmula somos nosotres”.
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
- MUndialHace 6 días
Infierno Infantino
- Qué semanita!Hace 5 días
IA, FMI, FIFA y otras pequeñas anécdotas sobre las instituciones 🙃
- ComunicaciónHace 4 semanas
Las agallas de Agulla
- ExtranjerizaciónHace 2 días
El verdadero riesgo país: las leyes que buscan seguir poniendo a la Argentina de remate
- MU214Hace 4 semanas
La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich






























