Nota
La gran estafa: Genealogía del subte
A pesar de las estaciones presentadas este mes por Larreta en la Línea E, el saldo porteño con respecto al subte es lapidario. Casi no hubo obras y las tarifas subieron sin control. Negocios absurdos, desinversión y una política guiada por el marketing: otro ejemplo de lo que significa privatizar. ALEJANDRO VOLKIND
“¿¡Qué somos nosotros, idiotas, que no podemos construir diez kilómetros de subte por año!?”
corría el 2007 y, pese a que el ritmo de construcción de nuevas estaciones era de 1,6 km por año, el entonces candidato a jefe de gobierno de la Ciudad Mauricio Macri criticaba la falta de acción frente a experiencias limítrofes como la del subte de Santiago de Chile, que avanzaba a 14 km por año, casi diez veces más rápido.
Sin embargo, ya como jefe de Gobierno porteño, Macri elaboró una serie de excusas que volvería a desempolvar en calidad de presidente al hablar, por ejemplo, de la inflación. Primero dijo que habían pecado de optimistas y no se habían estimado correctamente los costos y el financiamiento del plan. Luego, apuntó contra el kirchnerismo: “El proyecto de ampliar el subte es un viaje a la Luna por falta de vocación y apoyo del gobierno nacional”. Ya entonces la historia reciente lo desmentía. Aun en plena crisis de 2001 y 2002 la Ciudad había podido sostener con recursos propios las obras de ampliación de las líneas A y B, y hasta el tramo central de la línea H (Once- Caseros) fue construido íntegramente con fondos genuinos de la Ciudad e inaugurado en 2007 sin haber recurrido al financiamiento externo.
Ahora, tras 12 años al frente de la Ciudad, el balance es lapidario: el PRO lleva construidos menos de 1 km de subte por año. “La línea H no se terminó y no llegará a Retiro como estaba previsto; la estación Sáenz tampoco se sabe cuándo comenzará a construirse. Las líneas F, G e I -que permitirían llegar de Constitución a Palermo, de Retiro al Cid Campeador, y de Parque Chacabuco a Núñez- siguen siendo, en el mejor de los casos, un proyecto; cuando no, han sido reemplazadas por Metrobús, como es el caso de la línea I”, explica Martín Machaín, responsable del portal Enelsubte.com.
Para el gobierno no es tan grave. “El Metrobús, conceptualmente, es como un subte pero sobre el asfalto”, aseguró en su momento el hoy ministro de Transporte Guillermo Dietrich, cuya familia es dueña de una de las principales concesionarias de autos del país.
La idea de fondo es compartida por todos los funcionarios, expertos en metáforas. Detrás de la desinversión hay una decisión política que mezcla (malos) negocios con marketing. “La plata en el subte no se ve. En el Metrobús sí”, asegura Rafael Gentili, coordinador de Subte.Data, programa del Laboratorio de Políticas Públicas sobre el Subte porteño: “Por eso no ponen un peso en el subte”.
Tarifa sin control
En 2019, por segundo año consecutivo, la Auditoría de la Ciudad no podrá controlar las cuentas del subte. ¿Qué implica esto? Que no habrá ningún tipo de inspección sobre las obras que se están ejecutando en la línea E y el Premetro, que implican 2.357 millones de pesos, es decir, el 15% del presupuesto del Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte. Tampoco se podrá hacer un análisis del proceso de licitación que determinará quién se va a hacer cargo del subte por los próximos 15 años. Mucho menos conocer si está bien calculada la tarifa que paga el millón de usuarios que lo utiliza diariamente.
El rechazo de la coalición Vamos Juntos a auditar el subte tiene sus razones. Cuando el organismo de control pudo investigar quedó en evidencia la falta de planificación, el incumplimiento de plazos de obras y, lo más grave, irregularidades importantes en los procedimientos de contratación. El caso más escandaloso fue la compra de los vagones usados CAF 5000 y 6000 para la línea B, hechas en 2011 y 2013 al Metro de Madrid.
Esta operación, realizada a las apuradas y de manera irregular, es considerada la peor compra de material rodante en la historia del subte. Apenas cerrada la venta de los CAF 5000, en septiembre de 2011, el diario El País de España ya lo dejaba en claro: “El Metro de Madrid se frota las manos con los 4,2 millones de euros que ha sacado por la venta de unos vagones carne de chatarrería tras 32 años de traqueteo”, aseguraba en un artículo publicado en septiembre de 2011. Allí también describía cómo Mauricio Macri había inspeccionado los trenes: “como si fuera un entendido en la materia”.
En efecto, la lectura del periódico español era acertada: muchos de estos vagones nunca fueron utilizados y los pocos que sí salieron al ruedo tuvieron que ser retirados cuando se descubrió que contenían asbesto, material cancerígeno sumamente peligroso.
En el caso de la tarifa, el informe de la Auditoría de 2013 demuestra cómo se inflaron costos para justificar aumentos innecesarios. Sin embargo, pese a haber sido denunciada, esta práctica sigue absolutamente vigente. En mayo de 2018, el legislador Patricio del Corro mostró cómo Metrovías incluyó tickets por 56 mil pesos de comidas en un restaurant de lujo para justificar el aumento del boleto; y en abril de este año la legisladora Paula Penacca hizo una denuncia penal contra los directivos de Metrovías y Sbase por incluir dentro de los costos operativos del subte facturas por más de 4 millones de pesos que Metrovías gastó en viajes a Alemania, donde llevó a periodistas para que hagan lobby a su favor y conseguir nuevas licitaciones.
Solo así se entiende cómo desde que el macrismo tomó el control del subte en 2012 la tarifa pasó de $ 1,10 a $ 21, lo que representa un incremento del 1.800%, una cifra por encima de cualquier índice de inflación que se tome. “Esto es un tarifazo salvaje, no es readecuar tarifas, es trasladar el ajuste a la población y multiplicar la rentabilidad empresaria a costa de los usuarios”, explica Gentili.
Sin embargo, esta rentabilidad es un verdadero misterio. Desde que Metrovías se hizo cargo del subte, nadie conoce cuál es su ganancia. “Su rentabilidad no figura en ninguno de los ítems cuando se analiza el costo de la Operación”, asegura Nahuel Morandi, integrante del Observatorio por el Derecho a la Ciudad. “En los papeles Metrovías opera el subte gratis”.
La empresa planera
Si el subte de Buenos Aires fue pionero en Latinoamérica, también lo fue su privatización en los 90, convirtiéndolo en uno de los primeros y de los pocos del mundo que dejarron de ser gestionados por el Estado.
Así fue como el 1° de enero de 1994 Metrovías desembarcó con un frondoso Plan de inversiones donde se destacaban la extensión de la línea E a Retiro (que recién se concretó este mes de 2019), la accesibilidad para discapacitados en todas las estaciones (pendiente) y la instalación de nuevas escaleras mecánicas.
Sin embargo, el grupo Roggio prefirió arrancar por los golpes de efecto: aggiornó la cartelería, modernizó algunas estaciones y renovó la flota de la línea B con los vistosos vagones japoneses de los 70 que, aunque pagados por el Estado, se transformaron en emblemas de la gestión privada.
Ya para 1996 la empresa consideró que sus inversiones en la red justificaban un incremento del precio de la tarifa y la aumentó de 45 a 50 centavos de dólar. Tres años más tarde, bajo la eterna promesa de extender la línea E hasta Retiro, el costo del pasaje volvió a aumentar hasta llegar a los 70 centavos.
Si los 90 fueron años regados con champagne, los 2000 transformaron a Metrovías en una empresa a base de subsidios. La sanción de la Ley de Emergencia Ferroviaria en 2002, luego de la devaluación duhaldista, congeló las tarifas y transfirió la responsabilidad por las inversiones comprometidas de las concesionarias al Estado nacional. “Operó en rigor como blanqueo de compromisos incumplidos hasta ese momento”, explica Martín Machaín.
Desde entonces, la empresa comenzó a exigir una suma cada vez mayor de subsidios, justificados en el mantenimiento de la tarifa y un supuesto déficit operativo. Así, el contrato se dio vuelta: el Estado comenzó a sostener a la empresa con enormes sumas de dinero, mientras se hacía cargo de todas las obras que le correspondían originalmente.
“El Grupo Roggio estuvo interesado en el subte mientras le resultó una buena usina para generar nuevos negocios” asegura Rafael Gentili. “Así crearon la tarjeta Monedero, la tarjeta Shopping (en sociedad con IRSA), una financiera; armaron también Metrotel, una empresa de fibra óptica y Prominent, una empresa software que era la proveedora de toda la informática de Metrovías. Y además, crearon una empresa de limpieza. Todo eso apalancado en el subte”.
El traspaso del subte a la órbita de la Ciudad, en 2012, trajo como novedad quitarle a Metrovías los negocios colaterales, como la publicidad y los locales comerciales que tan bien había sabido aprovechar. Sin embargo, el Estado nunca los explotó. “Hoy, los negocios colaterales explican el 2% de lo que el subte necesita para funcionar. En Asia, los colaterales financian el subte”, resalta Gentili. Esta decisión del gobierno no es la única llamativa. En el modelo de concesión impuesto por el PRO, el Estado financia absolutamente todo: hasta la ganancia de la empresa. Lo único que tiene prohibido es gestionar el subte. “El gobierno del PRO se ha negado rotundamente a cualquier posibilidad de retorno de la operación al Estado, como sucedió hasta 1993 y como contempla la ley sancionada por la Legislatura en 2012”, asegura Machaín.
En este marco, tras 25 años de concesión, el gobierno llamó a una nueva licitación y este año se sabrá qué empresa quedará a cargo del subte por los próximos 15 años. Para Machaín, con esta nueva licitación el gobierno consolida el modelo de 2002: “Un Estado bobo que cubre todos los costos –y mal– mientras paga a un privado para que ponga la cara por sus fracasos”.
El tren fantasma
Es la línea más abandonada y la que mayor cantidad de quejas de los usuarios tiene, pero este junio la línea E tuvo un protagonismo inusual y no por demoras o fallas en el servicio, sino por la inauguración de las estaciones Correo Central, Catalinas y Retiro, que permitirán realizar combinaciones con la línea B y con la C. Según el gobierno porteño, sus nuevos 2 km de recorrido le permitirán incorporar más de 60 mil usuarios nuevos.
Se trata de una obra civil que realizó el gobierno nacional de Cristina Fernández entre 2007 y 2012 (previo al traspaso a la órbita porteña), que recibió casi terminada el Gobierno de la Ciudad en 2015 -había quedado pendiente el tendido de vías, la realización de obras de potencia y ajustes finales en las estaciones- y que fue amarrocada durante cuatro años por el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta con olfato electoral mientras realizaba en tiempo récord el Metrobús del Bajo.
Más allá de este detalle, la imagen de un funcionario cortando cintas tardará mucho en volverse a ver. Ya no queda ninguna estación en obra y no hay planes ciertos de comenzar con ninguna en el corto plazo, algo que no sucede desde hace casi 50 años.
La inauguración no solo llega con 25 años de retraso –era una de las promesas de Metrovías apenas comenzó a operar el subte- sino que viene cargada de interrogantes. “Sbase y Metrovías no previeron detalles fundamentales en cuanto a lo operativo”, asegura Magalí, trabajadora delegada de la línea E. “Además, trajeron trenes pero solo hay 12 ó 13 y no están todos en óptimas condiciones para salir a servicio, con lo cual la frecuencia que ellos venden es mentira”. Magalí es tajante: no hay planificada compra de trenes nuevos y los que llegan son vagones de otras líneas. “Antes de tirarlos, los traen para acá”, acota la trabajadora.
En la E, la resolución del juez Gallardo –que permitía a los pasajeros viajar gratis en caso de no funcionar las escaleras mecánicas- no movió el amperímetro: Virreyes, una de las cabeceras, ni siquiera tiene escalera mecánica. Mucho menos ascensor. Tampoco baños públicos. La E es la única línea que no tiene aire acondicionado en los vagones. Los trenes tienen casi 60 años y no suele haber repuestos porque ya no se fabrican. La renovación de la línea, hasta ahora, es con vagones recauchutados de las líneas C y D que tienen 40 años. Y ni así se llega a tener las formaciones necesarias para atender la demanda de pasajeros en horas pico. Por eso la E tiene la peor frecuencia de todas las líneas. “Encima Metrovías no manda audios de demora y capaz estás 20 minutos esperando un tren”, señala Magalí, que además de trabajadora es usuaria. “Yo vivo a tres cuadras de una estación y a veces prefiero caminar en vez de tomar la E: nunca podés confiar cuándo va a venir”.
¿Cómo se explica la saña contra esta línea? Magalí arriesga un análisis sociológico. “En la Línea D sube el ejecutivo, que viene de Belgrano. Si pasa algo te dicen ‘no sabés con quien te metiste’. Lo que sucede acá es completamente distinto. En la E tenés un montón de laburantes que vienen de los barrios más humildes de la zona sur, de Carrillo, de las villas que están atrás de la cancha de San Lorenzo, que los ves bajar con su baldecito, con el fratacho, con el bolso con la ropa de trabajo. Y el tipo quiere llegar a laburar, y si no puede sale sumiso y ve cómo llega. Capaz que se va caminando. No vas a ver nunca que te agreda o te insulte. Son rasgos distintos. Y desde la empresa y el gobierno abusan de la diferencia de clase para no hacer absolutamente nada”.
La posibilidad de que este maltrato se modifique es casi nula. “Metrovías no tiene ningún estímulo para brindar un mejor servicio porque, de acuerdo con el contrato de concesión, el dinero que recibe en forma de subsidios lo recibe más allá de cuál sea la calidad de la prestación. Por lo tanto no recibe penalizaciones por atrasos u otro tipo de deficiencias”, aclara Nahuel Morandi.
Saltar el molinete
Desde hace años, en la Legislatura porteña dan vuelta diversos proyectos que buscan que el subtevuelva a ser operado por el Estado o, en su versión de máxima, que sea administrado en forma conjunta por el Estado, los usuarios y los trabajadores del servicio. Las iniciativas, claro está, se encuentran cajoneadas pero expresan una idea que crece: este esquema del subte no va más. El gobierno difícilmente pueda hacerse el distraído: las encuestas encargadas por la propia Sbase durante 2015, previo a las sucesivas prórrogas otorgadas a Metrovías dieron como resultado que el 82% de los usuarios prefiere una operación estatal antes que un sistema de concesión.
“Yo creo que el subte debería ser gratis, como un servicio público, como los hospitales y las universidades”, afirma Virginia Bouvet, secretaria de organización de los trabajadores de la AGTSyP y que lleva una remera que dice Movemos Buenos Aires. La frase tiene la contundencia de lo literal: Virginia es parte de esos tres mil trabajadores que día a día lo hacen funcionar. Tal vez allí esté la clave para pensar otro futuro posible. “Nosotros tenemos un eslogan en el sindicato que dice que el transporte no es mercancía, porque es un derecho. Lógicamente esto no se corresponde con una empresa concesionaria privada manejándolo. Estamos hablando de una empresa que tendría que ser estatal y que la administración que dirija la Ciudad tenga esta misma visión de que el transporte es un servicio que hay que dar eficazmente y en forma gratuita. Estamos un poco lejos hoy, ¿no?”, comenta abriendo mucho los ojos.
La pregunta queda resonando en los túneles.
A lo lejos, otro pibe salta el molinete, y se pierde en el andén.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI
- Derechos HumanosHace 5 días
«Digan clítoris»
- Movimientos socialesHace 2 semanas
La mirada de María Galindo sobre la rebelión en Bolivia: «Los movimientos no somos la pelota entre el viejo progresismo y la derecha»
- Crisis por el ajusteHace 4 semanas
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”
- #NiUnaMásHace 4 días
La escena del crimen
- #NiUnaMásHace 3 días
Mujeres mapuche: la resurgencia































