Nota
Chubutazo: muerte de dos docentes, pueblada y represión, mientras se incendia la Legislatura
La pueblada, el fuego y los balazos contra la comunidad signaron esta madrugada chubutense. Las corridas, los gritos y la desesperación ante el ataque armado, como si se tratase de una guerra contra la gente.
Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar murieron el martes en Chubut al volcar el automóvil en el que viajaban cuando volvían desde Rawson a Comodoro Rivadavia, tras las marchas de protesta por la situación provincial y la angustiante situación en la cual la provincia lleva meses semiparalizada.
Integrantes de las asambleas provinciales definieron a la situación a lavaca como «desesperante» y “un exterminio del pueblo”. Responsabilizaron al gobierno por esas muertes, en el marco del desastre en que se ha hundido a la provincia, mientras enviaban mensajes sobre la llegada del grupo represivo GEOP a Rawson, ante la indignación de manifestantes frente a la Legislatura en llamas, por la muerte de las maestras. Otras tres docentes heridas en el accidente quedaron internadas en Comodoro Rivadavia.
Este martes a la noche el fuego de la Legislatura iluminó la noche de Rawson, mientras no llegaba nadie a apagarlo. Cuando aparecieron las denominadas «fuerzas del orden» se repitió una escena conocida en la Argentina: la represión estatal hacia la sociedad, los balazos para acallar la indignación de una catástrofe social en la que el propio estado provincial y el nacional, cada uno a su modo, han sido el problema, y nunca siquiera el intento de solución.
Al mismo tiempo, en todo Chubut salieron grupos de vecinos a las calles reclamando por lo que ocurre en la provincia, sumado a la tragedia de las maestras, y la represión a quienes son víctimas de un gobierno que viene atizando todos los fuegos. En Comodoro Rivadavia, cientos de docentes ocuparon las calles para manifestarse en la zona del hospital con velas y antorchas. Las marchas se replicaron también en Trelew y Esquel. Tras generar esta crisis, el gobierno provincial solo pareció capaz ser eficiente en la tarea de la represión frente al dolor público.
La tragedia tuvo otro contexto: el gobernador Mario Arcioni había decidido este martes aumentar su propio salario y el de la plana mayor de los funcionarios políticos en un 100%, mientras gremios de toda la provincia acampan reclamando que se les paguen sus sueldos. El sueldo del gobernador y sus principales colaboradores ronda de 40 a 50 mil pesos mensuales. Pero ante las críticas, dieron a conocer que en Chubut los jueces cobran arriba de 600.000 pesos, y los legisladores están por encima de los 350.000 pesos, todo lo cual pasa a ser un insulto en tiempos de crisis y ajuste, programado por la autodenominada «clase dirigente» que jamás pasa las penurias que sus decisiones generan en la mayor parte de la sociedad.
Para este miércoles a las 10 de la mañana ha sido convocada una Marcha del Silencio “para que nos escuchen en toda la provincia”, en homenaje a las docentes muertas.
Jorgelina (55 años) y María Cristina (52) habían participado junto a un contingente llegado desde Comodoro Rivadavia en las actividades de reclamo por los salarios, la obra social y la situación edilicia de escuelas que están en su 9º semana sin clases. Pertenecían a la Escuela 738 del Barrio San Cayetano, de comodoro Rivadavia. Viajaban con otras tres docentes que sufrieron diversas heridas y quedaron internadas.
Jorgelina Ruiz Díaz y María Cristina Aguilar: la muerte de las docentes tras su participación en los reclamos, en un accidente automovilístico, provocó un estallido de indignación en Chubut, provincia que en muchos sentidos viene incendiándose hace meses.
Al cierre de este informe Chubut se movilizaba frente a la crisis y frente a la muerte de las personas que reclaman sus derechos. Y la respuesta fue la violencia institucional y policial.
Las lágrimas y voces entrecortadas que escuchamos desde los celulares, desesperadas tratando de difundir lo que está ocurriendo, son efecto de la violencia a la que está siendo sometida toda la comunidad chubutense desde hace meses.
La Asamblea Popular y Multisectorial de Esquel emitió el siguiente informe sobre la situación:
«Las/los trabajadores del pueblo de Chubut estamos viviendo una tragedia: esta noche han muerto dos docentes de Comodoro Rivadavia cuando regresaban a su hogar, luego de haber participado de la marcha provincial que se llevó a cabo en Rawson. Habían ido a luchar por esos derechos que el gobierno de Mariano Arcioni vino a arrebatarnos. Hace más de dos meses, los/las chubutenses estamos sufriendo una pesadilla por el mal gobierno de quienes son responsables del ajuste feroz a los/las trabajadores, debido al endeudamiento desmesurado y a la corrupción que vació las cajas y las cuentas públicas. Ya hemos agotado las formas de reclamo y hemos padecido todo tipo de atropellos. Finalmente, hoy hemos perdido a dos compañeras, dos docentes luchadoras que se movilizaron para defender la dignidad que nos quieren arrancar. Esto no da para más. Ya hemos sido demasiado pacientes con este gobierno destructor e insensible que nos empuja a la pobreza, a la humillación, a la desesperación y a la muerte. El gobierno de Mariano Arcioni es responsable de estas muertes y de este desastre social»
Por su parte, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Esquel dio a conocer el siguiente comunicado:
«Apdh Esquel exhorta a todos los organismos de Derechos Humanos a expresarse por los lamentables sucesos acaecidos en la ciudad de Rawson, capital de la Provincia de Chubut. En medio de esta fuerte crisis económica política y social, en medio de durísimos días de protestas, paros, marchas de lxs trabajadores, se debe lamentar la muerte de 2 personas. Siempre el cuerpo, y la vida, lo ponen lxs trabajadores.
Exigimos respuestas concretas, soluciones al conflicto, políticas publicas. Educación, salud, trabajo, vivienda, remuneración en tiempo y forma ajustada a lo pactado con fuerza de ley en paritarias. Exigimos que los gobernantes de turno se dispongan a buscar soluciones y no a provocar el malestar, la ira del pueblo aumentándose la dieta en medio de una crisis enorme que mantiene a todos en la desesperación.
Hacemos responsable al gobierno por la seguridad y la vida de lxs ciudadanxs de Chubut que se manifiestan a lo largo y ancho de la provincia».
La madrugada tuvo el agregado de la represión y otra clase de fuego: el disparado por el estado contra la sociedad.
Aquí, la nota sobre la situación previa, publicada por lavaca, como para comprender el contexto en el que se producen estos estallidos sociales.
Salarios impagos, patotas y un paro nacional: apuntes para entender por qué Chubut arde
https://www.lavaca.org/notas/salarios-impagos-patotas-y-un-paro-nacional-apuntes-para-entender-por-que-chubut-arde/
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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