#NiUnaMás
Piden un nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez
El fiscal Carlos Altuve reclamó hoy la realización de un nuevo juicio durante la audiencia en la que se apeló el fallo que dejó impune el femicidio de Lucía Pérez, 16 años, ocurrido en Mar del Plata en 2016. La cámara de Casación Penal de la provincia de Buenos Aires realizó este jueves en La Plata esa audiencia de apelación de un caso en el que el impresentable fallo (2018) del tribunal oral marplatense se regodeó en cuestionar a la víctima en lugar de dilucidar el crimen. El fiscal reconoció que la propia justicia no está dando respuestas y es parte del problema. La defensa de la familia de Lucía está de acuerdo con el pedido del fiscal de realizar un nuevo juicio. Participaron de la audiencia Marta Montero y Guillermo Pérez, padres de Lucía; la Madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas; la ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual Estela Díaz; Rosa Bru; Andrea Antico (pareja de Sergio Maldonado, el hermano de Santiago) y Gustavo el papá de Natalia Mellman, entre otras figuras. El pedido del fiscal deberá resolverse en un máximo de 20 días, para reescribir la historia de un caso emblemático, en un país en el que solo en lo que va del año hubo 70 femicidios.
Este jueves a las doce del mediodía en el Tribunal de Casación de La Plata comenzó la audiencia de apelación del fallo que dejó impune el femicidio de Lucía Pérez.
Le dieron la palabra a la defensa de la familia de la joven de 16 años asesinada. Entonces la abogada Florencia Piermarini se paró, y recitó: «Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía. El violador eres tú». Es la letra del tema del grupo chileno LasTesis devenida en himno contra los femicidios.
Silencio.
Siguió Florencia: «Esto le dice Lucía a los jueces que la condenaron».
Silencio.
Mientras tanto en la calle doscientas mujeres bailaban y cantaban esa misma canción de cara al edificio. Sus dedos señalaban así al poder judicial y a la trama que construye la impunidad.
Pero ya no hay silencio. Es un estruendo.
Y se repite un grito: «Lucía somos todas».
En la sala, el momento culminante ocurriría cuando el fiscal Carlos Altuve planteó que el propio poder judicial es parte del problema, que no se está dando respuesta a la ola de femicidios que existe en el país, y solicitó que el juicio por el caso de Lucía Pérez se realice de nuevo, ante otro Tribunal.

Salir a la calle
Marta Montero, mamá de Lucía, se despertó el miércoles a las cinco de la mañana para ir a trabajar al Hospital Interzonal de Mar del Plata donde es enfermera. Volvió a su casa después de las tres de la tarde y junto a Guillermo Pérez, papá de Lucía, prepararon decenas de carteles con la cara de su hija y una frase: “Nulidad al fallo y condena por femicidio”. Después marcharon junto a una multitud que desbordó las calles de su ciudad para poner un freno a la violencia machista: un día antes Bernardo Luis Baraj, 50 años, había golpeado y arrojado desde un séptimo piso a Jordana Belén Rivero, de 28 años. Mientras marchaban, Claudia Repetto, 53 años, seguía, y sigue, desaparecida en esa misma ciudad desde el domingo pasado.
Terminada esa marcha y sin dormir, parte de la multitud llegó hasta La Plata. Se juntaron a la una y media de la madrugada para consensuar, entre 112 personas, las medidas para garantizar el cuidado de todes. Después subieron a dos micros y salieron a la ruta durante toda la noche.
“Ayer marchamos por Jordana, una manifestación multitudinaria, un femicidio terrible. Y a su vez marchamos por Claudia Repetto. -cuenta a lavaca María Inés de la Campaña Nacional Todas Somos Lucía-. Mar del Plata está viviendo un momento difícil con gran cantidad de femicidios. Fue impresionante el apoyo. Estuve con la familia de Jordana algunas horas en su casa, una de sus hermanas me decía: ‘jamás pensé que nos podía tocar a nosotros’, creo que a la ciudadanía en general le está pasando de pensar que no sabemos cuándo nos puede tocar a nosotres, a nosotras, a nuestras hijas, a un familiar. Eso es parte de lo que está generando una conciencia. Hay que hablar, sembrar conciencia. Y es fundamental que el Estado accione en forma inmediata, que las políticas públicas lleguen. Hoy estamos acá porque construimos justicia desde estos lazos que armamos”.

Acompañarse
Desde Ciudad de Buenos Aires a las nueve de la mañana salió una combi, tan repleta que implicó que un grupo de personas tuviese que viajar en tren. Entre quienes viajaban para acompañar estaba Andrea Antico, compañera de Sergio Maldonado (el hermano de Santiago): “Hay un patrón, ya sea en femicidios, en gatillo fácil, en el caso de Santiago: las familias padecemos lo mismo. Te agarra impotencia, no podés creer que siga sucediendo, la única forma es seguir luchando, acompañando a todas las familias. A veces con estos aires nuevos en la política te dicen: ‘hay una política del Estado de acompañar’, pero los jueces siguen siendo los mismos. Te agarra impotencia y una tristeza profunda pero lo que mantiene en pie a las familias es esto, la solidaridad, la empatía, no querer esto para nadie, gracias al acompañamiento creemos que se puede llegar a un cambio, en la lucha colectiva, solos no podemos”.
Gustavo Melmann lleva la foto de su hija Natalia en el pecho y la de Lucía en las manos. “Hoy estamos esperando que la justicia sane el error cometido. La Argentina está esperando que los jueces den la posibilidad de que se haga un juicio justo”, dice en la puerta de los Tribunales donde también esta Rosa, mamá de Miguel Bru, que reconoce: “Mi hijo venía a la marcha de un chaboncito, como decía él, y a mí nunca se me dio por decir: ‘dónde es, dónde hay que ir. Era el problema de otro. Entonces cuando empecé a ver que tanta gente te acompañaba, se comprometía, para mí fue una enseñanza. Nos tenemos que involucrar, estar y colaborar en lo que se pueda. Digo siempre: lo que hicieron conmigo lo voy a devolver, estar, acompañar, asesorar”.
¿Qué une casos como el de Miguel y el de Lucía?
El juez Natiello que hoy está en el tribunal, integraba el Tribunal de Casación cuando estaba la causa de Miguel. Y además nos une la solidaridad, estar acá, acompañar, saber lo que significa. Uno en estos casos es multitud. Muchas veces cuando empezaba la marcha de Miguel yo decía: ‘que poquitos somos’, y después iban viniendo de a uno, se iban sumando, por eso siempre sostengo que uno es un montón.

La máquina de impunidad
Lucía tenía 16 años cuando la mataron. Nadie está preso por su femicidio.
Matías Farías, 23 años, y Juan Pablo Offidani, 41 años, la llevaron a la sala de salud de Playa Serena el 8 de octubre de 2016. Llegó muerta. Un día después los detuvieron en una camioneta Fiat Strada gris donde se encontraron 38 gramos de cocaína y 250 de marihuana. El tercer detenido fue Alejandro Maciel, 61 años, acusado de encubrimiento agravado por ayudar al lavado del cuerpo muerto. En el juicio oral, Farías y Offidani fueron condenados a ocho años de prisión y una multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Maciel fue sobreseído.
Nadie fue condenado por el femicidio: los jueces Pablo Viñas, Facundo Gómez Urso y Aldo Carnevale (Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata) consideraron que a Lucía no la mataron –se murió– ni la violaron, sino que la actividad sexual comprobada en la autopsia había sido consentida.
Todas las partes apelaron.
Muchas de las mujeres que acompañaron la audiencia de apelación del vergonzoso fallo llevaron remeras que decían: “Código Penal. Art. 80.11 Art. 119. 4to parr”. Son los artículos de femicidio y de abuso sexual con acceso carnal.

Hacer justicia
La familia de Lucía Pérez entró a los tribunales acompañada de las abogadas Florencia Piermarini y Verónica Heredia. Minutos después llegó Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo-Línea Fundadora mientras las mujeres en la calle gritaban “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”. La audiencia fue en la Sala IV de la Cámara de Casación en La Plata con los jueces Natiello, Kohan y Mancini.
La abogada Florencia Piermarini cuenta a lavaca: “Arrancamos contestando las tres preguntas que se hizo el tribunal para absolver a Farías, Offidani y Maciel, que tenían que ver con juzgar y violentar la intimidad de Lucía Pérez Montero. Dimos respuesta nosotras a todos los prejuicios que atravesaron esa sentencia que lo único que hace es reeditar la vida de Lucía para convalidar que estuvo donde quería con quien quería, y nos pareció que teníamos que responder esa sentencia. Ese fue el objetivo de la exposición”.
¿Cuál fue el planteo de la defensa? “Pedimos nuevamente que se los condene por el delito de abuso sexual con acceso carnal seguido de muerte en concurso ideal con el femicidio, tanto a Farías como a Offidani. Y pedimos que se revoque el fallo que se absuelve a Maciel por encubrimiento agravado. Creemos que el Tribunal tiene elementos suficientes dentro del expediente para poder dictar la sentencia que estamos pidiendo. Nos acompañó el fiscal de Casación Carlos Altuve, quien pidió que se haga un nuevo juicio oral. Y después, lamentablemente, tuvimos que escuchar todos y cada uno de los párrafos de la sentencia en boca de la defensa de los acusados e inclusive escuchar alegar a la defensora general en relación a que no se podía concursar el derecho penal en aras de reclamos feministas. Parece que la perspectiva de género, la figura de femicidio, la ley de protección de violencias contra la mujer, la convención de Belém do Pará no existen”.

Agrega la abogada Verónica Heredia: “Lo que nos llamó la atención de la defensa técnica de los imputados es que es una defensa oficial. Son funcionarios públicos, están obligados a respetar y tener una perspectiva de género porque es ley. No es una cuestión ideológica, si me gusta o no: es la ley, lo dicen la Constitución y los tratados de Derechos Humanos”. Responde Verónica Heredia.
¿Cuáles son las respuestas posibles que puede dar el tribunal?
El tribunal puede confirmar la sentencia tal como lo pide la defensa, pude hacer lugar a lo que nosotros pedimos, que es que ellos mismos condenen con los elementos que ya hay y digan que son responsables por la violación y el femicidio de Lucía. O que hagan lugar a lo que dice el fiscal Altuve y que hagan el reenvío. Nosotros esta opción si bien no la peticionamos expresamente, porque técnicamente nos ajustamos a lo que había pedido la anterior querella, la vamos a acompañar y en definitiva lo que también queremos.
¿En caso de que se haga un nuevo juicio es con otro tribunal?
Sí o sí tiene que ser con otro tribunal y obviamente vamos a pedir que la jurisdicción de la fiscalía de Mar del Plata tampoco intervenga. Pensamos que todo el sistema de acusación del Ministerio Público Fiscal está viciado para llevar adelante una nueva acusación y sostener un nuevo juicio en este caso. Vamos a pedir a las autoridades cambiar la jurisdicción de la fiscalía.
En relación a Mar del Plata se llega a la audiencia de hoy mientras hubo un nuevo femicidio y con una mujer desaparecida, ¿qué papel tiene el Poder Judicial en esta realidad?
El fiscal de Casación en ese sentido estuvo realmente muy certero porque dijo: ‘nosotros somos responsables, hay un femicidio cada 23 horas en Argentina y la justica, nosotros, no le estamos dando respuesta. Nos tenemos que hacer cargo de que somos parte del problema’. Nos llamó la atención también porque no estamos acostumbrados a que el Ministerio Público Fiscal se haga cargo del rol que tienen en cada femicidio que se produce.
¿Cuándo se espera la respuesta del tribunal?
Piermarini detalla: “Dijo el juez Kohan, que la sentencia va a estar en término de ley y eso es en máximo 20 días”.

#NiUnaMás
Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari
En la Argentina mileísta, cada 38 horas una persona es atacada a causa de su orientación sexual o identidad de género. En Cañuelas, un hombre le prendió fuego a la casa de una pareja de lesbianas. En Recoleta, dos mujeres, de 26 y 24 años, caminaban de la mano cuando un hombre las frenó y las increpó: una terminó con la nariz fracturada; la otra, con lesiones en la mano. En Palermo, un joven gay fue brutalmente golpeado y le rompieron la mandíbula. En Neuquén, Azul Mía Natasha Semeñenko fue asesinada, sin haber podido “ser Azul del todo” porque no recibió su hormonización.
Ninguno de estos hechos violentos de 2025 fue excepcional. El año pasado se registraron 227 crímenes de odio contra personas lesbianas, gays, bisexuales, trans (travestis, transexuales y transgéneros) y otras identidades disidentes. Según el informe anual del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+, fue el año más violento desde la creación de este organismo, con un crecimiento de más del 60% respecto de 2024, cuando se habían registrado 140 casos. Se trata, dice el relevamiento, de un aumento “abrupto, excepcional y cualitativamente distinto a la progresión observada en los años anteriores”.
La violencia por odio hacia el colectivo LGBT+ se intensificó en un contexto de desmantelamiento de políticas públicas, vaciamiento de organismos de protección, paralización de la agenda legislativa en materia de derechos y consolidación de discursos fascistas que estigmatizan a la diversidad.
Para María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Ciudad de Buenos Aires e integrante de la Federación Argentina LGBT+ (FALGBT), el drástico aumento de estos crímenes en Argentina no puede separarse de los discursos de odio que provienen del gobierno nacional. “Tanto el presidente como funcionarios y allegados se expresan de manera violenta y discriminatoria hacia la comunidad LGBT en general y, principalmente, hacia la comunidad trans”, describe Rachid. “Y eso –agrega– genera mayor violencia y discriminación en la vida cotidiana. Esos discursos terminan legitimando, avalando y fomentando la violencia hacia nuestra comunidad”.
Esa realidad se percibe en lo cotidiano. Ayito Cabrera, director y fundador de la organización Espacio Tolomocho –que nuclea a personas trans con discapacidad–, advierte que el aumento no se limita a los casos visibles, sino que se expresa en formas más silenciosas y estructurales de violencia, atravesadas por la precarización económica y el desfinanciamiento.
“Los pedidos de ‘apañe’ de personas trans se multiplicaron considerablemente”, resume. Ese crecimiento, explica, tiene directa vinculación con la dificultad de acceder a un trabajo que permita sostener condiciones básicas de vida: comer cuatro veces al día, estudiar y alquilar. Cientos de personas travestis, trans y no binarias perdieron sus empleos en ámbitos estatales y muchas se quedaron sin acceder a medicamentos o tratamientos.
RADIOGRAFÍA
El informe elaborado por la FALGBT y las Defensorías del Pueblo de la Ciudad y de la provincia de Buenos Aires permite visibilizar la violencia cotidiana y su naturaleza.
Más de un tercio de los casos corresponde a ataques contra el derecho a la vida, que incluyen asesinatos, suicidios o muertes vinculadas a condiciones estructurales, mientras que casi dos tercios son agresiones físicas que no terminaron en muerte. Rachid aclara que hay un subregistro, “porque hay casos donde no se desarrolla ninguna línea de investigación relacionada a la posibilidad de un crimen de odio”.
En ese punto aparece uno de los datos más significativos del período: las agresiones físicas se duplicaron en un año y pasaron de 73 a 147 casos, un incremento del 101,4%.
Las muertes vinculadas a crímenes de odio se mantienen altas y con un patrón sostenido. En 2024 se registraron 67 casos (17 asesinatos, 44 muertes por violencia estructural y 6 suicidios), mientras que en 2025 la cifra ascendió a 80 (16 asesinatos, 53 muertes por violencia estructural y 11 suicidios), es decir, un aumento del 19,4%. Ese crecimiento incluye un dato especialmente preocupante: los suicidios casi se duplicaron en un año.
Las mujeres trans siguen siendo las más afectadas y concentran el 62,56% de los casos registrados. En segundo lugar se ubican los varones gays (22,03%), seguidos por varones trans (7,93%), lesbianas (5,73 %) y personas no binarias (1,76%).
Pero el documento advierte algo más: es un fenómeno que se expande. Entre 2024 y 2025, los ataques contra varones trans pasaron de 5 a 18 casos. Y las agresiones contra personas no binarias, que ni siquiera aparecían en registros anteriores, se duplicaron.
Ayito Cabrera describe con crudeza cuando además hay intersección de violencias. “Quienes somos personas trans con discapacidad vivimos una doble vulnerabilidad y una discriminación estructural histórica”, advierte. En ese contexto, señala, la falta de políticas públicas agrava condiciones ya precarias y profundiza el abandono.
Para el fundador de Espacio Tolomocho, las identidades trans –en especial, las transmasculinidades– se convirtieron en blanco de discursos que buscan deslegitimar derechos conquistados. “En esta intersección, nuestra identidad se ha convertido en chivo expiatorio de una campaña internacional de las derechas globales. En nuestro territorio, eso se traduce en necesidades básicas –salud, vivienda, trabajo– gravemente afectadas: las hormonas se han vuelto prácticamente inaccesibles, la atención sanitaria se deteriora y la falta de empleo impide sostener una vivienda”, detalla Ayito.
En este sentido, las cifras no pueden interpretarse de forma aislada, sino como parte de un entramado de violencias estructurales, simbólicas e institucionales que impactan de lleno en las condiciones de vida.
Otro tema preocupante es un crecimiento sostenido de agresiones en comisarías y establecimientos penitenciarios, junto con un dato que marca un punto de quiebre: la participación de fuerzas de seguridad pasó de 17 casos en 2024 a 64 en 2025. Esto consolida a la violencia institucional como uno de los principales vectores de agresión, en especial contra la población trans y, en particular, contra las mujeres trans.
Rachid señala que esto no resulta sorpresivo. “Cuando aparecen o se instalan gobiernos de derecha, las fuerzas de seguridad se sienten más avaladas para ejercer su violencia hacia los grupos vulnerados en general y la población LGBT en particular”, explica.
LA ANTIAGENDA
El hecho de que el registro más alto de toda la serie histórica del Observatorio se produzca durante el gobierno de Javier Milei es un dato cargado de sentido. Desde que comenzó su mandato, siguiendo la agenda de ultraderecha de su amigo Donald Trump, el presidente argentino promovió discursos que cuestionan derechos, deslegitiman identidades de género diversas y contribuyen a habilitar formas más intensas de violencia contra las personas LGBT+, como quedó demostrado durante su intervención en Davos en enero de 2025.
Esa violencia simbólica vino acompañada de la eliminación de programas, organismos y dispositivos estatales que cumplían funciones centrales en la prevención de la violencia y el acompañamiento de las víctimas. La disolución del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), por ejemplo, dejó a la población LGBT+ sin un canal institucional específico para denunciar actos discriminatorios. El informe lo sintetiza en una frase que funciona como advertencia: “Allí donde el Estado se retira, el odio encuentra condiciones para expandirse”.
Esa relación entre discurso y violencia también aparece en la experiencia cotidiana de las organizaciones. Para María Rachid, los informes no solo marcan un aumento de los crímenes de odio, sino que evidencian su vínculo con los discursos que circulan desde el poder.
Agrega que, a partir de expresiones públicas de funcionarios y del propio Milei, se produjo un cambio perceptible: crecieron las denuncias, las consultas y también la violencia cotidiana. “Hay evidencia de esa relación directa. Lo muestran los informes, pero también se puede ver en las redes sociales de cualquier organización LGBT”, plantea Rachid.
Ocurre que cuando esos discursos provienen de una voz de autoridad como lo es el Poder Ejecutivo Nacional, el impacto es concreto. No solo habilitan la violencia, también la legitiman.
Desde el Espacio Tolomocho explican que lo que antes circulaba como insulto marginal hoy es retomado por funcionarios y medios, ampliando su alcance y su legitimidad social, y habilitando agresiones físicas, institucionales y discursivas con mayor impunidad.
Las consecuencias de ese proceso también se observan en el acceso a derechos básicos, como la ley de cupo laboral. Los despidos en la administración pública y la falta de implementación efectiva de estas normativas profundizaron la exclusión de la población trans y empujaron a muchas personas a situaciones de extrema precarización.
En este contexto, espacios como Tolomocho adquieren otro sentido y se transforman en redes de contención y cuidado, un recurso fundamental en tiempos hostiles. “Somos personas trans con discapacidad profesionales en nuestras áreas, editamos libros, hacemos muestras de arte, damos clases, trabajamos en accesibilidad. Apostamos a la educación y al arte como formas de construir otra sociedad”, explican.
En un clima social marcado por el ascenso de los discursos de odio, la discriminación y el individualismo, la respuesta vuelve a ser colectiva. La organización, la denuncia y la presencia en las calles se tornan fundamentales ante una avanzada antiderechos que tiene en el propio Estado nacional a uno de sus impulsores.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
#NiUnaMás
El 3J porteño: Vamos

Por Claudia Acuña
Fotos: Juan Valeiro
Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.
“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.
Quizá no sea una suerte, pero casi.
Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

Foto: Juan Valeiro/ lavaca.org
- Derechos HumanosHace 3 semanas
«Digan clítoris»
- Movimientos socialesHace 4 semanas
La mirada de María Galindo sobre la rebelión en Bolivia: «Los movimientos no somos la pelota entre el viejo progresismo y la derecha»
- #NiUnaMásHace 2 semanas
La escena del crimen
- #NiUnaMásHace 2 semanas
Mujeres mapuche: la resurgencia
- #NiUnaMásHace 2 semanas
Mayo 2026: Por qué el Estado es responsable de los femicidios









































