Nota
Día del Orgullo: por lxs que no están, por la reparación a lxs que están, por lxs que vienen

La comunidad travesti trans volvió a hacer propio el Día Internacional del Orgullo y se movilizó desde Plaza de Mayo – donde realizó una acción en recuerdo de lxs compañerxs muertxs y asesinadxs- hasta el Congreso, con la bandera que reclama la sanción de la Ley de Reparación Histórica. Protestaron así contra los transfemicidios, recordaron que falta Tehuel, y en esta nota narran a lavaca qué significa poner el cuerpo en la calle, en una marcha, en los sistemas de salud o en el trabajo, donde la violencia sigue y también crece. Testimonios de Marlene Wayar, Susy Shock, la actriz Daniela Ruiz, la escritora española Brigitte Vasallo y Lumini y Araceli de San Martín y Morón.
En el Día Internacional del Orgullo, una vez más la Plaza de Mayo se tiñó de colores. En esta ocasión, los que prevalecieron fueron negro y magenta. La plaza fue escenario de una acción para la Memoria Colectiva Travesti Trans, que consistió en atar a las rejas que bordean la pirámide de Mayo cintas negras y magenta que se iban trenzando y sosteniendo así papeles blancos con los nombres escritos a mano “de lxs compañerxs que ya no están, muertxs por balas policiales, en abandono carcelario, torturas civiles e institucionales, en crímenes de odio, en suicidios, en abandono social”. La propuesta fue “convocar a aquellos cuerpos capaces de empatizar con nuestros cuerpos Travas. Convocamos a que nos acompañen con el abrazo pues no hay otra cosa que podamos. Convocamos nosotras, travas, desde el despoder”.

La activista Marlene Wayar sostiene un par de cintas atadas a la reja y mientras las va tranzando, agrega papeles con nombres “de nuestrxs amigxs y compañerxs asesinadxs». Y cuenta: «Esto es contra los travesticidios, transfemicidios, transhomiciidos y los suicidios que son parte del travesticidio social. Para que esas muertes no sucedan hay un entramado en el que por supuesto están todos los reclamos que venimos haciendo como el de la Reparación Histórica, para que este país reconozca los crímenes que ha cometido y los repare, son politicas públicas serias. La Ley de Identidad de Género, la de Salud Integral, la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans que no se cumplen a pleno y la educacion, todavía las escuelas siguen siendo un campo de batalla con el acoso escolar, cibernético. Entonces todos los reclamos se abren como una mamushka porque están entrelazados. Hoy estamos todes mirando la seguridad sobre los cuerpos de los compañeros y compañeras de la disidencia en Jujuy porque no hay territorio donde la disidencia no esté”.
Más compañeras se suman a la tarea de trenzar y colocar los nombres. Marlene continúa: “Hay que empezar a buscar otras formas que nos posibiliten corrernos de los mismos lugares obvios del pensamiento hétero donde todo es una marcha, y no sabés si tiene sentido o no tiene sentido, si te van a criminalizar. La idea es que la sociedad se entere, se pregunte, se sienta inquirida, por qué estos nombres en el lugar simbólico más importante que tenemos como lugar social politico-cultural que es la Plaza de Mayo”.
Con respecto a la Ley de Reparación Histórica que busca la reparación por los años de persecución sistemática al colectivo durante la dictadura y también durante la democracia con los edictos contravencionales, Marlene sostiene que “sabemos que tienen la intención de unificar los distintos proyectos que hay, todos tienen buena fundamentación pero en esa hegemonía de hombres y mujeres privilegiados no puede hacer mella la idea de que los derechos humanos que les corresponden a ellos y a ellas, les corresponden a las disidencias, a los pueblos originarios, a les discapacitades. Todo habla de un genocidio, lo que se comete son crímenes de lesa humanidad, sin embargo no pueden entenderlo más allá de violencia institucional y eso es un problema porque implica responsabilidad política frente a la sociedad, frente al colectivo, pero también frente a la región, a los otros paises de Latinoamérica que están mirándonos y sobre todo al futuro, a los niños y a las niñas que van a seguir siendo sujetos de violencia en tanto esta sociedad no entienda que es ella la que comete violencia, que a veces es la policía, un médico, una obra social, pero que es un entramado en que nos encontramos todes y la responsabilidad es colectiva”.



La artista Susy Shock posa sonriente para una selfie que le pide una chica a la que le tiembla la mano con el celular porque “me puse nerviosa al verte”. Susy cuenta que está satisfecha por “recuperar esta fecha que es la histórica de la primera rebelión que nos marcó el comienzo de la militancia poderosa de todas nuestras comodidades, que hemos recuperado en Argentina durante el macrismo, era una fecha abandonada por el frío, por obvias razones de que la marcha se pasó a noviembre porque cuando empezaron había mucha gente con el VIH, pero nosotras durante el macrismo la recuperamos, dijimos: aunque nos corra el frío y el viento, tenemos que estar acá por las que no están”.
Daniela Ruiz es actriz. Hace pocos días debutó con un unipersonal en el Teatro Nacional Cervantes —Divina— que relata aspectos autobiográficos, dirigida por Ana María Bovo, en el marco de El hotel es un cuerpo, a partir del libro Reunión: Cuatro legendarias en el Gondolín, de Dani Zelko, Marlene Wayar, Marisa Acevedo, Zoe López y Viviana Borges. El Gondolín es un hotel del barrio de Villa Crespo que desde hace 24 años es gestionado por chicas travestis y trans, una experiencia única en el mundo, un gran nido de tres plantas pintado de azul que da cobijo a más de 40 chicas. Daniela y Zoe López, quien preside la asociación civil del hotel, se saludan con un abrazo en Plaza de Mayo. “Estoy acá —cuenta Daniela— porque muchas compañeras travestis trans, se están muriendo y una de las cosas que nos ponemos a pensar cuando empezamos a ver los datos estadísticos es que son cuerpos racializados, indígenas, son cuerpos de compañeras que están en situación de prostitución. Es importante decirle a este sistema que esos cuerpos están muriéndose y a pesar de que tenemos una Ley de Identidad de Género, una Ley de Cupo Laboral, siguen pasando estas cosas. Es una estructura que hay que cambiar y para eso nuestra mejor herramienta es la visibilidad”.



La escritora española Brigitte Vasallo acaba de llegar al país y fue a la Plaza. “He tenido la suerte de que coincida este viaje a Buenos Aires con estar aquí en este día. He tenido la suerte de estar con les compañeres que me han invitado a estar aquí compartiendo, recordando. Tenemos que estar luchando, tenemos que articularnos, entender que somos diferentes, que somos desiguales pero que hay mucho trabajo que hacer conjuntamente y que hay mucho que resistir. Estoy emocionada de poder estar aquí”.
De larga cabellera negra y lacia, con los labios pintados de rosa, Morena camina por la Plaza. Es salteña, vive en Avellaneda y el año pasado empezó a participar públicamente de los reclamos de la comunidad. “Mi familia lo tomó bien, a veces me acompañan, hoy no pudieron venir. Este es un día de lucha, de recordar a las que ya no están. Estoy acá también abriendo camino para la juventud que viene detrás”.
Lumini es del Teje de San Martín, parte de la organización Evita Pueblo. Cuenta: «Tenemos un centro de estética atendido por chicas travestis que se llama Fuego Estética, en el centro de Villa Ballester, también tenemos una fábrica de pastas orgánicas. Está muy bueno apoyar a las compañeras y me conmovió mucho ver a la compañera travita y a su familia”. Lumini se refiere a Jésica, una niña trans de 10 años, con un gran antifaz celeste, que vino acompañada de su familia.

Araceli, su madre, cuenta que son de Morón y hace hincapié en la salud: “Seguimos teniendo una salud biologicista, donde siguen diciendo menstruación para mujeres, proctólogo para varones, siguen nombrando el aborto solo para mujeres y no dicen que las masculinidades trans también abortan, que las masculinidades trans también necesitan una toallita, que también necesitan pastilla del día después, tengan o no tengan cambio registral porque la Ley de Identidad de Género así lo avala, seguimos teniendo el cronograma de medición en varones y niñes, mi hija trava ¿dónde entra? Todo está sujeto al profesional que te toque, si es un profesional copado bien, y si no, siguen siendo expulsadas las niñeces travesti trans”.
«Nuestra venganza es llegar a viejas», «No estamos todes, falta Tehuel», «Ley de Reparación Histórica YA», son algunas de las consignas escritas en carteles.
Una gran títere con el inconfundible rostro de Lohana eleva las manos y sonríe desde lo alto, el actor Giancarlo Scrocco luce una pollera gigante que emula las alas de una mariposa.
Los cientos de nombres escritos con marcador negro ondean en el viento junto a los colores de la bandera tavesti trans local, negro y magenta, en la celebración de la memoria de lxs que ya no están.

Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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